Granadas de mano

Al ser los chinos los primeros descubridores de los explosivos, les tocó obviamente a ellos ser los inventores de los primeros artefactos destructivos. Además de utilizar la pólvora con propósitos recreativos, como fuegos artificiales, a veces las metían en tubos de cartón o posiblemente bambú, introducían una mecha y luego de encenderla arrojaban estos explosivos de mano dentro de ciudades sitiadas o recintos cercados.

Sin embargo, este tipo de uso no se generalizó, y aparentemente estas primitivas granadas no fueron utilizadas durante mucho tiempo. Posiblemente debido a accidentes y episodios de mal uso, o a otras cuestiones, su historia se pierde.

Aunque son parte del imaginario de la guerra terrestre, las granadas de mano también son parte de la historia naval. Su uso era generalizado; los granaderos se subían a los palos del barco propio y aprovechaban la altura para lanzarlas hacia el barco enemigo, que buscaban destruir o abordar.

En estos ambientes el potencial destructivo era enorme, ya que habían pocos lugares para protegerse y muchos materiales inflamables y explosivos.

Hacia el siglo XV hay datos que reflejan el uso de la pólvora dentro de vasijas de tierra cocida, la cual a veces se recubría con sogas o trapos. Esto impedía que el recipiente se rompiera o estallara al chocar con el blanco, dificultando la explosión de la pólvora (que de otra manera solo se quemaría).

No se puede hablar, sin embargo, de verdaderas granadas de mano sino hasta el siglo XVIII. Para esta época la pólvora era utilizada desde siglos atrás en toda Europa en las numerosas guerras entre estados. En cañones y las primeras armas de fuego, se la utilizaba como propelente, indispensables para el lanzamiento de los proyectiles.

En este momento se comenzaron a usar nuevos recipientes para la pólvora. Primeramente se hicieron de cristal fundido, pero luego se usó el hierro. Equipadas con mechas, estas bombas eran llevadas al campo de batalla por tropas especializadas. Conocidas como granadas por la similitud que tenían con el fruto de esta planta, los soldados que las lanzaban se agruparon en unidades de granaderos. Estos cuerpos ganaron mucha importancia en ciertos ejércitos europeos y luego americanos, nombres que todavía hoy se siguen utilizando.

Sin embargo, este tipo de granadas no eran muy prácticas. Eran pesadas, difíciles de manejar en combate y algo imprecisas. Lentamente su uso fue decayendo, pero luego resurgió. Con el tiempo, estas unidades dejaron de especializarse en su uso, y posteriormente las granadas más modernas, mucho más prácticas y eficaces. Hacia mediados del siglo XIX, particularmente en la guerra de Crimea, la Guerra Franco-Prusiana y la Ruso-Japonesa, las granadas ya volvían a ser utilizadas. Para finales de la Primera Guerra Mundial, eran parte del equipo básico de todos los soldados.

Durante esas décadas, mejores diseños, mejores materiales explosivos y otras tácticas habían hecho posible y necesario su uso generalizado. Más potentes y seguras, todo esto les permitía que su tamaño fuera más reducido sin restarle por ello poder.

Pero, ¿qué es exactamente una granada de mano?

Descripción

Una granada de mano es un artefacto explosivo que, debido su pequeño tamaño, puede ser lanzado por un solo soldado hacia el enemigo, detonando a una distancia segura del lanzador.

A pesar de la creencia popular, las granadas no son muy potentes. Su radio de acción (es decir, el área en la cual causan mucho daño, o incluso la muerte) suele estar en los 10 metros, como máximo (dependiendo de si tienen o no metralla), mientras que la onda expansiva más fuerte nunca pasa de los cinco metros. Esto es así por una cuestión lógica: no se puede lanzar una granada a más de 35 metros, de manera que tiene que haber una distancia mínima entre la granada y el lanzador, para que este no salga herido.

Debido a su peso y tamaño, los soldados no suelen llevar nunca más de tres o cuatro granadas. Teniendo en cuenta que un soldado actualmente carga una gran cantidad de equipo (fusil y munición, equipos y accesorios para el fusil, algo de comida y bebida en ciertos casos, otros equipos, etc.) cargar más granadas no es la prioridad. En casos especiales puede ser que el soldado disponga de más espacio y sepa que por su misión requerirá de más granadas, pero son, justamente, casos especiales.

El amplio uso que las granadas de mano vieron en la historia que en ciertos países todavía se las pueda encontrar abandonadas en excavaciones, basurales, etc. Después de las minas antipersonal estos artefactos son los más peligrosos de encontrar.

Es importante que, aunque no se viva en un país recientemente involucrado en un guerra, se eduque a los niños y se los concientice a no tomar y manipular este tipo de artefactos. Las granadas son un ícono de la guerra y son fácilmente distinguibles; no es raro que un niño, al encontrarla, crea que puede jugar con ella.

Estas granadas pueden o no ser recientes; muchas veces ciertos criminales o terroristas pueden abandonarlas para deshacerse de la evidencia. En todo caso son peligrosas, porque aunque tengan muchos años, igualmente pueden estallar. Es por eso importante que se eduque a los niños a consultar con un adulto y a avisar ante la presencia de este tipo de elementos, que solamente pueden ser manipulados, investigados y controlados por personal policial o militar competente.

El efecto destructivo de la granada se lo da el explosivo que carga dentro, generalmente unos pocos cientos de gramos. Cuando el explosivo era pólvora, era importante que el recipiente fuera fuerte y no se rompiera al impacto con el suelo; la pólvora de otra manera, al derramarse, se quemaría rápidamente pero no tanto como para generar una explosión. Sin embargo, actualmente se utilizan explosivos plásticos y de otros tipos que no requieren de tantos cuidados.

Las granadas tienen dos efectos, ambos buscados por el diseño. En primer lugar, el efecto mecánico, físico. La explosión crea una onda expansiva la cual, ayudada por esquirlas, puede herir o matar al enemigo, o como mínimo hacerlo desplazar unos metros. El segundo efecto, a veces más importante (y buscado por ciertos diseños) es el psicológico. La fuerte y sorpresiva detonación, el humo y el polvo generados hacen que el enemigo trate de refugiarse. Si se espera una granada, todos se esconderán o huirán; si no se la espera, existen unos segundos en los cuales los sobrevivientes estarán incapacitados, sordos y confundidos por la detonación, posiblemente tosiendo por el humo y con los ojos irritados. Todo lo cual los incapacita para el combate, permitiendo su captura mucho más fácilmente al limitar su capacidad defensiva y ofensiva.

Funcionamiento general

Las granadas de mano, como su nombre lo indican, se caracterizan por ser portátiles y fáciles de usar con una sola mano. Esto aumenta su alcance y por lo tanto su eficacia; la facilidad de uso ha sido siempre una de las prioridades en su diseño, más allá de la potencia de la masa explosiva. Sin embargo, como se verá, ha habido casos de granadas poco prácticas y difíciles, incluso peligrosas de usar.

Un soldado que sea buen lanzador de granadas puede enviar una a entre 30 y 35 metros de su posición, teniendo en cuenta que el área de daño máximo no supera generalmente los 20 metros. En realidad, el área de mayor daño de una granada es de unos 5 metros, en donde la esquirla y la onda expansiva pueden matar o herir seriamente a cualquier persona. En el resto de la distancia, el efecto es importante pero menor, solamente incapacitando y dando lugar a heridas más o menos leves.

Todas las granadas comparten una serie de partes y mecanismos más o menos iguales, dependiendo de su tipo; los más comunes se muestran en el gráfico inferior. Las tres principales son:

Corte esquemático de una granada típica, la M62 estadounidense. Pueden verse señaladas las partes más importantes, cuyo funcionamiento se explicará más adelante.

Explosivos comunmente utilizados

Además de mejorarse con el tiempo el diseño y las espoletas, otro de los cambios que sufrieron las granadas fue justamente su razón de ser: el material explosivo que cargan.

La pólvora fue el primero de todos. Aunque es estable, no solamente es sensible al calor directo y al fuego sino también al rozamiento, lo cual obligaba a un uso cuidadoso. No es un explosivo muy potente; se necesitan grandes cantidades para una explosión importante, lo cual limitaba el efecto de las primeras granadas.

Algunos explosivos fueron abandonados principalmente por su inestabilidad (su tendencia a estallar con el calor o el rozamiento) o por ser muy sensibles a la humedad u otros factores ambientales, los cuales los inutilizaban. Actualmente muchas granadas se fabrican llenas de exp

losivos plásticos o similares, como el TNT. Para aumentar su capacidad explosiva sin hacerla más pesada y grande, a veces se combinan dos explosivos. Por ejemplo, la granada Calderón, utilizada por la Infantería de Marina española y de origen estadounidense, tiene un 60% de hexógeno, 39% de TNT y 1% de cera, totalizando 165 gramos que equivalen a 215 gramos de TNT puro.

La facilidad de moldear estos explosivos permite a la industria adaptarlas a cualquier forma que tenga la granada. Actualmente muchos artefactos de este tipo utilizan la ciclonita o hexógeno, el cual, mezclado con parafina o vaselina se convierte en uno de los primeros explosivos plásticos concebidos. Muy poderoso, fue uno de los más utilizados para sabotajes de partisanos y fuerzas de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

 

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