Pistolas de asalto

El concepto de «pistola ametralladora» no es nuevo: desde que la pistola semiautomática alcanzó la madurez, casi todo diseñador intentó alcanzar este nuevo logro.

Esta búsqueda fue una de las más largas y competitivas de todo el siglo XX. Pero ni siquiera John Moses Browning, uno de los dioses de los diseñadores de armas, pudo lograrlo. Según se dice, sus observaciones le dijeron que una pistola realmente automática sería siempre incontrolable, al punto de ser un arma inútil porque resultaría imposible de apuntar luego del primer disparo.

El problema era que, cuanto más pequeña es el arma, es también menos pesada. Y es obvio que una pistola liviana disparando en modo automático se haría incontrolable, porque el peso y el tamaño del arma misma es algo que siempre ayudó a hacerla más estable y fácil de empuñar. Al mismo tiempo, al reducir el tamaño, por motivos mecánicos, se aumenta la cadencia de fuego: los mecanismos tienen menos espacio para recorrer, y por lo tanto repiten el ciclo de disparo más rápidamente.

Las dos cosas combinadas hicieron que prácticamente todos los intentos por lograr una pistola realmente automática, fácil de operar y disparar, precisa y confiable, fallaran. Sin embargo el interés se mantuvo durante todo el siglo XX, pensando en diferentes artilugios que ayudaran a hacer controlable el arma. Y es que el concepto prometía mucho.

Uno de estos intentos fue la culata plegable o removible, ya ensayada en las pistolas alemanas Mauser C-96 y Luger P-08 de antes de la Primera Guerra Mundial. Estas raras mezclas de carabinas y pistolas eran una muestra de lo que vendría. La Luger no podía hacer disparos en ráfagas, a diferencia de la Mauser C-96, que sin embargo era imposible de disparar de esta manera a menos que se usara la culata. A cambio de esto prometían ser un poco más precisas y a veces, dar más alcance. Sin embargo, fueron relegadas como curiosidades. Después de la Segunda Guerra Mundial los soviéticos volvieron a intentar este concepto con la pistola Stetchkin, que pretendía reemplazar tanto a las pistolas como a los subfusiles.

Pistola Luger con cargador de sartén y culata removible. Era uno de los aparatosos intentos de principios del siglo XX tendientes a crear una carabina y luego un subfusil a partir de una pistola. Al igual que las ideas montadas sobre la Mauser C-96, no fueron nada prácticas y quedaron como una curiosidad histórica.

Esto no fue posible, de manera que se siguieron fabricando subfusiles por un lado y pistolas por el otro. Las armas dedicadas, que no podían funcionar como comodines, seguían siendo más confiables y precisas.

Sin embargo, la idea de crear un híbrido funcional entre estos dos tipos de armas llevó a la creación de una incipiente clase de pistolas de asalto. Este nombre suena un poco mejor que el de pistola ametralladora, que es demasiado exagerado. De todas maneras hay, como siempre, problemas con los conceptos.

Es necesario aclarar que en EE.UU. se llama pistola automática (ya que todo el proceso de disparo es automático, solo hay que apretar el gatillo) a lo que el resto del mundo llama pistola semiautomática (para no confundir, porque cada vez que se quiere disparar, hay que volver a apretar el gatillo). De manera que, para evitar confusiones, en este artículo se utilizará, al igual que en otros textos, el término de pistola de asalto, para referirse a las pistolas que pueden disparar varios proyectiles sucesivos con una sola presión del gatillo. Los estadounidenses se refieren muchas veces a las pistolas de asalto como machine pistol (denominación que también utilizaron los alemanes a veces, machinenpistolen), lo cual muchas veces se traduce erróneamente al castellano como «pistola ametralladora» (lo cual es una exageración). Otra denominación a veces usada en inglés, en este caso más preciso, es burst fire pistol (pistola de disparo en ráfaga).

Sin embargo, las diferencias de criterio no son solo de nombre. Mientras los diseñadores europeos piensan en armas más parecidas a las pistolas, los estadounidenses hablan de pistolas de asalto cuando se refieren a subfusiles cortos o incluso a fusiles empequeñecidos de diversas maneras. Muchos diseños de EE.UU. son realmente extravagantes, por decir poco, aparatosos híbridos formados de otros diseños, que no son realmente pistolas de asalto, sino subfusiles o fusiles cortos, casi imposibles de usar con una sola mano debido a su peso y tamaño.

A medio camino se quedan otros diseños no enmarcados en ninguna tendencia mayoritaria de pensamiento. Los israelíes por ejemplo, luego del éxito de su subfusil Uzi, produjeron dos versiones menores. La mini-Uzi y la micro-Uzi surgieron en la década de 1980, pero no dejan de ser subfusiles pequeños, que todavía conservan culatas plegables especiales. A pesar de todos los esfuerzos hechos por los diseñadores, no dejan de ser poco controlables a la hora de disparar y tienen que ser usadas a muy corta distancia, por personal bien entrenado en su uso.

Con el tiempo los diseñadores de todo el mundo se dieron cuenta de que era realmente difícil pensar en armas tan pequeñas, de puño, que pudieran disparar ráfagas completas, y por eso se abocaron a la creación de armas que lanzaran pequeñas ráfagas de tres disparos.

Fue así que, aunque las diferencias de criterio siguen existiendo, se tiene un criterio más generalizado acerca de a qué nos referimos cuando decimos pistola de asalto. A continuación veremos tres de los casos más famosos y exitosos, que marcaron algún hito en la historia de este concepto durante el Siglo XX.

Heckler & Koch VP70

A pesar de lo que muchos piensan, fue la VP70, y no la Glock, la primera pistola en el mundo con un marco hecho a base de polímeros. Este diseño nació así, revolucionario, desde el comienzo; no es raro que su origen sea la famosa compañía alemana Heckler und Koch, que luego se hizo famosa en gran medida por lo arriesgado de sus diseños, dentro de la ortodoxia generalizada de la industria. La VP70 apareció en 1968 como un proyecto más, pero hundía sus raíces directamente en la Segunda Guerra Mundial. Heckler y Koch habían sido diseñadores de la conocida fábrica de armas Mauser, en Oberndorf.


La VP70Z es la versión civil, que no puede hacer disparos en ráfaga.

Allí, casi al final del conflicto, se había estado trabajando en una pistola que fuera lo más sencilla de fabricar y usar, para dotar a toda la población de una defensa frente al avance soviético. De allí derivaba el nombre del diseño, VP (por «Volk Pistole», pistola del pueblo). Sin embargo, este proyecto no llegó a ninguna parte debido a la derrota alemana. La VP70 había sido diseñada por Helmut Weldle, uno de los mejores ingenieros de H&K, y por Alex Seidel, el tercer miembro co-fundador de la compañía. El número 70 apareció luego, cuando comenzó a fabricarse en 1970.

Se trataba de un arma totalmente adelantada a su tiempo, y esto fue en parte lo que la condenó a su desaparición. La VP70 inauguró la clase de las pistolas de asalto.

Así, como cualquier arma de puño, solamente disparaba un proyectil por vez. Pero si se le agregaba una culata especial, se convertía en un arma que disparaba en ráfagas de 3 disparos consecutivos.

Configuración general

Se trata de una pistola de doble acción, o sea que no hay que montarla para que dispare. Carece de martillo y funciona por aguja percutora. No dispone de ninguna clase de seguros, porque el arma está pensada solamente para que se dispare si el gatillo es presionado; no se activa por caídas o golpes bruscos. El problema es que por lo tanto el gatillo es muy duro, lo que se compensa con un guardamonte grande en donde caben dos dedos. El único seguro es un botón en la parte trasera del guardamonte, que inhabilita el gatillo.

El mecanismo de disparo es por inercia. El cajón de dichos mecanismos está hecho de material sintético y tiene solamente 4 partes móviles. El cargador permite llevar 18 proyectiles, lo que ayuda mucho si el arma tiene que dispararse en modo de ráfagas de 3 disparos. Recordemos que en la época de este diseño, los cargadores de 9 mm Luger Parabellum no superaban generalmente los 12 cartuchos.

Pero otro gran adelanto de esa época era su estructura completamente hecha de polímeros sintéticos. Este material de alto impacto fue probado duramente y logró resistir hasta 200º de temperatura sin deformarse. Sin embargo hay partes de metal, además del cañón, como la corredera. Se trata en suma de un arma fácil de producir, tal como pretendía ser su diseño anterior.

La VP70M era el único modelo capaz de llevar la culata que permitía el disparo automático en ráfagas. Nótese el selector en la parte superior, que solo marca 1 o 3. Una de las características de este arma era la ausencia casi total de seguros y partes externas móviles.

Ráfagas a 2.200 disparos por minuto

La VP70 fue la primera pistola de asalto, a pesar de su limitación a 3 disparos rápidos. Esto solamente era posible si se le adaptaba una culata a la parte trasera, convirtiéndola en una especie de carabina pequeña. Recordemos que no era la primera vez que se hacía esto: tanto la Mauser C-96 como la Luger tenían versiones de este tipo. La versión civil de la VP70, la VP70Z («Zivilversion») no podía llevar esta culata, y la VP70M («Militär») era la única que tenía los orificios necesarios en la parte trasera.

En la culata (hecha casi totalmente de material sintético) se encontraba un selector de disparo, que tenía solamente dos posibilidades: 1 y 3. Es importante aclarar que el uso de la culata no era solamente para darle más control al diseño cuando disparaba. Sin este aditamento era totalmente imposible el disparo automático, debido a que los mecanismos no lo permitían. La culata tenía en ella el selector de disparo, y si no se la insertaba correctamente, la pistola no disparaba más que un proyectil por vez.

Una curiosidad de dicha culata era que servía también como estuche. Siendo hueca en su mayor parte, se podía guardar en ella a la pistola completamente lista para la acción y sacarla para utilizarla en pocos segundos.

En modo automático, la VP70M tenía una cadencia de tiro teórica de 2.200 disparos por minuto. Esto generaba sin duda un gran estruendo, y el arma sufría un gran stress para el que estaba diseñada.

Disparo de la VP70; previamente el tirador la saca de su espacio en la culata para montarla sobre la misma.

¿Demasiado poderosa?

Como se dijo antes, la ruina de la VP70M fue prometer demasiado, en un momento complicado de la historia. Al principio fue un gran suceso, y la fábrica concretó ventas a varias fuerzas armadas y policiales de Asia y África. Por seguridad, para el mercado civil se hizo la VP70Z, que no podía bajo ninguna circunstancia hacer fuego automático. Sin embargo, pronto comenzaron los problemas. A muchos organismos de seguridad les preocupaba que este arma pudiera caer en manos equivocadas. Si un terrorista de la época podía crear caos con una pistola semiautomática, ¿qué haría con una capaz de disparo automático, aunque fuera solamente en ráfagas cortas y usando una culata removible?

Sin duda se exageró demasiado el poder del arma, que no era una ametralladora de mano ni nada similar. La culata la convertía en más aparatosa que una pistola convencional, y bien utilizada podía servir a cualquier fuerza de seguridad del mundo. A pesar de esto, muchas fuerzas de seguridad europeas comenzaron a preocuparse seriamente por la VP70M. Tal vez en un esfuerzo por ganar un mercado menos suspicaz, la H&K fabricó unas 400 unidades en calibre 9×21 mm IMI, que se salían de ciertas legislaciones sobre armas, y este modelo fue puesto a la venta en Italia principalmente (aunque algunas aparentemente llegaron a EEUU). Mantenían la culata, pero esta no permitía el disparo automático.

Pero nada se pudo hacer para mantener la VP70 en producción. Varias versiones dicen que esta se detuvo en la década de 1980, pero no hay una fecha cierta. Algunos dicen que fue en agosto de 1989, pero otros dicen que fue varios años antes. Sin embargo, aparece en el proyecto para reemplazar a la Colt 1911 en las FF.AA. de EEUU mediados de los 80s, dando, por cierto, resultados bastante malos.

Y es que en realidad, algunos dicen que la VP70 no terminó de cumplir con todo lo necesario para ser una pistola de asalto exitosa. Una de las quejas recurrentes es que, para el disparo en ráfaga, había que hacer mucha fuerza para mover el gatillo, lo cual era poco práctico y dificultaba el agarre preciso. Además, aunque era precisa en modo semiautomático, en pruebas de tiro generalmente la ráfaga se dispersaba bastante, y requería mucho entrenamiento el centrarla más, asegurando que todos los proyectiles impactaran el blanco y lo hicieran relativamente cerca.

Prueba de disparo de la VP-70M en un campo de tiro. El tirador muestra como, en disparo semiautomático, es capaz de dispararle a objetivos individuales a unos 10 metros de distancia, pero le resulta casi imposible hacer lo mismo con el modo en ráfaga, o también agrupar impactos en una silueta.

Beretta 93R

Este diseño italiano tomó la posta en materia de pistolas de asalto, cuando la VP70 alemana comenzó a tener problemas de imagen. Se trata de un arma directamente derivada de la exitosa y famosa Beretta 92, que está en servicio en Italia y hasta logró romper definitivamente el reinado de la Colt .45 en las Fuerzas Armadas de EE.UU.

Al igual que el diseño de H&K, este arma puede hacer solamente ráfagas de 3 disparos. Pero tiene una diferencia sustancial: utiliza una culata separable, y puede disparar de manera automática sin ella, aunque esto esté contraindicado por la empresa.

Un primer plano de la Beretta 93R nos muestra sus principales características. Nótese el cargador largo, para aumentar la capacidad de disparo. Por lo demás, externamente es muy similar a la 92, con la gran excepción del pistolete (plegable bajo el cañón) que, ubicado delante del arco guardamonte, permite asir mejor el arma cuando se dispara en modo automático. El cañón más largo con bocacha apagallamas solo se incorporó en los primeros modelos.

Configuración general

Para facilitar el agarre del arma, especialmente cuando hace fuego automático, se diseñó una empuñadura más sencilla y compacta. Está pensada para que el usuario utilice sus dos manos: la derecha tomando el arma y apretando el gatillo, y la izquierda asiendo una pequeña manija que se pliega debajo del cañón. El pulgar izquierdo debe en teoría introducirse en la parte delantera del guardamonte mientras que el resto de la mano sostiene el arma. De esta manera la pistola es un subfusil en miniatura.

Para facilitar más el disparo en ráfagas, el cañón alargado del arma tiene un freno de boca ingenioso, que también actúa como bocacha apagallamas. Sin embargo este detalle parece corresponder solamente a las primeras unidades, y fue rápidamente abandonado.

La culata es opcional, aunque la empresa dice que es mejor usarlo, debido a que la pistola es muy temperamental en disparo automático. Viene en una funda especial, y tiene dos modos de extensión, para adaptarse a diferentes tipos de tirador.

Hay dos tipos de cargadores disponibles: de 15 disparos y otro de 20, que se reconoce instantáneamente porque sobresale un poco de la empuñadura, por debajo.

En acción

Según se dice, en modo automático la Beretta 93R es bastante precisa, debido a las ideas que se han incorporado en materia de ergonomía. Uno de los más señalados es el pistolete delantero, que mejora la antigua postura de asir la pistola con las dos manos. Esta práctica, muy aceptada en EE.UU. y en otros países, tiene el inconveniente de que las dos manos terminan haciendo mal el trabajo, cerrándose sobre una empuñadura demasiado grande. Con el pistolete se mejora la performance, ya que las dos manos se separan y así hacen más fácil de controlar al arma.

La Beretta 93R despertó, al igual que la VP70, muchas discusiones. Al igual que el caso anterior, se trataba de un arma excelente. Sin embargo encontró algunos problemas técnicos. Hacia mediados de la década de 1980 todavía estaba en proceso de desarrollo y no había salido al mercado. Aparentemente esto se debe a que el sistema de disparo era demasiado complicado. El mantenimiento y las reparaciones no podían llevarse a cabo «en casa» y necesitaban de personal adiestrado de la fábrica.

Esto reducía sin duda su atractivo comercial y militar, y finalmente el proyecto parece haber sido abandonado. Aunque la pistola no aparezca desde hace tiempo en el catálogo de la empresa, aparentemente ciertas unidades de seguridad italiana la utilizan.

Animación en 3D que muestra los componentes de la Beretta 93R y cómo dispara en sus diferentes modos.

Glock 18 y 18C

Derivada, como toda la familia, de la ya superfamosa Glock 17, este arma parece ser, realmente, la primera pistola de asalto del mundo, con todas las letras.

La Glock 17 fue, luego de la VP70, la segunda pistola en hacer un uso intensivo de materiales sintéticos. Tanto fue así que se corrió el rumor de que era posible hacerla pasar sin problemas por los detectores de metales de los aeropuertos, lo cual es totalmente falso. Después de todo, todavía el cañón y las municiones son de metal, entre otras piezas.

Uno de los primeros modelos de la Glock 18, con muescas en el cañón largo.

Esta revolucionaria pistola posee una gran sencillez de uso. Curiosamente no tiene seguro externo, a pesar de que hay tres sistemas diferentes para que la pistola no se dispare al ser golpeada (por ejemplo, si se cae). La Glock 17 solamente hace fuego si alguien aprieta de su gatillo.

El éxito de este arma hizo que su empresa fabricante comenzara a sacar versiones especiales, recamaradas para otros calibres como el .45 ACP o el 10 mm, para tiro de competición, para defensa personal, etc. Se tratan por lo general de «copias» de la Glock 17, que aprovechan la gran mayoría de sus piezas para ahorrar costos y ganar en calidad, pero difieren en pocos aspectos del modelo madre.

La pistola resultó tan buena que comenzó a ser usada por muchas fuerzas policiales. Fue así que la unidad antiterrorista EKO Cobra, de Austria, le pidió al fabricante que diseñara para ellos una versión totalmente automática del arma. La Glock 18 y 18C no están disponibles para civiles y en algunos países se requiere tener licencias especiales para poder comprarla y usarla.

La primera pistola de asalto del mundo

La Glock 18/18C aparece en el sitio institucional de Glock como «full automatic pistol», esto es, pistola completamente automática.

Esto lo logra sin hacer uso de ninguno de las tantos agregados ensayados por diseñadores anteriores. Sin culatas removibles, sin pistoletes, sin selectores de ráfagas cortas, ni nada parecido. La Glock 18/18C dispara hasta que no quedan balas, y es controlable usada a dos o a una mano.

Excelente imagen de una Glock 18C con cargador largo. Esto permite un uso más intensivo en las operaciones. Con el cargador de 17 disparos, la pistola se descarga muy rápidamente, a menos que el usuario esté bien entrenado. Obsérvese la diferencia de empuñadura con respecto a la 18, el modelo primitivo. La 18C posee los compensadores montados directamente en la corredera, de manera que las muescas del primer modelo no son visibles ni sobresale el cañón de la corredera.

La diferencia más esencial con respecto a la Glock 17 es un selector de disparo en la parte izquierda de la corredera. Por lo demás, las armas son muy similares en aspecto.

Las otras diferencias corren por parte de los dos diferentes modelos. La Glock 18 es el modelo más primitivo. Tiene el cañón más largo que la corredera, con tres muescas al final que actúan como compensadores para manejar mejor el culatazo.

El modelo 18C, más nuevo, tiene cuatro compensadores integrados en la corredera. Están ordenados en dos parejas; la más cercana al cargador es estrecha, mientras que la segunda pareja es más ancha. Esto permite mejorar todavía más el control del arma cuando entra en acción.

Disparo realmente automático

El selector de disparo es similar a cualquier otro de pistola, solamente que agrega la posibilidad de disparo automático. No hay opción para ráfagas cortas: el selector solo permite elegir entre disparos individuales o automáticos. Está localizado al final de la corredera, y gira sobre una pieza circular.

Una vez seleccionado el modo automático y apretado el gatillo, el arma vacía el cargador en un abrir y cerrar de ojos. Esto se debe a la enorme cadencia de disparo, de entre 1.100 y 1.200 disparos por minuto.

Una Glock 18C con culatín removible, la opción ideal para equipos especiales de la policía. Obsérvese cómo se inserta en la parte posterior de la empuñadura, detrás del cargador. Esto permite que el policía tenga la opción de usarla tanto como arma de asalto o como semiautomática.

Esto presentaba un pequeño problema para los cargadores standard de cualquier pistola 9 mm, que tienen un máximo de entre 17 y 21 disparos. Para la Glock 18/18C la empresa diseñó cargadores especiales de 33 disparos. Así se soluciona el siempre presente problema de la falta de munición en armas que disparan tan rápido.

El defecto es que el cargador de 33 disparos es realmente grande, sobresaliendo de la empuñadura ostensiblemente. Pero es un detalle menor, ya que puede usarse como respaldo junto con uno convencional de 17 disparos, que es el mismo que usa la Glock 17.

Según dicen los entendidos, el espectáculo de disparar una Glock 18/18C es realmente único. Por un lado las llamaradas de los compensadores, y por el otro, una lluvia de cartuchos vacíos volando hacia todas partes. El culatazo no parece ser algo que afecte seriamente la puntería o la mano del usuario.

Un tirador dispara casi 300 municiones al hilo con una Glock 18C con culatín. Una muestra de efectividad y confiabilidad.

Facilidad y precisión de uso

Impresionante imagen de una Glock 18C en acción. Pueden verse claramente las llamaradas que salen de los compensadores, montados directamente sobre el cañón y la corredera (que todavía ni siquiera ha comenzado a moverse).

Según dicen quienes la han probado intensamente, la Glock 18 es un arma sencilla de usar, que requiere entrenamiento, pero no demasiado. Sin embargo, la 18C aparentemente es todavía mejor, ya que el diseño de los compensadores integrados a la corredera es mucho más ingenioso y preciso. La gran ventaja sobre todos los diseños anteriores que ni siquiera salieron al mercado es que la Glock 18/18C es un arma realmente automática, y no puede disparar ráfagas cortas. Con algo de práctica se puede aprender a disparar ráfagas de tres, cuatro o cinco proyectiles, pero eso es a elección del usuario.

La Glock 18/18C es muy precisa, sobre todo hasta los 30 metros, y rompe muchos de los prejuicios sobre las pistolas de asalto, que ya eran calificadas como muchos como imposibles de construir. Compacta, precisa y fácil de usar, es también un arma convencional, sin ningún tipo de pieza o accesorio extraño a su clase.

¿Reemplazar a los subfusiles?

Sin duda una de las metas de las pistolas de asalto era ese, al menos en parte. No hay duda de que en ciertos ambientes un subfusil tiene grandes ventajas, como puede ser en un campo de batalla, ya que da mejor alcance y precisión, además de permitir usar munición de fusil (como sucede cada vez más frecuentemente en los nuevos diseños).

Sin embargo, hay situaciones en donde un subfusil es un aparato algo engorroso. Por mucho tiempo, los guardaespaldas de grandes personalidades o los guardias de seguridad de incógnito han usado versiones cortas de famosos subfusiles, como el MP5, o el mini-Uzi o micro-Uzi. Pero estos modelos tienen algunas desventajas intrínsecas a su diseño. Por un lado, siguen siendo muy grandes, ya que son simples versiones acortadas, no rediseños. Esto hace que un observador atento, como un potencial terrorista o secuestrador, pueda darse cuenta de que el guardia está fuertemente armado. Por otra parte, al ser más grandes son también más difíciles de sacar a la luz, estando escondido bajo sacos o ropas pesadas. Y es sabido que en ciertas situaciones, disparar medio segundo más tarde es disparar demasiado tarde.

Además, al no ser armas diseñadas desde la nada, a veces tienen problemas que sus versiones anteriores tenían en menor escala, pero ahora repotenciados. Una micro-Uzi es sin duda un gran arma, pero no es tan precisa como una Uzi, que es más pesada y maneja mejor el culatazo. Al perder peso y volumen, se pierde también precisión y facilidad de uso. Al utilizarla en ciertos contextos, el tirador puede llegar a herir o matar a otras personas, como es el caso del guardaespaldas en un lugar abierto.

Las pistolas de asalto no se piensan entonces como un arma militar de primera línea, sino para ciertos casos como el de las unidades que trabajan en la retaguardia, tripulantes de tanques o servidores de piezas de artillería, que pueden necesitar el apoyo de un arma de mano pero que no tienen espacio en sus funciones para cargar y mantener un subfusil. Otro de los campos en donde las pistolas de asalto son muy requeridas es el del contraterrorismo y las operaciones especiales. En estos casos, los comandos tienen que operar en ambientes muy cerrados, a muy corta distancia. En estas situaciones, la rapidez para apuntar cómodamente y disparar es fundamental, así como la seguridad de que el proyectil irá justo donde se lo desea (y si dos o tres golpean en ese punto, tanto mejor). En estos contextos, un arma más larga y pesada, como un subfusil, puede representar medio segundo de demora, el trabarse en algún sitio, etc.

Este fue el objetivo que se buscó durante décadas, y la VP70 y la Beretta 93R, aunque abrieron el camino, no lo lograron totalmente. La Glock 18/18C elimina todos de los inconvenientes previos (dificultad de manejo por la sobreelevación, escasez de munición, etc.) y termina logrando este objetivo.

El uso de compensadores en el cañón es sin duda la mejor opción. Los usuarios han manifestado que, incluso usando una sola mano, el arma es razonablemente controlable, sobre todo teniendo en cuenta su terrible volumen de fuego. Al parecer no es difícil hacer dos o tres impactos en el mismo blanco, una vez que uno se ha familiarizado con el ella. Claro que esto debe tomar un par de cargadores grandes, al menos. Pero es un precio bajo por un arma tan excelente. Es por eso que la Glock 18/18C puede reemplazar sin demasiados problemas a un subfusil en ciertas situaciones (no por nada su diseño fue solicitado por una unidad antiterrorista). Tan fácil de esconder y desenfundar como una pistola semiautomática cualquiera, esconde sin embargo el poder de hacer ráfagas controladas en espacios pequeños, incluso con una sola mano.

No hay otra arma en el mundo que haya podido demostrar esta cualidad, ni antes ni ahora. Por eso que la Glock 18 ya se ganó su espacio en la historia de las armas de fuego, junto con su hermana mayor, la Glock 17.

Sin embargo, como siempre sucede, no hay armas definitivas. La lista de prototipos y de propuestas para más pistolas de asalto continúan surgiendo, y seguramente en algún tiempo tendremos más ejemplos para comentar.