Los expertos de la H&K atacaron el problema de raíz. Si el asunto era la baja candencia de disparo, había que elevarla a toda costa. ¿Pero cómo?: la respuesta era eliminar todo subproceso superfluo del proceso de disparo. Esto solamente podía lograrse ideando una munición totalmente original.
Si la extracción y expulsión de la vaina vacía lentificaban el sistema, había que eliminar la vaina, completamente, de la munición. Había que crear una munición sin vaina, igualmente eficaz y confiable. Solamente así se lograría llegar a la barrera de los 2.000 disparos por minuto (3 proyectiles en menos de 60 milisegundos). A esta velocidad, el culatazo no podía ser percibido por el soldado hasta luego de que el tercer cartucho era disparado. Como consecuencia, los tres proyectiles golpearían casi el mismo punto, sin más resultados aleatorios ni desviaciones.
Se trataba de una idea casi descabellada, evidentemente difícil y hasta peligrosa por los altos costos de experimentación derivados de un concepto tan nuevo, tan extraño. Pero se siguió adelante con la idea.
El trabajo sobre el G11 había comenzado ya en 1969, y teniendo en cuanta los pedidos del gobierno alemán, la H&K planeaba tener el nuevo fusil para entrar en servicio hacia 1990.
| Primer prototipo de la munición sin vaina. |
Pero para encarar semejante desafío hizo falta la unión de dos compañías especializadas, para atacar al problema desde dos frentes. Por un lado estaba Heckler & Koch, para el diseño del arma. Por el otro lado estaba Dynamit Nobel, para diseñar la munición. Juntas, estas compañías se conocieron como GHGS o Gesellschaft für Hülsenlose Gewehrsysteme (Corporación para Sistemas de Fusiles Sin Vaina). Luego se asoció también la empresa óptica alemana Hensoldt/Wetzlar, que fue la que creó el sistema de mira principal para el fusil.
Entre 1981 y 1986, luego de muchos años de esmerada labor, se logró llegar al final del desarrollo de los cartuchos del G11. El proyectil fue encapsulado dentro de un prisma de pólvora, que está protegido por una laca especial (necesaria, obviamente, para poner a prueba de agua y del clima el propelente). Dicho propelente era también especial, ya que podía alcanzar cerca de 100 grados centígrados sin estallar. Esto parece ser que era para evitar que el cartucho encendiera solo, al introducirse en una recámara muy caliente.
Cada cartucho tenía la cualidad extra de ser prismático, es decir, de sección rectangular, siendo más eficiente así en el uso del espacio dentro del cargador (comparado con los actuales cartuchos de sección redonda).
Los cartuchos del G11, calibre 4,7 x 33 mm, miden 7,9 mm de ancho y 32,8 mm de largo. Pesan 5,2 gramos y el peso de la bala es de 3,2 gramos. Son, como se puede ver, un 40% más pequeños con los del calibre 5,56 mm.
Tal vez una de las más publicitadas ventajas de la munición sin vaina y del G11 en particular fue la de poder cargar una cantidad enorme de munición. Fue uno de los más fuertes argumentos que parecen haber sido esgrimidos para lograr que el G11 ganara el programa ACR. Sobre todo teniendo en cuenta que los demás diseños, derivados en parte de sistemas convencionales, no parecían exceder la capacidad de sus "padres". Esto era especialmente cierto en cuanto al Steyr ACR, que apenas llevaba 24 cartuchos.
No solamente la munición era más pequeña, sino que también era más liviana, ya que no tenía vaina de ninguna clase. Esto daba como resultado un ahorro impresionante en peso y espacio. Por otra parte, los cargadores se cargan con secciones de 10 cartuchos unidos, para evitar que la recarga manual sea algo demasiado tedioso.
El cargador lleno de un G11 K2 tiene más o menos el mismo largo, pero la mitad del peso del cargador de 30 disparos de un M-16. La comparación es obvia, y más para un arma de mayor calibre como el G3 que estaban usando las fuerzas armadas de Alemania Occidental:
| Arma | |||
| Calibre | |||
| Cartuchos por cargador | |||
| Cargadores extras | |||
| Total disponible para el soldado | |||
| Peso del conjunto | |||
| * el K2 puede llevar dos cargadores extras dentro del arma, además del que está en uso |
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| Esquema a color de la munición definitiva del G11. Como se puede ver, es un concepto totalmente revolucionario, que costó décadas pulir y llevar a la práctica. El G11 y su munición es, probablemente, el proyecto armamentístico más largo de la historia, aunque no sea el más caro. | |||
El lector que haya llegado hasta esta parte, y no conozca nada del G11, se habrá sorprendido mucho al saber qué tipo de munición utiliza. Pero aquí no terminan las sorpresas: hay una más que destaca y no por nada.
Si ya ha visto las fotos del G11, se preguntará: "¿dónde está el cargador?" Muy sencillo: sobre y paralelo al cañón.
Simple como eso: el G11 tiene su cargador de munición sin vaina justo arriba del cañón, en posición horizontal. Se trata de un cargador de una sola fila, bastante largo comparado con los convencionales. Los cartuchos estan cabeza abajo, y así entran en el bloque de la recámara, mirando hacia el piso. Luego, se voltean 90 grados, en la posición normal, y son disparados. El retroceso hace que se cargue otro proyectil en la recámara.
Una ráfaga
de tres disparos se realiza a una cadencia de 2.200 disparos por minuto, pero
el usuario solamente siente el retroceso provocado cuando el tercer proyectil
ya está en el aire. Sin embargo, el disparo totalmente automático
tiene una cadencia normal de entre 400 y 600 disparos.
A pesar del mecanismo rotativo, que pareciera ser más lento, el G11 dispara tres proyectiles en cerca de 60 milisegundos, comparado con los 130 que consume cualquier otro fusil de asalto convencional. Esto hace que, como se esperaba en la idea de la salva, se reduzca mucho el azar en el disparo en ráfaga. Así se logra un aumento impresionante en la probabilidad de impacto, hasta los 100 metros. Esto sería imposible con otro tipo de arma.
Como se ve, el G11 es un diseño que deja atrás a todo lo que se pensaba del un fusil de cualquier tipo. El cargador está adelante, en forma horizontal. La munición no tiene vaina, y puede ser disparada con una precisión envidiable gracias a un mecanismo rotatorio. Por si fuera poco, derivado de esto, tenemos la palanca de montar, que ya deja de ser una palanca y pasa a ser más bien una perilla que rota, haciendo que el mecanismo tome un cartucho del cargador.
El G11 tal vez sea un diseño poco carismático, hasta feo, pero es sin duda uno de los más grandes hitos en la historia de las armas personales. Sencillamente ponía de cabeza todas las ideas preestablecidas sobre el diseño de armas. Los expertos de la Heckler und Koch habían demostrado nuevamente que eran los líderes en introducir nuevas ideas al mercado, ideas totalmente revolucionarias y aparentemente descabelladas.