Cazas de quinta generación

A pesar de que la en su tiempo tan temida Guerra Fría ha terminado, los avances iniciados durante su curso siguen adelante, y nuevos adelantos en material bélico siguen surgiendo. Con la aparición de una nueva fuerza mundial como es la Unión Europea, y la persistencia de Rusia, estos adelantos se reflejan sobre todo en la aeronáutica. La nueva generación de cazas está surgiendo: algunos ya están aquí, otros pronto lo estarán, pero todos prometen ser el arma aérea definitiva.

Veamos que es lo que define a un caza de la quinta generación. Aunque no hay una definición oficial de ningún gobierno u organización, todos estos aviones se caracterizan por tener algunas cosas en común:

Todas estas características y algunas más son las que definen a los nuevos cazas. Como es de esperarse, todas estas no solamente elevan su eficiencia, sino también su costo. Es por eso que aunque varias naciones hayan comenzado sus estudios y algunas ya tengan en proceso de fabricación, solamente ellas pueden aspirar a operar este tipo de cazas. Incluso en ellas, su elevado precio hace que muchos se hayan levantado en contra de un gasto tan alto, y su desarrollo o producción peligra a causa de esto.

Otra de las características en las que se suele poner el acento es la capacidad de actuar en variados tipos de misiones. Si bien su tarea primaria como cazas es la destrucción de aviones enemigos, muchos de los actuales cazas de quinta generación se anuncian como cazas multipropósitos, ya que pueden realizar misiones de ataque a tierra o de otros tipos como funciones secundarias.

El costo se refleja principalmente en tres factores:

Es por eso que el desarrollo de esta nueva generación de aeronaves no ha estado exenta de problemas, muchos de ellos graves. Más allá de los problemas técnicos, como la investigación y construcción de nuevos tipos de alas, motores, sensores, sistemas de armas, etc., se esconde el mayor problema de todos: la escasez de fondos. En casos como el de Rusia, ésta puede en el peor de los casos congelar definitivamente todos los planes de investigación y desarrollo.

Pero en Occidente la situación no es mucho mejor. En EEUU, donde desde 1989 se han dado furiosos combates en el Congreso entre los partidarios de reducciones de presupuesto militar y los que quieren aumentarlo, la situación es especialmente crítica. La industria armamentística devora miles de millones de dólares del Estado; la aeronáutica es la que suele llevarse la palma, con proyectos que, como el B-1B, el B-2 y el F-117A, acapararon la primera plana de los diarios no solamente por sus capacidad y sus actuaciones militares, sino también por su elevadísimo costo y las discuciones sobre su uso. La NASA ha tenido que recortar severamente sus fondos, lo cual no solo ha repercutido en el programa espacial, sino seguramente en las investigaciones de los programas X, que ahora agrupan a empresas extranjeras y otros organismos de la defensa. Gastar 130 millones en un solo caza como el F-22 es impensable. Si a esto le agregamos la dificultad de vender en Europa (la única otra parte del mundo que podría comprar semejante aparato), que cuenta con numerosas y fuertes empresas aeronáuticas de renombre como EADS y otras, que tienen sus proyectos en vidriera, el panorama no es nada alentador.

Y es justamente en Europa donde la situación se presenta más positivamente. El Eurofighter, el Rafale y el Gripen sueco se perfilan como alternativas mucho más accesibles en cuanto al factor más importante: el costo. Según muchos analistas, el Eurofighter costará menos de la mitad de un F-22 y tendrá gran parte de sus capacidades. El Rafale ya ha sido confirmado como futuro caza de la Fuerza Aérea y la Marina francesa y además pretende conquistar mercados en otras partes del mundo, cosa que el F-22 nunca podrá pretender. El Gripen ya está en operaciones, siendo un caza liviano y ligero, tal vez no de última generación, pero sí muy capaz y eficiente, además de barato.

El tema principal es, como siempre, el precio de la paz. Tener el mejor armamento ha sido siempre el deseo de toda nación, ya sea para la defensa o el ataque. Pero, ¿se justifica el costo en momentos de relativa paz mundial, con conflictos aislados y de escasa importancia a nivel internacional? Ciertamente que la Tercera Guerra Mundial todavía podría estallar, pero las posibilidades parecen mínimas.

A pesar de todo, los cazas de quinta generación siguen avanzando. ¿Los veremos volar en el siglo XXI enfrentando acciones de combate? Ciertamente que nunca faltarán razones, sea una guerra mundial o un enfrentamiento aislado. Y entonces, solamente entonces, podremos decir cual de todos es el mejor, y, lo que todos los involucrados en su desarrollo, su compra y su uso, se están preguntando desde hace ya más de 15 años: ¿han valido la pena?


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