Tanques SMK, T-100 y variantes del KV

Fue en la URSS donde el concepto del tanque multitorre floreció en el período de entreguerras, aunque tuvo que esperar muchos años para que los programas de industrialización pudieran poner a este país a la par de las naciones occidentales.

El primer fruto de estas ideas fueron los 61 T-35 que se fabricaron entre 1932 y 1939. Este diseño, el único tanque operativo de cinco torres, entusiasmó al Ejército Rojo, el cual reconoció su obsolescencia, sin embargo, al darse cuenta de que la década de 1940 podría traer conflictos muy exigentes para las máquinas. Así se planteó la primera de muchas iniciativas fallidas por ser algo ridículas: el rediseño del T-35, conocido como T-39, con un peso de 95 toneladas y con un armamento distribuido en tres torres, que albergaban un obús de 152 mm, un cañón de 107 mm y otro de 45 mm. La idea, tal vez práctica en el papel, no resultó satisfactoria en el campo de la realidad.

Al T-35 le siguió el T-28, diseñado para complementarlo, que se considera uno de los primeros tanques medios del mundo. Su primer prototipo se completó en 1931 y al año siguiente se comenzaban a construir en serie los 503 producidos en un período de 8 años. Como muchos otros de su tipo, estaba pensado para apoyar a la infantería destruyendo posiciones fortificadas. Tenía una torre con un cañón de 76,2 mm y dos torres más con ametralladoras de 7,62 mm, ambas mirando hacia adelante.

Aunque ambos diseños resultaron ser un fiasco para 1941, cuando la mayoría se perdió no contra los alemanes, sino por fallas mecánicas de todo tipo, hay que tener en cuenta el contexto. El T-28 era un adelantado para 1933 (época en la cual otros países todavía tenían tanques de la Gran Guerra o diseños directamente relacionados). Fue el primer tanque en tener radio de fábrica además de una ametralladora antiaérea. El problema de ambos (que compartían un diseño similar, al igual que muchas piezas) es que fueron puestos en producción poco antes de que se lograran grandes cambios en la ingeniería mecánica, como mejores transmisiones y suspensiones, que eran los mayores problemas del T-28 y T-35. Para colmo, no tenían ningún potencial para ser reconvertidos o mejorados, lo cual hizo que fuera abandonada su producción. Sin embargo, no hay que olvidar que del T-28 se derivó, con el tiempo, uno de los tanques más famosos e importantes de la época: el T-34.

Los soviéticos parecían estar contentos con sus tanques de varias torres, lo que hizo que hacia finales de la década de 1930 se pusieran a pensar en el sucesor del T-35 como tanque pesado. En 1937 se presentaron propuestas más realistas que las anteriores, para concursar por un nuevo pedido del Ejército Rojo. Las especificaciones pedían cinco torres, de manera similar a las del T-35, pero las dos oficinas responsables de las propuestas, la de Barykov y la de Kotin, presentaron ideas con tres torres. Eliminaron las dos que tenían ametralladoras y se volcaron por llevar un cañón de 76 mm y dos de 45 mm.

Cuenta la leyenda (documentada por cierto) que el 4 de mayo de 1938 Stalin y los dos prototipos se reunieron en una reunión especial del Consejo Estatal de Defensa. Cuando Kotin cuestionó la viabilidad de un tanque con tres torres, Stalin arrancó la tercera torre de la maqueta de madera de su prototipo (el SMK), diciendo "para que convertir un tanque en unos grandes almacenes!"

Kotin desarrolló rápidamente una alternativa al asunto, diseñando lo que luego se convertiría en el KV-1, una de las máquinas bélicas más temidas de la URSS. El mayor problema que tenían los tanques de varias torres era que la del armamento principal tenía que ser elevada en un pedestal, que obviamente tenía que ser blindado, lo cual agregaba mucho peso innecesario. Además, hacía demasiado altos y visibles a los tanques. Kotin optó por el camino más sencillo, eliminando la torreta secundaria.

En agosto de 1938 Stalin, al ver los proyectos rediseñados del T-100 (Barykov) y del SMK (Kotin), aprueba la construcción de prototipos, además del prototipo del KV-1.

 

El T-100, de 58 toneladas, era uno de los prototipos soviéticos de tanque pesado de dos torres. Obsérvese el gran parecido con el SMK, en la fotografía inferior; elevar la torre principal era la única manera de mantenerla útil contra blancos en cualquier posición.
El SMK (de la oficina de diseño de Kotin), prototipo de tanque de dos torres que, al igual que el T-100, compitió contra el KV-1 y perdió. Además de las limitaciones de su peso, la silueta de las torres los hacía fáciles de localizar. Por otra parte, el jefe del carro tenía problemas para coordinarlas a ambas (la inferior llevaba un cañón de 45 mm y la superior uno de 76,2 mm). Tal vez el mayor acierto de Kotin, que también diseñó el KV-1 fue, justamente, la eliminación del cañón secundario: los prototipos resultaron ser ocho toneladas más ligeros que el SMK y estaban mejor blindados.

 

La experiencia acumulada con el T-35 y el desarrollo de estos prototipos ya le había demostrado a los rusos que no solamente era difícil crear un buen tanque con varias torres, sino que además no era fácil utilizarlos ni había una buena doctrina táctica que los necesitara. El tanque multitorre fue una tendencia de diseño que murió en esos años previos a la guerra, aunque continuaría apareciendo cada tanto por un tiempo.

Un evento sirve a las claras para marcar esta realidad. En sus combates contra los finlandeses, los soviéticos decidieron crear un destacamento especial de tanques pesados para enfrentar fortificaciones y casamatas de defensa. Para ellos se enviaron a los prototipos del SMK, el T-100 y el KV-1. Aunque al comienzo todo salió bien, cuando el SMK pisó una mina, fue imposible remolcarlo, a pesar de los esfuerzos que hicieron el KV-1 y el T-100 por protegerlo, y otros tanques para moverlo. No fue hasta la primavera siguiente, cuando la lucha hubo terminado, que el monstruo pudo ser quitado... por piezas.

En diciembre de 1939 el KV-1 era elegido como el nuevo tanque pesado de la Unión Soviética, lo que casi sellaba el destino de los tanques multitorre en uno de los pocos países que habían prestado atención a la idea.



 

Desarrollos durante la guerra y la posguerra

Durante los años que quedaban de la década de 1940 los soviéticos se pusieron a experimentar con diversas ideas de tanques superpesados (algunas, pero no todas, basadas en el KV). Las ideas de la década del 30, de crear monstruos de 100 o 150 toneladas, resurgieron con la guerra, particularmente cuando una parte del Alto Mando Soviético se autoconvenció, erróneamente, de que los alemanes habían aumentado considerablemente el grosor del blindaje de sus tanques. Así, surgieron algunas ideas bastante poco prácticas, que por sensatez fueron descartadas rápidamente.

Los logros alcanzados con el KV-1 y KV-2 hicieron que se pensaran en variantes de estos tanques pesados, que resultaban casi invulnerables a todo lo que los alemanes tenían en 1941. Stalin, alentado por ciertos generales, decidió adelantar la producción de un tanque con un cañón de 107 mm, lo cual llevó a dos variantes del KV.

El KV-4 estaba en la categoría de las 92 toneladas, con el cañón F-39 de 107 mm, 130 mm de blindaje frontal y 125 mm lateral, con un casco alargado de 7 ruedas de rodadura. El KV-5, de la categoría de las 150 toneladas, tenía el mismo cañón su blindaje era de 180 mm en el frente y de 150 mm en los costados, teniendo además un casco más grande, con ocho ruedas de rodadura. En realidad, estas ideas eran meras exigencias; se presentaron unas 22 propuestas para ambos.

Algunas de esas propuestas repetían conceptos ya probados en el SMK y el T-100. Uno de ellos pretenía colocar el motor en el centro del casco, detrás del conductor. Otro, pretenía colocar un cañón pequeño adelante y debajo del principal, como en el SMK. Finalmente, había otro que tenía la torre principal en el centro del casco, con el cañón de 107 mm, mientras una torre más pequeña con un cañón de 45 mm estaba encima de la torre principal.

Estos proyectos quedaron olvidados por dos razones principales. En agosto de 1941 la fábrica que ensamblaba los KV tuvo que ser evacuada ante el avance alemán, y la mudanza hizo que todos los esfuerzos para tanques nuevos fueran dejados de lado por un buen rato, ante la prioridad de construir lo más urgente. Por otra parte, las experiencias previas con los SMK y los T-100 habían demostrado que los tanques de más de 55 toneladas resultaban complicados de operar, y eran costosos y vulnerables al terreno pantanoso o demasiado abrupto (sin mencionar los problemas de despliegue a largas distancias).

Pero los experimentos que trataban de aumentar el poder de los modelos KV siguieron adelante. En 1941, los soviéticos se encontraron con los cañones autopropulsados alemanes, que eran cazacarros bastante útiles y baratos. Intentando copiar y mejorar el proyecto, hubo varias ideas que se pensaron seriamente, utilizando grandes cañones o la combinación de varios más pequeños.

La primera propuesta KV-7 ( conocida como KV-6) implicaba el uso de un cañón de 76 mm en el centro de la estructura fija, que estaba flanqueado por dos cañones de 45 mm. Con 93 y 200 proyectiles respectivamente, estos cañones se pensaron para ser disparados por separado o al mismo tiempo, lo cual suponía un enorme esfuerzo de diseño para robustecer el montaje, que podía girar 7º hacia ambos lados.

La otra propuesta para el KV-7 era un poco más ortodoxa, con dos cañones gemelos de 76 mm montados lado a lado, con un total de 300 proyectiles.

Ambas propuestas fueron terminadas en noviembre de 1941. Los prototipos fueron enviados rápidamente a Moscú: en esa época toda la industria armamentística estaba creando todo tipo de soluciones, a veces para problemas inexistentes (en este caso, la supuesta superioridad en blindaje de los alemanes).

Aparentemente se consideró seriamente la producción de uno de los dos modelos, pero los problemas técnicos eran muy grandes, particularmente la rotura de los muñones cuando los cañones disparaban por separado. Las miras se desajustaban por la fuerza del retroceso. Se llegó a la conclusión de que el KV-7 era innecesario, fue llamado un "aventurismo técnico", el derroche de ideas y tiempo de diseño, además de buen acero, para crear un aparato que no era necesario. Stalin selló el destino del diseño con esta frase: "¿Para qué tres cañones? ¡No necesitamos más que uno, pero mejor!".

Sin embargo, parece ser que la idea del KV-7 no desapareció totalmente. Más adelante, hacia el fin de la guerra, se resucitó la idea de un tanque o cañón de asalto definitivo, esta vez armado con un solo cañón, como lo quería Stalin. Este KV-7 fue el mayor de los experimentos con el KV, montando un cañón naval de 130mm y un motor diesel también naval de 1.050 hp. Poseía además 7 ametralladoras, tanto coaxiales como en los lados. Adelantado para su tiempo, poseía muchas características que los tanques occidentales tendrían dos décadas más adelante. Sin embargo era demasiado pesado para la infraestructura soviética, con unas 68 toneladas. Era caro de fabricar y mantener, además de tener diversos problemas relacionados con la mecánica y con la estrechez en su interior. Las pruebas realizadas en 1948 determinaron que no era apto para el servicio y solamente se construyeron una serie de vehículos de prueba.

Alentado por los grandes éxitos de la serie de tanques JS, derivados a su vez de la serie KV, se rumorea que hacia 1945 los soviéticos pensaban en crear un tanque de 150 toneladas, además de una serie de vehículos menores pero también superpesados. Sin embargo no parece que ninguno de estos proyectos haya visto la luz más que como diseños en papel, y poco se sabe del tema. Uno en particular se hubiera llamado VL-1 (VL por Vladimir Lenin), y aparentemente tendría un motor instalado en la parte delantera y una torre trasera.

 

 

 


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