Pistolas de asalto

El concepto de “pistola ametralladora” no es nuevo: desde que la pistola semiautomática alcanzó la madurez, casi todo diseñador intentó alcanzar este nuevo logro.

Esta búsqueda fue una de las más largas y competitivas de todo el siglo XX. Pero ni siquiera John Moses Browning, uno de los dioses de los diseñadores de armas, pudo lograrlo. Según se dice, sus observaciones le dijeron que una pistola realmente automática sería siempre incontrolable, al punto de ser un arma inútil porque resultaría imposible de apuntar luego del primer disparo.

El problema era que, cuanto más pequeña es el arma, es también menos pesada. Y es obvio que una pistola liviana disparando en modo automático se haría incontrolable, porque el peso y el tamaño del arma misma es algo que siempre ayudó a hacerla más estable y fácil de empuñar. Al mismo tiempo, al reducir el tamaño, por motivos mecánicos, se aumenta la cadencia de fuego: los mecanismos tienen menos espacio para recorrer, y por lo tanto repiten el ciclo de disparo más rápidamente.

Las dos cosas combinadas hicieron que prácticamente todos los intentos por lograr una pistola realmente automática, fácil de operar y disparar, precisa y confiable, fallaran. Sin embargo el interés se mantuvo durante todo el siglo XX, pensando en diferentes artilugios que ayudaran a hacer controlable el arma. Y es que el concepto prometía mucho.

Uno de estos intentos fue la culata plegable o removible, ya ensayada en las pistolas alemanas Mauser C-96 y Luger P-08 de antes de la Primera Guerra Mundial. Estas raras mezclas de carabinas y pistolas eran una muestra de lo que vendría. La Luger no podía hacer disparos en ráfagas, a diferencia de la Mauser C-96, que sin embargo era imposible de disparar de esta manera a menos que se usara la culata. A cambio de esto prometían ser un poco más precisas y a veces, dar más alcance. Sin embargo, fueron relegadas como curiosidades. Después de la Segunda Guerra Mundial los soviéticos volvieron a intentar este concepto con la pistola Stetchkin, que pretendía reemplazar tanto a las pistolas como a los subfusiles.

Pistola Luger con cargador de sartén y culata removible. Era uno de los aparatosos intentos de principios del siglo XX tendientes a crear una carabina y luego un subfusil a partir de una pistola. Al igual que las ideas montadas sobre la Mauser C-96, no fueron nada prácticas y quedaron como una curiosidad histórica.

Esto no fue posible, de manera que se siguieron fabricando subfusiles por un lado y pistolas por el otro. Las armas dedicadas, que no podían funcionar como comodines, seguían siendo más confiables y precisas.

Sin embargo, la idea de crear un híbrido funcional entre estos dos tipos de armas llevó a la creación de una incipiente clase de pistolas de asalto. Este nombre suena un poco mejor que el de pistola ametralladora, que es demasiado exagerado. De todas maneras hay, como siempre, problemas con los conceptos.

Es necesario aclarar que en EE.UU. se llama pistola automática (ya que todo el proceso de disparo es automático, solo hay que apretar el gatillo) a lo que el resto del mundo llama pistola semiautomática (para no confundir, porque cada vez que se quiere disparar, hay que volver a apretar el gatillo). De manera que, para evitar confusiones, en este artículo se utilizará, al igual que en otros textos, el término de pistola de asalto, para referirse a las pistolas que pueden disparar varios proyectiles sucesivos con una sola presión del gatillo. Los estadounidenses se refieren muchas veces a las pistolas de asalto como machine pistol (denominación que también utilizaron los alemanes a veces, machinenpistolen), lo cual muchas veces se traduce erróneamente al castellano como “pistola ametralladora” (lo cual es una exageración). Otra denominación a veces usada en inglés, en este caso más preciso, es burst fire pistol (pistola de disparo en ráfaga).

Sin embargo, las diferencias de criterio no son solo de nombre. Mientras los diseñadores europeos piensan en armas más parecidas a las pistolas, los estadounidenses hablan de pistolas de asalto cuando se refieren a subfusiles cortos o incluso a fusiles empequeñecidos de diversas maneras. Muchos diseños de EE.UU. son realmente extravagantes, por decir poco, aparatosos híbridos formados de otros diseños, que no son realmente pistolas de asalto, sino subfusiles o fusiles cortos, casi imposibles de usar con una sola mano debido a su peso y tamaño.

A medio camino se quedan otros diseños no enmarcados en ninguna tendencia mayoritaria de pensamiento. Los israelíes por ejemplo, luego del éxito de su subfusil Uzi, produjeron dos versiones menores. La mini-Uzi y la micro-Uzi surgieron en la década de 1980, pero no dejan de ser subfusiles pequeños, que todavía conservan culatas plegables especiales. A pesar de todos los esfuerzos hechos por los diseñadores, no dejan de ser poco controlables a la hora de disparar y tienen que ser usadas a muy corta distancia, por personal bien entrenado en su uso.

Con el tiempo los diseñadores de todo el mundo se dieron cuenta de que era realmente difícil pensar en armas tan pequeñas, de puño, que pudieran disparar ráfagas completas, y por eso se abocaron a la creación de armas que lanzaran pequeñas ráfagas de tres disparos.

Fue así que, aunque las diferencias de criterio siguen existiendo, se tiene un criterio más generalizado acerca de a qué nos referimos cuando decimos pistola de asalto. A continuación veremos tres de los casos más famosos y exitosos, que marcaron algún hito en la historia de este concepto durante el Siglo XX.

Heckler & Koch VP70

A pesar de lo que muchos piensan, fue la VP70, y no la Glock, la primera pistola en el mundo con un marco hecho a base de polímeros. Este diseño nació así, revolucionario, desde el comienzo; no es raro que su origen sea la famosa compañía alemana Heckler und Koch, que luego se hizo famosa en gran medida por lo arriesgado de sus diseños, dentro de la ortodoxia generalizada de la industria. La VP70 apareció en 1968 como un proyecto más, pero hundía sus raíces directamente en la Segunda Guerra Mundial. Heckler y Koch habían sido diseñadores de la conocida fábrica de armas Mauser, en Oberndorf.


La VP70Z es la versión civil, que no puede hacer disparos en ráfaga.

Allí, casi al final del conflicto, se había estado trabajando en una pistola que fuera lo más sencilla de fabricar y usar, para dotar a toda la población de una defensa frente al avance soviético. De allí derivaba el nombre del diseño, VP (por «Volk Pistole», pistola del pueblo). Sin embargo, este proyecto no llegó a ninguna parte debido a la derrota alemana. La VP70 había sido diseñada por Helmut Weldle, uno de los mejores ingenieros de H&K, y por Alex Seidel, el tercer miembro co-fundador de la compañía. El número 70 apareció luego, cuando comenzó a fabricarse en 1970.

Se trataba de un arma totalmente adelantada a su tiempo, y esto fue en parte lo que la condenó a su desaparición. La VP70 inauguró la clase de las pistolas de asalto.

Así, como cualquier arma de puño, solamente disparaba un proyectil por vez. Pero si se le agregaba una culata especial, se convertía en un arma que disparaba en ráfagas de 3 disparos consecutivos.

Configuración general

Se trata de una pistola de doble acción, o sea que no hay que montarla para que dispare. Carece de martillo y funciona por aguja percutora. No dispone de ninguna clase de seguros, porque el arma está pensada solamente para que se dispare si el gatillo es presionado; no se activa por caídas o golpes bruscos. El problema es que por lo tanto el gatillo es muy duro, lo que se compensa con un guardamonte grande en donde caben dos dedos. El único seguro es un botón en la parte trasera del guardamonte, que inhabilita el gatillo.

El mecanismo de disparo es por inercia. El cajón de dichos mecanismos está hecho de material sintético y tiene solamente 4 partes móviles. El cargador permite llevar 18 proyectiles, lo que ayuda mucho si el arma tiene que dispararse en modo de ráfagas de 3 disparos. Recordemos que en la época de este diseño, los cargadores de 9 mm Luger Parabellum no superaban generalmente los 12 cartuchos.

Pero otro gran adelanto de esa época era su estructura completamente hecha de polímeros sintéticos. Este material de alto impacto fue probado duramente y logró resistir hasta 200º de temperatura sin deformarse. Sin embargo hay partes de metal, además del cañón, como la corredera. Se trata en suma de un arma fácil de producir, tal como pretendía ser su diseño anterior.

La VP70M era el único modelo capaz de llevar la culata que permitía el disparo automático en ráfagas. Nótese el selector en la parte superior, que solo marca 1 o 3. Una de las características de este arma era la ausencia casi total de seguros y partes externas móviles.

Ráfagas a 2.200 disparos por minuto

La VP70 fue la primera pistola de asalto, a pesar de su limitación a 3 disparos rápidos. Esto solamente era posible si se le adaptaba una culata a la parte trasera, convirtiéndola en una especie de carabina pequeña. Recordemos que no era la primera vez que se hacía esto: tanto la Mauser C-96 como la Luger tenían versiones de este tipo. La versión civil de la VP70, la VP70Z («Zivilversion») no podía llevar esta culata, y la VP70M («Militär») era la única que tenía los orificios necesarios en la parte trasera.

En la culata (hecha casi totalmente de material sintético) se encontraba un selector de disparo, que tenía solamente dos posibilidades: 1 y 3. Es importante aclarar que el uso de la culata no era solamente para darle más control al diseño cuando disparaba. Sin este aditamento era totalmente imposible el disparo automático, debido a que los mecanismos no lo permitían. La culata tenía en ella el selector de disparo, y si no se la insertaba correctamente, la pistola no disparaba más que un proyectil por vez.

Una curiosidad de dicha culata era que servía también como estuche. Siendo hueca en su mayor parte, se podía guardar en ella a la pistola completamente lista para la acción y sacarla para utilizarla en pocos segundos.

En modo automático, la VP70M tenía una cadencia de tiro teórica de 2.200 disparos por minuto. Esto generaba sin duda un gran estruendo, y el arma sufría un gran stress para el que estaba diseñada.

Disparo de la VP70; previamente el tirador la saca de su espacio en la culata para montarla sobre la misma.

¿Demasiado poderosa?

Como se dijo antes, la ruina de la VP70M fue prometer demasiado, en un momento complicado de la historia. Al principio fue un gran suceso, y la fábrica concretó ventas a varias fuerzas armadas y policiales de Asia y África. Por seguridad, para el mercado civil se hizo la VP70Z, que no podía bajo ninguna circunstancia hacer fuego automático. Sin embargo, pronto comenzaron los problemas. A muchos organismos de seguridad les preocupaba que este arma pudiera caer en manos equivocadas. Si un terrorista de la época podía crear caos con una pistola semiautomática, ¿qué haría con una capaz de disparo automático, aunque fuera solamente en ráfagas cortas y usando una culata removible?

Sin duda se exageró demasiado el poder del arma, que no era una ametralladora de mano ni nada similar. La culata la convertía en más aparatosa que una pistola convencional, y bien utilizada podía servir a cualquier fuerza de seguridad del mundo. A pesar de esto, muchas fuerzas de seguridad europeas comenzaron a preocuparse seriamente por la VP70M. Tal vez en un esfuerzo por ganar un mercado menos suspicaz, la H&K fabricó unas 400 unidades en calibre 9×21 mm IMI, que se salían de ciertas legislaciones sobre armas, y este modelo fue puesto a la venta en Italia principalmente (aunque algunas aparentemente llegaron a EEUU). Mantenían la culata, pero esta no permitía el disparo automático.

Pero nada se pudo hacer para mantener la VP70 en producción. Varias versiones dicen que esta se detuvo en la década de 1980, pero no hay una fecha cierta. Algunos dicen que fue en agosto de 1989, pero otros dicen que fue varios años antes. Sin embargo, aparece en el proyecto para reemplazar a la Colt 1911 en las FF.AA. de EEUU mediados de los 80s, dando, por cierto, resultados bastante malos.

Y es que en realidad, algunos dicen que la VP70 no terminó de cumplir con todo lo necesario para ser una pistola de asalto exitosa. Una de las quejas recurrentes es que, para el disparo en ráfaga, había que hacer mucha fuerza para mover el gatillo, lo cual era poco práctico y dificultaba el agarre preciso. Además, aunque era precisa en modo semiautomático, en pruebas de tiro generalmente la ráfaga se dispersaba bastante, y requería mucho entrenamiento el centrarla más, asegurando que todos los proyectiles impactaran el blanco y lo hicieran relativamente cerca.

Prueba de disparo de la VP-70M en un campo de tiro. El tirador muestra como, en disparo semiautomático, es capaz de dispararle a objetivos individuales a unos 10 metros de distancia, pero le resulta casi imposible hacer lo mismo con el modo en ráfaga, o también agrupar impactos en una silueta.

Beretta 93R

Este diseño italiano tomó la posta en materia de pistolas de asalto, cuando la VP70 alemana comenzó a tener problemas de imagen. Se trata de un arma directamente derivada de la exitosa y famosa Beretta 92, que está en servicio en Italia y hasta logró romper definitivamente el reinado de la Colt .45 en las Fuerzas Armadas de EE.UU.

Al igual que el diseño de H&K, este arma puede hacer solamente ráfagas de 3 disparos. Pero tiene una diferencia sustancial: utiliza una culata separable, y puede disparar de manera automática sin ella, aunque esto esté contraindicado por la empresa.

Un primer plano de la Beretta 93R nos muestra sus principales características. Nótese el cargador largo, para aumentar la capacidad de disparo. Por lo demás, externamente es muy similar a la 92, con la gran excepción del pistolete (plegable bajo el cañón) que, ubicado delante del arco guardamonte, permite asir mejor el arma cuando se dispara en modo automático. El cañón más largo con bocacha apagallamas solo se incorporó en los primeros modelos.

Configuración general

Para facilitar el agarre del arma, especialmente cuando hace fuego automático, se diseñó una empuñadura más sencilla y compacta. Está pensada para que el usuario utilice sus dos manos: la derecha tomando el arma y apretando el gatillo, y la izquierda asiendo una pequeña manija que se pliega debajo del cañón. El pulgar izquierdo debe en teoría introducirse en la parte delantera del guardamonte mientras que el resto de la mano sostiene el arma. De esta manera la pistola es un subfusil en miniatura.

Para facilitar más el disparo en ráfagas, el cañón alargado del arma tiene un freno de boca ingenioso, que también actúa como bocacha apagallamas. Sin embargo este detalle parece corresponder solamente a las primeras unidades, y fue rápidamente abandonado.

La culata es opcional, aunque la empresa dice que es mejor usarlo, debido a que la pistola es muy temperamental en disparo automático. Viene en una funda especial, y tiene dos modos de extensión, para adaptarse a diferentes tipos de tirador.

Hay dos tipos de cargadores disponibles: de 15 disparos y otro de 20, que se reconoce instantáneamente porque sobresale un poco de la empuñadura, por debajo.

En acción

Según se dice, en modo automático la Beretta 93R es bastante precisa, debido a las ideas que se han incorporado en materia de ergonomía. Uno de los más señalados es el pistolete delantero, que mejora la antigua postura de asir la pistola con las dos manos. Esta práctica, muy aceptada en EE.UU. y en otros países, tiene el inconveniente de que las dos manos terminan haciendo mal el trabajo, cerrándose sobre una empuñadura demasiado grande. Con el pistolete se mejora la performance, ya que las dos manos se separan y así hacen más fácil de controlar al arma.

La Beretta 93R despertó, al igual que la VP70, muchas discusiones. Al igual que el caso anterior, se trataba de un arma excelente. Sin embargo encontró algunos problemas técnicos. Hacia mediados de la década de 1980 todavía estaba en proceso de desarrollo y no había salido al mercado. Aparentemente esto se debe a que el sistema de disparo era demasiado complicado. El mantenimiento y las reparaciones no podían llevarse a cabo «en casa» y necesitaban de personal adiestrado de la fábrica.

Esto reducía sin duda su atractivo comercial y militar, y finalmente el proyecto parece haber sido abandonado. Aunque la pistola no aparezca desde hace tiempo en el catálogo de la empresa, aparentemente ciertas unidades de seguridad italiana la utilizan.

Animación en 3D que muestra los componentes de la Beretta 93R y cómo dispara en sus diferentes modos.

Glock 18 y 18C

Derivada, como toda la familia, de la ya superfamosa Glock 17, este arma parece ser, realmente, la primera pistola de asalto del mundo, con todas las letras.

La Glock 17 fue, luego de la VP70, la segunda pistola en hacer un uso intensivo de materiales sintéticos. Tanto fue así que se corrió el rumor de que era posible hacerla pasar sin problemas por los detectores de metales de los aeropuertos, lo cual es totalmente falso. Después de todo, todavía el cañón y las municiones son de metal, entre otras piezas.

Uno de los primeros modelos de la Glock 18, con muescas en el cañón largo.

Esta revolucionaria pistola posee una gran sencillez de uso. Curiosamente no tiene seguro externo, a pesar de que hay tres sistemas diferentes para que la pistola no se dispare al ser golpeada (por ejemplo, si se cae). La Glock 17 solamente hace fuego si alguien aprieta de su gatillo.

El éxito de este arma hizo que su empresa fabricante comenzara a sacar versiones especiales, recamaradas para otros calibres como el .45 ACP o el 10 mm, para tiro de competición, para defensa personal, etc. Se tratan por lo general de «copias» de la Glock 17, que aprovechan la gran mayoría de sus piezas para ahorrar costos y ganar en calidad, pero difieren en pocos aspectos del modelo madre.

La pistola resultó tan buena que comenzó a ser usada por muchas fuerzas policiales. Fue así que la unidad antiterrorista EKO Cobra, de Austria, le pidió al fabricante que diseñara para ellos una versión totalmente automática del arma. La Glock 18 y 18C no están disponibles para civiles y en algunos países se requiere tener licencias especiales para poder comprarla y usarla.

La primera pistola de asalto del mundo

La Glock 18/18C aparece en el sitio institucional de Glock como «full automatic pistol», esto es, pistola completamente automática.

Esto lo logra sin hacer uso de ninguno de las tantos agregados ensayados por diseñadores anteriores. Sin culatas removibles, sin pistoletes, sin selectores de ráfagas cortas, ni nada parecido. La Glock 18/18C dispara hasta que no quedan balas, y es controlable usada a dos o a una mano.

Excelente imagen de una Glock 18C con cargador largo. Esto permite un uso más intensivo en las operaciones. Con el cargador de 17 disparos, la pistola se descarga muy rápidamente, a menos que el usuario esté bien entrenado. Obsérvese la diferencia de empuñadura con respecto a la 18, el modelo primitivo. La 18C posee los compensadores montados directamente en la corredera, de manera que las muescas del primer modelo no son visibles ni sobresale el cañón de la corredera.

La diferencia más esencial con respecto a la Glock 17 es un selector de disparo en la parte izquierda de la corredera. Por lo demás, las armas son muy similares en aspecto.

Las otras diferencias corren por parte de los dos diferentes modelos. La Glock 18 es el modelo más primitivo. Tiene el cañón más largo que la corredera, con tres muescas al final que actúan como compensadores para manejar mejor el culatazo.

El modelo 18C, más nuevo, tiene cuatro compensadores integrados en la corredera. Están ordenados en dos parejas; la más cercana al cargador es estrecha, mientras que la segunda pareja es más ancha. Esto permite mejorar todavía más el control del arma cuando entra en acción.

Disparo realmente automático

El selector de disparo es similar a cualquier otro de pistola, solamente que agrega la posibilidad de disparo automático. No hay opción para ráfagas cortas: el selector solo permite elegir entre disparos individuales o automáticos. Está localizado al final de la corredera, y gira sobre una pieza circular.

Una vez seleccionado el modo automático y apretado el gatillo, el arma vacía el cargador en un abrir y cerrar de ojos. Esto se debe a la enorme cadencia de disparo, de entre 1.100 y 1.200 disparos por minuto.

Una Glock 18C con culatín removible, la opción ideal para equipos especiales de la policía. Obsérvese cómo se inserta en la parte posterior de la empuñadura, detrás del cargador. Esto permite que el policía tenga la opción de usarla tanto como arma de asalto o como semiautomática.

Esto presentaba un pequeño problema para los cargadores standard de cualquier pistola 9 mm, que tienen un máximo de entre 17 y 21 disparos. Para la Glock 18/18C la empresa diseñó cargadores especiales de 33 disparos. Así se soluciona el siempre presente problema de la falta de munición en armas que disparan tan rápido.

El defecto es que el cargador de 33 disparos es realmente grande, sobresaliendo de la empuñadura ostensiblemente. Pero es un detalle menor, ya que puede usarse como respaldo junto con uno convencional de 17 disparos, que es el mismo que usa la Glock 17.

Según dicen los entendidos, el espectáculo de disparar una Glock 18/18C es realmente único. Por un lado las llamaradas de los compensadores, y por el otro, una lluvia de cartuchos vacíos volando hacia todas partes. El culatazo no parece ser algo que afecte seriamente la puntería o la mano del usuario.

Un tirador dispara casi 300 municiones al hilo con una Glock 18C con culatín. Una muestra de efectividad y confiabilidad.

Facilidad y precisión de uso

Impresionante imagen de una Glock 18C en acción. Pueden verse claramente las llamaradas que salen de los compensadores, montados directamente sobre el cañón y la corredera (que todavía ni siquiera ha comenzado a moverse).

Según dicen quienes la han probado intensamente, la Glock 18 es un arma sencilla de usar, que requiere entrenamiento, pero no demasiado. Sin embargo, la 18C aparentemente es todavía mejor, ya que el diseño de los compensadores integrados a la corredera es mucho más ingenioso y preciso. La gran ventaja sobre todos los diseños anteriores que ni siquiera salieron al mercado es que la Glock 18/18C es un arma realmente automática, y no puede disparar ráfagas cortas. Con algo de práctica se puede aprender a disparar ráfagas de tres, cuatro o cinco proyectiles, pero eso es a elección del usuario.

La Glock 18/18C es muy precisa, sobre todo hasta los 30 metros, y rompe muchos de los prejuicios sobre las pistolas de asalto, que ya eran calificadas como muchos como imposibles de construir. Compacta, precisa y fácil de usar, es también un arma convencional, sin ningún tipo de pieza o accesorio extraño a su clase.

¿Reemplazar a los subfusiles?

Sin duda una de las metas de las pistolas de asalto era ese, al menos en parte. No hay duda de que en ciertos ambientes un subfusil tiene grandes ventajas, como puede ser en un campo de batalla, ya que da mejor alcance y precisión, además de permitir usar munición de fusil (como sucede cada vez más frecuentemente en los nuevos diseños).

Sin embargo, hay situaciones en donde un subfusil es un aparato algo engorroso. Por mucho tiempo, los guardaespaldas de grandes personalidades o los guardias de seguridad de incógnito han usado versiones cortas de famosos subfusiles, como el MP5, o el mini-Uzi o micro-Uzi. Pero estos modelos tienen algunas desventajas intrínsecas a su diseño. Por un lado, siguen siendo muy grandes, ya que son simples versiones acortadas, no rediseños. Esto hace que un observador atento, como un potencial terrorista o secuestrador, pueda darse cuenta de que el guardia está fuertemente armado. Por otra parte, al ser más grandes son también más difíciles de sacar a la luz, estando escondido bajo sacos o ropas pesadas. Y es sabido que en ciertas situaciones, disparar medio segundo más tarde es disparar demasiado tarde.

Además, al no ser armas diseñadas desde la nada, a veces tienen problemas que sus versiones anteriores tenían en menor escala, pero ahora repotenciados. Una micro-Uzi es sin duda un gran arma, pero no es tan precisa como una Uzi, que es más pesada y maneja mejor el culatazo. Al perder peso y volumen, se pierde también precisión y facilidad de uso. Al utilizarla en ciertos contextos, el tirador puede llegar a herir o matar a otras personas, como es el caso del guardaespaldas en un lugar abierto.

Las pistolas de asalto no se piensan entonces como un arma militar de primera línea, sino para ciertos casos como el de las unidades que trabajan en la retaguardia, tripulantes de tanques o servidores de piezas de artillería, que pueden necesitar el apoyo de un arma de mano pero que no tienen espacio en sus funciones para cargar y mantener un subfusil. Otro de los campos en donde las pistolas de asalto son muy requeridas es el del contraterrorismo y las operaciones especiales. En estos casos, los comandos tienen que operar en ambientes muy cerrados, a muy corta distancia. En estas situaciones, la rapidez para apuntar cómodamente y disparar es fundamental, así como la seguridad de que el proyectil irá justo donde se lo desea (y si dos o tres golpean en ese punto, tanto mejor). En estos contextos, un arma más larga y pesada, como un subfusil, puede representar medio segundo de demora, el trabarse en algún sitio, etc.

Este fue el objetivo que se buscó durante décadas, y la VP70 y la Beretta 93R, aunque abrieron el camino, no lo lograron totalmente. La Glock 18/18C elimina todos de los inconvenientes previos (dificultad de manejo por la sobreelevación, escasez de munición, etc.) y termina logrando este objetivo.

El uso de compensadores en el cañón es sin duda la mejor opción. Los usuarios han manifestado que, incluso usando una sola mano, el arma es razonablemente controlable, sobre todo teniendo en cuenta su terrible volumen de fuego. Al parecer no es difícil hacer dos o tres impactos en el mismo blanco, una vez que uno se ha familiarizado con el ella. Claro que esto debe tomar un par de cargadores grandes, al menos. Pero es un precio bajo por un arma tan excelente. Es por eso que la Glock 18/18C puede reemplazar sin demasiados problemas a un subfusil en ciertas situaciones (no por nada su diseño fue solicitado por una unidad antiterrorista). Tan fácil de esconder y desenfundar como una pistola semiautomática cualquiera, esconde sin embargo el poder de hacer ráfagas controladas en espacios pequeños, incluso con una sola mano.

No hay otra arma en el mundo que haya podido demostrar esta cualidad, ni antes ni ahora. Por eso que la Glock 18 ya se ganó su espacio en la historia de las armas de fuego, junto con su hermana mayor, la Glock 17.

Sin embargo, como siempre sucede, no hay armas definitivas. La lista de prototipos y de propuestas para más pistolas de asalto continúan surgiendo, y seguramente en algún tiempo tendremos más ejemplos para comentar.

Familia de armas SA80 (L85, L86 LSW, L98 y L22)

Cuando uno piensa en ciertos países y sus ejércitos, recuerda la trayectoria de diseñadores, maestros armeros y una genealogía de armas que se remontan a muchos años atrás, todas garantías de calidad y confiabilidad. En el caso de Gran Bretaña y la Royal Small Arms Factory basada en Enfield, uno puede recordar la legendaria ametralladora Bren, de origen chechoslovaco, y el mítico fusil de cerrojo Lee Enfield que sobrevivió dos Guerras Mundiales con apenas algunos cambios, tan excelente era. Pues bien, en este caso, el SA80 es un excelente ejemplo… de cuando se rompe la tradición.

El SA80 demostró durante varias décadas ser una familia de armas problemática y poco confiable; un verdadero dolor de cabeza para una nación que se precia de tener uno de los ejércitos profesionales mejor entrenados del mundo.

El origen del desastre

El desarrollo del SA80 (abreviatura de Small Arms for 1980s, o sea, “Armas Ligera para los ’80s”) incluía en realidad tres sistemas muy emparentados: el fusil de asalto (L85), una ametralladora ligera de apoyo (LSW, la L86), y un fusil de entrenamiento para cadetes (L98), con capacidades limitadas.

Todo comenzó a fines de la década de 1960, cuando Gran Bretaña decidió adoptar un nuevo fusil de asalto, que reemplazaría, eventualmente, a la versión local del FAL belga, denominada L1 SLR, calibre 7,62.

En 1977, la OTAN anunció que probaría un nuevo cartucho standard para armas largas, que reemplazara al 7,62. La fábrica de Enfield, que era una empresa del estado inglés, decidió entrar en la competencia. Este cartucho, similar al del 5,56 mm, tenía sin embargo un proyectil calibre 4,85 mm. Sobre esta nueva munición, la fábrica diseñó un nuevo fusil de asalto, designado XL65; era similar en apariencia al EM-2, que había sentado las bases del diseño bullpup a finales de los 40s. Sin embargo, por dentro era muy diferente, similar al AR-18 estadounidense, aunque bullpup. De hecho, era tan similar que prácticamente era una copia sin licencia, lo cual trajo ciertos roces con los fabricantes originales.

Finalmente la OTAN decidieron que el mejor cartucho de los presentados era el de 5.56 mm, de manera que pasó a ser el cartucho reglamentario de la organización desde ese momento. En 1976, Enfield recamaró el proyecto del XL60 y lo llamó XL70.

Demasiada interferencia

Resulta importante, para comprender el desastre que luego fue el SA80, ver las condiciones en las que se desarrollaron los proyectos anteriores, que fueron sus antecedentes directos. La fábrica de Enfield se había creado hacia 1816 debido a la disconformidad que tenía el Ejército Inglés con las armas de fuego utilizadas en las guerras napoleónicas, que estaban hechos a mano. En este lugar se comenzaron a producir utilizando maquinaria más avanzada, refinando los procesos de producción.

Durante más de un siglo, la fábrica diseñó y produjo varias de las mejores armas de cada época, pero después de la Segunda Guerra Mundial comenzó su declive. Para 1963, la mitad de las instalaciones habían sido cerradas.

De esta manera, para cuando comenzó el diseño de los “abuelos” del SA80, gran parte del personal especializado de la época de la Segunda Guerra Mundial posiblemente ya no trabajaba allí. Se dice que los proyectos anteriores al SA80 fueron de mejor a peor: las primeras variantes del XL60 eran diseños interesantes, avanzados y efectivos, pero luego comenzaron a decaer.

Muchos problemas comenzaron en este punto. Existen muchas variantes del XL60 y del XL70, cada una con pequeñas particularidades y diferencias más o menos menores. Se abandonaba una idea y luego se la volvía a adoptar. Esto se debía a dos cuestiones que terminaron siendo mortales: los equipos de diseño cambiaban constantemente (algunos pocos se mantenían, otros iban y volvían, otros regresaban). Por si fuera poco, ni uno solo de los ingenieros responsables del diseño eran diseñadores de armas: nunca habían diseñado ninguna, y de hecho ni siquiera habían disparado antes un fusil. Esta falta de experiencia específica (que explica tal vez por qué copiaron un diseño existente) hizo que muchas buenas soluciones fueran descartadas sin reconocerse sus méritos y que se tomaran decisiones realmente malas para los futuros usuarios del arma.

Arrastrando problemas

Fue así que, cuando el XL60 pasó a ser el XL70 (luego de numerosas variantes, como ya se dijo), los errores que venían de años previos comenzaron a aglutinarse.

El proyecto original había sido pensado para la munición de calibre menor, por lo que algunas piezas fueron cambiadas pero otras que no lo fueron generaron problemas. Uno de ellos era la diferencia en la presión de los gases, pues la dinámica de los mismos dentro de todo el sistema de disparo había cambiado mucho por diversos factores (entre ellos, la munición un poco más grande y pesada), y no se hicieron los ajustes necesarios en piezas clave. Por ejemplo, los casquillos salían volando en diferentes direcciones al ser disparado en automático, ya que se calentaban cada vez más según aumentaban la cantidad de disparos, lo cual se solucionó agrandando la ventana de eyección.

Sin embargo, tal vez el mayor problema de fondo fue la falta de coordinación. Había tres proyectos superpuestos en la Royal Small Arms Factory, donde se llevaban a cabo los diseños y pruebas del futuro SA80. Esto hizo que muchas cosas se aprendieran dos o tres veces y que los ensayos se repitieran innecesariamente, generando sobrecostos y también confusión, a veces, entre los diseñadores.

Así continuó el proyecto durante años, siendo detenido en parte por la guerra de Malvinas de 1982. En ese tiempo se tomaron en consideración muchas críticas de usuarios de prueba y se hicieron diversos ajustes.

Las demoras hicieron que el arma se adoptara en servicio recién en octubre de 1985, bajo el nombre de SA80. Como dijimos previamente, este código genérico en realidad englobaba tres armas: el fusil de asalto L85A1, la LSW L86A1 (que se trataba de una ametralladora ligera de apoyo) y el fusil para cadetes de uso general L98A1. En general esta idea era buena ya que ahorraba costos y facilitaba la producción, pero también hizo que muchos errores se contagiaran a todas las armas por igual. Pero antes de analizar estos errores, veamos primero las características básicas del SA80.

Configuración general

Básicamente, el SA-80 es un fusil de asalto operado por gases. Lo que lo distingue es su configuración bullpup: su cargador está localizado detrás del gatillo. Esto permite acortar el arma desplazando hacia atrás el cañón, pero tiene como contrapartida la pérdida del centro de gravedad del arma. En el caso del SA80, este defecto se exacerba, ya que este fusil tiene la mayor parte de su peso en la parte posterior, dificultando un poco su uso. Tanto el L85 como la L86 son prácticamente iguales, por lo que su configuración es muy similar (la última tiene un cañón más largo y pesado y un bípode plegable). Nos referiremos al L85, que es el arma principal de la familia.

El receptor del L85 estaba hecho completamente de placas de acero estampado, reforzado con piezas de acero soldado y estampado. Curiosamente, el acero del receptor de los primeros modelos era algo delgado, de manera que podía ser abollado cuando el fusil era manejado de manera dura (como suele pasar con cualquier cosa utilizada en combate). Esto solía derivar en un malfuncionamiento del arma, o un atasco total.

El sistema de gases tiene un pistón de golpe corto, localizado sobre el cañón. El pistón de gas tiene su propio muelle de retorno. Este sistema tiene tres posiciones para el regulador de gas: la primera para el disparo normal, la segunda para el disparo en condiciones adversas, y el tercero para disparar granadas de fusil.

Otra de las fallas de diseño del sistema de disparo daba como resultado algo realmente nunca visto. Los casquillos disparados tendían a veces a no salir completamente del arma, volviendo a meterse en el mecanismo y por lo tanto causando peligrosas interrupciones del ciclo de disparo. Esto se solucionó cuando las armas fueron actualizadas al nivel L85A2, rediseñándose varias piezas, como veremos más adelante.

Sin embargo, hay un problema mayor con el sistema de eyección de los casquillos. A pesar de su configuración bullpup, el SA80, a diferencia de otros diseños de este tipo y época, no es ambidextro. La ventana de expulsión está del lado derecho y no puede cambiarse de lado, por lo que un tirador zurdo debe aprender, sí o sí, a disparar desde la derecha, ya que de otra manera los casquillos le golpearían la cara al disparar.

El cañón está pensado para disparar la munición 5,56 mm de la OTAN (más particularmente el cartucho SS109); pero tiene una bocacha apagallamas standard que le permite disparar granadas de fusil.

El L85 era alimentado por cargadores similares a los del M-16, con una capacidad de 30 proyectiles. No podían faltar las fallas también en este punto: los primeros cargadores de los L85A1 originales causaban problemas, al igual que el brocal en donde se insertan en el arma. Esta parte del arma, construida con placas de metal demasiado delgadas, tendían a cambiar de forma y abollarse, bloqueando el cargador. Tanto los cargadores como el brocal fueron mejorados en la configuración L85A2.

Como muchos de los fusiles de asalto contemporáneos, el L85 viene con una bayoneta que se puede utilizar montándola sobre el arma. Sin embargo, el diseño de la misma ha resultado ser otro más de sus varios errores.

Con un diseño que se remonta a las primeras bayonetas, esta tiene un mango hueco que se encastra directamente en la boca del cañón, estando la hoja desplazada a un costado, sobre un eje diferente. Esto hace genera dos problemas. En primer lugar, luego de algunos disparos, el mango del arma blanca está tan caliente que es muy difícil de remover, a riesgo de quemar las manos del usuario. En segundo lugar, al ser hueco el mango tiene menos fuerza estructural.

En general, se suele decir que lo único bueno que tenía el SA80 original es la mira telescópica SUSAT (Sight Unit, Small Arms, Trilux), de 4 aumentos. Ésta se coloca en un montaje que la hace rápidamente desmontable, en la parte superior del receptor, y tiene miras abiertas de emergencia incorporadas. Permite un disparo bastante bueno, sobre todo en la modalidad tiro a tiro, hasta los 400 metros aproximadamente, que es el alcance efectivo del arma. Se dice que un soldado equipado con este arma, aunque no esté muy entrenado, mejora bastante su puntería. Por otra parte, se dice que es prácticamente indestructible debido a su construcción robusta. Todo esto, claro, viene con un costo, además del económico: el sistema es pesado y le agrega todavía más peso a un arma que debería ser más liviana.

En conjunto, el arma tiene sus puntos fuertes pero también muchos puntos flacos, aparentemente debido a que los ingenieros responsables de su diseño no tenían mucha experiencia diseñando armas de este tipo. Sin lugar a dudas, uno de esos problemas generales es su peso. Como ya se mencionó, este arma fue creada en una fábrica con mucha experiencia en metal estampado, y por eso no se supieron utilizar los adelantos de la época en materiales sintéticos. Muchas piezas que podrían haberse hecho con materiales más livianos están hechas de acero, lo cual hace que el arma sea demasiado pesada para un fusil de su tipo. Una de las razones por las que se quiso reemplazar al FAL era conseguir un arma más corta y más ligera. El L85 cumple con la primera parte gracias a su configuración bullpup, pero termina pesando casi lo mismo que su predecesor y, con la mayoría del peso detrás del gatillo, requiere práctica para evitar que el arma se eleve en disparo automático.

Un uso y producción accidentados

Son muchos los detalles y errores que, con el tiempo, fueron encontrando los soldados británicos que utilizaban el SA80. No sorprende que el arma haya cosechado tanta mala fama, ya que las fallas no son simples cuestiones menores, sino errores de diseño (y en cantidad) que crearon, inexplicablemente, una de las peores armas de fuego de la época.

Al poco tiempo de ser aceptada en servicio, las tropas que comenzaron a probarla entre 1986 y 1987 empezaron a manifestar sus quejas. Estas quejas incluían:

  • piezas no lo suficientemente resistentes y fuertes;
  • el seguro del bípode de la versión LSW muchas veces no podía mantener sus dos piernas plegadas bajo el arma;
  • las piezas de plástico se derretían si eran rociadas con repelente de insecto (!!!);
  • las piezas de metal se oxidaban rápidamente en ambientes selváticos, de gran humedad;
  • los mecanismos eran muy susceptibles a las condiciones de mucho polvo y al ambiente ártico.
El SA80 en su versión L85A1, demostró ser uno de los peores fusiles de su tiempo. Las fallas que presentaba eran demasiadas y muy graves como para pasar desapercibidas.

Todo esto se daba mientras el arma estaba en producción; pero aparentemente en este proceso ya existían demasiados problemas como para tratar de corregir los del arma. La Royal Small Armas Factory de Enfield tenía experiencia fabricando armas en base a metal estampado, ya que en este arsenal se habían construido, por ejemplo, los subfusiles Sten, utilizados durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, estas armas tenían márgenes de error mucho mayores, porque estaban pensadas de otra manera, para ser baratas y además, relativamente grandes a pesar de ser compactas. En el SA80 era un arma de otra generación y requería mucho más atención al detalle ya que los mecanismos eran más pequeños. Esto hizo que las piezas producidas tardaran más tiempo en salir de la línea, y que muchas veces tuvieran que ser descartadas porque no cumplían con los parámetros de calidad más exigentes. Por si fuera poco, la cultura de trabajo dentro de la fábrica no era muy buena hacia los empleados y la moral se estaba deteriorando. La fábrica de Enfield venía en caída libre desde los 60’s. De propiedad estatal, estaba a punto de cerrar (lo hizo en 1988) y ser vendida a la empresa de capitales privados BAE Systems. Las reducciones de personal asociadas al proceso hacía que los empleados no se preocuparan demasiado por hacer bien su trabajo ya que no sabía si serían despedidos, transferidos a la empresa compradora, etc.

En esos años, la fabricación en Enfield se cerró (definitivamente; el L85 fue la última arma producida por esta renombrada fábrica de armas) y se muró a Nottingham, donde se suponía que se podrían crear armas de mayor calidad, con nuevas técnicas de fabricación. Sin embargo, solo unos pocos trabajadores de esta fábrica tenía experiencia fabricando armas de fuego y para colmo, muchas piezas se terminaron comprando en otras fábricas (en comparación, en Enfield se fabricaban unos 230 piezas; en Nottingham entre 15 y 20). Como estas piezas se compraban en escasa cantidad, había poco stock y se producían muchas demoras mientras se esperaba que llegaran las piezas nuevas para continuar el ensamblado. Esto empeoraba todavía más si los subcontratistas se demoraban o si sus piezas no cumplían con los standares y eran rechazadas.

Por todo esto, tomó casi una década completar el pedido oficial de unos 350.000 fusiles L85 (95% de la producción) y armas de apoyo L86 (5%). Se produjeron un total de 21.700 L98A1 para uso de los cadetes. A pesar de que el arma había manifestado ya muchos problemas, la línea de ensamblaje se cerró poco tiempo después (impidiendo que se utilizara para mejorar los fusiles) y la fábrica cerró en 2001.

Pero volvamos diez años atrás, cuando el Reino Unido, junto con varios países más, se aprestaba a invadir Irak. Allí comenzaron realmente a manifestarse los problemas del arma. Tanto el L85A1 como el L86A1 tuvieron allí su bautismo de fuego, y su desempeño fue desastroso. El primero tuvo problemas de confiabilidad en modo semiautomático, mientras que el segundo lo tuvo justamente en donde más se lo requería, en modo automático.

La lista de problemas y fallas era larga y lamentable:

  • El botón de retenida del cargador era ultrasensible, causando que constantemente el cargador se cayera del arma (!!!) Esto era especialmente grave ya que este botón rozaba el cuerpo del tirador mientras este disparaba, haciendo muy posible que durante el uso se perdieran las municiones. La Real Artillería resolvió esto en sus SA-80 poniendo un muelle más fuerte al mecanismo y quitando el frente del seguro del botón, haciendo que solamente la presión intencional expulsara el cargador.
  • la parte superior que cubre el mecanismo de gases era tan débil que constantemente se soltaba, de manera que los soldados tenían que pegarlo con cinta. De hecho, todo el material plástico era de tan mala calidad que tendía a cuartearse, obligando a que los soldados tuvieran que repararlo de manera improvisada, a riesgo de que el arma se desarmara.
  • los cargadores eran de aluminio, ligero pero muy débiles. Se decía que aplicando suficiente fuerza se los podía deformar apretándolos con la mano, impidiendo que salieran las municiones. Además, los resortes eran demasiado débiles, por lo que solo se podían cargar entre 26 y 28 cartuchos en un cargador diseñado para 30 (los que se usaban para la LSW). Como eran de un metal muy delgado, había que tener cuidado de que no se mellaran o doblaran los bordes que debían introducirse en el arma.
  • el L86A1 tenía un cargador demasiado pequeño para ser usada como ametralladora, y se sobrecalentaba demasiado luego de unos 120 disparos en ráfaga.
  • Las armas eran difíciles de desarmar y volver a ensamblar: algunas partes podían atascarse y para desatascarlas requerías a un armero especializado.
  • había problemas de ergonomía en diversas partes del mecanismo, como el seguro y el selector de disparo, entre otros. Más adelante se descubrió (durante operaciones en Sierra Leona) que parte del seguro había sido producido con material plástico inyectado de mala calidad, el cual se hinchaba cuando se mojaba. Esto hacía que, si se dejaba el arma con el seguro puesto por mucho tiempo, pudiera trabarse y quedar imposibilitada de disparar.
  • El sistema de gas era peligrosamente poco confiable. Si no se seguían estrictamente las reglas de mantenimiento, la parte del sistema que se llena de gas no generaba suficiente fuerza como para que el sistema funcionara adecuadamente. Esto acarreaba problemas de interrupción del ciclo de disparo.
  • Un agujero en la parte inferior de la bocacha apagallamas hacía que los gases de la combustión se dirigieran hacia el suelo, levantando polvo que delataba la posición del tirador, además de obstruir potencialmente su visión.
  • El arma tendía a oxidarse si se la dejaba poco tiempo sin mantenimiento.
  • El botón del seguro, hecho de material plástico deficiente, se volvía quebradizo en calor extremo.
  • Algunas piezas del sistema de disparo tendían a desgastarse rápidamente en modo automático, fracturándose si se los continuaba usando.
  • Hubo reportes de que algunos cañones se salieron al tratar de sacarlos del arma de un tirón.

Y no fue todo: el ejercicios y entrenamientos llevados a cabo en años inmediatamente posteriores, se siguieron encontrando problemas, por ejemplo en ambientes árticos. Uno de ellos era que el diseño del gatillo permitía que la nieve se acumulara y compactara detrás de la cola del disparador, haciendo que luego el tirador no pudiera disparar.

Pero apenas terminada la Guerra del Golfo de 1991, la situación era tan mala que el Ministerio de Defensa del Reino Unido solicitó inmediatamente un reporte, llamado LANDSET, que investigara la eficacia de las dos variantes del arma. Este reporte fue muy crítico. Directamente cuestionaba la aceptación del arma en servicio, citando varios problemas graves. Por ejemplo, ni el fusil ni la ametralladora de apoyo habían superado las pruebas de uso en ambientes con arena, y las dos se atascaban con regularidad. Los mecanismos de disparo tenían que estar siempre muy bien lubricados porque el arma podía fallar si se la disparaba “en seco”; pero al mismo tiempo, en un ambiente polvoriento, el lubricante tendía a adherirse al polvo y atascaba los sistemas.

Las fallas mencionadas más arriba solo son algunas de las manifestadas: en total el LANDSET identificó unas 50 (algunas más puntuales, otras más generales). El reporte concluía taxativamente que el SA80 no era confiable para las tropas: muchos soldados estaban seguros de que el arma se atascaría antes de terminar el primer cargador. Las causas de los atascos no tenían una causa fuerte identificable, y podían suceder en cualquier momento. Para algunos oficiales entrevistados, si los irakíes hubieran opuesto más resistencia, el número de muertos y heridos entre las tropas podría haber sido mayor.

El reporte LANDSET era un balde de agua fría para muchos, siendo que el desarrollo del arma había costado año, esfuerzos y dinero. Tal vez por eso, el gobierno trató de mantenerlo en secreto, pero afortunadamente para los soldados, alguien lo filtró a la prensa.

En los meses siguiente, sin embargo, el Ministerio de la Defensa británico negó todo. Primero se argumentó que el informe era falso, pero cuando la presión pública fue en aumento, reconocieron que era verdadero, aunque trataron de hacerlo parecer como exagerado, planteando que en realidad los problemas con el arma no eran tan graves. Recién en 1992 se comenzaron a buscar soluciones, pero de las 50 graves fallas, solo se trató de resolver un puñado.

El Ministro de DefensaGeoff Hoon, negó entonces que el equipo fuera deficiente, pero al mismo tiempo dijo que “cuando hablamos de un armamento por valor de 23.000 millones de libras al año, surgen problemas.”

La opción de comprar un nuevo sistema de armas, aunque se puso sobre la mesa, fue descartada rápidamente, tanto por razones políticas como económicas. Se decidió entonces tratar de buscar soluciones a los defectos de diseño, para lo cual se requeriría mucho menos dinero.

Sin embargo, el Ministerio de la Defensa británico continuó desestimando la gravedad de las falencias del arma. Solo en 1997, luego de años y años de constantes quejas de parte de las tropas y de constantes fallos en otras operaciones militares británicas, se decidió actualizar las mayoría de los L85 en servicio.

El L85A2 es un fusil mucho mejor, pero arrastra problemas de diseño y fabricación del L85A1 original.

Es por eso que en 1998 se le pidió a H&K que presentara propuestas para mejorar los fusiles. Esta solicitud puede parecer extraña, ya que siempre se vio a la famosa H&K (fundada por ingenieros alemanes después de la Segunda Guerra Mundial) como una empresa netamente alemana. Pero en esa época la empresa era propiedad de BAE Systems, consorcio británico que también poseía la (ahora cerrada) fábrica de Enfield, por lo que se consideró lo mejor: política y tecnológicamente, era la mejor opción. Sin embargo, en 2002 la empresa fue comprada nuevamente por empresarios alemanes.

Pocos meses después del pedido, los ingenieros de esta factoría volvieron con varias propuestas que permitirían elevar las dos armas principales del programa al standard A2.

Las mejoras

El programa de actualización ya mencionado, llevado a cabo entre los años 2000 y 2002, fue completada por Heckler und Koch. Para esto se decidió reabrir la fábrica de Nottingham, en donde se habían fabricado mucho de las últimas unidades.

Unos 200.000 fusiles fueron mejorados a la configuración L85A2, habiéndose producido en total unos 320.000 L85A1 (el resto se supone descartados por alguna razón, o simplemente no se actualizaron debido a problemas de costos; algunos fueron convertidos en la versión carabina L22). Esto costó aproximadamente 80.000 libras esterlinas (400 libras por unidad), una cifra más que importante. Sin embargo, hubiera sido mucho más caro comprar un arma totalmente nueva.

Finalmente, después de muchos años, el gobierno británico había comprendido la gravedad de la situación. El Ministro de Defensa inglés, Geoff Hoon, había aceptado que uno de los principales problemas era su uso en ambientes con climas extremos, por lo que se pidió que, como parte del programa de actualización, se probaran las armas en Kuwait y Alaska.

La silueta característica del L85A1 cambió mucho en la A2, que muchas veces fue reformado al cambiarse el guardamanos standard por uno como este, con pistolete y todo tipo de soportes para sistemas adicionales; en este caso, un puntero láser debajo del cañón. Este tipo de cambios, hasta donde se sabe, eran muy comunes en las fuerzas que fueron a luchar en Irak y Afganistán. (Foto: Andrew Linnett/MODLicencia OGL)

La confiabilidad fue la principal preocupación, y para eso se hicieron muchos cambios, algunos pequeños, otros no tanto. Básicamente, todos los mecanismos internos del arma se rediseñaron, refabricaron y cambiaron, desde el cañón hasta el gatillo. Podemos resumir estos cambios en tres partes:

  • las piezas de materiales sintéticos se rehicieron con materiales de mejor calidad, al igual que muchas piezas hechas con metal estampado de mala calidad. Es decir, son las mismas pero mejor fabricadas.
  • otras piezas fueron rediseñadas completamente porque no cumplían adecuadamente su función, como el gatillo (para que no volviera a atascarse con la nieve), el botón de retenida del cargador (ahora una pieza lo protege para evitar su accionamiento accidental), la ventana de eyección, el cargador, etc.
  • todas las partes nuevas, fueran o no similares a las anteriores, fueron marcadas con la leyenda “HK A2”, para diferenciarlas de las viejas y evitar que en la fábrica se mezclaran y volvieran a usarse piezas inadecuadas; además algunas se cambiaron de color para facilitar su identificación.

Lo único que quedó sin cambios fue la parte superior del receptor, para la cual se siguió usando la misma pieza. Todo esto permitió que los mecanismos del arma funcionaran mucho mejor, evitando sus frecuentes atascos. Esto hizo que el Ministerio de Defensa, ahora tal vez exageradamente, dijera que se había convertido en el arma de su tipo más segura del mundo.

Sin embargo, hay que reconocer que la confiabilidad del arma aumentó considerablemente: El L85A2 disparó en las pruebas un promedio de 25.200 proyectiles antes de fallar, mientras que la LSW disparó casi 13.000 antes de atascarse. Como la expectativa de vida mínima de los componentes del SA80 es de 10.000 proyectiles, esto significa que, teóricamente, nunca en toda su vida de servicio deberían fallar. Las diferencias en requerimientos es patente en la siguiente tabla:

Al L85A1 se le pidió disparar 120 proyectiles en 24 horas Al L86A1 se le pidió disparar 800 proyectiles en 24 horas.
Al L85A1 se le pidió disparar 150 proyectiles en 8 minutos 40 segundos. Al L86A2 se le pidió disparar 960 proyectiles en 36 minutos.

Al ver las fechas podemos ver que la mejora del SA80 no pudo venir en mejor momento para el Reino Unido. Las primeras unidades mejoradas fueron rápidamente puestas en servicio en Afganistán en diciembre de 2001. El proceso de reconversión de las 200.000 unidades duró hasta 2006 y fue bastante rápido: entre 300 y 400 se convertían cada mes, para ayudar a enfrentar la demanda que el arma tenía.

Sin embargo, no todas fueron buenas noticias. Mientras los reportes oficiales rezumaban optimismo sobre la medida, los reportes de campo de las fuerzas británicas, involucradas seriamente en la campaña de Afganistán en 2002 y luego en la ocupación en Irak, volvieron a ser desfavorables. La realidad era que estos informes eran exagerados. Algunas armas habían tenido problemas, principalmente de mecanismos atascados, pero estos casos habían sido aislados y estaban directamente relacionados a soldados que, por descuido o poco entrenamiento, no habían hecho un mantenimiento correcto del arma.

De todas maneras, la ametralladora de apoyo L86A2 no superó las expectativas. Por eso fue retirada de servicio progresivamente por un arma que aceptara munición alimentada por cinta, que terminó siendo la FN Minimi.

La L86 difería de la versión de fusil principalmente por su calón más largo y pesado, capaz de fuego en automático por mayor tiempo, y un bípode plegable. Esta es una versión A2, como puede verse, entre otras cosas, por el gatillo con la parte trasera
en forma de cuña. Curiosamente, posee un pistolete en la parte trasera. (Fuente:
Ministerio de Defensa del Reino Unido – Licencia OGL)

Sin embargo, el mucho mejor desempeño del fusil L85A2 llevó a que se recuperara la fe en el arma y se pensara, años después, en un nuevo programa de modernización, el A3.

Al parecer esta iniciativa fue parte de la H&K, quien ahora, teniendo un conocimiento mucho mayor del arma, planteó solucionar algunos problemas que surgieron o que se mantuvieron en los años de la guerra en Medio Oriente. El primer prototipo del L85A3 se mostró en septiembre de 2016, y un año después ya había armas funcionales. Como ya se habían solucionado los principales problemas, básicamente lo que implica el nuevo standard es reemplazar la parte superior del receptor (que era la misma de la versión A1, hecha de metal estampado de poca calidad) por uno nuevo y mejorado, que incorpora un sistema de rieles para poder montar todo tipo de dispositivos opcionales de tipo militar, como miras ópticas, punteros láser, linternas, etc. Algunos de estos cambios ya se habían ensayado en Irak o Afganistán.

De nuevo, la razón de proponer este cambio era que resulta mucho más económico mejorar un arma que comprar una nueva. Aparentemente en 2018 se aceptó esta propuesta de modernización, como parte de un programa de Mejoramiento de Media Vida. 5.000 armas se modificaron en un primer lote, con el gasto de 5,4 millones de libras esterlinas (se espera reconvertir las demás en el futuro). Se calcula que esto alargará la vida del arma más allá del año 2025.

Un arma poco exportada

El SA-80 no fue exportado a muchos países, y nunca en grandes cantidades. Muchas unidades pequeñas de territorios de ultramar británicos los recibieron pero solo después de un tiempo, y a veces en una sola de sus versiones. Como cada territorio puede elegir su propio equipo, muchas veces estos destacamentos compraban armas de otro origen, aunque también las recibían en pequeñas cantidades para labores de entrenamiento. Es bastante probable que algunos de estos gobiernos no los hayan adquirido al enterarse de sus problemas, pero luego de su actualización algunos cambiaron de idea.

Sin embargo, diversos países africanos y latinoamericanos (como Bolivia, Zimbawe, Sierra Leona, Nepal y Mozambique) los han recibido como parte de planes de ayuda militar. Estos estados los utilizan en unidades de policía o comandos militares. La única FFAA, además del Reino Unido, que utiliza oficialmente el SA-80 “a gran escala” en sus fuerzas armadas es Jamaica.

Otras versiones

Como ya comentamos, el programa SA80 incluye dos armas más: la ametralladora ligera de apoyo y un fusil de entrenamiento para cadetes. La primera solamente se diferencia del fusil por tener un cañón más largo y pesado, además de un bípode sencillo que se pliega bajo el cañón.

La producción de la LSW L86A1 fue escasa, comprendiendo solo el 5% de las armas producidas bajo el programa. La adopción de este arma estuvo relacionada a un cambio en la estrategia de infantería luego de las experiencias de la Guerra de Malvinas, en donde se demostró que tener ametralladoras y fusiles del mismo calibre pero con diferentes sistemas de alimentación (con cinta las primeras, con cargadores los segundos) era problemático. Se pensó que se podía lograr mayor flexibilidad de uso (el pelotón podía dividirse de más maneras) si tanto los fusiles como el arma de apoyo podían usar los mismos cargadores. Sin embargo, las experiencias de uso después de la introducción de la LSW no fueron, aparentemente, satisfactorias.

La L86A1, si bien fue actualizada al modelo A2, como la versión de fusil, tenía como problema que se quedaba rápidamente sin munición. Se intentó usar con ella cargadores de gran capacidad, pero no eran confiables, por lo que comenzó a ser retirada de servicio hace un tiempo, siendo reemplazada por la ametralladora FN Minimi, que es, irónicamente, alimentada por cinta. Aparentemente desaparecerá del servicio activo en 2019.

La versión de fusil para entrenamiento fue un caso aparte. El Ministerio de Defensa británico tiene a su cargo organizaciones juveniles que reciben entrenamiento militar limitado, con vistas a formar futuros soldados u oficiales cuando estos cadetes lleguen a edad adulta. Para estas organizaciones se creó el L98A1, el cual es básicamente una copia del L85A1 pero operado manualmente, incapaz de hacer disparo automático. Este modelo comparte el 90% de los sistemas del L85A1. Sin embargo, para hacerlas más sencillas y baratas, no incorporan la mira SUSAT. La idea es que los cadetes se familiaricen con lo básico de la operación del arma pero con un modelo simplificado, de manera que al recibir el modelo con todas las capacidades la transición sea más rápida. La versión L98A2 comenzó a aparecer recién en 2009, posiblemente debido a que la conversión de las armas para los soldados era prioritaria; para esa época comenzó a ser retirada la versión anterior. Hay que tener en cuenta que el principal inconveniente del L85A1 era su poca confiabilidad debido a problemas de todo tipo en el sistema de gases; la L98A1, al no poseerlos, si bien tenía problemas no los manifestaba tanto ya que no eran fusiles que entraran en combate real, ni podían disparar en automático. Además existe una versión adicional, la L103A2, que es un fusil desactivado, incapaz de disparar; esta se usa para entrenamiento de las cuestiones básicas de operación. Su única diferencia con las armas verdaderas es que tiene piezas externas de otro color para identificarlas y evitar confusiones y accidentes.

Durante el programa de actualización del 2000 se creó también una versión de carabina llamada L22, reconvirtiendo 2.000 fusiles preexistentes. Irónicamente, ya habían existido varios prototipos de carabinas basados en el L85 (incluso en su etapa experimental), pero ninguna había sido adoptada. Internamente es idéntica, pero tiene un cañón más corto que la hace ideal para tropas que operan en espacios pequeños o que necesitan armas de defensa de corto alcance, como conductores de tanques, por ejemplo. La diferencia más significativa es que tienen un pistolete integrado para mejorar el agarre y evitar que la mano pueda deslizarse delante de la boca del arma al dispararla. Todas fueron fabricadas directamente con los componentes de la actualización A2.

Miembros del equipo de abordaje del HMS Somerset realizan un ejercicio a bordo de una fragata tipo 23 (Fuente: Ministerio de Defensa de Reino Unido a través de
LA(PHOT) Abbie Gadd – Licencia OGL). La versión carabina se pensó para este tipo de trabajos en ambientes cerrados o para personal que la utiliza como arma de defensa. Obsérvese el acabado completamente negro y el pistoleteque se extiende debajo del cañón, para mejorar la operación e impedir que, por accidente, el usuario tome la bocacha apagallamas del arma, hiriéndose en el proceso.

Fe de erratas

Existe un mito que dice que la bayoneta del SA-80 se monta directamente sobre el cañón del arma, y que obtura la salida de los proyectiles, impidiendo disparar. Esto, como se ha dicho, es un mito, tan extendido que Casus Belli lo repitió involuntariamente en ediciones anteriores de este artículo. Esto se debió a que este dato figuraba en todas las fuentes utilizadas para la confección de este artículo. El mito se sustenta en gran medida en que las fotos que existen en Internet son pocas y se repiten de sitio en sitio. Estas fotos muestran a la bayoneta de costado y en ángulos en donde es imposible ver sus características distintivas. De esta manera al ver las fotos uno termina creyendo en el mito. Casus Belli pide disculpas por el error y aclara que la información ha sido corregida en el presente artículo, desmintiendo el mito para que los lectores lo pasen por alto si llegan a leerlo más adelante.

Especificaciones técnicas SA80
Calibre5.56 mm x 45 OTAN
Acciónoperador por gases
Alcance efectivo500 metros (con visor SUSAT)
Cadencia de fuegoAprox. 650 disparos/min.
Longitud total780 mm (709 en la versión carabina)
Longitud del cañón518 mm (442 en versión carabina)
Peso del arma sin cargador,
con visor SUSAT
4,13 kg
Peso total, con SUSAT y
cargador completo
5 kg
Capacidad del cargador30 proyectiles
Modalidades de disparoFuego seguro, tiro a tiro y fuego de ráfaga

Fuentes

SA80 en la Wikipedia (traducción parcial y adaptación)

Historia de la fábrica de Enfield en la Wikipedia (referencias generales)

El L85A1 en Forgotten Weapons (Youtube, en inglés)

El L85A1 versus el A2 y la futura versión A3 en Forgotten Weapons (Youtube, en inglés)

Las tres versiones de la carabina L22 en Forgotten Weapons (Youtube, en inglés)

El fusil para cadetes L98A1 en Forgotten Weapons (Youtube, en inglés)

Subfusil Owen

Corría el mes de julio de 1939 cuando un joven de 24 años, llamado Evelyn Owen, llevó su prototipo de un subfusil calibre .22 a las barracas de Victoria, en Sydney, Australia. Allí fue inspeccionado por oficiales de suministros; él explicó que se podía hacer con equipo poco especializado usando las partes de un fusil calibre .22. Pero los oficiales le dijeron a Owen que no podían aceptarlo en uso para el ejército a causa de que tenía un calibre bajo.

El joven, insistiendo, les explicó que el arma podía ser adaptada fácilmente para usar calibres más grandes y que solamente había elegido el .22 por conveniencia. A pesar de su insistencia, el arma fue rechazada: antes de la Segunda Guerra Mundial, el ejército australiano no se había dado cuenta de la importancia de los subfusiles para el uso de la infantería.

El ejército australiano siguió en su postura, poco interesado en el arma. Y cuando se dio cuenta de lo importante que eran los subfusiles, encargó rápidamente una partida de subfusiles Sten a las fábricas británicas. Las autoridades tardaron un tiempo, sin embargo, en darse cuenta de que, con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha, el ejército británico tenía derecho a usar todo lo que produjeran sus fábricas. Durante ese tiempo Owen no hizo más que insistir, y al aparecer este vacío, pudo persuadir a las autoridades militares para que probaran su proyecto, en 1940. El Owen fue aceptado, aunque el tema del calibre siguió siendo un problema: se produjo el arma en cuatro calibres hasta que se adoptó el ahora universal de 9x19mm Parabellum.

Subfusil australiano Owen. Las manchas no son a causa del uso, sino de la costumbre de pintar miméticamente el armamento.

Nadie seguramente supo en esa época todos los acontecimientos que vería esa arma tan extraña. Lo primero que nos permite reconocer fácilmente al Owen es la posición vertical superior del cargador, apuntando hacia arriba, colocado encima del cajón tubular del arma. Esta característica, poco vista en los subfusiles (incluso ahora), es solamente peculiar en apariencia, y se adoptó por su funcionalidad. A pesar de que presenta un ligero inconveniente para el tirador, ya que se desplaza la mira y el alza a la derecha del arma (lo cual es una solución algo incómoda), no es tan grave en el campo de batalla: los subfusiles no son armas de precisión y se mantienen al dispararse a la altura de la cadera. Incluso el arma que sustituyó al Owen, el X-3, en el ejército australiano, conserva esta característica.

Otro gran punto del Owen es su gran robustez y convencionalidad, que lo hacían muy confiables en cualquier circunstancia y clima: fue un arma tosca y segura que alcanzó por ello mucha fama. También la facilidad de uso y mantenimiento ayudaron en mucho: otra característica exclusiva del Owen es la posibilidad de sustituir rápidamente el cañón. A pesar de que no era tan necesaria, ya que para que se produjera la autocombustión del cartucho era necesario disparar una enorme cantidad de proyectiles, esta característica se conservó durante toda la producción del Owen. Solamente tirando hacia arriba un seguro operado por un resorte, justo delante de donde se inserta el cargador, el cañón se podía sacar. Este dispositivo es necesario, ya que el método de ensamblaje y construcción, el arma solamente podría ser desmantelada removiendo el cañón y luego sacando la recámara y el resorte de retroceso hacia adelante. Otra parte inusual del subfusil Owen es que el mecanismo de eyección está dentro del cargador y no del arma: los casquillos vacíos caen delante del gatillo.

Un detalle notable era que, en servicio, el Owen (como las otras armas) se recubría a menudo con barnices miméticos adaptados al terreno en el que se operaba: en el caso del ejército australiano (el Owen no fue utilizado por otras fuerzas armadas) era la jungla de Nueva Guinea, donde los soldados encontraron en el Owen el arma ideal para el combate de proximidad. Aunque era pesado y aparatoso, el Owen era un arma de primera clase y muy popular entre los que lo usaban; este subfusil resultaba sensiblemente más pesado que la mayoría de los modelos similares, pero las empuñaduras de pistola, tanto anterior como posterior, agilizaban notablemente su manejo. Se mantenía operando incluso en las durísimas condiciones de la jungla (humedad, barro, calor, etc.). Las fallas eran muy excepcionales, a pesar de los defectos que pudiera tener. Esto se debía también a su diseño: el compartimiento de la cámara estaba separado dentro del cajón, para que la cámara estuviera aislada del mango retractable por una pared pequeña, a través de la cual pasa la aguja percutora. Esto asegura que la suciedad y el barro no atascaran la cámara; aunque muy efectivo, el dispositivo ocupaba mucho espacio.

Durante la producción en serie, se llevaron a cabo algunas modificaciones: se eliminaron las aletas de refrigeración en la boca del cañón, se cambió la culata, realizada en varias versiones hasta quedar en una simple armadura metálica, o bien construida totalmente en madera, o la mitad en madera y la otra mitad en metal.

El Owen fue producido desde mediados de 1941 hasta 1945, llegando a las 50.000 unidades, sirviendo muy bien en el ejército australiano. Pero en 1952 se comenzó a fabricar de nuevo, probablemente debido a la falta de un arma mejor que llenara su lugar, como sucedía bastante seguido en esa época. En esta ocasión se le aplicó una larga bayoneta en la boca del cañón; aunque algunas versiones de 1943 llevaban una bayoneta más corta aplicada sobre un dispositivo tubular, las unidades fabricadas de esta manera eran muy pocas.

Un soldado del 5º Regimiento Real Australiano, con un subfusil Owen, observa la destrucción de la aldea de Long Tan, en Vietnam.

De esta manera el subfusil Owen participó muchos años más tarde en otra gran contienda mundial: la guerra de Vietnam. Aunque no hayan acaparado la atención de todas las cámaras del mundo, numerosos elementos de varias fuerzas de Australia participaron en la contienda, dando muestra de gran valor y eficiencia. Allí el Owen demostró una vez más su capacidad a pesar de algunos defectos que se pudieron encontrar y aunque fuera un arma muy anticuada. Para algunos las balas redondeadas eran poco útiles contra las pesadas ropas que utilizaban los guerrilleros vietcong; sin embargo, era un arma extremadamente confiable y no hay duda de que en los cerrados combates que se sucedieron en la jungla contar con un arma ruda y de alta capacidad de disparo le salvó la vida a más de uno.

No hay duda de que la historia de esta arma, ideada por un joven como cualquier persona y construido con mucho ingenio en un sótano, es un ejemplo de cómo un proyecto que parece inalcanzable puede llegar a ser realidad de la manera más espectacular. A pesar de las críticas y quejas de las autoridades militares de su época, Owen pudo finalmente cumplir su sueño de servir a su patria; ¡y de qué manera! Nada más que dándole un gran arma en el momento de gran necesidad, tan buena que incluso pudo ser usada confiablemente casi tres décadas más tarde.

Calibre (mm)9 x 19
Largo (mm)813
Largo del cañón (mm)247
Cadencia de fuego (d/m)700
Velocidad de salida (m/s)420
Cargadorvertical de 33 disparos
Surcos7, a la derecha
Peso vacío y sin cargador (kg)4,21
Peso completo (kg)4,815

Fusil de asalto Stoner 63

El Stoner 63 fue un arma mítica en Vietnam, alcanzando una reputación tan alta como los hombres que la usaban. Aunque no fue aceptado para el servicio en el Ejército estadounidense, este peculiar concepto del diseñador del M16, Eugene Stoner, sí fue utilizado sobradamente por las unidades SEAL de la US. Navy. Esto se debía a que era un arma excelente para realizar todo tipo de operaciones.

Eugene Stoner tuvo la idea de un sistema modular que permitiera poder ser configurado en cualquier cosa. El Stoner podía convertirse, de acuerdo a las modificaciones, en un subfusil, una carabina, un fusil de asalto, una ametralladora alimentada por cinta (por la derecha o la izquierda), una ametralladora liviana alimentada por un cargador en la parte de arriba (similar a la Bren inglesa), o una ametralladora montada en un afuste especial con amortiguadores, en un vehículo.

Un comodín para todas las necesidades

El módulo del receptor era el corazón de este ingenio. Tenía dos puertas para la expulsión de los casquillos, manejadas por resortes. Se podía configurar, entonces, para que lo usara un tirador diestro o zurdo, sin mayores inconvenientes. Todos los detalles estaban ingeniosamente pensados. Los rieles en el receptor permitían montar sobre él miras especiales, cargadores o sistemas de recarga por cinta o cajas de cartuchos de gran tamaño. Dependiendo de la configuración del arma, el cilindro de gas podía estar arriba o abajo del cañón. Además, todos los Stoner tenían cañones especialmente diseñados para poder ser rápidamente cambiados, y venían en varios tamaños para diversos usos. Algunos de los componentes internos eran derivados del AR-15 y AR-10, parientes directos del M16 diseñado por Stoner.

También se podían usar todo tipo de cargadores, ya que el diseño admitía una enorme variedad. Además de los de plásticos de 20 y 30 cartuchos, podía usar tambores de 90 o cajas de 150 (una configuración muy usada), con munición en cinta, cuando actuaba como ametralladora. De esta manera los SEALs tenían siempre a mano lo más necesario para sus misiones.

La mayoría de los Stoners usados por los SEALs estaban configurados para actuar como ametralladoras ligeras alimentadas por cinta. Esta variedad era conocida como Stoner 63A Commando, cuando usaba un cañón corto. Usaba sin inconvenientes un tambor de 150 cartuchos adosado a la parte baja del cañón y alimentada por la izquierda, o cajas plásticas de 100 o 150 proyectiles adosadas a la izquierda del cañón. Sin embargo, los SEALs, como muchas unidades de comandos, siempre estaban experimentando con nuevos tipos de armas, y llevaron a cabo experiencias con distintos tipos de configuraciones de cargadores, buscando la combinación ideal de potencia de fuego, portabilidad y confiabilidad. Estaba disponible un bípode para la versión de ametralladora ligera, pero se dice que nunca se usó en combate.


El Stoner 63 en su configuración de fusil de asalto. Obsérvese que el cilindro de gas está sobre el cañón.
El Stoner 63 como ametralladora ligera, con bípode de apoyo y el cargador hacia arriba como la Bren inglesa. El cilindro de gas está debajo del cañón.
El Stoner 63 como una ametralladora mediana, montada sobre un trípode para proporcionar fuego sostenido y preciso. Obsérvese el gran cargador montado al costado derecho del arma.
Otra variante del Stoner 63, aparentemente como subfusil.
El Stoner 63 como una ametralladora pesada, con cañón pesado, para ser montada sobre vehículos especialmente adaptados.

Características

Al igual que el M16, el Stoner era accionado por gases, utilizando un cerrojo rotativo que lo hacía ligero. Mantenía también el sistema de influencia directa de los gases, los cuales actuaban directamente sobre el cierre, eliminando así varias piezas del diseño.

Esto podía traer problemas, ya que el diseño tenía el mismo tipo de fallo del M16: el sistema de gases necesitaba estar perfectamente limpio para funcionar bien.

Los Seals en Vietnam fueron los únicos usuarios de esta arma tan poco común. Obsérvese uno de ellos a la izquierda y abajo, con cargador de tambor; exactamente arriba y también en el otro extremo de la foto pueden verse dos ejemplares más, pero con cargador de caja. Estos sistemas permitían llevar cintas de munición de manera mucho más fácil, sin que demorara el avance al engancharse.

Sin embargo, el mayor entrenamiento de los SEALs solucionaba esto. Los integrantes de estos equipos especiales trataban a sus Stoner con un cuidado enorme. Así, la limpieza, lubricación e inspección de las partes de los Stoner 63 daban como resultado un arma de capacidades increíbles.

A pesar de todo, el Stoner era criticado porque tenía muchas piezas pequeñas, que debían estar en perfecto estado y ensamblaje para funcionar. Los últimos operadores del Stoner 63, en su variante de prueba para el US Army, tuvieron problemas de malfuncionamiento del arma, ya que no sabían mantenerla de la misma manera que lo hacían los SEALs.

Si el M-16 tenía y tiene una enorme cantidad de configuraciones posibles, esta solo creció con el desarrollo del arma. El Stoner 63, creado después, tenía desde el principio este objetivo, de manera que nació con una mayor cantidad de opciones.

Este fue, a la larga, el gran talón de Aquiles del arma. Existiendo tantas versiones y variantes, el sistema resultaba complejo. Muchas piezas tenían compatibilidad limitada, de manera que se debía saber bien qué se estaba buscando al arma el “rompecabezas”. Si a esto le sumamos que, al igual que el M-16, el arma requería mantenimiento constante, es natural que los mandos no eligieran el arma para la tropa, aunque sí pudo encontrar un gran uso en unidades especiales.

Uso en combate y pruebas

El Stoner 63/63A fue fabricado por Cadillac Gage Corporation (para la cual trabajaba Stoner en 1963) hasta el año 1971. Se calcula que se produjeron entre 3.350 y 4.000 unidades, un número bastante pequeño. Existieron unas 15 configuraciones diferentes, además de varios prototipos únicos o de pocas unidades, que no entraron en servicio.

El Stoner evolucionó en combate, al igual que el M16, ya que estuvo muy relacionado con la guerra de Vietnam. El diseño comenzó en 1963, y desde ese año hasta 1966 se fabricaron 2.400 unidades aproximadamente.

En ese año el Stoner fue enviado a unidades de los marines, quienes lo probaron por 6 meses con resultados muy positivos, alabando sobre todo su escaso peso y la capacidad de cargar mucha munición. Las recomendaciones para mejoras justificaron el rediseño para lograr el Stoner 63A, del cual se fabricaron unas 850 unidades entre 1966 y 1969.

Durante 1967 el USMC continuó probando el arma, dando una unidad diferentes configuraciones del arma, incluyendo carabinas, fusiles y ametralladoras ligeras.

Sin embargo, los SEALs fueron los únicos que lo utilizaron en combate. Esta unidad de élite llevó la versión denominada Commando no solo a Vietnam sino a Camboya y Laos en operaciones encubiertas. El Commando era una versión de ametralladora ligera, alimentada por un cargados de tambor de 100 cartuchos que se encajaba debajo del receptor. Aunque el Stoner permitía, en todos los casos, el cambio rápido del cañón, los SEALs quitaron esta característica para reducir en parte el peso del arma.

El Commando les permitía una mayor compatibilidad de munición, ya que usaban el mismo calibre que el M-16, y por otra parte podían cargar esta munición de manera mucho más eficiente que con la M-60, que solo aceptaba cintas que se enredaban en la vegetación. El llevar la munición en una cargador pesado era mucho más seguro.

También el US Army se interesó por el Stoner. Allí aparentemente hubo dos versiones diferentes de este arma, hechas especialmente para ser evaluadas por sus fuerzas especiales, los Boinas Verdes. Estas dos versiones eran llamadas XM-207 y fueron producidas en 1970. En este caso, sin embargo, la complejidad del sistema y la constante necesidad de hacerle mantenimiento rebajaron su papel, y el ejército siguió decantándose por el M-16, el cual ya había mejorado sustancialmente.

Finalmente, la producción de los Stoner 63 terminó a fines de 1971, siguiendo con el declive del involucramiento estadounidense en Vietnam.

Parte de la experiencia con el Stoner está presente en la ametralladora M-249, llamada SAW (Small Automatic Weapon) en el US. Army, y diseñada por Fabrique Nationale. Este arma reemplazó a las variantes de ametralladora hacia la década de los 80s, de manera que el Stoner tuvo algo más de uso, aunque fuera de la primera línea.

Especificaciones técnicas Stoner
Calibre5,56 mm OTAN
Pesode 4,39 a 5,31 kg (6,9 kg cargada como LMG)
Peso de 1 caja de 100 cartuchos1,5 kg
Largofusil, fusil automático, ametralladora ligera y mediana, 1022 mmcarabina con culata extendida, 932 mm; con culata retraída, 676 mmametralladora media fija (para vehículos; 772 mmversión Commando: 913 mm
Largo del cañónfusil, fusil automático, ametralladoras ligeras, medianas y fijas, 508 mmcarabina y Commando : 399 mm
Cadencia de fuegocíclica variable, entre 700 y 1.000 d/min según versión
Alcance:efectivo, 1.100 metros; máximo, 2.500 metros según versión
Velocidad inicial1.000 m/s

Granadas de mano

Al ser los chinos los descubridores de la pólvora, les tocó obviamente a ellos ser los inventores de los primeros artefactos destructivos. Además de utilizarla con propósitos recreativos, como fuegos artificiales, a veces las metían en tubos de cartón o posiblemente bambú, agregaban una mecha y luego de encenderla arrojaban estos explosivos de mano dentro de ciudades sitiadas o recintos cercados.

Sin embargo, este tipo de uso no se generalizó, y aparentemente estas primitivas granadas no fueron utilizadas durante mucho tiempo. Posiblemente debido a accidentes y episodios de mal uso, o a otras cuestiones, su historia se pierde.

Hacia el siglo XV hay datos que reflejan el uso de la pólvora dentro de vasijas de tierra cocida, la cual a veces se recubría con sogas o trapos. Esto impedía que el recipiente se rompiera o estallara al chocar con el blanco, dificultando la explosión de la pólvora (que de otra manera solo se quemaría).

No se puede hablar, sin embargo, de verdaderas granadas de mano sino hasta el siglo XVIII. Para esta época la pólvora era utilizada desde siglos atrás en toda Europa en las numerosas guerras entre estados. En cañones y las primeras armas de fuego, se la utilizaba como propelente, indispensables para el lanzamiento de los proyectiles.

En este momento se comenzaron a usar nuevos recipientes para la pólvora. Primeramente se hicieron de cristal fundido, pero luego se usó el hierro. Equipadas con mechas, estas bombas eran llevadas al campo de batalla por tropas especializadas. Conocidas como granadas por la similitud que tenían con el fruto de esta planta, los soldados que las lanzaban se agruparon en unidades de granaderos. Estos cuerpos ganaron mucha importancia en ciertos ejércitos europeos y luego americanos, nombres que todavía hoy se siguen utilizando.

Aunque son parte del imaginario de la guerra terrestre, las granadas de mano también participaron de la historia naval. Su uso era generalizado; los granaderos se subían a los palos del barco y aprovechaban la altura para lanzarlas hacia el buque enemigo, que buscaban destruir o abordar. En estos ambientes el potencial destructivo era enorme, ya que habían muchos materiales inflamables y explosivos.

Sin embargo, este tipo de granadas no eran muy prácticas. Eran pesadas, difíciles de manejar en combate y algo imprecisas. Lentamente su uso fue decayendo, pero luego resurgió. Con el tiempo, estas unidades dejaron de especializarse en su uso, y posteriormente las granadas más modernas, mucho más prácticas y eficaces. Hacia mediados del siglo XIX, particularmente en la Guerra de Crimea, la Guerra Franco-Prusiana y la Ruso-Japonesa, las granadas ya volvían a ser utilizadas. Para finales de la Primera Guerra Mundial, eran parte del equipo básico de todos los soldados.

Durante esas décadas, mejores diseños, mejores materiales explosivos y otras tácticas habían hecho posible y necesario su uso generalizado. Más potentes y seguras, todo esto les permitía que su tamaño fuera más reducido sin restarle por ello poder.

Pero, ¿qué es exactamente una granada de mano?

Descripción

Una granada de mano es un artefacto explosivo que, debido su pequeño tamaño, puede ser lanzado por un solo soldado hacia el enemigo, detonando a una distancia segura del lanzador.

A pesar de la creencia popular, las granadas no son extremadamente potentes. Su radio de acción (es decir, el área en la cual causan mucho daño, o incluso la muerte) suele estar en los 10 metros, como máximo (dependiendo de si tienen o no metralla), mientras que la onda expansiva más fuerte nunca pasa de los cinco metros. Esto es así por una cuestión lógica: no se puede lanzar una granada a más de 35 metros, de manera que tiene que haber una distancia mínima entre la granada y el lanzador, para que este no salga herido.

Debido a su peso y tamaño, los soldados no suelen llevar nunca más de tres o cuatro granadas. Teniendo en cuenta que un soldado actualmente carga una gran cantidad de equipo (fusil y munición, equipos y accesorios para el fusil, algo de comida y bebida en ciertos casos, otros equipos, etc.) cargar más granadas no es la prioridad. En casos especiales puede ser que el soldado disponga de más espacio y sepa que por su misión requerirá de más granadas, pero son, justamente, casos especiales.

El amplio uso que las granadas de mano vieron en ciertos países hace que todavía se las pueda encontrar abandonadas en excavaciones, basurales, etc. Después de las minas antipersonal estos artefactos son los más peligrosos de encontrar. Es importante que, aunque no se viva en un país recientemente involucrado en un guerra, se eduque a los niños y se los concientice a no tomar y manipular este tipo de artefactos. Las granadas son un ícono de la guerra y son fácilmente distinguibles; no es raro que un niño, al encontrarla, quiera jugar con ella. Estas granadas pueden o no ser recientes; muchas veces criminales o terroristas pueden abandonarlas para deshacerse de la evidencia. En todo caso son peligrosas: aunque tengan muchos años, igualmente pueden estallar. Es importante que se eduque a los niños para que avisen ante la presencia de este tipo de elementos, que solamente pueden ser manipulados por personal policial o militar competente.

El efecto destructivo de la granada se lo da el explosivo que carga dentro, generalmente unos pocos cientos de gramos. Cuando el explosivo era pólvora, era importante que el recipiente fuera fuerte y no se rompiera al impacto con el suelo; la pólvora de otra manera, al derramarse, se quemaría rápidamente pero no tanto como para generar una explosión. Sin embargo, actualmente se utilizan explosivos plásticos y de otros tipos que no requieren de tantos cuidados.

Las granadas tienen dos efectos, ambos buscados por el diseño. En primer lugar, el efecto mecánico, físico. La explosión crea una onda expansiva la cual, ayudada por esquirlas, puede herir o matar al enemigo, o como mínimo hacerlo desplazar unos metros. El segundo efecto, a veces más importante (y buscado por ciertos diseños) es el psicológico. La fuerte y sorpresiva detonación, el humo y el polvo generados hacen que el enemigo trate de refugiarse. Si se espera una granada, todos se esconderán o huirán; si no se la espera, existen unos segundos en los cuales los sobrevivientes estarán incapacitados, sordos y confundidos por la detonación, posiblemente tosiendo por el humo y con los ojos irritados. Todo lo cual los incapacita para el combate, permitiendo su captura mucho más fácilmente al limitar su capacidad defensiva y ofensiva.

Funcionamiento general

Las granadas de mano, como su nombre lo indican, se caracterizan por ser portátiles y fáciles de usar con una sola mano. Esto aumenta su alcance y por lo tanto su eficacia; la facilidad de uso ha sido siempre una de las prioridades en su diseño, más allá de la potencia de la masa explosiva. Sin embargo, como se verá, ha habido casos de granadas poco prácticas y difíciles, incluso peligrosas de usar.

Un soldado que sea buen lanzador de granadas puede enviar una a entre 30 y 35 metros de su posición, teniendo en cuenta que el área de daño máximo no supera generalmente los 20 metros. En realidad, el área de mayor daño de una granada es de unos 5 metros, en donde la esquirla y la onda expansiva pueden matar o herir seriamente a cualquier persona. En el resto de la distancia, el efecto es importante pero menor, solamente incapacitando por el ruido y dando lugar a heridas más o menos leves.

Todas las granadas comparten una serie de partes y mecanismos más o menos iguales, dependiendo de su tipo; los más comunes se muestran en el gráfico inferior. Las tres principales son:

  • Cuerpo: es la carcasa del artefacto, que contiene todos los mecanismos impidiendo la entrada o salida de componentes. Además, suele ser uno de los responsables de la producción de esquirlas. Puede estar constituido de diversos materiales (ver más abajo).
  • Espoleta: es la serie de mecanismos y seguros que impide el estallido de la granada hasta el momento deseado, y luego se asegura de que el artefacto estalle de la manera para la cual fue diseñado. Hay muchos tipos de espoletas, las cuales se explicarán más adelante.
  • Multiplicador y carga explosiva: para evitar accidentes y fallas, los materiales explosivos de las granadas son particularmente estables. Estos materiales no estallan por el calor, a veces ni siquiera si son puestos directamente en el fuego. Es por eso que se necesita que la granada tenga en su corazón una pequeña cantidad de material explosivo más sensible, capaz de ser encendido por los pequeños mecanismos de la espoleta.
Corte esquemático de una granada típica, la M62 estadounidense. Pueden verse señaladas las partes más importantes, cuyo funcionamiento se explicará más adelante.

Explosivos comunmente utilizados

Además de mejorarse con el tiempo el diseño y las espoletas, otro de los cambios que sufrieron las granadas fue justamente su razón de ser: el material explosivo que cargan.

La pólvora fue el primero de todos. Aunque es estable, no solamente es sensible al calor directo y al fuego sino también al rozamiento, lo cual obligaba a un uso cuidadoso. No es un explosivo muy potente; se necesitan grandes cantidades para una explosión importante, lo cual limitaba el efecto de las primeras granadas.

Algunos explosivos fueron abandonados principalmente por su inestabilidad (su tendencia a estallar con el calor o el rozamiento) o por ser muy sensibles a la humedad u otros factores ambientales, los cuales los inutilizaban. Actualmente muchas granadas se fabrican llenas de explosivos plásticos o similares, como el TNT. Para aumentar su capacidad explosiva sin hacerla más pesada y grande, a veces se combinan dos explosivos. Por ejemplo, la granada Calderón, utilizada por la Infantería de Marina española y de origen estadounidense, tiene un 60% de hexógeno, 39% de TNT y 1% de cera, totalizando 165 gramos que equivalen a 215 gramos de TNT puro.

La facilidad de moldear estos explosivos permite a la industria adaptarlas a cualquier forma que tenga la granada. Actualmente muchos artefactos de este tipo utilizan la ciclonita o hexógeno, el cual, mezclado con parafina o vaselina se convierte en uno de los primeros explosivos plásticos concebidos. Muy poderoso, fue uno de los más utilizados para sabotajes de partisanos y fuerzas de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Clasificaciones de las granadas de mano

Por lo general, cuando más sencillo y útil es un aparato cualquiera, más variantes y modelos van apareciendo con el tiempo. El caso de las granadas no es la excepción. Con más de un siglo de historia continuada en el campo de batalla, este arma de combate ha ido acumulando todo tipo de variantes: de forma, de efectos explosivos o no explosivos, de materiales utilizados, de sistemas de ignición, etc., etc. A continuación se detallarán las clasificaciones más importantes y pertinentes, aunque pueden surgir otras al profundizar todavía más la investigación.

Dos granadas polacas del mismo modelo básico: la de la izquierda, sin metralla, es ofensiva; la de la derecha, de piña, es defensiva.

La primera gran diferenciación entre granadas es entre las explosivas y las no explosivas. Como su nombre lo dice, las primeras están rellenas con algún tipo de explosivo. Su uso es netamente de combate y están destinadas a matar o herir al enemigo. Las segundas no contienen explosivos y según lo que contengan, pueden variar de uso.

Granadas explosivas

  • granadas ofensivas: aunque pueda llevar a confusión, son las menos potentes. Pensadas para cuando el soldado está avanzando rápidamente y sin mucha protección, su radio de acción es menor. Fabricadas con cuerpos de plásticos, aluminio u hojalata, la explosión casi no causa esquirlas, que son los principales agentes causantes de heridas. Por lo tanto, estas granadas basan su efecto principalmente en incapacitar al oponente: su único efecto es la onda expansiva. Esto evita que el soldado, en un apuro o por descuido, lancen cerca la granada y quede dentro de su zona de efecto.
  • granadas defensivas: son las más potentes; el explosivo está recubierto de un cuerpo de acero u otro metal prefragmentado, que al estallar se convierte en esquirlas mortales. Se supone que el soldado utilizará estas granadas cuando se esté defendiendo y, por lo tanto, está a cubierto en su trinchera u otro lugar. Esto lo deja fuera del área de efecto de la granada, que es mayor.

La diferencia entre estos dos tipos no la hace la cantidad de material explosivo, cuyo peso y tamaño suele ser idéntico, sino en el detalle ya mencionado: el material del cual está hecha la cubierta. Las granadas ofensivas no provocan esquirlas ya que el plástico o aluminio se desintegran totalmente; las defensivas vienen con un cuerpo de metal pesado prefragmentado, diseñado para convertirse en proyectiles de gran poder destructivo. Con esto se aumenta en gran medida el radio de acción del arma y su potencial daño.

Para simplificar la fabricación y uso, actualmente se fabrican granadas ofensivas, a las cuales se les agrega una sobrecubierta metálica (a veces un simple rollo de alambre de acero grueso o en todo caso un recipiente lleno de perdigones), convirtiéndolas así en defensivas.

Granadas no explosivas

  • granadas de humo o fumígenas (con agentes químicos que al combinarse crean humos de diferente tipo). Estas granadas pueden ser tanto para cubrir una retirada o movimiento (solamente humo negro o blanco) o servir para señalar un blanco (por ejemplo, lanzando una granada de humo rojo sobre una trinchera enemiga se la marca para un bombardeo aéreo).
  • granadas de gases (lacrimógenos, etc.). De uso en las fuerzas del orden, sirven para dispersar disturbios al provocar en los individuos diversos síntomas incapacitantes, como náuseas o irritación ocular.
  • granadas de choque o cegadoras (con denominaciones variadas). Generalmente utilizadas por equipos de fuerzas especiales antiterroristas (tanto sean policiales como militares), producen una fuerte detonación que ensordece, mientras el destello simultáneo puede dejar ciego durante unos instantes a los criminales.

En este artículo no analizaremos este tipo de granadas más allá de esta clasificación, y nos concentraremos a partir de ahora en las granadas explosivas, que son las más utilizadas durante el combate terrestre.

Clasificación según forma

Utilizadas durante la Primera Guerra Mundial, las granadas de palo se popularizaron del lado alemán, el cual creó diversos modelos que fueron usados en la siguiente contienda.
  • de palo: sinónimo de las fuerzas armadas alemanas de ambas guerras, fueron utilizadas casi exclusivamente por ellas y ningún otro país. El palo que hace de mango le agregaba un gran alcance al lanzamiento, pero dificultaba su transporte, ya que las hacía más pesadas y grandes (se solían llevar en el cinturón o en las botas, pero no cabían en bolsillos ni se llevaban enganchadas de a varias como las de piña). Actualmente estas granadas no se fabrican ni utilizan, ya que fueron dejadas de lado por las de piña, esféricas o de bote.
  • esféricas: las primeras granadas tenían una forma esférica o casi esférica; esto ayudaba a su manejo y a que volaran mucho. Además, tenían la ventaja de que ruedan más y mejor. Actualmente existen ciertos modelos de este tipo; uno de los más conocidos es la Calderón, de uso en la Infantería de Marina española y en EEUU.
  • de huevo: las granadas actuales más comunes tienen la forma de un huevo grande; se combina así la facilidad de manejo con un gran alcance y deja que la granada ruede. Generalmente son ofensivas y su superficie es totalmente lisa.
  • de piña: la forma más clásica y reconocible de las granadas de mano. Similares a las de huevo, tienen la superficie acanalada de manera similar a un ananá o piña, con partes planas que sobresalen unos milímetros. Se trata de trozos de metralla pre-fragmentada, la cual se disemina más fácilmente al no absorber tanta onda expansiva. Otra de las razones para diseñarlas así, y según algunos, la más importante, es el facilitar el agarre por los soldados en toda situación, dificultando que puedan escaparse de sus manos. Aunque estas granadas no siempre tienen la forma exacta de una piña, se les da este nombre a todas las granadas cuyo cuerpo está prefragmentado de esta manera.
  • de bote o de lata: con forma de lata de conserva, eran fáciles de fabricar en tiempos de escasez de industria bélica, al adaptarse maquinaria utilizada civilmente para otros propósitos. Generalmente no tenían casi metralla y su efecto destructivo era pequeño. En la actualidad, algunas granadas de humo tienen esta forma.

Clasificación según materiales de fabricación

Un ejemplo de una granada de bote hecha de plástico.
  • De hojalata: este material barato y liviano constituye el cuerpo de muchas granadas actuales. La hojalata generalmente se cubre con pinturas especiales para evitar la oxidación, y se utilizan planchas delgadas de material. Otra opción es el uso de aluminio, que aunque es más caro no requiere un tratamiento especial de la superficie ya que su resistencia a la oxidación es mucho mayor.
  • De fundición: las granadas no requieren materiales de buena calidad ni muy resistentes; además de la hojalata esto implica el uso de hierro fundido de calidad variable. Este material es muy eficaz a la hora de crear metralla, debido a que es pesado y resistente, fragmentándose en pedazos relativamente grandes que tienen un mayor alcance y penetración. El hierro puede estar o no prefragmentado.
  • De plástico: aunque pueda parecer una innovación reciente, lo cierto es que se fabrican granadas de plástico desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ya que este material es mucho más viejo de lo que se cree. Sin embargo, han sido pocos los países que lo han utilizado, sobresaliendo España, la cual ha tenido granadas de este tipo en servicio durante más de 30 años. Uno de los materiales plásticos más utilizados suele ser la baquelita. Los beneficios de este tipo de granadas es una fabricación más barata; sin embargo como es evidente no produce metralla ya que el plástico se desintegra totalmente a la hora de la explosión. Para lograr esto se utilizado una cobertura en donde se enrolla una espiral de alambre de acero, el cual se fragmenta.

Como curiosidad podemos mencionar también que, en la Segunda Guerra Mundial, existieron granadas hechas completamente de explosivos. Varios modelos alemanes estaban fabricado a base de nipolit, un material explosivo de consistencia sólida fuerte, del color de la madera. El nipolit era una mezcla de nitrocelulosa, nitroglicerina y PETN, RDX y aluminio en polvo. Eran tan fuerte y sólido luego de ser moldeado que no necesitaba ser encapsulado, siendo incluso resistente al agua.

Tres ejemplos de granadas hechas de nipolit (no están ilustradas a la misma escala). La de arriba es una versión de palo; la de la derecha es de huevo y la de la izquierda es de bote. Todas parecen compartir la misma espoleta de la Eierhandgranate 39.

Los alemanes usaron este material descubierto casi por accidente en varios tipos de trampas explosivas y también granadas. Algunas tenían forma de granadas de bote, pero también existieron otras con forma de palo. Las ventajas en cuanto a la potencia eran evidentes, ya que no existía ningún peso muerto: todo el cuerpo era explosivo.

Otra curiosidad que quedó en la historia son las granadas hechas de cristal grueso, que era más barato y fácil de fabricar que el hierro (necesario para otros proyectiles y los cañones). Fueron bastante utilizadas en los combates navales del siglo XVIII y XIX, utilizadas por los marineros para cubrir su asalto a otros barcos cuando los abordaban. Pero incluso en la Segunda Guerra Mundial, algunas granadas continuaron siendo fabricadas de cristal, particularmente modelos franceses y ciertos modelos fumígenos alemanes.

Clasificación según funcionamiento

Las primeras granadas de mano tenían sistemas primitivos y engorrosos para asegurar su explosión. El primero y más conocido era el de mecha: ésta estaba protegida por una tapa, la cual se quitaba y permitía su encendido antes del lanzamiento. En esta tapa solía haber alguna clase de raspador, que permitía accionar la cabeza de fósforo de la mecha. Dependiendo del largo de la mecha el intervalo entre el encendido y la explosión era mayor o menor. Su principal problema era que el sistema, además de poco seguro y lento, no era a prueba de agua; con lluvia o barro la granada se hacía inútil al no poder prenderse la mecha o al apagarse esta antes del estallido.

Este problema se solucionaba en parte usando una mecha interna, resguardada dentro de una cápsula. Este tipo de granadas tenían un seguro de transporte, para evitar ser activadas antes de su uso. Quitado ese seguro, el soldado solamente debía golpear el cuello de la granada, donde un percutor transmitía el golpe hacia la cápsula, que encendía la mecha. Otros sistemas similares, en lugar de requerir un golpe, necesitaban que, una vez sacado el seguro, el soldado agitara violentamente la granada hacia abajo.

Todos estos sistemas eran un poco engorrosos y peligrosos, y resultaron rápidamente abandonados luego del siglo XIX, aunque en algunos países perduraron más que en otros. Por ejemplo, los japoneses y soviéticos utilizaron este tipo de sistemas durante la Segunda Guerra Mundial.

Dependiendo del tipo de espoleta utilizada en la granada, se las puede clasificar en tres tipos.

  • espoleta a percusión o de inercia: de mecanismo complejo, este sistema hace estallar la granada en el momento en que esta golpea el suelo o algún otro objeto sólido que esté en su camino, después de ser lanzada.

Aunque así como se lee parece eficaz, no lo es tanto, como se ha demostrado con el tiempo y su uso. Las granadas con espoleta de percusión fueron de las primeras en usarse, tanto en la Guerra Civil Estadounidense como en la Guerra Franco-Prusiana, ambas a mediados del siglo XIX. Sin embargo, no se las usaba tanto para lanzarlas, sino en forma de minas o trampas para incautos. Con cuerpos en forma de pera, hechos de hierro fundido, en ellas se colocaban pistones, los cuales al ser golpeados funcionaban como espoletas y activaban la carga explosiva. En Europa las espoletas de percusión fueron utilizadas también por el conde Orsini, famoso anarquista del siglo XIX. Son conocidos sus muchos atentados con este tipo de granadas, en uno de los cuales se rebeló una de sus grandes desventajas. Se cuenta que en una ocasión los anarquistas arrojaron una granada en un teatro, y una de ellas cayó en la falda de una mujer, pero la espoleta a percusión no estalló porque no golpeó con suficiente fuerza un objeto duro. Las espoletas a percusión fueron usadas también en muchas minas navales, y en ellas pueden observarse esa imagen tan conocida de la esfera con muchos bastones sobresaliendo; cada uno de ellos es una espoleta, de manera que en todos los ángulos se puede producir un golpe y un estallido.

La Lafitte italiana fue la única granada con espoleta de inercia utilizada en grandes cantidades durante el siglo XX.

Como lo ilustra el caso del atentado del conde Orsini, este es un sistema potencialmente lleno de fallos. La granada puede golpear muchas veces con objetos no lo suficientemente sólidos como para activar los mecanismos de explosión: ramas, grupos de hojas, charcos de agua o barro, maleza, etc. Aunque el sistema de percusión esté bien graduado, cualquier elemento blando puede impedir su acción, neutralizando la granada.

Otra de sus desventajas es que es más cara y lenta de producir que las granadas con espoleta de tiempo. Para evitar un estallido prematuro (por ejemplo, si la granada caía de las manos del lanzador) se usó un sistema de cinta o alambre, que se desenroscaba al volar la granada unos 10 metros; a menor distancia era imposible la explosión, protegiendo así al lanzador.

En todo caso, estas granadas resultaban peligrosas también, porque el sistema de inercia seguía estando activo incluso si la granada no estallaba. Suponiendo que un soldado lanzara una y ésta golpeara una rama o cayera en un matorral, podía volver a activarse si alguien caía encima, la pisaba o la pateaba. Para evitar esto se crearon seguros de recogida, los cuales, como su nombre indica, permitían tomar la granada y desactivarla. Generalmente consistían en un sistema que, al ser girado, trababa por dentro el percutor y evitando la explosión, a menos que se volviera a girar para un nuevo lanzamiento. De todas maneras, por precaución, los manuales de uso prohibían este tipo de acciones, lo cual nos dice que posiblemente el sistema no era muy seguro.

Todos estos problemas hicieron que estos dispositivos fueran usados por muy pocos países en combate, pudiendo mencionarse a Italia en la Segunda Guerra Mundial, y más tarde España. Actualmente no se producen granadas con este tipo de espoleta.

  • espoleta a tiempo o con retardo: fueron y son las más utilizadas mundialmente, y las primeras en usarse (teniendo en cuenta las granadas a mecha externa o interna, más primitivas, mencionadas previamente). Al quitarse todos los seguros, esta espoleta enciende una pequeñísima cantidad de pólvora encerrada en un pequeño tubo. Entre tres y seis segundos más tarde (dependiendo del modelo de granada), esta mecha hace estallar el artefacto.

Como se ha mencionado antes, los primeros sistemas de tiempo eran bastante primitivos; sin embargo los actuales no dejan de lado el concepto de la mecha de pólvora. En todo caso, lo que se mejoró fue la seguridad y la facilidad de uso.

El sistema ideado y utilizado por muchas granadas de diferentes países reunía estos dos factores. La granada posee una anilla de seguridad y una palanca, que rodea la silueta del artefacto. El soldado toma con la mano de lanzamiento la granada, y presionando la palanca mete un dedo en la anilla y tira de ella. La anilla tiene soldada una pequeña varilla de metal, que asegura los mecanismos de la espoleta.

Mientras el soldado mantenga la palanca apretada, este seguro impide la explosión; de esta manera, la anilla puede quitarse y volverse a poner (una gracia de soldado que seguramente asustaría a cualquier no entendido) si se mantiene apretada la palanca. Sin embargo, al lanzarse la granada, la palanca se libera también, encendiendo la espoleta de tiempo.

Dentro del artefacto, el sistema es generalmente similar en todas las granadas de este tipo. En la cabeza de la granada (que sobresale del cuerpo), hay dos pequeñas cápsulas de material inflamable o incendiario, y una pieza metálica en forma de U o de V. Cada una de sus puntas está diseñada para impactar y encender dichas cápsulas. La anilla impide esto al trabarlas; y por eso es el primer seguro que debe ser quitado. Liberados estos detonadores, ahora la palanca es la que impide su movimiento. Cuando la granada se lanza, la palanca se suelta; se libera entonces un muelle o resorte que impulsa violentamente la pieza en V contra las cápsulas incendiarias, las cuales con su fuego encienden la mecha de pólvora que llega hasta el multiplicador, el cual hace estallar el contenido explosivo.

Este sistema de palanca es el más evolucionado y perfeccionado de todos, y es el utilizado generalmente por todas las granadas actuales, con algún que otro detalle diferente. Existen dos tipos de palancas de seguridad: las separables o las fijas. Como sus nombres lo indican, las primeras se separan al ser lanzadas o incluso pueden ser separadas manualmente como parte del proceso de lanzamiento. Las fijas están unidas a los mecanismos de la espoleta y por lo tanto quedan así hasta el momento de la explosión.

Otro sistema de espoleta a tiempo es el de tirafrictor, utilizado por las granadas de palo y de huevo alemanas de la Segunda Guerra Mundial (ver más adelante). En este caso la mecha se enciende al tirar fuertemente de un cordón en cuyo extremo hay un alambre rugoso que, al entrar en contacto con una superficie de fósforo, da fuego a la mecha.

Este sistema nunca fue muy utilizado a nivel mundial, y fue abandonado luego de la derrota alemana (este país fue el que más lo usó). Esto se debía a una gran desventaja de seguridad. La mecha comenzaba a arder mientras el soldado tenía la granada en la mano, lo cual llevaba a varias posibilidades peligrosas. En el caso de un defecto de fabricación, deterioro de material o una distracción, el artefacto podía explotar matando a su usuario. Esto, por motivos mecánicos, no puede suceder con una granada con seguro de palanca como las ya descriptas.

Como se ve a veces en las películas y otras obras de ficción, las granadas con espoleta de tiempo pueden teóricamente ser devueltas al enemigo, si son ubicadas rápidamente por un soldado con mucha sangre fría. Sin embargo, aunque esta técnica es posible y hay relatos históricos que documentan situaciones en donde ha pasado, no es lo más común. Por lo general, instintivamente el soldado tiende a protegerse o a alejarse de ella.

Corte de una granada EXPAL, española, una de las pocas que usaba espoleta mixta, de retardo y de inercia.
  • espoleta mixta: este tipo de granadas tienen dos espoletas, una de tiempo y otra de inercia. Este hace más difícil y cara la producción, pero aumenta la versatilidad del artefacto, además de su seguridad. Solamente España tuvo en servicio una granada de este tipo, la EXPAL; en ella se podía anular a voluntad la espoleta de percusión, dejando activo solamente la de tiempo. Esta granada tenía un sistema de autodestrucción, en caso de que fallaran ambos sistemas. Sin embargo se produjeron muchos accidentes que llevaron a que se abandonara su uso y producción.

Granadas de fortuna

Durante el siglo XX, debido a la necesidad siempre grande (y no siempre satisfecha) de granadas y sistemas explosivos similares, se han fabricado las granadas de fortuna.

Estos artefactos no reglamentarios son creados artesanalmente en el momento del combate, y por lo tanto están fuera de muchas clasificaciones. Generalmente, se toma el explosivo de otras fuentes, se le agrega un sistema de detonación y poco más. Cada una de las unidades creadas suele ser diferente, ya que son improvisaciones hechas sobre la marcha.

Tal vez el caso más ilustrativo sean las granadas de raqueta o granadas de pala, utilizadas ampliamente por todos los bandos en la Primera Guerra Mundial. Cuando comenzó la guerra todos los contendientes creían poder terminarla en pocos meses; sin embargo se estancó en las trincheras y pronto descubrieron que en sus inventarios no existían prácticamente granadas ni bombas de mano. Mientras la industria bélica trataba de llenar el hueco, los soldados comenzaron a experimentar e improvisar.

Al principio lanzaban simplemente bolsas llenas de explosivos o cartuchos atados, pero su tamaño y forma irregular los hacía difíciles de lanzar, limitando su alcance. Y si se reducía el peso para facilitar el manejo, generalmente se perdía capacidad destructiva.

En ese momento surgió la idea de atar los explosivos sueltos y empaquetarlos en una bolsa de papel fuerte o tela. Este paquete era provisto de una mecha (regulada según el caso), y el conjunto era atado a una tabla de madera cortada en forma de pala pequeña o raqueta de tenis. De esta manera el improvisado artilugio ganaba en precisión y alcance, similar a lo que sucedía con las granadas de palo. Su uso, sin embargo, fue discontinuado al llegar al frente las granadas de mano modernas.

También se pueden considerar como granadas de fortuna a las que frecuentemente eran producidas por grupos de partisanos o de la resistencia, en improvisadas fábricas de armas. Estos modelos, aunque eran hechos en serie y con ciertos controles, no llegaban a ser reglamentarios ya que ningún gobierno los tenía incluidos en su inventario. Un caso conocido son las realizadas en talleres metalúrgicos civiles durante la Guerra Civil Española (1936-1939) o los que crearon los partisanos rusos durante la Segunda Guerra Mundial.

Granadas de mano más utilizadas en las Guerras Mundiales

Las granadas de palo son un ícono de las fuerzas armadas alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y como tales aparecen en grandes cantidades de fotografías y material documental.

Muchas armas han sido tan famosas que ingresaron en la historia y son íconos incluso para el público en general, poco familiarizado con temas militares. Con las granadas no siempre es así, ya que son armas poco conocidas. Sin embargo, muchas de ellas se han hecho famosas y han permanecido vivas en películas de la época.

Ambas Guerras Mundiales han visto un uso muy extendido de tipos cada vez más sofisticados de granadas de mano, algunas de las cuales son todavía ejemplos para otros diseños. Las desglosamos aquí por país.

Alemania

Tal vez inspirada en las granadas de raqueta, y pensando en el gran alcance que tenían, los alemanes crearon en la Primera Guerra Mundial una de las granadas más conocidas del mundo: la granada de palo. Se hicieron famosos por su uso generalizado, ya que fueron los únicos en utilizarla ampliamente.

Las granadas de palo comenzaron a entrar en servicio en 1915 y continuaron mejorándose durante todos los años de la contienda, hasta que en 1917 surgió un modelo definitivo. En todas se usaba un sistema de fricción, bastante poco común fuera de Alemania, pero que este país supo aprovechar. Este sistema implicaba tirar con fuerza de un cordón (sistema conocido como tirafrictor); en los primeros modelos este cordón sobresalía del mango poco antes del final. Sin embargo se descubrió como algo muy peligroso: muchas veces el soldado enganchaba el cable y activaba la granada accidentalmente, causando graves heridas o la muerte.

Corregido esto, los siguientes modelos de granadas de palo tenía el mango totalmente hueco, con el cordón recorriendolo y saliendo por la parte de abajo y protegido con una tapa a rosca. Una vez quitada la tapa, el soldado tomaba una pequeña bola de porcelana en la que terminaba el cordón, y tiraba de él con fuerza; esto movía una varilla de acero que por fricción encendía la mecha de cinco segundos.

Este modelo de granada, conocido como Stiel­handgranate 24 ó StiGr-24, fue la granada standard de Alemania durante el período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial. Dio nombre a las granadas de palo, o como la llamaban los británicos, pisapapas, debido a su silueta tan distintiva. Se las transportaba en cajas alargadas llenas de paja, con las espoletas separadas para mayor seguridad; tanto es así que en todas las cabezas explosivas estaba escrito “Antes de usar insertar detonador”.

Las granadas de palo, usadas casi exclusivamente por los alemanes, tenían varias ventajas, particularmente su mayor alcance. El efecto de rotación hacía más fácil que el soldado alcanzara distancias mayores, y además la forma alargada impedía, a veces, que la granada rodara de vuelta en terreno elevado o urbano. Un desarrollo particular ideado por los soldados era adosar seis granadas más (sin sus mangos) a una granada central; este paquete de explosivos servía como cargas de demolición improvisadas, contra tanques o estructuras, y era imposible de armar con otro tipo de granada.

Las desventajas de esta granada eran un mayor peso y tamaño, lo cual la había difícil de llevar en grandes cantidades. Era común que estas granadas, independientemente del modelo, se llevaran en las cañas de las botas o sujetas al cinturón; así se las puede ver en gran cantidad de fotografías.

La StiGr-24 fue el modelo más numeroso y clásico de la Segunda Guerra Mundial, y era también la preferida de todos ya que permitía lanzamientos más largos y más precisos. A partir de este modelo, se fueron haciendo cambios menores para lograr una granada más ligera y por lo tanto, más fácil de fabricar y menos cara. Una de estas mejoras fue la creación de una carcasa postiza con material prefragmentado, o Splitterring, adoptada en 1942. Hubo modelos de granadas de palo de humo, identificable por una banda blanca o (más adelante) por surcos en el mango para poder diferenciarla en la oscuridad. Como en el clima muy frío la StiGr-24 a veces no estallaba, se diseñó una variante, marcada con una K, para su uso en Rusia, que tenía una mezcla diferente de pólvora como iniciador.

En 1939 se comenzó a fabricar una nueva versión, más larga y con mayor carga explosiva, que no tuvo tanto uso. En 1943 se creó otra variante más, la StiGr-43, con el mango macizo en lugar de hueco, y con el iniciador en la parte superior de la cabeza. Esta diferencia aparentemente menor, no lo era: significaba que la cabeza explosiva podía ser desmontada del palo y ser usada de manera más convencional, y también como trampa explosiva.

Sin embargo, los problemas del tamaño y peso eran considerables para cierto tipo de tropa, como los paracaidístas y los tripulantes de los vehículos blindados. Por eso se diseñó una granada más similar a las utilizadas por otra países, la Eierhandgranate 39, de forma de huevo. Portátil y de pequeño tamaño, sufrió algunos cambios de espoleta durante la guerra. Como sucedió con la StiGr-24, al principio se la pensó solamente como ofensiva, pero luego se diseñaron y fabricaron envolturas postizas, algunas prefragmentadas, para hacerlas defensivas.

La Eihandgranate 39 (literalmente, granada de mano de huevo) entró en producción en 1939, cuando los problemas de tamaño y peso de las granadas de palo ya eran bien conocidos.

Esta granada y la StiGr-43 compartían el mismo tipo de espoleta removible, enroscable en la parte superior de la carga explosiva. Esta espoleta era del tipo tirafrictor; para activarla, se resenroscaba una tapa de la cual caía dicho cordón, el cual al ser tirado con fuerza activaba la granada. El color de la tapa indicaba el tiempo de retardo de la espoleta y también su tipo. Por lo general estas granadas tenían un retardo de 4 segundos. Sin embargo se las podía usar inteligentemente como trampas explosivas: poniendo un retardo de menos segundos, una granada abandonada y encontrada por el enemigo muchas veces se convertía en una sentencia de muerte. El soldado la activaba pensando en usarla, pero le estallaba en las manos a veces de manera instantánea. Estas espoletas ultrarrápidas también permitían usarlas en puertas u otros escenarios urbanos: con el cordón atado a ella, al entrar los soldados enemigos (generalmente pateando la puerta), la granada estallaba.

Un detalle curioso es que el retardo generalmente utilizado en la espoletas alemanas bajó de 5,5 segundos en la Gran Guerra a 4,5 segundos en la Segunda Guerra Mundial.

Gran Bretaña

Como sucedió con otras armas de infantería, este país participó con un solo modelo de granada en ambas Guerras Mundiales: la Mills, ejemplo para muchas otras armas similares debido a su simplicidad y otros aspectos de uso y fabricación. Con una característica forma de piña y cuerpo de fundición, prefragmentado, tenía un sistema de retardo muy seguro.

Corte de una granada Mills sin explosivo en su interior.

Diseñada originalmente por Williams Mills en 1915, en ese año fue aceptada para su uso en el Ejército Británico con el nombre Nº 5. Sin embargo, no quedó allí y fue constantemente modificada y mejorada. Buscando aumentar su alcance, el modelo Nº 23 se creó con una base especial que se ajustaba a la boca de un fusil; esto permitía lanzarla a 150 metros, aunque en este caso posiblemente su precisión no era muy buena.

Luego se diseñó la Nº 36, que era similar a la Nº23 pero con el dispositivo lanzafusil removible. Una subvariante de esta, la 36M, fue la versión definitiva de la Gran Guerra, a prueba de agua para poder ser usada en ambientes húmedos y cálidos. Para el final de la guerra, tanto la Nº 5 como la Nº 23 fueron declaradas obsoletas; el Nº 36 siguió ese camino en 1932, quedando en servicio la Nº 36M.

La Mills tiene un diseño clásico de piña, con el detonador en el centro y la espoleta a tiempo asegurada con una anilla. Era una granada defensiva, y por lo tanto muy potente. Tenía un retardo de 7 segundos; en la Gran Guerra esto no causó problemas, pero en 1940 la experiencia de guerra en Francia demostró a los ingleses que aquella forma de combate era diferente. A partir de entonces la Mills tuvo un retardo de 4 segundos.

Luego de la guerra la Mills continuó en producción en el Reino Unido hasta 1972, convirtiéndose en una de las granadas más fabricadas, con 70 millones de unidades en servicio durante todo el siglo. En ese año la 36M MkI fue reemplazada oficialmente por la granada L2, pero continuó siendo fabricada y usada en ciertas partes del mundo con influencia inglesa, como India y Pakistán, donde se la fabricó hasta la década de 1980.

Estados Unidos

En la Primera Guerra Mundial los estadounidenses no fueron muy preparados y estuvieron en combate poco tiempo antes de finalizar el conflicto. Sin embargo, varias décadas después tenían lista una granada muy eficiente, similar a la Mills británica y tan icónica como ella: el modelo MK2 (o MK-II). Defensiva, con forma de piña y detonador a tiempo, tenía la particularidad de que las espoletas se podían desmontar, llevándolas aparte y montándolas solamente cuando la acción era inminente. Esto aumentaba considerablemente su seguridad.

Existieron diferentes variantes de esta granada, teniendo en cuenta el tipo de explosivo. Como el TNT a veces destruía demasiado el cuerpo de la granada (vaporizando las esquirlas), se lo usaba como relleno en algunos modelos; en otros se usaba pólvora negra. Con un peso de 600 gramos cada una y una carga explosiva de 57 gramos de TNT, era una granada clásica de la época, relativamente pesada pero efectiva.

Uno de los problemas que tenía era que, en ambientes de mucha vegetación como las junglas del Pacífico, no era raro que los soldados, al llevarlas montadas sobre el chaleco, fueran víctimas de sus propias armas cuando una rama enganchaba la anilla de seguridad. En la película La Delgada Línea Roja puede verse un caso de este tipo, que aparentemente no era poco común, lo cual llevó más adelante a pensar en una forma más segura de uso (ver más abajo).

A pesar de esto la granada siguió en servicio durante toda la guerra. Las enormes cantidades producidas permitieron que la tropa continuara utilizándolas durante la guerra de Corea e incluso la de Vietnam. A pesar de que otros modelos más nuevos la habían reemplazado ya oficialmente en el inventario, seguía siendo útil y válida en combate. La US Navy fue la última rama de las FFAA estadounidenses en usarlas, y fue reemplazada por los modelos M67 y M61.

Unión Soviética

En la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética utilizó varios modelos, dos se destacaron como característicos.

Uno era la versión rusa de la granada de palo alemana, pero utilizando un cuerpo de fundición de hierro prefragmentado, no liso, de bote, como el modelo alemán.

El otro modelo era una granada de piña con un sistema de espoleta similar al de la Mills británica. Sin embargo, estaba construida a la manera estadounidense, con el detonador desmontable, en la parte superior del cuerpo, sobresaliendo bastante en este caso. Esta granada, para la cual se fabricaron y usaron diferentes espoletas, fue utilizada en la Guerra Civil Española por el bando republicano, y entró a servir en la URSS en la década de 1930.

Medía 12,4 cm de alto y 5,5 de diámetro, pesaba unos 600 gramos, de los cuales solamente 21 eran el explosivo, TNT. La espoleta generalmente estaba graduada a los 4 segundos.

China y Japón

Ambos países, aunque enfrentados, tomaron el concepto de la granada de palo alemana y la utilizaron. En el caso chino, posiblemente se debió a que los alemanes fueron asesores militares del gobierno nacionalista por un tiempo; en el caso japonés tal vez se debió a la influencia militar y el intercambio producido entre ambos países en ciertas materias.

Curiosamente, los chinos comunistas al tomar control del país continuaron fabricando este tipo de armamento (la granada Tipo 67), el cual luego fue entregados a los soldados comunistas de Vietnam del Norte y el Vietcong. De esta manera la granada de palo fue a luchar en Vietnam, nuevamente contra tropas estadounidenses.

Italia

Atrasada en investigación bélica y en organización productiva, no es raro saber que Italia participó de la Segunda Guerra Mundial con granadas costosas y poco efectivas. Los cuatro modelos principales eran granadas de percusión, poco seguras, y solamente ofensivas, con un cuerpo delgado de aluminio u hojalata.

La pequeña granada Oto.

La más potente fue la Lafitte; del tipo bote o de lata, tenía una gran cantidad de explosivos al comparársela con granadas contemporáneas. En ambientes cerrados como los del combate urbano, esta gran onda expansiva era devastadora. Sin embargo al ser solamente ofensiva su utilidad en ciertos casos era menor. Como era muy grande, era difícil de empuñar y usar. Para proteger al lanzador, su sistema de detonación tenía un seguro de distancia.

Así como utilizaron la granada más grande, también los italianos tenían la más pequeña, llama Oto. En este caso el problema era el opuesto: era fácil de usar y los soldados podían llevar muchas debido al escaso tamaño, pero su efectividad disminuía. Los italianos aparentemente nunca pensaron o no pudieron desarrollar una granada a mitad de camino entre estas dos.

En este sentido se puede mencionar a la granada Breda, de color naranja y conocida justamente como naranjita por los soldados. Fue la tercera más usada después de la Lafitte y la Oto; más potente que esta última, fue muy popular junto con la cuarta granada italiana, la SRCM.

Sin embargo, los modelos italianos se caracterizaban por ser caros y de complicada fabricación, sin tener una gran ventaja con los modelos del enemigo (y a veces ni siquiera siendo igual de buena). Estos modelos no prosperaron luego del armisticio.

La granada Lafitte fue una de las más usadas por los italianos en la Segunda Guerra Mundial. Aquí puede verse claramente el sistema de seguridad de distancia y la anilla para activarla antes del lanzamiento.

Desarrollo posterior

Como ya hemos dicho antes, tres principales factores son los que definen todos los diseños de granadas: efectividad, seguridad y facilidad de uso.

De ellos, con el tiempo todos han logrado un grado bastante alto, aunque en algunos casos la facilidad de uso estuvo bastante relegada.

Terminada la Segunda Guerra Mundial muchos tipos de granada no volvieron a producirse nunca más, o lo hicieron solamente en casos muy aislados. Tal es el caso de las granadas de palo y las granadas con espoleta de inercia, ya mencionados. Los diseños se encuadraron entonces en granadas con espoletas de tiempo simples y principalmente seguras.

Una granada estadounidense modelo M26A1. Copiada por muchos países, en otros se producen modelos muy similares o bajo licencia. Obsérvese el sistema de seguridad que mantiene sujeta la palanca de la espoleta; aunque la anilla sea removida por accidente, la granada no estallará hasta que este sistema sea removido también.

En este sentido vale comentar el caso de las granadas M67 estadounidense, en la cual se aplicaron algunas lecciones de seguridad aprendidas en la Segunda Guerra Mundial. Como ya hemos mencionado, no eran raros los casos en los que el soldado podía morir por una casualidad. Las tropas estadounidenses llevaban sus granadas enganchadas en el frente de la ropa o en los soportes de las mochilas. En ciertos casos, la anilla de seguridad (sobredimensionada para su uso en todo momento) se enganchaba en la vegetación. El soldado no tenía generalmente tiempo de quitarla; al soltarse automáticamente la palanca no había forma de detener la espoleta. Esto llevó a muchos accidentes con un arma que se consideraba a prueba de accidentes.

La solución, sencilla, puede verse en la fotografía. Se agregó una pieza de alambre que se enrosca firmemente en la base de la espoleta, la cual mantiene presionada la palanca. El soldado ahora debe tirar de la anilla y luego quitar dicho seguro de la palanca, impidiendo que el enganche accidental de la anilla ocasione su muerte o la de sus compañeros. Como puede verse en este caso, la facilidad de uso se reciente apenas un poco en aras de mayor seguridad.

Actualmente muchos países compran o fabrican granadas de otros países, con las debidas licencias comerciales. Sin embargo siguen existiendo muchos tipos de granadas para diferentes usos y basadas en diferentes experiencias, y se continúa experimentando con ciertos conceptos para mejorarlas o darles otros usos.

Modelos experimentales

Ha habido y continúan existiendo ciertos modelos de granadas de mano para otros usos. Uno de ellos es la granada con paracaídas, diseñada para contrarrestar vehículos blindados en su parte más débil: el techo. Estas granadas teóricamente son lanzadas hacia arriba y aterrizan suavemente, sin rebotes, en la parte alta de los vehículos. En la Segunda Guerra Mundial lo que el soldado trataba de hacer era introducirlas por alguna rendija o apertura; pero actualmente los vehículos blindados están todos cerrados para evitar estas maniobras. Este tipo de granada viene experimentándose desde hace un buen tiempo, y no ha demostrado buenos resultados.

Otra idea para atacar blindados la dan las granadas de carga hueca, que pretenden aprovechar el ya conocido efecto de este tipo de cabezas de combate. En este caso el problema es lograr que la granada golpee el blanco de frente, con la cabeza hueca debidamente orientada. Para ello se han intentado varias soluciones, una de ellas pudiendo ser el paracaídas, y otra las aletas estabilizadoras. Sin embargo, durante sus varios años de estudio (incluso aparentemente durante la Segunda Guerra Mundial) no se han logrado buenos resultados.

Un tipo de granada que aparentemente sí se ha desarrollado exitosamente son las granadas contra submarinistas, diseñadas para estallar bajo el agua. Como cargas de profundidad en miniatura, son del tamaño de una granada convencional, y tienen una espoleta de presión, graduable. Al lanzar o dejar caer el artefacto, este estalla al alcanzar la profundidad determinada. Este tipo de granadas son particularmente útiles al custodiar instalaciones portuarias en donde se preveen ataques anfibios o de comandos, por ejemplo.

Subfusil FN P90

El origen del P90 se debe al pedido de la OTAN por un arma especialmente diseñada para funciones defensivas, que debía ser utilizada por tropas cuya función primaria no fuera el combate cuerpo a cuerpo (los ejemplos más claros son las tripulaciones de tanques y los servidores de piezas artillería). Este programa denominado PDW (Personal Defence Weapon, Arma de Defensa Personal) se inició el 16 de abril de 1989. Se esperaba que este arma estuviera lista para antes del año 2000.

El problema era que otras respuestas al problema, como las pistolas o los subfusiles con calibres de pistola, habían demostrado ser poco efectivos contra soldados con chalecos antibalas (especialmente los más resistentes, provistos de placas blindadas), de manera que en caso de necesidad, estos efectivos estaban indefensos contra soldados enemigos. Los fusiles de asalto modernos podían perforar estas protecciones, pero se requería un arma más liviana y fácil de usar en espacios cortos. Era necesario entonces pensar algo totalmente diferente.

Para satisfacer este pedido de un arma muy pequeña pero muy efectiva, FN Herstal diseñó el Proyecto 90. Primero comenzó por idear un nuevo proyectil con perforación mejorada, el SS190. Similar a un cartucho 5.56mm de la OTAN, pero más pequeño, tenía un núcleo de acero y una velocidad de entre 600 y 700 m/s en la boca del cañón. Esto lo hacía capaz de atravesar determinados cascos y chalecos antibalas a una distancia razonable para la defensa de entre 50 y 100 metros.

Luego vino el diseño del arma en sí; el P90 entró en servicio en 1994.

Este arma es la primera arma de defensa personal automática totalmente ambidextra en el mundo, y eso ya de por sí es una novedad. A cada lado del P90 hay una palanca de montar y seguro del cargador. El selector de tiro es también fácilmente accesible de ambos lados (se puede disparar en automático o semiautomático) y la eyección de las vainas vacías, curiosamente, no se realiza hacia ninguno de los dos costados, sino hacia abajo, de una manera suave y cómoda para cualquier usuario, sea zurdo o diestro.

A primera vista se podría creer que el P90 tiene una configuración bullpup, con el cargador en la parte trasera, colgando hacia abajo. Pero esto no es correcto: este extraño subfusil tiene el cargador encima de los mecanismos de disparo. Tanto el cargador como las balas dentro suyo están, además, en posición horizontal, lo que le da al arma un aire realmente curioso y desorientador para cualquiera que no la conozca.

Este cargador es transparente y está hecho de material sintético. Esto, además del hecho de estar en la parte superior del arma, le permite al usuario revisar constantemente la cantidad de munición disponible. Ingeniosamente diseñado para que quepan 50 cartuchos, éstos entran en la recámara a través de una rampa circular que los coloca en la posición necesaria para ser disparados. Otra de las particularidades del cargador del P90 es que está diseñado para detener el polvo, de manera que no entre en la parte que está en contacto con la recámara. Además está diseñado para que la munición no se salga en caso de golpes fuertes.

En la sólida culata están los mecanismos de disparo, que son del tipo blow back; el arma dispara con la recámara cerrada, lo que le da más precisión. El gatillo es del tipo dos pasos: permite el disparo semiautomático con el selector puesto en automático, graduando la presión del dedo sobre el gatillo. Como es norma desde hace años, el P90 está hecho en gran medida de polímeros livianos pero resistentes, a tan gran escala que incluso muchos componentes del sistema de disparo, como el martillo, están hechos de materiales sintéticos.

La sencilla concepción de todos los mecanismos y los materiales usados para crear el P90 lo hacen muy confiable, sin importar las condiciones climáticas o el esfuerzo al que se lo someta. Se lo ha diseñado para poder disparar más de 20.000 cartuchos sin necesitar más que un poco de lubricación o revisión menor. Las pruebas de la fábrica, como suele suceder, han sido exhaustivos y han demostrado que puede funcionar en la arena, el barro, el agua, con mucho frío o mucho calor.

El despiece básico puede hacerse en menos de 10 segundos; además del cargador hay tres elementos principales. Uno de estos es la culata, que es una sola pieza de material sintético, comprendiendo tanto la culata en sí además del guardamonte y el asa de transporte. Otro de ellos es el cañón, unido al sistema de miras (incluido dentro del asa de transporte) y la caja de mecanismos de disparo. Para acceder a ellos no es necesario ningún tipo de herramienta.

Ergonomía y facilidad de uso

Decir que el P90 es la primera arma de fuego totalmente ambidextra es fácil, pero hay que tener en cuenta que se tardaron muchos años en conseguir este objetivo.

Resulta que el P90 reúne muchos atributos en cuanto a ergonomía, es decir, facilidad de uso, particularmente en cuestiones de agarre y comodidad. En primer lugar, hay que tener en cuenta su tamaño, que es realmente pequeño para un arma tan poderosa. Con medio metro de largo, casi 20 centímetros de alto y nada más que 5,5 centímetros de espesor, no hay duda de porqué es tan útil para las fuerzas especiales antiterroristas. Por otra parte, es un arma donde predominan las curvas, facilitando el agarre y evitando roces que puedan trabarla.

Una P90 desmontada, mostrando parte de sus mecanismos internos.

Otra de las ventajas del P90 es su escaso retroceso, sobre todo teniendo en cuenta la potencia de los cartuchos utilizados. Las bondades del 5,7 x 28 mm incluyen un retroceso de aproximadamente la mitad del 5,56 x 45 mm OTAN. Esto se ve reforzado por el hecho de que los mecanismos de disparo utilizan resortes dobles a la hora de absorber esta fuerza de retroceso. Durante el proceso de disparo, el cañón mismo retrocede 0,76 mm, permitiendo que la presión baje a un nivel más seguro.

La adquisición del blanco es también muy rápida, pudiendo poner el arma en la línea necesaria en poco tiempo. Esto se ve beneficiado por la buena integración de la mira con el asa de transporte. Esta mira no tiene ningún tipo de sofisticación, excepto un retículo de tritio que brila levemente en la oscuridad. Opcionalmente se pueden añadir otro tipo de visores, por ejemplo de infrarrojos o de visión nocturna. A pedido se puede solicitar que el arma tenga una mira laser integrada, ya sea de láser rojo o infrarrojo. Ëste se ajusta justo debajo del cañón, en un espacio hueco que sobresale impidiendo que las manos toquen el metal.

Otro accesorio que puede utilizarse es un silenciador, muy útil en operaciones comando. La empresa dice que, utilizando munición subsónica, el arma con silenciador produce unos 30 decibeles.

Nueva munición

Gran parte de los logros del P90 se debe a la adopción de la munición diseñada específicamente para este arma. Diseñado para la perforación, esta munición tiene un alcance efectivo de entre 150 y 200 metros (bastante más que un subfusil convencional). A esa distancia, es tan poderosa que puede perforar casi cualquier tipo de chaleco antibalas convencional. Esto incluye los modelos civiles además de los militares, al igual que los cascos y otros elementos hechos de kevlar. Su poder contra otro tipo de protección, como las planchas cerámicas de los modelos militares o civiles más pesados, no se conoce por cuestiones de seguridad.

La munición de la P-90 (calibre 5,7 x 28 mm) junto a un cargador que muestra cómo giran en la rampa para poder entrar a la recámara.
Por tratarse de munición perforante, los cartuchos del calibre 5.7 x 28 mm se venden directamente desde las fábricas FN a las agencias de seguridad y organismos militares. Sin embargo existen versiones para la PS90 que no son perforantes.

El cartucho SS190 calibre 5,7 x 28 mm posee unas capacidad de penetración excelentes, sobre todo teniendo en cuenta que su retroceso es comparable a otros cartuchos menos potentes. Puede perforar el blindaje corporal del antiguo Pacto de Varsovia (que incluía una capa de titanio y muchas de kevlar) a un rango de 100 metros como máximo. Esto no es mucho comparado con cartuchos de fusiles, mucho más potentes, pero hay que tener en cuenta que se trata de un arma corta, en este punto la munición se muestra muy superior a los cartuchos ojivales o como mucho huecos para pistola, como el .45 ACP o el .40 S&W.

En este punto, debemos mencionar el siempre presente debate entre capacidad de perforación y capacidad de detención. Otros proyectiles, como el pensado para el proyecto PDW de H&K (calibre 4,6 x 30 mm) tenían capacidad de perforación similares al SS190, pero muchos dudaban de sus capacidades de detener o derribar a un atacante en situaciones de combate. Es por eso que ciertas unidades especiales (como por ejemplo los SEALs o el SAS) continúan utilizando sus armas más convencionales, debido a que la escasa experiencia de uso real del P90 no arroja conclusiones definitivas sobre este aspecto.

Sus usuarios

El P90 ha encontrado lugar en varias unidades de fuerzas especiales y antiterroristas, que ven en su facilidad de uso, su eficacia contra blancos blindados y su escaso tamaño una buena herramienta en lugares cerrados. Algunas de las unidades que los utilizan son:

  • la GIGN francesa
  • la guardia costera griega
  • la Joint Task Force 2 de Canadá
  • la Guardia Nacional de Chipre
  • la Marina Mexicana
  • unidades antiterrorismo holandesas
  • fuerzas especiales de Arabia Saudita, Perú, México, Pakistán, Filipinas, Tailandia, Singapur, Portugal, Bélgica y el Servicio Secreto Estadounidense.

Muchas unidades policiales han adoptado el P90 para tareas de contraterrorismo o para acciones especiales, incluyendo ciertos equipos SWAT de EEUU y equipos policiales de Europa. En el país norteamericano se lo ha visto en acción en Nueva Orleans luego del paso del huracán Katrina; en Europa se lo ve cada tanto cuando se muestran operaciones de prevención de terrorismo, por ejemplo en los ejercicios realizados por las unidades griegas en vista a la celebración de las Olimpíadas de 2004.

Aunque poco diferentes, hay algunas variantes del P90 para tener en cuenta, que se distinguen por ciertos detalles. Por ejemplo, la versión militar y de cañón corto pueden aceptar el modelo SP-90 de silenciador Gemtech, cosa que no puede hacer el modelo PS90, cuyo cañón usa un diseño diferente de supresor de flash que lo hace incompatible.

Otro modelo, el P90 TR, posee rieles para montar todo tipo de accesorios como miras laser, pero no es compatible con el P90 standard ya que todo el receptor es diferente.

Otro modelo es el P90 USG, un modelo totalmente automático del modelo común, pero que utiliza una óptica mejorada basada en los requerimientos del Servicio Secreto de EEUU y otras agencias similares. Esta óptica de aluminio tiene un retículo negro en lugar de blanco, no requiriendo luz ambiental para su uso. Esto sucede porque la óptica convencional del P90 (la mira MC-10-80) tiene la tendencia a confundirse con las superficies brillantes, ya que el retículo es blanco. La mira del USG se puede adaptar a otros modelos de P90.

El P90 LV y P90 IR son las versiones con miras láser incorporadas desde fábrica; la primera con laser visible y la segunda con láser infrarrojo, invisible al ojo humano. Los lasers tienen tres posiciones: apagado, baja intensidad (para entrenamiento y para alargar la vida útil de la batería) y alta intensidad, para el combate que requiere mucha visibilidad. El interruptor del laser es un botón verde ubicado debajo del agarre del gatillo, estando la batería debajo del botón.

Aunque no muy vista en la vida diaria, ya que solo la usan algunos organismos de servicios especiales, la FN-90 ha aparecido en muchas obras de ficción. Tal vez una de las más famosas es la película japonesa de animación Ghost in the Shell. Sin embargo su éxito televisivo más reciente es la aparición constante del arma en la serie de ciencia ficción Stargate SG-1 y Stargate Atlantis, en donde es utilizada extensamente por los protagonistas en sus misiones espaciales.

Existe, finalmente, una versión civil del arma, llamada PS90, que por razones legales no puede disparar en automático. Su cañón tiene 407 mm de largo, y es de color verde oliva claro (aunque aparentemente hubo una edición limitada en negro) y la óptica convencional del arma militar. Es por lo tanto un arma más larga que el original, en gran medida por cuestiones de seguridad, ya que un arma tan potente no debe ser tan fácil de esconder en manos de civiles.

El cañón es bastante diferente, teniendo 8 estrías hacia la derecha y un supresor de flash diferente. El PS90 mide así 667 mm. Tiene algunas diferencias que permiten la adición de miras de diferentes fabricantes. Aunque acepta los cargadores de 50 cartuchos, se lo vende con cargadores de 10 o 30 disparos de capacidad, dependiendo del tipo de regulación existente en el país. El peso tanto cargado como vacío es unos 500 gramos superior a la versión militar, en gran medida debido al cañón más largo.

Especificaciones técnicas Subfusil FN P-90
Peso3 kg con cargador lleno; 2,54 kg vacío
Capacidad del cargador50 disparos
Longitud total (sin silenciador)50 cm
Longitud del cañón2,63 cm
Alcance efectivo150-200 metros
Velocidad de boca716 m/s con la munición SS190
Cadencia de disparo900 dpm
Especificaciones técnicasProyectil SS190
Calibre5,7 x 28 mm
Longitud del cartucho40,5 mm
Peso del cartucho6 gramos (93 grains)
Peso del proyectil2,02 gramos (31 grains)
Retroceso1,95 kgm/s
Velocidad de salida716 m/s
Pérdida de energía en blancos blandos200 J a 150 m; 500 J a 10 m
Especificaciones técnicas Proyectil Sb193
Calibre5,7 x 28 mm
Longitud del cartucho40,5 mm
Peso del cartuchoaprox. 6 gramos
Peso del proyectil3,6 gramos
Retroceso1,3 kg m/s
Velocidad de salida300 m/s
Pérdida de energía en blancos blandos100 J a 50 m
Alcance efectivo (perforando 24 capas de kevlar)50 metros