Panzerkampfwagen 38(t) / LT vz38

El Panzerkampfwagen 38(t) fue, al igual que el Panzerkampfwagen 35(t), un tanque de origen checoslovaco, que comenzó a producirse en los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Preocupada por su seguridad, Checoslovaquia comenzó una carrera de rearme en la que el LT-38 (su denominación original) representaba un enorme esfuerzo de modernización del arma acorazada, presentando un diseño bastante moderno y eficaz para la época. No por nada fue un éxito de exportación para la creciente industria militar de este país, además de recibir muchos pedidos por parte de su gobierno.

Lamentablemente, Checoslovaquia fue anexada sin posibilidad de utilizarlos para defenderse, primero en 1938 (cuando Alemania ocupó los Sudetes, una región habitada por descendientes de alemanes) y luego completamente en 1939. Esto hizo que toda la infraestructura industrial y militar checoslovaca fuera apropiada y utilizada por los alemanes en los meses siguientes, cuando se decidió la invasión de Polonia.

Las divisiones acorazadas alemanas, aunque muy temidas por sus enemigos, eran en realidad mucho más endebles de lo que aparentaban. Poseían muy pocos tanques medios y pesados, y dependían de modelos ligeros con poco armamento y blindaje. En este sentido, los LT-38 eran perfectos para los alemanes, por dos razones: primero, ayudaban a tapar los enormes huecos que existían en todas las unidades alemanas (no solo las acorazadas requerían tanques, sino también las de infantería o caballería). En segundo lugar, lo hacían con un diseño que encajaba bien en su idea de tanque medio, un modelo nuevo, sin uso y con características muy positivas e interesantes.

De esta manera, el LT-38 fue utilizado ampliamente hasta el año 1941, en el cual se lo declaró obsoleto ya que no podía hacer frente a los diseños soviéticos, mucho más armados y blindados. Sin embargo, y a diferencia de su hermano menor, el LT-35, fue utilizado como base para cañones de asalto y otros vehículos especializados, hasta el final de la guerra.

Vista delantera de los de estos vehículos utilizados por los unidades eslovacas. Alemania de hecho vendió estos vehículos a dicho país, que antes era parte de Checoslovaquia, para formar unidades que luego actuaban bajo mando alemán.

Diseño

Configuración general

Al igual que su antecesor, el LT-38 tenía un diseño convencional para tanques de esa época: motor en la parte trasera, una torre montada en la línea central, y tres tripulantes (en su diseño original, luego aumentado a cuatro).

En el casco estaba la cámara de conducción, en la cual se sentaba el conductor, en la parte frontal derecha. A su lado estaba el ametrallador de casco, que también hacía de operador de radio, el cual manejaba otra ametralladora calibre 7,92 mm. Se cargaban un total de 2.550 municiones para ambas ametralladoras.

La torre, previamente pensada solamente para el comandante, alojaba un cañón principal de 37 mm Skoda A7, junto con 90 proyectiles. Además poseía una ametralladora calibre 7,92 mm, en un montaje de bola a la derecha del cañón, que permitía ser disparada coaxialmente o de manera independiente. Así mismo, tanto el operador de radio como el conductor podían disparar la ametralladora de casco.

Al igual que en su antecesor, al entrar en servicio alemán se añadió espacio para un cargador en la torre, reduciendo así la carga de trabajo del comandante, que ahora solamente debía dirigir y disparar. Para esto se hizo necesario reducir la capacidad de carga de munición en 18 proyectiles. Los LT-38 capturados fueron modificados, mientras que los que se construyeron a partir de entonces bajo dominio alemán tomaron en cuenta esta diferencia.

Mecánica

Este tanque poseía un motor Praga EPA de 6 cilindros y 125 HP, refrigerado por agua, que le daba una velocidad máxima de 42 km/h, nada despreciables en la época. Modelos posteriores le agregaron dos carburadores, llevándose así la potencia a 150 HP y la velocidad máxima a 48 km/h. La tracción delantera pasaba a través de una caja de cambios que disponía de cinco marchas adelante y una en reversa.

Vista trasera de un LT-38.

A diferencia del modelo anterior, el LT-38 no poseía bogies dobles sino cuatro grandes ruedas de rodadura (similares a una tipo Christie), respaldada por una suspensión de ballestas laminares horizontales empernadas al casco. Otra gran diferencia era que el diseño no se apoyaba en un sistema de asistencia de dirección neumática, haciéndolo así menos vulnerable al clima extremo.

Dos tanques de combustible de doble pared, ubicados a cada lado de la cámara del motor, contenían 182 litros de gasolina. Un motor de arranque eléctrico estaba respaldado por uno de inercia, accionado desde el interior, mientras que se poner en marcha también, como medida de emergencia, desde el interior de la cámara de conducción.

Blindaje y armamento

En este punto, el LT-38 no aportaba ninguna mejora o actualización. Portaba un cañón Skoda A7 de 37 mm (que en servicio alemán se denominó KwK 37(t)). Si bien era una versión mejorada del que portaba el LT-35, y permitía perforar 32 mm de blindaje a 1.100 metros, disparando proyectiles a una velocidad de 750 m/s, el nulo aumento del calibre lo limitaría más adelante. Se había desarrollado un proyectil de fragmentación, aunque en un calibre tan chico, su poder era relativamente pequeño y se lo pensaba más que nada como apoyo a la infantería contra blancos blandos.

El arma, semiautomática de bloque descendente, era similar a la de su predecesor, sobre todo en el hecho de que el cilindro de retroceso sobresalía del mantelete (aunque esta pieza era consideramente menor). Manejarlo era aparentemente incómodo, debido a que los controles estaban en mala posición dentro de la torre.

La ametralladora del casco, al ser desbloqueada, podía ser apuntada libremente, teniendo una capacidad de giro de 10º a cada costado, de 10º de depresión y 20º de elevación. El visor telescópico tenía marcas de alcance para ambas armas, y en caso de ser destruida, podía ser reemplazado por una mira abierta que no era más que un agujero en el blindaje. La cúpula del jefe del carro tenía cuatro periscopios, dándole una visión de 360º grados.

En cuestiones de blindaje, el LT-38 ofrecía ciertas mejoras frente a su predecesor. En primer lugar, la cantidad de pernos utilizados en su fabricación era menor, pero asimismo el grosor era mayor. Variando entre 10 y 25 mm según la sección, este blindaje se aumentó más tarde hasta los 50 mm en la parte frontal (al ser fabricado bajo dominio alemán, como Ausf. E y versiones posteriores). El haber reducido la cantidad de pernos también hizo disminuir la posibilidad de dañar a la tripulación al ser impactado, pero el peligro continuaba estando, algo que no gustaba a las tripulaciones.

Desarrollo checoslovaco

Aunque el LT-35 era un tanque popular en servicio checoslovaco, se había ganado una reputación de poco confiable, debido principalmente a que había tenido un desarrollo demasiado apresurado. Mientras se solucionaban estas falencias, las autoridades militares decidieron pedir opciones. Al mismo tiempo, la empresa CKD, que fabricaba el LT-35 conjuntamente con la empresa diseñadora (Skoda), buscaba desarrollar un tanque que pudiera ser vendido tanto al Ejército Checoslovaco como a otras naciones.

El TNHP fue un éxito de ventas a nivel mundial. Se vendieron 50 de esta versión a Irán. Este modelo, además de los estragos el tiempo y la falta de la ametralladora de casco, muestra un tipo diferente de mantelete y de cañón. Actualmente se encuentra en un museo en Teherán (foto de Anatoly Terentiev). De no haber invadido Alemania a su vecino país, CKD podría haber vendido una buena cantidad de estos tanques a naciones de todo el mundo.

En 1937 el Estado Mayor de este país solicitó a ambas empresas propuestas para un nuevo tanque. El diseño TNHP de la CKD fue el ganador, comenzándose rápidamente su producción. El resultado fue un vehículo sencillo, confiable y de fácil mantenimiento, que tuvo un relativo éxito en el campo de la exportación, donde no brilló más solamente por la pronta invasión alemana de Checoslovaquia, que cortó la exportación de un vehículo muy importante para este país.

El 1º de julio de 1938 era el mismo gobierno checoslovaco el que solicitó la construcción de 150 unidades, como parte de su rearme apresurado para hacer frente a las ansias expansionistas germanas. Sin embargo, era demasiado tarde: para fines de ese año Alemania había invadido los Sudetes, y en marzo de 1939 el país entero caía bajo dominio nazi. Como consecuencia, ninguno de los tanques ordenados entró en servicio bajo bandera nacional, y fueron rápidamente requisados por autoridades militares germanas, que vieron en él un buen sustituto para sus tanques medios Panzerkampfwagen III. Se ordenó incluso que la producción siguiera adelante más allá de ese número, debido a que las divisiones acorazadas requerían grandes cantidades de material para continuar llenando sus debilitadas plantillas.

De esta manera, el tanque continuó en producción hasta 1942, construyéndose un total de 1.414 vehículos. Muchos fueron vendidos a su vez a países aliados: 102 a Hungría, 69 a Eslovaquia, 50 a Rumania y 10 a Bulgaria.

Sin embargo, como veremos luego, el chasis del tanque fue un éxito todavía mayor. La torre era demasiado pequeña como para aceptar un cañón mayor que el de 37 mm, de manera que a partir de 1941 se lo declaró obsoleto. Pero la parte inferior del vehículo, que poseía una mecánica sencilla y confiable, inspiró todo tipo de vehículos de combate más especializados. Algunos de estos ejemplares permanecieron en servicio incluso hasta la década de 1970.

Uno de los 24 Panzerwagen 39, el primer tanque utilizado en Suiza, actualmente en un museo en dicho país. Obsérvese el camuflaje invernal y el cañón, que tuvo que ser adquirido de manera separada.

Versiones

Ya antes de ser capturadas las industrias y existencias checoslovacas, el LT-38 tenía diversas versiones y estaba en proceso de exportarse a varios países. Irán había pedido 50, y Perú unos 24, al igual que Suiza. Latvia también compró algunos.

Un dato curioso al respecto es que la exportación de vehículos comenzó antes de que el tanque entrara en servicio checoslovaco. Sin embargo, técnicamente ninguno lo hizo, pues en 1938 Alemania comenzó su invasión, y las unidades fabricadas no llegaron a ser asignadas al ejército.

Otro dato curioso es que Inglaterra pidió prestado uno de estos tanques para evaluaciones a comienzos de 1939, pero rápidamente perdió interés al considerárselo inferior a los diseños locales. Cabe destacar que Inglaterra compró licencias de armamento checoslovaco en varias oportunidades, siendo un ejemplo el diseño de la ametralladora que usaba el LT-35 y LT-38, que se convirtió en la BESA, que equipaba todos los tanques británicos de la época.

Este vehículo llegó a Inglaterra cuando Checoslovaquia estaba parcialmente invadida por Alemania, y a pocas semanas de que la invasión se hiciera total. Es de suponer que las autoridades inglesas hubieran tramitado, de haber podido, una rápida concesión de los derechos de fabricación bajo licencia, si es que el tanque hubiera llenado sus expectativas, porque de otra manera no se hubiera podido poner en manos alemanas las necesidades bélicas de este país. De todas maneras, se consideró que el diseño tenía varias fallas, principalmente en la cuestión de habitabilidad y comodidad de uso por parte de las tripulaciones.

Versiones como tanque

  • TNHP: versión inicial, de la cual Irán fue el primer comprador, con 50 pedidos.
  • LTP: versión de exportación para Perú, del cual se fabricaron 24.
  • LTH: versión de exportación para Suiza. Solamente se entregaron 24 antes de que Checoslovaquia fuera invadida, de manera que no se pudieron pedir más unidades. Tiene la curiosidad de ser el primer tanque utilizado por el Ejército Suizo. Como estas unidades se entregaron sin cañones, y luego estos no pudieron ser comprados a Skoda, se tuvo que utilizar uno de 24 mm fabricado en el país. Dentro de Suiza se lo conoció como Panzerwagen 39 “PRAGA”. Posteriormente se cambiaron tanto el cañón como las ametralladoras, para aumentar su poder de fuego.
  • LTL: versión de exportación para Lituania, de la cual se construyeron 21.
  • LT vz. 38: designación del Ejército Checoslovaco, que nunca se usó ya que el tanque nunca entró en servicio activo.
  • Sav m/43: cañón de asalto basado en el chasis del TNH, construido en Suecia.
  • PzKpfw 38(t) Ausf. A-D: versión alemana del TNH original checoslovaco, construida bajo el dominio alemán.
  • PzKpfw 38(t) Ausf. E-G: versión que incrementaba el blindaje frontal hasta los 50 mm.
  • PzKpfw 38(t) Ausf. S: se trata de una versión de exportación pedida por Suecia, que fue confiscada por Alemania y nunca llegó a sus dueños. En su lugar, se acordó la construcción bajo licencia de este diseño como Strvm/41.

Otras versiones como vehículo especializado

La modificación más sencilla en uso alemán fue el Panzerbefehlswagen 38(t), un vehículo de mando que se creaba al añadirse radios adicionales y antenas de marco sobre la cubierta del motor, de manera similar al caso del Panzer 35(t).

El Hetzer, oficialmente conocido como Jagdpanzer 38(t), fue sin duda el más exitoso vehículo creado sobre el chasis del Panzer 38(t). Se hizo particularmente conocido en el Levantamiento de Varsovia, tanto por los alemanes, que lo usaron para demoler refugios de polacos rebeldes, como por los mismos habitantes de la ciudad, que capturaron algunos y los bautizaron, convirtiéndolos en personalidades de la gesta.

Pero, al igual que su antecesor, el Panzer 38(t) quedó obsoleto en 1941. En este caso no fueron sus elementos mecánicos los que lo condenaron a operaciones de segunda línea, sino la presencia de vehículos blindados muy superiores en poder de fuego y protección. Al invadir la Unión Soviética, se vio que muchos tanques enemigos tenían cañones de 76 mm y grueso blindaje inclinado, contra los cuales el pequeño vehículo checoslovaco nada tenía que hacer, incluso a corta distancia.

Sin embargo, la fiabilidad y simplicidad del chasis y de sus elementos mecánicos, sumado a su escasa silueta, hicieron que, como su hermano menor, fuera utilizado como base de muchos proyectos, principalmente de cazacarros. De todas maneras, como se trataba de un diseño más nuevo y mejorado, mientras el Panzer 35(t) sólo fue reconvertido en base a unidades removidas del servicio de primera línea, el chasis del Panzer 38(t) continuó en producción luego de la cancelación del tanque en sí, hasta el año 1944. De esta manera se crearon las siguientes variantes:

  • Marder III: este cazacarros consistía en el chasis del Panzer 38(t), sobre el cual se montaba una superestructura abierta por arriba. Hubo dos versiones principales: la SdKfz 138 tenía un cañón de 75 mm de origen alemán (PaK 40/3 L/46), mientras que la SdKfz 139 poseía uno de 76,2 mm pero de origen soviético (Modelo 36). Los vehículos eran tan similares en diseño y prestación que tenían el mismo nombre oficial. Del Sdkfz 138 hubo a su vez dos versiones, en una de las cuales el motor fue trasladado a la parte delantera del chasis, siendo usada en la otra la configuración convencional.
  • SdKfz 138/1 o Bison o también Grille: era un sistema de artillería autopropulsada del cual existieron dos versiones con la misma denominación. Sobre el chasis del tanque checoslovaco se montaba un cañón pesado de infantería de 150 mm de origen alemán (sIG 33/1, que también había sido montado con poco éxito sobre el PanzerKampfwagen I y II, en cuyos casos tendía a sobrecargar los chasis). El Ausf. H mantenía el motor trasero y la cámara de combate en el centro, pero el Ausf. M el motor pasó adelante y la cámara de combate quedó detrás, en un compartimiento rediseñado. Ambos modelos sirvieron en las Compañías de Cañones Pesados de las Divisiones de Panzer-Grenadier. La escasa cantidad de proyectiles que podía cargar cada vehículo inspiró la producción de una variante de amunicionamiento, basada en el Ausf. M.
  • Flakpanzer 38(t) o SdKfz 140: era un vehículo de artillería antiaérea que cargaba un cañón de 20 mm. Se construyeron 162 en 1943, como medida interina, hasta que fueron reemplazados por Flakpanzer IV. Cargaba 540 proyectiles de munición perforante y rompedora, siendo todos trazadores. Esto hacía que la cadencia máxima de disparo del único cañón, de 480 disparos por minuto, fuera rebajada a la mitad. El vehículo tenía una dotación de cinco personas, y el chasis había sido modificado para tener el motor en la parte delantera, de manera similar al Bison Ausf. M.
  • Aufklärungspanzer 38(t) o SdKfz 141/1 (existe una variante, la SdKfz 140/1, que posiblemente sólo difiere en detalles menores): tal vez la variante más sencilla y de cometido menos especializado. Se trataba de una versión de reconocimiento, que montaba la torre de un automóvil blindado SdKfz.222, incluyendo su cañón de 20 mm. En 1944 se construyeron 70 vehículos de este tipo, que se distribuyeron entre batallones acorazados de reconocimiento.
  • Jagdpanzer 38(t) (más conocido por su nombre extraoficial: Hetzer): se trata de la variante más exitosa y conocida. Era un cazatanques que portaba un cañón de 75 mm PaK 39 L/48, y era la única versión de cañón autopropulsado que tenía una superestructura totalmente acorazada, incluyendo la parte superior. Tuvo bastante éxito, sobre todo por su silueta baja. El Hetzer fue bastante popular y exitoso en los últimos años de la guerra, gracias a su escaso tamaño y mucho poder de fuego, aunque apuntar el arma implicaba mover todo el vehículo, limitándose así su eficacia. Una versión muy poco conocida utilizaba el cañón de infantería de 150 mm sIG33/2, pero sólo se construyeron 30 de ellos. También hubo planes para ponerle un cañón de 105 mm, que no fructificaron.
  • Flammpanzer 38(t): una versión del Hetzer, construido en escaso número (menos de 50), que disimulaba un lanzallamas en un cañón falso. Tenía un alcance de 60 metros y cargaba 700 litros de combustible. Se los vio en uso en la ofensiva de las Ardenas, en 1944. Construidos por órdenes expresas de Hitler, se continuó su producción hasta el final de la guerra, pero apenas tuvieron uso.
Hitler inspecciona un Jagdpanzer 38(t), también conocido como Hetzer, cazatanque creado sobre el chasis del Panzer 38(t). Una vez que este carro de combate se hizo obsoleto, se lo modificó para diferentes tareas, sobresaliendo en esta al convertirse en uno de los más utilizados cazatanques alemanes de la Segunda Guerra Mundial.

En conjunto, el chasis del Panzer 38(t) fue utilizado como base de 3.700 cureñas autopropulsadas y 102 transportes de munición. Algunos bastidores fueron reconvertidos como lanzadores móviles de humo (PzKpfw 38(t) mit Nebel Ausrastung), y otros fueron enviados a las escuelas de conductores. Allí se los usó para quemar gas de leña, que era un combustible sintético creado por los alemanes para paliar su escasez crónica de petróleo.

A partir de agosto de 1944, una pequeña cantidad de Hetzer (poco más de 100) fueron desarmados y reconvertidos a la función de vehículos acorazados de recuperación, instalándose una grúa de 2 toneladas en la parte superior. Este Bengepanzer 38(t) fue uno más de este tipo de vehículos, inventados por los alemanes para dar asistencia mecánica rápida en el campo de batalla, impidiendo que se perdieran vehículos dañados o empantanados. Se suponía que los Bergepanzer 38(t) debían hacer esto con los Hetzer. Además de ensamblarlos a partir de Hetzers ya terminados, se los mandó a construir en la línea de ensamblaje en Praga, de manera que salían de la misma fábrica. Hacia el final de la geurra, se habían producido 181 de ellos.

Hubo, sin embargo, muchos diseños basados en este tanque que nunca salieron del tablero de dibujo. Tal vez el más curioso haya sido el PzKpfw 38(d). Este rediseño alemán (de ahí la d de Deutsche) cambiaba totalmente el sistema de propulsión, incorporando un motor diesel Tatra de 210 HP, situado al lado del conductor. En este caso, la guerra terminó antes de que se pudiera avanzar en su producción.

De todas maneras, lo que marca a las claras la fiabilidad y capacidades del chasis del LT-38 es que fue uno de los pocos vehículos que continuó en servicio tiempo después de la Segunda Guerra Mundial. Checoslovaquia continuó la producción del Jagdpanzer 38(t), el cual vendió a Suiza como G-13, fabricándose 158 unidades. En este país, como ya se ha dicho, el Panzerwagen 39 fue mejorado con la actualización de su armamento y estuvo en servicio varios años.

Por si fuera poco, un comprador contrariado, Suecia, usó el bastidor como base para un TAP que estuvo en uso en este país hasta la década de 1970. Igualmente también se lo utilizó como base para el SAV 101, un cañón de asalto que montaba un obús de 105 mm en una superestructura fija.

Un Hetzer en un museo suizo, perfectamente conservado. Muchos de estos vehículos que sobreviven en museos no son de origen alemán, sino suizo, aunque pueda pintárselos a la manera alemana para representar unidades más famosas.

Historia operacional

Las dos grandes campañas en las que el Panzer 38(t) participó ampliamente fueron las de Polonia y las de Francia. Al igual que el LT-35, en la primera actuó como vehículo de reconocimiento, manteniendo la denominación LTM 38, pero a partir del 16 de enero de 1940 se lo reclasificó como tanque mediano, sustituyendo al Panzerkampfwagen III en muchas unidades acorazadas que no disponían del mismo o lo tenían en escasa cantidad.

En ambas campañas se comportó bien, acumulando un buen historial de victorias. En Polonia sirvió principalmente en la 3º División Ligera, que contó con 59 de estos aparatos, de un total de 150 tanques operativos. Hay que tener en cuenta que todas las unidades acorazadas de la época estaban crónicamente mal dotadas: una división acorazada alemana debía tener 562 tanques, y ninguna sobrepasaba por muchos los 300. En este sentido, aunque se los consideraba entonces como tanques de reconocimiento, es evidente que muchos Panzer 38(t) fueron utilizados como punta de lanza, ya que los Panzerkampfwagen I y II eran muy inferiores tanto en blindaje como en armamento.

Un ejemplo que muestra a las claras la importancia de este tanque checoslovaco en el inventario alemán fue la invasión de Noruega, la Operación Weserübung. El movimiento de tropas incluía la invasión de Dinamarca, que por su escaso tamaño y población sólo podía dar una resistencia simbólica al avance alemán. Como los Panzerkampfwagen III y IV eran muy escasos y estaban dispersos por toda Europa, se enviaron en cambio 15 Panzer 38(t) y tres prototipos de tanques con torres múltiples, más 40 tanques Panzerkampfwagen I y II.

Más tarde fueron utilizados en la invasión de Francia, en donde tuvieron dos usuarios privilegiados: la 8º y la 7º División Panzer, comandada esta última por el entonces General de División Erwin Rommel. Esta formación es peculiar porque incluía un total de 106 Panzer 38(t), pero ningún Panzerkampfwagen III. Teniendo en cuenta que se calcula que había, en ese momento, unos 226 de estos tanques en servicio alemán, nos dice mucho del uso que se les daba al reemplazar a su contemporáneo alemán (del cual había entonces en servicio unos 350).

Un Marder III Sdkfz 138 (con cañón alemán), del modelo que trasladaba el motor a la parte delantera. Obsérvese el poco agraciado ensamble de chasis y torre, muy característico de vehículos improvisados como estos.

Sin embargo, el Panzer 38(t) sólo se había enfrentado a vehículos de su tipo o inferiores; cuando había tenido que enfrentar tanques más pesados, su cañón de 37 mm y su escaso blindaje no estuvieron a la altura de las circunstancias. Las unidades alemanas ganaron ambas campañas a base de maniobrar mejor que el enemigo, y de explotar bien la coordinación entre unidades de artillería y aéreas, entre otras cosas. Un reto mucho mayor estaba delante: la URSS.

Para el momento de la Operación Barbarroja, este tanque estaba en servicio con la 6º, 7º, 8º, 12º, 19º, 20º y 22º divisiones acorazadas, totalizando 623 unidades en servicio alemán. Sin embargo, era totalmente ineficaz al enfrentar al “tanque medio” soviético, que era equiparable al tanque pesado alemán: el T-34. Al igual que al Panzer 35(t), se lo declaró obsoleto: su cañón no podía hacerle frente, y su blindaje remachado era fuente de todo tipo de peligros para sus tripulantes, quienes también se quejaban de la calidad del acero, que juzgaban demasiado quebradizo.

A partir de entonces, el tanque en sí fue relegado a tareas policiales o antipartisanos. Se sabe que algunos ejemplares capturados entraron en servicio en el Ejército Rojo, reemplazándose sus ametralladoras por otras de origen soviético.

Del Panzer 38(t) sólo quedó un chasis sobre el cual montar diferentes tipos de cañones (ver más arriba). El Hetzer y el Marder III fueron las más exitosas, siendo relativamente comunes en el campo de batalla europeo.

Muchos chasis de vehículos retirados del servicio también fueron aprovechados al removerse las torres con el armamento, las cuales se dispusieron por toda Europa, incluyendo Noruega, Italia, Dinamarca y otros.

Un Panzer 38(t) Ausführung S (de los que debían ser enviados a Suecia pero fueron requisados por Alemania) en el Museo de Tanques de Munster. Obsérvese la pulcritud del modelo, en el cual han sido cegadas las dos escotillas para las ametralladoras. También son visibles sus cuatro grandes ruedas de rodadura y el blindaje añadido en la parte frontal baja, conformado por orugas de respeto (algo común que puede verse en otras fotografías anteriores). A su izquierda puede observarse parte de un PanzerKampfwagen III, al cual sustituyó en muchas ocasiones. (Foto por Werner Willmann).

Especificaciones técnicas TNH P-S
TripulaciónComandante/cargador/tirador, conductor y operador de radio/ametrallador de casco
ArmamentoCañón de 37,2 mm Skoda A7, más dos ametralladoras calibre 7,92 mm, una coaxial al cañón en la torre, y otra en el casco.
Munición90 proyectiles de 37,2 mm y 2.550 proyectiles de 7,92 mm en cinta, guardadas en bolsas.
Blindajeentre 10 mm y 25 mm, según sección
Sistema de propulsiónmotor Praga EPA de seis cilindros, enfriados por agua, con una potencia de 148 HP y una transmisión de 6 marchas, 5 hacia delante y una reversa 
Velocidad máxima42 km/h
Autonomía200 kilómetros, máximo
Peso9,7 toneladas
Largo4,55 metros
Ancho2,13 metros
Alto2,31 metros
Especificaciones técnicas
Panzer 38(t) Aus. A-C
TripulaciónComandante/tirador, cargador, conductor y operador de radio/ametrallador de casco
Armamentoigual que modelo checoslovaco
Blindajefrontal de 25 mm, lateral de 15 mm
Sistema de propulsiónigual que modelo checoslovaco
Largo4,61 metros
Ancho2,14 metros
Altura2,40 metros

Fuentes: Panzer ligeros, de Bryan Perrett, Terry Hadler y Peter Sarson (tomo nº 32 de la colección Carros de Combate Osprey Military/RBA, 1999). Título original: German Light Panzers 1932-1942.

Subfusil Owen

Corría el mes de julio de 1939 cuando un joven de 24 años, llamado Evelyn Owen, llevó su prototipo de un subfusil calibre .22 a las barracas de Victoria, en Sydney, Australia. Allí fue inspeccionado por oficiales de suministros; él explicó que se podía hacer con equipo poco especializado usando las partes de un fusil calibre .22. Pero los oficiales le dijeron a Owen que no podían aceptarlo en uso para el ejército a causa de que tenía un calibre bajo.

El joven, insistiendo, les explicó que el arma podía ser adaptada fácilmente para usar calibres más grandes y que solamente había elegido el .22 por conveniencia. A pesar de su insistencia, el arma fue rechazada: antes de la Segunda Guerra Mundial, el ejército australiano no se había dado cuenta de la importancia de los subfusiles para el uso de la infantería.

El ejército australiano siguió en su postura, poco interesado en el arma. Y cuando se dio cuenta de lo importante que eran los subfusiles, encargó rápidamente una partida de subfusiles Sten a las fábricas británicas. Las autoridades tardaron un tiempo, sin embargo, en darse cuenta de que, con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha, el ejército británico tenía derecho a usar todo lo que produjeran sus fábricas. Durante ese tiempo Owen no hizo más que insistir, y al aparecer este vacío, pudo persuadir a las autoridades militares para que probaran su proyecto, en 1940. El Owen fue aceptado, aunque el tema del calibre siguió siendo un problema: se produjo el arma en cuatro calibres hasta que se adoptó el ahora universal de 9x19mm Parabellum.

Subfusil australiano Owen. Las manchas no son a causa del uso, sino de la costumbre de pintar miméticamente el armamento.

Nadie seguramente supo en esa época todos los acontecimientos que vería esa arma tan extraña. Lo primero que nos permite reconocer fácilmente al Owen es la posición vertical superior del cargador, apuntando hacia arriba, colocado encima del cajón tubular del arma. Esta característica, poco vista en los subfusiles (incluso ahora), es solamente peculiar en apariencia, y se adoptó por su funcionalidad. A pesar de que presenta un ligero inconveniente para el tirador, ya que se desplaza la mira y el alza a la derecha del arma (lo cual es una solución algo incómoda), no es tan grave en el campo de batalla: los subfusiles no son armas de precisión y se mantienen al dispararse a la altura de la cadera. Incluso el arma que sustituyó al Owen, el X-3, en el ejército australiano, conserva esta característica.

Otro gran punto del Owen es su gran robustez y convencionalidad, que lo hacían muy confiables en cualquier circunstancia y clima: fue un arma tosca y segura que alcanzó por ello mucha fama. También la facilidad de uso y mantenimiento ayudaron en mucho: otra característica exclusiva del Owen es la posibilidad de sustituir rápidamente el cañón. A pesar de que no era tan necesaria, ya que para que se produjera la autocombustión del cartucho era necesario disparar una enorme cantidad de proyectiles, esta característica se conservó durante toda la producción del Owen. Solamente tirando hacia arriba un seguro operado por un resorte, justo delante de donde se inserta el cargador, el cañón se podía sacar. Este dispositivo es necesario, ya que el método de ensamblaje y construcción, el arma solamente podría ser desmantelada removiendo el cañón y luego sacando la recámara y el resorte de retroceso hacia adelante. Otra parte inusual del subfusil Owen es que el mecanismo de eyección está dentro del cargador y no del arma: los casquillos vacíos caen delante del gatillo.

Un detalle notable era que, en servicio, el Owen (como las otras armas) se recubría a menudo con barnices miméticos adaptados al terreno en el que se operaba: en el caso del ejército australiano (el Owen no fue utilizado por otras fuerzas armadas) era la jungla de Nueva Guinea, donde los soldados encontraron en el Owen el arma ideal para el combate de proximidad. Aunque era pesado y aparatoso, el Owen era un arma de primera clase y muy popular entre los que lo usaban; este subfusil resultaba sensiblemente más pesado que la mayoría de los modelos similares, pero las empuñaduras de pistola, tanto anterior como posterior, agilizaban notablemente su manejo. Se mantenía operando incluso en las durísimas condiciones de la jungla (humedad, barro, calor, etc.). Las fallas eran muy excepcionales, a pesar de los defectos que pudiera tener. Esto se debía también a su diseño: el compartimiento de la cámara estaba separado dentro del cajón, para que la cámara estuviera aislada del mango retractable por una pared pequeña, a través de la cual pasa la aguja percutora. Esto asegura que la suciedad y el barro no atascaran la cámara; aunque muy efectivo, el dispositivo ocupaba mucho espacio.

Durante la producción en serie, se llevaron a cabo algunas modificaciones: se eliminaron las aletas de refrigeración en la boca del cañón, se cambió la culata, realizada en varias versiones hasta quedar en una simple armadura metálica, o bien construida totalmente en madera, o la mitad en madera y la otra mitad en metal.

El Owen fue producido desde mediados de 1941 hasta 1945, llegando a las 50.000 unidades, sirviendo muy bien en el ejército australiano. Pero en 1952 se comenzó a fabricar de nuevo, probablemente debido a la falta de un arma mejor que llenara su lugar, como sucedía bastante seguido en esa época. En esta ocasión se le aplicó una larga bayoneta en la boca del cañón; aunque algunas versiones de 1943 llevaban una bayoneta más corta aplicada sobre un dispositivo tubular, las unidades fabricadas de esta manera eran muy pocas.

Un soldado del 5º Regimiento Real Australiano, con un subfusil Owen, observa la destrucción de la aldea de Long Tan, en Vietnam.

De esta manera el subfusil Owen participó muchos años más tarde en otra gran contienda mundial: la guerra de Vietnam. Aunque no hayan acaparado la atención de todas las cámaras del mundo, numerosos elementos de varias fuerzas de Australia participaron en la contienda, dando muestra de gran valor y eficiencia. Allí el Owen demostró una vez más su capacidad a pesar de algunos defectos que se pudieron encontrar y aunque fuera un arma muy anticuada. Para algunos las balas redondeadas eran poco útiles contra las pesadas ropas que utilizaban los guerrilleros vietcong; sin embargo, era un arma extremadamente confiable y no hay duda de que en los cerrados combates que se sucedieron en la jungla contar con un arma ruda y de alta capacidad de disparo le salvó la vida a más de uno.

No hay duda de que la historia de esta arma, ideada por un joven como cualquier persona y construido con mucho ingenio en un sótano, es un ejemplo de cómo un proyecto que parece inalcanzable puede llegar a ser realidad de la manera más espectacular. A pesar de las críticas y quejas de las autoridades militares de su época, Owen pudo finalmente cumplir su sueño de servir a su patria; ¡y de qué manera! Nada más que dándole un gran arma en el momento de gran necesidad, tan buena que incluso pudo ser usada confiablemente casi tres décadas más tarde.

Calibre (mm)9 x 19
Largo (mm)813
Largo del cañón (mm)247
Cadencia de fuego (d/m)700
Velocidad de salida (m/s)420
Cargadorvertical de 33 disparos
Surcos7, a la derecha
Peso vacío y sin cargador (kg)4,21
Peso completo (kg)4,815

Granadas de mano

Al ser los chinos los descubridores de la pólvora, les tocó obviamente a ellos ser los inventores de los primeros artefactos destructivos. Además de utilizarla con propósitos recreativos, como fuegos artificiales, a veces las metían en tubos de cartón o posiblemente bambú, agregaban una mecha y luego de encenderla arrojaban estos explosivos de mano dentro de ciudades sitiadas o recintos cercados.

Sin embargo, este tipo de uso no se generalizó, y aparentemente estas primitivas granadas no fueron utilizadas durante mucho tiempo. Posiblemente debido a accidentes y episodios de mal uso, o a otras cuestiones, su historia se pierde.

Hacia el siglo XV hay datos que reflejan el uso de la pólvora dentro de vasijas de tierra cocida, la cual a veces se recubría con sogas o trapos. Esto impedía que el recipiente se rompiera o estallara al chocar con el blanco, dificultando la explosión de la pólvora (que de otra manera solo se quemaría).

No se puede hablar, sin embargo, de verdaderas granadas de mano sino hasta el siglo XVIII. Para esta época la pólvora era utilizada desde siglos atrás en toda Europa en las numerosas guerras entre estados. En cañones y las primeras armas de fuego, se la utilizaba como propelente, indispensables para el lanzamiento de los proyectiles.

En este momento se comenzaron a usar nuevos recipientes para la pólvora. Primeramente se hicieron de cristal fundido, pero luego se usó el hierro. Equipadas con mechas, estas bombas eran llevadas al campo de batalla por tropas especializadas. Conocidas como granadas por la similitud que tenían con el fruto de esta planta, los soldados que las lanzaban se agruparon en unidades de granaderos. Estos cuerpos ganaron mucha importancia en ciertos ejércitos europeos y luego americanos, nombres que todavía hoy se siguen utilizando.

Aunque son parte del imaginario de la guerra terrestre, las granadas de mano también participaron de la historia naval. Su uso era generalizado; los granaderos se subían a los palos del barco y aprovechaban la altura para lanzarlas hacia el buque enemigo, que buscaban destruir o abordar. En estos ambientes el potencial destructivo era enorme, ya que habían muchos materiales inflamables y explosivos.

Sin embargo, este tipo de granadas no eran muy prácticas. Eran pesadas, difíciles de manejar en combate y algo imprecisas. Lentamente su uso fue decayendo, pero luego resurgió. Con el tiempo, estas unidades dejaron de especializarse en su uso, y posteriormente las granadas más modernas, mucho más prácticas y eficaces. Hacia mediados del siglo XIX, particularmente en la Guerra de Crimea, la Guerra Franco-Prusiana y la Ruso-Japonesa, las granadas ya volvían a ser utilizadas. Para finales de la Primera Guerra Mundial, eran parte del equipo básico de todos los soldados.

Durante esas décadas, mejores diseños, mejores materiales explosivos y otras tácticas habían hecho posible y necesario su uso generalizado. Más potentes y seguras, todo esto les permitía que su tamaño fuera más reducido sin restarle por ello poder.

Pero, ¿qué es exactamente una granada de mano?

Descripción

Una granada de mano es un artefacto explosivo que, debido su pequeño tamaño, puede ser lanzado por un solo soldado hacia el enemigo, detonando a una distancia segura del lanzador.

A pesar de la creencia popular, las granadas no son extremadamente potentes. Su radio de acción (es decir, el área en la cual causan mucho daño, o incluso la muerte) suele estar en los 10 metros, como máximo (dependiendo de si tienen o no metralla), mientras que la onda expansiva más fuerte nunca pasa de los cinco metros. Esto es así por una cuestión lógica: no se puede lanzar una granada a más de 35 metros, de manera que tiene que haber una distancia mínima entre la granada y el lanzador, para que este no salga herido.

Debido a su peso y tamaño, los soldados no suelen llevar nunca más de tres o cuatro granadas. Teniendo en cuenta que un soldado actualmente carga una gran cantidad de equipo (fusil y munición, equipos y accesorios para el fusil, algo de comida y bebida en ciertos casos, otros equipos, etc.) cargar más granadas no es la prioridad. En casos especiales puede ser que el soldado disponga de más espacio y sepa que por su misión requerirá de más granadas, pero son, justamente, casos especiales.

El amplio uso que las granadas de mano vieron en ciertos países hace que todavía se las pueda encontrar abandonadas en excavaciones, basurales, etc. Después de las minas antipersonal estos artefactos son los más peligrosos de encontrar. Es importante que, aunque no se viva en un país recientemente involucrado en un guerra, se eduque a los niños y se los concientice a no tomar y manipular este tipo de artefactos. Las granadas son un ícono de la guerra y son fácilmente distinguibles; no es raro que un niño, al encontrarla, quiera jugar con ella. Estas granadas pueden o no ser recientes; muchas veces criminales o terroristas pueden abandonarlas para deshacerse de la evidencia. En todo caso son peligrosas: aunque tengan muchos años, igualmente pueden estallar. Es importante que se eduque a los niños para que avisen ante la presencia de este tipo de elementos, que solamente pueden ser manipulados por personal policial o militar competente.

El efecto destructivo de la granada se lo da el explosivo que carga dentro, generalmente unos pocos cientos de gramos. Cuando el explosivo era pólvora, era importante que el recipiente fuera fuerte y no se rompiera al impacto con el suelo; la pólvora de otra manera, al derramarse, se quemaría rápidamente pero no tanto como para generar una explosión. Sin embargo, actualmente se utilizan explosivos plásticos y de otros tipos que no requieren de tantos cuidados.

Las granadas tienen dos efectos, ambos buscados por el diseño. En primer lugar, el efecto mecánico, físico. La explosión crea una onda expansiva la cual, ayudada por esquirlas, puede herir o matar al enemigo, o como mínimo hacerlo desplazar unos metros. El segundo efecto, a veces más importante (y buscado por ciertos diseños) es el psicológico. La fuerte y sorpresiva detonación, el humo y el polvo generados hacen que el enemigo trate de refugiarse. Si se espera una granada, todos se esconderán o huirán; si no se la espera, existen unos segundos en los cuales los sobrevivientes estarán incapacitados, sordos y confundidos por la detonación, posiblemente tosiendo por el humo y con los ojos irritados. Todo lo cual los incapacita para el combate, permitiendo su captura mucho más fácilmente al limitar su capacidad defensiva y ofensiva.

Funcionamiento general

Las granadas de mano, como su nombre lo indican, se caracterizan por ser portátiles y fáciles de usar con una sola mano. Esto aumenta su alcance y por lo tanto su eficacia; la facilidad de uso ha sido siempre una de las prioridades en su diseño, más allá de la potencia de la masa explosiva. Sin embargo, como se verá, ha habido casos de granadas poco prácticas y difíciles, incluso peligrosas de usar.

Un soldado que sea buen lanzador de granadas puede enviar una a entre 30 y 35 metros de su posición, teniendo en cuenta que el área de daño máximo no supera generalmente los 20 metros. En realidad, el área de mayor daño de una granada es de unos 5 metros, en donde la esquirla y la onda expansiva pueden matar o herir seriamente a cualquier persona. En el resto de la distancia, el efecto es importante pero menor, solamente incapacitando por el ruido y dando lugar a heridas más o menos leves.

Todas las granadas comparten una serie de partes y mecanismos más o menos iguales, dependiendo de su tipo; los más comunes se muestran en el gráfico inferior. Las tres principales son:

  • Cuerpo: es la carcasa del artefacto, que contiene todos los mecanismos impidiendo la entrada o salida de componentes. Además, suele ser uno de los responsables de la producción de esquirlas. Puede estar constituido de diversos materiales (ver más abajo).
  • Espoleta: es la serie de mecanismos y seguros que impide el estallido de la granada hasta el momento deseado, y luego se asegura de que el artefacto estalle de la manera para la cual fue diseñado. Hay muchos tipos de espoletas, las cuales se explicarán más adelante.
  • Multiplicador y carga explosiva: para evitar accidentes y fallas, los materiales explosivos de las granadas son particularmente estables. Estos materiales no estallan por el calor, a veces ni siquiera si son puestos directamente en el fuego. Es por eso que se necesita que la granada tenga en su corazón una pequeña cantidad de material explosivo más sensible, capaz de ser encendido por los pequeños mecanismos de la espoleta.
Corte esquemático de una granada típica, la M62 estadounidense. Pueden verse señaladas las partes más importantes, cuyo funcionamiento se explicará más adelante.

Explosivos comunmente utilizados

Además de mejorarse con el tiempo el diseño y las espoletas, otro de los cambios que sufrieron las granadas fue justamente su razón de ser: el material explosivo que cargan.

La pólvora fue el primero de todos. Aunque es estable, no solamente es sensible al calor directo y al fuego sino también al rozamiento, lo cual obligaba a un uso cuidadoso. No es un explosivo muy potente; se necesitan grandes cantidades para una explosión importante, lo cual limitaba el efecto de las primeras granadas.

Algunos explosivos fueron abandonados principalmente por su inestabilidad (su tendencia a estallar con el calor o el rozamiento) o por ser muy sensibles a la humedad u otros factores ambientales, los cuales los inutilizaban. Actualmente muchas granadas se fabrican llenas de explosivos plásticos o similares, como el TNT. Para aumentar su capacidad explosiva sin hacerla más pesada y grande, a veces se combinan dos explosivos. Por ejemplo, la granada Calderón, utilizada por la Infantería de Marina española y de origen estadounidense, tiene un 60% de hexógeno, 39% de TNT y 1% de cera, totalizando 165 gramos que equivalen a 215 gramos de TNT puro.

La facilidad de moldear estos explosivos permite a la industria adaptarlas a cualquier forma que tenga la granada. Actualmente muchos artefactos de este tipo utilizan la ciclonita o hexógeno, el cual, mezclado con parafina o vaselina se convierte en uno de los primeros explosivos plásticos concebidos. Muy poderoso, fue uno de los más utilizados para sabotajes de partisanos y fuerzas de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Clasificaciones de las granadas de mano

Por lo general, cuando más sencillo y útil es un aparato cualquiera, más variantes y modelos van apareciendo con el tiempo. El caso de las granadas no es la excepción. Con más de un siglo de historia continuada en el campo de batalla, este arma de combate ha ido acumulando todo tipo de variantes: de forma, de efectos explosivos o no explosivos, de materiales utilizados, de sistemas de ignición, etc., etc. A continuación se detallarán las clasificaciones más importantes y pertinentes, aunque pueden surgir otras al profundizar todavía más la investigación.

Dos granadas polacas del mismo modelo básico: la de la izquierda, sin metralla, es ofensiva; la de la derecha, de piña, es defensiva.

La primera gran diferenciación entre granadas es entre las explosivas y las no explosivas. Como su nombre lo dice, las primeras están rellenas con algún tipo de explosivo. Su uso es netamente de combate y están destinadas a matar o herir al enemigo. Las segundas no contienen explosivos y según lo que contengan, pueden variar de uso.

Granadas explosivas

  • granadas ofensivas: aunque pueda llevar a confusión, son las menos potentes. Pensadas para cuando el soldado está avanzando rápidamente y sin mucha protección, su radio de acción es menor. Fabricadas con cuerpos de plásticos, aluminio u hojalata, la explosión casi no causa esquirlas, que son los principales agentes causantes de heridas. Por lo tanto, estas granadas basan su efecto principalmente en incapacitar al oponente: su único efecto es la onda expansiva. Esto evita que el soldado, en un apuro o por descuido, lancen cerca la granada y quede dentro de su zona de efecto.
  • granadas defensivas: son las más potentes; el explosivo está recubierto de un cuerpo de acero u otro metal prefragmentado, que al estallar se convierte en esquirlas mortales. Se supone que el soldado utilizará estas granadas cuando se esté defendiendo y, por lo tanto, está a cubierto en su trinchera u otro lugar. Esto lo deja fuera del área de efecto de la granada, que es mayor.

La diferencia entre estos dos tipos no la hace la cantidad de material explosivo, cuyo peso y tamaño suele ser idéntico, sino en el detalle ya mencionado: el material del cual está hecha la cubierta. Las granadas ofensivas no provocan esquirlas ya que el plástico o aluminio se desintegran totalmente; las defensivas vienen con un cuerpo de metal pesado prefragmentado, diseñado para convertirse en proyectiles de gran poder destructivo. Con esto se aumenta en gran medida el radio de acción del arma y su potencial daño.

Para simplificar la fabricación y uso, actualmente se fabrican granadas ofensivas, a las cuales se les agrega una sobrecubierta metálica (a veces un simple rollo de alambre de acero grueso o en todo caso un recipiente lleno de perdigones), convirtiéndolas así en defensivas.

Granadas no explosivas

  • granadas de humo o fumígenas (con agentes químicos que al combinarse crean humos de diferente tipo). Estas granadas pueden ser tanto para cubrir una retirada o movimiento (solamente humo negro o blanco) o servir para señalar un blanco (por ejemplo, lanzando una granada de humo rojo sobre una trinchera enemiga se la marca para un bombardeo aéreo).
  • granadas de gases (lacrimógenos, etc.). De uso en las fuerzas del orden, sirven para dispersar disturbios al provocar en los individuos diversos síntomas incapacitantes, como náuseas o irritación ocular.
  • granadas de choque o cegadoras (con denominaciones variadas). Generalmente utilizadas por equipos de fuerzas especiales antiterroristas (tanto sean policiales como militares), producen una fuerte detonación que ensordece, mientras el destello simultáneo puede dejar ciego durante unos instantes a los criminales.

En este artículo no analizaremos este tipo de granadas más allá de esta clasificación, y nos concentraremos a partir de ahora en las granadas explosivas, que son las más utilizadas durante el combate terrestre.

Clasificación según forma

Utilizadas durante la Primera Guerra Mundial, las granadas de palo se popularizaron del lado alemán, el cual creó diversos modelos que fueron usados en la siguiente contienda.
  • de palo: sinónimo de las fuerzas armadas alemanas de ambas guerras, fueron utilizadas casi exclusivamente por ellas y ningún otro país. El palo que hace de mango le agregaba un gran alcance al lanzamiento, pero dificultaba su transporte, ya que las hacía más pesadas y grandes (se solían llevar en el cinturón o en las botas, pero no cabían en bolsillos ni se llevaban enganchadas de a varias como las de piña). Actualmente estas granadas no se fabrican ni utilizan, ya que fueron dejadas de lado por las de piña, esféricas o de bote.
  • esféricas: las primeras granadas tenían una forma esférica o casi esférica; esto ayudaba a su manejo y a que volaran mucho. Además, tenían la ventaja de que ruedan más y mejor. Actualmente existen ciertos modelos de este tipo; uno de los más conocidos es la Calderón, de uso en la Infantería de Marina española y en EEUU.
  • de huevo: las granadas actuales más comunes tienen la forma de un huevo grande; se combina así la facilidad de manejo con un gran alcance y deja que la granada ruede. Generalmente son ofensivas y su superficie es totalmente lisa.
  • de piña: la forma más clásica y reconocible de las granadas de mano. Similares a las de huevo, tienen la superficie acanalada de manera similar a un ananá o piña, con partes planas que sobresalen unos milímetros. Se trata de trozos de metralla pre-fragmentada, la cual se disemina más fácilmente al no absorber tanta onda expansiva. Otra de las razones para diseñarlas así, y según algunos, la más importante, es el facilitar el agarre por los soldados en toda situación, dificultando que puedan escaparse de sus manos. Aunque estas granadas no siempre tienen la forma exacta de una piña, se les da este nombre a todas las granadas cuyo cuerpo está prefragmentado de esta manera.
  • de bote o de lata: con forma de lata de conserva, eran fáciles de fabricar en tiempos de escasez de industria bélica, al adaptarse maquinaria utilizada civilmente para otros propósitos. Generalmente no tenían casi metralla y su efecto destructivo era pequeño. En la actualidad, algunas granadas de humo tienen esta forma.

Clasificación según materiales de fabricación

Un ejemplo de una granada de bote hecha de plástico.
  • De hojalata: este material barato y liviano constituye el cuerpo de muchas granadas actuales. La hojalata generalmente se cubre con pinturas especiales para evitar la oxidación, y se utilizan planchas delgadas de material. Otra opción es el uso de aluminio, que aunque es más caro no requiere un tratamiento especial de la superficie ya que su resistencia a la oxidación es mucho mayor.
  • De fundición: las granadas no requieren materiales de buena calidad ni muy resistentes; además de la hojalata esto implica el uso de hierro fundido de calidad variable. Este material es muy eficaz a la hora de crear metralla, debido a que es pesado y resistente, fragmentándose en pedazos relativamente grandes que tienen un mayor alcance y penetración. El hierro puede estar o no prefragmentado.
  • De plástico: aunque pueda parecer una innovación reciente, lo cierto es que se fabrican granadas de plástico desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ya que este material es mucho más viejo de lo que se cree. Sin embargo, han sido pocos los países que lo han utilizado, sobresaliendo España, la cual ha tenido granadas de este tipo en servicio durante más de 30 años. Uno de los materiales plásticos más utilizados suele ser la baquelita. Los beneficios de este tipo de granadas es una fabricación más barata; sin embargo como es evidente no produce metralla ya que el plástico se desintegra totalmente a la hora de la explosión. Para lograr esto se utilizado una cobertura en donde se enrolla una espiral de alambre de acero, el cual se fragmenta.

Como curiosidad podemos mencionar también que, en la Segunda Guerra Mundial, existieron granadas hechas completamente de explosivos. Varios modelos alemanes estaban fabricado a base de nipolit, un material explosivo de consistencia sólida fuerte, del color de la madera. El nipolit era una mezcla de nitrocelulosa, nitroglicerina y PETN, RDX y aluminio en polvo. Eran tan fuerte y sólido luego de ser moldeado que no necesitaba ser encapsulado, siendo incluso resistente al agua.

Tres ejemplos de granadas hechas de nipolit (no están ilustradas a la misma escala). La de arriba es una versión de palo; la de la derecha es de huevo y la de la izquierda es de bote. Todas parecen compartir la misma espoleta de la Eierhandgranate 39.

Los alemanes usaron este material descubierto casi por accidente en varios tipos de trampas explosivas y también granadas. Algunas tenían forma de granadas de bote, pero también existieron otras con forma de palo. Las ventajas en cuanto a la potencia eran evidentes, ya que no existía ningún peso muerto: todo el cuerpo era explosivo.

Otra curiosidad que quedó en la historia son las granadas hechas de cristal grueso, que era más barato y fácil de fabricar que el hierro (necesario para otros proyectiles y los cañones). Fueron bastante utilizadas en los combates navales del siglo XVIII y XIX, utilizadas por los marineros para cubrir su asalto a otros barcos cuando los abordaban. Pero incluso en la Segunda Guerra Mundial, algunas granadas continuaron siendo fabricadas de cristal, particularmente modelos franceses y ciertos modelos fumígenos alemanes.

Clasificación según funcionamiento

Las primeras granadas de mano tenían sistemas primitivos y engorrosos para asegurar su explosión. El primero y más conocido era el de mecha: ésta estaba protegida por una tapa, la cual se quitaba y permitía su encendido antes del lanzamiento. En esta tapa solía haber alguna clase de raspador, que permitía accionar la cabeza de fósforo de la mecha. Dependiendo del largo de la mecha el intervalo entre el encendido y la explosión era mayor o menor. Su principal problema era que el sistema, además de poco seguro y lento, no era a prueba de agua; con lluvia o barro la granada se hacía inútil al no poder prenderse la mecha o al apagarse esta antes del estallido.

Este problema se solucionaba en parte usando una mecha interna, resguardada dentro de una cápsula. Este tipo de granadas tenían un seguro de transporte, para evitar ser activadas antes de su uso. Quitado ese seguro, el soldado solamente debía golpear el cuello de la granada, donde un percutor transmitía el golpe hacia la cápsula, que encendía la mecha. Otros sistemas similares, en lugar de requerir un golpe, necesitaban que, una vez sacado el seguro, el soldado agitara violentamente la granada hacia abajo.

Todos estos sistemas eran un poco engorrosos y peligrosos, y resultaron rápidamente abandonados luego del siglo XIX, aunque en algunos países perduraron más que en otros. Por ejemplo, los japoneses y soviéticos utilizaron este tipo de sistemas durante la Segunda Guerra Mundial.

Dependiendo del tipo de espoleta utilizada en la granada, se las puede clasificar en tres tipos.

  • espoleta a percusión o de inercia: de mecanismo complejo, este sistema hace estallar la granada en el momento en que esta golpea el suelo o algún otro objeto sólido que esté en su camino, después de ser lanzada.

Aunque así como se lee parece eficaz, no lo es tanto, como se ha demostrado con el tiempo y su uso. Las granadas con espoleta de percusión fueron de las primeras en usarse, tanto en la Guerra Civil Estadounidense como en la Guerra Franco-Prusiana, ambas a mediados del siglo XIX. Sin embargo, no se las usaba tanto para lanzarlas, sino en forma de minas o trampas para incautos. Con cuerpos en forma de pera, hechos de hierro fundido, en ellas se colocaban pistones, los cuales al ser golpeados funcionaban como espoletas y activaban la carga explosiva. En Europa las espoletas de percusión fueron utilizadas también por el conde Orsini, famoso anarquista del siglo XIX. Son conocidos sus muchos atentados con este tipo de granadas, en uno de los cuales se rebeló una de sus grandes desventajas. Se cuenta que en una ocasión los anarquistas arrojaron una granada en un teatro, y una de ellas cayó en la falda de una mujer, pero la espoleta a percusión no estalló porque no golpeó con suficiente fuerza un objeto duro. Las espoletas a percusión fueron usadas también en muchas minas navales, y en ellas pueden observarse esa imagen tan conocida de la esfera con muchos bastones sobresaliendo; cada uno de ellos es una espoleta, de manera que en todos los ángulos se puede producir un golpe y un estallido.

La Lafitte italiana fue la única granada con espoleta de inercia utilizada en grandes cantidades durante el siglo XX.

Como lo ilustra el caso del atentado del conde Orsini, este es un sistema potencialmente lleno de fallos. La granada puede golpear muchas veces con objetos no lo suficientemente sólidos como para activar los mecanismos de explosión: ramas, grupos de hojas, charcos de agua o barro, maleza, etc. Aunque el sistema de percusión esté bien graduado, cualquier elemento blando puede impedir su acción, neutralizando la granada.

Otra de sus desventajas es que es más cara y lenta de producir que las granadas con espoleta de tiempo. Para evitar un estallido prematuro (por ejemplo, si la granada caía de las manos del lanzador) se usó un sistema de cinta o alambre, que se desenroscaba al volar la granada unos 10 metros; a menor distancia era imposible la explosión, protegiendo así al lanzador.

En todo caso, estas granadas resultaban peligrosas también, porque el sistema de inercia seguía estando activo incluso si la granada no estallaba. Suponiendo que un soldado lanzara una y ésta golpeara una rama o cayera en un matorral, podía volver a activarse si alguien caía encima, la pisaba o la pateaba. Para evitar esto se crearon seguros de recogida, los cuales, como su nombre indica, permitían tomar la granada y desactivarla. Generalmente consistían en un sistema que, al ser girado, trababa por dentro el percutor y evitando la explosión, a menos que se volviera a girar para un nuevo lanzamiento. De todas maneras, por precaución, los manuales de uso prohibían este tipo de acciones, lo cual nos dice que posiblemente el sistema no era muy seguro.

Todos estos problemas hicieron que estos dispositivos fueran usados por muy pocos países en combate, pudiendo mencionarse a Italia en la Segunda Guerra Mundial, y más tarde España. Actualmente no se producen granadas con este tipo de espoleta.

  • espoleta a tiempo o con retardo: fueron y son las más utilizadas mundialmente, y las primeras en usarse (teniendo en cuenta las granadas a mecha externa o interna, más primitivas, mencionadas previamente). Al quitarse todos los seguros, esta espoleta enciende una pequeñísima cantidad de pólvora encerrada en un pequeño tubo. Entre tres y seis segundos más tarde (dependiendo del modelo de granada), esta mecha hace estallar el artefacto.

Como se ha mencionado antes, los primeros sistemas de tiempo eran bastante primitivos; sin embargo los actuales no dejan de lado el concepto de la mecha de pólvora. En todo caso, lo que se mejoró fue la seguridad y la facilidad de uso.

El sistema ideado y utilizado por muchas granadas de diferentes países reunía estos dos factores. La granada posee una anilla de seguridad y una palanca, que rodea la silueta del artefacto. El soldado toma con la mano de lanzamiento la granada, y presionando la palanca mete un dedo en la anilla y tira de ella. La anilla tiene soldada una pequeña varilla de metal, que asegura los mecanismos de la espoleta.

Mientras el soldado mantenga la palanca apretada, este seguro impide la explosión; de esta manera, la anilla puede quitarse y volverse a poner (una gracia de soldado que seguramente asustaría a cualquier no entendido) si se mantiene apretada la palanca. Sin embargo, al lanzarse la granada, la palanca se libera también, encendiendo la espoleta de tiempo.

Dentro del artefacto, el sistema es generalmente similar en todas las granadas de este tipo. En la cabeza de la granada (que sobresale del cuerpo), hay dos pequeñas cápsulas de material inflamable o incendiario, y una pieza metálica en forma de U o de V. Cada una de sus puntas está diseñada para impactar y encender dichas cápsulas. La anilla impide esto al trabarlas; y por eso es el primer seguro que debe ser quitado. Liberados estos detonadores, ahora la palanca es la que impide su movimiento. Cuando la granada se lanza, la palanca se suelta; se libera entonces un muelle o resorte que impulsa violentamente la pieza en V contra las cápsulas incendiarias, las cuales con su fuego encienden la mecha de pólvora que llega hasta el multiplicador, el cual hace estallar el contenido explosivo.

Este sistema de palanca es el más evolucionado y perfeccionado de todos, y es el utilizado generalmente por todas las granadas actuales, con algún que otro detalle diferente. Existen dos tipos de palancas de seguridad: las separables o las fijas. Como sus nombres lo indican, las primeras se separan al ser lanzadas o incluso pueden ser separadas manualmente como parte del proceso de lanzamiento. Las fijas están unidas a los mecanismos de la espoleta y por lo tanto quedan así hasta el momento de la explosión.

Otro sistema de espoleta a tiempo es el de tirafrictor, utilizado por las granadas de palo y de huevo alemanas de la Segunda Guerra Mundial (ver más adelante). En este caso la mecha se enciende al tirar fuertemente de un cordón en cuyo extremo hay un alambre rugoso que, al entrar en contacto con una superficie de fósforo, da fuego a la mecha.

Este sistema nunca fue muy utilizado a nivel mundial, y fue abandonado luego de la derrota alemana (este país fue el que más lo usó). Esto se debía a una gran desventaja de seguridad. La mecha comenzaba a arder mientras el soldado tenía la granada en la mano, lo cual llevaba a varias posibilidades peligrosas. En el caso de un defecto de fabricación, deterioro de material o una distracción, el artefacto podía explotar matando a su usuario. Esto, por motivos mecánicos, no puede suceder con una granada con seguro de palanca como las ya descriptas.

Como se ve a veces en las películas y otras obras de ficción, las granadas con espoleta de tiempo pueden teóricamente ser devueltas al enemigo, si son ubicadas rápidamente por un soldado con mucha sangre fría. Sin embargo, aunque esta técnica es posible y hay relatos históricos que documentan situaciones en donde ha pasado, no es lo más común. Por lo general, instintivamente el soldado tiende a protegerse o a alejarse de ella.

Corte de una granada EXPAL, española, una de las pocas que usaba espoleta mixta, de retardo y de inercia.
  • espoleta mixta: este tipo de granadas tienen dos espoletas, una de tiempo y otra de inercia. Este hace más difícil y cara la producción, pero aumenta la versatilidad del artefacto, además de su seguridad. Solamente España tuvo en servicio una granada de este tipo, la EXPAL; en ella se podía anular a voluntad la espoleta de percusión, dejando activo solamente la de tiempo. Esta granada tenía un sistema de autodestrucción, en caso de que fallaran ambos sistemas. Sin embargo se produjeron muchos accidentes que llevaron a que se abandonara su uso y producción.

Granadas de fortuna

Durante el siglo XX, debido a la necesidad siempre grande (y no siempre satisfecha) de granadas y sistemas explosivos similares, se han fabricado las granadas de fortuna.

Estos artefactos no reglamentarios son creados artesanalmente en el momento del combate, y por lo tanto están fuera de muchas clasificaciones. Generalmente, se toma el explosivo de otras fuentes, se le agrega un sistema de detonación y poco más. Cada una de las unidades creadas suele ser diferente, ya que son improvisaciones hechas sobre la marcha.

Tal vez el caso más ilustrativo sean las granadas de raqueta o granadas de pala, utilizadas ampliamente por todos los bandos en la Primera Guerra Mundial. Cuando comenzó la guerra todos los contendientes creían poder terminarla en pocos meses; sin embargo se estancó en las trincheras y pronto descubrieron que en sus inventarios no existían prácticamente granadas ni bombas de mano. Mientras la industria bélica trataba de llenar el hueco, los soldados comenzaron a experimentar e improvisar.

Al principio lanzaban simplemente bolsas llenas de explosivos o cartuchos atados, pero su tamaño y forma irregular los hacía difíciles de lanzar, limitando su alcance. Y si se reducía el peso para facilitar el manejo, generalmente se perdía capacidad destructiva.

En ese momento surgió la idea de atar los explosivos sueltos y empaquetarlos en una bolsa de papel fuerte o tela. Este paquete era provisto de una mecha (regulada según el caso), y el conjunto era atado a una tabla de madera cortada en forma de pala pequeña o raqueta de tenis. De esta manera el improvisado artilugio ganaba en precisión y alcance, similar a lo que sucedía con las granadas de palo. Su uso, sin embargo, fue discontinuado al llegar al frente las granadas de mano modernas.

También se pueden considerar como granadas de fortuna a las que frecuentemente eran producidas por grupos de partisanos o de la resistencia, en improvisadas fábricas de armas. Estos modelos, aunque eran hechos en serie y con ciertos controles, no llegaban a ser reglamentarios ya que ningún gobierno los tenía incluidos en su inventario. Un caso conocido son las realizadas en talleres metalúrgicos civiles durante la Guerra Civil Española (1936-1939) o los que crearon los partisanos rusos durante la Segunda Guerra Mundial.

Granadas de mano más utilizadas en las Guerras Mundiales

Las granadas de palo son un ícono de las fuerzas armadas alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y como tales aparecen en grandes cantidades de fotografías y material documental.

Muchas armas han sido tan famosas que ingresaron en la historia y son íconos incluso para el público en general, poco familiarizado con temas militares. Con las granadas no siempre es así, ya que son armas poco conocidas. Sin embargo, muchas de ellas se han hecho famosas y han permanecido vivas en películas de la época.

Ambas Guerras Mundiales han visto un uso muy extendido de tipos cada vez más sofisticados de granadas de mano, algunas de las cuales son todavía ejemplos para otros diseños. Las desglosamos aquí por país.

Alemania

Tal vez inspirada en las granadas de raqueta, y pensando en el gran alcance que tenían, los alemanes crearon en la Primera Guerra Mundial una de las granadas más conocidas del mundo: la granada de palo. Se hicieron famosos por su uso generalizado, ya que fueron los únicos en utilizarla ampliamente.

Las granadas de palo comenzaron a entrar en servicio en 1915 y continuaron mejorándose durante todos los años de la contienda, hasta que en 1917 surgió un modelo definitivo. En todas se usaba un sistema de fricción, bastante poco común fuera de Alemania, pero que este país supo aprovechar. Este sistema implicaba tirar con fuerza de un cordón (sistema conocido como tirafrictor); en los primeros modelos este cordón sobresalía del mango poco antes del final. Sin embargo se descubrió como algo muy peligroso: muchas veces el soldado enganchaba el cable y activaba la granada accidentalmente, causando graves heridas o la muerte.

Corregido esto, los siguientes modelos de granadas de palo tenía el mango totalmente hueco, con el cordón recorriendolo y saliendo por la parte de abajo y protegido con una tapa a rosca. Una vez quitada la tapa, el soldado tomaba una pequeña bola de porcelana en la que terminaba el cordón, y tiraba de él con fuerza; esto movía una varilla de acero que por fricción encendía la mecha de cinco segundos.

Este modelo de granada, conocido como Stiel­handgranate 24 ó StiGr-24, fue la granada standard de Alemania durante el período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial. Dio nombre a las granadas de palo, o como la llamaban los británicos, pisapapas, debido a su silueta tan distintiva. Se las transportaba en cajas alargadas llenas de paja, con las espoletas separadas para mayor seguridad; tanto es así que en todas las cabezas explosivas estaba escrito “Antes de usar insertar detonador”.

Las granadas de palo, usadas casi exclusivamente por los alemanes, tenían varias ventajas, particularmente su mayor alcance. El efecto de rotación hacía más fácil que el soldado alcanzara distancias mayores, y además la forma alargada impedía, a veces, que la granada rodara de vuelta en terreno elevado o urbano. Un desarrollo particular ideado por los soldados era adosar seis granadas más (sin sus mangos) a una granada central; este paquete de explosivos servía como cargas de demolición improvisadas, contra tanques o estructuras, y era imposible de armar con otro tipo de granada.

Las desventajas de esta granada eran un mayor peso y tamaño, lo cual la había difícil de llevar en grandes cantidades. Era común que estas granadas, independientemente del modelo, se llevaran en las cañas de las botas o sujetas al cinturón; así se las puede ver en gran cantidad de fotografías.

La StiGr-24 fue el modelo más numeroso y clásico de la Segunda Guerra Mundial, y era también la preferida de todos ya que permitía lanzamientos más largos y más precisos. A partir de este modelo, se fueron haciendo cambios menores para lograr una granada más ligera y por lo tanto, más fácil de fabricar y menos cara. Una de estas mejoras fue la creación de una carcasa postiza con material prefragmentado, o Splitterring, adoptada en 1942. Hubo modelos de granadas de palo de humo, identificable por una banda blanca o (más adelante) por surcos en el mango para poder diferenciarla en la oscuridad. Como en el clima muy frío la StiGr-24 a veces no estallaba, se diseñó una variante, marcada con una K, para su uso en Rusia, que tenía una mezcla diferente de pólvora como iniciador.

En 1939 se comenzó a fabricar una nueva versión, más larga y con mayor carga explosiva, que no tuvo tanto uso. En 1943 se creó otra variante más, la StiGr-43, con el mango macizo en lugar de hueco, y con el iniciador en la parte superior de la cabeza. Esta diferencia aparentemente menor, no lo era: significaba que la cabeza explosiva podía ser desmontada del palo y ser usada de manera más convencional, y también como trampa explosiva.

Sin embargo, los problemas del tamaño y peso eran considerables para cierto tipo de tropa, como los paracaidístas y los tripulantes de los vehículos blindados. Por eso se diseñó una granada más similar a las utilizadas por otra países, la Eierhandgranate 39, de forma de huevo. Portátil y de pequeño tamaño, sufrió algunos cambios de espoleta durante la guerra. Como sucedió con la StiGr-24, al principio se la pensó solamente como ofensiva, pero luego se diseñaron y fabricaron envolturas postizas, algunas prefragmentadas, para hacerlas defensivas.

La Eihandgranate 39 (literalmente, granada de mano de huevo) entró en producción en 1939, cuando los problemas de tamaño y peso de las granadas de palo ya eran bien conocidos.

Esta granada y la StiGr-43 compartían el mismo tipo de espoleta removible, enroscable en la parte superior de la carga explosiva. Esta espoleta era del tipo tirafrictor; para activarla, se resenroscaba una tapa de la cual caía dicho cordón, el cual al ser tirado con fuerza activaba la granada. El color de la tapa indicaba el tiempo de retardo de la espoleta y también su tipo. Por lo general estas granadas tenían un retardo de 4 segundos. Sin embargo se las podía usar inteligentemente como trampas explosivas: poniendo un retardo de menos segundos, una granada abandonada y encontrada por el enemigo muchas veces se convertía en una sentencia de muerte. El soldado la activaba pensando en usarla, pero le estallaba en las manos a veces de manera instantánea. Estas espoletas ultrarrápidas también permitían usarlas en puertas u otros escenarios urbanos: con el cordón atado a ella, al entrar los soldados enemigos (generalmente pateando la puerta), la granada estallaba.

Un detalle curioso es que el retardo generalmente utilizado en la espoletas alemanas bajó de 5,5 segundos en la Gran Guerra a 4,5 segundos en la Segunda Guerra Mundial.

Gran Bretaña

Como sucedió con otras armas de infantería, este país participó con un solo modelo de granada en ambas Guerras Mundiales: la Mills, ejemplo para muchas otras armas similares debido a su simplicidad y otros aspectos de uso y fabricación. Con una característica forma de piña y cuerpo de fundición, prefragmentado, tenía un sistema de retardo muy seguro.

Corte de una granada Mills sin explosivo en su interior.

Diseñada originalmente por Williams Mills en 1915, en ese año fue aceptada para su uso en el Ejército Británico con el nombre Nº 5. Sin embargo, no quedó allí y fue constantemente modificada y mejorada. Buscando aumentar su alcance, el modelo Nº 23 se creó con una base especial que se ajustaba a la boca de un fusil; esto permitía lanzarla a 150 metros, aunque en este caso posiblemente su precisión no era muy buena.

Luego se diseñó la Nº 36, que era similar a la Nº23 pero con el dispositivo lanzafusil removible. Una subvariante de esta, la 36M, fue la versión definitiva de la Gran Guerra, a prueba de agua para poder ser usada en ambientes húmedos y cálidos. Para el final de la guerra, tanto la Nº 5 como la Nº 23 fueron declaradas obsoletas; el Nº 36 siguió ese camino en 1932, quedando en servicio la Nº 36M.

La Mills tiene un diseño clásico de piña, con el detonador en el centro y la espoleta a tiempo asegurada con una anilla. Era una granada defensiva, y por lo tanto muy potente. Tenía un retardo de 7 segundos; en la Gran Guerra esto no causó problemas, pero en 1940 la experiencia de guerra en Francia demostró a los ingleses que aquella forma de combate era diferente. A partir de entonces la Mills tuvo un retardo de 4 segundos.

Luego de la guerra la Mills continuó en producción en el Reino Unido hasta 1972, convirtiéndose en una de las granadas más fabricadas, con 70 millones de unidades en servicio durante todo el siglo. En ese año la 36M MkI fue reemplazada oficialmente por la granada L2, pero continuó siendo fabricada y usada en ciertas partes del mundo con influencia inglesa, como India y Pakistán, donde se la fabricó hasta la década de 1980.

Estados Unidos

En la Primera Guerra Mundial los estadounidenses no fueron muy preparados y estuvieron en combate poco tiempo antes de finalizar el conflicto. Sin embargo, varias décadas después tenían lista una granada muy eficiente, similar a la Mills británica y tan icónica como ella: el modelo MK2 (o MK-II). Defensiva, con forma de piña y detonador a tiempo, tenía la particularidad de que las espoletas se podían desmontar, llevándolas aparte y montándolas solamente cuando la acción era inminente. Esto aumentaba considerablemente su seguridad.

Existieron diferentes variantes de esta granada, teniendo en cuenta el tipo de explosivo. Como el TNT a veces destruía demasiado el cuerpo de la granada (vaporizando las esquirlas), se lo usaba como relleno en algunos modelos; en otros se usaba pólvora negra. Con un peso de 600 gramos cada una y una carga explosiva de 57 gramos de TNT, era una granada clásica de la época, relativamente pesada pero efectiva.

Uno de los problemas que tenía era que, en ambientes de mucha vegetación como las junglas del Pacífico, no era raro que los soldados, al llevarlas montadas sobre el chaleco, fueran víctimas de sus propias armas cuando una rama enganchaba la anilla de seguridad. En la película La Delgada Línea Roja puede verse un caso de este tipo, que aparentemente no era poco común, lo cual llevó más adelante a pensar en una forma más segura de uso (ver más abajo).

A pesar de esto la granada siguió en servicio durante toda la guerra. Las enormes cantidades producidas permitieron que la tropa continuara utilizándolas durante la guerra de Corea e incluso la de Vietnam. A pesar de que otros modelos más nuevos la habían reemplazado ya oficialmente en el inventario, seguía siendo útil y válida en combate. La US Navy fue la última rama de las FFAA estadounidenses en usarlas, y fue reemplazada por los modelos M67 y M61.

Unión Soviética

En la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética utilizó varios modelos, dos se destacaron como característicos.

Uno era la versión rusa de la granada de palo alemana, pero utilizando un cuerpo de fundición de hierro prefragmentado, no liso, de bote, como el modelo alemán.

El otro modelo era una granada de piña con un sistema de espoleta similar al de la Mills británica. Sin embargo, estaba construida a la manera estadounidense, con el detonador desmontable, en la parte superior del cuerpo, sobresaliendo bastante en este caso. Esta granada, para la cual se fabricaron y usaron diferentes espoletas, fue utilizada en la Guerra Civil Española por el bando republicano, y entró a servir en la URSS en la década de 1930.

Medía 12,4 cm de alto y 5,5 de diámetro, pesaba unos 600 gramos, de los cuales solamente 21 eran el explosivo, TNT. La espoleta generalmente estaba graduada a los 4 segundos.

China y Japón

Ambos países, aunque enfrentados, tomaron el concepto de la granada de palo alemana y la utilizaron. En el caso chino, posiblemente se debió a que los alemanes fueron asesores militares del gobierno nacionalista por un tiempo; en el caso japonés tal vez se debió a la influencia militar y el intercambio producido entre ambos países en ciertas materias.

Curiosamente, los chinos comunistas al tomar control del país continuaron fabricando este tipo de armamento (la granada Tipo 67), el cual luego fue entregados a los soldados comunistas de Vietnam del Norte y el Vietcong. De esta manera la granada de palo fue a luchar en Vietnam, nuevamente contra tropas estadounidenses.

Italia

Atrasada en investigación bélica y en organización productiva, no es raro saber que Italia participó de la Segunda Guerra Mundial con granadas costosas y poco efectivas. Los cuatro modelos principales eran granadas de percusión, poco seguras, y solamente ofensivas, con un cuerpo delgado de aluminio u hojalata.

La pequeña granada Oto.

La más potente fue la Lafitte; del tipo bote o de lata, tenía una gran cantidad de explosivos al comparársela con granadas contemporáneas. En ambientes cerrados como los del combate urbano, esta gran onda expansiva era devastadora. Sin embargo al ser solamente ofensiva su utilidad en ciertos casos era menor. Como era muy grande, era difícil de empuñar y usar. Para proteger al lanzador, su sistema de detonación tenía un seguro de distancia.

Así como utilizaron la granada más grande, también los italianos tenían la más pequeña, llama Oto. En este caso el problema era el opuesto: era fácil de usar y los soldados podían llevar muchas debido al escaso tamaño, pero su efectividad disminuía. Los italianos aparentemente nunca pensaron o no pudieron desarrollar una granada a mitad de camino entre estas dos.

En este sentido se puede mencionar a la granada Breda, de color naranja y conocida justamente como naranjita por los soldados. Fue la tercera más usada después de la Lafitte y la Oto; más potente que esta última, fue muy popular junto con la cuarta granada italiana, la SRCM.

Sin embargo, los modelos italianos se caracterizaban por ser caros y de complicada fabricación, sin tener una gran ventaja con los modelos del enemigo (y a veces ni siquiera siendo igual de buena). Estos modelos no prosperaron luego del armisticio.

La granada Lafitte fue una de las más usadas por los italianos en la Segunda Guerra Mundial. Aquí puede verse claramente el sistema de seguridad de distancia y la anilla para activarla antes del lanzamiento.

Desarrollo posterior

Como ya hemos dicho antes, tres principales factores son los que definen todos los diseños de granadas: efectividad, seguridad y facilidad de uso.

De ellos, con el tiempo todos han logrado un grado bastante alto, aunque en algunos casos la facilidad de uso estuvo bastante relegada.

Terminada la Segunda Guerra Mundial muchos tipos de granada no volvieron a producirse nunca más, o lo hicieron solamente en casos muy aislados. Tal es el caso de las granadas de palo y las granadas con espoleta de inercia, ya mencionados. Los diseños se encuadraron entonces en granadas con espoletas de tiempo simples y principalmente seguras.

Una granada estadounidense modelo M26A1. Copiada por muchos países, en otros se producen modelos muy similares o bajo licencia. Obsérvese el sistema de seguridad que mantiene sujeta la palanca de la espoleta; aunque la anilla sea removida por accidente, la granada no estallará hasta que este sistema sea removido también.

En este sentido vale comentar el caso de las granadas M67 estadounidense, en la cual se aplicaron algunas lecciones de seguridad aprendidas en la Segunda Guerra Mundial. Como ya hemos mencionado, no eran raros los casos en los que el soldado podía morir por una casualidad. Las tropas estadounidenses llevaban sus granadas enganchadas en el frente de la ropa o en los soportes de las mochilas. En ciertos casos, la anilla de seguridad (sobredimensionada para su uso en todo momento) se enganchaba en la vegetación. El soldado no tenía generalmente tiempo de quitarla; al soltarse automáticamente la palanca no había forma de detener la espoleta. Esto llevó a muchos accidentes con un arma que se consideraba a prueba de accidentes.

La solución, sencilla, puede verse en la fotografía. Se agregó una pieza de alambre que se enrosca firmemente en la base de la espoleta, la cual mantiene presionada la palanca. El soldado ahora debe tirar de la anilla y luego quitar dicho seguro de la palanca, impidiendo que el enganche accidental de la anilla ocasione su muerte o la de sus compañeros. Como puede verse en este caso, la facilidad de uso se reciente apenas un poco en aras de mayor seguridad.

Actualmente muchos países compran o fabrican granadas de otros países, con las debidas licencias comerciales. Sin embargo siguen existiendo muchos tipos de granadas para diferentes usos y basadas en diferentes experiencias, y se continúa experimentando con ciertos conceptos para mejorarlas o darles otros usos.

Modelos experimentales

Ha habido y continúan existiendo ciertos modelos de granadas de mano para otros usos. Uno de ellos es la granada con paracaídas, diseñada para contrarrestar vehículos blindados en su parte más débil: el techo. Estas granadas teóricamente son lanzadas hacia arriba y aterrizan suavemente, sin rebotes, en la parte alta de los vehículos. En la Segunda Guerra Mundial lo que el soldado trataba de hacer era introducirlas por alguna rendija o apertura; pero actualmente los vehículos blindados están todos cerrados para evitar estas maniobras. Este tipo de granada viene experimentándose desde hace un buen tiempo, y no ha demostrado buenos resultados.

Otra idea para atacar blindados la dan las granadas de carga hueca, que pretenden aprovechar el ya conocido efecto de este tipo de cabezas de combate. En este caso el problema es lograr que la granada golpee el blanco de frente, con la cabeza hueca debidamente orientada. Para ello se han intentado varias soluciones, una de ellas pudiendo ser el paracaídas, y otra las aletas estabilizadoras. Sin embargo, durante sus varios años de estudio (incluso aparentemente durante la Segunda Guerra Mundial) no se han logrado buenos resultados.

Un tipo de granada que aparentemente sí se ha desarrollado exitosamente son las granadas contra submarinistas, diseñadas para estallar bajo el agua. Como cargas de profundidad en miniatura, son del tamaño de una granada convencional, y tienen una espoleta de presión, graduable. Al lanzar o dejar caer el artefacto, este estalla al alcanzar la profundidad determinada. Este tipo de granadas son particularmente útiles al custodiar instalaciones portuarias en donde se preveen ataques anfibios o de comandos, por ejemplo.

Tanques británicos CDL

Una idea interesante, que podría haber deslumbrado a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial: cegar al enemigo con potentísimas luces provenientes de tanques especialmente modificados. Lamentablemente, el extremo halo de secreto esta vez jugó en contra de la idea, la cual fue abandonada.

Aunque parezca algo absurda, al verla con cuidado se puede ver que esta idea no es tan descabellada. De hecho, databa de la Gran Guerra, y tuvo un desarrollo que mostró a muchas personas lo que se podía hacer con ella.

En 1915 un comandante inglés, Oscar de Thoren, tuvo la idea atacar al enemigo nada más ni nada menos que con luz. Utilizando potentes proyectores en vehículos de motor (luego se pensó en los recientemente inventados tanques), se apuntaría a las trincheras enemigas. Mientras el enemigo quedaba cegado, las tropas amigas tenían una visión clara del campo de batalla. La luz, además, permitía que todo lo que estuviera por detrás del proyector no pudiera ser visto, y por lo tanto era inútil apuntarle.

La idea ni siquiera mereció la atención, incluso en una época desesperada como esa. Fue rechazada en 1917 y luego en 1922, por la Oficina de Guerra británica. Seguramente algo defraudado, de Thoren consiguió permiso para tratar el tema con autoridades francesas, pensando en convencer a los militares del otro lado del Canal de la Mancha.

Estos primeros intentos, con la asociación de civiles y militares, tuvieron lugar en Francia en 1934. Dos años más tarde, se construyó un aparato mejorado; a estas pruebas asistieron representantes de la Oficina de Guerra británica. Esta vez, viendo la idea fuera del papel, quedaron convencidos y pidieron que se realizara una demostración en suelo inglés.

Febrero de 1937 fue la fecha, y el lugar, las llanuras de Salisbury. Los militares quedaron impresionados y pidieron tres ejemplares del aparato para continuar las pruebas. Lamentablemente, el desarrollo no fue muy rápido: pasaron más de tres años hasta que, en la noche del 7 al 8 de junio de 1940, con Alemania invadiendo Francia, se realizó la prueba final en el campo de Lulworth. Es evidente que los resultados fueron satisfactorios, a la vista de los cuales la Oficina de Guerra tomó control del proyecto y ordenó la construcción de 300 torres con proyectores.

Aunque la idea de la luz como forma de ataque ya había nacido en la Gran Guerra, otros proyectos similares fueron encarados en la Segunda para proteger el Canal de Suez de los bombardeos alemanes. Es conocido el caso de un mago ilusionista inglés, el cual diseñó un sistema para desorientar a los pilotos alemanes utilizando reflectores especialmente construidos y dispuestos para hacer “desaparecer” el canal. Desorientados por la falta de blanco y cegados por las luces, los atacantes se retiraban lanzando su carga en cualquier parte.

La síntesis de la idea

¿Como funcionaba esta idea tan brillante? Estaba basada en un hecho muy conocido: la pupila del ojo se contrae cuando hay mucha luz, para proteger al ojo, y se expande cuando hay poca luz, para tratar de captar lo más posible. La idea no era solamente cegar al enemigo con una luz muy brillante: eventualmente el ojo podría acostumbrarse. Lo que se pretendía era lograr un efecto de luces estroboscópicas (como las ahora conocidas por las discotecas): utilizando un obturador mecánico, el proyector crearía una secuencia lumínica determinada, que dejaría prácticamente ciegos a los soldados enemigos. La pupila no tendría tiempo de adaptarse a la luz, cuando el obturador crearía oscuridad; y cuando la pupila tratara de expandirse para adaptarse a la oscuridad, volvería la luz intensa.

Lo bueno detrás de la idea es que, aunque revolucionaria, no requería un sistema muy complejo ni un gran desembolso de dinero o un largo período de investigación. El dispositivo podía ser adaptado a una torre de tanque, la cual luego se montaría sobre un vehículo de este tipo. Lo único que hacía falta era, entonces, entrenar a los tripulantes y a las tropas que fueran a intervenir en este tipo de operaciones.

Esta torre estaba dividida en dos compartimentos: el operador de la luz se sentaba en la parte izquierda, mientras que todo el equipo estaba ubicado en la parte derecha. Allí, una lámpara de arco producía la tremenda cantidad de 13.000.000 candelas de luz, gracias al uso (en algunos modelos de tanques) de un generador auxiliar separado, de 9,5 kW.

La torre del único Matilda CDL que existe en el mundo, puede ser apreciada en un museo británico de tanques. Obsérvese la rendija por la que salía la luz y la ametralladora de defensa.

Pero entre la luz y la abertura de la torre había un complejo sistema de espejos, que permitían darle al sistema muchas ventajas. Un espejo parabólico concentraba la luz en un punto a unas 60 o 70 pulgadas de su origen. Allí, otro espejo chato de aluminio llevaba nuevamente la luz hacia la hendidura vertical de la torre, por la que la luz salía al campo de batalla, la cual tenía 5 centímetros de ancho por 61 centímetros de alto.

Por un efecto logrado por estos espejos, aunque la luz salía como un haz vertical, llegaba al suelo como un rayo horizontal. El juego de espejos permitía también que el fuego que entrara por la abertura no dañaba el proyector; el uso del aluminio le daba rigidez al sistema, ya que un espejo de cristal podría astillarse o quebrarse por el uso de la ametralladora o si un proyectil impactaba el tanque. De hecho, resultó ser muy resistente.

El ángulo del rayo era de 19 grados, lo cual condicionaba la forma de desplegar los tanques. Con uno cada 10 metros aproximadamente, los rayos confluían por primera vez a los 30 metros. A los 900 metros, el rayo tenía ya casi 300 metros de ancho y unos 3 metros de alto. Estos triángulos formados por la luz entre los tanques CDL, y también un poco adelante de ellos, permitía que los vehículos fueran acompañados por tanques de otro tipo, ya fueran con cañones o lanzallamas, además de infantería.

En este sentido, los regimientos de tanques CDL que se formaron entre 1941 y 1944 estaban organizados en base a 42 tanques con proyectores y 19 tanques con cañones, ya sea para uso de los jefes de compañía y escuadrón, como para la plana mayor.

Al sistema se le agregó, además, un componente que lo hacía más efectivo: la posibilidad de hacer titilar el destello de luz. Cuando se daba la orden de desplegarse por el terreno, una placa blindada obturaba la rendija gracias a un mecanismo eléctrico. La rendija se cerraba y abría unas seis veces por segundo, impidiendo que el ojo del enemigo se adaptara; causaba un efecto similar a una ceguera temporal. Más adelante se usaron placas de vidrio azul y amarillo. Esto era para dificultarle al enemigo el que pudiera estimar la distancia y disparar “a ciegas” pero calculando el disparo.

De la teoría a la práctica

Las autoridades británicas se la tomaron muy en serio a la hora de comenzar los ensayos para el despliegue operativo. Aunque la idea era simple, tal vez por eso mismo temían que los alemanes, si algo se filtraba, podrían desarrollar alguna contramedida o incluso un dispositivo similar.

Fue así como se eligió el alejado Castillo Lowther. Aunque estaba cerca de tierras de cultivo y de una localidad importante, tenía en compensación la ventaja de que el terreno era perfecto para practicar el despliegue, y se trataba de un edificio muy grande, con mucho espacio para laboratorios y todo tipo de instalaciones. Sus características lo hacían fácil de vigilar, lo cual no impidió que se mejorara la defensa construyendo garitas por todas partes.

Sin embargo, rápidamente quedó claro que no eran las mejores instalaciones disponibles. Oficiales británicos de la época recuerdan que, como no había ningún edificio capaz de contener completamente a un tanque, el primer Matilda CDL tuvo que ser introducido a medias en un cobertizo, mientras las puertas abiertas y una lona cubrían la otra mitad por los lados y el techo.

No solamente los tanques la pasaban mal: también los hombres estaban bastante incómodos. En los primeros meses, antes de que se construyeran las barracas cerca del río que corría por la región, los soldados dormían en tiendas de campaña. El lugar tenía una climatología complicada y solía haber bastante nieve. Una noche de tormenta, una ráfaga voló todas las tiendas o las derribó. El jefe de todo el destacamento, coronel R. S. Ollington, tuvo que reconocer estas terribles condiciones y recompensó a sus hombres dándoles cinco días de permiso esa Navidad.

Estas incomodidades eran necesarias, a pesar de todo, para mantener la seguridad. Otra medida que se tomó fue la dispersión de los suministros. Ninguno de los componentes del CDL pasó por canales militares y fábricas especializadas, sino que fueron encargadas y compradas a diversos sitios, por separado, como por ejemplo fábricas de piezas para ferrocarriles. Todo llegaba a Lowther y era ensamblado allí.

El Grant fue el sucesor del Matilda como tanque CDL. En esta fotografía puede apreciarse las grandes medidas de secreto que rondaban el proyecto: la torre aparece cubierta con una lona que deja adivinar poco y nada.

Llegó finalmente el momento de demostrar, en pequeña escala, lo que se podía lograr con el dispositivo. La prueba, sin embargo, aunque sencilla no dejaba de ser peligrosa. Siguiendo las estrictas medidas de seguridad, un Matilda fue sacado de Lulworth y entregado en Lowther al sargento Fred Howe. Su misión, a la cual se había presentado voluntario, podía considerarse de suicida.

El campo de pruebas fue preparado borrándose todas las marcas de orugas de tanques, dejándolo casi como una tierra a punto de ser sembrada. A la caída de la tarde, una cureña de artillería antitanque de 25 libras (capaz de destrozar totalmente incluso al bastante blindado Matilda) fue puesta al mando del sargento mayor Pat Ward, quien no era parte del proyecto. Para mantener la idea de secreto y de sorpresa, había sido llamado también a Lulworth, donde era un NCO a cargo del campo de artillería. Se le dijo que un tanque vendría, durante la noche, y transitaría el ahora limpio campo de pruebas. Su misión era detenerlo utilizando munición viva.

Como puede verse, no era para nada que el sargento Howe se había presentado como voluntario. Si algo fallaba, podía costarle caro.

Cuando le dieron la orden por radio, el sargento salió de su posición, en donde estaba escondido el tanque, a casi 2 kilómetros del cañón que intentaría destruirlo. Comenzaron a lloverle proyectiles de 25 libros, uno por minuto. Howe maniobró el tanque como mejor pudo: se detenía, daba reversa, giraba cada tanto, pero siempre mantenía la torre y la luz apuntada hacia adelante, y cambiaba los filtros de color. Finalmente, acortó la distancia a casi 500 metros del cañón. En ese momento, como le habían ordenado, él mismo dio la orden de cese al fuego y salió del tanque.

A los oficiales a cargo del cañón le dieron una hoja de papel, en la cual le pidieron que dibujaran la trayectoria que ellos calculaban que el tanque había realizado. Todos, casi sin excepción, dibujaron una línea recta desde la salida del tanque hasta su llegada cerca del cañón. Incrédulos, no comprendieron lo que había pasado hasta que les mostraron las marcas de tanques que habían quedado en el campo, antes totalmente limpio.

Perfeccionando el despliegue

Habiendo aprendido lo básico, y demostrado el hecho de que la teoría funcionaban en pequeña escala, se comenzó el entrenamiento de las unidades al completo. La primera unidad que fue entrenada en Lowther fue el 11º Regimiento Real de Tanques, comandado por el Teniente Coronel H. T. de B. Lipscombe. Llegaron al castillo en junio de 1941, y ya durante la primera semana les fueron enviados unos 50 tanques, entre Matilda y Churchill. En este punto, el extremo secreto comenzó a jugarles una mala pasada a las autoridades. Cuando los tanques comenzaron a ser despojados de sus torres y sus cañones, circularon rumores de que se estaba formando alguna especie de batallón suicida.

Practicando en terreno elevado que ofrecía grandes promesas tácticas, se aprendió rápidamente que lo mejor era usar grupos de entre 4 y 6 tanques CDL, con sus luces entrelazadas. Se demostró que era muy importante que los haces lumínicos no cayeran sobre las tropas amigas que avanzaban, ya que de otra manera su silueta sería un blanco perfecto para el enemigo. Los operadores de luces fueron aprendiendo a manejar estas luces: cuando tenían ya experiencia, podían sacarle provecho al arco de 20 º de elevación y depresión (que iba de -10º a 10º), utilizando una pequeña rueda. De esta manera podían compensar el hecho de que el tanque conducía sobre terreno ondulado, y las diferencias de velocidad que podían existir entre diferentes tanques y la infantería.

Como siempre, el procedimiento tenía sus problemas y resultó perfectible. Un tiempo más tarde se descubrió que, desde los flancos, las tropas eran bastante visibles. Además, cuando los tanques no mantenían una precisa coordinación entre ellos, se convertían en blancos fáciles para el fuego antitanque en enfilada. Se fueron implementando ideas para corregir esto, como por ejemplo agregar tropas de flanco, también con dispositivos CDL, para cegar al enemigo que estuviera en los lados.

Pero también los problemas llegaban desde afuera. Para ser un experimento secreto, los tanques CDL eran realmente muy malos. Las luces de sus torres eran tan potentes que, cuando un escuadrón de 16 tanques operaban juntos, era posible leer un periódico a 5 millas de distancia, en el cercano pueblo de Penrith. Incluso en las noches más oscuras, los pobladores sabían que esto era normal, pero posiblemente no estaban muy de acuerdo. El volumen de luz era tan grande que interfería con las constantes alertas de ataques aéreos: si los alemanes veían semejante despliegue posiblemente pensarían que allí había una enorme ciudad. Se estableció, para evitar problemas, una línea especial que iba directamente al sistema de alerta temprana de la RAF, lo cual permitía apagar todo apenas se detectaban aviones alemanes en las cercanías.

La operación en el terreno trajo también problemas con los granjeros. Hacia septiembre de 1942, se les informó a estos que sus tierras iban a tener que ser usadas por el ejército durante dos meses como máximo; sin embargo terminaron siendo usadas por casi dos años y medio. Para que los tanques operaran, se demolieron las cercas de piedra que separaban los lotes, y la tierra quedó rápidamente apisonada por las orugas. En esta tierra en la que no crecía ni el pasto, los granjeros no podían cultivar su sustento. Aunque recibían compensaciones monetarias estas no eran suficientes, y hacia finales de 1943, las autoridades, dándose cuenta de esto, permitieron la explotación de una pequeña granja ganadera que les dejó bastantes utilidades.

Demostraciones a lo grande

En marzo de 1942, el 11RTR fue enviado al Medio Oriente; su lugar en Lowther fue tomado por la 35º brigada de tanques. Esta unidad, más grande, tenía a su cargo el 49RTR y los regimientos 152 y 155 del Real Cuerpo Acorazado. Es interesante tener en cuenta que la 35º Brigada de Tanques luego fue parte de la 79º División Acorazada británica, comandada por el Mayor General Sir Percy C. S. Hobart, quien era un especialista en el uso de tanques modificados para tareas particulares (lanzapuentes, barreminas, etc.)

En el Medio Oriente, la tarea del 11º RTR fue la operación de una escuela de tanques CDL, la cual fue luego tomada por la 1º Brigada de Tanques desde julio de 1942 hasta abril de 1944.

Luego del cambio de unidades, se organizó la primera demostración a gran escala del dispositivo CDL y de las tácticas asociadas a su uso. Esto fue el 5 de mayo de 1942, en Lowther, ante el Vizconde Alan Brooke, Earl Montbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, Sir Oliver Lucas, del Ministerio de Suministros y muchos de los directores de la Oficina de Guerra. Como puede verse, no eran figuras pequeñas, sino aquellas que podían autorizar el uso en combate del sistema y la continuación de la experimentación. Satisfactoriamente para los encargados, la demostración dio buenos resultados.

Con los estadounidenses ya puestos en la guerra con gran esfuerzo y personal, se involucró a este gobierno, en parte, en el proyecto. Una demostración subsiguiente hizo uso de personal estadounidense: estos soldados fueron dejados en una colina, y se les advirtió de que serían atacados desde otra colina a una milla y media de distancia.

Para comenzar el ataque, dos tanques CDL avanzaron a cada lado de la colina, creando un hueco de oscuridad para que otros tres bajaran la colina inglesa y avanzaran sin ser vistos. Intercambiando señales (el entrenamiento estipulaba qué hacer según si cada tanque hacía titilar su luz o la mantenía firme), fueron avanzando hacia el río que estaba entre ambas colinas. Sobre el río había un puente que era el único lugar por donde podían cruzar rápidamente los tanques, y por lo tanto era vital. Cubriendose mutuamente en la oscuridad que iban creando, los tanques y la infantería fue cruzando el valle; los estadounidenses fueron sorprendidos cuando ya vieron a los ingleses con sus bayonetas caladas, a pocos pasos de distancia.

El General Eisenhower, quedando muy impresionado con este tipo de demostraciones, tomó entonces una decisión terminante. Ordenó que los británicos no utilizaran los tanques CDL hasta que los estadounidenses lo tuvieran también en servicio. Se estableció entonces otro campo de entrenamiento, más pequeño, en Gales del Sur, donde los yankis aprendieron el uso de lo que ellos denominaron en código Shop tractor. También se llegó a un acuerdo por el cual este dispositivo no podría ser utilizado ni por estadounidenses ni por británicos, si no contaban con una autorización de los Comandantes en Jefe británicos. Esto estaba de acuerdo con el concepto de que el CDL no debía, bajo ninguna circunstancia, ser usado por pequeñas unidades de manera experimental en el campo de batalla. Solamente debía ser empleado en grandes cantidades como una fuerza de ataque sorpresa, en operaciones de gran escala que ameritaran este tipo de maniobras. De otra manera, se creía que los alemanes podían acostumbrarse a su uso y desarrollar rápidamente formas de contrarrestarlo.

El alto nivel de secreto alrededor de todo el asunto era totalmente justificado, en este sentido. Si los alemanes se enteraban de los conceptos básicos del proyecto, podían pensar en formas de mitigar su efecto; después de todo, la idea era sumamente sencilla. La simple adición de pantallas protectoras en armas antitanque, por ejemplo, podía hacer que los artilleros apuntaran a los tanques CDL: en este sentido, trajo gran preocupación la noticia de que los alemanes habían agregado un filtro solar verde a los cañones antiaéreos y antitanques de 88 mm. Como los filtros lumínicos del CDL eran amarillos y azules, esto permitiría a los artilleros ver claramente la rendija en la torre por la cual salía la luz.

Además de los adelantos que pudieran hacer los alemanes, también estaba claro que el sistema no era tan perfecto como se había pensado. A la necesidad de proteger los flancos, que se señaló antes, los estudios demostraron que el efecto cegador no era tan intenso como se había creído en un primer momento.

Intentos de uso en combate

Como puede verse, aunque la idea era sencilla, el dispositivo CDL fue intensamente probado en todo tipo de situaciones. Aunque estas demostraciones y ejercicios salían bien, y de ellos se aprendía mucho, el personal a cargo estaba cada vez más frustrado. Como cualquier soldado, querían ser realmente útiles en el frente, no probando eternamente un arma nueva que nunca entraba en acción.

El primer lugar donde el dispositivo CDL pudo haber entrado en acción fue en la batalla de El Alamein (como se ha mencionado, el primer regimiento de CDL fue enviado a Medio Oriente en marzo de 1942). Había allí suficientes tanques como para probar su uso en un momento clave, pero no hubo tiempo para entrenar tropas que apoyaran el avance de los tanques: como ya se vio, la coordinación era vital para el éxito. Fue así que se decidió no malgastar los recursos y el secreto en un momento tal vez demasiado temprano.

Sin embargo, no se hizo nunca ningún esfuerzo por crear una unidad especializada en el uso del CDL, y los ensayos continuaron. En 1944 se comenzó a probar la idea de manera más intensa, con la ayuda estadounidense. En su campo de entrenamiento CDL, se hicieron los primeros ensayos con munición viva, utilizando tanto tanques como artillería y tropas. En este sentido, la llegada de los tanques Lee/Grant fue un paso adelante. Tanto el Matilda como el Churchill, al perder su torre artillada, que era reemplazada por la lumínica, quedaban indefensos y solamente contaban con una ametralladora para su defensa. Esto implicaba que otras unidades tenían que protegerlos y apoyarlos, y que perdían iniciativa. Pero hacia 1943 los tanques estadounidenses, que tenían un cañón en la torre y otro en el casco (de 75 mm), se hicieron accesibles. Fueron desplazando así a los modelos británicos. Afortunadamente, la torre ideada para los Matilda encajaba en los Lee/Grant con pequeñas modificaciones, lo cual aceleró la conversión entre modelos.

Contando con un modelo más capaz, los integrantes de la unidad tuvieron un repentino aumento de la moral cuando sus 300 tanques fueron alistados, poco tiempo antes del Día D. La 1º Brigada de Tanques (que había vuelto de África del Norte en 1943, y ahora incluía al 11RTR, 42RTR y 49RTR) y el 10º Grupo Acorazado estadounidense fueron movilizados ese 6 de julio de 1944.

Sin embargo, para los integrantes de estas unidades, todo concluyó en un fiasco. Llegaron a Francia entre mitad y finales de agosto, cuando ya el trabajo más pesado estaba terminado. No habían sido utilizados en operaciones a grandes escalas, como las que podrían haberse intentado en esa enorme batalla. A los comandantes de las divisiones de campo aparentemente no les preocupaba tener un arma revolucionaria a la mano, y preferían usar los métodos ya conocidos.

Algunos de los involucrados en el proyecto creen que esto se debió justamente al enorme nivel de secreto que rodeó al dispositivo. Los grandes jefes, como Mountbatten y Eisenhower, habían quedado deslumbrados, pero sus generales y oficiales intermedios no sabían ni cómo funcionaba ni para qué servía, ni qué podían hacer esas unidades. Particularmente en esos días, en donde la enorme superioridad aérea aliada obligaba a los alemanes a avanzar y atacar de noche, los ataques con el CDL hubieran cubierto ese hueco, y dejado al enemigo desconcertado. Los seis batallones de tanques nunca salieron de sus cuarteles.

Fue así que estas unidades fueron desbandadas. Tuvo que pasar un buen tiempo hasta que tuviera su breve, pero luminoso momento de gloria. Se los llamó para asistir en el cruce del Rin y el Elba, en donde tuvieron un gran papel sirviendo como faros ambulantes para las operaciones nocturnas. Lamentablemente, se había perdido mucho tiempo en construir y probar esos aparatos, y entrenar a las tripulaciones, y nunca se les dio la posibilidad de probarse en combate.

Estos tanques proveían del 738º Batallón de Tanques estadounidense, que mantuvieron iluminado el Rin luego de la captura del puente en Remagen. Se utilizaron 13 shop tractors que habían sido asignados a la unidad el 1º de marzo: su tarea fue ayudar a la vigilancia del puente y la construcción de puentes de pontones adicionales. Finalmente, se tuvieron que utilizar tres compañías de estos tanques, para luego ser reemplazadas por faros convencionales. Los tanques tenían que estar constantemente encendidos para que el generador produjera electricidad para la luz, lo cual costaba enormes cantidades de combustible. También era impráctica la cantidad de varillas de carbón necesarias para generar el arco de luz, las cuales se quemaran con el uso demasiado prolongado.

Los británicos tuvieron su oportunidad de usar el CDL por fin en marzo, cuando cruzaron el Rin. Estos tanques, que sí entraron en combate (aunque de manera indirecta), fueron provistos por el escuadrón B del 49º Regimiento APC. Su tarea era guiar a las tropas en sus movimientos nocturnos, durante el asalto en la noche del 23 al 24 de marzo. Fueron blanco prioritario de los alemanes, recibiendo mucho fuego, e incluso un tanque fue destruido.

Luego se volvió a su uso como faros y reflectores de búsqueda. Los puentes de pontones eran vulnerables a los grupos comando alemanes, que iban a tratar de destruirlos o sabotearlos. Desde el 25 de marzo hasta el 6 de abril, los tanques CDL iluminaron las aguas del río en busca de hombres rana. Tres fueron descubiertos y capturados; además se pudo descubrir y destruir numerosas minas improvisadas, hechas de troncos y explosivos, que de llegar a los puentes los hubieran dañado.

El último uso de este dispositivo fue el 29 de abril, cuando algunos tanques CDL de la plana mayor de la 33º Brigada Acorazada del VIII Cuerpo le dio luz y señales a tropas británicas y estadounidenses cuando cruzaban el río Elba.

Conclusión

De esta manera, poco gloriosa y bastante insulsa, terminó el experimento que consumió muchos años, dinero y el entusiasmo de numerosas tripulaciones, oficiales e investigadores.

Como ya se mencionó antes, muchos involucrados en el proyecto creen que el exceso de celo fue lo que lo hundió: más allá de sus encargados y los jefes superiores, nadie sabía cómo funcionarían esos tanques.

Así lo expresaron, por ejemplo, el teniente coronel Sir Gifford Martel, un diseñador de tanques y jefe de las fuerzas acorazadas del Ejército Británico, el cual dijo que fue una cuestión “desafortunada el que esos tanques nunca fueran adecuadamente usados”. Según él, los británicos hubieran tenido un décimo de bajas en Caen de las que tuvieron lugar.

Más lejos fue el Mayor General J. F. C. Fuller, quien fue conocido en esa época como una verdadera autoridad en el manejo estratégico de tanques. Él aseguró que “el error de no usar este tanque fue el mayor fiasco de toda la guerra. El curso de la historia podría haber sido cambiado inconmensurablemente para mejor si hubiera sido apropiadamente empleado”.

Marcel Mitzakis fue un inventor que ayudó al desarrollo del CDL, y que luego de la guerra lo mejoró acoplándole rayos infrarrojos (esto fue rechazado por británicos y estadounidenses, aunque luego estos últimos parecen haberlo empleado). Sus palabras lo resumen todo: “fue a causa de que el secreto del tanque fue llevado a medidas tan extremas, que incluso los generales que debieron haberlo usado no sabían qué era capaz de hacer el tanque”.

Los tanques dejaron el castillo de Lowther en marzo de 1945: se habían convertido un total de 1850 tanques y 6000 oficiales y soldados británicos y 8000 tropas estadounidenses habían sido entrenadas en su uso.

La luz de la historia finalmente se apagó con el último uso registrado a gran escala de este aparato. En junio de 1945, el 43 RTR fue embarcado. Su destino, Calcuta. Este regimiento, equipado totalmente con tanques CDL, envió un escuadrón a cooperar con la policía y las fuerzas locales del orden, que debían sofocar una serie de motines que tuvieron lugar en 1946. A partir de entonces, se pierde su rastro en la historia.

Los modelos utilizados

Lamentablemente para los historiadores y aficionados a la historia militar, muchas veces los aparatos experimentales o que han visto poco uso son descartados al terminar la guerra en la que participaban, o cuando demuestran ser poco útiles. Los tanques CDL han sido uno más de los ejemplos de esta larga y triste lista.

Curiosamente, a pesar de que el tanque CDL más utilizado fue el Lee/Grant estadounidense, todas las unidades de este tipo fueron destruidas. Aunque hay muchas fotografías suyas, no existen más pruebas físicas de su existencia: la falta de información sobre todo el proyecto es una constante. Apenas hay datos firmes sobre que el dispositivo CDL se haya montado sobre un tanque Matilda. Todo lo que queda como evidencia histórica es un reporte oficial clasificado… y un Matilda CDL intacto que se encuentra actualmente en el Museo de Tanques de Bovington, Reino Unido (ver más abajo).

Este muy blindado tanque británico fue elegido como el primero para ser convertido, debido en gran parte a su relativa disponibilidad en la época, su relativa fiabilidad mécanica y su gran blindaje (solamente el cañón de 88mm alemán podía dañarlo frontalmente, y cierta munición especial de otros cañones). Sin embargo, también tenía una gran desventaja: era muy lento. Además, las pruebas mostraron que las modificaciones hechas, que obligaban a su uso por parte de dos tripulantes, lo hacían algo engorroso para tan exigua tripulación. La principal modificación era el reemplazo de la torre con el cañón de 2 libras, por una más alta, que contenía el dispositivo secreto. Esta torre, con un blindaje de 65 mm, llevaba en su interior una lámpara de arco de carbono, con la fenomenal potencia de 8 millones de bujías. Como ya se explicó, su luz salía a través de un juego de espejos que terminaba en una hendidura vertical bastante angosta. En un determinado momento, los Matilda equiparon a cuatro de los cinco regimientos del Real Cuerpo Acorazado que tenían la misión de desplegarse con el sistema CDL. Se diseñó un sistema para lograr que un tanque cualquiera pudiera ser convertido rápidamente, utilizando un Matilda con una grúa de 5 toneladas, que también podía ser montada fácilmente. La grúa reemplazaría la torre, y luego había que agregar un generador extra, que se acoplaba al árbol de transmisión del motor. Otra modificación que recibían los Matilda era un faro con una ranura, en cada guardabarro, que permitía la conducción nocturna sin tener que encender la luz más potente.

Los Matilda dejaron de ser usados como tanques CDL en 1943, cuando estaban quedando desfasados y se tenía los M3 Lee/Grant en número suficiente. Como se menciona en el artículo, los tanques Churchil también fueron utilizados como CDL al comienzo del experimento. Sin embargo, no existe evidencia oficial más allá de un dibujo y el relato de un comandante de tanques: no han quedado ni fotos ni componentes ni mucho menos tanques completos.

Breve video documental sobre los tanques CDL, y principalmente sobre el único sobreviviente, el Matilda CDL que está actualmente en el museo de tanques de Bovington, en el Reino Unido. En inglés, contiene más fotos y tomas de cerca del tanque.

Tanques voladores

Al igual que otras locas ideas sobre tanques, este concepto se pensó durante la época de la primera posguerra, pero más hacia la década de 1930, cuando ya muchos países habían abandonado la idea de tanques pesados y grandes. Si ya de por sí los blindados eran difíciles de superar para la infantería, ¿qué decir de tanques que llegaran al campo de batalla con alas?

Claro está, como dicen, que la mayonesa y la mermelada pueden ser muy ricas por separado, pero juntas… Aunque el concepto era particularmente factible, en teoría, con tanques ligeros como los que ciertos países habían desarrollado para la época, la cuestión técnica estaba demasiado a la vanguardia.

Podemos ver aquí uno de los primeros intentos de tanques aerotransportados: un bombardero soviético TB-3 llevando bajo sus alas una tanqueta T-27, durante unos ensayos en 1935.

Curiosamente, tanto estadounidenses como japoneses lo intentaron, sin resultados muy prometedores. Sin embargo, los soviéticos, como suele suceder, se llevaron la palma con su diseño de tanque volador.

En un principio se pensó en crear grandes bombarderos para que cargaran el tanque. Otros países habían intentado con planeadores (la URSS lo haría luego), pero los ingenieros soviéticos fueron al grano, sujetando tanquetas T-27 entre las alas de bombarderos TB-3. Cargándolos externamente, los aviones debían aterrizar y luego dejarlos ir. El único problema era que solamente se podía llevar un tanque por cada avión.

Se pensaron así otras alternativas: una fue el lanzamiento de tanques con paracaídas, el otro, el lanzamiento sobre agua. Incluso en 1940 se lanzaron tanques ligeros a unos pocos metros de distancia del suelo, desde bombarderos TB-3. Según se dice, la idea era que rodaran sobre sus orugas por unos metros, hasta detenerse con el motor en neutral. Sin embargo, es de esperarse que no hayan salido muy bien dichos experimentos, ya que la idea se abandonó.

Antonov A-40 Krylya Tanka

Un problema con el lanzamiento de tanques era que en ciertos sistemas, la tripulación debía saltar separadamente, y existía la posibilidad de que no pudiera llegar a tiempo para utilizar el tanque. Había encontrar una manera de que todo el paquete llegara junto. La solución: tomar un tanque ligero T-60, agregarle alas y superficies de control, de manera que el fuselaje del improvisado planeador fuera el mismo tanque. Se llegó incluso a diseñar un sistema por el cual el cañón del tanque, apuntando hacia atrás, era sujetado a la superficie de control de la cola. Cambiando la elevación del arma, se podía entonces hacer descender o ascender el planeador, mientras que girando la torre se controlaba la orientación hacia derecha o izquierda.

Cuando llegara el momento de aterrizar, el piloto del tanque encendía el motor y le daba potencia, de manera que el aparato pudiera tomar tierra y continuar acelerando o frenando, de acuerdo al caso necesario. En pocos minutos se podían sacar las alas, y el tanque estaba listo para combatir.

El curioso aparato, apodado KT-40 (por Krylya Tankatanque alado), también es conocido como Antonov A-40 o A-40T. Fue sin duda, una de las apuestas más serias y potencialmente exitosas del proyecto de tanque volador de esos años.

El KT-40 era un planeador de despegue convencional… pero era todo lo que tenía de convencional. Esta fotografía del proyecto nos muestra la torre apuntando hacia trás, sujeta a los planos de cola.

La idea era no solamente apoyar a fuerzas aerotransportadas, sino también a partisanos que operaban tras las líneas enemigas, haciéndoles llevar material pesado para que montaran operaciones con más poder de fuego. La fotografía anexa no es un fotomontaje: la idea comenzó a ser llevada a la práctica en 1940.

Un T-60 fue convertido en un planeador en 1942. Sin embargo las pruebas no eran muy realistas: para aligerar el tanque se le quitaron las armas, la munición y otros elementos, dejándolo solamente con un poco de combustible. Incluso así, los pilotos del TB-3 de remolque tuvieron que soltar prematuramente el planeador para evitar estrellarse. La resistencia que generaba el aparato desestabilizaba y frenaba demasiado al bombardero; incluso así se dice que el aparato planeó bastante bien, aterrizando en un campo. El conductor, luego de sacarle las alas y colas, pudo conducir de vuelta a la base sin problemas.

Después de esta prueba, el proyecto fue abandonado, ya que no existía ninguna aeronave con el suficiente poder en sus motores como para remolcar seguramente un tanque de ese tipo.

Sin embargo, la idea del tanque que cae del cielo para sorprender al enemigo no murió totalmente entre las autoridades militares soviéticas. Durante la época de la Guerra Fría, se experimentó con una solución diferente. Tanques T-80 lanzados desde grandes transportes, usando paracaídas múltiples, los cuales, próximos al suelo, activaban cohetes de frenado (similares en concepto a los utilizados para frenar las cápsulas espaciales cuando están por tocar tierra) que permitían un aterrizaje relativamente suave. Sin embargo, el tironeo y movimiento brusco del tanque cuando dejaba el transporte aparentemente impedía que el vehículo llevara a su tripulación, que podría sufrir fuertes golpes. Es por eso que los tripulantes serían lanzados por separado, caerían teóricamente cerca y se apresurarían a tomar sus vehículos para la batalla. A pesar de los efectos pirotécnicos más que interesantes, aparentemente esta idea tampoco reunió todo lo necesario como para ser tomada en cuenta para despliegues masivos.

El murciélago de Baynes

Como otros países, EEUU también buscaba a fines de la década 1930 una forma de aerotransportar unidades militares pesadas. Como en otros casos, se pensó rápidamente en un planeador, ya que no existían aviones lo suficientemente grandes como para llevar un tanque.

Curiosamente, mientras la mayoría de los diseños incluían alas rectas con grandes superficies de control, el de L. E. Baynes se ganó el apodo de murciélago debido a que tenía alas en flecha de más de 30 metros. Esto en 1941, cuando pocos estaban pensando en las ventajas de las alas en flecha. Para incrementar la curiosidad del diseño, este incorporaba estabilizadores verticales en las puntas de dichas alas, y no poseía cola. Se trataba, en suma, de un ala voladora.

Esta “mochila alada” estaba pensada para ser adosada a un tanque, convirtiéndolo temporalmente en un planeador. Se construyó un prototipo a un tercio de la escala en 1943, totalmente hecho de madera. En julio de ese año se hizo el primer vuelo. Aunque exitosos, estos vuelos no sirvieron de mucho. El proyecto se abandonó ya que no fue posible encontrar un tanque adecuado para esta idea. Además, se habían desarrollado planeadores (como los utilizados en el Día D) que permitían llevar jeeps y otros equipos ligeros y pesados dentro del fuselaje, un lugar mucho más adecuado. Estos planeadores eran una alternativa mucho más práctica y que ya funcionaba.

El único Murciélago construido fue el primer monoplano sin cola disponible para investigación en todo el mundo (a excepción de los proyectos alemanes), y fue volado intensamente por el Real Establecimiento de Aeronaves británico para saber más sobre la estabilidad y el control de este tipo de aviones. Se sabe que existió hasta 1958, pero allí se le pierde la pista.