Bayonetas

Según se cree, el origen de la bayoneta fue casual, en la ciudad francesa de Bayonne. Era la mitad del siglo XVII; los soldados estaban inmersos en guerras irregulares de caracter rural. Durante la lucha se quedaron sin pólvora ni proyectiles, y para salir del paso, se dice que tomaron sus cuchillos y los ataron a los inútiles mosquetes, creando así una suerte de lanzas improvisadas con las cuales se defendieron.

Las primeras bayonetas se calzaban directamente sobre la boca del mosquete, impidiendo el disparo. Los modelos siguientes tenían un mango hueco que permitía esta acción. Esta es una típica bayoneta de pica para un mosquete.

Esta invención, sin embargo, fue rápidamente adoptada por los ejércitos europeos para la segunda mitad del Siglo XVII, cosechando un gran éxito en diversos países. Las bayonetas, invento netamente europeo, se asociaron así al arma de fuego, volviendo a introducir las armas de filo en el arsenal occidental.

En esa época, las armas de fuego eran aparatos largos, pesados y difíciles de usar. Eran poco precisos, incluso a corta distancia, y se tardaba mucho en cargarlos. La táctica contemplaba una formación cerrada de una o dos filas de mosqueteros (una parada, la otra arrodillada), la cual disparaba una andanada. Terminados los disparos, dejaban avanzar a una nueva línea, que repetía la andanada, mientras la primera línea recargaba los mosquetes.

Más allá de otros problemas, el principal inconveniente de los mosquetes era la lentitud para cargarlos. Se requería mucho entrenamiento para hacerlo de manera rápida y precisa, ya que uno solo de los soldados que tardara más tiempo desarmaría la formación. Los primeros mosquetes tenían una tasa de disparo de cerca de uno por minuto. El procedimiento estaba dividido en muchos pasos: cargar el cañón con pólvora desde una bolsita, presionarla con una varilla, luego meter el proyectil, presionarlo contra la pólvora apisonada de manera similar, etc. Para cuando se inventaron los cartuchos de papel (pequeños paquetes que contenían de antemano la pólvora, evitando esa parte del proceso), la tasa se elevó, podiendo hacerse 3 o 4 disparos por minuto.

Esto hacía que los soldados, por más entrenados que fueran, eventualmente llegaran a tener a sus enemigos a pocos metros. Siendo que los mosquetes tenían un alcance bajo (no más de 100 metros), no era raro que luego de dos andanadas, el enemigo estuviera ya casi al cuerpo a cuerpo. En ese momento los mosquetes se convertían en algo totalmente inútil, salvo que fueran usados como palos, lo cual ocurría muy a menudo. Los oficiales tenían sables, y algunos ejércitos mantenían en línea algunos alabarderos o piqueros, pero estas armas a veces no eran de mucha utilidad tampoco.

Las bayonetas de pica

Aquí entró en juego la bayoneta. Con un tamaño de entre 30 y 45 centímetros, al ser adosada a un mosquete de metro y medio, se convertía en una nueva arma. Similar a las anteriores picas o lanzas utilizadas por la infantería contra la caballería, le daba a los soldados algo más con qué combatir.

Luego de una o dos andanadas, los oficiales daban la ahora clásica orden de calar bayonetas, la cual los soldados obedecían rápidamente. Entonces la formación se acercaba de manera similar a como hacían antes los ejércitos griegos y macedonios, con sus lanzas: la punta hacia adelante, y se atacaba a la formación enemiga que generalmente avanzaba de la misma manera. Entonces la lucha se hacía cuerpo a cuerpo, como en los viejos tiempos.

El hecho de que las primeras bayonetas se calaran solamente luego de haber disparado se debía, curiosamente, a un grave error de diseño. Estos modelos originales se calzaban directamente sobre el cañón, obstruyéndolo e impidiendo abrir fuego.

Un soldado inglés en la Segunda Guerra Mundial, utilizando una combinación ya usada en la anterior guerra: un Lee-Enfield con su vieja espada bayoneta de hoja recta.

Obviamente, esto hacía que, en el caso de que al soldado todavía le quedara un disparo preparado, este fuera inútil. Durante las numerosas guerras de todo tipo que hubo en Europa en esa época, este error se fue haciendo patente, dando lugar a las nuevas bayonetas con calzo en forma de anilla. La hoja hacía una curva al dejar la anilla, y luego de un ángulo recto retomaba la forma normal y volvía a apuntar paralelo al cañón. Diferentes modelos mejoraron la sujesión del arma al mosquete, previniendo que se saliera. Sin embargo, las primeras bayonetas no eran armas pensadas para ser usadas de manera separada. Este mango de anilla era pequeño, de metal y totalmente cilíndrico, sin ayudas para la manipulación. En un caso de emergencia uno podía usarlas como arma, pero su eficiencia caía notablemente.

Aquellas eran épocas de transición en tácticas terrestres, y la bayoneta tenía tanto aliados como detractores. Era cuestión de ensayo y error, y los diferentes diseños estaban a la orden del día. Para los últimos años del Siglo XVII, el rey francés Luis XIV irónicamente las prohibió, pero los ingleses y alemanes, al abolir el uso de la pica en sus ejércitos, la adoptaron. A partir de ese momento, el arma de fuego y la bayoneta fueron símbolos irrenunciables del soldado de infantería.

Una particularidad de las primeras bayonetas era que solamente servían para clavar, ya que no tenían filo. Convertían a los mosquetes en picas, y de esa forma las tácticas de infantería recuperaron y adaptaron esa forma de uso propia de la pasada Edad Media. La mayoría de las bayonetas tenían hojas de sección triangular, lo cual aumentaba su fuerza sin hacerlas más pesadas ni necesitar el uso de más acero. Eran armas de contacto, y por eso debían ser fuertes; si se doblaban o quebraban, el soldado quedaba casi condenado.

Terminado el Siglo XVII, se continuaron desarrollando diferentes formas de bayonetas, así como diferentes formas de usarlas. Su uso hizo que la infantería volviera a las viejas épocas del combate cuerpo a cuerpo con armas de filo, aunque la pólvora seguía teniendo su parte en la balanza.

Además de usarse en mosquetes, se probó su uso en revólveres, lo cual terminó en un completo fracaso. Las armas resultantes eran muy pesadas, desbalanceadas y tenían una precisión muy mala: no eran ni lo uno ni lo otro.

Las bayonetas, sin embargo, tuvieron caminos difíciles en algunos paíeses. Nuevamente, por cuestiones de tradición, muchos ejércitos y marinas no terminaron a ajustarse a su uso, continuandose el uso de picas, espadas, etc., al menos por algunas décadas más.

 



Las espadas bayonetas

Sin embargo, hacia el siglo XIX, ya era innegable la necesidad de su uso, y en esa fecha se popularizaron las espadas bayonetas (aunque ya habían aparecido en el siglo anterior) . Como su nombre lo indican, estas sí tenían filo, en uno o dos lados, y mantenían un largo de aproximadamente 30 o más centímetros. Hay que tener en cuenta que durante todo ese tiempo, las armas de fuego también habían evolucionado, y el rifle o fusil estaba reemplazando al mosquete. Comenzaban a aparecer los cartuchos de papel y los proyectiles más avanzados; eventualmente aparecieron los primeros intentos de cartuchos metálicos y se afianzó el sistema de retrocarga. Más corto, confiable y fácil de cargar , esta nueva arma requería una redefinición de la bayoneta. El uso mixto del mosquete y el fusil ante un asalto de caballería necesitaba que se formara una pared defensiva homogénea; como los fusiles eran más cortos que los mosquetes, las bayonetas aumentaron un poco de tamaño.

De esta manera, también, las bayonetas se independizaron lentamente del arma de fuego. Como eran más pesadas y grandes, también se comenzaron a usar mangos más anatómicos, lo que permitía su uso como arma secundaria, sin calarla. Los fusiles incluían sistemas especiales para esto, sin tener que enroscarla o algo similar. Algunos fusiles tenían muescas a los costados del cañón para hacer esto más fácil.

Las espadas bayoneta permanecieron en uso hasta mediados del siglo XX, hasta la llegada del fusil de asalto. Muchos fusiles de cerrojo europeos eran tan buenos y abundantes que sobrevivieron a las dos Guerras Mundiales, y así se perpetuó el uso de las bayonetas diseñadas para ellos.

Este tipo de bayonetas, las cuales duraron hasta bien entrado el Siglo XX, tenían una fuerte reminiscencia de las espadas de los oficiales, particularmente de la caballería. Aunque su mango era relativamente pequeño (comparado con el largo de la hoja), se la podía usar para inspirar a los infantes a una carga, además del uso personal como arma de defensa a corta distancia. Muchas de ellas tenían incluso decorados similares a los de las espadas en toda regla, y eran casi espadas en miniatura, copiando detalles de sus hermanas mayores.

El uso de filo también cambió la forma de uso de las bayonetas en el sentido de que ahora no solamente servían para clavar, sino también para cortar. Los mosquetes habían sido convertidos en picas, pero los rifles, más pequeños y livianos, se habían convertido en espadas o herramientas. Rápidamente los soldados comenzaron a usarlas como palas improvisadas, para cortar madera o limpiar claros de hierba, asar o cortar carne. Lo que también aprendieron era que los rifles se hacían pesados y descabalanceados al intentar disparar con la bayoneta calada; también se dificultaba su recarga (defecto que compartían con las bayonetas de pica). Es por eso que a veces se desaconsejaba su uso continuo junto con el arma principal.

La gran cantidad de guerras coloniales del Siglo XIX obligó nuevamente al avance tanto en tácticas como en formas de diseño y producción. Con oponentes que solamente tenían lanzas y flechas como armas de distancia, las naciones europeas necesitaban tener a sus soldados tan bien entrenados en el uso de armas blancas como sus enemigos. En este siglo, no fueron pocas las veces en las cuales los soldados europeos (y también los estadounidenses) se quedaron sin municiones o sin espacio para usar sus rifles, teniendo que recurrir a sus bayonetas caladas para el combate cuerpo a cuerpo.

Hacia finales del siglo XIX, la constante mejora de los fusiles, sin embargo, también fue disminuyendo el uso general de la bayoneta. Estas armas, más confiables, efectivas y rápidas de cargar y disparar (ahora con cartuchos metálicos), extendieron la brecha entre los enemigos. Los fusiles de cerrojo permitían a un grupo de usuarios entrenados mantener lejos a sus enemigos a una cadencia de tiro muy grande, y rifles como el famoso Winchester tenían ya sistemas de cargadores que facilitan una secuencia de disparo todavía mayor.

Se crearon algunos de los mejores fusiles de cerrojo de todos los tiempos, como los modelos Mauser alemán y los Lee-Enfield ingleses, o los Mosin Nagant rusos, los cuales serían usados (con nulas o escasas modificaciones) durante las siguientes dos Guerras Mundiales. Esto sentó las bases para un extraño fenómeno. Mientras la mayoría de las naciones europeas tenían en servicio aquellos fusiles muy eficaces, pero algo anticuados, también permanecían en servicio las viejas espadas bayoneta.

Incluso en los abiertos espacios del desierto, las bayonetas tuvieron un papel durante la Segunda Guerra Mundial. Según muestran numerosas fotografías de la época, los soldados ingleses las llevaban caladas frecuentemente. Esto se debía, a veces, a la naturaleza abrupta del terreno, y a la forma de combate cerrado, nocturno o entre nubes de polvo y tormentas de arena, que imperaba. Los pequeños golpes de mano estaban a la orden del día. Una de las más conocidas secuencias muestra a un soldado inglés, a la carrera, amenazando a un soldado alemán tripulante de un tanque, que se está rindiendo.

La Primera Guerra Mundial demostró las grandes deficiencias de aquellas armas, que no podían ser usadas en los cortos espacios de las trincheras. Mientras se comenzaban a usar, oficial o extraoficialmente, los denominados cuchillos de trinchera, la bayoneta seguía atada a su forma antigua, a mitad de camino entre la espada y el cuchillo. Surge también en la Gran Guerra el subfusil, que disminuye el alcance del fusil pero asegura mayor cadencia de fuego automático y un tamaño fácil de manejar en todo tipo de espacios.

Países como EEUU, que desarrollaron fusiles nuevos antes y durante la Segunda Guerra Mundial, pudieron beneficiarse de la lección, pero las naciones europeas tuvieron que mantenerse con sus viejos stocks, aunque supieran que no eran de lo más adecuado.

Cuchillos bayoneta

Luego de la Segunda Guerra Mundial, los enormes avances en materia militar hicieron que muchos países no solamente descartaran sus arsenales anteriores, enormes y obsoletos (destruyéndolos o vendiéndolos a naciones en formación o en vías de desarrollo), sino que se impulsó la creación de nuevas armas para librar el siguiente gran conflicto.

Entre estas armas estuvo el fusil, ahora hecho automático. El descartamiento del fusil de cerrojo, ya fuera nuevo o viejo como en el caso de los modelos de la Gran Guerra, terminó de sellar el destino de las espadas bayoneta. Con nuevas tácticas, venían nuevas armas.

No todos los fusiles de asalto eran más cortos que sus homólogos de cerrojo, pero de todas maneras, viéndose la utilidad de los cuchillos en combate mano a mano, se decidió pasar definitivamente al cuchillo bayoneta. Las experiencias en guerras coloniales y el estallido de la Primera Guerra Mundial habían creado las bases para esta última redefinición; sin embargo había pasado mucho tiempo hasta que finalmente se adoptó.

Esto hizo que, lentamente, las bayonetas y los cuchillos fueran uniéndose, dándole a los soldados un arma polivalente, ya que servía tanto como herramienta, como arma personal, o como bayoneta, al unirse a su arma principal, el fusil de asalto.

En la actualidad, aunque se cuestiona el uso y entrenamiento de este arma, prácticamente todos los ejércitos del mundo continúan dándoselo a sus soldados, para el caso en que, como ha sucedido siempre, el enemigo llegue al cuerpo a cuerpo.

<< página 1
página 2 >>

Búsqueda personalizada

 


Cuartel General | Ejércitos del aire | Ejércitos del mar | Ejércitos de tierra | Haciendo contacto

<< página 1
página 2 >>