Minas navales

Un ejemplo de carrera armamentística

Para comienzos de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes tenían listas para la acción una desagradable sorpresa para los ingleses: minas magnéticas.

Los ingleses comenzaron a notar que ciertos buques volvían al puerto no con agujeros limpios, sino con cascos rasgados o combados, signos de una mina que no era de contacto, sino que estallaba a una cierta distancia, aumentando el daño. Los casos se multiplicaron rápidamente, y para colmo estas minas aparecían en puertos supuestamente dragados y seguros.

Esto hizo que Churchill pusiera un gran énfasis en encontrar una mina intacta y desarrollar un antídoto: entre las pérdidas causadas por submarinos y por minas, Inglaterra podía rápidamente perder la guerra por falta de abastecimiento.

Desafortunadamente para los alemanes, los ingleses tuvieron un enorme golpe de suerte antes de que terminara 1939. Las minas, que al no ser de contacto podían ser lanzadas desde aviones, eran sembradas por bombarderos o aviones adaptados. Una de ellas cayó en una planicie lodosa del estuario del Támesis, cuando había marea baja. Rápidamente fue recuperada por expertos de una base cercana del ejército, que era dueña de las tierras.

Los expertos descubrieron, al desarmarla, que el mecanismo de armado y detonación era tan sensible y preciso que podía graduarse en miligauss. Los Gauss son una medida de fuerza de campo magnético, nombradas en honor a Carl Gauss, uno de los científicos precursores en el área del magnetismo.

Usando este sistema, los ingleses descubrieron cómo las minas podían detonar a distancia del buque, detectándolo antes de que hubiera contacto. Cuando una gran masa de material ferroso se acercaba, concentraba el campo magnético de la Tierra, lo cual armaba el sistema.

Conociendo estos detalles, los ingleses se lanzaron a la búsqueda de varias soluciones para el problema. Uno de ellos era arrastrar grandes electroimanes detrás de las naves (cables con 200 amperios de corriente), o usar grandes sistemas magnéticos a bordo de naves especialmente modificadas que volaran bajo (para eso se adaptaron algunos bombarderos Wellington). Sin embargo, estos métodos eran eficaces solamente en un reducido espacio, ya que provocaban la detonación de minas en una franja estrecha.

Se desarrolló entonces una variante, en la cual dos naves que viajaban en paralelo arrastraban cables con grandes corrientes eléctricas. Estos pulsos eléctricos creaban campos magnéticos en la zona entre las naves, de manera que las minas estallaban. Se lo conocía como dragado en doble L.

Este último método servía para grandes áreas, pero los otros dos métodos no fueron abandonados, ya que eran buenos para bocas de puerto, canales y estrechos.

El problema era que los buques de guerra navegaban por su cuenta y no podían llevar una escolta de dragaminas de ese tipo, ni podían arrastrar constantemente este tipo de dispositivos. Entraban y salían de zonas de guerra constantemente y por lo tanto necesitaban una protección permanente.

Se descubrió entonces que se podía reducir significativamente la firma magnética de un buque si se pasaba un cable con corriente por el casco, durante un cierto tiempo. Este procedimiento, conocido como wiping (es decir, frotado), servía especialmente para los pequeños buques mercantes o de guerra. Cuidadosamente medido y estudiado, se establecieron cronogramas para que cada buque pasara por este procedimiento cada 6 meses aproximadamente, ya que eventualmente el buque volvía a volverse magnético. Entre finales de 1939 y primeros meses de 1940 todos estos buques habían sido tratados de esta manera, al igual que los buques que fueron a recoger soldados en Dunquerque.

Esta era la variante menos costosa del proceso generalmente conocido como degaussing (es decir, des-magnetizar un objeto de material ferroso). El degausamiento pretende quitar el campo magnético del objeto. Esto se hace invirtiendo el polo magnético del buque, de manera de contrarrestar el campo ya existente.

El término fue usado justamente, por primera vez, por el entonces Comandante Charles Goodeve, quien estaba tratando de descubrir algo que engañara a las minas alemanas.

Además del frotado, el principal método utilizado para el degauseado consistía en dotar a las naves grandes de una serie de cables de cobre que rodeaban la nave, conectados al sistema eléctrico de la misma. Estos inductores degauseaban cada tanto el buque, y tenían la ventaja de que podían ser invertidos cuando se llegaba al hemisferio sur (y por lo tanto se invertía el campo magnético terrestre). El proceso era complicado ya que requería de mucha calibración; algunos buques tenían un sistema todavía más complejo que repetía el proceso constantemente.

El sistema era bueno, pero caro, sobre todo teniendo en cuenta que requería grandes cantidades de cobre. Hacia 1943 todos los buques grandes (acorazados, portaaviones, etc.) lo llevaban instalado, pero los otros eran "frotados" regularmente o usaban otros sistemas.

Desde finales de la Segunda Guerra Mundial, las minas magnéticas mejoraron notablemente para evitar este tipo de medidas bastante exageradas. En la actualidad, estas minas detectan no la aparición de un campo magnético en el agua, sino la modificación en el campo de fondo. Es decir que un buque degauseado llamaría la atención justamente porque tiene un campo negativo con respecto al del fondo. Obviamente, los buques responden llevando varios sets de inductores para engañar a estas minas más sensibles.

Cuando los británicos descubrieron cómo funcionaban las minas magnéticas alemanas, desarrollaron varios sistemas para cazarlas. Uno de ellos fue tomar los viejos bombarderos Vickers Wellington y agregarles un anillo que provocaba una fuerte señal magnética, montado directamente debajo del fuselaje.

Estos modelos se convirtieron así en uno de los más extraños aviones de la época, aunque su propósito fue disfrazado. Volando bajo, podían hacer detonar las minas, y se los utilizó principalmente en lugares estrechos y de aguas poco profundas, como el Canal de Suez y zonas del Mediterráneo, ya que su principal desventaja era que solo podían operar sobre una estrecha franja de agua.

Curiosamente, los alemanes luego crearon aviones similares a este con los mismos propósitos, basados en el JU-52.

Tipos de sistemas antiminas

Los buques

Como se ha explicado antes, los sistemas cazaminas son buques relativamente pequeños, pero caros ya que deben estar diseñados y construidos específicamente, además de poseer equipamiento sofisticado. Durante años, muchos países han mantenido fuerzas antiminas escasas.

Durante la Guerra Fría, por ejemplo, el único país que mantenía una fuerza considerable de este tipo era la URSS, mientras que la OTAN, hacia los 70s, intentó solucionar el problema diseñando un modelo normalizado, que todas sus Marinas deberían utilizar. Sin embargo, como suele suceder con estos proyectos, no llegaron a buen puerto debido a cuestiones militares y políticas propias de cada país. Gran Bretaña había comprado recientemente un modelo nuevo, que era caro y grande para marinas más pequeñas; Italia tenía un modelo apropiado para su teatro de operaciones, el Mediterráneo, pero que era difícil de usar en aguas más turbulentas como las del Mar del Norte y el Atlántico; Alemania Federal tenía también su proyecto aparte, denominado TROIKA.

Este sistema muy avanzado de dragado de minas buscaba reducir la tripulación de las naves aumentando la seguridad y la eficacia. Su nombre es una palabra que se refiere a un trío de elementos cualquiera; así como lo indica, el sistema integraba tres dragaminas no tripulados, de 99 toneladas de desplazamiento, más un barco de mando y control, con un desplazamiento de 465 toneladas.

Estos dragaminas alemanes contaban con sistemas de dragado acústico y magnético; tanto los buques como sus sensores estaban manejados por control remoto desde el buque de mando. Su velocidad máxima era de 10 nudos; hasta que entraban en acción podían ser manejados por tres marinos. Los dragaminas no tripulados se movían delante del buque de mando, el cual también estaba equipado con sonares cazaminas. Durante años estos sistemas fueron de los más adelantados e innovadores de su tipo en el mundo.

La existencia de todos estos programas autónomos hizo que el sueño de un buque cazaminas común para toda la OTAN se desvaneciera. Sin embargo, tres países tomaron la idea y la llevaron a la realidad. Francia, Bélgica y Holanda acordaron con este proyecto, que se llamó entonces Cazaminas Tripartito. Cada nación se comprometió a construir 15 de ellos (Bélgica luego redujo este número a 10), siendo idénticos en todos los aspectos para abaratar costos y encargándose cada país de suministrar aquella parte del proceso que mejor sabía hacer. El proyecto rindió frutos inesperados, ya que estos buques fueron luego exportados a Pakistán e Indonesia.

En la actualidad las fuerzas cazaminas navales del mundo siguen sin ser numerosas, pero tienen una importancia muy grande, ya que son la espina dorsal de este tipo de operaciones. Aunque no haya guerra abierta, pueden necesitarse en cualquier parte del mundo para desminar puertos o estrechos antes, durante o después de una guerra. Por dar un ejemplo, los dragaminas clase HUNT de la Marina Real pertenecientes a la 2º y 4º MCM lograron destruir unas 50 minas en canales del Golfo Pérsico durante y después de la Operación Tormenta del Desierto.

Hovercraft

Tanto como dragaminas como cazaminas, estos aparatos tienen la enorme ventaja de la velocidad y su invulnerabilidad a dichas minas.

La Marina de Gran Bretaña y la de EEUU han hecho pruebas por separado sobre este tipo de sistemas, aunque estos esfuerzos fueron cancelados.

A pesar de que actualmente no existen aparatos especialmente diseñados para esto en servicio, no se descarta su creación en un futuro inmediato. Los hovercraft tienen como ventaja su capacidad de maniobra, pudiendo incluso superar bancos de arena u otros obstáculos propios de bocas de río, puertos o canales, además de que no pueden activar minas de presión ya que no tocan el agua.

 

Helicópteros

Así como los aviones pueden sembrar minas, los helicópteros pueden dragarlas, y para ello son una plataforma muy buena, ya que permanecen fuera del área de peligro y pueden usar diferentes sistemas de dragado.

Los estadounidenses fueron los primeros en tener la idea de usarlos de esta manera, utilizando sistemas de alambres, acústicos y magnéticos.

Otra forma de cazar minas desde helicópteros es sencillamente disparándoles, si son superficiales. También se ha pensado en diseñar munición supercavitante para ser llevada a bordo de helicópteros artillados, dándole la posibilidad de atacar minas sumergidas a unos pocos metros.

Esta solución, aparentemente más exótica, implica utilizar un helicóptero Cobra y su cañón Gatling multitubo de 20 mm (no modificado) para disparar balas especialmente diseñadas para impactar el agua y continuar viajando sin cambiar de dirección por unos 12 metros, con suficiente energía cinética como para atravesar una mina y destruirla. Con el helicóptero operando a 350 metros de altura, el método es seguro.

Una de las ventajas del helicóptero es que puede llegar rápidamente a la zona de peligro, pero no puede operar tantas horas seguidas como los buques dragaminas o cazaminas. Por lo general, estos helicópteros tienen su base operativa en un buque nodriza que navega cerca de la zona, para acortar el tiempo de viaje entre misión y misión.

 

Animales entrenados

Un Sea Dragon del USMC en un ejercicio de dragado de minas, arrastrando el equipo correspondiente.

Estos salieron a la luz en la Tercera Guerra del Golfo, cuando la prensa hizo mucho hincapié en las capacidades estadounidenses para utilizar delfines para detectar y marcar minas marinas, las cuales luego son detonadas con robots u otros sistemas. A pesar de todas las noticias y rumores, estos medios no están muy probados y no parecen tener una gran eficacia, aunque se supone que se continúa con su desarrollo.

 

Contramedidas ante barreminas

Obviamente, las minas navales continúan desarrollándose para evitar ser detectadas y consecuentemente dragadas o destruidas.

Como hemos visto, los cazaminas tienen sistemas de detección especiales, que pueden ser burlados de diferentes maneras. La resolución de un sonar, por ejemplo, estará limitada por la cercanía al fondo, y es por eso que las minas de este tipo son más difíciles de encontrar. Bien diseñadas y construidas con materiales absorventes del sonido, o parcialmente cubiertas por el barro del fondo, pueden pasar desapercibidas. En el caso de que se envíen minisubmarinos con cámaras de TV de baja luminosidad (monocromáticas), estas pueden ser engañadas con pinturas especiales.

Como se ve, hay muchas formas de dificultar todavía más el trabajo de los cazaminas. En el futuro, es posible que existan incluso minas defensivas, que sirvan para proteger un campo minado al detectar a los dragaminas o cazaminas. Se especula también con la posibilidad de crear minas navales que puedan diferenciar una serie de dragaminas de un convoy, al comparar la actividad detectada con una preprogramada. Estas minas inteligentes podrían darse cuenta de que el campo magnético producido es demasiado fuerte para ser de un buque, o que no está acompañado por el ruido o la presión que correspondería, creando así un nuevo desafío para los dragaminas o cazaminas.

<< página 1
< página 2 >
< página 3 >
página 4 >>

 

 

 

Búsqueda personalizada
 

 


Cuartel General | Ejércitos del aire | Ejércitos del mar | Ejércitos de tierra | Haciendo contacto


<< página 1
< página 2 >
< página 3 >
página 4 >>