Bombardero furtivo B-2 Spirit

El 22 de noviembre de 1988, la US Air Force revelaba al mundo en una ceremonia con exclusivos invitados uno de los más secretos artefactos de su inventario: el bombardero B-2. Muchos de los presentes, seguramente se sintieron sorprendidos y muy exitados por participar de semejante evento: uno de los proyectos más secretos era revelado al mundo, uno que podía cambiar para siempre el balance de la Guerra Fría. Un avión que podía volar sin ser detectado por radares, llevando su carga destructiva a prácticamente cualquier lugar del mundo, una carga que podría ser nuclear.

Ante ellos apareció una enorme ala volante, completamente negra, sin cola, más parecido a una manta raya que a un avión militar. El B-2 salía a la luz.

Imágenes de la presentación oficial al público del B-2, el 22 de noviembre de 1988.

El B-2 Spirit (el nombre oficial del aparato) fue promocionado ante el público mundial como un bombardero pesado que podía llevar un muy amplio arsenal en su bodega de carga: desde la combinacion de 84 bombas convencionales de 900 kilos o una bomba nuclear B-83 hasta un número limitado de misiles aire-tierra, incluyendo misiles crucero con cabeza nuclear. Pero ese no era su principal característica: con él era posible transportar ese poder indescriptible a cualquier parte del mundo, sin ser detectado por ningún sistema de defensa.

La baja observabilidad del B-2 se deriva de una combinación de reducción de emisiones infrarrojas, acústicas, electromagnéticas, visuales y de radar. Algunas de los detalles de estas características todavía son clasificadas, pero se sabe que, al igual que el F-117, el uso de materiales compuestos, el recubrimiento especial y el diseño de ala volante ha contribuido mucho a su «invisibilidad». Los B-2 están hecho de compuestos de carbono-granito, que son más ligeros que el aluminio pero más fuertes que el acero. Como es costumbre, los motores están situados sobre las alas y poseen sistemas especiales que le permiten reducir rápidamente la firma infrarroja del chorro de gases incandescentes. La estructura y sobre todo la cabina están repletas de superficies curvas que dificultad la reflexión de ondas de radio. 136 computadoras de vuelo ayudan a los tripulantes a manejar el complejo aparato.

La indetectabilidad del B-2 le permite volar alto, algo imprescindible para cualquier bombardero. Las tácticas de la guerra aérea convencional marcan que los aparatos deben volar bajo para evitar su detección, pero un bombardero no puede permitir que su rango de visión se vea comprometido. Además, en todo bombardero el tema de la autonomía y el alcance de vuelo son vitales: a grandes alturas, con una atmósfera más enrarecida, el ahorro de combustible es considerable debido a la menor resistencia del aire.

Otra de las ventajas promocionadas del el B-2 es que solamente necesita de dos pilotos: un comandante de vuelo en el asiento izquierdo y el comandante de la misión en el derecho. En cambio, el B-1B necesita una tripulación de cuatro y un B-52 necesita cinco tripulantes. Esto lo pondría en gran ventaja frente a otras naves, sino fuera por su alto costo. Inicialmente se preveía la fabricación de 132 aviones, con un costo aproximado de 500 millones cada uno, pero al aumentar el precio y terminar la Guerra Fría, solamente se fabricó un total 21.

 

Versiones y mejoras

Como suele suceder con muchos sistemas de armas, las primeras unidades tienen capacidades limitadas, que se van mejorando a partir de cierta unidad de la línea de ensamblaje. A esto se le suele denominar block (bloque) en Estados Unidos. Existen tres bloques o series del B-2.

Block 10: las aeronaves de esta configuración tenían capacidades de combate limitadas, pudiendo llevar solamente bombas convencionales, no guiadas. La configuración más general en la época eran varias docenas de bombas Mk-84 de 900 kilos o bombas nucleares de caída libre. Los B-2 de este tipo, si todavía existe alguno, están ubicados en Whiteman y son usados principalmente para entrenamiento.

Block 20: estos modelos tenían una capacidad moderada para llevar armamento guiado, lanzando tanto bombas convencionales como nucleares de ambos tipos. Se los probó con las Mk-84 y también con las CBU-87/B, que son bombas de racimo que se lanzan a baja altura.

Block 30: tienen capacidad completa especificada por la USAF, pudiendo lanzar todo tipo de bombas sin limitaciones. El primero de esta clase fue entregado a la USAF recién en 1997, lo cual nos habla a las claras del grado de desarrollo que tenían los aviones usados en Yugoslavia en 1999. Comparado con los Block 20, el 30 tiene casi el doble de modos de rastreo de radar pasivo, además de capacidades más avanzadas en materia de seguimiento del contorno del terreno; posee además la capacidad de lanzar bombas muy especiales como la JDAM y la JSOW. También se hicieron cambios para reducir más la escasa firma radar del aparato, se sacaron las cubiertas traseras, se instalaron más funciones de aviónica defensiva, y otros detalles menores.

Aparentemente todos los 21 B-2 fueron elevados al standard del Block 30, en un proceso que comenzó en julio de 1995 y debía terminar en junio de 2000.

Como puede verse, el desarrollo completo del B-2 costó mucho tiempo, además de dinero. Hacia fines de la década de 1980, con el fin de la Guerra Fría, la polémica estalló con la construcción de las primeras unidades, y en 1991/92 no estaban todavía operativos como para una guerra convencional. Incluso muchos años después de su exposición al público, todavía no estaban listos los Block 30, que eran los que realmente contaban por su capacidad ilimitada de ataque.

 



 

Un poco de historia

Curiosamente, el diseño del B-2 se parece considerablemente a los diseños de los hermanos Horten durante la Segunda Guerra Mundial, que fueron ignorados en su tiempo. Estos brillantes científicos alemanes habían propuesto una gran cantidad de diseños muy innovadores, entre ellos la primera ala voladora, un avión sin cola ni superficies verticales de control, parecido a una mantaraya. En ese momento, la situación de Alemania y la tecnología de la época no permitieron que el diseño saliera del papel.

En la posguerra, un norteamericano había tomado la idea, tal vez inspirado en ese mismo diseño. Se llamaba Jack Northrop, y fue uno de los mejores diseñadores de su época, habiendo fundado la empresa que lleva su nombre. Él no sólo diseñó un ala voladora, sino que hasta se obsesionó con esa idea, dedicando enormes cantidades de dinero y esfuerzo para lograr un avión de ese tipo que pudiera volar.

Su propuesta fue la construcción de un gran bombardero «ala volante» con seis motores de hélice en la parte trasera. Se lo llamó YB-49. Cuando la tecnología de motores a reacción se perfeccionó, los motores de hélice fueron reemplazados por unos más poderosos. Pero el resultado fue siempre el mismo. El aparato era inestable, peligroso de volar, le faltaba potencia y velocidad. A pesar de todos los esfuerzos que se hicieron, nada de esto pudo mejorarse: era obvio que con esos defectos, ningún YB-49 pasaría a la etapa de producción. El principal problema era que la falta de superficies verticales de control, algo nunca visto hasta entonces, traía todo tipo de inconvenientes de manejo, que no podían ser solucionados fácilmente.

Para Jack Northrop fue una gran desilusión, que la USAF no hizo nada por mitigar. No solamente cancelaron el proyecto, sino que confiscaron los pocos prototipos que había y lo obligaron a destruirlos, para asegurarse de que nada de esa tecnología pudiera caer en manos enemigas o ser usada para otros fines. El gran diseñador, según dicen, cayó en una gran depresión. El proyecto era sencillamente muy avanzado para su época.

Muchos años después, esa misma empresa creó el avión más caro y complejo del mundo. Inspirado en su líder, hicieron un ala voladora. Lamentablemente, Jack Northrop murió sin poder ver volar su gran sueño, y solamente pudo observar los diseños en el papel y una maqueta.

 

El origen de la sombra

Todo comenzó a fines de 1970 cuando, como sucedió con el F-117, la USAF decidió comenzar a pensar seriamente en la idea de un avión invisible al radar. Esta tecnología furtiva debía torcer nuevamente la balanza de la Guerra Fría hacia el lado occidental. Se pensó que estos aparatos penetrarían sin ser detectados en territorio soviético, evadirían los radares y podrían descargar en cualquier momento su carga nuclear, dando un golpe tan devastador y sorpresivo que nada podría contrarrestar. El desarrollo de esta arma tan maravillosa comenzó en 1981.

Al comienzo, la idea del Pentágono era comprar 132 aviones, para así formar una gran fuerza disuasoria. Los B-2 deberían reemplazar casi totalmente a los demás bombarderos, convirtiéndose en la espina dorsal de la fuerza. Esto costaría la enorme cifra de 22 mil millones de dólares. Pero eso no era problema al comienzo, ya que, debido a la naturaleza ultrasecreta del proyecto, nadie sabía de su costo. Además, la administración Reagan, famosa por sus derroches en materia de defensa (como el proyecto Guerra de las Galaxias, una enorme red de satélites y laser antimisiles que nunca se concretó), le dio al Pentágono un acceso especial al presupuesto de defensa: básicamente, un cheque en blanco para lo que fuera. Muchos dicen en contra del B-2 que los precios exorbitantes que se pagaron son a causa de maniobras no muy limpias: los contratistas no fueron licitados sino elegidos a dedo, y nadie controló si los precios podían ser reducidos. Nada salía de los círculos militares, y de esta manera todos los informes que debían ir al Congreso o a informar a los ciudadanos era clasificado. El velo fue muy efectivo, y nadie, ni siquiera la URSS, se enteró del programa.

Sin embargo, no todo podía durar para siempre. En 1988, el Congreso sufrió una sorpresa enorme al descubrir lo concerniente a esos 22 mil millones de dólares y los 132 aviones invisibles. Pero el asunto era todavía peor; en esos pocos años, el gasto total se había disparado a los 70 mil millones.

Casi nadie en el Congreso sabía nada del B-2, y esta revelación tan impactante no hizo más que abrir un debate terrible, que todavía continúa. ¿Porqué valía tanto esta aeronave ? ¿Realmente compensaba su precio? Y no todo terminaba allí: al caer el comunismo en la Unión Soviética, y desaparecer el gran enemigo, para el cual el B-2 había sido diseñado, ¿para qué comprar algo tan caro?

El escándalo provocado por el exagerado precio del B-2 se mezcló en esa época con la presentación del F-117. Ambos programas fueron muy criticados, ya que este supuesto caza costaba en la época muchísimo más que un F-15 de última generación (31 millones de dólares de esa época, en comparación con los 119 que se decía costaba el «caza invisible»).

Para colmo, la prensa sabía todavía menos del F-117 que del B-2, y por lo tanto lo poco que se conocía era más criticado: menos carga que otros aviones, nada de velocidad supersónica, realmente no era un caza sino un avión de ataque demasiado especializado. Incluso se llegó a pensar en que el F-117 fuera adaptado a misiones de reconocimiento, para no arriesgarlo en un ataque.

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