Tecnología stealth / furtividad al radar

La aparición del radar como instrumento de localización de aviones en vuelo durante la Segunda Guerra Mundial redefinió las reglas de la guerra aérea. Como demostraron los cazas británicos, este sistema permite que una fuerza pequeña pero bien coordinada haga frente a fuerzas muy superiores en número. A partir de este momento los ataques aéreos enemigos podían ser detectados con la suficiente velocidad como para que ninguno fuera completamente sorpresivo.

Durante mucho tiempo, los sistemas de radares siguieron evolucionando y las modernas tecnologías apuntan a su bloqueo: los aparatos electrónicos permiten producir “jamming“, interferencia en las ondas de radio que dan datos falsos. Ya en la época de la Segunda Guerra Mundial, se utilizaban tiras de papel aluminio para confundir a los radares enemigos, generando ecos radar falsos, además de otras técnicas más sofisticadas.

La doctrina aérea sigue siendo la misma que la definida en esa guerra mundial: lo principal es evitar la detección. Volar bajo comienza a ser una constante para cualquier piloto de ataque, e incluso muchos aviones de ataque son diseñados acorde con esta misión.

Sin embargo, luego de aproximadamente 50 años del invento del radar, las cosas cambiaron rápidamente. Comenzaron a correr rumores de que la USAF escondía planes secretos de aviones “invisibles al radar”. Estos rumores fueron rápidamente acallados, pero luego demostraron ser ciertos, saliendo estos aparatos a la luz pública. Se trataba del F-117A y el B-2. Ambos con características muy extrañas para la concepción regular de una aeronave, despertaron la curiosidad de muchos, entendidos o no en la materia. ¿Eran realmente “invisibles al radar”? ¿Qué clase de tecnología les permitiría esto?

¿Qué es la furtividad?

En primer lugar, conviene explicar qué no es. Cuando comenzaron a aparecer los rumores sobre los nuevos aviones estadounidenses, la prensa especializada, alentada por fabricantes y el mismo gobierno, acuñaron la frase “cazas invisibles”. Fue así que legos y entendidos leyeron constantemente la expresión, y todo el mundo terminó creyendo a pies juntillas lo que significaba: que estos aviones eran totalmente imposibles de detectar.

La frase en realidad contenía dos grandes confusiones: en primer lugar, ninguno de los aviones diseñados era un caza. En segundo lugar, y mucho más importante, confundía el concepto de stealth (en inglés, furtivo, es decir, algo que se hace con sigilo y de manera oculta) con el concepto de invisibilidad, es decir, la capacidad de hacerse no visible, de pasar totalmente desapercibido. Esta diferencia de palabras, en castellano al menos, parece ser un grave error de traducción, ya que los medios estadounidenses nunca hablaron de aparatos invisibles, sino literalmente de stealth fighters.

Durante mucho tiempo, hacia finales de ladécada de 1980 se habló del hipotético caza invisible F-19. Revistas especializadas y de divulgación, entre otros medios, llegaron a inventar el diseño aproximado de un aparato que realmente no existió nunca, y que terminó siendo el F-117 Nighthawk, que tiene un aspecto completamente diferente. Incluso existió un videojuego que pretendía emular el pilotaje de ese aparato inexistente. Todo esto alimentó la fantasía de que se trataba de aviones realmente “invisibles”.

En el mundo castellano parlante entonces, esto llevó a la prensa, especializada o no, a hablar demasiado sobre posibles aviones con camuflajes activos, que como camaleones se ocultarían en las nubes. También se habló mucho sobre cómo se lograron un avión realmente invisible al radar.

Con el tiempo, al aparecer los estos aparatos, se aprendió más sobre la realidad, y aquella idea de la invisibilidad fue abandonada por la prensa especializada. Se recuperó entonces el concepto de furtividad: un avión que se oculta de alguna manera, pero que no es totalmente indetectable. Es por eso que ahora muchas personas, poco entendidas en la materia, continúan hablando de aviones invisibles al radar, no conscientes del error que se dio en el primer momento.

¿Qué es, entonces, la furtividad? Podemos definirla como un concepto que engloba varios aspectos, todos los cuales apuntan a dificultar la detección del avión, evitando así ser atacado y permitiendo realizar sus misiones de manera más eficiente y con menos riesgo de ser derribado. El concepto de furtividad busca crear aviones lo menos visibles posibles en todos los tipos de sensores, ya sean ópticos, electrónicos o de calor.

Dentro del concepto de furtividad, el más importante según la doctrina aérea y el desarrollo de la tecnología es la furtividad ante el radar. Este aspecto muchas veces se ha “comido” a todo el concepto de furtividad, de manera que es importante recalcar que, aunque es la parte más relevante y famosa, no lo es todo.

Pasemos entonces a comprender mejor esta parte del concepto de furtividad, que es la que ha creado aquella confusión entre invisibilidad y sigilo.

¿Cómo funciona un radar?

Para comprender cómo una aeronave, o cualquier otro aparato, puede volverse invisible al radar, es necesario primero entender cómo funciona este sistema de detección.

El radar emite ondas de radio en determinados rangos de frecuencia. Las ondas de radio se transmiten por el aire a una gran velocidad y al chocar con un objeto sólido, regresan como un eco, de manera similar a como sucede con el sonido. Pero a diferencia del sonido, resulta generalmente más fácil medir ese eco con aparatos especializados. Midiendo la intensidad de ese eco y el tiempo que tardó en regresar la onda, se puede determinar el tamaño del objeto y su distancia; el seguimiento continuo permite también detectar su rumbo (los radares más avanzados en la actualidad permiten saber también la velocidad del aparato detectado).

Hay muchos tipos de radar, dependiendo de su forma, tamaño, sofisticación y tipo de bandas (rangos de frecuencia) que utilizan. Basta decir aquí, para resumir, que cada uno tiene sus particularidades, virtudes y defectos.

La esencia de la furtividad al radar es intentar hacer que las ondas electromagnéticas no retornen al emisor, sino que sean absorbidas por la forma, estructura o materiales del avión, o que sean reflejadas hacia otras partes. En este sentido debemos detallar el concepto del RCS o Radar Cross Section (Sección de cruce radar).

La fuerza de las emisiones que regresan al radar determinará a qué distancia comenzará a aparecer en la pantalla el objetivo, y qué tan visible es para este sensor. A mayor RCS, más detectable es un avión.

El tamaño de la imagen del blanco en la pantalla del radar está directamente relacionado con el RCS. La medición de esta variable es algo bastante complejo, ya que involucra cuestiones avanzadas de geometría y otras disciplinas. El RCS depende tanto del radar como de la forma del objeto, de manera que la comparación también es compleja.

El RCS se mide en metros cuadrados o en metros cuadrados decibel. Sin embargo, no se trata de metros cuadrados convencionales, medibles en una superficie de dos dimensiones. El RCS se mide con respecto a objetos teóricos, en este caso una esfera de aluminio. Por ejemplo, una esfera de este material que tenga un metro cuadrado en su sección media (es decir, un diámetro de 1,13 metros) tendrá un RCS de un metro cuadrado.

Teóricamente, a mayor diámetro de la esfera y mayor superficie en su sección media, mayor será el RCS. Se utiliza la esfera porque es el único objeto que, al no tener caras, refleja siempre la misma cantidad de energía desde y hacia todas partes. Esto es, entonces, una medida totalmente teórica, estimada por el diseño y testeada en laboratorios, pero casi imposible de tener en cuenta fuera de modelos teóricos, ya que las variables son muchas.

Claro que los aviones no son esféricos, y aquí comienza justamente la parte de diseño de un avión furtivo al radar. Si tomáramos una placa lisa de aluminio de 1m2 (ya no una esfera) y la pusiéramos perpendicular al haz de un radar, el RCS sería de 14.000 m2. Al ir rotando e inclinando la placa, el RCS disminuirá, ya que la superficie golpeada por las ondas electromagnéticas es menor y al mismo tiempo, es reflejada hacia otras partes.

Es por eso que, como se verá más adelante, la forma que tenga el avión influirá mucho en el RCS que posea. Sin embargo, el tamaño de un avión no está directamente relacionado con su RCS; de hecho es posible que un enorme avión tenga una RCS muy baja, como sucede con el B-2, por ejemplo. Muchos aviones actuales tienen un RCS comparable al de pájaros o insectos. Se dice que un B-2 tiene un RCS comparable a una canica de aluminio, algo similar a la del F-22 y el F-117 (aunque este, con una tecnología más antigua, se dice que es menos furtivo). Mientras que el B-1 tiene el RCS de una esfera de un metro de diámetro, el gigantesco B-52, diseñado sin ningún tipo de tecnología furtiva, tiene un RCS de 52 metros.

Como se ha dicho antes, estos valores dependen mucho del avión, del radar y de otras muchas variables, y son solamente un factor teórico. Los fabricantes y usuarios de estos aparatos nunca dan datos precisos sobre sus pruebas de laboratorio, y suelen utilizar comparaciones como la de la canica o los insectos para dar una idea vaga del alcance de su tecnología, sin revelar información detallada.

Tecnologías y tácticas anti-radar

Durante mucho tiempo, los sistemas de radares siguieron evolucionando y las modernas tecnologías apuntaron a varias maneras de evitar la detección por radar.

Aunque se trata de una demostración aérea, los aviones modernos intentan estos acercamientos al objetivo muchas veces en combate: a ras del suelo pueden evitar a ciertos radares.

La primera fue el vuelo bajo. Por las características del radar basado en tierra, que apunta en ángulo hacia el cielo, los aviones podían intentar pasar desapercibidos al pegarse al contorno del suelo. Estas maniobras, realizadas con aviones de hélice, eran relativamente fáciles; pero al llegar la época del reactor se requería de constante entrenamiento, de aviones diseñados con este propósito y de pilotos muy buenos. Los peligros eran muchos, incluso en condiciones perfectas: pájaros que pudieran destruir los motores o la cabina, líneas eléctricas, árboles, niebla que tapara el terreno, etc.

Los aviones a hélice son muy maniobrables y tienen una velocidad mínima relativamente reducida. Los reactores no cuentan con esas ventajas: sus giros no son tan cerrados y pueden entrar en pérdida fácilmente. A 30 metros de altura, o menos, un pequeño error con un reactor puede ser un certificado de muerte. Es por eso que durante mucho tiempo las fuerzas aéreas de todo el mundo perdían, año tras año, aviones y valiosos pilotos en entrenamientos de este tipo.

Con el surgimiento de los radares aerotransportados, las tácticas de vuelo rasante continuaron funcionando. Al igual que los radares de tierra, que tienen puntos ciegos cerca del suelo, los primeros radares de los aviones miraban hacia adelante y apenas hacia abajo. Esto hacía que en muchas condiciones ni siquiera entraran en contacto con las ondas del radar. Y en los otros casos, los pilotos lograban enmascararse bien con el terreno: las ondas del radar rebotaban de tal manera que no podían distinguir el avión del suelo.

Por varias décadas estas técnicas fueron muy practicadas y utilizadas, y solían funcionar muy bien. Sin embargo, además de peligrosas, como ya se ha mencionado, le restaban eficacia a los ataques. Para cumplir su tarea, los aviones deben volar alto: los bombarderos y aviones de ataque a tierra deben ver sus objetivos desde lejos para apuntar mejor, y los cazas deben volar alto para tener mejor visibilidad y no ser vulnerables. Por otra parte, el vuelo a baja altura hace que se consuma más combustible, porque el aire es más denso y produce mayor resistencia al avance, lo que obliga a poner más potencia al motor.

Durante los años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial, muchos aviones no contaban con radares, o estos eran muy primitivos. Esto hacía que estas técnicas funcionaran; pero con el tiempo fueron apareciendo mejores radares y el peligro de la intercepción ya no venía solamente de radares que controlaran desde tierra a un grupo de cazas, sino también de patrullas aéreas que detectaran al intruso con sus propios radares.

El desarrollo de la tecnología radar llevó a la creación de aparatos de guerra electrónica. Este tipo de dispositivos permiten producir jamming o interferencia en las ondas de radio, que dan datos falsos. Esta interferencia puede intentar anular las lecturas del oponente, saturando de señales sus sensores, o también aprovechar las emisiones de radar para devolver un eco falso. Al ser un sistema de detección activo, el radar del interceptor puede ser leído por el avión intruso, calculando y procesando en décimas de segundo la mejor manera de engañarlo.

Se fue creando así una competencia similar a la entablada por los cazas nocturnos ingleses y alemanes en la Segunda Guerra Mundial, aunque obviamente más distendida ya que no había una guerra de por medio. Cada país o bloque (en este caso la OTAN y el Pacto de Varsovia) creaban radares más potentes y complejos, más difíciles de interferir, que a su vez eran contrarrestados por dispositivos más avanzados.

Esto llevó a nuevos avances, como la creación de radares que pudieran distinguir a un blanco volando muy cerca del suelo (conocidos como look-down/shoot-down) que tanto promocionaron los soviéticos en su MiG-29. Se crearon también aviones superespecializados, de vigilancia y control aéreo, que montan sobre su fuselaje enormes discos giratorios que albergan radares capaces de controlar decenas de contactos, tanto amigos como enemigos, e incluso vigilar lo que sucede en el suelo.

Por otra parte, los radares se fueron haciendo más y más complejos y pequeños, integrándose en los misiles antiaéreos tanto lanzados desde aire como desde tierra. Estos misiles podían tanto buscar blancos por su cuenta o recibir información desde el radar del avión lanzador o de otros aviones. Al miniaturizarse y agregarse opciones, los radares se hacían constantemente más y más difíciles de evitar.

Las bengalas son contramedidas que se lanzan apenas el piloto detecta el misil, y justo antes de hacer un brusco cambio de rumbo. La idea es que el misil “enganche” la señal de la bengala y deje de perseguir al avión. Sin embargo, así como mejoran las bengalas, mejoran los sensores infrarrojos del misil y del avión agresor.

Además del vuelo bajo y del jamming, los aviones continuaban utilizando tecnología realmente muy sencilla, como los chaffs, creados durante la Segunda Guerra Mundial. Estas tiras de aluminio ciegan al aparato, al hacer que las ondas de radio reboten hacia todas partes mientras caen. Por lo general los aviones más modernos incorporan un alertador de radar, es decir, un aparato que detecta cuando un radar está registrando el área general por donde el avión está pasando, y cuando ese radar se ha acerrojado sobre él (es decir, está enfocado y siguiéndolo, preparando un ataque de algún tipo). Cuando el piloto se veía en peligro (particularmente cuando detectaba el lanzamiento de un misil), además de hacer un cambio brusco de rumbo, lanzaba señuelos tendientes a confundirlo: los chaffs hacían lo suyo con el radar, y las bengalas emitían luz y calor para atraer la atención de los misiles dirigidos por calor.

Los chaffs, sin embargo, tienen una desventaja: funcionan solamente si el ancho de las tiras de aluminio se corresponden con el ancho de la onda del radar utilizado. Por su parte, los radares, al ir modernizándose, fueron desarrollando maneras de evitar este tipo de estrategias, por ejemplo, usando bruscos saltos de frecuencia. Variando aleatoriamente la frecuencia de las emisiones, engañaban a los aparatos de guerra electrónica, que contestaban en una frecuencia que había sido abandonada.

Durante los años de la Guerra Fría, los radares y los dispositivos destinados a engañarlos corrieron una carrera aparte, cada vez más sofisticada, que buscaba lograr el aparato perfecto. No es raro entonces que actualmente los sensores y las computadoras de tiro de los aviones modernos representen un enorme porcentaje del precio total de una aeronave.

Furtividad: un concepto complejo

Como ya explicamos, el concepto de la furtividad aérea incluye a más elementos que la detección por radar, aunque tal vez esta sea la más importante y la que más ha costado. Es por eso que podemos dividir el concepto de furtividad en varias áreas.

Forma del avión

Sin duda alguna esta es la parte principal del concepto de la furtividd, particularmente al radar, y la que más desarrollo y esfuerzo técnico ha costado. La principal función de la forma en un avión furtivo es lograr que la señal del radar no regrese al aparato emisor, sino que se disperse hacia otra parte, impidiendo que el emisor reciba el eco.


El bombardero pesado inglés Vulcan, prácticamente un ala voladora, resultó ser accidentalmente furtivo al radar. Solamente lo traicionaba su cola vertical y sus materiales tradicionales, pero eso no impedía que a veces se perdiera su localización en el radar. De haberse continuado con la idea original que no incluía una cola, se podría haber logrado una mayor furtividad; sin embargo no existía en la época de su diseño un sistema computarizado lo suficientemente complejo como para hacer volar un aparato de este tipo.

Indirectamente hay que remontarse al siglo XIX, antes de que existieran siquiera los aviones. En ese entonces, el físico escocés James Maxwell desarrolló una serie de fórmulas matemáticas para predecir cómo la radiación electromagnética rebotaba y se desperdigaba al golpear una figura geométrica de ciertas características.

Con el tiempo, estas fórmulas fueron mejoradas y refinadas por un científico alemán, Arnold Johannes Sommerfield. Sin embargo, todos se topaban con problemas. Calcular las reflexiones electromagnéticas en figuras sencillas era relativamente fácil, al menos teniendo algo de tiempo. Sin embargo, el cálculo para objetos complejos resultaba prácticamente imposible sin tener computadoras; incluso si fuera técnicamente posible llevaría demasiado tiempo.

En ese tiempo llegó el radar, la Segunda Guerra Mundial y luego la Guerra Fría. Eventualmente en EEUU surgió la idea de reducir la firma radar, el RCS, de los aviones de reconocimiento como el U-2 y el SR-71, hacia finales de los 50s. Sin embargo, no existía la base científica suficientemente desarrollada como para calcular qué forma era mejor.

Este problema se solucionó indirectamente, de manera bastante irónica, con ayuda soviética. Durante la década de 1960, un científico ruso llamado Pyotr Ufimtsev comenzó a desarrollar ecuaciones tendientes a predecir el reflejo de las ondas electromagnéticas en formas en dos dimensiones. Era normal que incluso en la Guerra Fría hubiera un cierto contacto e intercambio entre científicos rusos y estadounidenses, siempre que sus trabajos no tuvieran que ver con proyectos militares o posiblemente peligrosos para la seguridad nacional. Fue así que, sin que las autoridades soviéticas se dieran cuenta, los trabajos de este científico fueron regularmente traducidos al inglés y recopilados en publicaciones científicas de EEUU.

Una década después, un grupo pequeño de científicos, matemáticos y diseñadores de aeronaves comenzaron a ver las posibilidades que se abrían al combinar sus conocimientos. Podían diseñar aviones que tuvieran una RCS menor, sin hacerlos necesariamente más pequeños. Fue así que se probaron algunas ideas en el SR-71, diseñado por la Lockheed.

Se dice que tomando los trabajos de Ufimtsev, un matemático estadounidense llamado Bill Schroeder, trabajando para la Lockheed, desarrolló un programa de computadora que hacía posible predecir la RCS de un avión. De allí a lo que venía, había poco camino. Luego de un tiempo de estudio, Schroeder diseñó un avión cuya forma exterior estuviera formada por polígonos facetados, que funcionaron como espejos pero reflejando las ondas del radar lejos del aparato emisor. Esto llevó directamente al F-117.

No hay que olvidar, sin embargo, que la posibilidad de reducir la firma radar ya estaba en la teoría apenas se creó el radar, y que de hecho se fue acumulando mucha información de manera más o menos fortuita. De uno y otro lado, cada tanto surgían aviones que demostraban aciertos o errores (generalmente insospechados) en cuestiones de furtividad. Y los diseñadores y científicos notaban esto, para bien o para mal de sus siguientes diseños.

Se puede mencionar así al bombardero pesado inglés Vulcan, el cual fuera diseñado primordialmente como un ala voladora. El proyecto final, más conservador, incluyó una gran cola vertical, pero eso no impedía que fuera difícil de detectar, teniendo una baja RCS para su tamaño gracias a sus enormes alas casi curvas y a su estilizado diseño. No eran pocas las veces en las que, en determinadas condiciones, desaparecía del radar completamente.

En el otro lado del espectro, aviones como el Tu-95 soviético, apodado Bear por la OTAN, era como una antorcha en la oscuridad en términos de radar. No solamente por su tamaño enorme, sino porque sus cuatro pares de hélices contrarrotatorias (de 5,6 metros de diámetro) eran como espejos, reflejando y posiblemente amplificando la señal del radar.

De estos dos casos se aprendieron grandes lecciones sobre el diseño de aeronaves furtivas al radar, y de muchas otras experiencias más o menos positivas.

El YF-23 Black Widow, contendiente del Raptor, es un clarísimo ejemplo de la combinación de elementos furtivos. Su forma de diamante volador, combinando numerosas formas triangulares, particularmente en la cola, con las sutiles curvas de la nariz y los motores empotrados por encima del fuselaje. Incluso la forma de las alas son triángulos con la punta recortada; no se puede encontrar ningún ángulo particularmente agudo. La cola, dividida en dos superficies de control inclinadas hacia afuera, completa el efecto.

En primer lugar, se descubrió que la cola de los aviones era la principal fuente de reflejo en casi todos los casos. Esto se debe a que las figuras que mejor devuelven el radar son las formadas muy sobresalientes y los ángulos agudos, lo cual sucede especialmente en la cola, donde se insertan las superficies de control. La gran mayoría de los aviones de esa época tenían una sola gran superficie vertical de control, y en los bombarderos por su tamaño esta debía ser mayor; no es de extrañar entonces que fueran muy visibles en el radar.

Esto hizo que muchos aviones tuvieran colas muy diferentes. Por ejemplo, ya el SR-71 no tiene una sola cola, sino más bien dos aletas, montadas sobre los motores, ligeramente inclinadas hacia adentro. El F-117 y su famosa cola de mariposa es similar, solo que las dos aletas están inclinadas afuera y en un ángulo mucho mayor. El B-2, al igual que el diseño original del Vulcan, sencillamente no tiene cola.

Esta característica se aprecia también desde hace tiempo en aviones no pensados para ser furtivos, como el F-18, con doble deriva inclinada. Incluso se ha llegado al rediseño de aviones ya existentes, como la versión iraní del F-5, copiada sin licencia, que tiene una cola doble con planos inclinados hacia afuera.

En el caso de la cola y todas las superficies que pudieran tener ángulos agudos, el rediseño es importante para lograr la furtividad. Esto hace que se abandonen a veces ciertos diseños de superficies de control no solamente en la cola: los canards permiten ganar en maniobrabilidad pero también aumentan, según se dice, el RCS.

Como en el caso del Bear, se descubrió que las hélices, al rotar rápidamente, reflejan particularmente bien las ondas del radar. Esto se aplica no solamente a los aviones de pistón, sino también a los reactores, que incluyen hélices dentro del mecanismo. La solución más directa es empotrar los motores dentro del fuselaje del avión, protegiendo las entradas de aire de varias maneras. El F-117 usa una serie de rejillas que filtran las ondas y las absorben; otros modelos tienen vértices o bordes especiales que impiden que la señal entre o salga.

Finalmente, una parte más sutil, menos visible pero igualmente importante del diseño furtivo es la alineación de las superficies. Esto es, que la mayoría de las superficies tengan orientaciones y ángulos similares, paralelos, en lugar de ángulos diferenciados. El ejemplo más claro es el del F-22, cuyas superficies de control en las alas y la cola mantienen el mismo ángulo, en planos paralelos. Esta parte del diseño está allí para lograr un efecto particular: hacer que la onda del radar se aleje en una sola dirección en lugar de desperdigarse hacia diferentes lugares, pudiendo alertar a otros radares.

El uso de triángulos es bastante característico de los aviones furtivos. En la mayoría de los diseños, se utilizan bordes serrados en lugares críticos como las entradas de aire de los motores, las alas, las puertas de las bahías de carga, etc. Esto es más que visible en cualquier fotografía de los aviones mencionados previamente. Estos triángulos, más o menos pequeños, están hechos de manera que la onda, al ingresar, sea dirigida hacia el interior, de manera de rebotar en sus lados y salir, disminuida, hacia otra parte en lugar de volver al aparato emisor.

La curiosa forma del F-117 está pensada para dispersar las ondas de radar en diferentes direcciones.

Con respecto al F-117, tal vez el avión que más utiliza este recurso, se dice que esto se debe a que en la época de su diseño las computadoras y sistemas matemáticos no podían calcular formas furtivas curvas. De manera que los diseñadores fueron ensamblando modelos matemáticos lineales, lo cual dio como resultado la forma tan extraña del aparato. En el B-2, más avanzado y diseñado con otra tecnología, sobran las curvas, dando lugar a un diseño mucho más aerodinámico. Las curvas aparecen, combinadas con los triángulos, en otros aparatos como el F-22 o el YF-23.

Este es, sin duda, el principal problema de crear aviones furtivos muy especializados: la falta de aerodinamia. No por nada lo llamaron “el diamante sin esperanza”: el F-117 tiene un pobre desempeño y su forma está lejos de ser práctica para el vuelo. De no ser por su costoso sistema de navegación por computadoras, el aparato no levantaría vuelo, y en el aire caería rápidamente. A diferencia de otros aviones, que pueden planear un poco o mantenerse en el aire con falta de potencia o incluso sin motores, esto es mucho más difícil para estos diseños. El eliminar la cola en el caso del B-2 es otro ejemplo claro: sin computadoras, las primeras alas voladoras tenían graves problemas de estabilidad, y fue así que el Vulcan consiguió su cola.

Obviamente, las computadoras de control están duplicadas o triplicadas por razones de seguridad, pero esto agrega costo y peso a los aparatos furtivos.

Estructura

Algo muy relacionado con la forma del avión, pero que incluye aspectos diferentes, es la estructura general del diseño. Particularmente, cómo y donde se van a almacenar las armas.

De poco serviría diseñar un avión furtivo con mucho cuidado, si luego se colgaran de sus alas todo tipo de armamento no furtivo, con formas que reflejarían las ondas del radar. Es por eso que todos los aviones furtivos especializados, y también muchos de los no tan especializados, tienen una bahía interna de bombas.

Esto es particularmente visible en el F-117 y el B-2, para los cuales es imposible cargar armamento, sensores o cualquier otra cosa debajo o en la punta de las alas. Otros diseños furtivos no especializados, como el F-22 y el F-35, tienen una bahía de carga interna, pero pueden cargar opcionalmente ciertos tipos de armamentos bajo las alas, si fuera estrictamente necesario.

El F-22, como otros aviones de reciente diseño, poseen bahías de carga interna para su armamento, y no pueden llevar cargas externas normalmente. En esta fotografía podemos ver el lanzamiento de un misil desde su interior.

Indirectamente esto puede traer algunos problemas menores. Por ejemplo, se hace difícil llevar tanques de combustible desechables sin reducir la carga de armas. También puede suceder que el tamaño de la bahía de carga sea amplio pero no lo suficiente; es posible que el avión pueda cargar una cantidad menor de armamento y accesorios de la que teóricamente podría llevar bajo sus alas y el fuselaje. Sin embargo estos problemas son relativamente fáciles de solucionar: el abastecimiento en vuelo es la respuesta al primero. Con respecto a la falta de espacio, ya se han diseñando sistemas de armas más pequeños para el caso del F-22, lo cual incrementa la capacidad del aparato.

Otro factor importante es la creación de una estructura interna que capture las ondas, haciendo que reboten de manera interna, sin amplificarse, sino justamente debilitándose. Esto se logra creando triángulos de cierto tipo, como en un juego de espejos. Si uno ve el SR-71, le sorprenden sus formas redondeadas, las cuales no solamente son por cuestiones aerodinámicas sino también furtivas; sin embargo, por dentro la estructura es básicamente triangular.

Materiales

Muchos materiales se utilizaron la historia aeronáutica, y siempre existió la idea de hacer poco visible a los aparatos. Hechos de madera, tela y alambre, los primeros eran lentos y grandes; no es de extrañar que algunos hayan pensado en pasarse a materiales exóticos para la época, como el papel celofán. Lamentablemente, la idea de este ignoto diseñador de la época no funcionó, ya que el celofán, aunque sea transparente, es muy brillante y la luz del sol lo hacía particularmente visible a largas distancias.

Sin embargo, la creación del radar llevó a pensar en materiales invisibles para otros tipos de ondas: las electromagnéticas. En este sentido, el aparato más interesante y furtivo de la época fue el bimotor Mosquito, de origen inglés, cuyo fuselaje estaba totalmente hecho de madera. A excepción de los motores y otros elementos de metal, como las hélices, este material reflejaba menos las ondas del radar, y absorbía o dejaba pasar el resto. Esto lo hacía menos visible en las pantallas del radar, mientras su velocidad y maniobrabilidad hacían el resto.

Una de las formas primordiales de evitar el reflejo del radar era encontrar materiales que ni los reflejaran, pero que tampoco los dejaran seguir su camino. Los metales por su naturaleza eran particularmente buenos reflejando las ondas de radio. Muchos materiales sintéticos como el kevlar y la fibra de vidrio eran en cambio como cristales: dejaban pasar las ondas del radar sin alterar su naturaleza. Sin embargo, esto no llevaba a ninguna parte: un avión recubierto de estos materiales o con su fuselaje hecho a partir de materiales plásticos seguiría necesitando grandes piezas de metales en su interior (motores, controles, computadoras, etc.). De manera que eso tenía poca utilidad: los elementos internos harían rebotar las ondas del radar, que volverían a su emisor sin demasiados problemas.

El caso del Mosquito fue el primer uso de la tecnología de materiales absorbentes del radar, aunque era solamente un tibio comienzo. Con el tiempo, los aviones fueron incluyendo aleaciones de metal que eran más ligeras, resistentes y que también tenían menor incidencia sobre el radar. Luego los materiales plásticos fueron tomando la posta; sin embargo, hacía falta un material especializado, que es el que se usa actualmente.

El RAM (Radar Absorving Material, o Material Absorvente del Radar) fue la respuesta. En forma de pintura negra, se comenzó a estudiar y aplicar en el SR-71. A partir de entonces los militares estadounidenses continuaron desarrollando más y mejores materiales de este tipo. Desarrollado en total secreto, este material fue y es una de las incógnitas mejor guardadas de la tecnología aérea estadounidense.

Las primeras versiones del F-117 estaban cubiertas con lozas de un material similar al neoprene, que tenían granos minúsculos de ferrita incrustados en la matriz del polímero. Sin embargo, los más avanzados materiales absorbentes del radar son aplicados como si fuera pintura, particularmente en los bordes de las superficies de metal. Este tipo de pintura debe ser manipulada por robots, ya que se descubrió que era altamente tóxica; además debe ser aplicada con una precisión muy alta, que se asegura al ser utilizado un aparato mecánico fácilmente calibrable. Particularmente importante es el ancho de la capa de pintura, cuyo grado de error debe ser mínimo. Al igual que con los chaff, esto es así porque esta distancia está relacionada con la frecuencia de radar que se desea evitar.

Un tipo de RAM utilizado ya por SR-71 se llama pintura de bolas de hierro, debido a que contiene pequeñísimas esferas de ferrita, un mineral de hierro. Por las leyes de la termodinámica, ninguna energía puede desaparecer: las ondas de radio son una forma de energía. Lo que hace este tipo de material es absorber estas ondas, las cuales al chocar con la estructura altamente magnética de ferrita, se convierte en calor. Más que absorber solamente, lo que hace el RAM es convertir las ondas del radar en algo diferente; esta pequeña cantidad de calor se pierde en el aire.

El RAM, que suele ser negro, puede aplicarse en todas las superficies externas del avión, excepto en la cabina. En este caso, el proceso es similar: el cristal es recubierto de una fínísima capa transparente de un material conductor, que puede ser oro o algún óxido especial. Esta capa es tan delgada que no tiene ningún efecto sobre la visión del piloto, y se aplica utilizando avanzados sistemas de vaporización.

Obsérvese la cuidada disposición de los planos de control traseros en el Raptor: las aletas que conforman la cola tienen formas poligonales con ángulos obtusos, y no hay ninguna punta que sobresalga. Puede observarse también el esquema de camuflaje con dos tonos de grises.

Los cristales de la cabina deben hacerse absorbentes del radar por una simple cuestión: si las ondas de radar entraran a la cabina, rebotarían de maneras imprevisible en las superficies metálicas del interior. Esto daría una posibilidad de que el radar pudiera detectar el avión; incluso aunque esa posibilidad sea remota, debe reducirse lo más posible.

El RAM es caro; no es curioso que los materiales plásticos hayan sido y sigan siendo los principales materiales para evitar el radar. En la década de 1950, el U-2 y el SR-71 inauguraron la era de aviones que empleaban paneles de plástico en forma de colmenas en el interior de las alas, para hacerlas más livianas y no reflejar el radar. En la actualidad, muchos aviones no furtivos como el Typhoon europeo emplean materiales compuestos en la cola, los canards o las alas, principales lugares donde, de otra manera, rebotaría el radar. Esto ayuda a reducir la RCS notablemente.

Emisiones

Los aviones tienen dos grandes tipos de emisiones: de calor, por parte de sus motores, y de emisiones de radio, de parte de sus sistemas de comunicaciones y sus propios radares activos. De manera que también es importante reducirlas para mejorar su furtividad.

Las emisiones de calor han sido enmascaradas desde que se han inventado los sistemas infrarrojos, hacia mediados del siglo XX. Es por eso que se conocen muchas formas de reducir la denominada firma infrarroja, fácilmente visible con los adecuados sensores. Muchas de estas opciones pueden y son utilizadas simultáneamente en ciertos aviones, desde hace un tiempo, pero los furtivos son los que más las utilizan.

Estos sistemas inyectan aire frío directamente en el escape, antes de que salga del avión, para reducir previamente la temperatura de los gases de la combustión. Otra opción es montar los motores y las toberas encima de las alas, como sucede en el B-2: visto desde abajo, ningún sistema infrarrojo o visual podrá detectar los motores calientes (las alas los enmascaran), mientras los gases, al salir de la tobera caliente, son rápidamente disipados por los vórtices generados por el mismo vuelo. También es posible hacer correr algún tipo de enfriador, principalmente combustible, dentro de los conductos del sistema.

Una forma, relativamente nueva y poco utilizada anteriormente, es utilizar toberas no circulares, con forma rectangular. Esto maximiza la mezcla rápida entre los gases calientes y el aire frío. Además, está indirectamente relacionado con el uso de toberas en 2D, que se están usando en aparatos muy novedosos como el F-22. Sin embargo, como puede verse, este sistema se usa en otros aparatos furtivos.

Un dato a tener en cuenta es que los gases de la combustión, al estar ionizados, pueden llegar a silbar en el espectro electromagnético. Un caso particularmente curioso es el del SR-71, con una enorme cola de gases supercalentados, que cantaba su posición incluso en radares pasivos. Un truco más complicado para contrarrestar esto es lograr que los gases se calienten hasta cierto punto, llegando a una temperatura en la cual la ionización cree ondas electromagnéticas fácilmente absorbibles por el dióxido de carbono y el vapor de agua, presentes en el aire.

En cuanto a las emisiones electromagnéticas, los aviones furtivos tienen sistemas de detección principalmente pasivos, que no emiten nada, sino que “escuchan” los radares enemigos. Los sistemas laser y de visión infraroja son vitales para el éxito de la misión con los B-2 y los F-117, al igual que los sistemas de televisión de baja luminosidad.

Con respecto a las emisiones sonoras, no son un gran problema. Los aviones furtivos más especializados, por cuestiones aerodinámicas generalmente, no suelen tener capacidad supersónica, de manera que no pueden crear un boom sónico al cruzar la barrera del sonido. De todas maneras es un apartado que se tiene en cuenta en el diseño.

Visibilidad

Para evitar su detección visual, los aparatos furtivos al radar usan el camuflaje óptico más antiguo de mundo: la oscuridad. Pintados uniformemente de negro, como hacían antes los cazas nocturnos de la Segunda Guerra Mundial, atacan solamente de noche, cuando el cielo está tan oscuro como ellos. Es esa la razón por la cual nunca llevan camuflaje de otros colores, ni insignias fácilmente visibles.

Este truco ya estaba presente en el SR-71. Se identificaba a estos aparatos con la oscuridad y es cierto que estaban diseñados específicamente para los ataques nocturnos. Sin embargo, con el tiempo, la necesidad de seguir ampliando el uso de la furtividad a otros aparatos hizo que se desarrollaran otras opciones.

El interés de la USAF en tener aviones furtivos todotiempo, como el Raptor, llevó al desarrollo de esquemas disruptivos de pintura, algo que no sucedía ya que desde hace tiempo los aviones estadounidenses vuelan totalmente pintados de un solo tono de gris (o como mucho, dos tonos muy similares).

A pesar de la pintura negra, de noche es posible detectar visualmente a un avión: con buena luz de luna o con cierto tipo de nubes, éste se hace visible. Una experiencia reveladora tuvo lugar en este sentido durante la primera noche de la Guerra del Golfo de 1991: un Mirage F1 iraquí estuvo a punto de descubrir a un F-117 (si es que no lo hizo) cuando el avión invisible apareció sobre una capa de nubes claras. El piloto estadounidense, sin embargo, logró evadirse rápidamente sin llamar demasiado la atención.

Esta experiencia en combate recolectada tanto por el B-2 como por el F-117 ha demostrado la importancia de planear las misiones teniendo en cuenta las altitudes en las cuales pueden formarse nubes claras que puedan develar la silueta de estos aviones.

Promesas y preguntas

Sin embargo, no hay que dejar de lado que los aviones furtivos son justamente eso: difíciles de detectar. La tecnología stealth ha demostrado, desde los comienzos, tener más limitaciones que las que se admitieron en un momento. Pasemos a dar un vistazos a esos fallos o esos casos en los que la tecnología furtiva no ha dado todo lo prometido, o en la cual ha obligado a compromisos de diseño que reducen, posiblemente, la eficacia general del aparato.

La superficie del espejo

El primer problema está en el material absorbente de las ondas del radar. El tiempo y la experiencia en combate han demostrado que se trata de un material frágil, que requiere de mucho cuidado y que se deteriora si las condiciones climáticas son algo extremas. Esa posible que la versión naval del F-117 no hubiera llegado a buen puerto por esta razón; y hay que recordar la experiencia del Nighthawk “pelado” de su RAM por una tormenta de arena en Irak.

Los problemas en el mantenimiento del RAM también implican instalaciones más especializadas, que solamente existen en Estados Unidos y en otros pocos lugares del mundo. Es bastante probable que esto no se deba solamente al tipo de herramientas y dispositivos necesarios (para el F-117 hubo que diseñar una escalerilla de acceso diferente a la del resto de los aviones, por ejemplo) sino al hecho de que se necesiten hangares totalmente aislados de las condiciones meteorológicas externas.

Sin embargo, el problema del RAM está más allá de los costos. Uno de los hechos que siempre se evitó comentar es que los aviones furtivos no podían ser totalmente invisibles al radar en todas sus frecuencias. Incluso antes de que el F-117 y el B-2 salieran a la luz, los expertos ya lo sabían, y de hecho se comentó en muchas revistas especializadas.

El asunto es que el RAM solamente es efectivo contra ciertas longitudes de onda de radio: las que coinciden con el espesor de la capa de ferrita usada como antirreflectante. Esta puede ser la causa por la cual los radares de onda larga usados por los rusos podrían detectar a los aparatos furtivos más fácilmente. Sucede que no se puede poner una capa de material absorbente muy gruesa, ya que eso perjudicaría todavía más la velocidad y maniobrabilidad del aparato. En definitiva, el F-117 y el B-2 fueron diseñados para evitar los radares más sofisticados de ese momento, pero no pueden ser pensados para evadir todos los radares, incluidos los más antiguos.

El mantenimiento de un avión tan especializado debe ser perfecto: un error en la construcción o la revisión del RAM puede crear los ecos suficientes para que sea detectado y derribado.

Pero no todo termina allí. Desde hace un buen tiempo, los radares más avanzados operan con lo que se llama «salto de frecuencia»; es decir, cambian constantemente las longitudes de onda de sus señales. Esto les permite evitar los dispositivos de jamming, que en respuestas deben saturar muchas bandas de radio para volver a ser eficaces. Un radar moderno, con saltos de frecuencia muy dispares, podría no detectar a un avión furtivo durante unos momentos, pero si cambiara de frecuencia y encontrara una que sí le permite ver al aparato, entonces este estaría condenado, al menos si está solo y no tiene escoltas. Sin jamming ni señuelos, sería lo que los estadounidenses conocen como un «pato sentado». Esto es lo que finalmente se tuvo que hacer sobre los cielos de Serbia: enviar aparatos furtivos, que estaban diseñados para trabajar solos, con una gran escolta para evitar ser derribados o dañados.

Sin embargo, hay indicios que dicen que en la etapa de diseño se intentó un ingenioso truco para evitar esto. No se sabe si los aviones furtivos lo adoptaron, pero sería posible. El truco consiste en separar las ondas de radio en dos, colocando una capa doble de material RAM. De esta manera, una reflejaría un promedio de frecuencia y otro la segunda, haciendo coincidir la cresta de una onda de radio con el seno de la otra, contrarrestándolas mutuamente. Este sistema está diseñado de una manera tal que, si las frecuencias de radio varían repentinamente, se produce calor en una capa de metal especial, que entonces dilataría el RAM. Así, el grosor y por lo tanto la capacidad de absorción iría variando según las necesidades.

Según se sabe, este truco funcionó en experimentos de laboratorio, pero no se sabe si lo hicieron en condiciones no controladas, volando a diferentes presiones atmosféricas, velocidades, con clima frío o muy caluroso. Tal vez los aviones furtivos los utilizan y por eso son tan complicados de mantener, pero lo que es obvio es que no funcionan siempre.

Los materiales secretos que absorben las ondas de radar ocultan otro secreto negativo: al parecer podrían ser muy tóxicos, los materiales o sus procesos de fabricación. Ni siquiera el enorme velo de secretos de los Skunk Works logró detener la noticia de que muchos operarios de Lockheed habían iniciado demandas contra la compañía, aquejados de cáncer y de una enfermedad extraña de la cual nada se ha dicho. La empresa negó que se tratara de material peligroso, pero no sería la primera vez que un secreto militar pasa por encima de la verdad y de los derechos humanos. No se supo si la fabricación del B-2 trajo estos inconvenientes, pero tal vez si los hubo, fueron acallados prudentemente por la Northrop. Como ya se ha dicho, este problema se solucionó finalmente utilizando robots.

Trucos y contra-trucos

Como ya se mencionó, visualmente puede darse el caso de la detección, si hay algo de suerte. Por otra parte, ninguna emisión, sea de calor o de otro tipo, puede ser eliminada o enmascarada totalmente. Teniendo en cuenta que muchos sistemas de misiles utilizan guías infrarrojas, se pone énfasis en esconder cualquier firma de calor: sin embargo, a las grandes alturas en las que operan los aviones, el contraste de temperaturas entre los gases incandescentes de los motores y el aire es todavía notable.

Las emisiones electromagnéticas pueden ser evitadas fácilmente, eliminando los radares y estableciendo un estricto uso de la radio. Pero esto puede dañar notablemente el desempeño de la aeronave: al contar solamente con instrumentos de medición pasivos, se resiente el potencial de información disponible, ya que estos dispositivos no son tan fiables como los activos.

Finalmente, los aviones invisibles al radar no siempre lo son. Se ha demostrado que en circunstancias determinadas pueden ser detectados por sistemas especiales. Radares especiales, sistemas diseñados de manera particular, ingenio por parte de un controlador de batería o por el encargado de toda la defensa aérea de un país (como sucedió en Serbia)… estos y otros factores han derribado y posiblemente dañado aviones furtivos en conflictos reales. Hasta la misma USAF tuvo que admitir que “el stealth reduce la firma de un avión, pero no lo hace invisible. En realidad hemos descuidado la guerra electrónica“.

Esto no es ninguna novedad; a pesar de la publicidad de todo tipo creada por la USAF y los fabricantes de estos aparatos, algunos expertos independientes dudaron siempre de su verdadera invisiblidad al radar. Apenas salido del B-2 del hangar, e incluso un poco antes, ya se habían propuesto algunas maneras de detectarlos, que al menos en teoría, funcionaban.

Una de ellas era utilizar radares de reflexión ionosférica, u OTH. Estos aparatos muy ingeniosos logran evitar el gran problema de los radares comunes, que son bloqueados por accidentes del terreno, y no pueden ver más allá del horizonte debido a la curvatura de la Tierra. Sencillamente, envían sus ondas hacia arriba, a la ionosfera, una zona de la atmósfera que, como su nombre indica, está plagada de actividad iónica. Allí la onda de radio rebota, y cae desde el cielo en un punto muy alejado de su fuente. Luego hace el camino inverso, rebotando en lo que encuentre cerca del suelo o en el aire, luego de nuevo a la ionosfera, y luego al radar de escucha. Este sistema es habitualmente utilizado para alertas tempranas, o sea, detectar fuerzas enemigas a muy larga distancia, evitando así la sorpresa. En la época de la creación del B-2 ya estaban en funcionamiento y de hecho al parecer la URSS ya los tenía. Esta misma técnica de detección desde arriba podría servir combinando satélites espías con radares terrestres. Se trata, sin embargo, de un truco costoso en equipamiento, que pocos países podrían intentar a nivel táctico.

Hay otras respuestas más accesibles a ciertos escenarios. Por lo general, la única forma de vencer a un avión furtivo es combinando aparatos complejos y mucho ingenio, usando trucos como lograr una refracción hacia radares que no estén emitiendo. Justamente esta es la clase de trucos que puede haber funcionado en la práctica, en el caso del F-117 derribado sobre Yugoslavia. Utilizando una red de radares móviles, que funcionen unos como emisores, y otros como receptores, podría lograrse la detección de las pocas ondas de radar que el RAM no absorbe. Debido al cuidado diseño de estos aparatos, por lo general dichas ondas de radio no hacen lo que se supone que hagan, es decir, regresar a su fuente emisora y dar los datos de distancia y velocidad. Pero al rebotar hacia otras partes, radares enlazados en una red cuidadosamente planeada pueden recibir estos datos de ondas emitidas por otros radares. Esta podría ser otra de las hipótesis de cómo los serbios derribaron al caza furtivo.

El desarrollo de sistemas más sofisticados de rastreo térmico es otra respuesta posible: estos aparatos infrarrojos de nueva generación, podrían detectar las leves señales de calor procedente de los aparatos furtivos. Se especula con que algunos radares anti-furtivos rastrean la estela de turbulencia creada en el aire por los aviones, incluso los más invisibles. Como en todo, allí donde se descubre un truco, siempre hay un truco para contrarrestarlo.

La cuestión sobre la furtividad es que no hay invisibilidad absoluta: todo puede ser detectado. Por ejemplo, la principal forma de furtividad, la forma del avión, no ofrece siempre las mismas ventajas. Contra radares de baja frecuencia es igualmente detectable: si la onda es más o menos el doble de larga que el tamaño del blanco, puede dar un buen reflejo radar.

Lo bueno es que los radares de baja frecuencia tienen desventajas: principalmente las pocas frecuencias utilizables ya que se superponen con otras ya usadas, y el hecho de que requieren antenas muy grandes, difíciles de transladar. No son precisos; sirven para decir que allí afuera hay algo, pero no para decir donde está. Incluso si localiza un blanco, posiblemente no pueda identificarlo.

Otros sistemas electrónicos desarrollados en Europa del Este para evadir las características furtivas de estos aparatos, aparentemente escucharían el ruido electromagnético de sus propios sistemas, o tienen otros trucos desconocidos. No es extraño que, siendo EEUU el más antiguo usuario de furtivos especializados y el más adelantado en furtividad, países como China y Rusia se hayan especializado durante años en crear sistemas de defensa anti-furtivos, mientras buscaban crear sus propios aviones furtivos.



Los furtivos rusos

El 8 de octubre de 2001, científicos rusos admitieron que habían llevado a cabo experimentos y pruebas con los restos del F-117 derribado en Yugoslavia. Hasta ese momento, el misterio había rodeado el destino de estos restos, aunque muchos sospechaban de los rusos, como finalmente se confirmó.

Según estas declaraciones, los estudios habían estado dirigidos hacia la mejora de los sistemas de defensa rusos, intentando lograr la capacidad de detectar y destruir aviones furtivos. Conjuntamente con esa iniciativa, y esa era la verdadera noticia, los diseñadores de sistemas de defensa aérea habían modificado aeronaves tácticas rusas para probar nuevas maneras de hacerlas furtivas, sin tener que construirlas desde cero.

Sin embargo, el anuncio debía tomarse con cuidado: no significaba que Rusia se hubiera apropiado de la tecnología estadounidense. Del F-117 solamente habían sobrevivido grandes partes, pero no todo, y muchas secciones, como los motores, se habían desprendido o estaban destruidos. Las fuentes rusas admitieron que no habían podido reconstruir el avión, y que no era lo mismo probar los sistemas en fragmentos del aparato que con el aparato completo.

El F-22 Raptor es, para muchos analistas, el nuevo caza a batir. En el caso de una supuesta guerra entre EEUU y otro país, sus capacidades furtivas inigualadas serían vitales para su supervivencia; no es de sorprender entonces que muchos países busquen la forma de detectarlo. Obsérvese la inclinación de las tomas de aire de los motores, para crear un ángulo muy abierto con respecto a las alas, y la correcta alineación entre estas tomas y las aletas de la cola: los planos son paralelos, y la forma frontal de la cabina es un diamante especialmente diseñado.

Uno de los problemas principales es que los científicos no pueden saber cuánta es la energía disipada por un F-117 completo, y de esa manera no pueden calibrar efectivamente los sensores para detectar aviones de este tipo. Además, como el B-2 y el F-22 (que tiene un diseño furtivo menos especializado) usan tecnología y materiales diferentes, no se puede usar datos de la prueba contra estos aparatos.
Pero incluso así, es evidente que los científicos rusos pudieron averiguar muchas cosas útiles. Rusia estaba experimentando también con la tecnología furtiva, pero gastando mucho menos dinero, ya que apenas estaba comenzando a ser un estado independiente luego de la caída de la URSS, y el proceso de reorganización militar fue largo y costoso. En este contexto, el derribo del F-117 les vino muy bien, ya que pudieron aprender bastante sin gastar demasiado dinero y recursos. Los expertos reconocieron que podían sintonizar mejor sus defensas para detener ataques de pequeños misiles crucero, arma que se está utilizando cada vez más. Las defensas serbias derribaron varios Tomahawk y pueden haberle enseñado a los rusos algunas lecciones sobre cómo hacerlo, de la misma forma que pasó con el F-117.

Estos expertos dijeron que, con los logros del programa ruso, se podían ubicar aviones de poca firma radar a unos 90 kilómetros, lo cual los convierte en sensores muy útiles. Esto quiere decir que los nuevos sistemas de defensa aérea rusos de la época podrían destruir misiles crucero y otras armas de ese tipo.

Rusia no tuvo nunca un programa furtivo especializado como el Have Blue, que derivó en el F-117. Los enormes costos asociados a este tipo de experimentación no eran posibles en los últimos años de la URSS ni tampoco en los años siguientes a su caída, momento en el que el gasto militar se relajó enormemente, haciendo que los arsenales ex-soviéticos quedaran llenos de vehículos sin uso y mal mantenidos. Sin embargo, según declaraciones oficiales, la Fuerza Aérea Rusa modificó al menos dos aeronaves de uso táctico de tal manera que su firma radar disminuyó significativamente. Esto fue, sin duda, una de las primeras investigaciones de bajo costo que comenzaron a desarrollarse en esos años, demostrando que no era necesario tener un aparato furtivo especializado.

Otro uso para estos aparatos furtivos rusos fueron la recolección de datos: fueron encargados de probar los sistemas de radar que debían detectarlos (o no). Pruebas similares se llevaron a cabo con los restos del F-117; los resultados de todas ellas se almacenaron, al parecer, en una enorme base de datos que, conectada a una computadora, permitía llevar a cabo simulaciones de ataques y detecciones. Los científicos dijeron en esa época que pudieron detectar a los aviones furtivos rusos usando los nuevos equipos. Se dice desde hace años que Rusia desarrolló un nuevo radar que opera en la banda VHF, que podría detectar sin problemas al F-22 Raptor, el mejor caza en el arsenal estadounidense, que posee muchas características antirradar.

El mayor problema sin embargo es el dinero. Se debe recurrir a las simulaciones por computadora como única forma de testeo. Construir vehículos furtivos para ser usados como blancos reales es muy caro, y justamente eso sería lo más provechoso: tener diversos aparatos de prueba a los cuales disparar, para ver cómo funcionan los misiles. Al parecer, todas las etapas de prueba llegan hasta este punto, y nunca se utiliza realmente el sistema completo.

Con el tiempo, sin embargo, Rusia no quiso quedarse detrás de EEUU, y comenzó a desarrollar su propia camada de cazas de quinta generación. Uno de los requisitos para que un aparato entre a este selecto club es, justamente, la furtividad al radar. Apostando a un concurso entre el MFI de MiG y el SU-47 de Sukhoi, lamentablemente ningún aparato logró entrar en producción, pero recientemente se comprobó que el Su-57, similar en muchos aspectos al Raptor, entró en servicio y se está probando en Siria. También conocido como T-50, este aparato fue desarrollado en conjunto con India, y por su forma y estructura es claro que la furtividad fue una de las prioridades de su diseño.

De todas maneras, aunque las fuerzas rusas no tengan aviones furtivos tan especializados como el F-117 o el B-2 (y posiblemente nunca los tengan), es evidente que han aprendido, por una parte, a modernizar diseños previos, reemplazando piezas metálicas por otras de materiales compuestos, y a diseñar vehículos furtivos.

Actualmente el Su-57 sigue en producción, y es de esperarse que tenga muchas sorpresas para mostrar.

El futuro de la furtividad

Si bien es cierto que los aviones furtivos no son totalmente invisibles, también es cierto que tienen algunas ventajas que deberían ser estudiadas más a fondo. Son aparatos superespecializados que para muchos están ya fuera de lugar, porque fueron pensados en la Guerra Fría y con conceptos tácticos y estratégicos muy diferentes. Pero al contrapesar sus ventajas y desventajas, se puede aprender mucho sobre las tecnologías del futuro.

EEUU posee actualmente un bombardero furtivos especializado, el B-2. El F-117, pionero en la tecnología, fue retirado de servicio en 2008 luego de verse sus limitaciones. Con el tiempo, se le unieron dos cazas mucho más avanzados, el F-22 y el F-35. Sin embargo, solo el primero es un caza puro y posee un fuerte énfasis en la furtividad, mientras que el segundo es un caza polivalente, del que no se está hablando muy bien debido a serios problemas de sobrecostos y de producción.

Las dos principales características del Raptor, el nuevo caza de superioridad aérea de la USAF, son su furtividad y su radar. Aunque lo hacen supuestamente invencible, también lo hacen indeciblemente caro: unos 380 millones de dólares por unidad. El elevado costo de la tecnología stealth es una de las principales causas de los escasos diseños especializados: todas las naciones, salvo EEUU, prefieren comprar aviones que tengan ciertas capacidades stealth, pero no están dispuestos a pagar por todas.

Esto parecería indicar que ningún otro país está tratando de abrazar el concepto de furtividad. Pero como ya hemos visto en el caso de Rusia, no es así. La capacidad de fabricar aviones furtivos especializados existe en muchos países europeos y asiáticos, ya sea utilizando conceptos ya conocidos o desarrollando otros nuevos. India, al colaborar con Rusia, seguramente ha aprendido algunas cosas. Mientras tanto, China está desarrollando y produciendo el Chengdu J-20, que entrará en servicio en cualquier momento. Este es otro caza de quinta generación que hace fuerte énfasis en la furtividad, como puede verse en su forma y diseño general. Mientras tanto, cazas europeos como el Rafale, Typhoon y Grippen tienen características furtivas, aunque tal vez no se haya enfatizado tanto el concepto en el diseño general.

Entonces, ¿porqué estos países no siguen el camino de la furtividad especializada, como EEUU? Existen dos grandes respuestas: dinero y diferentes prioridades. Por otra parte, ambas respuestas están interconectadas.

EEUU posee un presupuesto militar gigantesco. El desarrollo de ciertas tecnologías aeronáuticas consume enormes cantidades de tiempo, dinero y recursos humanos. Los dos primeros aviones furtivos especializados fueron comenzados en plena Guerra Fría, cuando había todavía una suma de recursos mayor que la actual destinada a la defensa. No es de extrañar que se continuara su investigación a toda costa, incluso con la URSS en proceso de desintegración.

En esa época, el desarrollo de esta tecnología era primordial porque daba una opción totalmente novedosa a las fuerzas militares. Era una de esos adelantos que podían romper el balance en una carrera armamentista incesante. Era, por lo tanto, una cuestión de prioridad.

En el contexto actual, un aparato totalmente furtivo es un privilegio, generalmente poco útil, que ningún país puede darse. Se trata de aparatos caros de mantener, que tienen un período de desarrollo largo y costoso, lleno de posibles problemas, y que luego son tan caros de comprar que solamente se pueden obtener en pequeñas cantidades. Son aviones tan especializados que es difícil usarlos para algo más que para lo que han sido diseñados.

Mirando el mercado internacional de aviones militares, es evidente que los aviones más comprados y exportados son los polivalentes, aquellos que pueden funcionar bien tanto como cazas como bombarderos ligeros o de ataque a tierra. Un avión tan especializado como un F-117 no podría competir. Y no es casualidad que este avión haya sido retirado de servicio en 2008, con una carrera de unos 25 años, teniendo en cuenta que solamente puede cargar pocos tipos de bombas y su diseño furtivo es de los primeros, menos avanzados.

El caso del B-2 es diferente. Desarrollado como bombardero pesado, sus bodegas permiten alojar muchos tipos de bombas y en grandes cantidades. Su diseño y construcción es de otra generación, más avanzada. Y sin embargo, seguramente el dinero que consume su mantenimiento es considerable; algo que solamente puede permitirse EEUU. Pocos países en el mundo siguen manteniendo grandes flotas de bombarderos estratégicos. La cuestión del mantenimiento es crucial: la escasa producción de estos aparatos hace que a su vez los repuestos sean escasos, porque no se producen en tanta cantidad. Esto ya está sucediendo con el F-22: cada vez que una nave resulta dañada en un accidente, la cuenta es astronómica.

Sin embargo, la tecnología de furtividad al radar no es algo que pueda dejarse de lado. Aunque no se utilice en aviones especializados, sus conceptos pueden ser usados para reducir el eco radar en menos escala, sin comprometer otras prestaciones del aparato. A esto se han dedicado los diseñadores de los modernos caza-bombarderos. La utilización de materiales compuestos en grandes escalas, sumado al diseño por computadora, permite reducir el eco radar sin la utilización de RAM.

El Sea Shadow (Sombra Marina) es un demostrador de tecnología que buscaba mejorar el diseño de las nuevas generaciones de buques de superficie. Actualmente, muchos de los barcos militares más novedosos tienen diseños facetados, que los hacen menos detectables con las ondas del radar.

De esta manera, muchos cazas modernos como el Grippen, el TyphoonRafale, etc., aunque no sean diseños furtivos especializados, siguen estando a la vanguardia del diseño, y son mucho más difíciles de rastrear que diseños anteriores. Estos aparatos incorporan mayor o menor cantidad de aspectos que hacen al concepto de la furtividad ya mencionados.

Finalmente, no hay que olvidar el importante avance que la tecnología de furtividad al radar le dio a la navegación militar. Muchos de las ideas pensadas para los aviones fueron luego derivadas a los buques de guerra. El ejemplo más extremo es el del Sea Shadow, un demostrador de tecnología estadounidense; sin embargo muchos países han creado ya corbetas y otros buques con diversas mejoras en la reducción de la RCS: superficies inclinadas y RAM que son fácilmente identificables con algo de conocimiento.

Helicóptero de transporte CH-54 Tarhe

Desarrollado a partir de 1958 por la conocida compañía Sikorsky, se convirtió rápidamente en uno de las herramientas más útiles de los estadounidenses en Vietnam. Con un extraño concepto modular que no se volvió a utilizar, su carrera fue corta y ahora puede vérselo elevando las más variadas cargas alrededor del mundo.

Denominado originalmente S-60, este helicóptero de transporte pesado se caracterizaba por no poseer un fuselaje convencional. Toda la estructura era simplemente una larga columna vertebral sobre la cual se montaban los motores, los sistemas de rotores principales y de la cola, y la cabina en la nariz.

La idea detrás de este diseño tan audaz era que existieran diversos contenedores de sección rectangular. Configurados para llevar pasajeros, diferentes tipos de carga o para evacuación sanitaria, estos contenedores se montarían debajo de los motores y detrás de la cabina, configurándose en una especie de fuselaje desmontable. La carga de mayor tamaño, como cañones o vehículos, se llevaría a la eslinga como en el resto de los helicópteros de su tipo.

Un CH-54 demostrando su capacidad de mover grandes pesos y también, objetos de gran volumen.

Otras características del S-60 llamaban la atención, además de su extraño diseño insectoide. Aunque tenía motores convencionales a pistón (lo que luego resultó ser un punto débil), tenía ciertos avances como un piloto automático para mantenerlo en vuelo estacionario, o la capacidad del asiento del copiloto que podía moverse para que apuntara hacia el frente o hacia atrás, para controlar la carga de la parte media.

Este modelo de S-60 fue probado por la US Navy, la cual lo rechazó al encontrarlo falto de potencia. Sin embargo Sikorsky no se rindió y devolvió el diseño a las mesas de dibujo, resurgiendo con la denominación interna S-64A.

Este nuevo modelo tuvo su vuelo de bautismo el 9 de mayo de 1962. En este caso, los que estaban observando eran evaluadores del US Army. La jugada fue exitosa, ya que en los años siguientes se compraron 105 unidades.

El S-64A era similar al S-60, pero tenía una configuración aerodinámica más limpia y, sobre todo, más potencia, proporcionada por dos turbinas Pratt & Whitney T73-P-1 de 4.500 shp. Estas estaban montadas sobre la columna vertebral del diseño, debajo del rotor principal de 6 palas totalmente articuladas.

Un Tarhe llevando uno de los contenedores universales diseñados para su uso con este peculiar aparato. Nótense los motores al descubierto, al igual que los filtros en la toma de aire.

El cambio de motores convencionales a turbinas no fue menor, ya que le dio al aparato la posibilidad de llevar más carga y tener más velocidad. Interesados por el proyecto, las autoridades del US Armypidieron en junio de 1963 seis ejemplares para probarlos más profundamente. Al entrar en servicio como aeronaves de prueba se les dio el nombre YCH-54A Tarhe. Llevados a Fort Benning a partir de junio del año siguiente, sirvieron en la Compañía de Aviación 478.

Al poco tiempo comenzó la evaluación intensiva, cuando esta unidad tomó cuatro de los seis aparatos y los llevó a Vietnam para probarlos en condiciones de combate. Habiendo pasado el examen, se ordenaron 54 helicópteros de producción del ahora CH-54A.

A estos 60 unidades se les unieron, a partir de 1969, 37 CH-54B. La principal diferencia era que el modelo nuevo tenía motores más potentes, palas de rotor de mayor eficiencia, componentes mecánicos de los rotores modificados, la carga aumentada en unas 2,5 toneladas y trenes de aterrizaje de dos ruedas. El CH-54B logró establecer en esa época varios récords internacionales de carga y trepada, que tardaron un buen tiempo en ser rotos por helicópteros pesados soviéticos y occidentales.

Mientras tanto, la US Navy, que en su momento no accedió a comprar y desarrollar el Tarhe, sí siguió adelante con otro aparato de la Sikorsky, el S-65 (que llevó al CH-53). El Tarhe era minimalista, con todo lo necesario para hacer el trabajo y nada más. En cambio el Stallion resultaron ser caros de mantener y operar, y podían levantar menos carga que el Tarhe debido en parte a que tenían 6 toneladas de sobrepeso correspondiente a su fuselaje.

Dos demostraciones de las capacidades del CH-54. Arriba, un Tarhe llevando a la eslinga un M551 Sheridan, durante la guerra de Vietnam.

El Tarhe en Vietnam

Los primeros CH-54 comenzaron a llegar a Vietnam en 1965, en donde encontraron rápidamente trabajo más que suficiente. El enorme despliegue logístico que realizó el US Army dicha zona geográfica hizo imprescindible el uso de todo tipo de helicópteros, no solamente por su gran capacidad de carga e incluso la posibilidad de ser armado, sino también porque el terreno abrupto y selvático requería aparatos que pudieran aterrizar en cualquier parte.

El CH-54 se hizo famoso en poco tiempo por su capacidad para levantar todo tipo de carga, sin importar su forma o tamaño, a eslinga. Esta verdadera grúa voladora demostró poder levantar y mover una batería completa de 4 obuses de 105 mm, un tanque ligero M551 Sheridan, trozos de puentes, maquinaria de construcción, aviones derribados o aterrizados de emergencia, helicópteros averiados (hasta en parejas, como en la foto de abajo) e incluso un CH-47 Chinook (al que se le quitaron los rotores para aligerar el peso y evitar problemas aerodinámicos y de distribución de peso).

El Tarhe fue extremadamente útil en Vietnam, para llevar todo tipo de carga pesada que no cabía, por su tamaño o su forma, en las bahías de otros aparatos. Un ejemplo lo constituye esta pareja de Hueys; muchos aviones y helicópteros derribados fueron rescatados por estas grúas voladoras.

Los contenedores universales también demostraron ser muy útiles. Uno de ellos permitía el traslado de 86 soldados, suplementados por contenedores que servían como hospitales móviles, puestos de comando o hasta barracas.

Pero uno de los roles más pesados del Tarhe fue el de bombardero. El CH-54 era uno de los pocos aparatos estadounidenses que podían utilizar las bombas BLU-82B de 6.8 toneladas (conocidas irónicamente como cortadoras de margaritas y ahora reemplazadas por la MOAB). Este aparato estaba diseñado para limpiar una zona de aterrizaje para que los ingenieros y otros helicópteros pudieran llegar rápidamente. No importaba si la zona tenía maleza, jungla o que tuviera estructuras o estuviera minada: la daisy-cutter dejaba todo plano en varios cientos de metros a la redonda.

Estas zonas de aterrizaje instantáneas permitían sorprender a un enemigo escurridizo, y frecuentemente eran utilizadas para colocar baterías de obuses (particularmente si el terreno era elevado). Luego del estallido, otros Tarhe podían llegar trayendo dichos obuses o cualquier otra cosa necesaria para armar rápidamente una base.

En este sentido, los Tarhe tenían una gran ventaja: podían controlar la altura de a carga a la eslinga. Cuando volaban, la subían para reducir el efecto pendular generado por el movimiento de la carga, lo que podía volver incontrolable el vuelo en malas condiciones atmosféricas. Por otra parte reducían así el arrastre de la carga. Cuando llegaba el momento de dejar la carga, podían bajarla, separándola del fuselaje y depositándola en el suelo quedando en vuelo estacionario, sin necesidad de aterrizar.

Pero en resumen, la mayor ventaja del Tarhe era su flexibilidad de uso: su capacidad de adaptarse a lo que el servicio le pidiera. El concepto de contenedores modulares había sido concebido en 1947 por el General James Gavin en su libro “Guerra Aerotransportada”, y en el CH-53 encontró su cristalización más profunda.

El hecho de no contar con un fuselaje fijo (que terminaba siendo peso muerto) le permitía tener potencia extra a la hora de levantar grandes cargas. Por otra parte, no era necesario acomodar nada dentro, ya que cada contenedor venía ya preparado para la tarea que iba a desempeñar.

Sin embargo existía un problema. Los primeros contenedores no permitían la combinación de carga interna y externa. De esta manera no se podía llegar carga a la eslinga si se llevaba un contenedor.

Otro ejemplo de las capacidades del Tarhe: aquí se lo ve llevando un Chinook semidesarmado utilizando un paracaídas de frenado para estabilizarlo durante el vuelo.

Existieron más adelante contenedores mejorados que permitían hacer ambas cosas, pero el US Army no los compró, impidiendo así que el modelo adquiriera toda su capacidad operativa. Otra limitación que tuvo el CH-53 fue que, por problemas de presupuesto no se avanzó con su proyectado sucesor, pero tampoco se dedicó dinero a la sustitución de sus motores por otros más potentes.

Hacia finales de la década del 60 y principios de los 70s, sin embargo, el Tarhe fue lentamente reemplazado por el CH-47 Chinook, que todavía presta servicio en varias fuerzas armadas del mundo. Los CH-54, sin embargo, habiendo demostrado ser tan útiles, no fueron abandonados, sino que se los transfirió a la Reserva del Ejército y a las Guardias Nacionales de distintos estados.

Tanto es así que, hacia 1986, 71 CH-54A prestaban servicio todavía en GeorgiaKansasMississippiNevada y Pennsylvania, mientras que 26 modelos B sobrevivientes estaban localizados en AlaskaAlabama y Connecticut.

Su probada capacidad hizo que fueran mantenidos de la mejor manera posible, brindando servicio hasta los primeros años de la década de los ’90s.

Erickson S-64

Sin embargo, la carrera de este curioso helicóptero no terminó en el US Army. En 1992 la empresa Erickson Air-Crane (localizada en Central Point, Oregon, EEUU) le compró a Sikorsky los derechos de producción y todo lo necesario para fabricar sus propios Tarhe. Conocidos como S-64 Aircrane, la empresa hizo numerosos cambios en el diseño (que, después de todo, tenía standares militares y no civiles). Esta empresa se convirtió así en el único fabricante y el mayor operador de estos aparatos.

El concepto modular del CH-54 funcionó bien en Vietnam; podía tanto llevar tropas en los contenedores como, en este caso, esperar para movilizar artillería de campaña. Sin embargo, algunas mejoras no se adoptaron y eso no logró sacar todo su potencial.

Los nuevos modelos, además de grúas, podían ser reconfigurados para servir como aparatos extintores de fuego, y así se han utilizado en numerosas oportunidades. Los servicios forestales de Italia y Corea han comprado este aparato para servir en emergencias e incendios de gran tamaño. La empresa no solamente produce para la venta sino que también posee una flota de helicópteros que son alquilados a organizaciones internacionales, a gobiernos locales, a agencias gubernamentales de todo tipos y a empresas.

El S-64 cumple también otros roles como el transporte de grandes cargas (por ejemplo, en la industria maderera, siendo capaz de levantar grandes árboles) y construcción de edificios (de hecho se lo puede ver en numerosos documentales ya que ha ayudado en la construcción de numerosas estructuras en todo el mundo, como la colocación de la parte superior de la Torre CN).

En Vietnam, no solo rescató aparatos averiados: también ayudó a reconstruir estructuras, como este puente.
Especificaciones técnicas CH-54B Tarhe
Tripulación3
Largo26,97 metros
Diámetro del rotor principal21,95 metros
Alto7,75 metros
Superficie del disco del rotor138 m²
Pesovacío 8.981 kg, máximo de despegue 21.320 kg
Planta motriz2 turbinas Pratt & Whitney T73P-700 de 4.800 shp o 3.580 kW cada una
Velocidadmáxima 240 km/h (130 nudos), de crucero 185 km/h (100 nudos)
Alcance370 kilómetros (200 millas náuticas o 230 millas)
Techo de servicio5.600 metros, con una trepada de 6,75 metros por segundo
Armamentoninguno, pero en Vietnam se las usaba a veces para lanzar bombas BLU-82B de 6.8 toneladas de limpieza de terreno

Helicóptero de ataque y reconocimiento AH-6

Como se mencionó al hablar del OH-6, su larguísima carrera y su gran desempeño no solo hizo que se continuara su fabricación a través de tres empresas, sino que además se continuó mejorando, revolucionando y actualizando su diseño.

Teniendo en cuenta el éxito de los diversos modelos del Defender, y reconociendo su capacidad para moverse rápidamente cargando pequeños grupos de soldados y diverso armamento y sensores, no es de extrañarse que se haya pensado en convertir algunos de estos modelos en vehículos de asalto de fuerzas especiales.

Fue así como el viejo Loach, actualizado, pasó a servir con la élite del US Army, el cual comenzó a comprar estos modelos en 1980 o 1981, adquiriendo unos 50 hacia 1987. De estos, parece que en principio unos 30 fueron configurados para labores de ataque ligero, estando el resto construidos para ser usados en tareas de reconocimiento furtivo y transporte de tropas especiales. La compra de estos aparatos no fue admitida oficialmente por el US Army; esto hace que sea muy difícil saber si estos aparatos fueron realmente helicópteros nuevos o viejos OH-6 reconfigurados para alcanzar los nuevos standares del 500-MD.

Lo cierto es que, si bien el mundo no se enteró en ese momento de dicha compra, al poco tiempo todo se hizo evidente. En 1983 Estados Unidos invadió la pequeña isla caribeña de Granada, bajo sospecha de que se planeaba un golpe de estado impulsado por comunistas. En dicha acción, que tuvo mucha prensa, los nuevos Defender fueron vistos, fotografiados y filmados numerosas veces mientras apoyaban a tropas especiales, tanto del US Army como de la US Navy. Aunque los Defender usados en Granada no tenían los sensores montados sobre los rotores (que se verían luego en muchos modelos), el resto de las diferencias (particularmente la cola rediseñada) evidenciaban que no se trataba de los viejos Loach.

Un MH-6 Little Bird, utilizado por las fuerzas especiales del US Army. La modularidad de los sistemas hace que esta configuración (relativamente “poco ofensiva”) pueda ser cambiada rápidamente según se la necesite.

Estos aparatos, al no ser reconocidos por las autoridades, no tenían un nombre oficial. Dentro de la comunidad de las fuerzas especiales se los llamaba Little Birds (pájaros pequeños). Eventualmente se reconoció la existencia de estos aparatos, variantes militarizadas del modelo 500. Algunas de sus versiones incluyen:

  • AH-6A: una variante modificada para llevar armas y funcionar como aeronave de ataque ligero para el 160.º Regimiento de Aviación de Operaciones Especiales, unidad que actuó en Nicaragua.
  • AH-6C: es la versión de ataque, muy probada ya en combate. Provista de ametralladoras, misiles antitanque Hellfire, y cohetes de 2,75 pulgadas, le permite a sus operarios dar apoyo a las fuerzas especiales o incluso atacar blancos aéreos como otros helicópteros.
  • AH-6F / G: otras versiones de ataque.
  • AH/MH-6J: Versiones mejoradas de ataque y transporte de tropas. Son versiones de ataque ligero basado en el modelo 500/530 y equipadas con un motor mejorado, FLIR y aparatos de navegación inercial y/o con GPS. Pueden llevar dos contenedores de siete tubos lanzacohetes de 2,75 pulgadas y dos minigun de 7,62 mm modelo M134. Además de esto, pueden llevar ametralladoras calibre .50, lanzagranadas automáticos de 40 mm, misiles Hellfire y misiles aire-aire Stinger.
    También permiten el montaje de una mira óptica estabilizada en el parabrisas, para utilizar las armas de a bordo. Existen opciones para el uso de diversas miras ópticas en un sensor instalado en un mástil sobre el rotor principal, un rastreador de blancos, telémetro láser, sistema de visión térmica, piloto automático, etc. Ambas versiones tienen un alcance sin repostaje es de 250 millas náuticas, y poseen el mismo motor Allison T-63 de 252 shp.
  • AH/MH-6M: se lo conoce también como MELB (Mission Enhanced Little Bird o Little Bird de Misión Mejorada). Es una versión muy modificada del helicóptero comercial MD 530.
  • EH-6B/E: versiones de guerra electrónica que también pueden servir como puesto de mando.
  • MH-6B: la versión de transporte y usos varios, puede llevar hasta 6 personas en misiones especiales, en donde la rápida inserción y extracción es vital. Para esto a veces los pasajeros vuelan sentados mirando hacia afuera, asegurados con arneses pero casi fuera del helicóptero. Además de permitir una rápida salida, esto permite que los ocupantes puedan usar sus armas personales para asegurar su lugar de llegada desde el aire. Puede llevar ametralladoras y cohetes para apoyo.
  • MH-6E: Helicóptero de ataque mejorado, usado por unidades de Fuerzas Especiales del Ejército de los Estados Unidos, además de helicóptero de transporte y ataque furtivo para unidades de los Boinas Verdes.
  • H-6H: versión para unidades de Operaciones especiales.

Estos aparatos han servido en muchas batallas o guerras poco conocidas, justamente porque están planteados para operaciones de baja intensidad y golpes comando (aunque a veces se los utiliza en guerras abiertas). Así, por ejemplo, los primeros ejemplares de estos aparatos casi se usaron para ayudar a rescatar a los rehenes de la embajada estadounidense en Irán, en 1980 (la operación fue cancelada). Se los utilizó en la invasión de Granada (aunque las autoridades militares de EEUU lo negaron, hay videos que lo documentan) y en la invasión de Panamá. En Nicaragua se los voló sin insignias por pilotos de la CIA que vestían de civil, suministrando apoyo a los contras. También estuvieron en la invasión de Irak de 2003, pero donde más cobertura tuvieron fue en la célebre batalla de Mogadiscio, en Somalia, reflejada en la pantalla por la película Black Hawk Down. En esta batalla el AH-6 demostró todo lo que podía hacer, transportando personal herido de manera rápida y ágil, mientras también era capaz de dar apoyo a tierra usando ametralladoras, minigun y fuego de cohetes.

Una familia con una historia vertiginosa

Como puede verse, el AH-6 no es un solo modelo, sino que, al igual que el MD 500 y el OH-6 básico, generó toda una familia de variantes y propuestas.

Sin embargo, las variantes del AH-6 no terminan en las ya comentadas. Aprovechando su escaso costo, su versatilidad y capacidades de transporte, se decidió comenzar a incorporarle nuevas posibilidades de uso, algunas nunca antes experimentadas.

Dos AH-6J despegan para comenzar una misión al sur de Irak, durante la operación Iraqi Freedom. (Foto del SSGT SHANE CUOMO, USAF)

En septiembre de 2004 Boeing realizó el primer vuelo del ULB (Unmaned Little Bird, Little Bird sin piloto). Este era un prototipo basado en un modelo MD530 civil, como emprendimiento de la empresa sin ningún requerimiento militar. En él comenzaron a probarse tecnologías de vuelo autónomo, para que pudiera manejarse como un dron. En octubre se realizó el primer vuelo autónomo, en el que solo estaba presente un piloto para el caso de que se presentara una emergencia.

Poco menos de dos años después, el abril de 2006, ya surgió nuevamente la aplicación militar para esas capacidades. Se configuró un helicóptero de ataque AH-64 Apache para controlar remotamente algunos sistemas del ULB, en este caso los sistemas de armas. De esta manera, alguien sentado en el asiento del copiloto del Apache (que estaba en el suelo, sin haber despegado) pudo disparar varios misiles Hellfire desde el ULB que estaba volando a varios kilómetros de distancia. Estas pruebas estaban enmarcadas dentro del programa AMUST-D (Airborne Manned/Unmanned System Technology Demonstration; Demostración de Tecnología de Sistemas Aéreos Tripulados/No tripulados).

A pesar del enorme adelanto, no todo quedó allí. En junio del mismo año, este ULB voló en el Campo de Pruebas de Yuma, del US Army, utilizando una secuencia pre-programada de 20 minutos que incluía tareas de reconocimiento, vigilancia e inteligencia a lo largo de la base. Fue la culminación de muchos vuelos en los que siempre había un piloto humano a bordo, para el caso de que los sistemas no funcionaran, o en el que el helicóptero se volaba directamente por control remoto.

Toda esta experiencia hizo que Boeing se dispusiera a incorporarla a un vehículo militar que entrara en servicio, ya que el ULB era solo un demostrador de tecnología. Es así como nació la familia del A/MH-6.

El A/MH-6X fue la primera iteración. Hizo su vuelo de bautismo el 20 de septiembre de 2006 con un piloto a bordo. Este vehículo tenía una capacidad de carga 500 kilos mayor que la del ULB. Una de sus características más llamativas es que tiene un sistema de mando híbrido: puede ser tripulado por un piloto o por control remoto. Por otra parte, tiene una cabina rediseñada, con muchas mejoras de electrónica y sistemas de aviónica. El A/MH-6X es, sin embargo, muy similar al
A/MH-6M, utilizado por las fuerzas especiales del US Army.

Esto deja ver rápidamente las intenciones de Boeing, que como ya se dijo proveyó los recursos para el programa sin que hubiera un pedido militar. La idea es crear una nave similar a las ya existentes (y por lo tanto más barata: su costo aproximado sería de 2 millones de dólares) pero más potente, para ofrecerla internacionalmente y dentro de EEUU para realizar tareas de seguridad, reconocimiento e inteligencia. La modularidad del sistema de vuelo autónomo hace que pueda ser instalado en cualquier otro aparato, incluyendo el AH-64 Apache.

Las pruebas y desarrollos continuaron, hasta que en 2010 un ULB realizó un vuelo completamente autónomo (sin ningún tipo de piloto), incluso esquivando obstáculos a través de un sistema especial.

Irónicamente, para esos años el AH-6 era tan versátil que volvió a ser presentado para un programa del US Army que buscaba un nuevo helicóptero de reconocimiento… para reemplazar al OH-58 Kiowa, el mismo helicóptero que reemplazó a su modelo anterior, el OH-6 Cayuse. Esta versión, llamada AH-6S Phoenix, incluía algunos cambios en el fuselaje, alargándolo y haciéndolo un poco más aerodinámico, además de rotores más fuertes y motores más potentes. Sin embargo, la cancelación del programa impidió que se desarrollara más.

De todas maneras, lo aprendido hizo que se creara la versión AH-6i, una variante de exportación del AH-6S. Esta es, hasta ahora, la única versión del AH-6 que entró en servicio fuera de EEUU, que como ya lo dijimos sigue usando los Little Birds para operaciones de fuerzas especiales. Luego de un primer vuelo en septiembre de 2009, Jordania ordenó una cantidad no especificada. El mismo año de 2010, Arabia Saudita pidió 36 de estos aparatos.

Avances futuros

Lo que demostraron todos estos años, además de la enorme versatilidad del diseño, es que las nuevas tecnologías asociadas a la automatización del vuelo está abriendo una nueva frontera en el campo de batalla, en la que los humanos tal vez no tengan que manejar ciertos tipos de vehículos.

El AH-6, gracias a Boeing, es la punta de lanza de muchas de estas tecnologías y desarrollos.

Un ejemplo de esto se dio en 2011, cuando un H-6U realizó varios aterrizajes autónomos (es decir, sin piloto) en la caja de un camión en movimiento, como parte de un programa en el que participaron también las empresas Thales y DCNS. Se trataba de pruebas preliminares, antes de practicar aterrizajes en fragatas francesas en 2012.

Hacia finales de 2012 Boeing demostró las capacidades de vuelo autónomo del ULB al Ejército de Corea del Sur, haciendo que un aparato volara durante 25 minutos sin piloto. La idea, al igual que en EEUU, era demostrar cómo este sistema podía ser integrado en toda la familia del MD500.

Sin embargo, el concepto se siguió especializando para adaptarse a situaciones más específicas. El US Marine Corps comenzó un programa para evaluar helicópteros no tripulados que pudieran abastecer cabezas de playa sin arriesgar a pilotos humanos. En septiembre de 2013, Boeing (como subcontratista de otra empresa) ofreció el H-6U para esta competencia, enfrentado al K-MAX de la empresa Kaman.

Ambos vehículos fueron probados a partir de febrero de 2014 en la base de los marines en Quantico. Durante estas pruebas los “pilotos” pudieron hacer aterrizar ambos vehículos de manera autónoma, usando una tablet especialmente diseñada. Con este dispositivo y los sistemas de detección de obstáculos del vehículo, este puede ser controlado de manera de aterrizar incluso en lugares no preparados para tal fin.

El sistema probado por Boeing en el U-6H puede ser integrado en otros aparatos utilizados por los marines, como el V-22 Osprey o el CH-53E Super Stallion. La idea es que estos aparatos le quiten preocupación a las tropas encargadas de los suministros, que podrían hacer aterrizar fácilmente a los aparatos de transporte o de evacuación sanitaria, además de, por ejemplo, enviarlos de regreso según rutas preprogramadas, evitando tener que preocuparse por su regreso al buque del que partieron.

Helicópteros de observación y ataque OH-6A Cayuse y 500MD Defender

En 1960 el Departamento de Defensa de EEUU estableció los requerimientos para un nuevo helicóptero liviano de observación (conocido como LOH por sus siglas en inglés). La Especificación Técnica 153 pedía un aparato capaz de funcionar como transporte de personal, escolta y helicóptero de ataque, además de poder evacuar heridos y observar el campo de batalla.

La solicitud era una enorme oportunidad para cualquier empresa debido al volumen de vehículos que se construirían. No es de extrañar entonces que doce compañías aeronáuticas se lanzaron a competir, enviando un total de 22 modelos. Bell y Hiller ganaron los puestos como finalistas, pero curiosamente el US Army incluyó al modelo de la Hughes (el Modelo 369, apodado el “huevo volador” a causa de su apariencia) en la competencia final.

Una buena razón para esto era que el modelo de la Hughes era bastante más barato que sus competidores, lo cual atrajo obviamente la atención de sus posibles compradores. En mayo de 1961 se les pidió a las tres empresas que construyeran 5 prototipos para poder compararlos en condiciones de campo.

El prototipo de la Hughes, primero conocido como YHO-6, cambió su nombre a YOH-6 con la llegada de una nueva forma de codificar los nombres para las tres fuerzas armadas (esto fue en 1962). El YHO-6 voló por primera vez el 27 de febrero del año siguiente, y los cinco prototipos fueron entregados a las autoridades para su evaluación en Fort Rucker en los siguientes ocho meses. Hasta mayo de 1965, el futuro Cayuse fue comparado con el YOH-4 de la Bell y el YOH-5 de la Hiller. En ese mes se nombró como ganador al OH-6.

Si bien hay que decir que la principal causa de la elección del Cayuse fue su muy bajo precio (comparado con sus competidores), no hay que desmerecer sus cualidades generales. Como veremos más adelante, este aparato resultó ser muy capaz de realizar todo lo que se le pedía; pero el US Army no iba a gastar dinero de más si sus competidores eran iguales o apenas mejores.

De hecho, el costo del Cayuse era tan bajo (29.415 dólares de la época por el fuselaje sin motores, aviónica ni instrumentos) que la Hiller no dudó en presentar una queja formal ante el Departamento de Defensa, acusando a Hughes de realizar maniobras poco éticas para bajar los costos del aparato con el objetivo de ganar el concurso a toda costa. Esta queja no prosperó, dejando libre el camino para que el OH-6 fuese declarado ganador definitivo del concurso.

Aunque la denominación oficial del OH-6 es Cayuse, rápidamente se lo conoció por el nombre de Loach. En este artículo se utilizarán ambos nombres, pero es necesario aclarar este punto para evitar confusiones posteriores. Como podrá verse más adelante, la gran variedad de diseños y otras cuestiones han hecho que las denominaciones y nombre del OH-6 y sus derivados sean algo confusas.

El Cayuse por dentro y por fuera

El OH-6 tiene un diseño particular muy ingenioso, lo que permitió que más adelante pudiera modernizarselo mucho más y continuar desarrollando sus características importantes.

El fuselaje, hecho a base de aleaciones ligeras, es muy robusto, pudiendo soportar choques muy grandes y bastante daño. Incluso en aterrizajes de emergencia, los tripulantes tienen grandes posibilidades de sobrevivir y salir ilesos o con pocas heridas.

Sin embargo este fuselaje es también su mayor talón de Aquiles. Si bien su pequeño tamaño lo hizo ligero y difícil de acertar, además de ágil y con poca resistencia aerodinámica, redujo sensiblemente su versatilidad. Con un volumen interno tan pequeño, no cabían muchas armas, tripulación adicional, pasajeros o equipo de ninguna clase. Sin embargo, lo curioso es que el Cayuse ganó cumpliendo con todo lo pedido en la Especificación Técnica 153; aparentemente el volumen interno del aparato solicitado no estaba especificado, de manera que fue una jugada válida de la empresa. Sin embargo, a poco de aprobarse la construcción del Cayuse, el concurso para conseguir un helicóptero liviano de observación (LOH) fue reabierto por el US Army, quien seleccionó a un sucesor del antiguo competidor del OH-6, el YOH-4A de la Bell. Este aparato, mejorado y con antecedentes civiles, pasó a servir en el US Army como el H-58 Kiowa (retirado del servicio recién en 2017). Este aparato daba mucho de lo que el Cayuse ya tenía, pero le agregaba una mayor capacidad interna de carga.

El Cayuse básico, aunque muchas veces reformado en Vietnam, no cambió su denominación oficial al tratarse de mejoras hechas en el campo de batalla.

El Cayuse estaba propulsado por un motor de turbina Allison 250, que resultaba muy liviano y compacto. Su potencia fue rebajada de los 400 a los 282 shp, para de esta manera aumentar su vida útil y determinados aspectos de seguridad. El rotor articulado tiene cuatro palas de diseño compuesto, consistentes en dos partes de aleaciones soldadas para conformar el perfil aerodinámico necesario.

La aviónica incluía transmisores VHF y UHF, además de otros aparatos. Aunque su pequeño tamaño puede pensar que no, fue equipado con todo tipo de armas, desde ametralladoras hasta miniguns y lanzagranadas.

El OH-6 estableció, además, 23 récords entre marzo y abril de 1966, entre ellos volar 3.561 km en línea recta o 2.800 en un circuito cerrado. También logró alcanzar 227.7 km/h sobre los 2.000 km de un circuito cerrado, volando a 8.600 metros en vuelo recto.

En servicio en Vietnam

Apenas fue elegido como ganador, en 1965, el US Army pidió 714 unidades del OH-6A; este número subió con el tiempo a un total de 1434, casi duplicándose, al ver la gran utilidad que esta máquina podía darle a la fuerza. En 1970 terminó la producción en serie de este aparato, entregándose el último aparato en agosto de ese año. El helicóptero era tan sencillo de fabricar que en el primer mes se logró construir un máximo de 70 vehículos.

La conocidísima forma de huevo del OH-6A fue una visión común en Vietnam, en donde fue uno de los principales caballos de batalla del US Army. La puerta izquierda trasera solía desmontarse, como en esta foto, para colocar una minigun de 7,62 mm.

En todos estos años hubo pequeñas modificaciones al diseño, particularmente en la segunda y tercera tanda de producción (los construidos entre 1967 y 1968-70, respectivamente). Sin embargo todos los aparatos fueron denominados OH-6A ya que ninguna de estas modificaciones era lo suficientemente importante como para ameritar un cambio de nombre.

Capaz de soportar buenos golpes para una aeronave de su tamaño, y siendo muy confiable y fácil de mantener y operar, probó ser extremadamente útil en Vietnam. En este conflicto voló más de 2 millones de horas de combate en todo tipo de roles, desde escolta armada hasta reconocimiento fotográfico y ajuste aéreo de artillería.

Terminada la guerra, el Cayuse fue lentamente reemplazado por el OH-58 Kiowa, un aparato que fue diseñado específicamente para cumplir las labores que el Cayuse no podía debido a su limitado tamaño. Desplazado de la primera línea, comenzó a servir en unidades de la reserva. Un detalle que habla muy bien del diseño es que, además de los que sobrevivieron intactos Vietnam, unas 420 máquinas dañadas (casi un tercio de la producción total) pudieron ser recuperadas y vueltas a poner en condiciones de vuelo. Para 1984 había unos 350 Cayuse en servicio en la Guardia Nacional del Ejército, unidades que se planeaba tener en funcionamiento incluso hacia principios del siglo XXI.

Equipos Rosa

Como ya se dijo, uno de los cometidos principales para los que fue diseñado el Cayuse era la observación y exploración en el campo de batalla. Esto suele significar algo más de lo que parece: requiere volar bajo y recto, atrayendo el fuego del enemigo para poder señalizar el blanco para otras aeronaves. Esta misión parece dura para un aparato tan pequeño y aparentemente frágil, pero que, justamente por su tamaño, rapidez y dureza, el OH-6 demostró ser perfecto.

Uno de los primeros experimentos tendientes a darle al Cayuse un buen poder de fuego. Esta modificación hecha en Vietnam adjuntaba un lanzagranadas a cada lado del fuselaje.

En Vietnam, el procedimiento era el siguiente: un Cayuse volaba bajo, atrayendo el fuego de la guerrilla, mientras que podía señalar con bengalas de humo rojas las posiciones enemigas. En ese momento entraban en acción un grupo de UH-1 artillados. Sin embargo, estos transportes convertidos en cañoneros era pesados, lentos y demasiado grandes para una tarea en la cual la velocidad y la dificultad de ser atinados era vital. Por eso, hacia septiembre de 1967, cuando comenzaron a llegar los primeros AH-1 Cobra, fueron rápidamente reemplazados en estas misiones de patrulla.

Organizados en “Equipos Blancos”, los Cayuse levantaban vuelo temprano por la mañana y volaban apenas por sobre las copas de los árboles. Esto les permitía descubrir a las tropas enemigas, y también permitía que los comunistas los vieran e inmediatamente trataran de dispararles. Derribar un helicóptero enemigo era, después de todo, una buena victoria.

Pero el pequeño aparato de observación no era tan vulnerable como parecía. A pesar de su escaso tamaño, había suficiente lugar para colocarle armas. Por lo general, un miembro de la tripulación estaba armado con una M60, y disparaba hacia atrás sujetado de un arnés especial, a veces con medio cuerpo fuera del aparato: sin lugar a dudas un trabajo emocionante. La M60 permitía cubrir la retaguardia del aparato, pero no era la única arma ofensiva/defensiva del arsenal. A muchos OH-6A se le solía desmontar directamente la puerta trasera izquierda para agregarle una minigun de 7,62 mm, que era accionada por el piloto.

Divisado el enemigo, el Cayuse comenzaba a defenderse con estas armas, mientras se aproximaba lo suficiente como para lanzar las granadas de humo rojo. Muy por encima de ellos, uno o dos Cobra volaban en círculos, formando lo que se conocía como “Equipo Rojo”. Cuando veían el humo rojo bajaban en picada y comenzaban a disparar sobre la zona con sus cañones o cohetes de 70 mm.

La combinación de estos Equipos Blancos de observación y Equipos Rojos de ataque daban lo que en Vietnam se dio a conocer como “Equipos Rosa“.

El resurgir: 500-MD Defender

Generalmente, cuando un vehículo militar es retirado de servicio, puede desaparecer rápidamente de los inventarios (y a veces, de la historia), o languidecer en almacenamiento, unidades de reserva y países sin conflictos hasta que solo quedan unos pocos que van a un museo. En el caso del Loach, su versatilidad le permitió optar por una tercera vía: la de la reconversión.

Una imponente visión de un aparato extremadamente ágil y potente. El Cayuse, un casi tímido aparato de transporte ligero, logró convertirse en el preferido para fuerzas especiales y apoyo a tierra.

Teniendo un aparato perfecto para muchos fines civiles, la empresa constructora continuó desarrollando y ensamblando el Cayuse bajo la denominación 500D. Sin embargo, en 1975 apareció el modelo 500MD, que se ofreció al mercado como una versión militarizada del modelo convencional, y se vendió así a numerosas naciones (ver más abajo).

Siendo una evolución directa del Cayuse, el modelo Defender, como se lo denominó, tenía un motor Allison 250-C20B de 411 shp, transmisión mejorada, un rotor de cinco palas (más lento y más silencioso), una cola en T rediseñada totalmente y fuselaje y patines reforzados (estos cambios lo tenían tanto las versiones civiles como militares ya que forman parte de lo necesario para aceptar un motor más potente y más velocidad). Para rizar más el rizo, las versiones militares tenían tanques de combustible autosellantes, más blindaje para la tripulación y áreas vitales del aparato; podía montársele además diversos tipos de armas y sensores tanto pasivos como activos. Y, una de los avances más interesantes para las misiones futuras, el sistema de reducción de firma infrarroja Black Hole (Agujero Negro), desarrollado por Hughes. Este sistema, montado sobre los escapes del motor, redirige los gases calientes producidos por la combustión a través de dos ductos pequeños, montado uno a cada lado del fuselaje. Esto permite que los gases se enfríen, dispersándolos luego sin correr el riesgo de que sean enganchados fácilmente por los sensores de los misiles antiaéreos guiados por el calor.

Además de los pedidos civiles, diversas naciones pidieron versiones militares o civiles, que a veces eran adaptadas para usos no de combate. El Defender tuvo un gran éxito de ventas y demostró que el aparato estaba listo para alcanzar un nuevo nivel de eficacia.

La producción exportación incluyó el 500E, que posee una cabina alargada y rediseñada además de otras mejoras. También está el modelo 530F, con un motor más potente Allison 250-C30 para operaciones a gran altitud. Las variantes militares de estas versiones fueron introducidas en 1984.

Todo esto hizo que hacia comienzos de la década de 1980 entrara en servicio una nueva familia de modelos, con el nombre de AH-6, que se harían famosos en numerosas operaciones de fuerzas especiales en todo el mundo. Esta nueva familia es tan numerosa y ha generado tantos desarrollos que, por tratarse de otro modelo con diferente denominación y misión general, será reseñada en su artículo correspondiente.

Un universo de versiones y variantes

Si ya el modelo básico en Vietnam acumuló todo tipo de modificaciones no oficiales, la versatilidad del Loach quedó de manifiesto cuando la empresa fabricante, a veces con el el beneplácito del US Army, a veces por su cuenta, comenzó a crear todo tipo de variantes y versiones dispuestas a cubrir las misiones más dispares. Esto hace que existan una lista difícil de recopilar de versiones, variantes, prototipos y modelos, a veces muy poco conocidos, a veces ideados pero no producidos, etc. Repasemos algunos de ellos, cronológicamente.

El antiguo Cayuse fue siempre un aparato versátil y la empresa constructora lo ha utilizado para probar diferentes tipos de ideas durante los años. Vale la pena reseñar un poco estos prototipos, algunos de los cuales fueron muy importantes para los siguientes modelos comerciales:

  • además de los cinco prototipos construidos para el US Army, con el objetivo de ganar el programa, Hughes construyó cuatro más para desarrollar conceptos propios. Uno de ellos se convirtió en el Modelo 500, cuya estirpe continúa volando. Esto fue en 1967. El siguiente modelo 500C incorporaba una turbina de 405 shp Allison 250-C20.
  • un OH-6A fue modificado bajo un programa del ARPA para reducir los niveles de ruido. Se lo apodó The Quiet One (El Silencioso). Tenía un rotor principal de cinco palas, uno antitorque de 4 palas, silenciador en los escapes y diferentes sistemas de silenciador en las tomas de aire. El nuevo rotor tenía solamente el 67% de las rpm del anterior, permitiendo llevar 270 kg más de carga a una velocidad máxima de 278 km/h.
  • otro OH-6A experimental, con la misma turbina Allison 250-C20, logró una velocidad de 322 km/h en una prueba de velocidad en la base aérea Edwards.
  • un Cayuse de la primera tanda de producción, código 65-12951, fue designado no-oficialmente como OH-6C cuando fue utilizado para experimentar una variedad de mejoras. Se utilizó un motor Allison 250-C20, un rotor de 5 palas, cola modificada en T (pero sin las pequeñas aletas laterales de las versiones posteriores) y diversas cuestiones menores. Aunque no se utilizaron para mejorar los Cayuse en servicio, la empresa usó todo este conocimiento en la serie 500, que hizo resurgir más adelante el diseño.

Las constantes mejoras en el diseño dieron lugar a numerosas subvariantes, las cuales a veces son difíciles de recordar ya que las fuentes mencionan diversas nomenclaturas (que a veces no son oficiales). De ahí que no sea raro que el lector pueda encontrar alguna confusión o nombre diferente para las versiones aquí listadas.

Para simplificar, podemos resumir las principales variantes militares en el siguiente cuadro.

Variantes militares principales
OH-6A/CayuseDesarrollado por la Hughes Aircraft company (que luego fue la McDonnell Douglas Helicopter Company) a mediados de los 60s para el US Army. Lo distinguen su motor de 253 shp Allison T63-A-5A, rotor principal de cuatro palas y una cola en V.
Hughes 500MVersión militar de exportación del OH-6A a mediados de los 70s. Todavía tiene una cola en V pero ahora su motor es un Allison 250-C18 de 278 shp. Tiene una cabina más grande para más comodidad de los pilotos. Tiene un rotor principal de cinco palas y mayor estabilidad gracias también al rediseño de todo el sistema.
MD-500MD/Scout y TOW DefenderVersión militar mejorada del modelo 500. Tiene un rotor principal de cinco palas, un Allison 250-C20B de 375 shp y es muy distinguible por su cola en T. Como su nombre lo indica, el TOW Defender puede llevar hasta 4 misiles TOW puestos de a pares en cada costado.
MD-500E/MD-500MG/Defender IIEsta versión tiene una nariz más alargada y un rotor opcional de 4 palas para reducir la firma acústica. Esto, además de la posibilidad de llevar una mira montada sobre el eje del rotor, lo distingue particularmente.
OH-6A/MD-530F Super Cayuse/LifterPosee un motor de 425 shp Allison 250-C30. Hacia 1988 el US Army comienza a operarlo.
MD-530MG/DefenderAgrupa mejoras y modificaciones de todas las variantes previas, estando configurado para tener una mira montada sobre el rotor principal.
AH/MH-6JLa versión derivada del MD-530MG utilizada por los grupos de Fuerzas Especiales del US Army.
TH-6BEs un derivado del MD-369H, utilizado por la US Navy como parte de su programa de entrenamiento de pilotos de prueba. La US Navy posee 6 de estos aparatos, que vuelan un promedio de 150 horas por año, y son utilizados para probar técnicas de vuelo y diversos aparatos, además de entrenamiento de tripulaciones.

Variantes extranjeras

El OH-6A fue exportado a varios países, entre ellos Brasil (tanto para la Fuerza Aérea como para la Armada) y las Fuerzas de Autodefensa Japonesas, que compraron 29.

Un Defender de la Fuerza Aérea Mexicana en vuelo bajo. Estos aparatos rápidos y sencillos de mantener operan en al menos 22 países.

El 500MC fue una versión militar de exportación del modelo 500C, con diversas mejoras, como un rotor más potente, con una transmisión mayor que le permitía soportar más potencia; un rotor de cola totalmente metálico y una capacidad máxima de combustible de 242 litros. Se cambió además la configuración de las ventanas laterales y se dispuso de patines de aterrizaje más altos. Otro cambio en el diseño fue que la nariz de la cabina se alargó, abandonando su forma totalmente redonda, para darle más espacio a las piernas de los pilotos, de manera que pudieran estirarlas totalmente.

La versión 500M (en sus diversas subvariantes) es operada por al menos 22 países. Integran la lista Argentina, Bahrain, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Dinamarca, El Salvador, España, Filipinas, Honduras, Indonesia, México, Irak, Israel, Italia, Jordania, Kenia, las dos Coreas, República Dominicana, Taiwan y los Estados Unidos.

La inclusión de dos países como Irak y Corea del Norte no es errónea. En el primer caso se trata de ejemplares vendidos probablemente en la época de su guerra con Irán, posiblemente de versiones civiles utilizadas por los militares. El segundo caso es más particular. Aparentemente fueron comprados unos 60 modelos Defender durante la década de 1980, a través de vendedores estadounidenses. Las fuentes no aclaran si son modelos militares o si son del tipo civil que luego puedan haberse reconvertido. Lo cierto es que Corea del Sur también tiene los suyos: entre 1976 y 1984 empresas de este país construyeron bajo licencia unos 200 Defender, estando unos 50 equipados con misiles antitanque TOW.

Un Cayuse aparentemente noruego. Obsérvese la diferente configuración de la V de la cola, con la aleta lateral más larga y en un ángulo más abierto que versiones anteriores.

Una de los mayores pedidos que tuvo Hughes para el extranjero fueron los 29 aparatos que pidió Japón; eran del modelo 369HM y fueron construidos bajo licencia por Kawasaki. Fueron entregados al Ejército Japonés en enero de 1972. Estos OH-6J son prácticamente idénticos al modelo estadounidense, excepto que su performance es diferente ya que posee un motor Mitsubishi-Allison 250-C18A de 318 shp.

Otro país que construyó sus propios Cayuse fue Italia. Desde 1969 la empresa Breda-Nardi posee la licencia para construir y fabricar los modelos 300 y 500. Además de haber construido modelos civiles para diversos usos, esta empresa construyó los NH-500M para la agencia de aduanas italiana. Estos Loach son iguales a los estadounidenses.

El modelo militar se ofrece de exportación con rotores de 4 o 5 palas, dependiendo del modelo, además de una plataforma de armas en la parte trasera. El modelo comercial de transporte permite llevar cinco pasajeros con comodidad, y sigue siendo usado por los militares, ya que es muy flexible en su uso. Además, se lo utiliza en apoyo aéreo directo, antitanque (equipado, como se lo ve en algunas fotos, con misiles montados en el exterior), reconocimiento, observación y otros usos.

Una cuestión curiosa con respecto a la comercialización del Cayuse es que el diseño ha cambiado de dueño varias veces. La Hughes, su empresa diseñadora y constructora original, fue comprada por McDonnel Douglas en 1984, la cual luego se fusionó con la firma Boeing en 1997. Sin embargo, el 12 de febrero de 1998 Boeing anunció que deseaba vender la parte de su empresa que fabricaba helicópteros comerciales. Esto dio lugar a diversas conversaciones, llegándose finalmente a que, un año más tarde, una subsidiaria indirecta de Boeing, la McDonnell Douglas Helicopter Co. y MD Helicopters Holding, Inc. (subsidiaria de una empresa europea) compraran las líneas de ensamblaje de diversos modelos derivados del Cayuse. De todas maneras, los modelos actuales de este vehículo se comercializan con el nombre Boeing.

Sin embargo, sea fabricado por quien sea, es evidente que este antiguo veterano de Vietnam, perpetuado ahora en numerosos diseños contemporáneos, continuará volando en todo tipo de misiones por mucho, mucho tiempo, debido a su bajo costo, su sencillez y su gran capacidad para todo tipo de misiones.

Los primeros Cayuse sirviendo en Vietnam. Obsérvese el rotor no protegido en la parte delantera, el poco espacio interior detrás de los pilotos, y la insignia del US Army en la parte interna de la cola en V.

Especificaciones técnicas (*)modelos 500-MD
Palas del rotor principal4 o 5, dependiendo del modelo
Palas del rotor de cola2 o 4, dependiendo del modelo
Diámetro del rotor principal8 metros (500); 8,3 metros (530)
Diámetro del rotor de cola1,4 metros
Largo (con los rotores girando)9,4 metros (500); 9,8 metros (530)
Largo del fuselaje7,6 metros (500); 7,3 metros (530)
Altura2,6 metros (500); 3,4 m (530 con miras montadas en mástil sobre el rotor)
Ancho1,9 metros
Tamaño del compartimiento
de carga
largo del piso 2,4 metros
ancho 1,3 metros
alto 1,5 metros
Peso máximo de despegue1.361 kg (500); 1.610 kg (530)
Peso de despegue normal1.090 kg
Peso vacío896 kg
Combustibleinterno 240 litros, interno auxiliar 80 litros
Velocidad máxima241 km/h (500); 282 km/h (530)
Velocidad de crucero221 km/h (500); 250 km/h (530)
Alcance normal estimado485 km (500); km 430 (530)
Techo de servicio4,635 m (500); 4,875 m (530)
Tasa de trepada vertical8,4 m/s (500); 10,5 m/s (530)
Carga externapuede llevar hasta 550 kg, lo cual incluye:el transporte de 2 o 3 soldados o carga interna, o 6 soldados en plataformas externas en lugar de armas.El armamento posible incluye (siempre de a pares):
– contenedores con dos cañones del tipo Gatling M134 de 6 tubos, calibre 7.62 mm;
-lanzadores de cohetes sin guía M260 de 2.75 pulgadas (pueden llevar 7 o 12 unidades);
– contenedores de ametralladoras calibre .50;
– lanzagranadas calibre 40 mm M75 o MK19;
– contenedores lanzadores de misiles antitanque TOW (con dos misiles por contenedor);
– misiles antitanque Hellfire;
– misiles antiaéreos Stinger

(*) Estas especificaciones técnicas son generales a muchas variantes del Cayuse, pero no a todas. Donde se las marque, las especificaciones de determinados modelos se anotarán entre paréntesis (se listan principalmente las características de los modelos 500 y 530 ya que son de los más utilizados y extendidos).

Es posible que existan algunas diferencias, más o menos grandes, entre alguna de estas especificaciones y otros de los modelos de este aparato, ya que existen muchas variantes de todo tipo.

Sin duda algunas, el Cayuse y sus derivados son uno de los aparatos militares que más ha evolucionado durante las últimas décadas del Siglo XX. De humilde señalador de blancos ha pasado a ser un aparato netamente ofensivo, teniendo sensores (como en el este caso, montados sobre el rotor principal) y armas de todo tipo a su disposición, además de la posibilidad de llevar tropas especiales.

Bombardero estratégico supersónico XB-70 Valkyrie

El Valkyrie fue uno de los aviones más grandes de la historia. No solamente por su tamaño, sino también por su avanzadísima concepción tecnológica, que planteó retos enormes a diseñadores, constructores y todos los demás involucrados con este proyecto. No por nada los soviéticos invirtieron mucho en lograr cazas que pudieran interceptarlo (el MiG-25 Foxbat) y hasta emular algunas de sus capacidades (el bombardero S-100, que tampoco llegó a la línea de producción).

El desarrollo de este aparato comenzó casi 10 años antes de sus primeros vuelos, lo que marca la importancia de sus objetivos. A dos años de terminada la Guerra de Corea, en donde se dieron los primeros duelos de cazas a reacción, ya se estaba pensando en un bombardero de enormes prestaciones.

En 1954, el líder del Mando Aéreo Estratégico de la USAF, el famoso general Curtis E. LeMay, comenzó a presionar hacia la consecución de un nuevo bombardero estratégico. Para él, el B-52 era demasiado grande, lento y pesado, y el B-58 Hustler, aunque supersónico, no lograba lo que él buscaba. En esos momentos se quería construir verdaderos ingenios espaciales que dieran como resultado aparatos imposibles de abatir.

El dinero, además, parecía sobrar, y era así como el Mando Aéreo Estratégico comenzó a explorar tres ideas básicas pero colosales, dos de las cuales eran imposibles para la época.

El sistema de armas 107A quería ser un ICBM, cosa que en ese momento resultó ser imposible pero que luego se logró. También estaba el programa WS-110A, que pensaba a un bombardero de propulsión química que combinase alcance intercontinental con velocidad supersónica, y que terminó derivando en el XB-70 Valkyrie. Finalmente, el WS-125A era la idea más loca, pero tal vez más representativa de la época: este avión debía ser un bombardero de propulsión nuclear capaz de volar ininterrumpidamente durante semanas o meses.

El 11 de noviembre de 1955, de seis empresas que se presentaron, dos fueron las ganadoras: Boeing y North American Aviation.

Fue en ese año cuando se comenzaron los estudios para desarrollar el Valkyrie, que luego se pensó como el reemplazo del B-52. Fina ironía de la Historia, el primero es olvidado a pesar de sus logros, mientras que el segundo es utilizado, todavía hoy (más de medio siglo después de sus primeros vuelos) en misiones de gran importancia, sin que tenga un sustituto firme.

En esa época, se pensaba que los aviones rápidos que volaran alto podrían ser excelentes bombarderos, y así se había pensado ya en el B-58 Hustler. Así, la USAF buscó algo todavía más grande. Por tres años, Boeing y North American Aviation lucharon por llamar la atención de los aviadores, y finalmente, en 1958, el diseño de NAA fue elegido. No era para menos esta espera de 3 años, ya que la USAF estaba buscando un avión capaz de alcanzar Mach 3, volar muy alto por muchos kilómetros y además llevar una considerable cantidad de bombas atómicas y convencionales.

Los detractores

Sin embargo, la idea sobre la que se basaba el proyecto era muy discutida ya en su época. Los avances logrados, por ejemplo, con los programas X de aviones experimentales de la NASA (como el X-15, que logró alcanzar Mach 5), hicieron que el vuelo transónico fuera posible. Pero eso no significaba que el avión fuera invulnerable.

Similar a un misil tripulado, el XB-70 Valkyrie representó un enorme hito en el desarrollo de aparatos supersónicos. Fue demasiado adelantado para su fecha y nunca pasó de la etapa de prototipo, demostrando siempre que era una nave excelente.

Había muchas dudas en EEUU sobre el constante avance tecnológico de los misiles antiaéreos soviéticos: el derribo del U-2 de Gary Powers en 1962 no hizo más que confirmar esa idea, a pesar de que se quisiera excusar el asunto con la absurda idea de una bomba o un sabotaje. Muchos analistas sencillamente pensaban que era una pérdida de tiempo y dinero crear un aparato tan poderoso, que igualmente iba a ser hecho pedazos por uno o dos misiles. Al XB-70 nunca le faltaron detractores.

La impresión generalizada era que el XB-70 era un “elefante blanco”: un aparato precioso pero igualmente muy caro, que no servía para nada en la era de los misiles, tanto intercontinentales como antiaéreos. Estas armas eran vistas como la panacea, hasta el punto de que muchos aviones se diseñaron sin cañones. No era solamente una idea propia de EEUU: en Inglaterra también se pensaba así, lo que llevó a la cancelación de su TSR.2. Muchos pensaban que la edad de los aviones debía dejar paso a la edad de los misiles, mucho más poderosos y baratos en todo sentido, y que no arriesgaban pilotos.

El diseño

Los diseñadores de la NAA sabían muy bien que los aviones supersónicos padecen mucha mayor resistencia que los subsónicos, de manera que para obtener un gran alcance para el Valkyrie se necesitaban soluciones radicales. NAA tomó como punto de partida un enorme bombardero con alas canard, concebido para volar a Mach 2,3. En los bordes marginales del ala agregaron uno de los puntos más curiosos del XB-70. Se trataba de unas secciones externas articuladas que incorporaban enormes contenedores de carburante, cada uno tan grande como un B-47. Cerca del objetivo, esas secciones externas debían desprenderse y el avión podría realizar su pasada de ataque a Mach 2,3, y, de regreso, aterrizar con un peso de 100 toneladas, casi una cuarta pase del peso con el que había despegado.

Se trataba de una impresionante manera de solucionar un problema enorme. Se cuenta que, cuando el general Curtis E. LeMay vio la propuesta, tiró su cigarro y gruñó: “Infiernos, esto no es un avión, es una formación de tres aviones“.

De todas maneras, los diseñadores pronto se dieron cuenta de que ya no podían utilizar más trucos aerodinámicos para acelerar al avión: lo único que les quedaba era conseguir motores grandes y potentes, además de un combustible muy especial. Vieron así que ciertos carburantes basados en el borato trietílico ofrecían mayor poder energético que los combustibles normales de aviación. A pesar de los inconvenientes, se comenzó a trabajar por ese lado.

A falta de una idea mejor, la USAF y la US Navy comenzaron a invertir muchos miles de millones de dólares (actuales) en diseñar y construir destilerías de estos combustibles, pensadas para abastecer a los aviones de los 60s. Para el XB-70, utilizar estos carburantes representaba tener un alcance 10% mayor al estimado, y lo que se buscaba, una velocidad de crucero cercana a Mach 3. Sin embargo, no todo quedó allí. Los ingenieros de NAA siguieron buscando ideas, y encontraron unas muy interesantes. Se trataba de un documento secreto firmado por Alfred J. Eggers y Clarence A. Syverston, que pertenecían a una agencia gubernamental que luego cambiaría su nombre para llamarse NASA.

Eggers había pensado también en un avión supersónico, y su idea era crear uno en donde el fuselaje estuviera totalmente por debajo del ala. El borde de ataque de esta ala, diseñado especialmente, crearía una onda de choque que crearía una cantidad de presión en la parte inferior del ala, por lo tanto aumentando la sustentación del aparato. Este efecto de compresión se podía canalizar entre el mismo fuselaje y los bordes marginales, que debían inclinarse hacia abajo. De esta manera, todo el flujo de aire podía “encerrarse” debajo del avión, haciendo que este “cabalgara” de manera similar a como lo hace una tabla de surf sobre una ola. Se trataba de una solución excelente, y los ingenieros de NAA la adoptaron inmediatamente.

Una semana más tarde, la empresa tenía en un túnel de viento un modelo a escala que tenía una relación sustentación/resistencia 22% superior al modelo anterior: esto significaba que, de un solo salto, el aparato podía ahora volar TODA su misión a Mach 3.

El desarrollo

Finalmente, el Valkyrie pudo volar, aunque no de la manera que muchos hubieran deseado. No pasó de la etapa de prototipo, debido a sus limitaciones, a su costo y a las discusiones políticas y estratégicas de la época. Sin embargo, muchas de sus ideas resurgirían más tarde.

Pero no todo era color de rosas. Para cuando el Valkyrie adoptó su forma definitiva, ya comenzaba a ser obsoleto. En esa época el US Army ya tenía un sistema de SAM, el Nike, cuyos sucesores prometían ser capaces de derribar cualquier tipo de bombardero, por más veloz que fuera. Y si EEUU tenía un arma así, la URSS seguramente también la estaría desarrollando.

Curiosamente, la idea en ese momento era volar muy alto y muy rápido, y no se prestó atención a otras opciones como el vuelo bajo y la furtividad, que ahora son moneda corriente en el diseño de aviones de ataque. El principal competidor de los bombarderos de este tipo eran los ICBM, más baratos, seguros y precisos, aunque tenían el inconveniente de que su ataque no podía ser cancelado ni aplazado. La polémica se instaló, entonces, en todos los organismos de defensa de los países más grandes.

NAA, sabiamente, había apostado por las dos opciones: desarrollaba el XB-70 pero también el enorme misil de crucero SM-64 Navajo. Este también volaba a Mach 3. Sin embargo, la USAF canceló el programa en 1957, luego de gastar 691 millones de dólares. Gracias a eso, se le asignó a NAA el proyecto del BPQ el 23 de diciembre de 1957, que un año más tarde ya se conocía como B-70 Valkyrie. Curiosamente, muchos desarrollos de la época se habían enfocado a aviones supersónicos, haciendo posibles que proyectos de enorme envergadura como este pudieran seguir su camino fuera de las mesas de diseños.

Fue así que el B-70 pudo finalmente despegar. El 4 de octubre de 1961 se encargaron tres prototipos, aunque el tercero fue cancelado en mayo de 1964. La USAF finalmente tenía su bombardero, aunque a un costo exorbitante, y solamente disponía de dos unidades, numeradas como 62-001 y 62-207.

Se trataba, sin duda, de un aparato innovador. Casi el 70% de la estructura estaba hecha con un nuevo acero inoxidable, diseñado especialmente para ese uso. Igualmente novedosa era la estructura en sí, que estaba hecha de los ahora comunes “panales de abeja”. Básicamente, la idea es utilizar láminas de metal corrugado, además de revestimientos a base de paneles sandwich alveolares, con láminas de acero muy finas, pero también muy resistente, con superficies muy pulidas. Así, las celdas de abeja, hechas de metal, estarían encerradas entre paneles de metal, tapando sus extremos. Se logra así mucha resistencia a la presión con bajo peso.

Las partes del aparato que debían soportar todo el calor de la fricción del aire estaban hechas de una aleación nunca antes utilizada en aeronaves, el René 41. El fuselaje estaba construido sobre una base de titanio, lo cual le daba resistencia a la presión y al calor. Bajo el ala, en una posición estratégica, estaba la caja motriz, que albergaba 6 motores General Electric, que en ese momento eran los más poderosos motores a reacción del mundo. Esta sección del aparato medía 2,13 metros de alto, 11,3 de ancho y 33,5 de largo, lo que nos da una imagen general de cómo el XB-70 Valkyrie debía verse. Ni mencionar el ruido de los motores a plena potencia.

Dichos motores tenían un gran poder de empuje, utilizando cada uno un alternador de 60 kW. Estos sistemas, apoyados por otros menores, eran muy necesarios para controlar las partes móviles del avión, como las dos secciones de los bordes marginales de las alas, que se movían entre los 25º y los 65º, según lo necesitase el avión. Estas superficies de control de vuelo también incluían elevones de envergadura total, los canards de la nariz y los dos timones de dirección verticales sin derivas.

Siendo dos veces más pesado que cualquier avión construido hasta la fecha, el XB-70 debía tener un fuerte sistema de aterrizaje. El aterrizador delantero tenía dos ruedas, y cuatro más cada uno de los dos aterrizadores traseros. Además, había una quinta rueda que servía de sensor para los frenos ABS del aparato. También se preveía la utilización de varios paracaídas de frenado para el aterrizaje.

En cuanto a la tripulación, estaba formada por 4 personas, que se acomodaban en una cápsula presurizada entre el radar y los canard. Todos contaban con asientos eyectables, que al ser activados se convertían en verdaderas cápsulas selladas. Era la única manera de proteger al piloto de las terribles condiciones de una eyección a Mach 3.

Había una sola bodega de bombas, que estaba situada entre los ductos de alimentación de aire y los motores. Esta bodega podía almacenar combinaciones de cualquiera de las bombas nucleares o termonucleares con las que contaba el Mando Aéreo Estratégico. Todo estaba computarizado, de manera que incluso las puertas se abrían unos segundos antes del lanzamiento. Igualmente se estudiaron posibilidades para que el Valkyrie llevara externamente varios misiles balísticos, pero la USAF no demostró interés.

Casi todos los componentes del avión fueron subcontratados entre diferentes empresas estadounidenses. No se trataba de un proyecto menor: era el avión más caro del mundo hasta el momento, e importantísimas empresas como General Electric (motores y radares), IBM (sistemas de navegación y bombardeo) y Westinghouse (escudo electrónico defensivo) participaron en su desarrollo final.

Cancelado antes de volar

Como ya se ha explicado, el proyecto del Valkyrie no cayó en el momento más indicado, y por eso se puede decir que estuvo condenado siempre a no ser un avión de serie. Ya en 1957, el Libro Blanco de la Defensa, elaborado por el ministro Sandys, de Gran Bretaña, había proclamado oficialmente que los nuevos misiles hacían innecesario el desarrollo de más cazas y bombarderos. Esto llevó a que su prototipo de avión de ataque supersónico, el soberbio TSR.2, también fuera condenado al olvido.

De la misma manera, aunque Estados Unidos no se guiaba necesariamente por lo que pensaban las autoridades de Gran Bretaña, el desarrollo de la tecnología bélica en esa época dictaba conclusiones similares a muchos especialistas. En EEUU, como en otras partes, se empezó a plantear como problema la relación coste-eficacia de sus programas de armamentos.

Así como el gobierno inglés de esa época subió al poder queriendo derribar al TSR.2 y programas similares, la administración Kennedy de 1960 se opuso férreamente, desde el principio, al programa del B-70. La figura de esta oposición fue el ministro de defensa, Robert S. McNamara.

En 1961, el presidente Kennedy anunció que el programa del Valkyrie se vería reducido a un simple programa de investigación. Esto significaba que el Valkyrie nunca sería producido en serie, ni para bombardero ni para otra cosa.

De un plumazo, por una simple decisión burocrática, se cortaba el desarrollo de uno de los aviones más impresionantes de la historia. Se terminaba así un sueño para muchos, pero uno nuevo comenzaba para una agencia llamada NASA.

Al año siguiente, McNamara le explicó al Congreso lo siguiente: “Considerando la creciente capacidad de los misiles superficie-aire, la velocidad y el techo de vuelo del B-70, por sí mismas, no serán durante mucho tiempo una ventaja significativa. No ha sido diseñado para utilizar misiles aire-superficie tales como el Hound Dog o el Skybolt y en misiones a baja cota sólo puede volar a velocidades subsónicas. Además, el B-70 está fuera de lugar en una época en que ambos bandos disponen de grandes cantidades de misiles balísticos intercontinentales. En tierra es más vulnerable que esos misiles”.

Algunas de esas razones eran sólo parcialmente ciertas, pero de todas maneras no había habido una lucha demasiado grande: el gobierno había decidido ya, y nadie pudo hacer nada por el Valkyrie. Los encargados de esta decisión dieron dos excusas muy creíbles, que habían sido las excusas de siempre: la vulnerabilidad del XB-70 a los SAM, y el altísimo costo por cada nave, de unos 700 millones de dólares (de esa época) por prototipo. La administración Kennedy sentía que los ICBM eran más eficientes en todo esto, ya que era menos vulnerables a las intercepciones y más baratos en comparación.

Ese mismo año de 1962 la USAF descartó su primer pedido, que incluía 200 B-70. En su lugar, pidió que se los reconvirtiera a aviones de reconocimiento estratégico, redominándolos RS-70. Esto fue acusado por algunos como un torpe error o como una jugarreta para conseguir los bombarderos de todas maneras, ya que poco tiempo después el presidente Johnson, sucesor del asesinado Kennedy, anunció la existencia del SR-71 (cuyo nombre oficial era RS-71), producto de la Lockheed.

Para comienzos de 1964, el Congreso ya había destruido totalmente lo poco que quedaba del programa. Se estipuló que solamente habría dos prototipos, y que además estarían desprovistos de todos sus subsistemas militares, tal vez para asegurarse de que la USAF no pudiera apoderarse de ellos en un futuro.

Lo curioso fue que el primer prototipo ya estaba listo un año antes, o más bien, completo, porque sufrió graves problemas que obligaron a posponer su salida de la fábrica. Sucedió que el combustible se fugaba de los tanques, debido a que las torsiones estructurales que sufrían ciertas partes al alcanzar los 290º provocaban agujeros microscópicos en el metal. Se perdió así un año en tratar de sellar las millones de pequeñísimas pero peligrosísimas fugas de carburante (un derivado del JP-6). Esa fue la traba principal de esa parte del proyecto, hasta el punto de que nunca fue corregida del todo; cuando el aparato 62-001 salió de la fábrica, el depósito de combustible nº5 (situado en la unión del fuselaje y el ala) no podía utilizarse.

Finalmente, el primer prototipo del XB-70 salió de la fábrica de Palmdale el 11 de mayo de 1964. Seguramente, la multitud asistente al acto experimentó un fuerte impacto visual, además de emocional. Era la nave más grande, más pesada, potente y cara hasta ese momento, además de una de las más veloces, volando más lejos y más alto que la mayoría de todos los aviones del mundo. Y por si fuera poco, pintado de blanco, era un aparato esbelto, casi un misil tripulado, de líneas elegantes y delicadas.

Pero, como todo, el XB-70 Valkyrie tenía sus pro y sus contras.

Las limitaciones

Aterrizar un XB-70 requería muchas cosas al piloto, además del uso de un triple paracaídas de frenado. Se trataba de una aeronave realmente enorme en todo sentido.

El XB-70, literalmente, cabalgaba en el aire sobre su propia onda de choque. Ese diseño tan ingenioso lo hizo único, pero también poco flexible, y esto lo llevó al fracaso. Todas las misiones de este bombardero (también el viaje de vuelta) debían ser voladas a Mach 3; no había posibilidad de descender de velocidad porque eso perjudicaría la performance del aparato. Sin embargo, incluso a esta terrible velocidad y volando a gran altura, el XB-70 era vulnerable a los SAM de ese momento. Estaba diseñado para ser una flecha supersónica, y por lo tanto no tenía capacidad de maniobra que le permitiera esquivarlos.

Peor todavía: el uso de ciertos metales y el cuidadoso diseño de la célula hacían que el XB-70 tuviera un área de eco radar muy grande, no solamente por su tamaño, sino también por su configuración. Esto lo hacía todavía más vulnerable: era casi imposible que pasara desapercibido en un cielo vigilado. Igualmente, el fuselaje no podía ser adaptado para convertir al XB-70 en un bombardero de baja cota: las delicadas alas delta eran demasiado delgadas y no podían soportar el vuelo bajo.

En una palabra, hubiera sido necesario rediseñar todo el aparato.

Además de todo esto, el XB-70 no tenía flexibilidad a la hora de cumplir misiones, aunque podía llevar muchos tipos de bombas. En 1959, se pensó en convertir al bombardero en un aparato mixto, capaz de realizar misiones de reconocimiento conservando además la capacidad de llevar a cabo ataques nucleares y convencionales. Pero ya era tarde: el Valkyrie estaba diseñado para ser bombardero, y como aparato de reconocimiento no tendría un futuro muy bueno.

El diseño del Valkyrie, aunque excelente, estaba tal vez demasiado adelantado para su época, y por eso también afrontó dificultades técnicas que limitaron sus prestaciones. Por ejemplo, debido a la enorme potencia que tenía que desarrollar, necesitaba tanto combustible como un B-52, pero tenía un alcance de solamente 8.000 kilómetros. Por su diseño, no podía llevar tanques de combustible externos, ni tampoco armas, y pensar en reabastecerse de combustible a Mach 3 era algo impensable.

El fin del Valkyrie

Pocos meses después de la salida del primer bombardero experimental de la fábrica, se realizó el primer vuelo, el 21 de septiembre de 1964. Un piloto de pruebas de la USAF, el coronel Joe Cotton y un piloto jefe de la NAA, Al White, fueron los encargados de llevar el aparato, volando, hasta la base de la USAF en Edwards. Para detener el avión se necesitaron tres paracaídas de frenado, y eso que el avión no había podido alcanzar Mach 1 debido a que, falla mecánica mediante, los aterrizadores principales no quisieron bajar.

De esta manera, el aparato tuvo que volar con las ruedas al aire, situación incómoda y hasta peligrosa. Pero no todo terminó allí: cuando finalmente aterrizó, otra falla, o la misma, hizo que el sistema de frenado bloqueara dos ruedas traseras de las cuatro del aterrizador izquierdo, cuyos neumáticos reventaron.

Así comenzaba la accidentada carrera aérea del Valkyrie, que no dejaría de preocupar a todos por mucho tiempo. Era un avión impresionante, pero acarreaba peligros y responsabilidades también impresionantes.

De todas maneras, los vuelos por lo general fueron muy satisfactorios, alcanzando el avión performances muy cercanas a lo previsto por los diseñadores. Recién en el vuelo nº 17 se “animaron” a buscar el Mach 3 y lo consiguieron. El piloto de la USAF, Cotton, diría más tarde que volar el Valkyrie era como “conducir un autobús a 320 km/h por el circuito de Indianápolis“, lo que nos da una idea patente de lo que debía sentirse al estar sobre una cosa tan grande y tan poderosa.

Primer plano de la cabina del Valkyrie.

Era algo riesgoso. A esas velocidades, cualquier cosa que fallara podía hacer muy difícil, casi imposible, el aterrizaje. En el vuelo nº 5, por ejemplo, se probaron los bordes marginales orientables, calandolos a 65º. Al parecer luego volvieron a la horizontalidad; de todas maneras, el aterrizaje fue problemático. La aerodinamia del aparato hacía que se formara un poderoso colchón de aire (lo que se llama efecto suelo), y era complicado superar esa resistencia. Los pilotos apenas sintieron el contacto de las ruedas contra la pista: cualquiera que sepa de aeronáutica sabe que los mejores aterrizajes son los bruscos.

Sin embargo, todos los pilotos de pruebas hablaban maravillas del Valkyrie, y aún ahora están orgullosos, seguramente, de haber podido volar esa maravilla.

El 17 de julio de 1965 se unió al programa el segundo prototipo (62-607). En ese momento, con la experiencia del anterior, los pilotos se atrevieron a pedirle al avión lo que realmente sabían que podía dar. En su vuelo nº 39, llevado a cabo el 19 de mayo de 1966, el Valkyrie alcanzó su cota de crucero, aceleró hasta Mach 3, mantuvo esa velocidad por unos 33 minutos, cubriendo en ese tiempo 1.340 km, atravesando estados enteros.

A esta altura del programa, ya todos sabían que el XB-70 Valkyrie no sería producido en serie ni sería un bombardero. La NAA lo volaba, junto con la USAF, para recopilar información y probar los frutos de tantos años de trabajo. Más tarde se les unión también la NASA, de manera que, con un programa conjunto, las tres organizaciones experimentaban. La NASA estaba involucrada entonces con la idea de un Transporte Supersónico, y el Valkyrie era algo perfecto para ellos.

Para este programa USAF-NASA se usaba el segundo prototipo, el más nuevo, ya que este tenía una estructura mejorada y era capaz de velocidades más altas por más tiempo. Parte del trabajo de este Valkyrie en particular era provocar estampidos sónicos a través de rutas prefijadas sobre zonas desérticas de California y Nevada, para que fueran medidas diferentes variables.

El contrato de la NAA para la Fase I del programa expiró el 15 de junio de 1966, de manera que en ese momento la empresa dejó de volar los Valkyrie. Llegó así la Fase II del programa, la fase conjunta USAF-NASA, destinada solamente a experimentar para el futuro transporte supersónico.

Sin embargo, estaba escrito que, de tanto tentar a la suerte con tan poderoso aparato, algo iba a salir mal. Una semana antes de terminarse la Fase I, el 8 de junio de 1966, el segundo prototipo fue preparado para su última misión. A último momento se le añadió a los pilotos la orden de crear los famosos estampidos sónicos para la NASA.

Al parecer, la empresa General Electric quería hacer un anuncio publicitario especial, con el Valkyrie de fondo. Pidió permiso para organizar una formación de famosos aviones a reacción, que también tuvieran motores GE, para que volaban junto al XB-70 cuando este hubiera terminado su misión y estuviera regresando a casa. Así, otro avión podría tomar fotos de la familia de aviones. Las autoridades autorizaron todo esto, tal vez sin consultar a los pilotos y sin pensarlo demasiado.

Se trataba de una salida rutinaria, a pesar de todo esto, y el coronel Cotton aceptó que el mayor Carl S. Cross fuera copiloto, aunque no tenía mucha experiencia con la nave. Cross nunca había volado con el XB-70, y el hecho de que le asignaran esta misión era sin duda el punto más alto de su carrera, de manera que lo tomó de manera muy responsable, estudiando todo lo referente al aparato. Su piloto sería Al White, mientras que Cotton volaría en el T-38 de seguimiento.

El vuelo comenzó a las 0715 horas, y unos minutos después de las 0900 el trabajo asignado estaba terminado, así de rápido era el Valkyrie. En ese momento llegaron los aviones destinados a la publicidad de General Electric.

Se trataba de un McDonnell F-4, un Northrop F-5, un Lockheed F-104 y un Northrop T-38 (pilotado por Cotton), sin duda aviones muy emblemáticos de esa época. Y formaban nada más ni nada menos que con el avión más potente de la historia.

A las 0930 horas, el avión Learjet de seguimiento ya había tomado las fotografías pedidas, de manera que la misión había terminado totalmente. Pero todo se tornó mortal en pocos segundos.

El F-104 era pilotado por Joe Walker, tal vez uno de los hombres más experimentados del mundo en vuelos supersónicos, ya que era uno de los hombres de la NASA que había tripulado el X-15, el artefacto volador más rápido del mundo. En ese momento, Walker y su F-104 se fueron acercando al ala del Valkyrie. Los fuertes vórtices de aire generados por los bordes marginales del ala del bombardero juguetearon con el caza, lanzándolo hacia atrás y haciéndolo girar 180º, de manera que chocara con los dos empenajes verticales de control del Valkyrie. El F-104 los arrancó de cuajo, convirtiéndose luego en una bola de fuego y matando a su piloto. Nunca se sabrá por qué un piloto tan experimentado como él pudo cometer el error de acercarse tanto a un avión tan poderoso.

Instantáneamente, la formación se abrió y todos miraron hacia el Valkyrie. Al parecer, sus dos ocupantes escucharon la explosión y el impacto, pero no se dieron cuenta de que su nave era la amenazada: estaban del otro lado de una estructura gigantesca. De todas maneras, Cotton avisó por radio que habían sido impactados, aunque los ocupantes parecen no haber escuchado el mensaje. Cotton les informó que habían perdido los dos empenajes verticales, pero que el avión, al menos en apariencia, iba bien.

Los pilotos todavía no comprendían bien quién había golpeado a quien, pero a los 16 segundos el avión comenzó a descontrolarse. El piloto trató de salvarlo, aumentando la potencia de los motores. En esos instantes que deben haber parecido eternos, los pilotos no pudieron controlar al pesado aparato, que comenzó a oscilar, alabear y cabecear, separándose de la senda prevista de vuelo.

Viendo que no había manera de salvar al avión, Al White se puso en la posición de eyección y activó el mecanismo, con tan mala suerte que su brazo quedó atrapado en la cáscara que se cerraba, que debía protegerlo de la terrible aceleración a Mach 3. Quedó así a medio camino entre la vida y la muerte.

Cross, tal vez poco familiarizado con el complejo mecanismo (que aparentemente era bastante diferente a los asientos de eyección tradicionales) falló repetidas veces y no pudo accionarlo. Finalmente White, dándose cuenta de que debía salir de allí si no quería morir, logró sacar su brazo, desesperadamente, de donde lo tenía atascado, y a último momento el asiento se eyectó, salvándolo de milagro. Los cojines de aire que debían soportar gran parte del choque con el suelo no se abrieron, de manera que White soportó un choque de entre 33 y 44 G, a pesar de lo cual no se rompió ningún hueso y pudo volver a volar 3 meses después.

Cross, sin embargo, no tuvo ninguna de estas suertes y murió en el choque de uno de los aviones más impresionantes jamás construidos. Todo sucedió en escasos 76 segundos.

El ocaso de un gigante

Lo que siguió fue un verdadero desastre. Ya de por sí el programa había estado plagado de detractores, recortes, problemas mecánicos y políticos. Este no era más que un desastre más, tal vez el peor por la pérdida de vidas humanas y del carísimo aparato, el más avanzado y caro de los dos construidos.

El accidente tuvo muchas repercusiones, y una de las más interesantes fue un fuerte odio de la USAF contra los anuncios y las relaciones públicas de las empresas aeronáuticas. Después de todo, nada de eso hubiera pasado si la GE no hubiera insistido en hacer la fotografía publicitaria, ya que el perfil de la misión había sido muy bueno. Además, al parecer la sesión de fotos fue algo irregular,que se había autorizado de manera extraoficial. Muchos perdieron sus carreras, y finalmente la GE tuvo que admitir que ese vuelo fue algo incorrecto y que no tendría que haberse realizado.

De todas maneras, la carrera del superbombardero XB-70 Valkyrie ya estaba condenada desde hacía casi media década, y esto no hizo más que acelerar el proceso.

Así se ve hoy en día el único XB-70 Valkyrie sobreviviente en el mundo.

El XB-70 nº62-001 siguió recogiendo una masa de valiosos datos, alimentado con combustible JP-6 estándar y utilizado en varios programas de la NASA. Este aparato fue tripulado por Cotton, ahora tal vez el piloto más experimentado en el Valkyrie, junto con el teniente coronel Fitz Fulton y Van Shepard.

Sin embargo, solamente llevaron a cabo los experimentos ya financiados por el gobierno. Luego de unos pocos meses, la USAF cedió definitivamente el aparato a la NASA, desentendiéndose de todo el asunto. Era más lento que el avión perdido (solamente alcanzaba Mach 2.5), y su aviónica también era menos sofisticada, de manera que los experimentos se resintieron. Se hicieron esfuerzos por mejorarlo, como actualizar la aviónica al nivel del segundo prototipo, facilitar el uso del sistema de eyección y solucionar definitivamente los problemas con el tren de aterrizaje, que habían sido constantes.

El primero prototipo voló así otras 33 veces, hasta el el 4 de febrero de 1969, cuando el XB-70 Valkyrie despegó por última vez, su vuelo nº 82. En esta ocasión, los pilotos fueron Fulton y el teniente coronel Sturmthal, quienes aterrizaron el ya mítico aparato en la base de Wright-Patterson, en el estado de Ohio. La decisión ya estaba tomada y no hubo muchos anuncios oficiales: apenas aterrizado, el avión fue remolcado hasta el museo de la USAF localizado en la misma base aérea, mientras los dos pilotos entregaban al curador del museo la bitácora de vuelo.

Según se dice, Sturmthal dijo en esos momentos: “Haría cualquier cosa para que el Valkyrie siguiera volando. Excepto pagarlo yo mismo.” Pero a esa altura de los acontecimientos, ya nadie podía hacer nada para que el mayor superbombardero de la historia, el avión con más potencia del mundo, volviera a despegar. Y el único ejemplar que había permanece todavía allí, intacto, en el museo, el lugar de las leyendas.

Variantes

El XB-70 fue un proyecto relativamente lleno de problemas, y tal vez por eso no logró más apoyo. Solamente hubo dos ejemplares construidos y uno más planificado: 

XB-70A-NA (matrícula 62-0001): primer prototipo, propulsado por seis turborreactores YJ93-GE-3 de 14.060 kg de empuje. Luego de la destrucción del segundo prototipo, fue transferido a la NASA para evaluaciones y desarrollo de un transporte supersónico. Es el único ejemplar sobreviviente, y actualmente se exhibe en el museo de la USAF, en Wright-Patterson.

XB-70A-NA (matrícula 62-0207): segundo prototipo, equipado con radar y más sistemas de aviónica, además de motores más potentes. Fue el que resultó destruido el 8 de junio de 1966, a consecuencia de una colisión en vuelo.

Plano de la segunda configuración del F-108 Rapier, caza escolta para el Valkyrie.

XB-70B-NA: proyecto de un XB-70A-NA modificado; se le asignó el numeral 62-0208 pero el proyecto fue cancelado y el avión no fue construido.

Junto con el proyecto del Valkyrie se planeó además el desarrollo de un caza capaz de escoltarlo hasta sus objetivos. Se trataba del F-108 Rapier, también de NAA, y capaz de desarrollar Mach 3 ya que hacía uso de dos motores iguales a los del XB-70. El Rapier tuvo dos diseños tentativos, pero fue cancelado en 1959 sin que ninguno pasara la etapa de maqueta.

Especificaciones técnicas bombardero supersónido XB-70 Valkyrie
Envergadura:32 metros (con los bordes marginales horizontales)
Longitud:59,89 metros
Altura:9,22 metros
Superficie alar:585 m2
Carga alar máxima:426,46 kg/m2
Peso:vacío 92.990 kg; máximo en despegue 249.480 kg
Motores:seis turborreactores con postcombustión General Electric YJ-93 de 12.340 kg de empuje unitario
Velocidad máxima de crucero:3.275 km/h (Mach 3.08) a 23.000 metros
Alcance:8.050 km sin repostar
Techo de servicio:23.000 metros
Armamento:espacio para 14 bombas atómicas, todo tipo de bombas convencionales; también se hicieron estudios para dotarlo de misiles aire-superficie en soportes externos.
Costo:unos 700 millones de dólares

Helicóptero de ataque AH-56 Cheyenne

Antecesor de los helicópteros de ataque pesados como el AH-64 Apache, el Cheyenne fue una de las piedras fundamentales en el camino del desarrollo de este tipo de aparatos. Sin embargo, resultó ser demasiado sofisticado y caro para una época en que EEUU libraba una costosa guerra en Vietnam.

Desarrollado por la Lockheed, se trataba de un aparato inusual en muchos sentidos. El diseño pretendía ganar el programa AAFSS (Advanced Aerial Fire Support System, Sistema Aéreo Avanzado de Fuego de Apoyo) del US Army. Muchas de sus innovaciones habían salido del XH-51A, un aparato de la misma empresa cuyo fin había sido probar diversas tecnologías, siendo la más importante la combinación de rotores y motores a reacción para elevar la velocidad de la aeronave.

El Cheyenne despegando en una serie de pruebas. Muy largo y esbelto, sin embargo tenía una configuración general bastante desconcertante, con tres hélices, alas como de avión, una cabina bulbosa y una aleta ventral.

En marzo de 1966 la propuesta de la Lockheed ganó este programa, siendo la empresa encargada de la producción de 10 prototipos del YAH-56. En septiembre del año siguiente el primer prototipo levantó vuelo, siendo entregados todos los prototipos al US Army en julio de 1968. Para esa fecha la empresa había recibido ya el pedido para la construcción de 375 unidades de serie, de manera que los prototipos fueron reclasificados AH-56 en 1969 (quitándose la Y que corresponde a aparatos experimentales que no están en servicio activo).

El AAFSS

El US Army había encontrado en el Cheyenne un excelente aparato que llenaba las especificaciones que podían por un helicóptero capaz de realizar escoltas armadas, interdicción de largo alcance, fuego de apoyo a tierra, operaciones antitanque tanto de día como de noche y en cualquier clima.

El AH-56 disponía de una torreta montada en la nariz que portaba un lanzagranadas automático XM129 de 40 mm o un cañón XM134 multitubo tipo Minigun de 7.62 mm. A esto se le agregaba un cañón de 30 mm montado en una torreta ventral giratoria y un enorme número de misiles antitanque TOW y/o cohetes no guiados de 2,75 pulgadas en los puntos fuertes de las alas.

Una curiosidad del Cheyenne es que el artillero disponía de un asiento giratorio, que podía seguir el movimiento del cañón ventral mientras apuntaba y disparaba. Este sistema le permitía mirar siempre hacia donde se estaba apuntando, aunque obviamente había un gran punto ciego cuando se deseaba disparar hacia atrás y la cabina obstaculizaba su trabajo.

El AH-56 en vuelo, demostrando las capacidades de su inusual sistema de propulsión. Puede verse también la aleta ventral que forma parte del tren de aterrizaje retráctil.

Su capacidad todotiempo estaba basada en una bastante extensa unidad de sensores que incluían un radar automático de seguimiento del terreno, radar Doppler, navegación inercial y un sistema de control de vuelo automático que permitía el vuelo a alta velocidad a una altura de apenas 5 metros.

Sus particularidades

Decir que el Cheyenne era un helicóptero es olvidar algunos de sus características especiales. En primer lugar, tenía tres rotores: uno principal y otro secundario para evitar el efecto torque, y un tercero en la parte final de la cola que ayudaba a darle más velocidad al vehículo, como veremos más adelante.

Justo debajo de estos dos rotores sobresalía una aleta ventral, es decir, orientada hacia abajo en lugar de hacia arriba como en el resto de los helicópteros. La cabina vidriada sobresalía como un gigantesco ojo de mosca, en lugar de la angulosa cabina de otros aparatos que le seguirían, como el Cobra. A los lados, dos pares de alas (relativamente grandes para su tipo) permitían cargar más armamento, mientras que el tren de aterrizaje (que usaba ruedas y no patines) era retráctil. Todo esto le daba un aspecto realmente extraño, incluso algo desgarbado.

Sin embargo, esto no impedía que el aparato fuera ágil y muy veloz; los resultados, y no su aspecto, era lo que le hicieron ganar el programa. Gran parte de estos logros a nivel de agilidad lo proporcionaba un innovador sistema de propulsión, que utilizaba un motor de turbina General Electric de 3.435 hp. Esta planta motríz movía un rotor rígido de cuatro palas giroestabilizado, el rotor antitorque de la cola y la hélice propulsora en la parte final de la cola.

Durante los ensayos de prueba se pulió la forma de uso del Cheyenne para sacarle todo el jugo al sistema. Mientras el aparato volaba verticalmente o se mantenía en vuelo estático, todo el poder se compartía entre los rotores convencionales. Cuando se volaba hacia adelante, casi toda la potencia (menos unos 700 hp) se transmitían a la hélice de la cola, convirtiéndo al Cheyenne en una especie de autogiro cruzado con helicóptero de combate.

Por si fuera poco, las alas no eran solamente para cargar armas, sino que estaban diseñadas para dar algo de sustentación. En una configuración limpia (es decir, sin armamento externo) el AH-56 podía alcanzar unos 385 km/h, una velocidad bastante elevada para un helicóptero (teóricamente es muy difícil superar los 400 km/ en un helicóptero de diseño puro).

Todas estas innovaciones y ventajas de diseño no consiguieron, sin embargo, salvarlo de su destino. O tal vez, a causa de estos avances demasiado repentinos, todo terminó de esa manera. Lo cierto es que el AH-56 nunca llegó a servir regularmente en el Us Army.

Esta fotografía de la parte trasera del Cheyenne nos permite ver perfectamente su hélice propulsora, sin duda una de las mayores curiosidades de este aparato. Esta unidad está en el Museo de la Aviación del US Army en Fort Rucker.

En primer lugar, el aparato era muy avanzado y eso le daba muchas mejoras con respecto a la tecnología de la época; sin embargo, al ser tan nuevo también traía inconvenientes. Las pruebas revelaron grandes problemas en el sistema de propulsión, lo que terminó en la pérdida fatal de uno de los prototipos.

En el otro lado estaba el enorme costo del aparato y el hecho de que para es época EEUU estaba seriamente comprometido con la Guerra de Vietnam. Para marzo de 1969 cada Cheyenne costaba unos 500.000 dólares de la época, una cifra bastante importante. Aparentemente el costo por unidad se había disparado y alcanzado esta inesperada cifra. Los militares sencillamente no podían comprar tantos aparatos tan caros durante una guerra, particularmente cuando se la estaba perdiendo y habría enormes gastos causados por la retirada de las tropas.

Otra de las razones fueron las típicas rivalidades entre los servicios dentro de las FFAA estadounidenses. La USAF nunca quiso que el US Army tuviera aviones de ala fija o helicópteros demasiado capaces que pudieran opacarla o quitarle trabajo, y con el Cheyenne no fue la excepción. La presión porque el programa del AH-56 siempre estuvo y finalmente logró lo deseado.

En agosto de 1972 el US Army canceló formalmente el programa del AH-56 Cheyenne, con la idea de desarrollar un aparato más barato y menos sofisticado.

Lo curioso es que la previsión del US Army hizo que no todo estuviera perdido. Sabiendo en 1965 que el desarrollo del AAFSS llevaría muchos años, y que un helicóptero artillado era muy necesario en Vietnam, se había iniciado paralelamente la creación de un AAFSS intermedio. Se trataba de un diseño de helicóptero de ataque más sencillo y barato, que pudiera ser producido en poco tiempo y puesto en servicio rápidamente en el Sudeste Asiático. El aparato ganador de este programa paralelo sería, nada más ni nada menos que el ultra conocido AH-1 Cobra, que todavía hoy presta servicio (modernizado y mejorado) en muchas fuerzas armadas de todo el mundo.

Especificaciones técnicasAH-56 Cheyenne
Tripulación2
Diámetro rotor principal15,3 metros
Envergadura7,9 metros
Largo18,3 metros
Altura4,2 metros
Peso vacío / en despegue5.315 kg / 7.709 kg
Motoruna turbina General Electric T64-GE-16 de 3.435 hp
Velocidad máxima386 km/h
Trepada17,4 metros por segundo
Techo7.925 metros
Alcance1.400 km

Sistema antiaéreo DIVAD M247 Sergeant York

Durante varias décadas, la defensa antiaérea del US Army estuvo a cargo de aparatos más o menos improvisados, generalmente cañones montados sobre chasis de tanques ligeros y luego sobre vehículos de orugas para transporte de personal. Varias veces se intentó crear un sistema de defensa antiaérea que pudiera acompañar un avance acorazado y de infantería, pero siempre estos planes se encontraron con problemas y cancelaciones. El caso del M247 fue uno más de ellos, y tal vez uno de los más penosos.

Una serie de eventos desafortunados

Durante la Segunda Guerra Mundial se hizo evidente que la aviación enemiga constituía un peligro para los avances de todo tipo, sobre todo los acorazados, por lo que EEUU empezó a desarrollar sistemas que permitieran transportar y operar cañones antiaéreos en el frente de batalla. Los primeros modelos usaban como base tanques livianos en desuso que montaban cañones de 40 mm, pero para cuando entraron en servicio, hacia la década del 50, los jets eran mucho más veloces y estos cañones no estaban a la altura del desafío. Uno de estos sistemas, el Duster, solo se usó en Vietnam porque no había nada mejor.

Para esa época, los misiles parecían la panacea, y se pensó en un avanzado sistema antiaéreo que los utilizada. Sin embargo el proyecto era demasiado ambicioso y se canceló en 1965.

Sin embargo, la guerra de Vietnam trajo aparejada la aparición de una nueva plataforma, la del transporte acorazado de personal, en este caso el M113. Esta parecía una plataforma perfecta ya que era novedosa, estaba disponible en grandes cantidades y era muy sencilla. El US Army lo intentó de nuevo creando una combinación: el Sistema de Defensa Aérae Chaparral-Vulcan. El M163 era un M113 modificado que incorporaba un cañón multitubo M61 Vulcan, sistemas de tiro y de seguimiento de corto alcance, ya que estaba diseñado para objetivos más cercanos (en cañón tenía un alcance de poco más de un kilómetro). Este aparato se complementaba con el MIM-72 Chaparral, que era otro M113 modificado que montaba misiles de guía infrarroja Sidewinder. Este sistema podía atacar blancos rápidos a varios kilómetros, pero necesitaba “engancharse” a la firma infrarroja de los motores cuando el avión enemigo se alejaba. Si bien la idea de complementarse era buena, ninguno de los aparatos tenía buenos sensores; se trató de compensarlo llevando un radar en un camión asociado, pero todo el sistema era engorroso y no podía desplegarse fácilmente en el campo de batalla.

Por si fuera poco, la aparición de helicópteros artillados soviéticos cada vez más capaces durante los 70s, además de los misiles antitanque, hizo que ninguno de estos sistemas fuera adecuado: el Vulcan no tenía suficiente alcance, y los misiles del Chaparral tenían que esperar demasiado tiempo para engancharse en el blanco; por si fuera poco, un helicóptero que ataca de frente no tenía una firma calórica lo suficientemente buena como para asegurar un blanco. Esto hizo que los dos sistemas fueran puestos en cuestionamiento.

Para agregar más a todo el asunto, el US Army proponía ya la introducción del tanque Abrams y de otros sistemas más avanzados de combate de infantería, el Bradley: el M113 como base se estaba quedando algo obsoleto ni tal vez no podría seguirles el paso. Todo esto, sumado al éxito que tenían ciertos sistemas como el Shilka soviético y el Gepard alemán, hizo que se planteara con seriedad la búsqueda de un reemplazo definitivo a toda esta seguidilla de soluciones parciales y no muy buenas.

El inicio del programa

La urgencia de todo el asunto estaba marcada por dos cuestiones: durante los pocos conflictos en los que los EEUU habían participado desde la Segunda Guerra Mundial, casi siempre habían tenido superioridad aérea. La doctrina militar especificaba que la USAF ganaría esta superioridad y la mantendría, de alguna manera dando seguridad al avance del US Army. Sin embargo, los enormes avances soviéticos en la materia y los resultados que sus sistemas tenían (al ser probados en combate en numerosos conflictos, principalmente en manos árabes contra Israel) hizo que los altos mandos del Ejército se preocuparan: si algo sucedía, no tenían ningún sistema para proteger a sus tanques y tropas.

Esto marcó fuertemente la filosofía del DIVAD (Division Air Defense, Defensa Aérea Divisional), el nombre que recibió el programa para dotar al US Army de un vehículo capaz de defender el avance terrestre de ataques aéreos.

Lanzado el 18 de mayo de 1977, la idea era llegar a la mayor cantidad posible de empresas, para que estas hicieran sus propuestas (los requerimientos le fueron enviados a 49 posibles contratistas). Debido a la urgencia ya mencionada, se pensó en utilizar la mayor cantidad posible de piezas y elementos ya en uso, para que las empresas ganadoras desarrollaran un aparato que fuera mejorado y revisado una vez entrado en servicio, en vez de entregar un producto ya terminado y probado. Se buscaba así recortar el generalmente largo proceso de desarrollo, que podría hacer que, una vez más, el US Army se quedara sin lo que más necesitaba. El enemigo progresaba demasiado rápido: había que alcanzarlo.

En resumen, los requerimientos eran los siguientes:

  • las propuestas debían estar basadas en el chasis del tanque M48 Patton, que serían provistos por el US Army ya que había muchos de ellos disponibles en almacenamiento.
  • el sistema debía adquirir y disparar sobre un blanco en cinco segundos (luego se cambió a ocho) de haberse vuelto visible o al entrar en un alcance de 3 kilómetros.
  • debía tener un 50% de chance de impactar un blanco con una salva de 30 disparos.
  • debía tener un sistema de disparo todo tiempo, además de una mira óptica incluyendo un FLIR y un telémetro láser.

Como era de esperarse, varias empresas de renombre, entre ellas General Electric, General Dinamics, Raytheon y Ford Aerospace presentaron sus prototipos, todos ellos “frankensteins” que combinaban sistemas de los más diversos, la mayoría en servicio en EEUU o en algún país aliado. La idea, después de todo, era presentar un sistema que ganara el programa, para después desarrollarlo en serio una vez fuera aceptado.

Sin embargo, como veremos, esta idea sería completamente desastrosa. Luego de algunos análisis, se decidió el 13 enero de 1978 que las propuestas preseleccionadas serán las de General Dinamics y las de Ford Aerospace. A la primera se le dio el código XM246, y a la segunda, XM247.

La propuesta de General Dynamics fue clasificada como XM246. Obsérvese los cañones de 35 mm en el centro: son los mismos que utilizaba el Gepard, vehículo alemán con una función similar a la que buscaba el DIVAD. A su derecha se encuentra el radar de rastreo (foto US Army).

El XM246 de GD usaba dos cañones gemelos Oerlikon KDA de 35 mm, como los que tenía el Gepard alemán. Sin embargo, los llevaba lado a lado en una torreta de aluminio. Se los podía disparar en modo semiautomático o automático, en cuyo caso alcanzaba una cadencia de fuego combinada de 1.100 proyectiles por minuto (aunque solo tenía 600 proyectiles). De nuevo, el sistema de control de tiro tampoco era nuevo: era el que utilizaban las baterías antimisiles Phalanx en los buques estadounidenses. El XM246 tenía un aspecto bastante poco agraciado, con el radar de rastreo en el frente de la torre, en una cubierta bulbosa, y el radar de búsqueda en la cima de la torre.

El XM247 de Ford Aerospace tenía algunas similitudes, como los dos cañones montados uno al lado del otro en el centro de la torre. Sin embargo, estos eran Bofors de calibre 40 mm, algo que le valió críticas a FA ya que las dos empresas tenían relaciones comerciales y algunos adujeron que el calibre 35 sería más compatible con los arsenales de la OTAN, que estaba dejando de usar el 40 mm. Sin embargo, como ya hemos dicho, esto no era más que otra forma de reciclar los componentes disponibles en el mercado de armas, algo que el programa no solo permitía sino que apoyaba activamente. Estos cañones estaban montados en una torreta bastante grande, que llevaba encima los dos radares, uno de búsqueda y otro de rastreo, separados uno del otro y montados en instalaciones plegables. De esta manera podían elevarse para tener más campo de búsqueda y retraerse para bajar la silueta y transportar más cómodamente el vehículo. Curiosamente, el radar de rastreo, de corto alcance, era un derivado del Westinghouse AN/APG-66 que se utilizaba en el caza F-16 Fighting Falcon. Esto traería enormes quebraderos de cabeza en los meses por venir. Al igual que la propuesta de GD, había sistemas de miras y telémetros ópticos, para el caso de encontrarse con blancos cercanos que tuvieran que ser atacados de manera más directa.

Ambos vehículos tenían grandes similitudes, tanto en la disposición de sus cañones como en las enormes torres, que eran casi tan grandes como el chasis del tanque en el que estaban montadas.

El ganador

Luego de ser elegidos, el US Army le dio a los contratistas un poco más de dos años para entregar sus prototipos: en junio de 1980, cada uno debía presentar una unidad de su modelo. Sin embargo, las pruebas se demoraron porque los dos prototipos entregados en esa fecha eran demasiado “inmaduros” para las autoridades, algo que, como veremos, no se solucionó con el tiempo.

Luego de una intensa batería de pruebas, que incluían el derribo simulado de aeronaves enemigas de diverso tipo, el prototipo de Ford Aerospace fue declarado ganador del program DIVAD el 7 de mayo de 1981. Esta decisión fue ampliamente criticada, ya que el otro prototipo había derribado muchas más aeronaves en las pruebas simuladas. FA recibió un contrato por 6.970 millones de dólares para la producción inicial del ahora llamado M247 Sergeant York.

El nombre del tanque era en honor al Sargento Alvin York, el soldado más condecorado por EEUU en la Primera Guerra Mundial. York había participado en un ataque en el que había matado al menos a 25 soldados alemanes y había capturado, por su cuenta, a 132. Condecorado además por varios otros países aliados gracias a su coraje, realmente es una pena que le hayan puesto su nombre a un aparato tan malo, que durante todas las pruebas tuvo problemas para acertar sus blancos.

Breve video promocional sobre las capacidades de los dos competidores del DIVAD, en donde se los muestra disparando y moviéndose. En las pruebas se utilizaron como señuelos tanto aviones como helicópteros, obviamente, no tripulados.

No hay que pensar mucho para darse cuenta de que el chasis de un tanque ya casi obsoleto sumado al radar de un caza posiblemente no se emparejen bien. Ya de por sí, el US Army había comenzado con un error garrafal: el sistema estaba montado sobre el M48 Patton que, si bien estaba disponible en grandes cantidades, no estaría a la altura si finalmente el sistema era aprobado, porque no podría mantenerle el paso a los nuevos tanques y vehículos de combate de infantería, más potentes y capaces de sortear obstáculos más complejos. Las prisas por desarrollar algo que funcionara habían cegado a muchos.

Como ha sucedido muchas veces con diversos programas de armas estadounidenses, la idea de que se podía “tirar dinero” a un problema para solucionarlo debe haber calmado a muchos. Pero rápidamente el programa comenzó a estancarse. Mucho de esto venía de la elección del radar de rastreo, que tenía problemas para diferenciar los helicópteros de los árboles. Como estaba diseñado para cazas que volaban alto, cualquier cosa que estuviera cerca del suelo lo confundía. Si se lo apuntaba hacia arriba en ciertos ángulos, los mismos cañones del vehículo confundían al sistema. Por si fuera poco, la velocidad de reacción era abismal: tardaba 10 u 11 segundos en adquirir un helicóptero, y entre 11 y 19 segundos si se trababa de un avión a gran velocidad. Cualquier aparato enemigo podría destruirlo mucho antes que eso.

Los cañones del M247 no eran para nada precisos, aparentemente porque habían sido mal almacenados.

Esto se veía agravado por muchas otras cuestiones. En las pruebas que se realizaron entre noviembre de 1981 y febrero de 1982, para testear cuestiones como la durabilidad y la confiabilidad, surgieron más problemas. La torre giraba muy lentamente y tenía problemas para operar en climas fríos, además de fugas hidráulicas. Los sistemas de contramedidas electrónicas eran fácilmente engañados. Es más: los cañones que se habían utilizado para armar al prototipo habían sido mal almacenados, por lo que estaban algo torcidos y no disparaban bien.

Sin embargo, ya se había avanzado demasiado como para cancelar el asunto, y se siguió adelante con la idea de poder solucionar los problemas con más dinero, pruebas y mejoras. Se llegó así a una situación de lo más patética, que sería graciosa si no hubiera puesto en peligro vidas humanas.

En febrero de 1982, se organizó una demostración para un grupo de oficiales estadounidenses y británicos en Fort Bliss, además de miembros del Congreso y otras personalidades políticas. Cuando las computadoras del sistemas fueron activadas, el prototipo comenzó a apuntar a las gradas donde estaba el público; en la confusión, muchos salieron corriendo y tuvieron heridas menores causadas por la estampida.

Minutos después, cuando los ingenieros lograron reiniciar el sistema, el prototipo consiguió apuntar a los verdaderos blancos… pero sus disparos cayeron a 300 metros, muy lejos de donde deberían. Incluso después de varios intentos, el sistema nunca logró un impacto sobre los blancos designados.

Este fracaso épico comenzó a marcar el final del programa. Uno de los responsables del prototipo dijo que el problema había sido causado porque el vehículo había sido lavado para la demostración, haciendo que las partes electrónicas se arruinaran. Algo totalmente inaceptable para un vehículo que, se suponía, podría intervenir en una guerra mundial contra el Pacto de Varsovia. Difícilmente se le podía pedir a los soviéticos esperar a tener días soleados para usar el sistema adecuadamente.

Durante los siguientes dos años, Ford Aerospace siguió trabajando en el prototipo, tratando de solucionar los problemas pero nunca llegando a eliminarlos del todo. Eventualmente tanto los militares como los políticos comenzaron a cansarse.

El M247 rodando a toda marcha durante una prueba. Obsérvense los dos radares sobre la torreta, completamente desplegados.

Fue así que, justo dos años después de la fatídica demostración, en febrero de 1984, el Departamento de Defensa de EEUU expresó públicamente su desacuerdo por las “totalmente inaceptables” demoras en el programa. A los pocos días, con seis meses de retraso, el US Army recibió los primeros modelos de producción, listos para ser probados. Eran totalmente ineficaces. Una vez más, la situación era patética: un reporte comentó que uno de estos primeros modelos confundió el extractor de aire de un baño químico con un blanco moviéndose a poca velocidad, posiblemente pensando que era un helicóptero.

Sin embargo, tal vez por cuestiones políticas y por la enorme necesidad de contar con el vehículo que tanto necesitaban, los administradores del programa dentro del US Army eran cautelosamente positivos, tratando de destacar lo bueno del sistema. Aparentemente era un vehículo confiable, incluso en condiciones negativas, pero durante estas pruebas persistieron los problemas de software y la vulnerabilidad a las contramedidas electrónicas.

El problema fundamental es que estos inconvenientes no se estaban presentando en prototipos, sino en modelos de serie. Y la promesa de recortar en cinco años el tiempo de desarrollo del sistema ya se estaba demostrando como imposible de cumplir. Además, empezaba a ser evidente que, para corregir todos los problemas, costaría mucho dinero, sobre todo si había que reparar o reemplazar partes de los vehículos ya fabricados y entregados.

Como veremos, el M247, si bien había entrado en servicio “oficialmente” al conseguir su nombre sin la X designada para los prototipos, no era más que uno de ellos.

El final de un sueño

Una vez puestos en aprietos, a los responsables del Ejército solo les quedaba presionar hacia delante, tratando de lograr que algo mínimamente confiable saliera de todo el asunto, ya que no había ninguna otra opción sobre la mesa. Después de la fallida demostración de 1982, la prensa estaba sobre el programa, investigando sus vericuetos y criticando el inútil gasto de dinero en algo que evidentemente no funcionaba, lo cual a su vez repercutía en los políticos que autorizaban y auditaban los fondos.

Para empeorar todo, los sistemas de ataque aéreo soviéticos que habían preocupado a los militares estadounidenses no dejaban de hacerse más poderosos y letales. El DIVAD debía suministrar capacidad de defensa aérea hasta los 3.000 metros, pero los nuevos aviones, misiles y helicópteros artillados soviéticos podían atacar por encima (y a veces muy por encima) de esa cota. Esto hacía que el DIVAD fuera totalmente obsoleto ya antes de entrar en servicio.

Como otra de las posibles soluciones, se sugirió sumarle al sistema un lanzador de misiles antiaéreos Stinger, pero esto despertó todavía más críticas. Si los sistemas inicialmente propuestos todavía no funcionaban correctamente, ¿cómo se solucionaría todo agregando más sistemas?

Cansados de la situación, eventualmente el Secretario de la Defensa Caspar Winberger ordenó que se realizara una serie de pruebas en situaciones de combate, proveyendo para eso la suma de 54 millones de dólares. Mientras tanto, el Congreso autorizó dinero para la producción en serie con este sistema de “prueba y error”, pero sólo si Weinberger aseguraba que el programa alcanzaba o superaba las especificaciones pedidas por el contrato original. Para garantizar mayor transparencia, el Congreso de EEUU envió en 1983 a representantes del Pentágono.

Estas pruebas comenzaron hacia finales de 1984, y como era de esperarse, los resultados fueron catastróficos. Los drones que se le presentaron como blancos simulados no fueron derribados ni siquiera cuando se movían en línea recta. Se bajaron standares de la prueba: los drones se quedaron quietos en el aire. Incluso esto no fue suficiente, ya que el radar tenía una señal tan pequeña que no podía detectarlos bien. En una movida completamente ridícula, se le sumaron varios reflectores de radar a los blancos simulados, en un desesperado intento por hacer que el sistema tuviera éxito. Eventualmente los disparos le dieron a los blancos, dañándolos y lanzándolos fuera de control. Pero en una movida realmente increíble, los controladores de los drones habían instalado dispositivos pirotécnicos en estos, que ellos activaron cuando los blancos estaban todavía en el aire, simulando su destrucción completa.

La prensa no tardó en tomar todo el asunto como una broma, y a partir de ese momento, todas las pruebas realizadas sobre el aparato perdieron credibilidad ante el público y los políticos.

Mientras tanto, los representantes del Pentágono continuaron asistiendo a estas pruebas, en las que se verificaron graves deficiencias. Aunque los cañones hacían bien su trabajo, todo el conjunto tenía enormes problemas de confiabilidad. El radar era totalmente inapropiado para la tarea que se le había dado (recordemos que originalmente era el radar de un avión caza). Entre diciembre de 1984 y mayo de 1985, el programa falló al menos 22 de 163 requerimientos contractuales, y tuvo otras 22 fallas graves de operatividad. Como resultado, el Pentágono reportó que, si bien el sistema era mejor que el actual Vulcan, no era adecuado para cumplir su misión de protección a las fuerzas terrestres.

Esto hizo que, el 27 de agosto de 1985, el Secretario de la Defensa Winberger cancelara completamente el proyecto, a pesar de que ya se habían producido al menos 50 vehículos. Durante todos esos años, EEUU había gastado al menos mil millones de dólares en un sistema que, si bien tenía algunas mejoras marginales sobre su predecesor, era notablemente ineficaz para cumplir su tarea. Como consecuencia de este fallo garrafal, se intentaron varias adaptaciones de otros vehículos, de nuevo buscando “emparchar” la situación, pero ninguno logró prosperar, y así que incluso hoy, el US Army sigue empleando adaptaciones de vehículos para su defensa antiaérea, muchos de los cuales no son mejores que los que los precedieron.

Avión de reconocimiento estratégico Lockheed U-2

Aunque parecía desaparecido de la escena internacional, esta mariposa negra sigue volando y haciendo un trabajo impecable, varias décadas después de su primer vuelo.

El U-2 es un avión monoplaza, de un solo motor, dedicado al reconocimiento estratégico de gran altura. De proporciones extrañas para un avión, podría pasar fácilmente por un planeador. Este avión las requiere para volar adecuadamente a grandes altitudes, allí donde la atmósfera es casi inexistente.

La gran envergadura del U-2 lo hace reconocible en cualquier parte del mundo. Es sin duda su característica más destacable.

Este avión espía puede llevar una gran cantidad de sensores y cámaras de diverso tipo, y es un aparato de reconocimiento fiable. Sin embargo, es difícil de despegar, de aterrizar y de pilotar, por lo que requiere a los mejores pilotos disponibles.

Su misión es la de proveer a las USAF y a la CIA y de vital información sobre instalaciones enemigas, ya sea de día o de noche, volando a gran altura en condiciones de todo clima, y de manera continua. Dicha información de inteligencia es un aspecto crítico para los que toman decisiones importantes en todas las fases de un conflicto, incluyendo señales de guerra en tiempo de paz, crisis, conflictos de baja intensidad y operaciones a gran escala.

Nacimiento y uso durante la Guerra Fría

El U-2 fue producto de mucho tiempo de trabajo entre la CIA, la USAF y la corporación Lockheed, que comenzó a ganar fama con sus programas secretos, al igual que ciertos otros proveedores.

El primer avión aprobado para dicho programa fue el Lockheed Skunkworks CL-282, con código AQUATONE, para la CIA. En ese momento, el presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower autorizó la operación OVERFLIGHT, que pudo haber puesto al mundo al borde del desastre.

En 1955, en uno de los momentos más duros de la Guerra Fría, la administración de Eisenhower propuso al gobierno soviético una política de Cielos Abiertos, la cual establecía que, para mantener el equilibrio del poder, los dos países pusieran espiarse con aviones de reconocimiento de manera totalmente “legal”. La idea detrás de este acuerdo era que las dos partes estuvieran más tranquilas al poder vigilar que el oponente no estaba preparando ningún tipo de ataque. Sin embargo, la URSS no aceptó dicho acuerdo. Esto llevó a los EEUU a autorizar de manera clandestina el sobrevuelo de aviones U-2 de las instalaciones militares soviéticas.

En ese momento, el U-2 estaba saliendo de su capullo. Fruto del talento de un grupo de ingenieros liderados por Clarence L. “Kelly” Johnson en la planta “Skunk Works” de Lockheed en Burbank, California. Tanto el diseñador como el lugar seguirían siendo famosos por sus aviones mucho tiempo después.

El U-2 hizo su vuelo inaugural en agosto de 1955, y un año más tarde fue declarado operacional, comenzando a servir en su misión.

Para evitar que su silueta tan característica fuera reconocida inmediatamente, se le inventó una “tapadera”. Los U-2 eran, en los papeles y en casi todo, miembros de un ficticio 2º Escuadrón de Reconocimiento de Clima (Provisional), y comenzaron a arribar a la base estadounidense de Adana, en Turquía, justo un año después de su primer vuelo. No era un punto al azar: Turquía era una de las formas de acceso más directas al Pacto de Varsovia, y además su gobierno estaba deseoso de colaborar con la OTAN.

Dada la dificultad de la misión, la base tuvo que ser mejorada: ni siquiera tenía un perímetro de defensa. Al parecer, los aviones del clima eran muy valiosos. La USAF se encargaba de proveer al escuadrón de comandantes y apoyo logístico, mientras que la CIA entrenaba y ponía a disposición a los oficiales, pilotos y planificadores de misión, encontrando las bases más apropiadas en diferentes partes del mundo. En este sentido, una de las cuestiones más curiosas era que, si bien los pilotos provenían de la USAF o de la US Navy, no podían volar el avión perteneciendo a estas organizaciones. Para poder ocultar mejor sus intenciones, el programa los obligaba a renunciar y a ser recontratados por la CIA como civiles. Sin embargo, se les pagaba muy bien y según el acuerdo, la USAF se comprometía a recontratar a los pilotos con el mismo rango con el que se habían marchado, una vez dejaran de volar el U-2. También es curioso notar que Eisenhower propuso, en un primer momento, que este aparato fuera volado por pilotos extranjeros, para que, en caso de ser derribados, EEUU pudiera negar su involucramiento. Por lo que se sabe, algunos pilotos griegos y uno polaco intentaron pasar por el programa de reclutamiento, pero fuero rechazados por su escasa experiencia en reactores y sus pobres resultados, dificultados por la barrera idiomática. Esto hizo que el programa buscara, a partir de entonces, solo a pilotos de caza estadounidenses. Como las primeras unidades no tenían versiones de entrenamiento, los pilotos tenían su vuelo de bautismo solos, siendo guiados por radio. El piloto de pruebas Tony LeVier entrenó a varios pilotos de Lockheed, y también a los primeros seis pilotos de la USAF, quien a su vez se convirtieron en instructores de los demás pilotos que fueron ingresando al programa.

Obviamente, toda esta organización no tenía nada que ver con el clima, y se trataba de una de las más estrechas colaboraciones de la CIA con una organización armada de EEUU. La CIA organizó diversos “destacamentos”, cada uno clasificado con letras; así por ejemplo el Destacamento B estaba en Turquía, el C en Japón, etc. Cada uno en países aliados cercanos a un país enemigo. A veces, las misiones de reconocimiento sobre territorio comunista se realizaban con conocimiento y aprobación (secreta) del gobierno amigo, pero en otros casos, los aliados eran más o menos engañados y no conocían todos los detalles.

Una muestra del trabajo del U-2. Fotografía de gran definición del sitio de lanzamiento de misiles SS-6, del cual despegó el Sputnik.

Pronto, el el U-2 tuvo que afrontar su primer desafío: volar a gran altitud sobre la Unión Soviética, reunir información fotográfica y señales electrónicas para la inteligencia estadounidense.

Sin embargo, en esa fecha el mundo era lo suficientemente peligroso como para que fueran necesarias otras misiones en diferentes partes. En septiembre de 1956, por ejemplo, un piloto de U-2 llamado Gary Powers voló sobre el Mediterráneo oriental para determinar la posición de barcos franceses y británicos que apoyaban la invasión israelí de Egipto, luego de que el ejército de dicho país hubiera tomado control del Canal de Suez. Otros vuelos fueron sobre países conflictivos de la zona, como Siria, Irak, Arabia Saudita, Líbano y Yemen.

Hacia fines de 1957, muchas cosas habían cambiado en la base turca. En febrero de 1958 su nombre pasó a ser Incirlik, y se convirtió en la mayor base de U-2 del mundo. Sus recursos eran muy grande, y su tarea cada vez más complicada.

Otra de las bases estaba en Pakistán, desde donde se espiaban las instalaciones de misiles soviéticas. Por cada misión de cada base, había una misión más de diversión. Un avión despegaba, pero en lugar de entrar en el territorio soviético, se quedaba volando por la frontera, para dividir el esfuerzo de persecución. Estos vuelos partían de Incirlik, volaban sobre Irán y el sur del Caspio hacia la frontera entre Pakistán y Afganistán, y volvían por la misma ruta. Pero no eran en vano: aprovechaban para sacar fotografías y recoger información de dichos países, entre otras cosas.

Dichas operaciones de U-2 continuaron por muchos años en ambas bases. Los soviéticos podían detectar a los U-2 con sus potentes radares, pero había poco que pudieran hacer. El U-2 volaba demasiado alto, tanto, que ningún tipo de AAA podía alcanzarlo. Incluso los aviones interceptores de esa época tenían dificultares a esa altura. El aparato era perfecto.

En 1958, los U-2 del Destacamento C de la CIA, con base en Taiwan, volaron sobre la costa de China para averiguar si este país estaba preparándose para una invasión sobre Taiwan, y en 1959 ayudaron a recolectar información durante un levantamiento en Tibet. Este grupo de aparatos operaba en bases japonesas, aunque por un tiempo lo hicieron en bases filipinas. Hasta 1960, se dedicaron muchas veces a recolectar muestras de aire de la atmósfera alta en búsqueda de rastros de pruebas nucleares soviéticas.

Lo que sucedió en ese año hizo que este grupo de aviones espías fuera retirado de Asia, y que se cambiara totalmente su forma de uso. Y es que los vuelos sobre la URSS estaban dejando de ser seguros. Los radares soviéticos seguían detectando a lo que ellos creían eran bombarderos Canberra, similares en forma a los U-2. Si bien no podían hacer nada para derribarlos, sabían que estaban allí. Y eventualmente, supieron hacer lo que era necesario.

Así, el programa de la CIA cambió repentinamente el 1 de Mayo de 1960, fiesta nacional en la URSS por celebrarse el Día del Trabajo. Incluso en dicha ocasión, la defensa soviética no descansaba. El piloto Gary Powers había despegado desde Pakistán y debía llegar a Noruega. En el camino debía fotografiar dos enormes instalaciones de pruebas de misiles balísticos intercontinentales, uno en Sverdlovsk y el otro en Plesetsk. Obviamente, las dos estaban fuertemente defendidas por baterías antiaéreas de todo tipo.

Powers no era un novato, ya que tenía 27 misiones en su haber. Pero algo puede salir mal, incluso con experiencia y el mejor avión. Todo salió perfecto al comienzo. Tanto él como el vuelo de diversión de Incirlik salieron a tiempo. Pero cuando el U-2 de Powers llegó a Sverdlovsk, estando a más de 20.000 metros de altura, los soviéticos, que lo tenían en la pantalla del radar, atacaron. Los soviéticos tenían muchas ganas de derribar uno de esos aviones espías que por años habían violado la seguridad nacional. No fue para menos: 14 misiles antiaéreos SA-2 fueron lanzados al instante, en una andanada mortal, que nada podría resistir. Aunque ninguno de los misiles alcanzó de lleno al avión, las sucesivas explosiones cercanas formaron una onda de choque que despedazó al frágil aparato.

Powers se eyectó sin poder accionar los controles de autodestrucción que hubieran desintegrado los sensores y aparatos espías del avión. Luego fue arrestado por los soviéticos, quienes lo mantuvieron oculto por unos días. Cuando Eisenhower negó públicamente la existencia de los vuelos espías, el gobierno soviético lo hizo quedar en ridículo al presentar tanto al avión como al piloto. Powers fue juzgado y estuvo preso en la URSS por dos años, hasta que fue canjeado por un espía soviético capturado en territorio occidental.

Todo el asunto trajo problemas diplomáticos a nivel mundial. Los gobiernos de Turquía, Pakistán y Noruega desconocieron que los aviones fueran espías, y luego todos los U-2 volvieron silenciosamente a EEUU. Se trató, en suma, de una enorme pérdida para el programa, pues a partir de ahora ya no se pudo desconocer lo que hacían estos aviones, y todo el mundo los reconocería si aparecían en bases extranjeras. El presidente, para evitar nuevos problemas de este tipo, dictó una orden especial que prohibía los sobrevuelos espías sobre territorio de la URSS.

El derribo de Powers sacudió completamente a la comunidad de la CIA. Muchos destacamentos fueron retirados de sus bases, para evitar problemas diplomáticos, los aviones mudados a otras instalaciones en y sus pilotos devueltos a EEUU (aparentemente en la base turca también operaban pilotos británicos, sin el consentimiento turco). Todo el asunto generó una gran restructuración del programa, que cambió de bases, nombres y forma de operación. Eventualmente, los U-2 pasarían a operar bajo la estructura de la USAF: ya no existía necesidad de ocultar la existencia o la verdadera misión de la nave, y de esta manera se simplificaba su operación al no tener que entrenar y seleccionar pilotos a escondidas.

Esta restructuración no afectó, sin embargo, la carrera del U-2, porque la Guerra Fría continuaba. El 15 de octubre de 1962, el mayor Richard S. Heyser, volando sobre Cuba en uno de estos aparatos, fue el primero en conseguir fotografías de los sitios de lanzamientos de misiles que los soviéticos estaban construyendo en la isla. Así EEUU tuvo pruebas de sus acusaciones, para poner entre la espada y la pared a Kruschev. Lamentablemente, en una misión similar el 27 de octubre, con la Tercera Guerra Mundial a punto de comenzar, el mayor Rudolph Anderson, Jr fue derribado en su U-2, y pereció en el acto.

Una muestra del trabajo del U-2 en Irak: una base aérea y sus instalaciones aledañas. Incluso se pueden ver los aviones alineados junto a la pista. El ojo bien entrenado de un agente de reconocimiento puede saber muchos detalles gracias a fotografías de este tipo.

Pero la Guerra Fría se desparramaba por todo el mundo, y pronto la CIA tenía otros objetivos, otras bases y otras misiones para el U-2. A pesar de que los satélites espía seguían perfeccionándose, estos aparatos tenían grandes ventajas: no tenían órbitas predecibles, podían ser mejorados con facilidad, no eran tan detectables y además podían hacer vuelos sobre cualquier zona, algo que los satélites no podían ya que sus rutas eran fijas.

Fue por eso que en los años siguientes, el U-2 continuó siendo la elección de la USAF y la CIA. “La Compañía” voló estos aparatos, sin marcas, desde bases taiwanesas en misiones sobre Vietnam del Norte desde febrero de 1962, pero después de lo sucedido en el Golfo de Tonkin (momento en el que EEUU se involucra oficialmente en la guerra civil vietnamita), el SAC (Strategic Air Command, Comando Aéreo Estratégico) tomó el control de todas las misiones de reconocimiento del U-2 sobre Indochina. Hacia noviembre de 1962 el Destacamento G fue desplegado en una base tailandesa, espiando entre otras cosas la frontera entre China e India, países que sostuvieron una breve guerra entre octubre y noviembre de ese año. La alianza de India con EEUU permitió que el año siguiente este país cediera bases para misiones sobre China y la URSS, aunque la base de Takhli en Tailandia continuó siendo la principal base en Asia.

A comienzos de 1964, el SAC envió un destacamento de U-2s a Vietnam del Sur, para realizar reconocimiento sobre su vecino del norte. Con la Guerra de Vietnam escalando rápidamente, tuvieron bastante trabajo, entre otras cosas, identificando bases de misiles antiaéreos, que eran la principal amenaza de los bombarderos y cazabombarderos que se introducían en territorio enemigo.

Durante este conflicto estos aparatos continuaron dando información precisa, perdiéndose solo uno de ellos en combate, sin tener que lamentarse la pérdida del piloto. Incluso cuando se firmó el cese al fuego y EEUU quedó al margen del conflicto, la CIA tomó el relevo y continuó usando los U-2 sin identificación del Destacamento H durante 1973 y 1974, espiando objetivos en el país del norte.

Pero incluso sin poder sobrevolar la URSS y sin una guerra en Vietnam, los U-2 se mantuvieron en activo observando a aliados y enemigos en sus conflictos regionales. Por ejemplo, en 1970 un par de estos aparatos vigilaron el desarrollo del conflicto entre Israel y Egipto.

Variantes

Obviamente, un aparato tan viejo como el U-2 no podría seguir operando sin haber sido mejorado, adaptado y reconfigurado para mantenerse al día. Sin embargo, los modelos actuales están derivados directamente de la versión original, que voló por primera vez en agosto de 1955.

Curiosamente, la primera versión, la A, no tenía variante de entrenamiento; se fabricaron 48, que sirvieron para formar a los primeros pilotos. La versión C, la más utilizada durante los momentos más calientes de la Guerra Fría, tenía un motor más potente y tomas de aire modificadas. Las versiones D y CT eran biplazas, pero solo la CT era de entrenamiento; la necesidad de contar con esta variante se hizo evidente luego de diversos accidentes y problemas para capacitar a los pilotos novatos. Más adelante surgieron las versiones E y F, que podían ser reabastecidas en vuelo. Sin embargo, no se usó esta capacidad, ya que se demostró que la fatiga del piloto hacía peligroso que volara durante demasiado tiempo.

Durante los años 60s y 70s se pensaron y construyeron otras variantes, a veces en cantidades tan limitadas como una o dos, pensadas para cuestiones muy específicas o para probar tecnologías.

El salto más grande lo representó el U-2R, que voló por primera vez en 1967. Era 40% más grande que la primera versión, podía volar mejor gracias a sus alas más grandes y llevar más equipo. Esta variante se convirtió en el modelo base para muchas otras, mientras las anteriores eran retiradas de servicio o a veces eran derribadas. Con el tiempo, los modelos en actividad fueron mejorados, cambiando sus motores por los
F-118-101 y convirtiéndose en U-2S Senior Year. La USAF aceptó en servicio al primer U-2S en octubre de 1994, mientras que el último modelo R original, un entrenador, fue convertido en un modelo S de entrenamiento en 1999.

La versión de reconocimiento táctico, llamada TR-1A, voló recién en agosto de 1981, siendo entregada a la USAF al mes siguiente. Este modelo estaba diseñado para situaciones de reconocimiento en Europa, y era estructuralmente idéntico al U-2R, pero no se sabe mucho de sus diferencias internas. La única forma de diferenciarlo es por los grandes contenedores de instrumentos que cuelgan en cada ala. Esta versión fue operada por la 17º Ala de Reconocimiento, en la Base Aérea de la RAF en Alconbury, a partir de febrero de 1983. Sin embargo, su carrera fue relativamente breve. Con el final de la Guerra Fría, los últimos U-2 y TR-1 fueron entregados a la USAF en octubre de 1989. Igualmente, tres años más tarde, todos los TR-1 y U-2 fueron redesignados U-2R. Mientras tanto, la variante biplaza de entrenamiento del TR-1, el TR-1B fue renombrado TU-2R.

El ER-2 nº 809 de la NASA. Estos aparatos se utilizan para diversas investigaciones científicas y civiles. Solo existen dos unidades de este modelo, modelos TR-1A reconvertidos para esta nueva misión.

Tal vez la versión más curiosa del U-2 es el ER-2, una variante utilizada por la NASA en el famoso Dryden Flight Research Center. Se lo utiliza para la investigación civil a gran altura, para observar procesos oceánicos y los cambios en la química de la atmósfera, entre otras cosas. Es fácilmente diferenciable de las versiones militares gracias a su color blanco y el logo de la NASA en la deriva. El 19 de noviembre de 1998, uno de estos aviones impuso un récord de altura para su clase (entre 12 y 16 toneladas), volando a una altitud de 20.479 metros (poco más de 67.000 pies) en vuelo horizontal.

El U-2 para portaaviones

Luego del fiasco por el derribo de Powers, la CIA comenzó a pensar en idas para mejorar el alcance y evitar tener que pedir permiso de uso de bases en el extranjero, sobre todo porque muchos gobiernos no querían enemistarse con la URSS o tener problemas diplomáticos.

La solución más práctica fue la conversión del U-2 para poder usarse en portaaviones. La CIA comenzó a desarrollar esta idea bajo el nombre de proyecto Whale Tale, en 1963. Tres aparatos (redesignados U-2G) fueron convertidos para uso en portaaviones, instalándose en ellos ganchos de aterrizaje. Aviadores navales de la US Navy fueron reclutados y capacitados para volar el tan poco común avión.

Aunque pueda parecer una locura, lo cierto es que este desarrollo tuvo buenos resultados: era posible despegar y aterrizar un U-2G en un portaaviones. Sin embargo, solo se usaron estos aparatos operacionalmente en dos oportunidades, en mayo de 1964 y a bordo del USS Ranger. En este caso, el objetivo fue espiar a un aliado: las dos misiones que despegaron lo hicieron para observar una prueba de bombas atómicas francesa en Moruroa, en la Polinesia Francesa.

Más adelante, en 1969, los nuevos y más grandes U-2R probaron que también podían hacer lo suyo sobre una cubierta de portaaviones, en este caso, sobre el USS America. Sin embargo, todo indica que a partir de ese año las pruebas se detuvieron y estos aparatos no volvieron a utilizarse en el mar. Sin embargo, se construyó un U-2H, que era un modelo G pero con capacidad de reabastecimiento.

Sensores y mejoras

Los sensores del U-2 incluyen cámaras de gran distancia focal, radares de apertura sintética, sistemas de inteligencia electrónica, y casi cualquier otra cosa. Como están diseñados de manera modular, pueden intercambiarse para cualquier misión, adaptándose sobre la marcha para llevar a cabo tareas muy diversas.

Algunos de los sensores utilizados son el SYERS, de tipo electro-óptico, con un alcance de 120 km, el ASARS, de imágenes radar, con un alcance de 180 km, y otros como el SENIOR GLASS, SENIOR RUBY y SENIOR SPEAR, de inteligencia electrónica y de intercepción de comunicaciones, con un alcance de 280 km.

El HR-329 es un sistema de reconocimiento óptico de alta resolución, estabilizado por giroscopios. Generalmente se lo usaba en ángulo, para lograr un mayor alcance. Sin embargo, durante la operación Tormenta del Desierto, se decidió experimentar con la cámara apuntada hacia abajo. Los resultados impresionaron por la claridad de detalle lograda, aunque lamentablemente esto limitaba el alcance y por lo tanto la resolución. Otro de los defectos de este sistema es que los blancos de reconocimiento deben ser preseleccionados por los técnicos; además, la película debe ser procesada luego de que el avión aterriza.

Otro de los sensores es el IRIS-III, también óptico, que utiliza una cámara panorámica, que mediante un sistema de rotación, permite escanear lateralmente 140 grados. Esta cámara cubre unas 32 millas náuticas a ambos lados del U-2. Por lo tanto, cubre más terreno que la HR-329, pero lo hace a costa de la resolución menor.

La potencia por sí misma no sirve de nada si el avión no tiene sustentación. Las largas alas del U-2 le permiten volar tan alto que se encuentran al límite de la atmósfera: sus pilotos tienen que llevar trajes similares a los de los astronautas.

Varias fueron las mejoras del U-2, a partir de que, en 1996, se aprobaron 57 millones de dólares para solucionar la casi crítica situación de los sensores. 10 millones se usaron para mejorar y achicar el SYERS y el ASARS, para que pudieran instalarse simultáneamente en la misma nave, cosa que no podía hacerse antes. Con ese dinero también se le agregó a los U-2 un GPS, para permitirles saber su exacta posición constantemente: dichos datos se escriben automáticamente en cada fotografía tomada. El resto del dinero fue utilizado para mejorar los otros sensores como el SENIOR GLASS, SENIOR RUBY y SENIOR SPEAR.

Uno de los grandes defectos del U-2 era que el piloto no tenía conciencia de las amenazas que lo perseguían, como misiles o aviones caza. Como se suponía que nada podía alcanzarlo, no era necesario en el momento de su diseño. Pero luego de varios derribos, se vio la necesidad de revertir dicha situación.

Así se comenzaron a agregar dichos sistemas de defensa, para aumentar las posibilidades de supervivencia ante las amenazas modernas. Se utilizaron contramedidas electrónicas, bengalas defensivas, un sistema de reducción de emisiones infrarrojas, al igual que un dispositivo que alertaba al piloto de misiles que lo estuvieran siguiendo.

Sin estos sistemas, el U-2 debería ser utilizado en conjunción con aviones escoltas, lo cual sería inaceptable en el caso de situaciones potencialmente conflictivas como el sobrevuelo de un país que todavía no ha declarado la guerra.

Otro de los cambios más importante del U-2 es en materia de motores. Siendo que la USAF pretende que estos aparatos sigan en funcionamiento hasta 2020, se decidió reemplazarlos para reducir costos y aumentar la eficiencia general.

En un comienzo, los J57-P-37A de los U-2A, que solamente daban 5.080 kg de empuje, fueron reemplazados por los Pratt and Whitney J-75-13B de los U-2B, que también eran usados en los cazas F-105. Sin embargo, esta planta motriz, debido a su edad, se hizo cada vez más cara y difícil de mantener y utilizar. Además, al agregar sensores al U-2, aumentaba el peso y hacía necesario un nuevo motor. Por otra parte, el J-75 consumía mucho combustible, lo que hacía imposible que el avión volara 24 horas sin reabastecimiento, como se le exigiría en tiempos de guerra.

Finalmente, en 1998, toda la flota de U-2 fue remotorizada con el General Electric F-118-101, que era más liviano, potente y consumía menos combustible. Esto convirtió al aparato en una plataforma de reconocimiento todavía más importante.

El piloto

Una de las características menos conocidas de aviones espías de altas prestaciones, como el U-2 y el SR-71, es el cuidado que tienen que darle a el o los pilotos, que casi se convierten en astronautas al tener que volar tan alto.

Técnicamente, el piloto del U-2 ingresa a una parte baja del espacio exterior. Por eso es lo más parecido a un astronauta que puede llegar a ser un piloto de avión. En la fotografía, puede verse la superficie terrestre reflejada en el casco.

Es también una de las causas del enorme peso y complicación de los sistemas de abordo de estos dos aviones. Los pilotos tienen que llevar trajes de oxígeno completos, como se fueran al espacio. A la altura que vuelan, apenas hay aire, y en el caso de tener que eyectarse, deben tener a mano la mayor cantidad disponible.

Los pilotos tienen que estar protegidos contra el frío, la baja presión y la falta de aire. Cualquiera de estos tres factores no solo podría matarlo, sino que también, aunque no lo matara directamente, podría comprometer la misión y al avión. Obviamente, la falta de aire y la baja presión lo desorientan y el frío puede hacerle perder la sensibilidad y destreza en los controles.

Para peor, la enorme altitud hace que las características físicas de las cosas más normales cambien. Por ejemplo, a más de 20.000 metros, el agua hierve a menos de 40º. Esto puede hacer que, literalmente, la sangre del piloto se evapore si no está apropiadamente protegido.

En resumen, los efectos médicos adversos de todos estos factores requieren de un sistema de apoyo vital complejo y pesado, además de personas muy entrenadas y capacitadas. Los trajes que emplean los pilotos son los llamados “trajes de presión parcial” (en inglés, PPS). No por nada son los mismos que usan los astronautas en los viajes de ida y vuelta al espacio. Sin embargo, no son “trajes espaciales”, en la medida en que resisten la exposición al vacío, pero no son totalmente autónomos. Más livianes y baratos que los trajes espaciales verdaderos, los PPS solamente dan 45 minutos de oxígeno, y no tienen protección contra las radiaciones cósmicas, ni sistemas de refrigeración. Eso sí, pueden conectarse a un generador externo de oxígeno, cosa que sucede a bordo de un U-2.

El factor psicológico también es importante. En las misiones de largo alcance, el piloto estará solo en su cabina y en el cielo por espacio de 10 horas. Esto requiere de una adaptación especial. Por otra parte, hace necesario que el piloto lleve suficiente agua como para mantenerse hidratado.

Incluso en caso de eyección, como le sucedió a Gary Powers, el piloto está totalmente protegido por el traje y el asiento, que le permiten un descenso relativamente calmado, aunque, eso sí, un poco largo teniendo en cuenta la altura de vuelo.

El fin de la Guerra Fría y su posible retiro

Pensado específicamente para un uso emblemático de la Guerra Fría, como ser el reconocimiento estratégico sobre territorio enemigo, cuando este conflicto empezó a apagarse, pareció que el U-2 desaparecería, al igual que muchos otros aparatos especializados.

En junio de 1976 los U-2 de la 110º SRW (Strategic Reconnaissance Wing, Ala de Reconocimiento Estratégico) fueron transferidos a la 9º SRW, en la base aérea de Beale, en California, donde aparentemente todavía operan la mayoría de los U-2. En ese momento las unidades se unieron con las del SR-71, mucho más costoso de mantener, que sería dado de baja años después. Hasta ese momento, estos aparatos dependían todavía del SAC, pero cuando este fue desmantelado en 1992 (la Guerra Fría había terminado) el Ala fue transferida al nuevo ACC (Air Combat Command, Comando de Combate Aéreo) y renombrada 9º Ala de Reconocimiento.

Durante estos años, el U-2 demostró tanto sus limitaciones como sus capacidades. En 1984, durante un ejercicio a gran escala de la OTAN, un piloto de la RAF interceptó a un U-2 a 20.100 metros (unos 66.000 pies), utilizando un ya obsoleto Lightning F3. Durante décadas se había considerado que a esta altura, este avión espía era imposible de ser interceptado por otros aviones. Hay que señalar, sin embargo, que hacia principios de la década de 1960, el entrenamiento conjunto con pilotos británicos ya había demostrado que esta intercepción era posible; solo que es posible que se haya clasificado y no alcanzó estado público.

El U-2 también colaboró en la investigación astronómica, recolectando información al instalarse en un U-2R una ventana superior que permitió la observación de radiación de fondo desde el límite de la atmósfera terrestre. Además, en 1989, otro U-2R volando desde una base aérea en Florida tomó fotos del despegue de un transbordador espacial. Esto ayudó a identificar la causa de la pérdida de las losas térmicas que sufrían los transbordadores, algo que se descubrió en los primeros vuelos realizados luego de la catástrofe del Challenger.

Fue así que, adaptándose de diferentes maneras, el U-2 continuó en servicio incluso en una época en la que los satélites espías habían madurado y podían obtener información mucho más precisa. Aunque las versiones utilizadas actualmente fueron fabricadas en la década de 1980, el modelo en sí tiene ya casi 60 años de antigüedad. Sin embargo, su capacidad para hacer frente a situaciones muy diferentes en poco tiempo y a montar todo tipo de aparatos de vigilancia avanzados lo ha hecho poco menos que insustituible. Un ejemplo de esto es el hecho de que el SR-71, diseñado para reemplazarlo y evitar toda posibilidad de derribo al volar a Mach 3, fue retirado de servicio en 1998, en parte por su elevado costo de mantenimiento. El U-2, por otra parte, al utilizar mucha tecnología convencional, tanto en motores como en su fuselaje, puede desplegarse en cualquier parte del mundo y tiene un costo por misión y por hora de vuelo mucho menor.

Esta foto, tomada en 1996 cerca de la base aérea de Beale, California, nos muestra en U-2 de dicha base. Aunque parecía haber terminado sus días junto con la Guerra Fría, su importancia no hizo más que acrecentarse. (foto de la USAF, tomada por la Master Sgt. Rose Reynolds)

Sin embargo, hacia el cambio de siglo, la modificación radical de la geopolítica hizo que pareciera obsoleto y se empezara a buscar su reemplazo y desactivación. Ya en diciembre de 2005, documentos del Pentágono pedían que se lo retirara del servicio en 2012, iniciando este proceso en 2007. En sintonía con esto, el entonces Secretario de Defensa Donald Rumsfeld anunció que su retiro representaría un recorte de presupuesto relacionado a una fuerte reorganización de la USAF. Su reemplazo mencionado era el RQ-4 Global Hawk, un drone no tripulado capaz de despegar y aterrizar por su cuenta, volar grandes distancias e incluso permanecer en vuelo durante más de un día completo.

Sin embargo, aparentemente el desarrollo de este aparato no fue tan sencillo como se lo esperaba, y en 2009, la USAF decidió extender el proceso de retiro del U-2 hasta 2014, para dar más tiempo a este proceso. En el camino, otros drones similares comenzaron a ser incorporados al servicio: en 2010, el RQ-170 Sentinel comenzó a reemplazar a los U-2 en la base aérea de Osan, en Corea del Sur.

Sin embargo, sus años en servicio seguían sumando experiencia: el U-2 fue mejorado durante la Guerra de Afganistán, ganando más capacidades de reconocimiento y de detección de amenazas. Entre el 2000 y el 2010, este modelo voló cientos de horas y misiones en las diversas operaciones relacionadas con la invasión de Irak y de Afganistán (luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001), además de otros conflictos regionales en África y el Medio Oriente. Un solo U-2 en Chipre, por ejemplo, ayudó en 2011 a reforzar la política de prohibición de vuelo sobre Libia, y en ese mismo año, otro aparato basado en Osan ayudó a recolectar datos sobre el terremoto y el tsunami que dañó seriamente el reactor nuclear de Fukushima, en Japón. Y es que el U-2 no solo tiene aplicaciones militares: sus imágenes y señales recolectadas pueden tener funciones civiles y científicas. Otro ejemplo de esto es el uso que se le dio en agosto de 2018, cuando la NASA lo utilizó para apuntar sensores infrarrojos y hacer un mapa del que sería el mayor incendio forestal registrado en la historia de California, el incendio del complejo de Mendocino.

Con la entrada en servicio del RQ-4 en 2010, el U-2 volvió a estar en peligro, como parte de un tira y afloja político y económico dentro del gobierno estadounidense. Para marzo de 2011, luego de muchos años de servicio, algunas pérdidas y varias unidades dadas de baja, el inventario era de solo 32 U-2S. Se dijo que se lo mantendría en servicio hasta 2015, pero Lockheed Martin presionó diciendo que estos aparatos solo habían servido un quinto de las horas de vuelo que podían dar, siendo uno de los modelos más jóvenes de la USAF. Esto contradecía a las autoridades militares, que no querían tener en servicio dos aviones con las mismas capacidades y por lo tanto, gastar el doble. La legislación propuesta en esa época estipulaba que cualquier reemplazo debía tener costos de operación menores.

En estos años cruciales, sin embargo, surgieron varios problemas con el RQ-4. El aumento en los costos de desarrollo hizo que se pidieran menos unidades y se cancelara una variante más avanzada, el Bloque 30. Esto le dio tiempo al U-2 para seguir en servicio. Sin embargo, sectores de la USAF presionaban para que el RQ-4 entrara en servicio más rápidamente, aunque otras partes rescataban las capacidades del U-2 y las ventajas de tener un piloto en la cabina. Los costos eran otro argumento: se calculó en 2014 que el costo de la hora de vuelo del U-2 era de 2.380 dólares, mientras que la de su competidor era de 6.710. Por si fuera poco, los críticos señalaron una deficiencia clave: las cámaras y sensores del RQ-4 eran menos capaces, y no podían operar en condiciones climáticas difíciles. Esto hizo que se iniciara un proceso de adaptación de los RQ-4, para lograr que los sensores de los U-2 puedan ser utilizados en el avión más moderno.

Estos desarrollos, y la bajada constante de los costos de operaciones del RQ-4, gracias a la investigación y la experiencia de vuelo y de producción, hace que la fecha de retiro del U-2 se acerque cada vez más. Se dice que retirar al modelo más antiguo permitiría un ahorro lo suficientemente grande como para reinvertirlo en el desarrollo y mejora de las unidades existentes del RQ-4, que sería mejorado en un proceso de unos 10 años. Sin embargo, los críticos temen que haya una pérdida de capacidad durante estos años, generándose una brecha en la cual la USAF no tendría lo mejor de lo mejor en tecnología de reconocimiento.

Es por todo esto que las señales son confusas: la lucha de poder entre diferentes partes continúa. En 2014, la Lockheed Martin contraatacó proponiendo una versión sin piloto del U-2, con mayores capacidades, que fue rechazada. En el presupuesto de 2015, un comité incluyó una mención que prohibía el uso de fondos para retirar o poner en almacenamiento al U-2, planteando el temor por esta supuesta pérdida de capacidades al hacerse el traspaso a un modelo nuevo, no totalmente probado.

El mismo jefe del Comando de Combate Aéreo de la USAF, el General Mike Hostage, fue contundente al admitir que “tomará ocho años que la flota del RQ-4 pueda lograr el 90% de cobertura de la flota de U-2.”. Esto no hizo más que ayudar a este último a permanecer en activo.

Tal parece que demorar el retiro es la posición que se adoptó finalmente, sobre todo debido a la pérdida de tiempo en este tira y afloja, que le permite al U-2 seguir operando. Cuando en 2015 se dijo que el RQ-4 terminaría de reemplazarlo para 2019, la Lockheed dijo que a la flota del U-2 le quedaban muchos años por delante, pudiendo operar sin problemas hasta el 2050. Y es así que, en el presupuesto de la USAF para 2018, el retiro de este excelente aparato aparece como pospuesto indefinidamente. Todo indica, entonces, que a este aparato tan peculiar le quedan muchas horas de vuelo por delante: tal vez el único sobreviviente vivo de la Guerra Fría.

Todo indica que podremos ver al U-2 en vuelo durante varios años más (USAF).

Historial de vuelo

Debido a su misión principal, dos grandes situaciones podían poner en peligro al U-2 y a su piloto: el fuego enemigo y los problemas técnicos o accidentes derivados de un vuelo al filo del espacio exterior. Esto hizo que, con el tiempo, diversos aviones y pilotos se perdieran, a veces en misiones que no eran de combate y podían parecer “de rutina”.

Podemos resumir las pérdidas más conocidas en la siguiente lista:

  • El desarrollo de un aparato tan poco común tuvo sus problemas: por ejemplo, era difícil de aterrizar, ya que sus enormes alas hacían que se mantuviera en el aire muy fácilmente. Durante el proceso de desarrollo, hubo al menos tres accidentes fatales solo durante 1956. El primero fue el 15 de mayo, cuando un piloto accidentalmente hizo que el avión redujera demasiado velocidad luego del despegue, mientras hacía unas pruebas para bajar las ruedas de aterrizaje de las puntas de las alas. El segundo fue el 31 de agosto, cuando otro piloto hizo algo similar, perdiendo potencia los motores a poco de despegar. El 17 de septiembre, durante pruebas que se llevaban a cabo en Alemania, otro prototipo se desintegró en el aire mientras ascendía. En los tres casos los pilotos murieron, y hay informes de otros accidentes no mortales, incluido al menos uno en donde el aparato resultó completamente destruido.
  • 1 de mayo de 1960, el primer derribo conocido de un U-2, tripulado por Gary Powers, en plena URSS. El piloto sobrevivió y fue capturado, luego devuelto a su país mediante un intercambio de prisioneros. Los restos del aparato están en un museo, en Moscú.
  • El 27 de octubre de 1962, durante la Crisis de los misiles cubanos, el mayor Rudolph Anderson es derribado sobre la isla, siendo destruido el avión y pereciendo el piloto. Esto hizo que las operaciones sobre territorio cubano se detuvieran. Los restos del aparato derribado están en tres museos cubanos.
  • El 28 de julio de 1966 tuvo lugar el que tal vez sea el incidente más extraño protagonizado por un U-2. El capitán de la USAF Robert Hickman despegó en una misión de reconocimiento, aparentemente sobre el Caribe, con orden expresa de no adentrarse en espacio aéreo cubano. Todo indica que un problema con el suministro de oxígeno hizo que el piloto perdiera la conciencia. Como su avión se dirigía directamente hacia Cuba, se envió a un F-4B de la US Navy a interceptar al avión para impedir un incidente diplomático: el piloto tenía autorización para derribar el avión si era necesario. Sin embargo el caza no pudo llegar a tiempo: el U-2 entró a espacio aéreo cubano y siguió volando hasta llegar a Bolivia, momento en el que se quedó sin combustible y se desplomó. El piloto falleció.
  • La única pérdida de un U-2 en combate ocurrió ese mismo año, en octubre, sobre territorio vietnamita. Unidades de reconocimiento habían sido movilizadas hacia bases en Asia y sobrevolaban Vietnam del Norte buscando bases de misiles antiaéreos, entre otras cosas. En ese momento, el mayor Leo Steward, mientras volaba a gran altura sobre territorio enemigo, tuvo problemas mecánicos. Afortunadamente para él, no resultaron críticos, ya que la nave pudo regresar a espacio aéreo survietnamita, permitiendo al piloto eyectarse con seguridad. Su U-2 se estrelló cerca de su base en Bien Hoa.
  • Durante la década de 1960, todo indica que pilotos taiwaneses volaron al U-2 sobre China, realizando misiones de espionaje apoyadas por la CIA y/o la USAF, a quienes les preocupaba, entre otras cosas, el desarrollo nuclear chino. Estos aparatos tuvieron misiones realmente difíciles y sus pilotos no siempre tuvieron suerte: entre 1961 y 1970 hubo siete accidentes de entrenamiento, resultando casi siempre en la muerte del piloto y la destrucción total del aparato. Por si fuera poco, seis aeronaves fueron derribadas por misiles antiaéreos chinos entre 1961 y 1969, resultando casi siempre en la muerte del piloto. Solo dos pilotos sobrevivieron y fueron capturados por autoridades chinas, siendo liberados recién en 1982. Uno de estos aviones derribados está en un museo en Beijing. Pueden encontrarse más detalles, en inglés, en esta página.
  • El 20 de septiembre de 2016, un TU-2S de entrenamiento se estrelló apenas despegaba de la base de Beale, en California, donde están operando actualmente estos aparatos. Un piloto murió y el otro resultó herido, perdiéndose el aparato.

El U-2 no es una avión sencillo de volar, y desde el comienzo de su uso hubo muchos accidentes. Todos fueron investigados, pero los reportes son limitados y bastante secretos: ni siquiera son conocidos dentro de los rangos generales de la USAF. Por otra parte, las horas de vuelo acumuladas por año son también secreto (no existen cifras ni estimativas para antes de 1970), así que no se puede precisar un promedio de accidentes por horas de vuelo.

Sin embargo, con el tiempo la información sobre el programa U-2 se fue desclasificando, y hoy se sabe mucho más. Estos datos están en la tabla adjunta, pero son estimativos: cuanto más antiguos son, también son más imprecisos, o simplemente inexistentes.

Es necesario tener en cuenta que el U-2 fue diseñado y utilizado en lo peor de la Guerra Fría, de manera que se trataba de uno de los secretos mejor guardados de EEUU. Por otra parte, sin computadoras, en esa época los errores de maniobra eran mucho más fáciles de cometer. Esto explicaría muchos accidentes ocurridos.

A pesar de todo eso, el U-2 se ha comportado espléndidamente, siendo usado en muchas situaciones realmente complicadas. Aunque haya ocasionado muchos accidentes, es envidiable la cantidad de operaciones y horas de vuelo que ha soportado cada unidad.

AñoAccidentes gravesTotal anual de horas de vuelo
19631
1964
1965
19661
19671
19681
1969
19704.413
197114.241
197217.732
1973 10.718
1974 11.425
1975210.791
1976 8.717
197719.395
19788.934
197910.126
1980310.800
198110.211
198210.131
198312.555
1984313.257
1985 1.788
198613.954
198716.785
198816.730
198917.620
1990118.001
199119.820
1992116.597
1993118.085
1994115.643
1995117.726
1996213.762

Agradecimientos especiales a David Mingot y Orlando Torricelli por la idea de este artículo y por ayudarme con algunos datos a realizar uno mejor de lo que había esperado.

Especificaciones técnicas Lockheed Martin U-2

VarianteU-2AU-2RTR-1U-2S
Envergadura24,39 m31,4 m31,4 m 31,4 m
Largo15,9 m19,2 m19,2 m 19,2 m
Peso vacío5.307 kg6.759 kg7.258 kg 7.258 kg
Peso máximo de despegue7.257,6 kg18.597,6 kg 18.597,6 kg 18.597,6 kg
Velocidad
máxima
850 km/h820,6 km/h796,46 km/haprox 805 km/h
MotorP&W J57-P-37AP&W J75-P-13B P&W J75-P-13B GE F-118-101
Empuje 5.080 kg 7.711 kg 7.711 kg8.618 kg
Techo 25.908 m 24.384 m 27.432 m 27.432 m
Alcance3.540 km5.632 km6.436 km7.401,4 km
Tiempo de vuelo con tanque interno completo6.5 horas7,5 horas12 horasmás de 10 horas
Fecha de entrada en servicioAgosto de 19551967Septiembre de 1981Octubre de 1994
TripulaciónUnoUno (dos en entrenadores)Uno (dos en entrenadores)Uno (dos en entrenadores)
Costo950 millones de dólares (1955) unos 400 millones de dólaresunos 400 millones de dólares unos 400 millones de dólares
Producción e inventario actual (*)Producción:
48 U-2A
todos convertidos a modelos más modernos y retirados en abril de 1989
Producción:
16 U-2B
14 U-2R 
todos convertidos a modelos más modernos
Producción:
25 TR-1A
2 TR-1B
2 ER-1
Inventario actual
32 en activo más 4 entrenadores

(*) se estima una producción total de 104 unidades de más de una docena de variantes, no todas presentes en este cuadro. Algunas variantes son reconversiones de variantes anteriores, además de las pérdidas en combate y accidentes, y es por eso que resulta algo difícil rastrear exactamente el número actual de aparatos en servicio y producidos, además de la obvia tarea de espionaje que realizaban y su forma de trabajar en completo secreto.

Bomba GBU-43 / MOAB

Probada por primera vez el martes 11 de marzo de 2003, la GBU-43 marcó el ingreso al arsenal estadounidense de la bomba no-nuclear más poderosa de la historia, la “madre de todas las bombas”.

Este artefacto tiene, por un lado, herencia de las gigantescas bombas inglesas y estadounidenses que se utilizaron durante la Segunda Guerra Mundial para destruir los enormes y reforzados fábricas-bunkers alemanes. Sin embargo, también son una evolución de las primeras bombas de explosivos en polvo, que usaron las fuerzas estadounidenses en Vietnam.

Estos aparatos se desarrollaron tanto que generaron las primeras superbombas, que ya no podían ser lanzadas por bombarderos convencionales. Así surgió la BLU-82, la que hasta ahora era el mayor artefacto de este tipo (6.760 kg). Estos artefactos aparecieron en Vietnam para un uso bastante curioso: crear zonas de aterrizaje para helicópteros. La densidad de la selva hacía necesario que equipos de ingenieros bajaran para talar los árboles y desmalezar un área lo suficientemente grande como para muchos otros aparatos, lo cual atraía obviamente el fuego vietnamita.

El uso brutal de semejante arma no fue, por lo tanto, muy poco ecológico: una BLU-82B, de casi 6,8 toneladas, llevaba en su interior 5,7 de amonio y nitrato de aluminio, que sencillamente dejaba un gigantesco agujero en el lugar del impacto. Esta bomba, cariñosamente apodada daisy-cutter (cortadora de margaritas) quemaba todo lo que hubiera en la superficie, sin importar si era natural o artificial. Era tan pesada y grande que solo podía ser lanzada por dos vehículos en el arsenal estadounidense: el C-130 (que la arrojaba en paracaídas “a ojo”) o un helicóptero CH-54 Tarhe (que fue el aparato que hizo el lanzamiento de prueba). En definitiva no era importante el punto exacto de impacto: la zona destruida era enorme.

Por mucho tiempo, la BLU-82 fue el artefacto no nuclear más poderoso del mundo, y así aparece incluso en películas como “Epidemia” (Outbreak), donde se la define como capaz de destruir un pueblo completo. Se la utilizó también en la Guerra del Golfo de 1991 para destruir complejos de túneles subterráneos y limpiar campos de minas.

Pero a pesar de su poder, este tipo de armas tiene el defecto de que, al ser tan masivas, no pueden ser fácilmente llevadas al teatro de operaciones. A menos que se la montara en un misil de gran tamaño, tienen que ser llevadas por grandes cargueros como el C-130. Y eso, obviamente, hace que la bomba sea muy vulnerable al fuego enemigo, ya que el aparato, que no está preparado para ser un bombardero, no puede volar bajo (debe lanzar la bomba en paracaídas desde unos 10 km de altura como máximo), y es un enorme blanco. Esto hace que solo pueda utilizarse en conflictos de baja intensidad o en zonas donde el control aéreo esté totalmente en manos estadounidenses.

Sin embargo, una cuestión más sencilla es la que, hasta ahora, hizo que el uso de estas bombas fuera muy limitado. Es raro que haya un blanco tan gigantesco para semejante bomba, y nadie va a desperdiciar munición tan costosa y arriesgada de transportar en algo que puede ser atacado con medios más convencionales.

La MOAB

MOAB (Massive Ordnance Air Blow) significa oficialmente “Munición de Golpe Masivo de Aire”; pero también puede querer decir “Mother Of All Bombs” (Madre de todas las bombas), en el tono irónico que gustan las autoridades estadounidenses. Además del tamaño, la mayor diferencia que tiene la MOAB con la anterior BLU-82 es que su caída no es libre. Como indica su nombre oficial (GBU-43), se trata de una bomba guiada. Es lanzada desde un contenedor con paracaídas, pero su trayectoria es calculada y controlada por un aparato GPS, que le da una precisión mucho mayor.

La primera GBU-43 en ser utilizada, en 2003, en la base aérea de Eglin, en Florida. Aquí se la ve antes de ser lanzada, con sus colores resaltantes para facilitar el seguimiento de vuelo. Posee algunas diferencias con la utilizada en 2017 (por ejemplo, no se ve el montaje con las rejillas retráctiles en la cola, tal vez porque todavía no se había instalado).

Luego de su lanzamiento, se despliegan una aletas de rejilla en la base de la bomba, que le proporcionan un poco de frenado. Alimentadas por baterías de litio, estas aletas le dan a la bomba mucho más control, estabilizándola y guiándolas hacia su objetivo. Además, gracias a la tecnología de computadoras que no estaba disponible en la época de la guerra de Vietman, este artefacto lleva un sistema que, 30 segundos antes del lanzamiento, mide y almacena todos los datos del blanco y de la atmósfera (como el viento), de manera de calcular y predecir la trayectoria más satisfactoria.

La carga explosiva sigue siendo la misma, salvo que ahora se incrementa su peso; la bomba está construida en aluminio muy delgado para maximizar la cantidad de explosivos. La reacción química entre el amonio y el nitrato de aluminio produce un gigantesco desprendimiento de gases incandescentes, que logran un resultado similar al de una pequeña bomba atómica, pero sin los indeseables efectos de la radiación residual. El potencial destructivo de la MOAB es realmente enorme: destruye totalmente cualquier cosa a 1.500 metros a la redonda.

Este poder se hizo evidente cuando, el 11 de marzo de 2003, la GBU-43 se testeó en la base aérea Eglin de la USAF, en Florida. Sin embargo, aunque intentó utilizarla en Irak, la falta de una resistencia firme y la carencia de blancos válidos para semejante arma hizo que no se la lanzara.

Esto cambió drásticamente cuando, el 13 de abril de 2017 se hizo público que ese día se había lanzado una unidad de la GBU-43 sobre posiciones islamistas en Afganistán. Según dieron a conocer autoridades estadounidenses, el objetivo fue un gran complejo de cuevas que sería utilizado por combatientes del grupo terrorista ISIS en el distrito de Achin, muy cerca de la frontera con Pakistán. Según se dijo, se tomaron recaudos para que no hubiera víctimas civiles. Este es otro gran problema con estos artefactos: solo pueden ser utilizados en blancos muy alejados, ya que cerca de una ciudad crearían, inevitablemente, un enorme daño colateral.

BLU-82 GBU-43 / MOAB
GuíaningunaGPS
Peso6.760 kg9.525 kg (8,4 son explosivos)
Longitud3,5 m7,6 m
Diámetro1,4 m1,5 m

Helicóptero de transporte CH-21 Workhorse/Shawnee

Hay sistemas de armas poco conocidos, que pasan totalmente desapercibidos para los aficionados en general. Muchas veces estos se debe a que han sido mediocres, a que no han sido tripulados por nadie famoso o a que no han sido utilizados en conflictos bélicos.

El H-21 Shawnee es uno de ellos. Pero lo curioso es que su escasa fama no tiene nada que ver con todo lo anterior. Fue utilizado en combate en los primeros días de la Guerra de Vietnam, y de hecho en varios momentos calientes. Fue además una nave más que curiosa y útil para el US Army, que comenzaba a incorporar helicópteros a sus inventarios, luego de perder gran parte de sus aviones, que fueron hacia la USAF después de la Segunda Guerra Mundial.

En realidad, la escasa fama del Piasecki/Vertol H-21 Workhorse/Shawnee se debe a que fue el primero. Y los primeros muchas veces no tienen el reconocimiento merecido, porque todavía no muestran todo el potencial de una nueva tecnología o forma de solucionar problemas.

Un H-21B de la US Navy, que lo pidió al necesitar un aparato de rescate en condiciones árticas.

El H-21 fue el primero en muchas cosas, y a pesar de todo eso, hoy sigue siendo uno más entre muchos. Pero veamos cómo se desarrolló y voló uno de los mejores y más versátiles helicópteros de la historia.

Un origen impensado

Siendo que iba a convertirse en uno de los principales caballos de tiro del US Army, resulta curioso ver que el H-21 comenzó su vida en la mesa de diseño como un helicóptero de rescate en condiciones extremas para la US Navy.

En efecto, las fuerzas armadas estadounidenses comenzaban a tener misiones que involucraban aviones y buques recorriendo Alaska y otras regiones árticas, al comienzo de la Guerra Fría. Esto aumentaba constantemente la necesidad de tener vehículos aéreos apropiados para operar con seguridad en estas condiciones, pudiendo rescatar a las tripulaciones accidentadas o derribadas, en caso de un conflicto.

El helicóptero era la herramienta perfecta, porque podía aterrizar y despegar en poco espacio y estaba madurando técnicamente para aumentar su confiabilidad y fuerza. Fue así que Piasecki desarrolló cuatro helicópteros con rotores en tandem (uno delante del otro, cada uno girando en sentido inverso). El H-21 fue el elegido para llevar a cabo estas tareas de rescate.

La amplitud del diseño le permitía ser multiuso, pudiendo utilizar tanto ruedas como skies y también flotadores, para hacer amerizajes y rescatar a los accidentados directamente desde el agua. Para su uso en condiciones árticas, se le agregaron todo tipo de detalles especiales, que le permitían operar y recibir mantenimiento hasta en -54º.

Un H-21B de la USAF.

Una banana voladora

Los helicópteros de Piasecki eran los primeros del mundo, ya que su desarrollo se remonta a la década de 1940. En 1944 le vendió a la US Navy el primero de cuatro diseños de helicópteros, el HRP-1. Rápidamente se lo conoció como “la banana voladora” debido a que su fuselaje era alargado, curvo y de corte cilíndrico, colocando un rotor en cada extremo del mismo. El fuerte ángulo de la sección trasera impedía que los dos rotores se tocaran entre sí, lo cual justificaba el curioso diseño.

Debido al éxito de estos aparatos, Piasecki mantuvo la configuración, y todos los diseños siguientes, incluyendo el H-21, fueron conocidos como “bananas voladoras” por sus usuarios.

Fue así que, cuatro años después del HRP-1, Piasecki le propuso a la USAF el YH-21A Workhorse (la Y era para demostrar su condición de prototipo). Este derivaba directamente del HRP-1, pero tenía mejores prestaciones.

Sus dos rotores contrarrotatorios de tres palas eran movidos por un motor radial supercargado Curtis-Wright R-1820-103 Cyclone de nueve cilindros, enfriado por aire, que daba 1.150 hp (858 kW).

La USAF estuvo de acuerdo con el diseño, y luego del vuelo de bautismo en abril de 1952, pidió 32 unidades en versión SAR (de búsqueda y rescate) y 163 de las más potentes versiones B, de transporte y asalto.

Este “caballo de trabajo” (la traducción del nombre dado al H-21) se convertía así en el primer helicóptero en ser armado desde el diseño (y no de manera improvisada, en batalla, por los propios soldados) para ser utilizado en misiones de transporte y ataque.

El H-21B tenía un motor más potente, que daba 1.063 kW, para poder cargar el peso extra del armamento. Otra diferencia eran las palas 15 centímetros más largas, para aumentar a su vez la sustentación. Con estas mejoras el H-21B podía llevar a 22 soldados totalmente equipados, o 12 camillas más dos médicos, si se utilizaba como ambulancia.

Rápidamente la versión A y B llenaron huecos muy importantes en la cambiante forma de combate, más móvil, que había surgido luego de la Segunda Guerra Mundial. Los dos fueron utilizados tanto por la USAF como por la Real Fuerza Aérea Canadiense para mantener y reparar el naciente sistema de alerta temprana, que incluía instalaciones de radar en lugares totalmente inhóspitos, como las islas Aelutianas, Alaska, el Ártico Canadiense, Groenlancia e Islandia.

Pero no solamente la USAF comprendió el potencial de este nuevo tipo de helicópteros pesados. También en 1952, el Cuerpo de Marines de EEUU evaluó un puñado de H-21, pensando usarlos en el papel de asalto aéreo. El interés suscitado por el vehículo hizo que cinco años más tarde, un H-21B fuera cedido bajo préstamo al USMC, para evaluarlo como grúa voladora, capaz de remolcar naves de desembarco averiadas. Los resultados de las pruebas fueron satisfactorios.

Fueron todas estas pruebas y evaluaciones, sumados al uso constante del aparato por la US Navy y la USAF, lo que hizo que el diseño madurara y se le fueran corriendo detalles y sumando posibilidades.

De esta manera el temprano interés por el helicóptero que tuvo el US Army se confirmó en la compra de muchas unidades. Poco después del primer vuelo del Work Horse, las autoridades del mismo solicitaron a Piasecki la construcción de 334 H-21C, que fueron conocidos con el nombre de Shawnee. Esto tuvo lugar en 1952.

Un H-21C con dos tanques de combustible suplementarios, que se instalaban debajo del fuselaje.

Este modelo era básicamente un H-21B (ya con el motor más potente, de 1.425 hp) pero con ciertos detalles más pertinentes al uso que le daría el US Army. Mientras mantenía el blindaje adicional y la capacidad de llevar depósitos extras de combustible, podía cargar más soldados y tenía disponible todo lo necesario para llevar una carta de hasta 2 toneladas en eslinga, lo que le permitía movilizar cañones, jeeps y otras cargas.

La entrega de estos aparatos comenzó en 1954, pero el US Army no se conformó con ese número: compró además un total de 16 H-21B a la USAF, mucho de los cuales fueron modificados para ser idénticos a los modelos C.

El US Army estaba tan contento con el H-21C que pagó por el desarrollo de un nuevo prototipo basado en el mismo, el XH-21D, a la Vertol. La principal diferencia entre ambos era que el modelo nuevo utilizaba dos motores de turbina General Electric en lugar del único motor radial de pistón del modelo C. En 1957 y 1958 dos H-21C fueron modificados para ser utilizados como prototipos, pero fueron rechazados y no entraron en producción.

Sin embargo, la idea más extravagante y arriesgada que se tuvo con respecto al H-21 provino de Vertol Aircraft, cuando esta compró a la firma Piasecki. En 1959 se desarrolló un concepto radical para un vehículo de transporte pesado que resultaría de unir de dos a seis H-21Bs con vigas especiales, convirtiéndolo en un megahelicóptero. Luego de pensarlo un poco, se descartó la idea por insegura: si cualquiera de los helicópteros usados tuviera un problema mecánico o fuera alcanzado por fuego enemigo, desbalancearía el conjunto y arrastraría al conjunto a tierra, con catastróficos resultados.

Una historia llena de acción

Casi 100 unidades del H-21C (como los del US Army) fueron vendidos a la Fuerza Aérea Francesa y a la Aviación del Ejército Francés. Así se convirtieron en los primeros helicópteros artillados en ser probados en combate.

Para ese momento, a mediados de la década de 1950, Francia estaba sumergida en una sangrienta guerra en Argelia, tratando de mantener el control de su imperio colonial. El terreno y las tácticas de guerrilla y terrorismo de los rebeldes llamaba por nuevas formas de combate, y el helicóptero apareció para probar nuevos conceptos. Así, mientras el helicóptero de transporte hacía mucho más móviles a las grandes masas de soldados, también se pensó en dotarlo de armamento ofensivo y no meramente defensivo, para poder ser usado en combinación con las tropas que estos mismos helicópteros transportaban.

Para esto se necesitaban helicópteros pesados y con buena capacidad de carga. En un comienzo los franceses dotaron de armamento a los Sikorsky S-55, pero luego estos fueron reemplazados tanto por el H-21C como por el Sikorsky H-34, por lo que estos heredaron también esta misión de apoyo a tierra.

Ambos modelos fueron dotados de contenedores fijos para el lanzamiento de cohetes, así como ametralladoras, que miraban hacia delante del aparato. Incluso se les otorgó dispensadores de bombas a un puñado de ellos, pero pronto quedó demostrado que el H-21C, si bien era un buen aparato, no tenía la maniobrabilidad ni la potencia suficiente como para ser un buen helicóptero de ataque, ya que resultaba complicado apuntar con un vehículo tan enorme y lento.

Sin embargo, no todo estaba perdido. En estas experiencias quedó demostrado que el H-21C era buen transporte de tropas, y que podía ser mejorado para dar mayor protección a su carga, sobre todo en el momento más vulnerable: cuando estaba cerca del suelo. Fue así que se llegó a una solución de compromiso tan habitual años más tarde: instalar ametralladoras pesadas en las puertas, sobre soportes móviles. Curiosamente, las dos armas utilizadas tenían una historia totalmente contrapuesta: la ametralladora calibre .50 (12.7mm) Browning y los cañones MG 151/20, de origen alemán, botín de guerra francés de la Segunda Guerra Mundial.

Los franceses quedaron conformes con la combinación y hacia el final de la guerra en Argelia, eran habituales las operaciones a gran escala que combinaban a los H-21C artillados que llevaban sus tropas a la batalla apoyados por los H-34 reconvertidos en helicópteros de ataque a tierra.

Un H-21C, el octavo de la línea de producción, transporta un jeep en eslinga durante una prueba en octubre de 1954. El modelo C, utilizado por el US Army, era muy similar al modelo B, manteniendo el blindaje y las conexiones externas de los tanques de combustible. Sin embargo, tenía más capacidad para pasaje y otros detalles diferentes.

Mientras tanto, en EEUU estos aparatos tampoco permanecieron ociosos, siendo utilizados para diversos tipos de pruebas. Tal vez la más curiosa fue la realizada el 24 de agosto de 1954, cuando un H-21C del US Army, llamado Amblin’ Annie, atravesó el país de costa a costa, siendo reabastecido de combustible en vuelo utilizando un avión de reconocimiento U-1A Otter. Se convirtió así en el primer helicóptero en lograr esta hazaña.

La cuestión era que el H-21C estaba siendo ampliamente utilizado por el ejército en labores de transporte, tanto de tropas como de suministros, por lo que cualquier tipo de mejora en su desempeño era bienvenida.

En este sentido, el H-21C, a pesar de su aspecto poco agraciado, era querido por sus tripulaciones y por los militares en general, gracias a su bien comportamiento y desempeño en todo tipo de misiones. Era normal, por lo tanto, que se le pidiera más a un aparato que de por sí era excelente en lo suyo.

La experiencia demostrada por los H-21C artillados en Argelia, que los militares estadounidenses estudiaron de cerca, no hizo más que poner en relieve la necesidad de armar a estos pesados, lentos y frágiles aparatos, que no podían depender solamente de su escaso blindaje. El creciente involucramiento de EEUU en la guerra que tenía lugar entre Vietnam del Sur y del Norte hizo que, tanto antes como después de la llegada de las tropas estadounidenses a la zona, el H-21C fuera objeto de diversas modificaciones, algunas de las cuales terminaron siendo adoptadas para el combate.

Estos experimentos pretendían convertir al Shawnee en una nave de asalto. En algunos se probó el montaje de ametralladoras en puestos móviles debajo de la nariz, mientras que otros vieron modificadas sus puertas para montar armas de gran calibre en las mismas. Se llegó al caso de instalar la torreta móvil de un B-29 Stratofortress (manipulada de manera remota, con ametralladoras calibre .50) debajo de la nariz. Sin embargo esta versión experimental nunca llegó a salir de EEUU: en Vietnam lo normal era encontrarse con H-21C armados con ametralladoras de 7.62 mm o 12.7mm en montajes móviles sobre las puertas.

De esta manera el Shawnee se convirtió en el primer helicóptero estadounidense en ser armado para misiones tanto defensivas como ofensivas y en ser utilizado de esta manera en combate.

En diciembre de 1961 comenzaron a llegar los primeros Shawnee al nuevo teatro de combate vietnamita, transportando efectivos de las companías 8º y 57º del US Army. Su misión era apoyar a soldados del Ejército de la República de Vietnam del Sur. Allí, sin embargo, demostró una debilidad impensada. Como había sido diseñado primigeniamente para su uso en ambientes más fríos (principalmente el Ártico), el aire caliente y húmedo de esas latitudes le quitaba rendimiento y potencia. Esto hizo que su gran capacidad para 20 soldados quedara totalmente desperdiciada: lo más seguro era cargar solamente a 9 soldados, porque el aparato no tenía suficiente sustentación para movilizar a más.

Aunque frágil y lento, el Shawnee demostró en Vietnam la viabilidad de muchos conceptos sobre la movilidad aérea y el ataque a tierra.

Ser el primero suele ser peligroso, justamente porque en la innovación se encuentran muchas fallas. La anterior fue una; la otra fue la escasa protección que tenía el aparato frente al fuego desde tierra. Siendo fácil de atinar a causa de su velocidad y tamaño, el CH-21C (como se lo conoció desde 1962, cuando se modificaron las normas para los códigos de sistemas de armas) era el blanco perfecto para los norvietnamitas, que se iban haciendo expertos en crear grandes murallas de fuego de armas ligeras y pesadas, con resultados devastadores. El blindaje propio del modelo no era suficiente, y los disparos solían cortar los cables de control o perforar las líneas de combustible.

Esto quedó de manifiesto con el primer derribo de un Shawnee, en julio de 1962, cerca de la frontera vietnamita con Laos. Sus cuatro tripulantes fueron los primeros estadounidenses en morir en la guerra de Vietnam bajo fuego enemigo.

Pero dejando de lado sus debilidades, el CH-21C continuó prestando servicios para el US Army en un conflicto que se fue agrandando constantemente, gracias a sus capacidades, mientras nuevos vehículos eran probados y mejorados para reemplazarlo. Fue así cómo, en 1964, comenzó a ser desplazado por el UH-1 Huey, que se convirtió en el verdadero gran ícono del conflicto. Sobre el Huey, más maniobrable y pequeño, se montaron muchas de las soluciones de armas pensadas para el Shawnee, habiendo llegado entonces la madurez del helicóptero de transporte y asalto, que terminó de demostrar sus capacidades en el AH-1 Cobra.

Un año después, en 1965, le llegó el siguiente reemplazo al Shawnee, cuando comenzaron a arribar los CH-47 Chinook, helicópteros de transporte pesado con una configuración similar de rotores en tandem, todavía hoy en uso. Para final de ese año, la mayoría de los CH-21 Shawnee había sido retirada del servicio activo del US Army y de la USAF.

Quedaba ya solamente la leyenda de la “banana voladora”. Aunque la presencia estadounidense en Vietnam databa de muchos años antes, como lo demuestra el despliegue del Shawnee y de las unidades que operaban con él, no fue hasta 1965 cuando la guerra (que no fue declarada técnicamente) estalló con mayor fuerza. Para ese año, ya eran pocos los CH-21 que todavía sobrevolaban estos cielos, y es la razón por la cual ahora muchos no lo tienen presente, aunque sí recuerdan a los que siguieron sus pasos de helicóptero de carga y ataque a tierra.

Variantes y usuarios extranjeros

El Shawnee tuvo un discreto éxito en su época, lo cual posibilitó su crecimiento y desarrollo, así como su venta a diversas organizaciones militares de EEUU y de otros países.

Prototipos y experimentos

Existieron varios prototipos del H-21, teniendo en cuenta su potencial y el hecho de que el helicópteros era un concepto todavía naciente, del cual se buscaban constantemente mejoras. XH-21 fue la denominación del primer prototipo, mientras que YH-21 Work Horse fue la de la versión de búsqueda y rescate (SAR) pedida por la USAF. DE este último se construyeron 18 unidades.

También se construyeron, mediante conversiones, dos XH-21D, que eran modelos C remotorizados con turbinas, para incrementar la potencia. Sin embargo, estos no entraron en producción.

Los modelos de serie

El YH-21 fue aceptado en servicio casi sin cambios, convirtiéndose en el H-21A Work Horse (Modelo 42). Era movido por un motor Wright R-1820-102 de 1.250 hp. Se construyeron 32 para la USAF y 6 para la Real Fuerza Aérea Canadiense.

Le siguió el H-21B Work Horse (Modelo 42), que poseía un motor con mayor potencia (1.425hp). Además de espacio para 20 soldados, tenía un sistema de piloto automático de fábrica así como limitada protección en forma de blindaje, así como tanques de combustible externos para aumentar su alcance. Se construyeron 163 que abastecieron pedidos de diversos organismos de defensa de EEUU. Además, 10 fueron construidos para las Fuerzas de Autodefensa de Japón y otros 10 para la Marina Francesa.

El último modelo fue el H-21C Shawnee (Modelo 43). Como este fue encargado por el US Army, cambió de nombre dejando atrás la denominación Work Horse, aunque era virtualmente idéntico al H-21B. Se construyeron un total de 334 unidades que abastecieron pedidos del US Army. También fue ampliamente usado en Europa: 32 fueron construidos bajo licencia por una empresa alemana, para el Ejército de Alemania Occidental, además de otros 98 que fueron construidos para la Fuerza Aérea Francesa y la Aviación del Ejército Francés.

Un H-21C de los comprados por Alemania Occidental para su ejército.

Una variante menor que vale la pena destacar es el SH-21B, una conversión para realizar rescates derivada del H-21B.

De H a CH

En 1962 se unificaron todas las nomenclaturas utilizadas por la USAF, el US Army, la US Navy y el USMC para denominar a sus vehículos. Previamente cada una tenía un sistema, lo cual era engorroso, especialmente si el mismo aparato estaba activo en varios servicios. A partir de este cambio, el H-21 pasó a denominarse CH-21 (por Cargo Helicopter), mientras se mantuvieron las letras de variantes correspondientes (A, B y C).

Algo similar pasó con el SH-21B, que pasó a llamarse HH-21B.

Modelos 42 y 44

Existieron diferentes variantes de uso civil o utilizadas para evaluación por naciones extranjeras. El Modelo 42A fue la conversión que Vertol Aircraft de Canadá realizó a partir de 8 H-21 de la Real Fuerza Aérea de ese país, con destino civil.

Algo similar, pero con destino militar, fue el Modelo 44A. Esta versión de transporte civil se produjo en escasa cantidad, totalizando 11 unidades. Dos se enviaron a la Fuerza Aérea Sueca, nueve para la Armada Sueca. Dos adicionales se construyeron para ser testeadas y evaluadas por las Fuerzas de Autodefensas de Japón.

Estas versiones podían llevar hasta 19 pasajeros. Diferentes eran los modelos 44B y 44C, ambas variantes comerciales del H-21B. La primera podía llevar sólo 15 pasajeros pero tenía capacidad para ser utilizada como carguero, mientras que la segunda era una versión ejecutiva, para ocho pasajeros que disfrutarían de mayores comodidades.

Estas versiones eran conocidas como CH-127 si eran construidas por la subsidiaria de Vertol en Canadá.

Un CH-21 del US Army transporta un howitzer de 105 mm. La movilidad aérea fue fundamental para las tropas estadounidenses en Vietnam, y el Shawnee, aunque poco conocido, fue vital en los primeros años de la contienda, hasta ser reemplazado por vehículos más modernos y capaces, como el CH-54 Tarhe.

Especificaciones técnicas Piasecki/Vertol H-21/CH-21 Workhorse/Shawnee

Misión: transporte de personal y de carga, helicóptero de asalto aéreo

Tripulación: de 3 a 5 (Piloto, copiloto, jefe del vehículo y uno o dos artilleros en Vietnam)

Capacidad de carga: 20 soldados totalmente pertrechados o 12 camillas para evacuar heridos (más 2 médicos)

Longitud: 16,01 m

Diámetro del rotor: 13,41 m, con un área giro de 282.6 metros cuadrados

Altura: 4,80 m

Peso: Vacío: 4.058 kg / Cargado: 6.893 kg / Máximo de despegue: 6.609 kg

Motor: en el modelo B y C, un motor radial Wright R-1820-103 de 1.425 hp (1.063 kW) que daba potencia a los dos rotores

Velocidad: Máxima de 204 km/h (110 nudos) / Crucero de 158 km/h (85 nudos)

Alcance: 427 km (265 millas o 230 millas náuticas)

Techo de servicio: 9.450 pies (2.880 m)

Armamento: Variable. Las variantes de transporte usualmente se utilizaba con una o dos ametralladoras calibre .50 (12,7 mm) o M60 de 7,62 mm. En Vietnam, las versiones de asalto se probaron con contenedores lanzacohetes de 2.75 pulgadas, así como con cañones de 20 mm y ametralladoras multitubo calibre 7,62 mm.

Un H-21C del US Army. Obsérvese el equipamiento para llevar cargas en eslinga, debajo de la barriga del aparato.