Guardia Suiza del Estado Vaticano

La Guardia Suiza Pontificia (GSP para abreviar) fue creada por el papa Julio II en 1505, cuando envió una bula a la Confederación Helvética. En esa bula se comunica que el Papa había encargado a Peter von Hertenstein llevar a Roma 200 hombres para que se ocuparan de la custodia del Papa y de los territorios vaticanos. El Vaticano no tenía personal suficiente ni entrenado para formar un cuerpo armado, de manera que la única solución en la época fue la contratación de mercenarios suizos. Éstos tenían una gran fama en la época, pues su efectividad y profesionalidad, combinadas con lo último en armamento portátil (alabardas y ballestas) les hacían ser muy codiciadas por lo reyes y señores feudales europeos.

Los mercenarios suizos en la historia europea

Esta fuerza que no respondía a ningún país, más allá del que pudiera pagar sus servicios, es una pieza clave de la historia italiana y de otras naciones.

Unos 15.000 hombres estaban bajo el control de la pequeña Confederación de Cantones suizos, la cual los organizaba. Al autorizar la incorporación de estos hombres, la Confederación recibía productos como sal, maíz u otros bienes de ese tipo. El ser mercenario era un trabajo estacional: los hombres emigraban en el verano, luchaban y, si volvían vivos, traían a casa su paga (consistente en dinero o bienes) además del botín que pudieran haber conseguido. Pasaban el invierno en su lugar de origen y luego partían nuevamente.

Los mercenarios suizos eran las mejores tropas de esos tiempos. Como un ejército nómade y sin mucha infraestructura que eran, no tenían caballería y casi nada de artillería. Sin embargo, sabían suplir esto con buenas tácticas.

Dos países que se disputaban los servicios de los mercenarios suizos eran España y Francia. Eran infantería de choque que intervinieron en numerosas batallas durante siglos. Hacia los siglos XIII y XIV, los cantones suizos se independizaron. Muchos de sus mercenarios estaban entonces luchando en Alemania e Italia, y las autoridades se vieron imposibilitadas de impedir que ofrecieran sus servicios a quienes quisieran. Sin embargo trataron de organizar el servicio de alguna manera, con alianzas, como sucedió como por ejemplo con Francia.

Esta alianza comenzó en 1453 con Carlos VII, y se extendió durante muchos años ya que los suizos demostraron siempre su valentía. Incluso en tiempos de Napoleón había todavía unidades de este país sirviendo al estado francés. Los mercenarios suizos demostraron una y otra vez su valor como infantería. En una ocasión, 1.500 soldados resistieron a una fuerza 20 veces más grande de hombres.

Luis IX contrató a algunos mercenarios suizos como instructores del Ejército Francés, al igual que lo hizo el rey de España. En el siglo XV, al estallar las Guerras Italianas, un historiador de este origen dijo que eran "el coraje y la esperanza de un ejército". En 1495 le salvaron la vida al rey de Francia.

Finalmente, la alianza que tenían con Francia se selló más firmemente en 1521. Los Cantones Suizos impusieron una severa legislación para evitar cualquier problema derivado del servicio que prestaban sus soldados. Suiza le proveía a Francia con entre 6.000 y 7.000 hombres para la protección del Rey, y recibía a cambio la protección de uno de los ejércitos más importantes de Europa. Aunque Suiza era una nación neutral, sabía que no podía dejar sus espaldas sin protección.

Los soldados, sin embargo, seguían estando bajo la soberanía de los Cantones, los cuales tenían el derecho de exigir su regreso y retirarlos de Francia. Por otra parte, este poderoso ejército tenía regulaciones y leyes totalmente independientes, con banderas y jueces diferentes. Las órdenes se daban en alemán, los oficiales eran suizos y por lo tanto continuaban estando siempre bajo las leyes de sus respectivos cantones. De alguna manera, el regimiento era la patria de cada soldado.

Es extraño pensar ahora en un Papa contratando soldados y enviándolos a la guerra, pero hay que recordar que en esa época, el Papa era un soberano más, y tenía bajo su control gran parte de lo que ahora es Italia. Los territorios dependientes del Papa, entre ellos la misma Roma, fueron ocupados por los italianos hacia 1870. Oficialmente, Roma y la zona del Lazio no dejó de ser territorio papal sino hasta que Rey de Italia (por mano de Mussolini) firmó los tratados de Letrán con el Papa Pío XI, creándose el Estado del Vaticano dentro de Roma, pero perdiendo definitivamente la soberanía sobre todos los territorios externos a esta ciudad.

En este contexto, los diversos Papas de la Edad Media y el Renacimiento tuvieron recursos monetarios para contratar soldados. Por ejemplo, en tiempos de Lepanto, el Papa Pablo III envió un destacamento a luchar contra los turcos, consiguiendo capturar dos banderas enemigas. Como cualquier otro rey, tenía aliados y enemigos, lo cual, como veremos más adelante, fue el resultante de uno de los saqueos más ignominiosos de la historia italiana.

Los soldados helvéticos eran conocidos en su época por su coraje y su lealtad. Aunque su país fue siempre neutral, sus efectivos ayudaron a moldear la historia europea: la liga de cantones, según cambiara de bando, podía ayudar a uno u otro en determinado momento.

La realidad era que durante la Edad Media y el Renacimiento, la profesión de mercenario era algo bastante común. Pocos reyes podían sostener un gran ejército, y equiparlo, durante el tiempo de paz. Lo más económico era, entonces, contratar mercenarios. En ese sentido, los suizos eran no solamente buenos, sino algo abundantes. Algunos cantones suizos estaban demasiado poblados para la orografía del lugar: había pobreza y malas condiciones económicas. Convertirse en mercenario era algo bastante común, emigrando hacia otras partes de Europa que requerían de esa fuerza militar.

La fecha oficial de la creación de la Guardia Suiza es el 22 de enero de 1506, varios meses después del pedido del Papa Julio II. Ese día, hacia la tarde, unos 150 soldados suizos, comandados por el capitán Kasparvon Silenen, del cantón Uri, entraron al Vaticano por primera vez, donde fueron bendecidos por el Papa. El tamaño de la fuerza no era muy grande, pero su objetivo había sido desde el principio, proveer de protección al Santo Padre, y no embarcarse en aventuras bélicas de gran tamaño.

De hecho, no era la primera vez que un Papa había pensando en contratar mercenarios suizos. El Papa Sexto IV formó una alianza en 1497 con la Confederación, la cual anotaba ya la posibilidad de que la Santa Sede los reclutara. Incluso había ya barracas para ellos, cerca de donde están ahora, en la Iglesia de San Pelegrino. También Inocencio VIII había querido usarlos contra el Duque de Milán. Y Alejando VI también enfrentó soldados suizos en la época de la alianza entre la familia Borgia y el rey de Francia.

En este punto, los mercenarios suizos tuvieron una importante participación en las llamadas Guerra Italianas, ya fuera de parte de Francia, de la Santa Sede o del Sacro Imperio Romano Germánico.

Cuando se corrió la voz de que Carlos VIII, rey de Francia, planeaba una expedición contra Nápoles, los mercenarios se apresuraron a enlistarse. Hacia finales de 1494, muchos suizos estaban en el ejército francés que ocupó Nápoles. Entre ellos, estaba el cardenal Giuliano della Rovere, quien sería más adelante el Papa Julio II. No es de extrañar, entonces, que viendo el valor militar de los mercenarios suizos, se haya decidido más adelante hacer una alianza con ellos.

Más adelante, el rey de Francia tuvo que retirarse de Nápoles y el Papa Alejando VI logró formar una barrera que detuvo por un tiempo a los franceses. Sin embargo, como veremos, más tarde esto no fue suficiente.

 



Los requisitos

La Guardia Suiza, como su nombre lo indica, está formada exclusivamente por suizos. Para ingresar en la GSP es necesario ser varón y tener entre 19 y 30 años de edad, haber servido en las FF.AA. helvéticas un mínimo de cinco años, y pertenecer a familias católicas. La mayor parte de ellos proviene de Lucerna y de cantones suizos de lengua alemana como Neuschatel (famoso por sus relojes). La altura mínima requerida es de 1,74 metros.
Todos los efectivos de la Guardia Vaticana proceden del Ejército Suizo, el cual se destaca por ser pequeño pero muy eficiente, teniendo en servicio material bélico moderno y una preparación de las mejores. Es así que los soldados que protegen el Vaticano son tropas muy bien entrenadas.

La mayoría de los Guardias provienen de unidades de élite del ejército suizo, como paracaidistas, ingenieros u operaciones especiales. Se debe ser soltero para acceder a la Guardia Suiza, pero luego de dos años de servicio se permite el matrimonio.

La duración mínima de servicio es de dos años, aunque se puede servir en ella hasta 25 años. El sueldo mensual que se recibe es de unos 1.300 euros mensuales, aparte de los gastos de alojamiento, manutención y asistencia médica, que son por cuenta de la Santa Sede.

El día a día

Solemos ver a los Guardias Suizos apostados en accesos del Vaticano y totalmente estáticos, pero en realidad son mucho más que una figura decorativa. Que no suelan tener oportunidad de poner en práctica lo que entrenan no significa que no estén entrenados.

Lo primero que salta a la vista es, justamente, su colorido uniforme, que parece anacrónico no solamente por el diseño en sí sino por los colores. Se dice erróneamente que el uniforme de la Guardia fue diseñado por Miguel Ángel. Sin embargo, este traje fue diseñado en pleno siglo XX; algunos dicen que por una monja costurera del cuerpo de camareras del Papa, otros que por un oficial de la Guardia.

Otra característica de la Guardia Suiza que llama la atención es el uso de la alabarda, arma medieval que no parece muy práctica en la actualidad. Pero estas espadas y alabardas tampoco son material decorativo: actualmente es el único ejército del mundo que continúa entrenando con ellas.

Sin embargo, como ya hemos visto, lejos están de ser un ejército congelado en el tiempo. Los Guardias Suizos son soldados muy entrenados en armas de última tecnología. Cada uno de ellos trae oculto en su uniforme un pulverizador de gas lacrimógeno y, a partir del grado de sargento, una pistola y dos granadas. Disponen también en sus cuarteles de fusiles de asalto y material antidisturbios. Dentro de la Ciudad del Vaticano existe un edificio especial con modernas instalaciones, que posee galerías de tiro y todo lo necesario para el entrenamiento de diversas técnicas policiales y militares.

Todos los días, dos tercios de la GSP está encargada de montar guardia en las numerosas entradas del Palacio Apostólico, además de enfrente del departamento privado del Papa. Además de esto, la GSP debe cuidar del Papa en público, ya sea en ceremonias litúrgicas o en desfiles, visitas a dignatarios, etc.

Durante el día, los guardias tiene inspecciones, revisan sus tácticas, practican sus marchas tienen exámenes de tiro. Hay actividades de grupo: hay una banda y un coro que requieren práctica constante. Ni que decir que entre los deportes y otras actividades físicas, hay espacio para la defensa personal.

La Guardia está actualmente compuesta por un total de 100 soldados: cuatro oficiales, 23 suboficiales, 70 alabarderos, 2 tamborilleros y un capellán. Los nuevos miembros de la Guardia Suiza juran su lealtad todos los 6 de mayo, y también se celebra en esa fecha los ascensos. Esto se hace en conmemoración a la heroica acción llevada a cabo ese día de 1527, durante el saqueo de Roma por parte de tropas alemanas (ver más abajo).
Jura de los nuevos miembros de la Guardia Vaticana.

Rememorando este hecho, cada 6 de mayo, los nuevos alabarderos juran sus cargos ante el Papa y los ascendidos toman posesión. Durante la ceremonia, el capellán lee el juramento en el lenguaje natal del guardia (en Suiza se habla alemán, francés e italiano):

“Juro servir ferviente, honesta y honorablemente al reinante Papa [nombre del Papa] y sus legítimos sucesores, y dedicarme a ellos con toda mi fuerza, listo para sacrificar, si se hiciera necesario, incluso mi propia vida por ellos. De la misma manera asumo esta promesa hacia los miembros del Colegio Sagrado de Cardenales durante el período de Sede Vacante de la Sede Apostólica. Además, juro al Comandante y a mis otros superiores respeto, fidelidad, y obediencia. Juro mantenerme fiel a todos los requerimientos consecuentes a la dignidad de mi rango.”

Cuando se lo llama por el nombre, cada nuevo guardia se aproxima a la bandera de la Guardia Suiza, tomándola con su mano izquierda. Se levanta la mano derecha con los dedos pulgar, índice y medio extendidos a lo largo de tres ejes (gesto que simboliza la Sagrada Trinidad), diciendo:

“Yo, [nombre del nuevo guardia], juro mantenerme fiel diligente y fervientemente a todo esto que me ha sido leido; que sea el Todopoderoso y Sus Santos mis testigos.”

Su hora más brillante: el saqueo de Roma

Suele suceder que en los momentos de mayor tensión, la valentía y el coraje de cierta unidad militar ilumina una situación que de por sí es dolorosa. Esto se aplica especialmente al saqueo que sufrió Roma en 1527, en donde la GSP demostró lo que era capaz de hacer, una vez más.

Todo comenzó cuando, al ser declarado Papa Clemente VII, éste envió al arzobispo de Capua a dialogar con los reyes de España, Francia e Inglaterra, que en ese momento estaban en guerra. Sin embargo sus intentos no funcionaron. Rápidamente el Sumo Pontífice se vio obligado a tomar partido por uno de los dos bandos, ya que ambos lo presionaban de una manera u otra, además de prometerle concesiones o amenazarlo. Finalmente, Clemente VII le dio su apoyo a la Liga de Cognac, la alianza que habían formado Francia, Milán, Venecia y Florencia para contrarrestar el poderío del rey Carlos V de España, quien era además Carlos I del Sacro Imperio Romano Germánico.

Las tropas de Carlos V habían derrotado a las francesas en Italia, ayudadas por el hecho de que el Duque de Ferrara estaba del lado imperial y había permitido que las tropas alemanas llegaran hacia Roma sin ofrecer resistencia.

La mañana del 6 de mayo de 1527, el capitán general de las tropas imperiales, Charles de Bourbon, lanzó una serie de ataques sobre Roma. En uno de ellos fue herido gravemento, para morir más tarde. A la pérdida de su líder, se sumaba el hecho de que el Emperador no podía pagarle a sus fuerzas alemanas (unos 20.000 soldados), los cuales, por si fuera poco, eran protestantes y no le tenían mucho afecto al Papa.

Las tropas imperiales, en parte españolas y en parte alemanas, invadieron Roma y luego el Vaticano. La Guardia Suiza se mantuvo firme en sus posiciones, resistiendo los ataques, pero eran superados ampliamente en número. Su capitán, Kaspar Röist, fue herido en la defensa de la ciudad, y luego asesinado frente a su esposa, en sus cuarteles.

La Guardia Suiza detuvo a las tropas alemanas a un enorme costo de vistas: de los 189 soldados que entonces pertenecían a ella solamente sobrevivieron 42. La lucha fue sin cuartel, llegando a pelear incluso dentro de la Capilla Sixtina y ante la Basílica de San Pedro. Cuando se vio que todo estaba perdido, uno de los oficiales, Hercules Göldli, lideró la retirada. Los guardias formaron un anillo de defensa alrededor del Pontífice mientras retrocedían hasta los escalones del altar mayor de la Basílica de San Pedro. Finalmente se logró que el Papa escapara por un pasadizo secreto que lo llevó al Castillo de Sant Angelo.
Los Guardias Suizos custodian las vías de acceso del Vaticano, protegiendo al Papa y a las valiosas obras de arte que posee este pequeño estado. Podemos ver aquí sus tradicionales uniformes y su clásica alabarda, que no es meramente decorativa: la Guardia Vaticana es el único ejército del mundo que continúa entrenándose en el uso de este arma medieval.

No solamente murieron muchos guardias, sino que los soldados imperiales mataron también a unos 200 fugitivos que estaban escondidos en el Vaticano. Sin un jefe y sin paga, los soldados se dedicaron al pillaje. Aunque temían que las tropas de la Liga de Cognac cortaran su retirada, por unos 8 días se dedicaron a robar, maltratar y masacrar a los sobrevivientes y cometer todo tipo de sacrilegio, violando incluso las tumbas de los Papas en busca de botín. Se calcula que en total murieron 12.000 personas y que los soldados imperiales, tanto españoles como alemanes, tomaron un botín de 10 millones de ducados.

El saqueo de Roma es sin duda una de las páginas más negras de la historia italiana, debido tanto a las terribles pérdidas humanas, además de las materiales.

El Sumo Pontífice resistió en el castillo de Sant Angelo hasta el 5 de junio, momento en el que tuvo que rendirse, ceder varias fortalezas y las ciudades de Modena, Parma y Piacenza, y pagar la suma de 4.000 ducados. Además, se le impuso un rescate a los prisioneros. Sin embargo, el enorme sacrificio de la Guardia Suiza había permitido que sobreviviera y pudiera luego volver a Roma.

Otra de las imposiciones fue que la Guardia Suiza fuera disuelta; el papel de guardias del Papa lo tomaron cuatro compañías de soldados alemanes y españoles. La GSP en sí fue reemplazada por unos 200 soldados alemanes, pero se obtuvo permiso para que los guardias sobrevivientes se unieran a ella. Sin embargo, solamente 12 fueron aceptados en sus filas.

Más tarde, sin embargo, la Guardia Suiza volvió a existir, y todavía ahora es uno de los ejércitos más populares, aunque poco conocidos en profundidad, del mundo.

 

 

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