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Luego de la muerte del General José de San Martín, las autoridades argentinas decidieron comprar la casa donde había muerto, en Boulogne-Sur-Mer, Francia, y mandar construir un gran monumento en la costa de dicha ciudad. El monumento fue majestuosamente inaugurado; casi sobre la playa, es uno de los pocos de la ciudad.
A pesar de estar a la vista de todos, sobrevivió el implacable bombardeo aliado de la costa, siendo prácticamente la única estructura intacta de la zona. Más adelante, cuando los alemanes saquearon las ciudades en búsqueda de materiales estratégicos como el bronce, no tocaron el monumento; no se sabe si por respeto a las figura del prócer o para no herir la sensibilidad del gobierno argentino, el cual había sido un aliado en las sombras para los nazis.
Durante la I Guerra Mundial, se dio uno de los casos más famosos de visión colectiva de fantasmas. En un campo de batalla belga, se cuenta que repetidas veces apareció un fantasma muy particular: un extraño guerrero envuelto en luz y montado en un caballo blanco, que levantó su larga lanza en dirección a las líneas alemanas, y cargaba contra ellas una y otra vez. El extraordinario suceso aparentemente contemplado por miles de combatientes de ambos bandos. Los ingleses dirían luego que se trataba de san Jorge en persona, quien llegó el 28 de agosto de 1914 en su ayuda, en la batalla de Mons.