Tanques checoslovacos en la Panzerwaffe

En 1935, Hitler denunció el Tratado de Versalles, el cual le impedía la construcción de ciertos tipos de armas, como era el caso de los tanques. Si bien previamente se había estado violando o burlando el Tratado (lo habían hecho también gobiernos anteriores), ahora abiertamente se lo contradecía. Se comenzó el diseño y construcción de una nueva generación de tanques alemanes.

Los Panzerkampfwagen I y II fueron el primer resultado. Pero se trataban de vehículos ligeros, pensados como desarrollos iniciales. El primero sólo tenía dos ametralladoras, así que apenas calificaba como tanque y que estaba pensado más que nada como vehículo de entrenamiento para tripulaciones; el segundo fue un diseño interino pensado para el reconocimiento, que las autoridades militares se vieron obligadas a mandar a producción para llenar el hueco. Ambos estaban escasamente armados (el Panzerkampfwagen II tenía un cañón de 20 mm) y blindados (ciertas partes eran vulnerables al fuego sostenido de ametralladora, y también al de fusiles antitanque especializados): eran tanques ligeros, que no podían haber frente a contemporáneos de otros países.

En esa época, Alemania estaba casi última en diseño de tanques, estando superada por casi todas las naciones europeas más importantes, a excepción de Italia. Francia, Gran Bretaña y la Unión Soviética tenían todos tanques mucho más blindados y armados, con motores tanto o más potentes; lo mismo se podía decir de países como Checoslovaquia, que comenzaron a desarrollar una industria propia casi de la nada.

Los siguientes diseños alemanes, si bien eran mucho mejores, tardaron demasiado en salir a producción. Ante la demora, se tuvieron que construir grandes cantidades del Panzerkampfwagen II. Pero cuando los Panzerkampfwagen III (un tanque medio con un cañón de 37 mm) y Panzerkampfwagen IV (considerado un tanque pesado, con cañón de 75 mm) comenzaron a salir de las fábricas, lo hacían de forma demasiado lenta. La industria armamentística, con relativamente poca experiencia en la materia y muchos pedidos de parte del gobierno, no podía hacer frente a la demanda de estos vehículos.

Esto se debía en gran medida al nuevo papel que tenía en tanque dentro de la doctrina de armas alemana. Al rearmar el Ejército Alemán, las divisiones acorazadas adquirieron un valor central, ya que se esperaba de ellas que fueran el filo cortante de una nueva forma de guerra: la Blitzkrieg o guerra relámpago.

Es este punto el crucial. Si países tan poderosos en armamento como Francia o la Unión Soviética tuvieron que enfrentarse a tantos problemas con un adversario que tenía vehículos tan mediocres fue porque su organización era mucho más flexible y agresiva. Es una gran falacia la que plantea que los tanques alemanes de comienzo de la guerra decidieron la victoria: no fueron los vehículos, sino la estrategia y su organización.

Una división acorazada requería teóricamente un total de 562 tanques de combate de diverso tipo, incluyéndose una compañía pesada totalmente equipada de Panzerkampfwagen IV. Sin embargo, esto nunca llegó a cumplirse. Las divisiones de infantería, las de caballería o las ligeras también requerían cierta cantidad de tanques. Por si el abastecimiento de un puñado de divisiones no fuera suficiente, Hitler comenzó a crear más y más divisiones, repartiendo la escasa producción en un número cada vez mayor de unidades. En las enormes muestras de fuerza organizadas por el Partido Nazi, se ven a centenares de los endebles Panzerkampfwagen I o II, los cuales se iban haciendo obsoletos cada día, en un mundo que se armaba hasta los dientes; mientras tanto, los mejores tanques alemanes eran apenas un puñado.

Según se sabe, Hitler planeaba comenzar su guerra hacia 1943; incluso así, muchos de sus líderes militares no creían que el país estuviera lo suficientemente preparado para esa época. En el campo de los blindados, algunas divisiones de 1938-1939 no llegaba a tener ni siquiera la mitad de su planta de carros.

Ahí entró a jugar un factor más, que pudo haber resultado decisivo en una época de tan frágil paz. Después de recuperar el territorio desmilitarizado de Renania, que le había sido arrebatados como parte de los acuerdos de paz de 1919, Alemania comenzó a mirar los territorios ocupados por alemanes étnicos, citando como excusa que si ellos no eran bien tratados, podrían anexionar dichos territorios.

Así, a la anexión de Austria le siguió la anexión de parte de Checoslovaquia, hacia finales de 1938. Al año siguiente todo el país fue invadido, siendo que las fronteras más defendidas habían caído y el país no podía hacer frente a la nueva potencia centroeuropea.

La invasión de este país fue vital para Alemania, principalmente porque en ese momento, Checoslovaquia era uno de los líderes en producción de ciertos aparatos bélicos, estando los tanques dentro de su especialidad. Dos modelos bastante interesantes servían en su ejército: el LT-35 y el LT-38, los cuales estaban a la altura de muchos de los mejores tanques europeos y de hecho, eran tanques medios de similares características al Panzerkampfwagen III, uno de los tanques más solicitados por las unidades acorazadas alemanas. Con el tiempo, los sustituirían en no pocas ocasiones.

El botín, de varios cientos de estos vehículos, probó ser importantísimo en los años por venir. A principios de 1940, a pocos meses de estallar la guerra, muchos de ellos servían en unidades alemanas como Panzerkampfwagen 35(t) y Panzerkampfwagen 38(t), respectivamente. El peso del conflicto comenzó a caer sobre ellos, demostrando sus virtudes y flaquezas, pero dándole aire a unas divisiones acorazadas alemanas que de otra manera hubieran sido numéricamente inferiores a sus rivales, o hubieran presentado una ventaja mucho menor.

La historia de estos blindados, olvidados por algunos, se entrelazó con la de los invasores del país donde fueron creados. Algunos analistas suponen que Hitler, de no haber contado con estos tanques checoslovacos en 1939, hubiera podido refrenar un poco sus ansias al darse cuenta de que su fuerza acorazada no era tan importante. Teniendo en cuenta su temperamento, esto es difícil de predecir, pero lo cierto es que, hasta 1941, el papel de los tanques checoslovacos en la Panzerwaffe fue importante. A partir de ese año, enfrentados a los gigantes de acero soviéticos, fueron declarados obsoletos y relegados a la segunda línea. Pero mientras sirvieron en el frente, le dieron tiempo a la industria alemana para mejorar sus diseños y aumentar sus números de producción, ganando también batallas importanes para el desarrollo de la guerra posterior.

 

 

 

 

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