Sistema antiaéreo DIVAD M247 Sergeant York

Durante varias décadas, la defensa antiaérea del US Army estuvo a cargo de aparatos más o menos improvisados, generalmente cañones montados sobre chasis de tanques ligeros y luego sobre vehículos de orugas para transporte de personal. Varias veces se intentó crear un sistema de defensa antiaérea que pudiera acompañar un avance acorazado y de infantería, pero siempre estos planes se encontraron con problemas y cancelaciones. El caso del M247 fue uno más de ellos, y tal vez uno de los más penosos.

Una serie de eventos desafortunados

Durante la Segunda Guerra Mundial se hizo evidente que la aviación enemiga constituía un peligro para los avances de todo tipo, sobre todo los acorazados, por lo que EEUU empezó a desarrollar sistemas que permitieran transportar y operar cañones antiaéreos en el frente de batalla. Los primeros modelos usaban como base tanques livianos en desuso que montaban cañones de 40 mm, pero para cuando entraron en servicio, hacia la década del 50, los jets eran mucho más veloces y estos cañones no estaban a la altura del desafío. Uno de estos sistemas, el Duster, solo se usó en Vietnam porque no había nada mejor.

Para esa época, los misiles parecían la panacea, y se pensó en un avanzado sistema antiaéreo que los utilizada. Sin embargo el proyecto era demasiado ambicioso y se canceló en 1965.

Sin embargo, la guerra de Vietnam trajo aparejada la aparición de una nueva plataforma, la del transporte acorazado de personal, en este caso el M113. Esta parecía una plataforma perfecta ya que era novedosa, estaba disponible en grandes cantidades y era muy sencilla. El US Army lo intentó de nuevo creando una combinación: el Sistema de Defensa Aérae Chaparral-Vulcan. El M163 era un M113 modificado que incorporaba un cañón multitubo M61 Vulcan, sistemas de tiro y de seguimiento de corto alcance, ya que estaba diseñado para objetivos más cercanos (en cañón tenía un alcance de poco más de un kilómetro). Este aparato se complementaba con el MIM-72 Chaparral, que era otro M113 modificado que montaba misiles de guía infrarroja Sidewinder. Este sistema podía atacar blancos rápidos a varios kilómetros, pero necesitaba “engancharse” a la firma infrarroja de los motores cuando el avión enemigo se alejaba. Si bien la idea de complementarse era buena, ninguno de los aparatos tenía buenos sensores; se trató de compensarlo llevando un radar en un camión asociado, pero todo el sistema era engorroso y no podía desplegarse fácilmente en el campo de batalla.

Por si fuera poco, la aparición de helicópteros artillados soviéticos cada vez más capaces durante los 70s, además de los misiles antitanque, hizo que ninguno de estos sistemas fuera adecuado: el Vulcan no tenía suficiente alcance, y los misiles del Chaparral tenían que esperar demasiado tiempo para engancharse en el blanco; por si fuera poco, un helicóptero que ataca de frente no tenía una firma calórica lo suficientemente buena como para asegurar un blanco. Esto hizo que los dos sistemas fueran puestos en cuestionamiento.

Para agregar más a todo el asunto, el US Army proponía ya la introducción del tanque Abrams y de otros sistemas más avanzados de combate de infantería, el Bradley: el M113 como base se estaba quedando algo obsoleto ni tal vez no podría seguirles el paso. Todo esto, sumado al éxito que tenían ciertos sistemas como el Shilka soviético y el Gepard alemán, hizo que se planteara con seriedad la búsqueda de un reemplazo definitivo a toda esta seguidilla de soluciones parciales y no muy buenas.

El inicio del programa

La urgencia de todo el asunto estaba marcada por dos cuestiones: durante los pocos conflictos en los que los EEUU habían participado desde la Segunda Guerra Mundial, casi siempre habían tenido superioridad aérea. La doctrina militar especificaba que la USAF ganaría esta superioridad y la mantendría, de alguna manera dando seguridad al avance del US Army. Sin embargo, los enormes avances soviéticos en la materia y los resultados que sus sistemas tenían (al ser probados en combate en numerosos conflictos, principalmente en manos árabes contra Israel) hizo que los altos mandos del Ejército se preocuparan: si algo sucedía, no tenían ningún sistema para proteger a sus tanques y tropas.

Esto marcó fuertemente la filosofía del DIVAD (Division Air Defense, Defensa Aérea Divisional), el nombre que recibió el programa para dotar al US Army de un vehículo capaz de defender el avance terrestre de ataques aéreos.

Lanzado el 18 de mayo de 1977, la idea era llegar a la mayor cantidad posible de empresas, para que estas hicieran sus propuestas (los requerimientos le fueron enviados a 49 posibles contratistas). Debido a la urgencia ya mencionada, se pensó en utilizar la mayor cantidad posible de piezas y elementos ya en uso, para que las empresas ganadoras desarrollaran un aparato que fuera mejorado y revisado una vez entrado en servicio, en vez de entregar un producto ya terminado y probado. Se buscaba así recortar el generalmente largo proceso de desarrollo, que podría hacer que, una vez más, el US Army se quedara sin lo que más necesitaba. El enemigo progresaba demasiado rápido: había que alcanzarlo.

En resumen, los requerimientos eran los siguientes:

  • las propuestas debían estar basadas en el chasis del tanque M48 Patton, que serían provistos por el US Army ya que había muchos de ellos disponibles en almacenamiento.
  • el sistema debía adquirir y disparar sobre un blanco en cinco segundos (luego se cambió a ocho) de haberse vuelto visible o al entrar en un alcance de 3 kilómetros.
  • debía tener un 50% de chance de impactar un blanco con una salva de 30 disparos.
  • debía tener un sistema de disparo todo tiempo, además de una mira óptica incluyendo un FLIR y un telémetro láser.

Como era de esperarse, varias empresas de renombre, entre ellas General Electric, General Dinamics, Raytheon y Ford Aerospace presentaron sus prototipos, todos ellos “frankensteins” que combinaban sistemas de los más diversos, la mayoría en servicio en EEUU o en algún país aliado. La idea, después de todo, era presentar un sistema que ganara el programa, para después desarrollarlo en serio una vez fuera aceptado.

Sin embargo, como veremos, esta idea sería completamente desastrosa. Luego de algunos análisis, se decidió el 13 enero de 1978 que las propuestas preseleccionadas serán las de General Dinamics y las de Ford Aerospace. A la primera se le dio el código XM246, y a la segunda, XM247.

La propuesta de General Dynamics fue clasificada como XM246. Obsérvese los cañones de 35 mm en el centro: son los mismos que utilizaba el Gepard, vehículo alemán con una función similar a la que buscaba el DIVAD. A su derecha se encuentra el radar de rastreo (foto US Army).

El XM246 de GD usaba dos cañones gemelos Oerlikon KDA de 35 mm, como los que tenía el Gepard alemán. Sin embargo, los llevaba lado a lado en una torreta de aluminio. Se los podía disparar en modo semiautomático o automático, en cuyo caso alcanzaba una cadencia de fuego combinada de 1.100 proyectiles por minuto (aunque solo tenía 600 proyectiles). De nuevo, el sistema de control de tiro tampoco era nuevo: era el que utilizaban las baterías antimisiles Phalanx en los buques estadounidenses. El XM246 tenía un aspecto bastante poco agraciado, con el radar de rastreo en el frente de la torre, en una cubierta bulbosa, y el radar de búsqueda en la cima de la torre.

El XM247 de Ford Aerospace tenía algunas similitudes, como los dos cañones montados uno al lado del otro en el centro de la torre. Sin embargo, estos eran Bofors de calibre 40 mm, algo que le valió críticas a FA ya que las dos empresas tenían relaciones comerciales y algunos adujeron que el calibre 35 sería más compatible con los arsenales de la OTAN, que estaba dejando de usar el 40 mm. Sin embargo, como ya hemos dicho, esto no era más que otra forma de reciclar los componentes disponibles en el mercado de armas, algo que el programa no solo permitía sino que apoyaba activamente. Estos cañones estaban montados en una torreta bastante grande, que llevaba encima los dos radares, uno de búsqueda y otro de rastreo, separados uno del otro y montados en instalaciones plegables. De esta manera podían elevarse para tener más campo de búsqueda y retraerse para bajar la silueta y transportar más cómodamente el vehículo. Curiosamente, el radar de rastreo, de corto alcance, era un derivado del Westinghouse AN/APG-66 que se utilizaba en el caza F-16 Fighting Falcon. Esto traería enormes quebraderos de cabeza en los meses por venir. Al igual que la propuesta de GD, había sistemas de miras y telémetros ópticos, para el caso de encontrarse con blancos cercanos que tuvieran que ser atacados de manera más directa.

Ambos vehículos tenían grandes similitudes, tanto en la disposición de sus cañones como en las enormes torres, que eran casi tan grandes como el chasis del tanque en el que estaban montadas.

El ganador

Luego de ser elegidos, el US Army le dio a los contratistas un poco más de dos años para entregar sus prototipos: en junio de 1980, cada uno debía presentar una unidad de su modelo. Sin embargo, las pruebas se demoraron porque los dos prototipos entregados en esa fecha eran demasiado “inmaduros” para las autoridades, algo que, como veremos, no se solucionó con el tiempo.

Luego de una intensa batería de pruebas, que incluían el derribo simulado de aeronaves enemigas de diverso tipo, el prototipo de Ford Aerospace fue declarado ganador del program DIVAD el 7 de mayo de 1981. Esta decisión fue ampliamente criticada, ya que el otro prototipo había derribado muchas más aeronaves en las pruebas simuladas. FA recibió un contrato por 6.970 millones de dólares para la producción inicial del ahora llamado M247 Sergeant York.

El nombre del tanque era en honor al Sargento Alvin York, el soldado más condecorado por EEUU en la Primera Guerra Mundial. York había participado en un ataque en el que había matado al menos a 25 soldados alemanes y había capturado, por su cuenta, a 132. Condecorado además por varios otros países aliados gracias a su coraje, realmente es una pena que le hayan puesto su nombre a un aparato tan malo, que durante todas las pruebas tuvo problemas para acertar sus blancos.

Breve video promocional sobre las capacidades de los dos competidores del DIVAD, en donde se los muestra disparando y moviéndose. En las pruebas se utilizaron como señuelos tanto aviones como helicópteros, obviamente, no tripulados.

No hay que pensar mucho para darse cuenta de que el chasis de un tanque ya casi obsoleto sumado al radar de un caza posiblemente no se emparejen bien. Ya de por sí, el US Army había comenzado con un error garrafal: el sistema estaba montado sobre el M48 Patton que, si bien estaba disponible en grandes cantidades, no estaría a la altura si finalmente el sistema era aprobado, porque no podría mantenerle el paso a los nuevos tanques y vehículos de combate de infantería, más potentes y capaces de sortear obstáculos más complejos. Las prisas por desarrollar algo que funcionara habían cegado a muchos.

Como ha sucedido muchas veces con diversos programas de armas estadounidenses, la idea de que se podía “tirar dinero” a un problema para solucionarlo debe haber calmado a muchos. Pero rápidamente el programa comenzó a estancarse. Mucho de esto venía de la elección del radar de rastreo, que tenía problemas para diferenciar los helicópteros de los árboles. Como estaba diseñado para cazas que volaban alto, cualquier cosa que estuviera cerca del suelo lo confundía. Si se lo apuntaba hacia arriba en ciertos ángulos, los mismos cañones del vehículo confundían al sistema. Por si fuera poco, la velocidad de reacción era abismal: tardaba 10 u 11 segundos en adquirir un helicóptero, y entre 11 y 19 segundos si se trababa de un avión a gran velocidad. Cualquier aparato enemigo podría destruirlo mucho antes que eso.

Los cañones del M247 no eran para nada precisos, aparentemente porque habían sido mal almacenados.

Esto se veía agravado por muchas otras cuestiones. En las pruebas que se realizaron entre noviembre de 1981 y febrero de 1982, para testear cuestiones como la durabilidad y la confiabilidad, surgieron más problemas. La torre giraba muy lentamente y tenía problemas para operar en climas fríos, además de fugas hidráulicas. Los sistemas de contramedidas electrónicas eran fácilmente engañados. Es más: los cañones que se habían utilizado para armar al prototipo habían sido mal almacenados, por lo que estaban algo torcidos y no disparaban bien.

Sin embargo, ya se había avanzado demasiado como para cancelar el asunto, y se siguió adelante con la idea de poder solucionar los problemas con más dinero, pruebas y mejoras. Se llegó así a una situación de lo más patética, que sería graciosa si no hubiera puesto en peligro vidas humanas.

En febrero de 1982, se organizó una demostración para un grupo de oficiales estadounidenses y británicos en Fort Bliss, además de miembros del Congreso y otras personalidades políticas. Cuando las computadoras del sistemas fueron activadas, el prototipo comenzó a apuntar a las gradas donde estaba el público; en la confusión, muchos salieron corriendo y tuvieron heridas menores causadas por la estampida.

Minutos después, cuando los ingenieros lograron reiniciar el sistema, el prototipo consiguió apuntar a los verdaderos blancos… pero sus disparos cayeron a 300 metros, muy lejos de donde deberían. Incluso después de varios intentos, el sistema nunca logró un impacto sobre los blancos designados.

Este fracaso épico comenzó a marcar el final del programa. Uno de los responsables del prototipo dijo que el problema había sido causado porque el vehículo había sido lavado para la demostración, haciendo que las partes electrónicas se arruinaran. Algo totalmente inaceptable para un vehículo que, se suponía, podría intervenir en una guerra mundial contra el Pacto de Varsovia. Difícilmente se le podía pedir a los soviéticos esperar a tener días soleados para usar el sistema adecuadamente.

Durante los siguientes dos años, Ford Aerospace siguió trabajando en el prototipo, tratando de solucionar los problemas pero nunca llegando a eliminarlos del todo. Eventualmente tanto los militares como los políticos comenzaron a cansarse.

El M247 rodando a toda marcha durante una prueba. Obsérvense los dos radares sobre la torreta, completamente desplegados.

Fue así que, justo dos años después de la fatídica demostración, en febrero de 1984, el Departamento de Defensa de EEUU expresó públicamente su desacuerdo por las “totalmente inaceptables” demoras en el programa. A los pocos días, con seis meses de retraso, el US Army recibió los primeros modelos de producción, listos para ser probados. Eran totalmente ineficaces. Una vez más, la situación era patética: un reporte comentó que uno de estos primeros modelos confundió el extractor de aire de un baño químico con un blanco moviéndose a poca velocidad, posiblemente pensando que era un helicóptero.

Sin embargo, tal vez por cuestiones políticas y por la enorme necesidad de contar con el vehículo que tanto necesitaban, los administradores del programa dentro del US Army eran cautelosamente positivos, tratando de destacar lo bueno del sistema. Aparentemente era un vehículo confiable, incluso en condiciones negativas, pero durante estas pruebas persistieron los problemas de software y la vulnerabilidad a las contramedidas electrónicas.

El problema fundamental es que estos inconvenientes no se estaban presentando en prototipos, sino en modelos de serie. Y la promesa de recortar en cinco años el tiempo de desarrollo del sistema ya se estaba demostrando como imposible de cumplir. Además, empezaba a ser evidente que, para corregir todos los problemas, costaría mucho dinero, sobre todo si había que reparar o reemplazar partes de los vehículos ya fabricados y entregados.

Como veremos, el M247, si bien había entrado en servicio “oficialmente” al conseguir su nombre sin la X designada para los prototipos, no era más que uno de ellos.

El final de un sueño

Una vez puestos en aprietos, a los responsables del Ejército solo les quedaba presionar hacia delante, tratando de lograr que algo mínimamente confiable saliera de todo el asunto, ya que no había ninguna otra opción sobre la mesa. Después de la fallida demostración de 1982, la prensa estaba sobre el programa, investigando sus vericuetos y criticando el inútil gasto de dinero en algo que evidentemente no funcionaba, lo cual a su vez repercutía en los políticos que autorizaban y auditaban los fondos.

Para empeorar todo, los sistemas de ataque aéreo soviéticos que habían preocupado a los militares estadounidenses no dejaban de hacerse más poderosos y letales. El DIVAD debía suministrar capacidad de defensa aérea hasta los 3.000 metros, pero los nuevos aviones, misiles y helicópteros artillados soviéticos podían atacar por encima (y a veces muy por encima) de esa cota. Esto hacía que el DIVAD fuera totalmente obsoleto ya antes de entrar en servicio.

Como otra de las posibles soluciones, se sugirió sumarle al sistema un lanzador de misiles antiaéreos Stinger, pero esto despertó todavía más críticas. Si los sistemas inicialmente propuestos todavía no funcionaban correctamente, ¿cómo se solucionaría todo agregando más sistemas?

Cansados de la situación, eventualmente el Secretario de la Defensa Caspar Winberger ordenó que se realizara una serie de pruebas en situaciones de combate, proveyendo para eso la suma de 54 millones de dólares. Mientras tanto, el Congreso autorizó dinero para la producción en serie con este sistema de “prueba y error”, pero sólo si Weinberger aseguraba que el programa alcanzaba o superaba las especificaciones pedidas por el contrato original. Para garantizar mayor transparencia, el Congreso de EEUU envió en 1983 a representantes del Pentágono.

Estas pruebas comenzaron hacia finales de 1984, y como era de esperarse, los resultados fueron catastróficos. Los drones que se le presentaron como blancos simulados no fueron derribados ni siquiera cuando se movían en línea recta. Se bajaron standares de la prueba: los drones se quedaron quietos en el aire. Incluso esto no fue suficiente, ya que el radar tenía una señal tan pequeña que no podía detectarlos bien. En una movida completamente ridícula, se le sumaron varios reflectores de radar a los blancos simulados, en un desesperado intento por hacer que el sistema tuviera éxito. Eventualmente los disparos le dieron a los blancos, dañándolos y lanzándolos fuera de control. Pero en una movida realmente increíble, los controladores de los drones habían instalado dispositivos pirotécnicos en estos, que ellos activaron cuando los blancos estaban todavía en el aire, simulando su destrucción completa.

La prensa no tardó en tomar todo el asunto como una broma, y a partir de ese momento, todas las pruebas realizadas sobre el aparato perdieron credibilidad ante el público y los políticos.

Mientras tanto, los representantes del Pentágono continuaron asistiendo a estas pruebas, en las que se verificaron graves deficiencias. Aunque los cañones hacían bien su trabajo, todo el conjunto tenía enormes problemas de confiabilidad. El radar era totalmente inapropiado para la tarea que se le había dado (recordemos que originalmente era el radar de un avión caza). Entre diciembre de 1984 y mayo de 1985, el programa falló al menos 22 de 163 requerimientos contractuales, y tuvo otras 22 fallas graves de operatividad. Como resultado, el Pentágono reportó que, si bien el sistema era mejor que el actual Vulcan, no era adecuado para cumplir su misión de protección a las fuerzas terrestres.

Esto hizo que, el 27 de agosto de 1985, el Secretario de la Defensa Winberger cancelara completamente el proyecto, a pesar de que ya se habían producido al menos 50 vehículos. Durante todos esos años, EEUU había gastado al menos mil millones de dólares en un sistema que, si bien tenía algunas mejoras marginales sobre su predecesor, era notablemente ineficaz para cumplir su tarea. Como consecuencia de este fallo garrafal, se intentaron varias adaptaciones de otros vehículos, de nuevo buscando “emparchar” la situación, pero ninguno logró prosperar, y así que incluso hoy, el US Army sigue empleando adaptaciones de vehículos para su defensa antiaérea, muchos de los cuales no son mejores que los que los precedieron.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *