Tanques voladores

Al igual que otras locas ideas sobre tanques, este concepto se pensó durante la época de postguerra, pero más hacia la década de 1930, cuando ya muchos países habían abandonado la idea de tanques muy pesados y grandes. Si ya de por sí los blindados eran difíciles de superar para la infantería, qué decir de tanques que llegaran al campo de batalla con alas?

Claro está, como dicen, que la mayonesa y la mermelada pueden ser muy ricas por separado, pero juntas... Aunque el concepto era particularmente factible, en teoría, con tanques ligeros como los que ciertos países habían desarrollado, la cuestión técnica estaba demasiado a la vanguardia.

Podemos ver aquí uno de los primeros intentos de tanques aerotransportados: un bombardero soviético TB-3 llevando bajo sus alas una tanqueta T-27, durante unos ensayos en 1935.

Curiosamente, tanto estadounidenses como japoneses lo intentaron, sin resultados muy prometedores. Sin embargo, los soviéticos, como suele suceder, se llevaron la palma con su diseño de tanque volador.

En un principio se pensó en crear grandes bombarderos para que cargaran el tanque. Otros países habían intentado con planeadores (la URSS lo haría luego), pero los ingenieros soviéticos fueron al grano, sujetando tanquetas T-27 entre las alas de bombarderos TB-3. Cargándolos externamente, los aviones debían aterrizar y luego dejarlos ir. Otro problema era que solamente se podía llevar un tanque por cada avión.

Se pensaron así otras alternativas: una fue el lanzamiento de tanques con paracaídas, el otro, el lanzamiento sobre agua. Incluso en 1940 se lanzaron tanques ligeros a unos pocos metros de distancia del suelo, desde bombarderos TB-3. Según se dice, la idea era que rodaran sobre sus orugas por unos metros, hasta detenerse con el motor en neutral. Sin embargo, es de esperarse que no hayan salido muy bien dichos experimentos, ya que la idea se abandonó.

 

Antonov A-40 Krylya Tanka

Un problema con el lanzamiento de tanques era que en ciertos sistemas, la tripulación tenía que saltar separadamente, y existía la posibilidad de que no pudiera llegar a tiempo para utilizar el tanque. Había encontrar una manera de que todo el paquete llegara junto. La solución: tomar un tanque ligero T-60, agregarle alas y superficies de control, de manera que el fuselaje del improvisado planeador fuera el mismo tanque. Se llegó incluso a diseñar un sistema por el cual el cañón del tanque, apuntando hacia atrás, era sujetado a la superficie de control de la cola. Cambiando la elevación del arma, se podía entonces hacer descender o ascender el planeador, mientras que girando la torre se controlaba la orientación hacia derecha o izquierda.

Cuando llegara el momento de aterrizar, el piloto del tanque encendía el motor y le daba potencia, de manera que el aparato pudiera tomar tierra y continuar acelerando o frenando, de acuerdo al caso necesario. En pocos minutos se podían sacar las alas, y el tanque estaba listo para combatir.

El curioso aparato, apodado KT-40 (por Krylya Tanka, tanque alado), también es conocido como Antonov A-40 o A-40T. Fue sin duda, una de las apuestas más serias y potencialmente exitosas del proyecto de tanque volador de esos años.

El KT-40 era un planeador de despegue convencional... pero era todo lo que tenía de convencional. Esta fotografía del proyecto nos muestra la torre apuntando hacia trás, sujeta a los planos de cola.

La idea era no solamente apoyar a fuerzas aerotransportadas, sino también a partisanos que operaban tras las líneas enemigas, haciéndoles llevar material pesado para que montaran operaciones con más poder de fuego. La fotografía anexa no es un fotomontaje: la idea comenzó a ser llevada a la práctica en 1940.

Un T-60 fue convertido en un planeador en 1942. Sin embargo las pruebas no eran muy realistas: para aligerar el tanque se le quitaron las armas, la munición y otros elementos, dejándolo solamente con un poco de combustible. Incluso así, los pilotos del TB-3 de remolque tuvieron que soltar prematuramente el planeador para evitar estrellarse. La resistencia que generaba el aparato desestabilizaba y frenaba demasiado al bombardero; incluso así se dice que el aparato planeó bastante bien, aterrizando en un campo. El conductor, luego de sacarle las alas y colas, pudo conducir de vuelta a la base sin problemas.

Luego de esta prueba, el proyecto fue abandonado, ya que no existía ninguna aeronave con el suficiente poder en sus motores como para remolcar seguramente un tanque de ese tipo.

Sin embargo, la idea del tanque que cae del cielo para sorprender al enemigo no murió totalmente entre las autoridades militares soviéticas. Durante la época de la Guerra Fría, se experimentó con una solución diferente: tanques lanzados en paracaídas múltiples, los cuales, próximos al suelo, activan cohetes de frenado que permiten un aterrizaje relativamente suave. Las tripulaciones, lanzadas por separado, caerían teóricamente cerca y se apresurarían a tomar sus vehículos para la batalla. A pesar de los efectos pirotécnicos más que interesantes, aparentemente esta idea tampoco reunió todo lo necesario como para ser tomada en cuenta.

 

El murciélago de Baynes

Como otros países, EEUU también buscaba a fines de la década 1930 una forma de aerotransportar unidades militares pesadas. Como en otros casos, se pensó rápidamente en un planeador, ya que no existían aviones lo suficientemente grandes como para llevar un tanque.

Curiosamente, mientras la mayoría de los diseños incluían alas rectas con grandes superficies de control, el de L. E. Baynes se ganó el apodo de murciélago debido a que tenía alas en flecha de más de 30 metros. Esto en 1941, cuando muy pocos estaban pensando en las ventajas de las alas en flecha. Para incrementar la curiosidad del diseño, este incorporaba estabilizadores verticales en las puntas de dichas alas, y no poseía cola. Se trataba, en suma, de un ala voladora.

Esta "mochila alada" estaba pensada para ser adosada a un tanque, convirtiéndolo temporalmente en un planeador. Se construyó un prototipo a un tercio de la escala en 1943, totalmente hecho de madera. En julio de ese año se hizo el primer vuelo. Aunque exitosos, estos vuelos no sirvieron de mucho. El proyecto se abandonó ya que no fue posible encontrar un tanque adecuado para esta idea. Además, se habían desarrollado planeadores (como los utilizados en el Día D) que permitían llevar jeeps y otros equipos ligeros y pesados dentro del fuselaje, un lugar mucho más adecuado. Estos planeadores eran una alternativa mucho más práctica y que ya funcionaba.

El único Murciélago construido fue el primer monoplano sin cola disponible para investigación en todo el mundo (a excepción de los proyectos alemanes), y fue volado intensamente por el Real Establecimiento de Aeronaves británico para saber más sobre la estabilidad y el control de este tipo de aviones. Se sabe que existió hasta 1958, pero allí se le pierde la pista.

 

 


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