Cañón V-3

La tercera Arma de la Venganza de Hitler, el V-3 no era un misil, como podría suponerse, sino un supercañón que pretendía bombardear Londres con una precisión terrible, a través del Canal de la Mancha.

Con un proyectil de 140 kg, un alcance pretendido de 160 km, una trayectoria de hasta 85 km de altura y una longitud de 140 metros, el V-3 era sin lugar a dudas uno de los mayores y más ambiciosos cañones de la historia bélica.

El problema con todas las armas de fuego es que el alcance solamente se incrementa reduciendo el peso del proyectil, aumentando la carga o alargando el cañón (o una combinación de estas). Pero al aumentar la potencia de la combustión de la pólvora, se requieren armas cada vez más grandes; por otra parte, el alargar el cañón también tiene sus problemas, porque eventualmente la fricción del proyectil con el ánima lo desacelera, perdiéndose la velocidad tan buscada. Se calcula que la velocidad máxima teórica de cualquier cañón es de 1.800 metros por segundo, lo cual establece también un límite al alcance, incluso en tiro parabólico.

Prototipo del V-3 en Polonia.

En esa época Alemania construyó cañones gigantescos, los más grandes del mundo, sin embargo su utilidad esa solamente táctica. El V-3 tenía un cometido estratégico, siendo capaz de bombardear Londres a través del Canal de la Mancha. ¿Cómo podía ser esto?

El V-3 usaba un concepto radicalmente diferente: un cañón con varias etapas. El Barón von Pirquet había pensado mucho tiempo antes en un cañón largo conectado a una serie de recámaras en ángulo. Estas recámaras, puestas en pares a intervalos regulares, se conectaban al cañón principal por donde se movería el proyectil.

Cuando la primer carga extallaba, el proyectil comenzaba a moverse. A su paso, las recámaras adicionales iban siendo encendidas, agregando más y más aceleración con cada una. Esto permitía una velocidad de boca mucho mayor a los 1.500 m/s.

La idea había sido probada hacia 1880, por personal del US Army. Sin embargo, la tecnología no estaba lo suficientemente adelantada como para que funcionara: el desafío era que ninguna cargas explosivas se saliera del ritmo. El personal del US Army se dio cuenta rápidamente de que la deflagración de las primeras cargas se movía más rápido que el proyectil, u ocurría antes de su paso. La llamarada hacía entonces que las cargas delanteras estallaran a su vez, deteniendo en lugar de acelerar el proyectil.

Tuvieron que pasar muchos años antes de que alguien recuperara la idea y la pusiera en práctica. Lamentablemente para los Aliados, fueron los alemanes los encargados.

En 1941, un ingeniero de la Saar Roechling contribuyó al esfuerzo de guerra proponiendo el uso de cargas activadas eléctricamente. Esto eliminaba el problema de las deflagraciones prematuras, al hacer mucho más fáciles la sincronización.

Para comenzar a planear desde lo pequeño, se construyó un prototipo de 20 mm de calibre en Misdroy, Polonia, que demostró que la idea funcionaba, en pruebas celebradas entre abril y mayo de 1943. Estando ya las otras Armas de la Venganza en desarrollo, a Hitler se lo convenció de que esta también podía ser una de ellas. Fue así como el Führer en persona ordenó la fabricación de 50 de estas superarmas, que debían ser construidas bajo bunkers de concreto en Francia, todas apuntando hacia Londres.

Conocido también como Hochdruckpumpe, lo que en alemán significa Bomba de Alta Presión, o Tausend Fussler, que significa Milpies, estos dos nombres en código dicen bastante del cometido y el aspecto del V-3, el cual es a veces confundido por ciertas fuentes con el misil Wasserfall o un supuesto sucesor del V-2, el A9/A10, que nunca se construyó.

 

Complicada construcción

Agrupadas de a cinco, el primer emplazamiento comenzó a ser construido en Mimoyecques, una localidad francesa a 165 km de la capital inglesa.

Como era imposible mover el cañón, la elevación la daba el ángulo de su construcción, dentro de una colina de piedra caliza de 30 metros. Cada cañón estaba protegido por nada menos que 5,2 metros de concreto, protección que era impenetrable para cualquier bomba que los Aliados tuvieran hasta la fecha. Las recámaras laterales de combustión estaban a 3,65 metros entre sí, en un ángulo de 30º. Estaba previsto que pudieran ser cambiadas fácilmente ya que se esperaba que se agotaran estructuralmente a los pocos disparos, de manera que el cañón era bastante modular.

Al diseño del cañón lo ayudaba el proyectil, que estaba especialmente diseñado. Tenía aletas en la cola para mejorar su estabilidad en vuelo, y al no ser de un calibre gigantesco, permitía hacer uso de relativamente poco material para el cañón.

Aunque pueda parecer poco impresionante comparado con otros cañones gigantes alemanes, este proyectil era, estratégicamente, más poderoso a nivel de propaganda.

Al igual que otros supercañones alemanes, su gran problema era la logística implicada y la escasa movilidad, que en este caso era nula. Al ser un blanco perfecto ya que era grande e inmóvil, el sitio tenía que ser perfectamente blindado. Esto, sumado a su enorme tamaño, hizo que la instalación fuera totalmente imposible de esconder.

Los Aliados supieron inmediatamente de su construcción cuando, en septiembre de 1943, cientos de trabajadores esclavos comenzaron a perforar la colina de piedra caliza, por dentro de la cual pasarían los cañones. El movimiento de personas y material era tan grande que la Resistencia Francesa no tuvo ningún inconveniente en averiguarlo y comunicarlo.

Dos meses más tarde comenzaron los bombardeos. Sin embargo, con las protecciones ya construidas, ninguna bomba interfería demasiado. Fue entonces que se probaron las bombas Tallboy de 5.400 kg, que eran parte del arsenal de bombas especializadas creadas constantemente por los ingleses. Esto y un golpe de suerte ayudó mucho. Apenas un mes después del Día D, un bombardeo logró colar 3 Tallboy dentro del pozo de la construcción. Lograron penetrar 30 metros, llegando al primer nivel y estallando. Lamentablemente murieron decenas de trabajadores esclavos; sin embargo, esto tuvo el efecto deseado. Aunque no destruyó totalmente el proyecto, sí lo demoró mucho.

Lamentablemente los Aliados no se enteraron de esto, y como el complejo seguía para ellos intacto, siguieron pensando en formas de destruirlo por completo. Tal vez la más prometedora, pero trágica, fue la compartida por la US Navy y la Fuerza Aérea (todavía parte del US Army). Las Operaciones Anvil y Afrodita (respectivamente), pretendían el uso de grandes aviones (bombarderos B-24 o B-17), controlados por radio y guiados por televisión. Abarrotados de explosivos, los pilotos despegarían y guiarían a estos aparatos hasta un momento acordado, en el que saltarían en paracaídas. Entonces, aviones de escolta tomaban el control por radio, dirigiendo a estos improvisados misiles al blanco.

La idea, aparentemente sencilla, tuvo resultados desastrosos. En el caso más famoso, un B-17, tripulado por Joseph Kennedy, hermano mayor del futuro presidente estadounidense, estalló en el aire debido a una falla con las espoletas. En agosto de 1944 tuvo que ser abandonada debido a esta falta total de éxito y pérdida de valiosos tripulantes.

La eliminación de la amenaza no vino, entonces, por aire, sino por tierra. Para fines de agosto, el avance aliado en Francia era tan grande, que los alemanes abandonaron las instalaciones artilleras ya que las tropas británicas estaban peligrosamente cerca. Fue así que el complejo de Mimoyecques quedó bajo control inglés, hasta que fue dinamitado finalmente el 9 de mayo de 1945.

Secciones del V-3 al descubierto. Cada empalme con el cañón principal servía para aumentar todavía más la velocidad del proyectil.

Aparentemente, los británicos temían que en el futuro los franceses pudieran reconstruir y utilizar el arma, de manera que luego de estudiarla detenidamente demolieron gran parte de los túneles. Sin embargo, todavía hoy hay secciones que pueden ser visitadas.

Aunque este fue el fin del V-3, la idea continuó siendo desarrollada a menor escala. Se sabe que se construyeron dos versiones cortas del arma, de 45 metros de largo, apuntados hacia las localidades de Antwerp y Luxemburgo, para apoyar la Ofensiva de las Ardenas, que tuvo lugar en diciembre de 1944.

Sin embargo, tal vez el apuro y la falta de materiales estratégicos comprometió el proyecto. Los cañones resultaron ser poco confiables, y solamente pudieron disparar unos pocos proyectiles antes de quedar inutilizados. Aparentemente estos proyectiles no dieron en el blanco ya que no hay reportes aliados ni alemanes que lo afirmen.

 

Las vueltas de la tecnología

Aunque es difícil inventar, lo más difícil, casi imposible, es desinventar algo. Como puede verse con el V-3, la idea de alguien puede permanecer latente durante décadas, hasta que otra persona, con más recursos, inteligencia, etc., la desentierra y la hace funcionar.

Esa fue, en resumen, la historia del V-3, que partió de ideas del siglo XIX pero no terminó en la Segunda Guerra Mundial.

El conocido diseñador de cañones Gerard Bull logró aprender mucho del V-3, de parte de una de las personas que más sabían de él: el Mayor inglés Robert Turp. En 1978, Bull, quien tenía una empresa destinada a diseñar armamento, contrató a Turp, quien durante la guerra era miembro del MI-10, el servicio de inteligencia técnica británico. En 1945 este oficial inglés tuvo que investigar un centro experimental de armas alemán, en Lübeck, dependiente de la Deutsche Waffen Munition. Entre lo que encontró figuraban los planos de cañones de 40 metros, tal vez derivados o similares a los usados en las Ardenas. En los interrogatorios, a Turp los ingenieros alemanes le dijeron que habían logrado un disparo de 300 km de alcance.

Aunque pueda tratarse de una exageración tendiente a impresionar al enemigo, también es posible que hubiera datos técnicos en esos planos, seguramente confidenciales, que permitieran esta hazaña de la tecnología. Por ejemplo, se menciona el uso de anillos explosivos en lugar de recámaras en ángulo.

Fuera como fuera el asunto, Bull, obsesionado con los supercañones y tratando de poner satélites en órbita con ellos, terminó trabajando para Saddam Hussein. El dictador quería un supercañón que le permitiera bombardear Israel desde Irak, con los proyectiles volando sobre espacio aéreo de terceros países.

El llamado Proyecto Babilonia comprendía un cañón de 1.000 mm de calibre, el mayor del mundo. Sin embargo, el contrabando de material fue descubierto por autoridades inglesas y detenido, y Bull fue asesinado misteriosamente con dos tiros en la nuca, aparentemente por la inteligencia israelí.

Curiosa ironía que no fue, el V-3 indirectamente hubiera podido atacar impunemente al pueblo que Hitler tanto quiso destruir.

 

 


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Pequeñas referencias

Aunque bastante desconocido, el V-3 aparece cada tanto como referencia en alguna película u otro tipo de obra. Por ejemplo, en la serie de anime Last Exile, aparece un supercañón llamado Escolopendra que es prácticamente idéntico a las fotografías que se conocen del V-3.

Enlaces útiles
V-1
V-2