Avión de reconocimiento estratégico Lockheed A-12

La década de 1960 fue crítica para el diseño de la nueva generación de aeronaves de reconocimientos occidentales. En los primeros meses de estos años, en mayo de 1960, uno de los modelos menos llamativos, pero sí más efectivos, el U-2, demostró ser vulnerable a la nueva generación de misiles antiaéreos soviéticos.

Esto abrió una enorme brecha en la estructura de reconocimiento, tanto militar como de inteligencia, encarnada en la CIA. Hasta entonces, este aparato había volado impunemente por los cielos soviéticos. Se había generado una falsa sensación de seguridad en la Agencia, porque, si bien volaba muy por encima de la cobertura aérea soviética, los radares en tierra y aéreos podían rastrearlo y seguirlo. Pero la URSS sabía muy bien para qué servían estos aviones y no dejaba de protestar diplomáticamente por la violación de su espacio aéreo. Aunque en ese momento nada podían hacer, eventualmente, al desarrollarse mejores misiles, la supuesta ventaja desapareció.

El derribo del avión de Gary Powers demostraba que había que cambiar de estrategia. Ya desde mediados de la década de 1950, la CIA había intentado reducir la firma radar del U-2, pero esto ahora de pronto era una solución demasiado pequeña: si un misil podía derribar a este aparato, había que desarrollar uno que fuera inalcanzable.

Varios años antes ya se trabajaba en el sucesor de este avión de largas alas. La empresa Lockheed, responsable del U-2, comenzó hacia mitad de la década de 1950 a diseñar una batería de aparatos completamente diferentes a este proyecto, pero hermanados en tecnología y configuración general. Esta fue la familia que luego dio a luz al SR-71 Blackbird, uno de los aviones más icónicos, famosos y deslumbrantes del siglo XX.

Fue, entonces, en la década siguiente que estos aparatos salieron a la luz. A diferencia de su hermano famoso, ninguno de ellos lo fue, y de hecho, algunos ni siquiera fueron producidos. Sin embargo, forman parte importante de la historia de la aeronáutica militar.

El hermano mayor del SR-71: el A-12

Como el proyecto para hacer furtivo al U-2 no dio resultado, se decidió que la Lockheed desarrollara un avión totalmente diferente, capaz ahora sí de evadir cualquier amenaza aérea. Este programa se denominó Arcángel, ya que era un sucesor del programa Ángel, del cual había salido el U-2 .

Muy similar al SR-71, no es raro que el A-12 sea confundido con uno de sus hijos, sin duda el más famoso avión de espionaje del mundo.

Bajo un programa GUSTO se idearon especificaciones para crear un aparato que pudiera volar muy alto a enormes velocidades. Eventualmente, la CIA eligió a la Lockheed por sobre los diseños alternativos, el Fish y Kingfish de la empresa Convair. La elección tuvo en cuenta todo: si bien los diseños de la otra empresa tenían menor sección de cruce radar, la Lockheed había presentado un diseño un poco mejor en todo. Además, Convair había tenido problemas de demoras y sobrecostos con proyectos anteriores, mientras que la Lockheed había hecho muy bien todo lo relacionado al U-2 y sabía manejarse con los llamados «proyectos negros», que requerían un silencio absoluto. El diseño ganador se denominaba A-12, porque era la 12º propuesta de la empresa, que combinaba lo mejor de dos diseños, el 7º y el 11º.

Se puso entonces en marcha el programa OXCART, que implicaba la construcción de estos aparatos. La CIA ordenó la fabricación de doce A-12 a la Lockheed, que se construyeron entre 1962 y 1964. El primero de estos aparatos fue rápidamente transferido a la base de pruebas en Groom Lake, sin duda una de las más secretas de EEUU. El 30 de abril de 1962 tuvo lugar el primer vuelo oficial; al mes siguiente se alcanzaban ya velocidades de Mach 1.1.

Los primeros cinco A-12 volaron con motores P&W J75, que les permitían alcanzar velocidades de Mach 2.0 aproximadamente. Hacia finales de 1962, ya se disponían de motores J58, y estos aparatos volaban con una combinación de ambos. Al año siguiente, totalmente equipados con los J58, comenzaron a alcanzar las velocidades límites del diseño: Mach 3.2.

Sin embargo, toda esta experimentación tuvo su costo. En ese año de 1963, el programa experimentó su primera baja. El 24 de mayo, un A-12 pilotado por Kenneth S. Collins se estrelló, muriendo en el acto su ocupante. La CIA encubrió el choque diciendo que se había tratado de un avión F-105: el A-12 era un completo misterio, sumamente secreto (tanto era así que, en los documentos, se refería al aparato como «Artículo 123»). A los familiares del fallecido y a otros testigos se les pagó en efectivo una buena suma para que la verdadera historia no llegara a la prensa ni así, indirectamente a los soviéticos.

Al año siguiente, a mitad de 1964, se entregó recién el último de los aparatos.

La CIA pidió, además, un treceavo A-12, biplaza, para que fuera utilizado como entrenador y apodado luego como «Titanium Goose» (Ganzo de Titanio). Este aparato mantuvo los motores J75 durante toda su vida operativa, ya que no requería potencia extra.

El diseño prometía mucho, por lo que se expandió a aparatos derivados de la misma tecnología. Por fuera del programa OXCART, la USAF pidió adicionalmente otras aeronaves: tres YF-12A, prototipos de interceptores de alta velocidad, y dos M-21, naves nodrizas para aviones de reconocimiento no tripulado.

De esta manera, los «hermanos» del SR-71 contabilizaron un total de 18 aparatos construidos.

Accidentes mortales

Lamentablemente, la operación de aeronaves de esta calibre no suele ir sobre ruedas precisamente, y los accidentes suelen ser frecuentes y costosos. Hay que tener en cuenta que se estaba aprendiendo a volar a velocidades y alturas nunca antes alcanzadas por una aeronave de ese tipo, por lo que cualquier error o problema podía ser mortal en cuestión de medio segundo.

Fue así que, además del accidente mortal del 24 de mayo de 1963, durante los siguientes años hubo tres accidentes más.

El segundo fue el 9 de julio de 1964, cuando el «Artículo 133» se estrelló mientras se acercaba a la pista de aterrizaje para descender. Una falla en un sensor a los 150 metros de altura, volando a 370 km/h, hizo que el aparato comenzara a virar hacia la izquierda. El piloto, Bill Parks, incapaz de retomar el control, se eyectó a casi 60 metros de altura, siendo despedido de costado. A pesar de la eyección complicada, todo funcionó correctamente y aterrizó sano y salvo.

El 18 de diciembre del año siguiente, 1965, se perdió el tercer aparato, el «Artículo 126». Nuevamente se trató de un problema interno de sensores, en parte por un diseño erróneo. A los 30 segundos del despegue, la aeronave comenzó a volar descontroladamente, agitándose en varias direcciones. El piloto no tuvo otra opción más que eyectarse a unos 50 metros de altura, destruyéndose el aparato en el proceso. Luego del choque, se descubrió que la principal causa del accidente había sido un error del personal de mantenimiento: un técnico había conectado al revés un cable que comunicaba unos giroscopios con el sistema de estabilidad. Esto se trataba, al mismo tiempo, de una grave falla de diseño, que permitía que una persona pudiera conectar los cables erróneamente.

Finalmente, el 5 de enero de 1967 tuvo lugar el primer accidente fatal. El «Artículo 125» se estrelló ese día, matando al piloto de la CIA Walter Ray. La causa fue poco común: el aparato se quedó sin combustible mientras estaba descendiendo para aterrizar en la base aérea. Aunque no se estableció una causa precisa, se supone que un problema en el indicador de combustible le dijo al piloto que tenía suficiente como para llegar a destino, cuando en realidad no era así (este se terminó a poco más de 10 km de la base). Aunque Ray pudo eyectarse sin problemas, no pudo separarse del asiento de eyección y murió en el impacto.


Desarrollo conjunto

La creación del A-12 no estuvo exenta de contrasentidos. Desarrollado como un aparato espía de alta gama, y pensado para reemplazar al U-2 al sobrevolar Cuba y la URSS (dos de los objetivos más buscados en ese momento histórico tan caliente), nunca se lo usó sobre ninguno de estos países. Luego de que el U-2 de Gary Powers fuera derribado sobre la URSS, se consideró que este país era demasiado peligroso para las aeronaves de reconocimiento. Por otra parte, los avances en satélites estaban dando mejores resultados. Finalmente los más baratos y sencillos U-2 sí continuaron usándose sobre Cuba, y de hecho tuvieron su papel durante la Crisis de Misiles Cubanos de 1963.

Otro de los aspectos del programa que llaman la atención es su desarrollo casi conjunto con el SR-71, de la misma empresa aeronáutica, pero construido para la USAF como avión de reconocimiento estratégico. Lo que llama la atención es que se hayan fabricado cantidades significativas de dos aviones casi idénticos.

A pocos días del primer vuelo del A-12, ya las principales autoridades de la USAF observaban una maqueta de su sucesor. También, a pocos días del primer vuelo del A-12 con los motores J58, que lo llevaban al máximo de su potencial, la Lockheed firmaba un contrato por la construcción de 6 Blackbirds. Finalmente, pocos días después de que se entregara el último A-12 solicitado por la CIA, el presidente Johnson anunciaba públicamente la existencia del SR-71.

La cuestión es que ambos aparatos, aunque muy similares, estaban siendo pedidos por dos agencias gubernamentales diferentes. Aunque de capacidades casi iguales, había una cuestión a tener en cuenta. Mientras el A-12 tenía un solo tripulante, supuestamente tenía espacio para más equipo de reconocimiento, pero también un alcance un poco menor. Mientras tanto, el SR-71, pensado como un avión capaz de volar hacia cualquier parte del mundo, tenía mayor alcance y dos tripulantes, que podían turnarse en el vuelo.

Finalmente, el SR-71 reemplazaría al A-12, no por ser mejor, sino por cambios de políticas y sentido común. En 1961, se formó la NRO (National Reconnaissance Office, Oficina Nacional de Reconocimiento), esta agencia establecía un puente entre la USAF y la CIA, para que ambas agencias cooperaran en el uso de todo tipo de aparatos de espionaje, incluyendo satélites y aviones. Teniendo en cuenta que programa OXCART se inició a fines de los 50s, tomó algo de tiempo en que toda la burocracia y los egos administrativos pudieran acomodarse en una estructura única. Con el tiempo, se hizo innecesario mantener dos tipos de aeronaves tan similares. El SR-71, más prometedor para sus usuarios, tomó la posta de su «hermano mayor» y se convirtió en la nueva estrella. Incluso hoy, sin embargo, ambos aviones son confundidos por muchas personas, que no conocen toda la historia detrás de estas maravillas tecnológicas.

Finalización del programa OXCART

Para mitad de la década de 1960, casi diez años después de comenzado su diseño, el A-12 seguía siendo un aparato completamente revolucionario, diferente a todo lo visto y totalmente imposible de interceptar. Entonces, el 28 de diciembre de 1966, el programa OXCART se canceló oficialmente, y con él el desarrollo y construcción de los A-12. Los motivos eran dos, y eran muy fuertes. En primer lugar, la sangría económica que Vietnam comenzaba a suponer para EEUU; el segundo lugar, porque el más moderno SR-71 estaba entrando ya en servicio activo.

Esto implicaba que no se construirían más unidades, pero no impidió que los aviones existentes continuaran en servicio.


En acción

Discutiendo sobre qué hacer con estos aparatos tan caros, que no querían arriesgar sobre Cuba o la URSS, la CIA finalmente decidió enviarlos a Asia. La base elegida fue la de Kadena, en Okinawa, Japón, a la cual comenzaron a llegar el 22 de mayo de 1967. Para ese entonces, la guerra en Vietnam era total, y el reconocimiento era muy necesario para ubicar al enemigo y para vigilar otras amenazas en la región.

Al igual que sucedió con el U-2, los pilotos eran también personal de la CIA, generalmente pilotos militares que renunciaban a sus rangos y eran contratados automáticamente por la Agencia, o también pilotos de prueba con pasado militar. Esto hizo que técnicamente no se los considerara militares: no tenían rangos y estaban por fuera de la esfera de la USAF, y era la CIA la que se encargaba de todo, incluso de condecorarlos si era necesario (como pasó más adelante).

De hecho, todo alrededor del A-12 era extraoficial. Nunca tuvo un nombre específico: cuando llegó a Okinawa, se les puso como sobrenombre Habu: así se llama una especie de serpiente local, similar a la cobra. El sobrenombre se extendió a sus pilotos, y luego a los más nuevos SR-71, cuando comenzaron a llegar a la isla. Tampoco se le impuso un código militar: la denominación de A-12 puede ser confusa, ya que no se trata de un avión de ataque (recordemos que era el código interno de la Lockheed). El hecho es que la instauración de códigos unificados para aviones de las cuatro fuerzas armadas (que establecía la A para aviones de ataque) sucedió en 1962, después de su desarrollo. Por otra parte, como el aparato servía dentro de la CIA y no de una institución militar, su denominación no entraba dentro de este sistema. Es por eso que nunca se le impuso un nombre oficial como el caso del Blackbird: además, para ese momento todo era clasificado. Si un aparato no tenía nombre oficial, era más fácil negar su existencia, ya que no estaba amparada por papeles que lo nombraran.

La primera unidad de A-12 (que constaba de 3 aparatos) fue declarada operativa el 30 de mayo de 1967, iniciándose el día siguiente la operación Black Shield. Estos aviones volaron un total de 22 misiones sobre Vietnam del Norte, durante ese año, fotografiando lugares de alto valor estratégico como emplazamientos de misiles tierra-aire. Volando a 24.000 metros a una velocidad nunca antes vista, de Mach 3.1, eran completamente imposibles de interceptar.

Uno de los A-12 sobrevivientes, actualmente en un museo al aire libre en EEUU. Ob´servese su extraño perfil, diseñado aerodinámicamente para poder alcanzar las enormes velocidades necesarias para su rol de misión.

El año siguiente, el escuadrón continuó operando sobre Vietnam, así también sobre Corea del Norte, cuando un confuso episodio desató la captura del USS Pueblo. De hecha, fue uno de estos aparatos el que logró ubicar al buque capturado por los norcoreanos, demostrando su gran capacidad de espionaje. Aparentemente estos aparatos también realizaron al menos una misión sobre Camboya.

Otro de los contrasentidos es que estos aparatos eran utilizados contra naciones pobremente equipadas para la lucha aérea. Caros y complicados de mantener, fueron poco usados, y de hecho, la mayoría de las unidades construidas, si bien entraron en servicio, no fueron usadas en misiones de combate, sobre territorios enemigos. Durante la operación Black Shield solo se utilizó una unidad de tres aparatos, y como puede verse, ya otros se habían perdido en accidentes de entrenamiento o de otro tipo en EEUU, por lo que el stock de aparatos disponibles seguía bajando.

Es por eso que eventualmente esta operación concluyó después de casi un año, en mayo de 1968. Había razones de sobra para dejar de usarlo sobre Vietnam. Una de ellas era que los misiles tierra-aire que los soviéticos le facilitaban a los norvietnamitas estaban haciéndose cada vez más capaces. En 1967, varios de los A-12 utilizados en la operación
Black Shield fueron detectados y bloqueados por uno de estos radares, pero el misil no logró alcanzarlo. Una y otra vez, se dieron casos de detecciones y lanzamientos de misiles que, si bien no dañaban al aparato estadounidense, sí comenzaron a preocupar a los analistas; en uno de estos casos, se lanzaron seis misiles a un A-12, uno de los cuales, según el piloto, estalló a entre 200 y 100 metros de su aeronave. Aunque solo parecía un susto, cuando el aparato estuvo en tierra se encontró que un fragmento del misil había penetrado el fuselaje, alojándose en una parte estructural del tanque del ala derecha.

El último vuelo de combate de esta operación tuvo lugar el 8 de mayo de 1968, sobre Corea del Norte, a manos del piloto Ronald L. Layton.

Sin embargo, una vez más, las bajas no se darían por fuego enemigo sino por accidentes. Casi un mes después del último vuelo de combate, apenas dos semanas antes de que la flota completa de A-12 fuera retirada del servicio y devuelta a EEUU, uno de los tres aparatos de la unidad se perdió. El 4 de junio, el A-12 del piloto Jack Weeks desapareció cerca de las Filipinas mientras realizaba un vuelo de chequeo: recientemente se le había reemplazado uno de los motores. Para mantener la operación en secreto, irónicamente, se dijo que se había perdido en SR-71, ya que el A-12 todavía seguía siendo algo clasificado.

Más adelante, la CIA honró a este y otros pilotos con una distinción por su participación en Black Shield.

En marzo del mismo año había llegado a Kadena el primer SR-71, de manera que no se perdiera la capacidad de reconocimiento adquirida. Al retirarse los A-12, esta base en Japón, junto con todas sus instalaciones, fueron cedidas a la USAF, que las utilizó para albergar a sus Blackbirds.

El vuelo final del A-12 tuvo lugar el 21 de junio de 1968. Franck Murray aterrizó su aparato en Palmdale, California, dejándolo en una base de almacenamiento. Al regresar a EEUU, los A-12 eran automáticamente desactivados del servicio.

De esta manera, todos los A-12, hubieran salido o no de EEUU, fueron almacenados en Palmdale. Para ese momento, a la Lockheed se le había ordenado destruir todas las maquinarias involucradas en la fabricación del A-12, así como de los programas «hermanos»: el YF-12 y SR-71, para evitar que se pudieran escapar secretos de su fabricación y operación.

Lo que siguió fue una retirada más que honrosa para los aparatos. Posiblemente a causa de su alto perfil tecnológico, no fueron destruidos, sino que se guardaron en la base de Palmdale, en donde estuvieron por veinte años «camuflados» con insignias de la USAF (tal vez para confundirlos con su hermano y sucesor). Para entonces, cuando sus secretos ya no eran tan avanzados, fueron enviados a diferentes museos dentro de EEUU. Uno de ellos fue enviado más tarde a los Cuarteles Generales de la CIA. Mientras tanto, el único entrenador biplaza, apodado «Titanium Goose» (Ganzo de Titanio) está en el California Science Center.

Así terminó su carrera el último aparato de reconocimiento estratégico operado exclusivamente por la que tal vez es la mayor agencia de inteligencia del mundo. Aunque muchos puedan confundirlo con su «hermano menor», el A-12 tiene un legado propio y único, que vale la pena conocer.

Esta foto, tomada por la CIA en 1968, mientras a los últimos A-12, disfrazados de aviones de la USAF, aunque siempre operaron para la CIA. (Fuente, fotografía de dominio público).

Especificaciones técnicas
Lockheed A-12
Propósitoavión de reconocimiento de alta cota y velocidad
Tipulación1 piloto (más entrenador en
la variante biplaza)
Largo31,26 m
Envergadura16,97 m
Alto5,64 m
Superficie alar170 m²
PesoVacío, 30.600 kg; cargado, 53.000 kg
Planta Motriz2×turbojets Pratt & Whitney J58-1 continuamente en poscombustión, capaces de proporcionar 144,57 kN cada uno
Proporción empuje-peso0.56
Carga1.100 kg de sensores
Velocidad máximaMach 3.35 (3.560 km/h) a 23.000 m
Alcance2.200 millas náuticas = 2.500 millas = 4.000 km
Techo de servicio29.000 m
Trepada60 m/s

Fuentes

Otras fuentes perdidas

A-12 en Wikipedia (en castellano)

A-12 en Wikipedia (en inglés)

Black Shield A-12 Missions (en inglés)

https://www.cia.gov/library/center-for-the-study-of-intelligence/csi-publications/books-and-monographs/a-12/images-and-thumbnails/ch6_1.jpg

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