Mina teledirigida Goliath

Muchas armas alemanas de la Segunda Guerra Mundial se hicieron famosas e icónicas por diversas razones. Otras, aunque eran muy innovadoras, no tuvieron resultados tan llamativos y han quedado algo olvidadas. El «tanque» Goliath, como algunos lo han dado a conocer, es una de ellas.

Se trataba de un pequeño vehículo ligeramente blindado y movido por orugas, no tripulado y dirigido a distancia, cargado de gran cantidad de explosivos. Su objetivo consistía en la destrucción de obstáculos para la infantería, entre otros. Era un elemento importante de apoyo directo a la infantería en su avance por las ciudades ocupadas.

Conocidos por los aliados como «tanques escarabajos», se ganaron una reputación de peligrosidad. Pero aunque su verdadero impacto en la guerra fue menor, se trataba de un arma muy adelantada a su época, que, actualizada, podría pasar a ser parte del arsenal de futuros conflictos bélicos.

Desarrollo y características

Durante la Primera Guerra Mundial, muchos inventores trataron de inventar armas que pudieran romper el estancamiento. Uno de los conceptos era el del tanque-mina, o torpedo terrestre, que pudiera entrar en la tierra de nadie, sobrevivir a los disparos o pasar desapercibido, para caer en las trincheras enemigas y detonar allí. En esos años, los franceses diseñaron dos de estos prototipos de torpedos terrestres, algunos de los cuales entraron en servicio aunque no fueron muy efectivos.

Un Goliath siendo preparado para el combate, durante los enfrentamientos en Varsovia.

Después de la guerra, en la década de 1930, uno de los diseñadores de vehículos más importantes de Francia, Adolphe Kégresse, desarrolló un nuevo modelo de esta misma idea. Sin embargo, no entró en producción.

Esta tecnología podría haber quedado olvidada sino hubiera sido porque, a fines de 1940, con Francia bajo el dominio nazi, el prototipo de Kégresse fue descubierto por los alemanes. Las autoridades de armamentos del Ejército Alemán le pidieron a una empresa automovilística de Bremen el desarrollo de un vehículo similar a ese prototipo, capaz de cargar un mínimo de 50 kilogramos de explosivos.

Así surgió el Sonderkraftfahrzeug 302, o vehículo de propósito especial, abreviado SdKfz. 302. Sin embargo esta denominación tan críptica no le iba y también se lo llamó Leichter Ladungsträger (transporte de carga pequeño) Goliath. El SdKfz. 302 llevaba una carga de 60 kilos de explosivos, y podía ser conducido a distancia por una caja de control con un joystick. Esta caja estaba conectada al aparato gracias a un cable de 650 metros, hecho de tres cables diferentes enroscados entre sí. Este cable, que entraba en el aparato por su parte trasera, era usado tanto para darle electricidad al motor, como para controlar el vehículo: dos de los cables servían específicamente para esto último, mientras el tercero se utilizaba para dar la orden de detonación.

Cada Goliath era descartable y de un solo uso: se destruía totalmente al volar junto al objetivo. Los primeros modelos utilizaron un motor eléctrico. Sin embargo, estos resultaron ser muy caros de fabricar, gastándose unos 3.000 marcos en un arma que luego no podía ser reutilizada. Además, eran difíciles de repararse cerca del frente, por lo que los modelos posteriores, denominados SdKfz. 303, cambiaron el motor eléctrico por uno de gasolina, mucho más confiable y económico.

De este modelo existieron dos versiones: la a y la b, que aparentemente diferían en la cantidad de explosivos que cargaban (algunas versiones tenían cargas de 100 kilos, para blancos más fuertes). Esto se debía a que los objetivos y usos del Goliath eran muchos: destruir tanques, generar caos y destrucción en formaciones densas de infantería, y sobre todo la demolición de obstáculos (como barricadas, alambradas) e incluso dañar o destruir puentes.

Su blindaje frontal era de unos 30 mm, y de 22 en los laterales. La rueda motriz estaba adelante, y en las orugas había cuatro rodillos de apoyo, estando la rueda tensora en la parte posterior. Sus motores, tanto eléctricos como de combustible, producían una velocidad muy baja, que quedaba justo por debajo de los 10 km/h. El cable estaba diseñado para desenrollarse solo mientras el vehículo avanzaba, para evitar que se atascara o que el aparato lo pisara o se enredara en él. Tenía unos 1,6 metros de largo por 1,2 de ancho.

Uso en combate

Como ya se dijo, su diseño comenzó aproximadamente en 1940, aparentemente se lo terminó de diseñar al año siguiente y a comienzos de 1942 ya estaba disponible. La Wehrmacht lo utilizó en todos los frentes desde ese año; sin embargo su uso estaba especialmente enfocado en las unidades de ingenieros de combate y de tanques. Se trataba por lo tanto de equipo de demolición que, por su costo, no estaba disponible fácilmente para cualquier tipo de unidad.

A pesar de su uso y producción relativamente amplia, se hicieron famosos en dos combates que sucedieron muchos meses después de su entrada en servicio: en los desembarcos de Anzio, en Italia, en abril de 1944, y en el Levantamiento del guetto de Varsovia, cuando sus habitantes intentaron quitarle a los alemanes el control de la ciudad.

Esto se dio porque ambos eran escenarios especiales, en donde las capacidades del Goliath eran perfectas para la ocasión. En Anzio fue utilizado para la voladura de depósitos de municiones, ya que en este caso muchos de ellos estaban sobre la superficie. Mientras tanto, en la lucha callejera de Varsovia, se los utilizó para destruir las barricadas que erigían los defensores. Su uso puso a salvo a muchos soldados, que de otra manera hubieran tenido que montar asaltos para proteger a los ingenieros de combate necesarios como para colocar y detonar las cargas en dichas barricadas.

También se los vio en otras batallas muy famosas, como la que tuvo lugar en las playas de Normandía en el Día D. Sin embargo, en este caso no pudieron realizar su trabajo muy efectivamente, ya que la mayoría quedó inoperativo debido a las enormes barreras de artillería que los aliados: los estallidos cortaban los cables o los sacudían tanto que dejaban de funcionar. Los Aliados también encontraron un pequeño número de estas minas autopropulsadas durante la invasión del sur de Francia, pocas semanas después, y se conoce al menos un caso exitoso para el bando alemán, en el cual se destruyó un vehículo aliado.

Su uso, relativamente extenso, hizo que se fabricaran en gran cantidad, totalizando 7.564 unidades. Sin embargo, ciertas características hicieron que no fuera tan exitoso, y que su efectividad en el campo de batalla no fuera muy grande.

En primer lugar, era caro, algo que se solucionó con el modelo con motor de combustible, pero que siguió siendo un problema cuando la guerra empezó a decantarse por el bando aliado. Siendo un arma que solo se usaba una vez y que no podía recuperarse ni siquiera en parte, debía ser utilizada solo en ciertos casos muy particulares.

En segundo lugar, era lenta: moviéndose a apenas unos 10 km/h, en muchos casos era fácil de ver y escuchar por los defensores, haciendo relativamente fácil apuntarle y destruirlo con fuego de armas portátiles, ya que su blindaje no era muy fuerte. Su cable era otro punto débil: las explosiones podían cortarlo e incluso un buen francotirador podía hacer lo mismo si tenía tiempo suficiente.

Tampoco ayudaba que fuera relativamente grande, lo que lo hacía más visible y también imposible de transportar por una sola persona. Se requería un equipo especializado, porque era un arma especializada: si bien su efecto era muy grande al alcanzar el blanco, la mayoría de las veces no lo hacía por alguna de las causas ya mencionadas.

Esto hizo que muchos fueran capturados por los Aliados, por eso hay varios en diversos museos militares. Luego de ser examinados minuciosamente, la inteligencia militar no les dio mucho valor, y a nadie se le ocurrió copiarlos o desarrollar una alternativa mejor, lo cual hubiera sido tal vez la mejor idea. Muy lejos de esto, algunos todavía operativos fueron utilizados por la Fuerza Aérea del Ejército de EEUU para remolcar aviones (obviamente sin su carga explosiva). Sin embargo, este uso improvisado se terminó rápidamente, cuando los Goliath comenzaron a romperse: habían sido diseñados para ser usados una sola vez, y no para el uso constante.

Desestimar este arma tal vez fue un error: los misiles antiaéreos alemanes no eran perfectos pero eran el tipo de armas que, al estar en sus inicios, todavía tenían mucho potencial. Actualmente, vemos en el campo de batalla una creciente robotización, que está generando todo tipo de drones: el Goliath es el abuelo de todos ellos, siendo tal vez el padre de muchos otros aparatos similares que, irónicamente, se vienen utilizando desde hace años para manipular y desactivar aparatos explosivos a control remoto, desde distancias seguras.

Así como algunos grupos terroristas han intentado utilizar este tipo de aparatos explosivos manejados a distancia, algunos gobiernos piensan utilizarlos como vehículos de exploración, ligeramente armados. Es razonable pensar que, si el Goliath no hubiera sido desestimado, durante la Guerra Fría se podrían haber adelantado muchas investigaciones que recientemente se están retomando.