Fusil de asalto M-16

En Vietnam

El M-16 en Vietnam se ganó una injustificada mala fama. Su desarrollo y testeo se había detenido y todavía había muchos problemas por resolver. Sin embargo pasó su bautismo de fuego y se convirtió en una de las más conocidas armas en el mundo.

A la accidentada historia del M-16 todavía le faltaban varios capítulos. Ya fuera por vía de ayuda militar, o acompañando a las tropas que eran enviadas en pequeñas cantidades a Vietnam del Sur como asistentes, este fusil fue abriéndose paso a su primer conflicto bélico. Si bien 1965 señaló el ingreso de EEUU a la Guerra de Vietnam, fue en 1966 cuando llegó el grueso de la tropa, el cual pudo dar su primer veredicto sobre el arma.

Ese mismo año, el US Army le daba a la Colt un contrato por 840.000 unidades a un costo total de 92 millones de dólares. Al año siguiente lo declaraba como su arma principal llamándolo M-16A1 (desplazando así de una vez al M-14). En esos tres años, muchas ventajas y desventajas se dieron a conocer.

El uso intensivo de materiales sintéticos había redundado en un bajo peso, sobre todo comparado con el M-14. En comparación con su rival en la guerra de Vietnam, el confiable AK-47 soviético, medía varios centímetros más, pero era casi un kilo y medio más liviano. Esto, sin duda, redundaba en una mayor comodidad para el soldado estadounidense.

Otra de las principales virtudes del M-16 era que poseía una alta tasa de fuego (800 disparos por minuto), y una gran velocidad de salida (990 metros por segundo, es decir, tres veces la velocidad del sonido). La munición comenzó a demostrar en el campo lo que sus diseñadores habían calculado. Las balas perforaban los blancos a velocidades supersónicas, causando heridas realmente temibles. Una vez dentro del cuerpo humano, los pequeños proyectiles de alta velocidad de 5,56 mm destrozaban los órganos internos, y si golpeaban un hueso, los fragmentos se desparramarían en el interior, causando incluso más daño.

Por otra parte, el arma y el cartucho eran precisos, lo que permitía el uso tiro a tiro a largas distancias, o incluso en modo automático.

Pero si las ventajas eran muchas, los problemas eran mayores. Al ser enviado sin el adecuado testeo a una guerra cada vez más exigente a nivel tecnológico y humano, las fallas se hicieron doblemente dolorosas.

El diseño del M-16 era en realidad muy bueno, pero adolecía de algunos detalles cuestionables. Por un lado, la Colt había decidido eliminar el cromado del ánima. Mientras tanto, Stoner había decidido crearlo sin ciertos sistemas, para facilitar la producción y aumentar la simpleza del arma. El US Army había sido sabio al pedir que se le añadiera un mecanismo denominado forward assist: una tecla colocada en la parte derecha del arma, detrás de la ventana de expulsión y casi al final del asa de transporte. Si el ciclo de disparo se detenía y el cierre quedaba mal cerrado, la tecla obligaba al cierre a volver a su posición más adelantada, de manera que el soldado pudiera volver a disparar. Sin este sistema, en el caso de un atasco, era necesario desarmar el arma, algo que era impensable en combate.
Detalle del asa de transporte de un modelo posterior de M-16. Obsérvese el forward assist justo detrás de la ventana de expulsión.

Stoner no había querido instalar este mecanismo, no solo porque elevaba el costo por unidad en varios dólares, sino porque su arma tenía un sistema de disparo muy sencillo, que supuestamente se limpiaba solo al utilizar los gases de la combustión. Sin embargo, para el AR-15 se había diseñado una munición especial, que utilizaba un propelente denominado IMR (Improved Military Rifle, Rifle Militar Mejorado). Las autoridades militares, con una provisión cada vez mayor de fusiles que pedían esta munición tan novedosa, no podían abastecer la demanda. A estos cartuchos se les puso pólvora standard de la OTAN, la misma que usaban los proyectiles calibre 7,62x51mm. Esta pólvora se quemaba demasiado rápido y de manera incompleta, dejando depósitos de carbonato de calcio en la recámara, lo que causaba corrosión y atascos. Además, al ser más potente elevaba el ciclo de disparo del arma (que estaba operado por los gases de la combustión), desgastando más rápido las partes móviles. Por si fuera poco, al no estar cromada el ánima, esta se ensuciaba y corroía, lo cual sumaba más atascos.

Fue así que los soldados, al usar más y más sus nuevas armas, empezaron a encontrar todo tipo de problemas. Muchos M-16 simplemente se trababan y dejaban de funcionar, dejando a los soldados sin capacidad de defenderse y atacar, muriendo a manos del enemigo.

A estos soldados se les había dado un arma que, supuestamente, era confiable y no requería mantenimiento ni limpieza. La empresa, para profundizar esta creencia, ni siquiera había fabricado elementos de limpieza, de manera que los M-16 eran entregados sin ellos.

Otro pequeño problema que complicaba más las cosas para los soldados en Vietnam era que el cargador tenía un resorte débil: si se trataba de llenar el cargador a su capacidad máxima, casi seguramente el arma terminaba atascándose, porque el cartucho no llegaba a la recámara o lo hacía de manera incorrecta. La experiencia de campo hizo que con el tiempo se cargaran, por ejemplo, 16 o 17 cartuchos en los cargadores de 20 para solucionar momentáneamente el problema.

Durante meses estos problemas se combinaron de una manera realmente fatal para los soldados estadounidenses. Incontables fueron las ocasiones en las que un infante se encontraba con su fusil inutilizado por la suciedad, el cargador gastado o cualquier otro problema. Sin poder solucionarlos en el acto, caían presas de los AK-47 mucho más confiables que tenían los norvietnamitas.

El M-16A1 introducía muchas pequeñas mejoras, algunas de las cuales estaban presentes en remesas del modelo anterior. Exteriormente, la más visible es el cambio del freno de boca. En la época de su adopción se distribuyó a la tropa los nuevos cargadores de 30 disparos.

A pesar de esto nada se hizo hasta que un soldado, saltándose la cadena de mando, escribió una carta a un senador quien, al investigar, descubrió que todo era cierto. Al darse a conocer a la opinión pública, el Congreso comenzó y una severa investigación que determinó que había que rediseñar el arma.

Se introdujo un ánima cromada, más resistente. Se cambiaron algunos elementos internos y se revisó el uso de la pólvora correcta en los cartuchos militares. Se proveyó a las tropas con kits de limpieza apropiados, y hacia 1970 la culata tenía ya un hueco para guardarlos. Se crearon programas de entrenamiento que enseñaban la importancia del mantenimiento. También se cambió el supresor de flash de 3 puntas (que se enganchaba en la vegetación selvática) con el ahora familiar "jaula de pájaro".

Fragmento de un documental, en inglés, que explica los puntos fuertes y débiles del M-16 y el AK-47, relacionados con una diferente filosofía de diseño.

Mientras en el M-16 lo primordial era la precisión (aunada con el entrenamiento de soldados profesionales y voluntarios), la confiabilidad era dejada al entrenamiento y el volumen de fuego era relegado. En el arma soviética, muy por el contrario, la confiabilidad y el enorme poder de fuego (tanto por cantidad de munición como por el poder de penetración de las mismas) eran imprescindibles para abastecer a ejércitos de naciones comunistas, formados por civiles reclutados, y a grupos de insurgentes y rebeldes que debían luchar en los lugares más inhóspitos con nulo o escaso entrenamiento. La puntería quedaba muy atrás, ya que las tácticas de uso no la requerían.

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