Minas navales

Tipos de minas navales

Según su misión y objetivo general, existen diferentes formas y métodos de diseñar minas navales. Los tipos principales son los que detallamos a continuación.

Ejemplo de mina naval flotante a la deriva, con sistema de contacto (los Cuernos de Hertz, que permanecían fuera del agua al flotar). Esta es un modelo polaco de principios del siglo XX.

Minas flotantes (ancladas)

Las verdaderas minas flotantes lo hacen a diferentes profundidades, dependiendo de su misión y tipo de blanco. Un cable conecta a la mina a un ancla en el fondo del mar, lo cual previene que sea arrastrada por las corrientes. El recipiente que contiene el explosivo y los demás sistemas puede ser tanto de metal como de plástico.

Este tipo de mina es el más importantes del arsenal actual. Fueron desarrolladas para aguas profundas en donde las minas de fondo tienen poco o nulo efecto. Usan diferentes tipos de sensores y espoletas, generalmente una combinación de sistemas acústicos, magnéticos y de presión. Las más exóticas usan, incluso, detectores de sombras. Debido a esta sofisticación, su costo se dispara en relación con las de contacto, pero ganan en versatilidad al ser buenas contra todo tipo de blancos y ser más difíciles de engañar y cazar. Además, su vida útil es de al menos 10 años, aunque suelen estar activas de manera casi indefinida.

Dependiendo de los sensores, se puede calibrar la profundidad de la mina para que solamente sea activada por determinadas naves, como portaaviones, acorazados o grandes buques de carga, cuyos cascos se hunden mucho más en el agua. Esto evita además que la mina sea detonada por buques de poco valor.

Anteriormente, estas minas eran minas a la deriva adaptadas para su anclaje, y conservaban su sistema de ignición de contacto. Así podían ser usadas como trampas en lugares que así lo permitan. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se las utilizó para bloquear puertos, estacionando dos minas flotantes separadas por muchos metros, enlazadas por una cadena. Cuando una gran nave pasaba y enganchaba la cadena, ésta arrastraba las dos minas, las cuales eventualmente golpeaban ambos lados del casco, causando una devastación masiva que solía hundir el barco. Aunque no se usó mucho, este sistema fue efectivo al bloquear puertos de determinado tipo.

Minas flotantes (a la deriva)

Son las minas más comunes y el tipo original. Básicamente se trata de un explosivo que flota sobre la superficie y es llevado por la corriente ya que no está anclada. Fueron ocasionalmente usadas en ambas Guerras Mundiales, ya que son muy baratas; sin embargo no son efectivas ya que no pueden formar campos y si golpean un barco lo hacen por casualidad (y puede terminar tratándose de un buque tanto amigo como neutral). Eran, por lo tanto, un factor psicológico más que una amenaza real.

Luego de la Primera Guerra Mundial, estas minas fueron prohibidas debido a varios incidentes de buques hundidos o dañados por ellas en diversas partes del mundo. Sin embargo, eso no impidió que se las usara durante el siguiente conflicto por parte de ambos bandos.

Las minas flotantes a la deriva son mucho más difíciles de detectar y desactivar luego de que termina el conflicto, y justamente por eso fueron dejadas de lado. Aunque es posible que una mina anclada pierda su anclaje y se vaya a la deriva, actualmente se las construye para que, si esto sucede, el sistema de ignición se desactive y no pueda detonar.

Las minas flotantes a la deriva son las más baratas, y usan principalmente sistemas de ignición por contacto, que son confiables y prácticamente eternos, como lo demuestra la enorme cantidad de minas depositadas durante el Siglo XX que siguen siendo un peligro para la navegación.

 

Ejemplo de mina de fondo. Su forma está pensada para deslizarse y hundirse lentamente, lejos del buque que las lanzó.

Minas de fondo

Se trata de cargas explosivas con un determinado sistema de ignición puestas en el lecho marino. Son especialmente usadas para destruir submarinos, ya que estos suelen posarse sobre el fondo para reducir su firma acústica. Adicionalmente, en aguas poco profundas, se las usa para destruir buques de desembarco. Un caso típico fue el Día D: los alemanes tomaron minas antitanque, las modificaron para hacerlas sumergibles, y las depositaron sobre muchos de los obstáculos semisumergidos que se ven en las fotos históricas. Son minas mucho más pequeñas y tienen un potencial explosivo relativamente reducido, ya que sus objetivos son buques de reducidas dimensiones.

 

Minas a control remoto

Se las suele usar en combinación con artillería costera e hidrófonos, de manera defensiva, para bloquear ciertos pasos e impedir que los use el enemigo. Se las puede usar entonces en tiempo de paz. Tienen por lo general un sistema que las convierte en minas normales, de manera que si la estación de control es capturada sigan en funciones.

Curiosamente, fueron de las primeras utilizadas, como hicieron los chinos con las de rueda de chispa. Robert Fulton desarrolló un sistema eléctrico hacia 1812, y fueron usadas en la Guerra Civil Estadounidense.

 

Dispositivos de ignición

Como todo artefacto explosivo, el dispositivo que permitirá la detonación es de vital importancia. Existen dos tipos principales de minas navales: las de contacto, que estallan al tocar un buque, y las de influencia, que estallan al detectar los buques pero sin establecer contacto directo con ellos.

Minas de contacto

Las primeras minas, y las que siguieron por muchos años, usaron este sistema de detonación. Todavía ahora se las utiliza ya que son muy baratas. Su principal defecto es que para detonar deben hacer contacto, estando muy cerca del objetivo, lo cual puede limitar el daño causado.

Los primeros sistemas de detonación por contacto eran mecánicos, pero todos fueron dejados de lado a partir de la década de 1870, cuando se creó lo que se denominó Cuerno de Hertz. Estas protuberancias en la parte superior de la mina, en la parte que sobresalía de la superficie, eran las superficies de contacto que permitían la detonación.

El sistema era muy sencillo, y justamente por eso eran confiables, incluso después de muchos años de permanecer en el mar. Cada cuerno está hueco; en su interior existía un recipiente de cristal lleno de ácido sulfúrico. Al golpear el casco del buque con uno o más cuernos, el cristal se rompía, derramando el líquido. A través de un tubo, el ácido sulfúrico llegaba a una batería de ácido-plomo, la cual no funcionaba al estar desprovista de un electrolito ácido. Pero a cerrar este el circuito eléctrico, el sistema detonaba el explosivo. Una forma más primitiva del mismo era similar, pero usando perclorato de potasio y azúcar, las cuales al ser mezcladas con el ácido provocaban una llama que encendía la pólvora.

 

Minas de influencia

Estallan al ser activadas por la presencia cercana de un buque objetivo, pero sin hacer contacto directo con él. Estas minas tienen sistemas variados para la detección e ignicion:

Algunas minas, como la Manta (diseñada para minar aguas poco profundas, aptas para desembarcos anfibios) tienen dos sistemas de ignición, de manera que incluso si se engaña a uno, el otro puede tomar su lugar.

Existen además otros tipos más exóticos de minas navales, como la CAPTOR estadounidense, que es básicamente de un lanzador de torpedos. Una vez que sus sensores detectan un buque de cierto tipo, el sistema lanza dicho torpedo, dando lugar a un ataque súbito y totalmente inesperado. Aparentemente los rusos han creado minas que hacen lo mismo pero con cohetes, los cuales salen disparados a gran velocidad directamente hacia arriba.

Otras opciones están pensadas para entorpecer la tarea de los dragaminas y cazaminas. Las minas anti dragaminas son muy pequeñas y baratas; se dejan dragar como las demás pero al tocar el cable del dragaminas estallan, cortándolo y obligando a la tripulación a reponerlo. Otros sistemas incorporan varias minas, de manera que cuando una es dragada o detonada, la siguiente toma su lugar. Existen también minas ancladas que pueden variar su profundidad, mejorando así su rango de búsqueda de blancos y eventualmente evitando los dragaminas.

Formas de sembrar minas

Actualmente existen muchas formas de crear un campo de minas. Las primeras opciones, aún existentes, fueron los barcos especialmente dedicados a esto. Luego se agregaron los aviones, los cuales, dependiendo del tipo y tamaño de la mina, podían llevar unas pocas. Actualmente los cargueros como los C-130 pueden llevar varias.

Los buques son una de las plataformas preferidas de sembrado, ya sea desde buques minadores, o mixtos (dragaminas que también son siembraminas) o incluso buques mercantes que, actuando de manera clandestina, pueden minar una zona incluso antes de que se declare la guerra, agregando un factor más a la sorpresa habitual.

Una forma especialmente útil y sigilosa de sembrar minas es a través de submarinos. Muchos de los submarinos, incluso los pequeños cazadores-asesinos con motores diesel y baterías, pueden sembrar minas a través de sus tubos lanzatorpedos, utilizando aire comprimido. Submarinos como el clase Kilo ruso (que puede llevar hasta 24 minas) pueden colarse en pequeños estrechos o pasajes y plantar un campo muy peligroso para la navegación de cualquier tipo, sin ser visibles a simple vista.
Un Hercules británico lanzando una mina STONEFISH en un ensayo.

El minado con submarinos es especialmente útil en el caso de las costas enemigas. El vector de ataque es difícil de detectar (visualmente es imposible); incluso si se detectara un submarino, dependiendo de las circunstancias no se podría determinar si solamente patrulla o está haciendo algo más. Los buques minadores, ya sea militares o estén camuflados como civiles, pueden ser descubiertos fácilmente al realizar su misión.

Por aire también es posible colocar minas navales mediante helicópteros; éstos tienen la ventaja de su gran velocidad, pero tienen la contra de que solamente pueden llevar una pocas minas. Además, pueden ser detectados por radares o aviones en vuelo.

Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la forma de sembrar las minas dependerá también de su tipo, que también estará determinado por la misión para la cual fue diseñada.

 

Tipos de daño por minas navales

Se podría pensar que todas las minas, dependiendo de su tamaño y cabeza explosiva, harán más o menos daño, y de forma similar. Pero no es así. A diferencia de las explosiones terrestres, las que crean las minas son mucho más peligrosas: el fluido más denso transporta mejor la energía. Basta pensar en lo que sucede cuando, en una superficie calma y lisa de agua, cae una gota. Los efectos se expanden y son mucho mayores que su causa.

 

Daño directo

Es el que causan, por lo general las minas de contacto, lo cual les quita parte de su efectividad. Este tipo de daño, debajo del agua, es el menor, curiosamente. Aunque no estén blindados, los buques al estar hechos de metal tienen una buena resistencia a las explosiones directas. Además, se los diseña para poder mantenerse a flote y navegar con uno o dos (a veces más) compartimientos inundados.

Una mina de contacto puede abrir un hueco que comprometa a uno o dos compartimientos (los inmediatemente aledaños al contacto), pero no mucho más, ya que no son muy grandes ni tienen mucho explosivo (comparadas con otras). La tripulación que se encuentre en esos compartimientos o los aledaños puede tener heridas o incluso morir, pero no habrá ni un daño incapacitante para el buque ni para la tripulación (a excepción de que la explosión sea en las hélices o cerca de los motores, claro).

 

Efecto burbuja

Las minas de influencia o las de antena detonan a una distancia mayor, sin tocar el buque, y crean al hacerlo una burbuja. Esta burbuja afecta a todo lo cercano de una manera muy brusca: la explosión expulsa una enorme cantidad de gases, creándose un vacío que luego es llenado rápidamente por el agua circundante. La diferencia de presiones tan repentina es lo que causa el daño.

Las minas navales, al igual que las terrestres, siguen activas durante años, provocando inesperadas muertes, heridas y daños materiales. Su efectividad va mucho más allá de su costo, y logran éxitos allí donde armas mucho más sotisficadas, novedosas y caras no pueden hacerlo.

Varios ejemplos ilustran este dato. Desde la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, las minas navales han dañado o hundido 14 buques militares estadounidenses, mientras que los ataques de misiles o aéreos solamente han dañado a 4.

Durante la Guerra de Corea, 11 buques militares estadounidenses fueron dañados, y dos durante la Segunda Guerra del Golfo (uno de ellos severamente). Incluso se ha dado el caso de que un buque militar estadounidense, el USS Samuel B. Roberts (FFG-58), tocó una mina iraní el 14 de abril de 1988, en aguas del Golfo Pérsico, mientras se desarrollaba la guerra entre Irak e Irán. El incidente no costó vidas, pero sí daño seriamente al buque debajo de la línea de flotación e hirió a 10 marinos.

Fotografía que ilustra el daño causado por la mina iraní en el USS Samuel B. Roberts. Se trataba de una mina de contacto, por el tipo de daño.

En la superficie suele verse una gran columna de agua (la cual es típica de las cargas submarinas que se ven en muchas películas de submarinos), pero debajo de la superficie el destrozo es mayor. Una explosión de este tipo puede abrir brechas en varios compartimientos a la vez, aunque no estén cercanos entre sí (como pasa con las minas de contacto). En ciertos buques, esto puede significar incluso la pérdida de un pedazo de buque, el cual se parte por la zona más débil. La tripulación muere inmediatemente, debido a dicho cambio brusco de presión.

 

Efecto de resonancia

El efecto burbuja se da cuando la explosión es a una distancia intermedia, cercana pero no demasiado. Sin embargo, si la mina es lo suficientemente grande y potente (como lo son algunos tipos de las minas ancladas), la diferencia de presión generada provoca que el buque entero resuene, es decir, vibre de manera violenta.

Toda construcción posee un grado de tolerancia a este tipo de resonancias; superado ese límite, simplemente se desarma. Si la mina crea un tipo de resonancia de este tipo, lo mínimo es que todo lo que no esté fijado al buque se suelte y vuele, creando todo tipo de daño material y personal. Si no se aferran, los tripulantes pueden sufrir quebraduras y golpes de todo tipo. Los daños a cables o sistemas mecánicos crean problemas de todo tipo en diferentes partes del buque, y en el peor de los casos, se producen rajaduras simultáneamente en los puntos débiles de la estructura. En el caso de un submarino, este puede colapsar; los buques generalmente se hunden de manera rápida.

 

Campos minados

Como se ha visto, las minas navales son armas flexibles: pueden ser lanzadas desde casi cualquier tipo de plataforma, y su costo puede variar desde unos cientos de dólares hasta millones, para el caso de las más sofisticadas (las cuales tienen todo tipo de sensores, pueden lanzar torpedos, etc.).

Se trata, en resumen, de un arma con una relación costo-eficiencia muy alta, lo cual la hace adecuada para todo tipo de conflictos y todo tipo de naciones. Se calcula que el costo de producir un campo minado no es mayor que el 10% de lo que cuesta quitarlo, ya que como se verá, es necesario que los buques dragaminas y cazaminas pasen decenas de veces por el mismo lugar, o incluso centenares de veces, para asegurarse que el campo ha desaparecido. Esto hace que, incluso hoy, partes de los campos minados de la Segunda Guerra Mundial sigan estando allí en el mar. Al ser dispositivos muy rústicos pero efectivos, pueden permanecer activos durante décadas: otro ejemplo a mencionar es el caso de la Guerra de Corea, en donde el desembarco de efectivos estadounidenses en una oportunidad tuvo que retrasarse varias semanas debido a que el lugar estaba lleno de minas de la época de la guerra ruso-japonesa de 1904-1905.

Los campos minados surgidos de la dos Guerras Mundiales y de otros conflictos regionales son demasiado vastos como para ser removidos, y los que están ubicados están señalados en los mapas. Lamentablemente, muchas de estas minas pueden estar todavía activas, lo cual es un constante peligro para la navegación de ciertas zonas. Cada tanto, estos campos minados son utilizados como entrenamiento por parte de ciertas naciones, actuando también como formas de ayuda militar. Este es el caso de la OTAN, la cual colabora actualmente con el desminado de las costas de Estonia, lugar en el que existen minas navales de las dos Guerras Mundiales.
Minas flotantes de contacto a la deriva de la Primera Guerra Mundial en la costa de Inverness. Durante este conflicto fueron bastante utilizadas, pero luego se las prohibió ya que ponían en peligro a todos los barcos por igual.

Hay tres formas de usar un campo de minas navales: de manera ofensiva, defensiva y psicológica.

Los campos ofensivos disrumpen la navegación naval enemiga, al ser puestos en aguas territoriales, cerca de los puertos y en líneas de navegación muy frecuentadas, tanto por buques civiles como militares.

Los campos defensivos protegen las costas de la incursión de buques enemigos, obligándolos a perder tiempo y recursos en entrar por esas zonas, o desviándolos hacia zonas en donde hay mayor presencia amiga.

Finalmente, los campos minados pueden ser utilizados para un ataque psicológico. Esto explota su potencial más grande: un campo poco nutrido, pero muy extenso, impide que el comercio neutral o enemigo llegue a las costas del oponente. El caso de que una sola mina detone hace detener todo el tráfico por días, ante la amenaza de un campo convencional, que puede existir o no: la mina puede ser la única en kilómetros a la redonda.

Esto puede hacerse explotando la obligación que establece la ley internacional, que declara que los países que usen minas navales deben declarar qué zonas han minado, de manera que las naves civiles puedan evitarlas. Sin embargo, las áreas no tienen porqué ser específicas. Un ejemplo es que, durante la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido declaró que había minado el Canal de la Mancha, el Mar del Norte y la Costa Francesa, afirmaciones obviamente vagas y exageradas de manera de crear confusión en el enemigo.

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