Minas navales

Como otros muchos sistemas bélicos modernos, la mina naval comenzó a ser pensada y desarrollada en el siglo XIX, con modelos y diseños muy extraños y generalmente poco exitosos, que luego evolucionaron rápidamente hacia la Primera Guerra Mundial.

Durante el siglo XX han sido protagonistas mudas del desarrollo de los conflictos armados. Baratas y fáciles de producir en cantidad, rústicas pero efectivas, tienen un tremendo impacto a nivel militar y civil.
Lanzadas por buques especiales, las minas navales son un grave problema para la navegación civil y comercial.

Esto se debe a que, al igual que sus parientes terrestres, las minas navales permanecen activas incluso cuando la guerra ha terminado. Continúan navegando o ancladas en sus lugares de destino, pudiendo causar graves daños.

Esto hace que la simple sospecha de que existe un campo minado sea motivo suficiente de alarma. Se ponen en movimiento las fuerzas navales destinadas al dragado y caza de minas. Incluso aunque el enemigo declare un campo minado que luego sea falso, se pierden días e incluso semanas comprobando la zona: esto implica no solo la movilización de buques especializados, sino el cierre de puertos, el desvío del tránsito marítimo o incluso su total prohibición. Esto se ve empeorado por el hecho de que las minas son armas comparativamente baratas. Silenciosas y difíciles de detectar, pueden atacar en el momento más inoportuno y en el punto más frágil de cualquier embarcación: debajo de la línea de flotación. En el peor de los casos, al usarse en vías de navegación estrechas, el buque averiado o hundido deberá ser remolcado o volado para permitir nuevamente la circulación del tráfico, ya sea submarino o de superficie.

Este es el mayor efecto de los campos minados en el mar: detener y retardar el paso. La tarea de detección y remoción es lenta y peligrosa, además de requerir equipamiento muy especializado, que no todas las armadas pueden tener en grandes cantidades. Una vez detectado un campo de minas, se pueden perder días o incluso semanas de combate, impidiendo refuerzos o la llegada de material bélico.

Un poco de historia

La idea es vieja como la pólvora; sin embargo, existieron muchos problemas para lograr una mina naval efectiva y confiable. La mina naval, como artefacto explosivo era similar a la granada o a la mina terrestres en consideraciones generales, con una pequeña pero importantísima diferencia: debía operar continuamente en uno de los peores ambientes. El agua de mar es tremendamente corrosiva para el metal, debido a todos los minerales que acarrea; los cambios de temperatura hacen otro tanto, al igual que el constante movimiento.

Las primeras minas navales fueron instrumentos toscos, enormes y doblemente peligrosos. Los campos minados terrestres son señalados por los ingenieros en los mapas, de manera que las tropas amigas saben evitarlos. Sin embargo, las minas navales más precarias eran poco más que masas de explosivos con espoletas de contacto. Vagando a la deriva, podían impactar a cualquier buque, ya fuera amigo o enemigo, militar o civil.

Como en otros casos, existe evidencia escrita de que los chinos fueron los primeros en pensar en la creación de minas navales prácticas, hacia el Siglo XVI. Estas eran simples cajas herméticas con sistemas de tiempo, las cuales se encendían luego de vagar en la corriente. Aparentemente otros sistemas incluían un sistema más efectivo: desde la costa, un hombre emboscado lanzaba la caja, la cual contenía un sistema de rueda chispa como el de ciertos arcabuces. Al tirar de la cuerda, las chispas incendiaban la pólvora.

Los primeros modelos de minas navales sorprendían por su simpleza. Lanzada en bocas de puertos o zonas estrechas, ponían en peligro la navegación hasta que eran encontradas y destruidas.

Estas primeras minas, sin embargo, no deben haber causado mucho daño, aunque sí un gran efecto psicológico. En Occidente su uso no fue muy posterior. El primer prototipo registrado pertenece a Ralph Rabbards, el cual presentó su diseño a la reina Isabel I de Inglaterra en 1574. En esa época también un inventor holandés de nombre Cornelius Drebbel hizo lo mismo con el rey Carlos I de Inglaterra, y hay evidencia que sostiene que este tipo de armas se probaron en el sitio de La Rochelle en 1627, en manos británicas.

Sin embargo, sería del otro lado del Atlántico donde se usarían las primeras minas navales prácticas. Diseñados por David Bushnell, eran simples cajas selladas llenas de pólvora, que flotaban hacia el enemigo con la corriente y se encendían si chocaban contra algo. Y se utilizó, justamente, en la Guerra de Independencia Estadounidense, en contra de los británicos.

Para esa época los ingleses no las tenían consigo ya que también los rusos usaron sus minas navales contra ellos en la guerra de Crimea. En 1812 un ingeniero ruso de nombre Pavel Shilling había desarrollado un aparato que detonaba por circuito eléctrico, y en 1854 modelos similares dañaron a tres buques ingleses.

Sin embargo, se considera que el primer buque hundido por una mina naval fue el USS Cairo, en 1862, en el río Yazoo, durante la Guerra Civil Estadounidense. En este conflicto, la tecnología ya estaba lo suficientemente desarrollada como para permitir su uso uso extendido y generalizado en ambos bandos, lo cual produjo muchos barcos averiados.

Un dato curioso es que las minas, ya un temor para la navegación militar en tiempos de guerra, eran conocidas como torpedos (obviamente estos no existían todavía). El caso es que el famoso inventor estadounidense Robert Fulton (diseñador de submarinos entre otras cosas) las había llamado así y había popularizado el nombre, en referencia a los peces torpedo, los cuales daban descargas eléctricas al ser tocados.

Además del "torpedo" convencional, existían variables extrañas, como los "torpedos estrella", minas atadas a un espolón en la proa, que permitía chocar a un buque, detonar la carga por contacto y continuar embistiéndolo, incluso llegando a partirlo o abordarlo (recordemos que en la época las buques militares estaban haciendo su transición entre la madera y el metal). Otros "torpedos" se remolcaban, y estuvieron en uso en la Royal Navy por un tiempo. Finalmente, hubo "torpedos" que, con su propia fuente de poder, podían navegar en línea recta y estallar al tocar su blanco. Estos, conocidos como "torpedos de Whitehead" por su inventor, eventualmente terminaron ganándose el nombre propio que ahora los identifica.

Las minas navales, ahora despojadas de su nombre primigenio, fueron usadas cada vez con mayor eficacia. En la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 hundieron al acorazado ruso Petropavlovsk, matando al comandante de la flota y a gran parte de su tripulación. Los rusos por su cuenta hundieron dos acorazados japoneses usando minas.

Para la Gran Guerra, los submarinos alemanes minaron gran parte de las aguas del teatro de operaciones, desde el Atlático hasta el Mediterráneo. Como se verá luego, terminada la guerra se cambiaron las reglas en cuanto a su uso, pero se desarrollaron nuevas variantes.

Así se crearon minas que podían ser lanzadas desde el aire, algo que las minas de contacto tradicionales no podían. Esto abrió la posibilidad de minar puertos enemigos. El método para evitarlo era simple: usar redes especiales para quitarlas, ya que flotaban. Sin embargo, esto era costoso en tiempo, además de peligroso, y obligaba a cerrar el puerto por un tiempo.
Los cazaminas Tipo 332, clase Frankenthal alemanes están hechos de acero amagnético, y son una muestra de la constante búsqueda de mejorar los medios contra este tipo de armas.

La Segunda Guerra Mundial vio la creación de las minas magnéticas, por parte de los alemanes (ver más adelante), además de muchos trucos y nuevas formas de sembrar y crear campos de minas. Los alemanes también crearon la primera mina de presión, pero esperaron a desarrollarla y usarla. Habían pensado que los ingleses tardarían mucho más en descubrir y engañar a sus minas magnéticas, que eran pensadas como muy difíciles de evitar.

Se puede decir que las minas navales han tenido un cierto período de estancamiento luego de su enorme uso en la Segunda Guerra Mundial. Debido a cuestiones estratégicas de diverso tipo, muchos países conservaron en sus arsenales grandes o pequeños stocks de minas de las décadas de 1940 y 1950, y por mucho tiempo no se plantearon su reemplazo. Sin embargo, luego de un tiempo se resucitó la carrera entre las mejores minas y los mejores sistemas de detección de minas navales. En la actualidad existen minas de todo tipo, pensadas para diferentes tipos de blanco, situaciones y costos. Los sistemas que buscan neutralizarlas o destruirlas no paran de ser mejorados y renovados.

Estructura interna

Básicamente las minas navales constan de tres partes principales: los sensores (sistemas de ignición), los sistemas de armado y el explosivo.

Los sistemas de ignición son los que determinan si hay o no un blanco cercano que sea el adecuado. En el caso positivo, generan una señal a los sistemas de armado, los cuales hacen detonar el artefacto.

No existe ninguna mina que sea efectiva contra todos los tipos de embarcaciones. Es por eso que la adaptación de los sistemas de ignición es fundamental. Este reconoce el acercamiento de un buque y analiza las señales para determinar de que tipo de embarcación se trata. Si existe una correspondencia entre la distancia del buque y la posibilidad de destrucción, el dispositivo de ignición genera la orden de fuego. Las específicas condiciones de propagación de señales acústicas y magnéticas en el área que rodea a la mina influencian las señales captadas, por lo que el ajuste del dispositivo de ignición depende de la cabeza de guerra, la misión de ataque y la situación geográfica.

Un buque en movimiento genera una señal específica que depende de su construcción, misión para la cual fue diseñado, etc. El dispositivo de ignición evalúa dichas señales, ya sean magnéticas, acústicas o de presión. La señal del buque es recibida por los sensores de la mina, teniendo en cuenta que pueden variar bastante desde que son emitidas, al ser modificadas por todo tipo de condiciones climáticas y geográficas (forma y material del fondo marino, mareas, corrientes submarinas, etc.).

La misión del dispositivo de ignición es reconocer la señal del buque en un conjunto de ruidos de fondo, el cual va variando constantemente. La señal reconocida es evaluada para determinar la posición relativa de la embarcación y también su identificación, estimando el sonido, movimiento y características del buque.

Para evitar el desaprovechamiento de las minas, el dispositivo de ignición calcula la distancia específica para producir daños en el buque y generar una orden de fuego si el buque detectado se encuentra dentro de esa distancia. Como resultado, la mina tiene una selección acorde a sólo un tipo de embarcaciones que ha de preprogramarse en el proceso de planeamiento del campo de minas. Es por eso que existen diferentes tipos de minas para diferentes tipos de buques, ya que de acuerdo a su tamaño y misión, algunos son más válidos como blancos que otros.

 

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