Pistola Luger P08

Una Luger de Artillería (P17), fácilmente reconocible por su cañón alargado.

La Pistola Parabellum o P08, más conocida como Luger Parabellum o simplemente Luger, es sin duda una de las armas de fuego más famosas, usadas y representativas del Siglo XX. Diseñada en los últimos años del siglo anterior, fue la primera pistola semiautomática en ser adquirida oficialmente por un ejército a gran escala, y marcó la historia de las armas de fuego durante décadas.

Diseñada por el armero alemán Georg Luger, esta pistola es una muestra de efectividad y elegancia, de belleza de diseño y robustez. Sirvió a Alemania en dos Guerras Mundiales, y permitió sobre todo popularizar mundialmente el que sigue siendo el cartucho más utilizado en pistolas y subfusiles: el 9 mm Parabellum (9x19 mm).

 

Diseño y funcionamiento

Patentada por Georg Luger en 1898, y producida por la empresa alemana DWM (Deutsche Waffen und Munitionsfabriken) a partir de 1900, el diseño general es una clara evolución del denominado C-93, de Hugo Borchardt, creado en 1893.

Derivada de uno de los primeros diseños en materia de armas de puño semiautomáticas, fue la pionera, y casi la única, en un nuevo sistema de disparo: el de cierre por rodillos. Su mecanismo no utiliza corredera, sino que está basado en una pieza articulada, que se extiende sobre el marco y se pliega hacia atrás y hacia arriba al hacerse un disparo.

Cuando se dispara un proyectil, el cañón y el cerrojo se mueven unos 13 mm hacia atrás debido al retroceso. En ese punto, el cañón deja de moverse, pero el cerrojo continúa, golpeando a su vez a otra pieza y moviendo la pieza articulada hacia atrás. Esto produce fuerza suficiente como para extraer la vaina usada de la recámara. Un resorte en la parte trasera hace que la pieza articulada vuelva a su posición de descanso, extendida sobre la pistola, moviendo a su vez al cerrojo, y haciendo que en la recámara se introduzca un nuevo cartucho sin usar. En este estado, al apretarse nuevamente el gatillo, el proceso volvía a comenzar.

De más está decir que la pieza articulada es la parte más distintiva del arma, sobre todo cuando se la dispara y queda sin municiones, haciéndose entonces visible. La ausencia de corredera la haría todavía más curiosa en los años por venir, cuando las creaciones de Browning comenzaran a acaparar el mercado civil y militar.

Observese el curioso mecanismo de la Luger, casi exclusivo de la misma. Al quedar sin municiones el cargador, la recámara queda abierta y la pieza acodada queda hacia arriba, algo equivalente a la corredera hacia atrás en las pistolas que utilizan el sistema blowback.

Otra característica de diseño que distingue a la Luger de todas sus antecesoras (y muchas de sus sucesoras) es el ángulo de la empuñadura. En lugar de ser perpendicular a la línea del cañón, ésta se extiende más hacia atrás. Este detalle es, sin duda alguna, el que le da gran parte de su elegancia y belleza, y esto sólo puede comprenderse al ver a otras pistolas influenciadas por su diseño externo.

Pero más allá de mejorar su aspecto, esta característica tiene un objetivo práctico: mejorar la puntería al hacer que el usuario pueda tomar el arma más cómodamente. Al empuñarla con el puño ligeramente inclinado hacia delante, en una posición más natural, el brazo extendido se alinea perfectamente con el cañón, permitiendo así encarar mejor el blanco y ejercer más presión a la hora de soportar el retroceso del arma.

Por otra parte, esta configuración entorpece ligeramente el uso del cargador, que también debe ser oblicuo. Con poco entrenamiento, cuesta un poco más la recarga, sobre todo en situaciones extremas.

Como característica de seguridad propia de la época, una pequeña pieza de metal sobresalía por encima del gatillo si había un cartucho en la recámara; en la pieza puede leerse la palabra "geladen". En las primeras Lugers existía un seguro de empuñadura, de manera que la pistola sólo se disparara si estaba siendo empuñada, y no en el caso de una caída accidental. Este mecanismo fue removido, posiblemente para hacerla más barata y fácil de fabricar, pero se mantuvo el seguro manual habitual, en la parte izquierda posterior del cuadro del arma.

 

9 mm Parabellum

El sistema de disparo de la Luger tenía una pequeña desventaja, de la cual no estaban exentos otros diseños de la época. Se requerían cartuchos potentes para mover no sólo el proyectil a gran velocidad, sino también las piezas que repetían el ciclo de disparo, eyectando la vaina vacía y colocando un cartucho nuevo en la recámara. En este sentido, se hizo evidente desde el principio que era necesario un cartucho que generara grandes presiones.

Pero no fue este el único motivo de la existencia del 9 mm Parabellum, calibre con el cual la Luger tiene una relación muy especial. Según se sabe, la elección de este calibre estuvo teñida por una serie de felices coincidencias y necesidades.

Las primeras pistolas venían en calibre 7,65 x 22 mm, el cual, según expertos militares, era poco efectivo ya que no podía parar a un hombre decidido a atacar. En las cortas distancias en las que se usaba el arma, era necesario detener al enemigo en el instante, o arriesgarse a sufrir represalias. En este sentido, el cartucho, desarrollado por Luger en base a sus investigaciones sobre cartuchos muy similares (el 7.65x25mm Borchardt, el 7.63x25mm Mauser y el 7.62x25mm Tokarev), no satisfacía a muchos clientes de su arma. La Marina de Guerra Alemana quería el arma pero deseaba un mejor cartucho. Entonces Luger se puso a buscar formas de solucionar este problema sin causar un gran problema logístico.

El calibre 9 mm adoptado por Luger modificaba ligeramente la vaina del 7,65, que era abotellada (la bala iba en la parte más angosta de la vaina), al ensancharla y hacerla totalmente cilíndrica. De esta manera se podía aumentar el tamaño del proyectil, haciéndolo más pesado, y mejorando también un poco la carga de pólvora dentro del cartucho.

Comparativa entre un cartucho calibre 7,65 mm, a la izquierda, y dos tipos de cartuchos calibre 9 mm Parabellum. Como puede apreciarse, la diferencia en tamaños es poca, pero a nivel de eficacia ésta es más que significativa.

La elección del calibre 9 mm vino de la mano de los límites mecánicos del cañón y las piezas asociadas. Aparentemente, Luger calculó que se podían crear cañones de las mismas dimensiones externas, pero aumentando el calibre interno a 9 mm. Como la vaina del 7,65 mm era prácticamente idéntica en sus dimensiones (circunferencia y largo), no requería ni siquiera el cambio de la recámara. De esta manera, simplemente se debía cambiar el cañón para convertir una Luger calibre 7,65 mm a una calibre 9 mm.

Esto implicaba que no era necesario rediseñar toda el arma, ni crear una gran cantidad de piezas de recambio. El cañón era, externamente, el mismo.

La adopción del nuevo cartucho, en una época en donde se buscaba perfeccionar lo ya visto, fue rápida. La Marina de Guerra Alemana lo adoptó en 1904, cuando aceptó en servicio su versión de la Luger Parabellum. Dos años más tarde, incluso antes de la entrada en servicio de la Luger en el Ejército Alemán, este también adoptó como oficial el cartucho.

Suiza, que había comprado el primer modelo de la Luger, en calibre 7,65 mm, no hizo el cambio de calibre hasta que la Luger salió de servicio, en la década del 40. Sin embargo, Luger se preocupó de promocionar su diseño, presentando en 1902 la munición en el Comité de Armas de Mano de Gran Bretaña, y enviando en 1903, junto con tres ejemplares de la Luger Parabellum, al Arsenal de Springfield, en EEUU, para que el US Army probara la combinación.

Sin embargo, el verdadero surgimiento de la 9 mm Parabellum dentro del mercado de armas no se dio hasta el final de la Primera Guerra Mundial. La aparición en escena del subfusil requería un cartucho que hiciera coincidir un gran poder con un tamaño y un retroceso moderado, para darle mucha munición al soldado y hacer controlable el arma. En ese sentido, el 9 mm Parabellum resultó ser perfecto: muchas armas de puño ya estaban calibradas para el mismo, de manera que había compatibilidad de calibres, gran stock en los arsenales y el cumplimiento de los requisitos técnicos ya mencionados.

Este liderazgo en el mercado se afianzó después de la Segunda Guerra Mundial; muchos países habían adoptado ya calibres similares o ese mismo, y la formación de la OTAN estandarizó definitivamente el 9 Para, como también se lo conoce. Por mucho tiempo, EEUU fue el único país occidental cuyas fuerzas militares y de seguridad no daban cabida a este calibre, hasta que en la década de 1980 la legendaria Colt M1911 fue reemplazada por la Beretta M9.

Como curiosidad, es un hecho poco conocido que el nombre del cartucho, "Parabellum" deriva de una famosa frase latina: "si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepárate para la guerra). Esta frase era el lema de la DWM, empresa para la que trabajaba Luger cuando creó la pistola y el cartucho que llevan su nombre.

 

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