Fortificaciones Panther Ostwallturm

Al conquistar diversos países europeos, el ejército alemán trató de aprovechar de la mejor manera el botín de guerra. Así, recicló y reparó, modificó y reacondicionó innumerable cantidad de modelos de cañones, tanques, camiones, fusiles, etc. A veces se decidía no utilizarlos, pero se los desguazaba para aprovechar su blindaje, motores, etc.

Esta fue una opción particularmente utilizada para los tanques. Cuando la guerra se estancó, y Alemania no pudo avanzar más, comenzó a pensar defensivamente. En ese punto, en su arsenal había gran cantidad de tanques extranjeros que ya no tenía ningún sentido conservar, ya fuera porque eran inadecuados para el servicio, porque estaban al borde de su vida útil, o porque era económicamente improductivo repararlos o mejorarlos. A veces, también, porque solo quedaba un puñado de ellos. En ese momento se hizo cada vez más común la práctica de desguazarlos pero conservar sus torres para convertirlas en casamatas giratorias en las diversas líneas de defensa estáticas que comenzaron a edificarse.

Sin embargo, este tipo de arreglo tenía su punto débil: estas torres a veces tenían cañones pequeños, o su munición era escasa porque no era standard, o estaban escasamente blindadas ya que venían de vehículos obsoletos.

Fue así que, hacia 1943, se comenzó a pensar en una forma de estandarizar esta práctica, utilizando para eso torres de tanques alemanes ya probados y eficaces. Así surgieron las Panther Ostwallturm.

A partir de finales de 1943, se comenzó a utilizar torres de tanques Panther en fortificaciones fijas a lo largo de muchas líneas defensivas. Algunas eran torres de serie, pero la mayoría estaban diseñadas específicamente para esa función, teniendo diferencias más o menos marcadas. La cúpula fue reemplazada por una escotilla plana, y el techo de la torre fue reforzado con un blindaje de 40 mm de espesor. Así se podían soportar impactos de proyectiles de artillería de hasta 150 mm.

Panther Ostwallturm perteneciente a la Línea Hitler, en Italia, emplazada cerca de Monte Cassino. Es una torre normal de Panther sobre un montaje de acero (Stahluntersatz). A lo lejos pueden verse dos tanques Churchill destruidos, que muestran su eficacia.

Dortmund Hoerder Hüttenverein (un fabricante de piezas blindadas) había completado, para finales de febrero de 1944, los componentes para 112 de estas torres. Se hizo además un segundo pedido a Ruhrstahl por los componentes blindados de 115 unidades más, que debían estar terminados en agosto de 1944. Las torres eran montadas como unidades funcionales en Demag-Falkansee. Se entregaron 98 unidades a finales de mayo de 1944; estaba previsto seguir la producción a un ritmo de 15 Panther Ostwallturm mensuales.

Había dos tipos de emplazamientos para estar torres. Uno, conocido como Pantherturm I (Stahluntersatz), consistía en una caja de acero soldado. La segunda, llamada Pantherturm III (Betonsockel), tenía una base de hormigón armado. Además, la Oficina de Diseño de Fortificaciones del Departamento de Armamento y Material del Ejército emitió un esquema, fechado el 30 de noviembre de 1944, para la Panther-Turm A (Schnelleibau), en donde se mostraba cómo montar una Panther Ostwallturm en una caja de madera. Para ese momento de la guerra, el acero y el cemento eran materiales estratégicos cada vez más escasos de conseguir.

El emplazamiento de la Pantherturm I se hacía en dos partes. La sección superior, de 96 cm de profundidad, era equivalente en tamaño a la cámara de combate de un tanque; la torre estaba montada en el techo, que tenía 100 mm de espesor. La munición se almacenaba alrededor del anillo de la torre. A los lados había paredes de 80 m de espesor, de acero soldado. Sin embargo, no tenía suelo. Esta caja superior estaba fabricada por Krauss-Maffei en Munich.

La caja inferior estaba pensada para el alojamiento de los servidores de la torre. Tenía literas plegables, una estufa y un motor DKW que movía un generador eléctrico. Tenía además una ancha puerta protegida por un pasadizo en el interior del emplazamiento. Había también una pequeña trampilla de emergencia. Las paredes de acero tenían 70 mm de espesor, y el suelo unos 40 mm. Esta caja inferior no tenía techo, ya que se aseguraba con pernos a la caja superior una vez que se enterraba. Incluso había una estufa cuya chimenea podía quitarse cuando no se usaba.

Hacia marzo de 1945, se habían instalado 268 torres Ostwallturm Panther de la siguiente manera:


Muro del Atlántico y Línea
Sigfrido
Italia
Frente
Este
Escuelas o experimentales
Total
Pantherturm I1191860143
Pantherturm III6330302125

Como puede verse, estas instalaciones defensivas tuvieron más importancia en los teatros occidentales, en donde a veces había poco margen de maniobra (como el territorio montañoso de Italia), mientras que en el Frente Este casi no estuvieron presentes. Sin embargo, aunque no tuvieran una gran importancia estratégica, sí eran importantes tácticamente, porque multiplicaban por mucho la capacidad ofensiva del cañón del Panther. Las torres fortificadas Ostwallturm resultaron ser muy eficaces en el cometido de detener las avanzadas acorazadas de los aliados. Un informe del teatro mediterráneo relata lo siguiente (las letras en negrita son propias):

Las torres de Panther fueron encontradas por primera vez en la línea Hitler y eran, de hecho, los elementos sobresalientes alrededor de los que se construían las demás defensas. Son realmente torres de tanques, aunque quizás de una época ligeramente anterior a la de los tanques actuales. Están montadas en un anillo de la torre instalado en una caja acorazada, hecha de plancha soldada de unos 65 mm de espesor. Toda la caja estaba hundida en el suelo y se amontona tierra hasta cerca de la torre, de forma que deje el espacio justo para el cañón en depresión máxima, ofreciendo una cierta protección adicional a la base de la torre. El giro es sólo manual, no asistido. Se accede a la torre por las escotillas de acceso a la misma, o bien por debajo de la caja acorazada, por medio de una escalera de acero que comunica con una profunda zanja. Es evidente que los servidores viven en la torre y están permanentemente atrincherados, ya que hay suministro de luz eléctrica y otros signos de ocupación continuada.

Este sistema de defensa estática estaba respaldado por material autopropulsado y cañones antitanque terrestres ordinarios. Enfrente de cada posición había un cementerio de tanques Churchill y algunos Sherman; tal vez ocho tanques por cañón, y todos a menos de 180 m del mismo. Éste es, actualmente, el coste de reducir una torre de Panther, lo que parece ser una excelente inversión por parte de Hitler. Evidentemente, estas torres representan un obstáculo formidable a menos que sobre cada una de ellas se efectúe un ataque cuidadosamente preparado y coordinado.

Las torres son casi invisibles hasta que abren fuego y, una vez localizadas, hay muy poca cosa a la que disparar; a menos que la torre esté apuntando hacia otro lado, no puede ser penetrada por cañones de 75 mm ni por los de 6 libras. El fuego con HE es obviamente inútil. En todos los casos en que quedó lo suficiente de la torre para diagnosticar el método de destrucción, había sido por penetración lateral de la misma.

Una tripulación de Churchill, que destruyó una de ellas con su cañón de 6 libras, dice que la torre estalló inmediatamente al ser alcanzada. Esto se debió probablemente a la munición, ya que se almacena una gran cantidad de ella. Ciertamente, los componentes del ejemplo en cuestión quedaron al parecer reducidos a escombros y el tubo del cañón todavía puede verse enhiesto como un poste de telégrafos, a cierta distancia del emplazamiento. Si la defensa antitanque ha de consistir en el futuro en estas torres, no puede sino destacarse la necesidad de que una proporción de tanques lleve un arma de penetración de blindaje realmente efectiva, aunque no está de ningún modo aceptado que el ataque con tanques sea el método mejor o más correcto de tratarlas.

Como se ve, se trataba de una gran táctica, similar a la empleada por los soviéticos cuando enterraban sus tanques hasta la torre. Se perdía totalmente la movilidad, pero al mismo tiempo se ganaba en sorpresa y en protección. Lamentablemente para Alemania, no se pudieron producir más de estas torres que, extendidas en las famosas líneas defensivas ya mencionadas, pudieron haberle dado un poco más de tiempo a la guerra.

Tanques británicos CDL

Una idea interesante, que podría haber deslumbrado a los alemanes en la Segunda Guerra Mundial: cegar al enemigo con potentísimas luces provenientes de tanques especialmente modificados. Lamentablemente, el extremo halo de secreto esta vez jugó en contra de la idea, la cual fue abandonada.

Aunque parezca algo absurda, al verla con cuidado se puede ver que esta idea no es tan descabellada. De hecho, databa de la Gran Guerra, y tuvo un desarrollo que mostró a muchas personas lo que se podía hacer con ella.

En 1915 un comandante inglés, Oscar de Thoren, tuvo la idea atacar al enemigo nada más ni nada menos que con luz. Utilizando potentes proyectores en vehículos de motor (luego se pensó en los recientemente inventados tanques), se apuntaría a las trincheras enemigas. Mientras el enemigo quedaba cegado, las tropas amigas tenían una visión clara del campo de batalla. La luz, además, permitía que todo lo que estuviera por detrás del proyector no pudiera ser visto, y por lo tanto era inútil apuntarle.

La idea ni siquiera mereció la atención, incluso en una época desesperada como esa. Fue rechazada en 1917 y luego en 1922, por la Oficina de Guerra británica. Seguramente algo defraudado, de Thoren consiguió permiso para tratar el tema con autoridades francesas, pensando en convencer a los militares del otro lado del Canal de la Mancha.

Estos primeros intentos, con la asociación de civiles y militares, tuvieron lugar en Francia en 1934. Dos años más tarde, se construyó un aparato mejorado; a estas pruebas asistieron representantes de la Oficina de Guerra británica. Esta vez, viendo la idea fuera del papel, quedaron convencidos y pidieron que se realizara una demostración en suelo inglés.

Febrero de 1937 fue la fecha, y el lugar, las llanuras de Salisbury. Los militares quedaron impresionados y pidieron tres ejemplares del aparato para continuar las pruebas. Lamentablemente, el desarrollo no fue muy rápido: pasaron más de tres años hasta que, en la noche del 7 al 8 de junio de 1940, con Alemania invadiendo Francia, se realizó la prueba final en el campo de Lulworth. Es evidente que los resultados fueron satisfactorios, a la vista de los cuales la Oficina de Guerra tomó control del proyecto y ordenó la construcción de 300 torres con proyectores.

Aunque la idea de la luz como forma de ataque ya había nacido en la Gran Guerra, otros proyectos similares fueron encarados en la Segunda para proteger el Canal de Suez de los bombardeos alemanes. Es conocido el caso de un mago ilusionista inglés, el cual diseñó un sistema para desorientar a los pilotos alemanes utilizando reflectores especialmente construidos y dispuestos para hacer «desaparecer» el canal. Desorientados por la falta de blanco y cegados por las luces, los atacantes se retiraban lanzando su carga en cualquier parte.

La síntesis de la idea

¿Como funcionaba esta idea tan brillante? Estaba basada en un hecho muy conocido: la pupila del ojo se contrae cuando hay mucha luz, para proteger al ojo, y se expande cuando hay poca luz, para tratar de captar lo más posible. La idea no era solamente cegar al enemigo con una luz muy brillante: eventualmente el ojo podría acostumbrarse. Lo que se pretendía era lograr un efecto de luces estroboscópicas (como las ahora conocidas por las discotecas): utilizando un obturador mecánico, el proyector crearía una secuencia lumínica determinada, que dejaría prácticamente ciegos a los soldados enemigos. La pupila no tendría tiempo de adaptarse a la luz, cuando el obturador crearía oscuridad; y cuando la pupila tratara de expandirse para adaptarse a la oscuridad, volvería la luz intensa.

Lo bueno detrás de la idea es que, aunque revolucionaria, no requería un sistema muy complejo ni un gran desembolso de dinero o un largo período de investigación. El dispositivo podía ser adaptado a una torre de tanque, la cual luego se montaría sobre un vehículo de este tipo. Lo único que hacía falta era, entonces, entrenar a los tripulantes y a las tropas que fueran a intervenir en este tipo de operaciones.

Esta torre estaba dividida en dos compartimentos: el operador de la luz se sentaba en la parte izquierda, mientras que todo el equipo estaba ubicado en la parte derecha. Allí, una lámpara de arco producía la tremenda cantidad de 13.000.000 candelas de luz, gracias al uso (en algunos modelos de tanques) de un generador auxiliar separado, de 9,5 kW.

La torre del único Matilda CDL que existe en el mundo, puede ser apreciada en un museo británico de tanques. Obsérvese la rendija por la que salía la luz y la ametralladora de defensa.

Pero entre la luz y la abertura de la torre había un complejo sistema de espejos, que permitían darle al sistema muchas ventajas. Un espejo parabólico concentraba la luz en un punto a unas 60 o 70 pulgadas de su origen. Allí, otro espejo chato de aluminio llevaba nuevamente la luz hacia la hendidura vertical de la torre, por la que la luz salía al campo de batalla, la cual tenía 5 centímetros de ancho por 61 centímetros de alto.

Por un efecto logrado por estos espejos, aunque la luz salía como un haz vertical, llegaba al suelo como un rayo horizontal. El juego de espejos permitía también que el fuego que entrara por la abertura no dañaba el proyector; el uso del aluminio le daba rigidez al sistema, ya que un espejo de cristal podría astillarse o quebrarse por el uso de la ametralladora o si un proyectil impactaba el tanque. De hecho, resultó ser muy resistente.

El ángulo del rayo era de 19 grados, lo cual condicionaba la forma de desplegar los tanques. Con uno cada 10 metros aproximadamente, los rayos confluían por primera vez a los 30 metros. A los 900 metros, el rayo tenía ya casi 300 metros de ancho y unos 3 metros de alto. Estos triángulos formados por la luz entre los tanques CDL, y también un poco adelante de ellos, permitía que los vehículos fueran acompañados por tanques de otro tipo, ya fueran con cañones o lanzallamas, además de infantería.

En este sentido, los regimientos de tanques CDL que se formaron entre 1941 y 1944 estaban organizados en base a 42 tanques con proyectores y 19 tanques con cañones, ya sea para uso de los jefes de compañía y escuadrón, como para la plana mayor.

Al sistema se le agregó, además, un componente que lo hacía más efectivo: la posibilidad de hacer titilar el destello de luz. Cuando se daba la orden de desplegarse por el terreno, una placa blindada obturaba la rendija gracias a un mecanismo eléctrico. La rendija se cerraba y abría unas seis veces por segundo, impidiendo que el ojo del enemigo se adaptara; causaba un efecto similar a una ceguera temporal. Más adelante se usaron placas de vidrio azul y amarillo. Esto era para dificultarle al enemigo el que pudiera estimar la distancia y disparar «a ciegas» pero calculando el disparo.

De la teoría a la práctica

Las autoridades británicas se la tomaron muy en serio a la hora de comenzar los ensayos para el despliegue operativo. Aunque la idea era simple, tal vez por eso mismo temían que los alemanes, si algo se filtraba, podrían desarrollar alguna contramedida o incluso un dispositivo similar.

Fue así como se eligió el alejado Castillo Lowther. Aunque estaba cerca de tierras de cultivo y de una localidad importante, tenía en compensación la ventaja de que el terreno era perfecto para practicar el despliegue, y se trataba de un edificio muy grande, con mucho espacio para laboratorios y todo tipo de instalaciones. Sus características lo hacían fácil de vigilar, lo cual no impidió que se mejorara la defensa construyendo garitas por todas partes.

Sin embargo, rápidamente quedó claro que no eran las mejores instalaciones disponibles. Oficiales británicos de la época recuerdan que, como no había ningún edificio capaz de contener completamente a un tanque, el primer Matilda CDL tuvo que ser introducido a medias en un cobertizo, mientras las puertas abiertas y una lona cubrían la otra mitad por los lados y el techo.

No solamente los tanques la pasaban mal: también los hombres estaban bastante incómodos. En los primeros meses, antes de que se construyeran las barracas cerca del río que corría por la región, los soldados dormían en tiendas de campaña. El lugar tenía una climatología complicada y solía haber bastante nieve. Una noche de tormenta, una ráfaga voló todas las tiendas o las derribó. El jefe de todo el destacamento, coronel R. S. Ollington, tuvo que reconocer estas terribles condiciones y recompensó a sus hombres dándoles cinco días de permiso esa Navidad.

Estas incomodidades eran necesarias, a pesar de todo, para mantener la seguridad. Otra medida que se tomó fue la dispersión de los suministros. Ninguno de los componentes del CDL pasó por canales militares y fábricas especializadas, sino que fueron encargadas y compradas a diversos sitios, por separado, como por ejemplo fábricas de piezas para ferrocarriles. Todo llegaba a Lowther y era ensamblado allí.

El Grant fue el sucesor del Matilda como tanque CDL. En esta fotografía puede apreciarse las grandes medidas de secreto que rondaban el proyecto: la torre aparece cubierta con una lona que deja adivinar poco y nada.

Llegó finalmente el momento de demostrar, en pequeña escala, lo que se podía lograr con el dispositivo. La prueba, sin embargo, aunque sencilla no dejaba de ser peligrosa. Siguiendo las estrictas medidas de seguridad, un Matilda fue sacado de Lulworth y entregado en Lowther al sargento Fred Howe. Su misión, a la cual se había presentado voluntario, podía considerarse de suicida.

El campo de pruebas fue preparado borrándose todas las marcas de orugas de tanques, dejándolo casi como una tierra a punto de ser sembrada. A la caída de la tarde, una cureña de artillería antitanque de 25 libras (capaz de destrozar totalmente incluso al bastante blindado Matilda) fue puesta al mando del sargento mayor Pat Ward, quien no era parte del proyecto. Para mantener la idea de secreto y de sorpresa, había sido llamado también a Lulworth, donde era un NCO a cargo del campo de artillería. Se le dijo que un tanque vendría, durante la noche, y transitaría el ahora limpio campo de pruebas. Su misión era detenerlo utilizando munición viva.

Como puede verse, no era para nada que el sargento Howe se había presentado como voluntario. Si algo fallaba, podía costarle caro.

Cuando le dieron la orden por radio, el sargento salió de su posición, en donde estaba escondido el tanque, a casi 2 kilómetros del cañón que intentaría destruirlo. Comenzaron a lloverle proyectiles de 25 libros, uno por minuto. Howe maniobró el tanque como mejor pudo: se detenía, daba reversa, giraba cada tanto, pero siempre mantenía la torre y la luz apuntada hacia adelante, y cambiaba los filtros de color. Finalmente, acortó la distancia a casi 500 metros del cañón. En ese momento, como le habían ordenado, él mismo dio la orden de cese al fuego y salió del tanque.

A los oficiales a cargo del cañón le dieron una hoja de papel, en la cual le pidieron que dibujaran la trayectoria que ellos calculaban que el tanque había realizado. Todos, casi sin excepción, dibujaron una línea recta desde la salida del tanque hasta su llegada cerca del cañón. Incrédulos, no comprendieron lo que había pasado hasta que les mostraron las marcas de tanques que habían quedado en el campo, antes totalmente limpio.

Perfeccionando el despliegue

Habiendo aprendido lo básico, y demostrado el hecho de que la teoría funcionaban en pequeña escala, se comenzó el entrenamiento de las unidades al completo. La primera unidad que fue entrenada en Lowther fue el 11º Regimiento Real de Tanques, comandado por el Teniente Coronel H. T. de B. Lipscombe. Llegaron al castillo en junio de 1941, y ya durante la primera semana les fueron enviados unos 50 tanques, entre Matilda y Churchill. En este punto, el extremo secreto comenzó a jugarles una mala pasada a las autoridades. Cuando los tanques comenzaron a ser despojados de sus torres y sus cañones, circularon rumores de que se estaba formando alguna especie de batallón suicida.

Practicando en terreno elevado que ofrecía grandes promesas tácticas, se aprendió rápidamente que lo mejor era usar grupos de entre 4 y 6 tanques CDL, con sus luces entrelazadas. Se demostró que era muy importante que los haces lumínicos no cayeran sobre las tropas amigas que avanzaban, ya que de otra manera su silueta sería un blanco perfecto para el enemigo. Los operadores de luces fueron aprendiendo a manejar estas luces: cuando tenían ya experiencia, podían sacarle provecho al arco de 20 º de elevación y depresión (que iba de -10º a 10º), utilizando una pequeña rueda. De esta manera podían compensar el hecho de que el tanque conducía sobre terreno ondulado, y las diferencias de velocidad que podían existir entre diferentes tanques y la infantería.

Como siempre, el procedimiento tenía sus problemas y resultó perfectible. Un tiempo más tarde se descubrió que, desde los flancos, las tropas eran bastante visibles. Además, cuando los tanques no mantenían una precisa coordinación entre ellos, se convertían en blancos fáciles para el fuego antitanque en enfilada. Se fueron implementando ideas para corregir esto, como por ejemplo agregar tropas de flanco, también con dispositivos CDL, para cegar al enemigo que estuviera en los lados.

Pero también los problemas llegaban desde afuera. Para ser un experimento secreto, los tanques CDL eran realmente muy malos. Las luces de sus torres eran tan potentes que, cuando un escuadrón de 16 tanques operaban juntos, era posible leer un periódico a 5 millas de distancia, en el cercano pueblo de Penrith. Incluso en las noches más oscuras, los pobladores sabían que esto era normal, pero posiblemente no estaban muy de acuerdo. El volumen de luz era tan grande que interfería con las constantes alertas de ataques aéreos: si los alemanes veían semejante despliegue posiblemente pensarían que allí había una enorme ciudad. Se estableció, para evitar problemas, una línea especial que iba directamente al sistema de alerta temprana de la RAF, lo cual permitía apagar todo apenas se detectaban aviones alemanes en las cercanías.

La operación en el terreno trajo también problemas con los granjeros. Hacia septiembre de 1942, se les informó a estos que sus tierras iban a tener que ser usadas por el ejército durante dos meses como máximo; sin embargo terminaron siendo usadas por casi dos años y medio. Para que los tanques operaran, se demolieron las cercas de piedra que separaban los lotes, y la tierra quedó rápidamente apisonada por las orugas. En esta tierra en la que no crecía ni el pasto, los granjeros no podían cultivar su sustento. Aunque recibían compensaciones monetarias estas no eran suficientes, y hacia finales de 1943, las autoridades, dándose cuenta de esto, permitieron la explotación de una pequeña granja ganadera que les dejó bastantes utilidades.

Demostraciones a lo grande

En marzo de 1942, el 11RTR fue enviado al Medio Oriente; su lugar en Lowther fue tomado por la 35º brigada de tanques. Esta unidad, más grande, tenía a su cargo el 49RTR y los regimientos 152 y 155 del Real Cuerpo Acorazado. Es interesante tener en cuenta que la 35º Brigada de Tanques luego fue parte de la 79º División Acorazada británica, comandada por el Mayor General Sir Percy C. S. Hobart, quien era un especialista en el uso de tanques modificados para tareas particulares (lanzapuentes, barreminas, etc.)

En el Medio Oriente, la tarea del 11º RTR fue la operación de una escuela de tanques CDL, la cual fue luego tomada por la 1º Brigada de Tanques desde julio de 1942 hasta abril de 1944.

Luego del cambio de unidades, se organizó la primera demostración a gran escala del dispositivo CDL y de las tácticas asociadas a su uso. Esto fue el 5 de mayo de 1942, en Lowther, ante el Vizconde Alan Brooke, Earl Montbatten, Jefe de Operaciones Combinadas, Sir Oliver Lucas, del Ministerio de Suministros y muchos de los directores de la Oficina de Guerra. Como puede verse, no eran figuras pequeñas, sino aquellas que podían autorizar el uso en combate del sistema y la continuación de la experimentación. Satisfactoriamente para los encargados, la demostración dio buenos resultados.

Con los estadounidenses ya puestos en la guerra con gran esfuerzo y personal, se involucró a este gobierno, en parte, en el proyecto. Una demostración subsiguiente hizo uso de personal estadounidense: estos soldados fueron dejados en una colina, y se les advirtió de que serían atacados desde otra colina a una milla y media de distancia.

Para comenzar el ataque, dos tanques CDL avanzaron a cada lado de la colina, creando un hueco de oscuridad para que otros tres bajaran la colina inglesa y avanzaran sin ser vistos. Intercambiando señales (el entrenamiento estipulaba qué hacer según si cada tanque hacía titilar su luz o la mantenía firme), fueron avanzando hacia el río que estaba entre ambas colinas. Sobre el río había un puente que era el único lugar por donde podían cruzar rápidamente los tanques, y por lo tanto era vital. Cubriendose mutuamente en la oscuridad que iban creando, los tanques y la infantería fue cruzando el valle; los estadounidenses fueron sorprendidos cuando ya vieron a los ingleses con sus bayonetas caladas, a pocos pasos de distancia.

El General Eisenhower, quedando muy impresionado con este tipo de demostraciones, tomó entonces una decisión terminante. Ordenó que los británicos no utilizaran los tanques CDL hasta que los estadounidenses lo tuvieran también en servicio. Se estableció entonces otro campo de entrenamiento, más pequeño, en Gales del Sur, donde los yankis aprendieron el uso de lo que ellos denominaron en código Shop tractor. También se llegó a un acuerdo por el cual este dispositivo no podría ser utilizado ni por estadounidenses ni por británicos, si no contaban con una autorización de los Comandantes en Jefe británicos. Esto estaba de acuerdo con el concepto de que el CDL no debía, bajo ninguna circunstancia, ser usado por pequeñas unidades de manera experimental en el campo de batalla. Solamente debía ser empleado en grandes cantidades como una fuerza de ataque sorpresa, en operaciones de gran escala que ameritaran este tipo de maniobras. De otra manera, se creía que los alemanes podían acostumbrarse a su uso y desarrollar rápidamente formas de contrarrestarlo.

El alto nivel de secreto alrededor de todo el asunto era totalmente justificado, en este sentido. Si los alemanes se enteraban de los conceptos básicos del proyecto, podían pensar en formas de mitigar su efecto; después de todo, la idea era sumamente sencilla. La simple adición de pantallas protectoras en armas antitanque, por ejemplo, podía hacer que los artilleros apuntaran a los tanques CDL: en este sentido, trajo gran preocupación la noticia de que los alemanes habían agregado un filtro solar verde a los cañones antiaéreos y antitanques de 88 mm. Como los filtros lumínicos del CDL eran amarillos y azules, esto permitiría a los artilleros ver claramente la rendija en la torre por la cual salía la luz.

Además de los adelantos que pudieran hacer los alemanes, también estaba claro que el sistema no era tan perfecto como se había pensado. A la necesidad de proteger los flancos, que se señaló antes, los estudios demostraron que el efecto cegador no era tan intenso como se había creído en un primer momento.

Intentos de uso en combate

Como puede verse, aunque la idea era sencilla, el dispositivo CDL fue intensamente probado en todo tipo de situaciones. Aunque estas demostraciones y ejercicios salían bien, y de ellos se aprendía mucho, el personal a cargo estaba cada vez más frustrado. Como cualquier soldado, querían ser realmente útiles en el frente, no probando eternamente un arma nueva que nunca entraba en acción.

El primer lugar donde el dispositivo CDL pudo haber entrado en acción fue en la batalla de El Alamein (como se ha mencionado, el primer regimiento de CDL fue enviado a Medio Oriente en marzo de 1942). Había allí suficientes tanques como para probar su uso en un momento clave, pero no hubo tiempo para entrenar tropas que apoyaran el avance de los tanques: como ya se vio, la coordinación era vital para el éxito. Fue así que se decidió no malgastar los recursos y el secreto en un momento tal vez demasiado temprano.

Sin embargo, no se hizo nunca ningún esfuerzo por crear una unidad especializada en el uso del CDL, y los ensayos continuaron. En 1944 se comenzó a probar la idea de manera más intensa, con la ayuda estadounidense. En su campo de entrenamiento CDL, se hicieron los primeros ensayos con munición viva, utilizando tanto tanques como artillería y tropas. En este sentido, la llegada de los tanques Lee/Grant fue un paso adelante. Tanto el Matilda como el Churchill, al perder su torre artillada, que era reemplazada por la lumínica, quedaban indefensos y solamente contaban con una ametralladora para su defensa. Esto implicaba que otras unidades tenían que protegerlos y apoyarlos, y que perdían iniciativa. Pero hacia 1943 los tanques estadounidenses, que tenían un cañón en la torre y otro en el casco (de 75 mm), se hicieron accesibles. Fueron desplazando así a los modelos británicos. Afortunadamente, la torre ideada para los Matilda encajaba en los Lee/Grant con pequeñas modificaciones, lo cual aceleró la conversión entre modelos.

Contando con un modelo más capaz, los integrantes de la unidad tuvieron un repentino aumento de la moral cuando sus 300 tanques fueron alistados, poco tiempo antes del Día D. La 1º Brigada de Tanques (que había vuelto de África del Norte en 1943, y ahora incluía al 11RTR, 42RTR y 49RTR) y el 10º Grupo Acorazado estadounidense fueron movilizados ese 6 de julio de 1944.

Sin embargo, para los integrantes de estas unidades, todo concluyó en un fiasco. Llegaron a Francia entre mitad y finales de agosto, cuando ya el trabajo más pesado estaba terminado. No habían sido utilizados en operaciones a grandes escalas, como las que podrían haberse intentado en esa enorme batalla. A los comandantes de las divisiones de campo aparentemente no les preocupaba tener un arma revolucionaria a la mano, y preferían usar los métodos ya conocidos.

Algunos de los involucrados en el proyecto creen que esto se debió justamente al enorme nivel de secreto que rodeó al dispositivo. Los grandes jefes, como Mountbatten y Eisenhower, habían quedado deslumbrados, pero sus generales y oficiales intermedios no sabían ni cómo funcionaba ni para qué servía, ni qué podían hacer esas unidades. Particularmente en esos días, en donde la enorme superioridad aérea aliada obligaba a los alemanes a avanzar y atacar de noche, los ataques con el CDL hubieran cubierto ese hueco, y dejado al enemigo desconcertado. Los seis batallones de tanques nunca salieron de sus cuarteles.

Fue así que estas unidades fueron desbandadas. Tuvo que pasar un buen tiempo hasta que tuviera su breve, pero luminoso momento de gloria. Se los llamó para asistir en el cruce del Rin y el Elba, en donde tuvieron un gran papel sirviendo como faros ambulantes para las operaciones nocturnas. Lamentablemente, se había perdido mucho tiempo en construir y probar esos aparatos, y entrenar a las tripulaciones, y nunca se les dio la posibilidad de probarse en combate.

Estos tanques proveían del 738º Batallón de Tanques estadounidense, que mantuvieron iluminado el Rin luego de la captura del puente en Remagen. Se utilizaron 13 shop tractors que habían sido asignados a la unidad el 1º de marzo: su tarea fue ayudar a la vigilancia del puente y la construcción de puentes de pontones adicionales. Finalmente, se tuvieron que utilizar tres compañías de estos tanques, para luego ser reemplazadas por faros convencionales. Los tanques tenían que estar constantemente encendidos para que el generador produjera electricidad para la luz, lo cual costaba enormes cantidades de combustible. También era impráctica la cantidad de varillas de carbón necesarias para generar el arco de luz, las cuales se quemaran con el uso demasiado prolongado.

Los británicos tuvieron su oportunidad de usar el CDL por fin en marzo, cuando cruzaron el Rin. Estos tanques, que sí entraron en combate (aunque de manera indirecta), fueron provistos por el escuadrón B del 49º Regimiento APC. Su tarea era guiar a las tropas en sus movimientos nocturnos, durante el asalto en la noche del 23 al 24 de marzo. Fueron blanco prioritario de los alemanes, recibiendo mucho fuego, e incluso un tanque fue destruido.

Luego se volvió a su uso como faros y reflectores de búsqueda. Los puentes de pontones eran vulnerables a los grupos comando alemanes, que iban a tratar de destruirlos o sabotearlos. Desde el 25 de marzo hasta el 6 de abril, los tanques CDL iluminaron las aguas del río en busca de hombres rana. Tres fueron descubiertos y capturados; además se pudo descubrir y destruir numerosas minas improvisadas, hechas de troncos y explosivos, que de llegar a los puentes los hubieran dañado.

El último uso de este dispositivo fue el 29 de abril, cuando algunos tanques CDL de la plana mayor de la 33º Brigada Acorazada del VIII Cuerpo le dio luz y señales a tropas británicas y estadounidenses cuando cruzaban el río Elba.

Conclusión

De esta manera, poco gloriosa y bastante insulsa, terminó el experimento que consumió muchos años, dinero y el entusiasmo de numerosas tripulaciones, oficiales e investigadores.

Como ya se mencionó antes, muchos involucrados en el proyecto creen que el exceso de celo fue lo que lo hundió: más allá de sus encargados y los jefes superiores, nadie sabía cómo funcionarían esos tanques.

Así lo expresaron, por ejemplo, el teniente coronel Sir Gifford Martel, un diseñador de tanques y jefe de las fuerzas acorazadas del Ejército Británico, el cual dijo que fue una cuestión «desafortunada el que esos tanques nunca fueran adecuadamente usados». Según él, los británicos hubieran tenido un décimo de bajas en Caen de las que tuvieron lugar.

Más lejos fue el Mayor General J. F. C. Fuller, quien fue conocido en esa época como una verdadera autoridad en el manejo estratégico de tanques. Él aseguró que «el error de no usar este tanque fue el mayor fiasco de toda la guerra. El curso de la historia podría haber sido cambiado inconmensurablemente para mejor si hubiera sido apropiadamente empleado».

Marcel Mitzakis fue un inventor que ayudó al desarrollo del CDL, y que luego de la guerra lo mejoró acoplándole rayos infrarrojos (esto fue rechazado por británicos y estadounidenses, aunque luego estos últimos parecen haberlo empleado). Sus palabras lo resumen todo: «fue a causa de que el secreto del tanque fue llevado a medidas tan extremas, que incluso los generales que debieron haberlo usado no sabían qué era capaz de hacer el tanque».

Los tanques dejaron el castillo de Lowther en marzo de 1945: se habían convertido un total de 1850 tanques y 6000 oficiales y soldados británicos y 8000 tropas estadounidenses habían sido entrenadas en su uso.

La luz de la historia finalmente se apagó con el último uso registrado a gran escala de este aparato. En junio de 1945, el 43 RTR fue embarcado. Su destino, Calcuta. Este regimiento, equipado totalmente con tanques CDL, envió un escuadrón a cooperar con la policía y las fuerzas locales del orden, que debían sofocar una serie de motines que tuvieron lugar en 1946. A partir de entonces, se pierde su rastro en la historia.

Los modelos utilizados

Lamentablemente para los historiadores y aficionados a la historia militar, muchas veces los aparatos experimentales o que han visto poco uso son descartados al terminar la guerra en la que participaban, o cuando demuestran ser poco útiles. Los tanques CDL han sido uno más de los ejemplos de esta larga y triste lista.

Curiosamente, a pesar de que el tanque CDL más utilizado fue el Lee/Grant estadounidense, todas las unidades de este tipo fueron destruidas. Aunque hay muchas fotografías suyas, no existen más pruebas físicas de su existencia: la falta de información sobre todo el proyecto es una constante. Apenas hay datos firmes sobre que el dispositivo CDL se haya montado sobre un tanque Matilda. Todo lo que queda como evidencia histórica es un reporte oficial clasificado… y un Matilda CDL intacto que se encuentra actualmente en el Museo de Tanques de Bovington, Reino Unido (ver más abajo).

Este muy blindado tanque británico fue elegido como el primero para ser convertido, debido en gran parte a su relativa disponibilidad en la época, su relativa fiabilidad mécanica y su gran blindaje (solamente el cañón de 88mm alemán podía dañarlo frontalmente, y cierta munición especial de otros cañones). Sin embargo, también tenía una gran desventaja: era muy lento. Además, las pruebas mostraron que las modificaciones hechas, que obligaban a su uso por parte de dos tripulantes, lo hacían algo engorroso para tan exigua tripulación. La principal modificación era el reemplazo de la torre con el cañón de 2 libras, por una más alta, que contenía el dispositivo secreto. Esta torre, con un blindaje de 65 mm, llevaba en su interior una lámpara de arco de carbono, con la fenomenal potencia de 8 millones de bujías. Como ya se explicó, su luz salía a través de un juego de espejos que terminaba en una hendidura vertical bastante angosta. En un determinado momento, los Matilda equiparon a cuatro de los cinco regimientos del Real Cuerpo Acorazado que tenían la misión de desplegarse con el sistema CDL. Se diseñó un sistema para lograr que un tanque cualquiera pudiera ser convertido rápidamente, utilizando un Matilda con una grúa de 5 toneladas, que también podía ser montada fácilmente. La grúa reemplazaría la torre, y luego había que agregar un generador extra, que se acoplaba al árbol de transmisión del motor. Otra modificación que recibían los Matilda era un faro con una ranura, en cada guardabarro, que permitía la conducción nocturna sin tener que encender la luz más potente.

Los Matilda dejaron de ser usados como tanques CDL en 1943, cuando estaban quedando desfasados y se tenía los M3 Lee/Grant en número suficiente. Como se menciona en el artículo, los tanques Churchil también fueron utilizados como CDL al comienzo del experimento. Sin embargo, no existe evidencia oficial más allá de un dibujo y el relato de un comandante de tanques: no han quedado ni fotos ni componentes ni mucho menos tanques completos.

Breve video documental sobre los tanques CDL, y principalmente sobre el único sobreviviente, el Matilda CDL que está actualmente en el museo de tanques de Bovington, en el Reino Unido. En inglés, contiene más fotos y tomas de cerca del tanque.

Sistema antiaéreo DIVAD M247 Sergeant York

Durante varias décadas, la defensa antiaérea del US Army estuvo a cargo de aparatos más o menos improvisados, generalmente cañones montados sobre chasis de tanques ligeros y luego sobre vehículos de orugas para transporte de personal. Varias veces se intentó crear un sistema de defensa antiaérea que pudiera acompañar un avance acorazado y de infantería, pero siempre estos planes se encontraron con problemas y cancelaciones. El caso del M247 fue uno más de ellos, y tal vez uno de los más penosos.

Una serie de eventos desafortunados

Durante la Segunda Guerra Mundial se hizo evidente que la aviación enemiga constituía un peligro para los avances de todo tipo, sobre todo los acorazados, por lo que EEUU empezó a desarrollar sistemas que permitieran transportar y operar cañones antiaéreos en el frente de batalla. Los primeros modelos usaban como base tanques livianos en desuso que montaban cañones de 40 mm, pero para cuando entraron en servicio, hacia la década del 50, los jets eran mucho más veloces y estos cañones no estaban a la altura del desafío. Uno de estos sistemas, el Duster, solo se usó en Vietnam porque no había nada mejor.

Para esa época, los misiles parecían la panacea, y se pensó en un avanzado sistema antiaéreo que los utilizada. Sin embargo el proyecto era demasiado ambicioso y se canceló en 1965.

Sin embargo, la guerra de Vietnam trajo aparejada la aparición de una nueva plataforma, la del transporte acorazado de personal, en este caso el M113. Esta parecía una plataforma perfecta ya que era novedosa, estaba disponible en grandes cantidades y era muy sencilla. El US Army lo intentó de nuevo creando una combinación: el Sistema de Defensa Aérae Chaparral-Vulcan. El M163 era un M113 modificado que incorporaba un cañón multitubo M61 Vulcan, sistemas de tiro y de seguimiento de corto alcance, ya que estaba diseñado para objetivos más cercanos (en cañón tenía un alcance de poco más de un kilómetro). Este aparato se complementaba con el MIM-72 Chaparral, que era otro M113 modificado que montaba misiles de guía infrarroja Sidewinder. Este sistema podía atacar blancos rápidos a varios kilómetros, pero necesitaba «engancharse» a la firma infrarroja de los motores cuando el avión enemigo se alejaba. Si bien la idea de complementarse era buena, ninguno de los aparatos tenía buenos sensores; se trató de compensarlo llevando un radar en un camión asociado, pero todo el sistema era engorroso y no podía desplegarse fácilmente en el campo de batalla.

Por si fuera poco, la aparición de helicópteros artillados soviéticos cada vez más capaces durante los 70s, además de los misiles antitanque, hizo que ninguno de estos sistemas fuera adecuado: el Vulcan no tenía suficiente alcance, y los misiles del Chaparral tenían que esperar demasiado tiempo para engancharse en el blanco; por si fuera poco, un helicóptero que ataca de frente no tenía una firma calórica lo suficientemente buena como para asegurar un blanco. Esto hizo que los dos sistemas fueran puestos en cuestionamiento.

Para agregar más a todo el asunto, el US Army proponía ya la introducción del tanque Abrams y de otros sistemas más avanzados de combate de infantería, el Bradley: el M113 como base se estaba quedando algo obsoleto ni tal vez no podría seguirles el paso. Todo esto, sumado al éxito que tenían ciertos sistemas como el Shilka soviético y el Gepard alemán, hizo que se planteara con seriedad la búsqueda de un reemplazo definitivo a toda esta seguidilla de soluciones parciales y no muy buenas.

El inicio del programa

La urgencia de todo el asunto estaba marcada por dos cuestiones: durante los pocos conflictos en los que los EEUU habían participado desde la Segunda Guerra Mundial, casi siempre habían tenido superioridad aérea. La doctrina militar especificaba que la USAF ganaría esta superioridad y la mantendría, de alguna manera dando seguridad al avance del US Army. Sin embargo, los enormes avances soviéticos en la materia y los resultados que sus sistemas tenían (al ser probados en combate en numerosos conflictos, principalmente en manos árabes contra Israel) hizo que los altos mandos del Ejército se preocuparan: si algo sucedía, no tenían ningún sistema para proteger a sus tanques y tropas.

Esto marcó fuertemente la filosofía del DIVAD (Division Air Defense, Defensa Aérea Divisional), el nombre que recibió el programa para dotar al US Army de un vehículo capaz de defender el avance terrestre de ataques aéreos.

Lanzado el 18 de mayo de 1977, la idea era llegar a la mayor cantidad posible de empresas, para que estas hicieran sus propuestas (los requerimientos le fueron enviados a 49 posibles contratistas). Debido a la urgencia ya mencionada, se pensó en utilizar la mayor cantidad posible de piezas y elementos ya en uso, para que las empresas ganadoras desarrollaran un aparato que fuera mejorado y revisado una vez entrado en servicio, en vez de entregar un producto ya terminado y probado. Se buscaba así recortar el generalmente largo proceso de desarrollo, que podría hacer que, una vez más, el US Army se quedara sin lo que más necesitaba. El enemigo progresaba demasiado rápido: había que alcanzarlo.

En resumen, los requerimientos eran los siguientes:

  • las propuestas debían estar basadas en el chasis del tanque M48 Patton, que serían provistos por el US Army ya que había muchos de ellos disponibles en almacenamiento.
  • el sistema debía adquirir y disparar sobre un blanco en cinco segundos (luego se cambió a ocho) de haberse vuelto visible o al entrar en un alcance de 3 kilómetros.
  • debía tener un 50% de chance de impactar un blanco con una salva de 30 disparos.
  • debía tener un sistema de disparo todo tiempo, además de una mira óptica incluyendo un FLIR y un telémetro láser.

Como era de esperarse, varias empresas de renombre, entre ellas General Electric, General Dinamics, Raytheon y Ford Aerospace presentaron sus prototipos, todos ellos «frankensteins» que combinaban sistemas de los más diversos, la mayoría en servicio en EEUU o en algún país aliado. La idea, después de todo, era presentar un sistema que ganara el programa, para después desarrollarlo en serio una vez fuera aceptado.

Sin embargo, como veremos, esta idea sería completamente desastrosa. Luego de algunos análisis, se decidió el 13 enero de 1978 que las propuestas preseleccionadas serán las de General Dinamics y las de Ford Aerospace. A la primera se le dio el código XM246, y a la segunda, XM247.

La propuesta de General Dynamics fue clasificada como XM246. Obsérvese los cañones de 35 mm en el centro: son los mismos que utilizaba el Gepard, vehículo alemán con una función similar a la que buscaba el DIVAD. A su derecha se encuentra el radar de rastreo (foto US Army).

El XM246 de GD usaba dos cañones gemelos Oerlikon KDA de 35 mm, como los que tenía el Gepard alemán. Sin embargo, los llevaba lado a lado en una torreta de aluminio. Se los podía disparar en modo semiautomático o automático, en cuyo caso alcanzaba una cadencia de fuego combinada de 1.100 proyectiles por minuto (aunque solo tenía 600 proyectiles). De nuevo, el sistema de control de tiro tampoco era nuevo: era el que utilizaban las baterías antimisiles Phalanx en los buques estadounidenses. El XM246 tenía un aspecto bastante poco agraciado, con el radar de rastreo en el frente de la torre, en una cubierta bulbosa, y el radar de búsqueda en la cima de la torre.

El XM247 de Ford Aerospace tenía algunas similitudes, como los dos cañones montados uno al lado del otro en el centro de la torre. Sin embargo, estos eran Bofors de calibre 40 mm, algo que le valió críticas a FA ya que las dos empresas tenían relaciones comerciales y algunos adujeron que el calibre 35 sería más compatible con los arsenales de la OTAN, que estaba dejando de usar el 40 mm. Sin embargo, como ya hemos dicho, esto no era más que otra forma de reciclar los componentes disponibles en el mercado de armas, algo que el programa no solo permitía sino que apoyaba activamente. Estos cañones estaban montados en una torreta bastante grande, que llevaba encima los dos radares, uno de búsqueda y otro de rastreo, separados uno del otro y montados en instalaciones plegables. De esta manera podían elevarse para tener más campo de búsqueda y retraerse para bajar la silueta y transportar más cómodamente el vehículo. Curiosamente, el radar de rastreo, de corto alcance, era un derivado del Westinghouse AN/APG-66 que se utilizaba en el caza F-16 Fighting Falcon. Esto traería enormes quebraderos de cabeza en los meses por venir. Al igual que la propuesta de GD, había sistemas de miras y telémetros ópticos, para el caso de encontrarse con blancos cercanos que tuvieran que ser atacados de manera más directa.

Ambos vehículos tenían grandes similitudes, tanto en la disposición de sus cañones como en las enormes torres, que eran casi tan grandes como el chasis del tanque en el que estaban montadas.

El ganador

Luego de ser elegidos, el US Army le dio a los contratistas un poco más de dos años para entregar sus prototipos: en junio de 1980, cada uno debía presentar una unidad de su modelo. Sin embargo, las pruebas se demoraron porque los dos prototipos entregados en esa fecha eran demasiado «inmaduros» para las autoridades, algo que, como veremos, no se solucionó con el tiempo.

Luego de una intensa batería de pruebas, que incluían el derribo simulado de aeronaves enemigas de diverso tipo, el prototipo de Ford Aerospace fue declarado ganador del program DIVAD el 7 de mayo de 1981. Esta decisión fue ampliamente criticada, ya que el otro prototipo había derribado muchas más aeronaves en las pruebas simuladas. FA recibió un contrato por 6.970 millones de dólares para la producción inicial del ahora llamado M247 Sergeant York.

El nombre del tanque era en honor al Sargento Alvin York, el soldado más condecorado por EEUU en la Primera Guerra Mundial. York había participado en un ataque en el que había matado al menos a 25 soldados alemanes y había capturado, por su cuenta, a 132. Condecorado además por varios otros países aliados gracias a su coraje, realmente es una pena que le hayan puesto su nombre a un aparato tan malo, que durante todas las pruebas tuvo problemas para acertar sus blancos.

Breve video promocional sobre las capacidades de los dos competidores del DIVAD, en donde se los muestra disparando y moviéndose. En las pruebas se utilizaron como señuelos tanto aviones como helicópteros, obviamente, no tripulados.

No hay que pensar mucho para darse cuenta de que el chasis de un tanque ya casi obsoleto sumado al radar de un caza posiblemente no se emparejen bien. Ya de por sí, el US Army había comenzado con un error garrafal: el sistema estaba montado sobre el M48 Patton que, si bien estaba disponible en grandes cantidades, no estaría a la altura si finalmente el sistema era aprobado, porque no podría mantenerle el paso a los nuevos tanques y vehículos de combate de infantería, más potentes y capaces de sortear obstáculos más complejos. Las prisas por desarrollar algo que funcionara habían cegado a muchos.

Como ha sucedido muchas veces con diversos programas de armas estadounidenses, la idea de que se podía «tirar dinero» a un problema para solucionarlo debe haber calmado a muchos. Pero rápidamente el programa comenzó a estancarse. Mucho de esto venía de la elección del radar de rastreo, que tenía problemas para diferenciar los helicópteros de los árboles. Como estaba diseñado para cazas que volaban alto, cualquier cosa que estuviera cerca del suelo lo confundía. Si se lo apuntaba hacia arriba en ciertos ángulos, los mismos cañones del vehículo confundían al sistema. Por si fuera poco, la velocidad de reacción era abismal: tardaba 10 u 11 segundos en adquirir un helicóptero, y entre 11 y 19 segundos si se trababa de un avión a gran velocidad. Cualquier aparato enemigo podría destruirlo mucho antes que eso.

Los cañones del M247 no eran para nada precisos, aparentemente porque habían sido mal almacenados.

Esto se veía agravado por muchas otras cuestiones. En las pruebas que se realizaron entre noviembre de 1981 y febrero de 1982, para testear cuestiones como la durabilidad y la confiabilidad, surgieron más problemas. La torre giraba muy lentamente y tenía problemas para operar en climas fríos, además de fugas hidráulicas. Los sistemas de contramedidas electrónicas eran fácilmente engañados. Es más: los cañones que se habían utilizado para armar al prototipo habían sido mal almacenados, por lo que estaban algo torcidos y no disparaban bien.

Sin embargo, ya se había avanzado demasiado como para cancelar el asunto, y se siguió adelante con la idea de poder solucionar los problemas con más dinero, pruebas y mejoras. Se llegó así a una situación de lo más patética, que sería graciosa si no hubiera puesto en peligro vidas humanas.

En febrero de 1982, se organizó una demostración para un grupo de oficiales estadounidenses y británicos en Fort Bliss, además de miembros del Congreso y otras personalidades políticas. Cuando las computadoras del sistemas fueron activadas, el prototipo comenzó a apuntar a las gradas donde estaba el público; en la confusión, muchos salieron corriendo y tuvieron heridas menores causadas por la estampida.

Minutos después, cuando los ingenieros lograron reiniciar el sistema, el prototipo consiguió apuntar a los verdaderos blancos… pero sus disparos cayeron a 300 metros, muy lejos de donde deberían. Incluso después de varios intentos, el sistema nunca logró un impacto sobre los blancos designados.

Este fracaso épico comenzó a marcar el final del programa. Uno de los responsables del prototipo dijo que el problema había sido causado porque el vehículo había sido lavado para la demostración, haciendo que las partes electrónicas se arruinaran. Algo totalmente inaceptable para un vehículo que, se suponía, podría intervenir en una guerra mundial contra el Pacto de Varsovia. Difícilmente se le podía pedir a los soviéticos esperar a tener días soleados para usar el sistema adecuadamente.

Durante los siguientes dos años, Ford Aerospace siguió trabajando en el prototipo, tratando de solucionar los problemas pero nunca llegando a eliminarlos del todo. Eventualmente tanto los militares como los políticos comenzaron a cansarse.

El M247 rodando a toda marcha durante una prueba. Obsérvense los dos radares sobre la torreta, completamente desplegados.

Fue así que, justo dos años después de la fatídica demostración, en febrero de 1984, el Departamento de Defensa de EEUU expresó públicamente su desacuerdo por las «totalmente inaceptables» demoras en el programa. A los pocos días, con seis meses de retraso, el US Army recibió los primeros modelos de producción, listos para ser probados. Eran totalmente ineficaces. Una vez más, la situación era patética: un reporte comentó que uno de estos primeros modelos confundió el extractor de aire de un baño químico con un blanco moviéndose a poca velocidad, posiblemente pensando que era un helicóptero.

Sin embargo, tal vez por cuestiones políticas y por la enorme necesidad de contar con el vehículo que tanto necesitaban, los administradores del programa dentro del US Army eran cautelosamente positivos, tratando de destacar lo bueno del sistema. Aparentemente era un vehículo confiable, incluso en condiciones negativas, pero durante estas pruebas persistieron los problemas de software y la vulnerabilidad a las contramedidas electrónicas.

El problema fundamental es que estos inconvenientes no se estaban presentando en prototipos, sino en modelos de serie. Y la promesa de recortar en cinco años el tiempo de desarrollo del sistema ya se estaba demostrando como imposible de cumplir. Además, empezaba a ser evidente que, para corregir todos los problemas, costaría mucho dinero, sobre todo si había que reparar o reemplazar partes de los vehículos ya fabricados y entregados.

Como veremos, el M247, si bien había entrado en servicio «oficialmente» al conseguir su nombre sin la X designada para los prototipos, no era más que uno de ellos.

El final de un sueño

Una vez puestos en aprietos, a los responsables del Ejército solo les quedaba presionar hacia delante, tratando de lograr que algo mínimamente confiable saliera de todo el asunto, ya que no había ninguna otra opción sobre la mesa. Después de la fallida demostración de 1982, la prensa estaba sobre el programa, investigando sus vericuetos y criticando el inútil gasto de dinero en algo que evidentemente no funcionaba, lo cual a su vez repercutía en los políticos que autorizaban y auditaban los fondos.

Para empeorar todo, los sistemas de ataque aéreo soviéticos que habían preocupado a los militares estadounidenses no dejaban de hacerse más poderosos y letales. El DIVAD debía suministrar capacidad de defensa aérea hasta los 3.000 metros, pero los nuevos aviones, misiles y helicópteros artillados soviéticos podían atacar por encima (y a veces muy por encima) de esa cota. Esto hacía que el DIVAD fuera totalmente obsoleto ya antes de entrar en servicio.

Como otra de las posibles soluciones, se sugirió sumarle al sistema un lanzador de misiles antiaéreos Stinger, pero esto despertó todavía más críticas. Si los sistemas inicialmente propuestos todavía no funcionaban correctamente, ¿cómo se solucionaría todo agregando más sistemas?

Cansados de la situación, eventualmente el Secretario de la Defensa Caspar Winberger ordenó que se realizara una serie de pruebas en situaciones de combate, proveyendo para eso la suma de 54 millones de dólares. Mientras tanto, el Congreso autorizó dinero para la producción en serie con este sistema de «prueba y error», pero sólo si Weinberger aseguraba que el programa alcanzaba o superaba las especificaciones pedidas por el contrato original. Para garantizar mayor transparencia, el Congreso de EEUU envió en 1983 a representantes del Pentágono.

Estas pruebas comenzaron hacia finales de 1984, y como era de esperarse, los resultados fueron catastróficos. Los drones que se le presentaron como blancos simulados no fueron derribados ni siquiera cuando se movían en línea recta. Se bajaron standares de la prueba: los drones se quedaron quietos en el aire. Incluso esto no fue suficiente, ya que el radar tenía una señal tan pequeña que no podía detectarlos bien. En una movida completamente ridícula, se le sumaron varios reflectores de radar a los blancos simulados, en un desesperado intento por hacer que el sistema tuviera éxito. Eventualmente los disparos le dieron a los blancos, dañándolos y lanzándolos fuera de control. Pero en una movida realmente increíble, los controladores de los drones habían instalado dispositivos pirotécnicos en estos, que ellos activaron cuando los blancos estaban todavía en el aire, simulando su destrucción completa.

La prensa no tardó en tomar todo el asunto como una broma, y a partir de ese momento, todas las pruebas realizadas sobre el aparato perdieron credibilidad ante el público y los políticos.

Mientras tanto, los representantes del Pentágono continuaron asistiendo a estas pruebas, en las que se verificaron graves deficiencias. Aunque los cañones hacían bien su trabajo, todo el conjunto tenía enormes problemas de confiabilidad. El radar era totalmente inapropiado para la tarea que se le había dado (recordemos que originalmente era el radar de un avión caza). Entre diciembre de 1984 y mayo de 1985, el programa falló al menos 22 de 163 requerimientos contractuales, y tuvo otras 22 fallas graves de operatividad. Como resultado, el Pentágono reportó que, si bien el sistema era mejor que el actual Vulcan, no era adecuado para cumplir su misión de protección a las fuerzas terrestres.

Esto hizo que, el 27 de agosto de 1985, el Secretario de la Defensa Winberger cancelara completamente el proyecto, a pesar de que ya se habían producido al menos 50 vehículos. Durante todos esos años, EEUU había gastado al menos mil millones de dólares en un sistema que, si bien tenía algunas mejoras marginales sobre su predecesor, era notablemente ineficaz para cumplir su tarea. Como consecuencia de este fallo garrafal, se intentaron varias adaptaciones de otros vehículos, de nuevo buscando «emparchar» la situación, pero ninguno logró prosperar, y así que incluso hoy, el US Army sigue empleando adaptaciones de vehículos para su defensa antiaérea, muchos de los cuales no son mejores que los que los precedieron.

Tanques voladores

Al igual que otras locas ideas sobre tanques, este concepto se pensó durante la época de la primera posguerra, pero más hacia la década de 1930, cuando ya muchos países habían abandonado la idea de tanques pesados y grandes. Si ya de por sí los blindados eran difíciles de superar para la infantería, ¿qué decir de tanques que llegaran al campo de batalla con alas?

Claro está, como dicen, que la mayonesa y la mermelada pueden ser muy ricas por separado, pero juntas… Aunque el concepto era particularmente factible, en teoría, con tanques ligeros como los que ciertos países habían desarrollado para la época, la cuestión técnica estaba demasiado a la vanguardia.

Podemos ver aquí uno de los primeros intentos de tanques aerotransportados: un bombardero soviético TB-3 llevando bajo sus alas una tanqueta T-27, durante unos ensayos en 1935.

Curiosamente, tanto estadounidenses como japoneses lo intentaron, sin resultados muy prometedores. Sin embargo, los soviéticos, como suele suceder, se llevaron la palma con su diseño de tanque volador.

En un principio se pensó en crear grandes bombarderos para que cargaran el tanque. Otros países habían intentado con planeadores (la URSS lo haría luego), pero los ingenieros soviéticos fueron al grano, sujetando tanquetas T-27 entre las alas de bombarderos TB-3. Cargándolos externamente, los aviones debían aterrizar y luego dejarlos ir. El único problema era que solamente se podía llevar un tanque por cada avión.

Se pensaron así otras alternativas: una fue el lanzamiento de tanques con paracaídas, el otro, el lanzamiento sobre agua. Incluso en 1940 se lanzaron tanques ligeros a unos pocos metros de distancia del suelo, desde bombarderos TB-3. Según se dice, la idea era que rodaran sobre sus orugas por unos metros, hasta detenerse con el motor en neutral. Sin embargo, es de esperarse que no hayan salido muy bien dichos experimentos, ya que la idea se abandonó.

Antonov A-40 Krylya Tanka

Un problema con el lanzamiento de tanques era que en ciertos sistemas, la tripulación debía saltar separadamente, y existía la posibilidad de que no pudiera llegar a tiempo para utilizar el tanque. Había encontrar una manera de que todo el paquete llegara junto. La solución: tomar un tanque ligero T-60, agregarle alas y superficies de control, de manera que el fuselaje del improvisado planeador fuera el mismo tanque. Se llegó incluso a diseñar un sistema por el cual el cañón del tanque, apuntando hacia atrás, era sujetado a la superficie de control de la cola. Cambiando la elevación del arma, se podía entonces hacer descender o ascender el planeador, mientras que girando la torre se controlaba la orientación hacia derecha o izquierda.

Cuando llegara el momento de aterrizar, el piloto del tanque encendía el motor y le daba potencia, de manera que el aparato pudiera tomar tierra y continuar acelerando o frenando, de acuerdo al caso necesario. En pocos minutos se podían sacar las alas, y el tanque estaba listo para combatir.

El curioso aparato, apodado KT-40 (por Krylya Tankatanque alado), también es conocido como Antonov A-40 o A-40T. Fue sin duda, una de las apuestas más serias y potencialmente exitosas del proyecto de tanque volador de esos años.

El KT-40 era un planeador de despegue convencional… pero era todo lo que tenía de convencional. Esta fotografía del proyecto nos muestra la torre apuntando hacia trás, sujeta a los planos de cola.

La idea era no solamente apoyar a fuerzas aerotransportadas, sino también a partisanos que operaban tras las líneas enemigas, haciéndoles llevar material pesado para que montaran operaciones con más poder de fuego. La fotografía anexa no es un fotomontaje: la idea comenzó a ser llevada a la práctica en 1940.

Un T-60 fue convertido en un planeador en 1942. Sin embargo las pruebas no eran muy realistas: para aligerar el tanque se le quitaron las armas, la munición y otros elementos, dejándolo solamente con un poco de combustible. Incluso así, los pilotos del TB-3 de remolque tuvieron que soltar prematuramente el planeador para evitar estrellarse. La resistencia que generaba el aparato desestabilizaba y frenaba demasiado al bombardero; incluso así se dice que el aparato planeó bastante bien, aterrizando en un campo. El conductor, luego de sacarle las alas y colas, pudo conducir de vuelta a la base sin problemas.

Después de esta prueba, el proyecto fue abandonado, ya que no existía ninguna aeronave con el suficiente poder en sus motores como para remolcar seguramente un tanque de ese tipo.

Sin embargo, la idea del tanque que cae del cielo para sorprender al enemigo no murió totalmente entre las autoridades militares soviéticas. Durante la época de la Guerra Fría, se experimentó con una solución diferente. Tanques T-80 lanzados desde grandes transportes, usando paracaídas múltiples, los cuales, próximos al suelo, activaban cohetes de frenado (similares en concepto a los utilizados para frenar las cápsulas espaciales cuando están por tocar tierra) que permitían un aterrizaje relativamente suave. Sin embargo, el tironeo y movimiento brusco del tanque cuando dejaba el transporte aparentemente impedía que el vehículo llevara a su tripulación, que podría sufrir fuertes golpes. Es por eso que los tripulantes serían lanzados por separado, caerían teóricamente cerca y se apresurarían a tomar sus vehículos para la batalla. A pesar de los efectos pirotécnicos más que interesantes, aparentemente esta idea tampoco reunió todo lo necesario como para ser tomada en cuenta para despliegues masivos.

El murciélago de Baynes

Como otros países, EEUU también buscaba a fines de la década 1930 una forma de aerotransportar unidades militares pesadas. Como en otros casos, se pensó rápidamente en un planeador, ya que no existían aviones lo suficientemente grandes como para llevar un tanque.

Curiosamente, mientras la mayoría de los diseños incluían alas rectas con grandes superficies de control, el de L. E. Baynes se ganó el apodo de murciélago debido a que tenía alas en flecha de más de 30 metros. Esto en 1941, cuando pocos estaban pensando en las ventajas de las alas en flecha. Para incrementar la curiosidad del diseño, este incorporaba estabilizadores verticales en las puntas de dichas alas, y no poseía cola. Se trataba, en suma, de un ala voladora.

Esta «mochila alada» estaba pensada para ser adosada a un tanque, convirtiéndolo temporalmente en un planeador. Se construyó un prototipo a un tercio de la escala en 1943, totalmente hecho de madera. En julio de ese año se hizo el primer vuelo. Aunque exitosos, estos vuelos no sirvieron de mucho. El proyecto se abandonó ya que no fue posible encontrar un tanque adecuado para esta idea. Además, se habían desarrollado planeadores (como los utilizados en el Día D) que permitían llevar jeeps y otros equipos ligeros y pesados dentro del fuselaje, un lugar mucho más adecuado. Estos planeadores eran una alternativa mucho más práctica y que ya funcionaba.

El único Murciélago construido fue el primer monoplano sin cola disponible para investigación en todo el mundo (a excepción de los proyectos alemanes), y fue volado intensamente por el Real Establecimiento de Aeronaves británico para saber más sobre la estabilidad y el control de este tipo de aviones. Se sabe que existió hasta 1958, pero allí se le pierde la pista.