Misil V-2 (A-4)

En 1936, los planos del proyecto A-3 pasaron a ser los del A-4, el primer misil balístico de ataque. A diferencia del V-1, era un diseño que revelaba lo que se venía en cuanto a tecnología bélica. No era nada que se hubiera visto antes.

El código del A-4 era una abreviatura de Aggregat 4. Su desarrollo costó no menos de 10 años, pero resultó ser un arma más que efectiva. Werner von Braun participó muy activamente de este proceso, que se aceleró mucho cuando él y su equipo se mudaron a Peenemünde en 1937.

Pero la guerra y la necesidad de dinero para el rearme con aparatos convencionales de ataque hizo que el proyecto tuviera que esperar al 20 de agosto de 1941. Ese día Hitler autorizó la continuación de los ensayos, para poder atacar Londres impunemente. La batalla de Inglaterra estaba perdida, y ahora la iniciativa aérea la tenían los ingleses.

Rápidamente, para finales de 1941, se construyó el primer A-4, y el 13 de junio de 1942 se dispararon los primeros ejemplares. Pero ya era un poco tarde. El tiempo perdido era irrecuperable, ya que un arma tan avanzada necesitaba muchos ensayos y pruebas antes de entrar en servicio. Se puede argumentar firmemente que, de haberse continuado los ensayos durante la segunda mitad de la década de 1930, el A-4 podría haber marcado una gran diferencia al comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Los problemas fueron muchos, y tenían que ver con los materiales, el combustible y otros aspectos muy innovadores. Hubo 265 lanzamientos de prueba en total, hasta que el arma entró en servicio activo. En junio de 1942 se intentó el primer lanzamiento, que falló cuando el prototipo estalló sin despegar, dando como resultado un espectáculo aterrador que presagiaba su poder. El primer lanzamiento exitoso parece haber sido el 16 agosto de ese año, convirtiéndose el A-4 en el primer misil en romper la barrera del sonido. Se sabe que el 3 de octubre se lanzó sin problemas otro prototipo. El 22 de diciembre Hitler autorizó su producción en gran escala.

El A-4 era sin duda algo impresionante. Sus 14 metros de longitud pesaban casi 13 toneladas, una de las cuales era de explosivos. Tenía un diámetro de 1,68 metros y podía recorrer sus 340 km de alcance a velocidades que lo hacían ininterceptable por cualquier aparato de la época (y de varias décadas más tarde).

No fue Londres el primer blanco de las V-2. Al menos dos de estos misiles se dispararon contra París, el 6 de setiembre de 1944. Afortunadamente para los aliados, ninguno de los dos no alcanzaron su objetivo. Esto se debió tal vez a defectos de fabricación o diseño, ya que no se trataba al parecer de unidades operativas, como sí sucedió dos días más tarde.

El primer V-2 operativo fue lanzado el 8 de septiembre de 1944. Su objetivo era Londres. Hasta el 27 de marzo del año siguiente, se lanzaron un total de 3.165 aparatos contra Inglaterra y otros blancos en Europa, como por ejemplo, Amberes.

Al principio, el gobierno de Churchill, conociendo la causa de la destrucción, trató de disfrazarla. La gente ya se estaba acostumbrando a los bombardeos de las V-1, conocía su sonido característico y sus capacidades. Pero rápidamente comenzaron a caer misiles, sin previo aviso, que pasaban por todas las defensas. Las V-1 eran fácilmente identificables e interceptables, pero en este caso nadie lograba ver nada antes de la detonación.

Se dijo entonces que se trataban de explosiones de gas. Sin embargo, luego de dar varias veces esta excusa, ya no surtía el mismo efecto, y el 10 de noviembre de 1944, Churchill tuvo que admitir ante el Parlamento que estas poderosas explosiones eran de otro tipo de arma, muy diferente a la V-1. Sin embargo, el peligro no minó la moral de los ingleses, como lo esperaba Hitler.

Los análisis de inteligencia demostraron que era imposible evitar el ataque de una V-2. Los comandos ingleses llegaron a robarse incluso un V-2 casi completo, ayudados por la Resistencia Polaca, de un campo de pruebas en Polonia. Pero vieron que era imposible interferir en el sistema de guía, por lo que apenas se hicieron intentos por lograrlo su destrucción temprana.

Ininterceptable por su velocidad, imposible de interferir e muy difícil de destruir en tierra, la V-2 puede calificarse de alguna manera como el arma perfecta de esa época. Sin embargo, igual que muchos otros inventos de ese tipo, llegó muy tarde y además fue desaprovechada por Hitler.

Una V-2 lista para el lanzamiento en Peenemünde. Las alemanas estaban pintadas de colores oscuros o camufladas, pero los estadounidenses pintaban a las capturadas con el conocido esquema de cuadrados blancos y negros.

Configuración general

El A-4 fue el primer misil con forma de misil, tal como estamos acostumbrados a verlos ahora. Su fuselaje era delgado, cilíndrico, afilado en la punta. En la parte trasera tenía cuatro aletas en flecha, que servían para darle estabilidad, y también para soportarlo cuando estaba en su posición vertical de lanzamiento.

En la punta estaba la cabeza explosiva, de 910 kilogramos de peso. El explosivo era el de peor calidad, llamado armatol; los efectos de mejores explosivos hubieran sido devastadores en cualquier ciudad. Sin embargo no se trató de un error de diseño, sino todo lo contrario. La fricción experimentada por la cabeza del misil elevaba su temperatura a los 600º, haciendo estallar las ojivas con los explosivos más potentes que se probaron, de manera que se usó el armatol para que esto no sucediera.

Detrás estaban los dos giroscopios y el sistema de guía. Este último usaba actuadores electrohidráulicos para mover las superficies de control en las aletas de grafito. Así cambiaba el ángulo de ataque del misil cuando lo estimaba necesario. El misil llegaba a una altura máxima de 96 km antes de comenzar a caer siguiendo el conocido ángulo balístico.

En la parte media estaban los tanques de combustible, las bombas de combustible, y al final el motor-cohete. La forma de propulsión era realmente impresionante para la época. El motor-cohete estaba alimentado por oxígeno líquido (en un tanque de 4.900 kg) y alcohol (en un tanque de 3.770 kg). Se trata, como se ve, de un sistema binario que presagiaba su uso en sistemas espaciales, ya que daba una potencia tremenda (26.000 kg a nivel del mar). Este motor le daba al V-2 su mayor ventaja: la imposibilidad absoluta de ser interceptado por cualquier arma conocida. La velocidad alcanzada por el V-2 era algo nunca soñado: nada más ni nada menos que 5.790 km/h. Se convirtió así en la primer arma hipersónica operativa del mundo.

Para alimentar las bombas de combustible, había además otro motor (de 730 hp), movido por la energía química proporcionada por la combustión de peróxido de hidrógeno y permanganato de calcio. Esta era una mezcla extremadamente potente, utilizada también por el caza-cohete Me-163 Komet. El peróxido de hidrógeno es el nombre científico de la conocida agua oxigenada. Esta es un compuesto cuyas moléculas no están formadas por la clásica fórmula de dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno; el oxígeno está disuelto en mayor proporción, dando como resultado un compuesto inestable, que encierra gran cantidad de energía química.

El agua oxigenada se utiliza, entre otras cosas, para las tinturas de cabello, pero este compuesto tiene una solución del 30%. En cambio, el peróxido de hidrógeno usado en los tanques de la V-2 tenía una proporción mucho mayor. Un científico polaco de la Resistencia, que pudo ver una muestra, se salpicó los dedos y quedó impresionado al ver que aparecían en su piel unos puntos blancos. Al examinar el compuesto, descubrió con gran asombro que era agua oxigenada con una solución al 80%. Esto era casi un milagro científico para la época, y es una gran muestra de la experiencia alemana en motores de cohetes y combustibles.

En la base del motor estaba una de las innovaciones del diseño. Se trataba de cuatro toberas hechas de grafito, la única sustancia entonces conocida que podía soportar la tremenda temperatura de los gases incandescentes del motor. A diferencia de los demás diseños de misiles, que eran controlados como un avión, moviendo sus alas o aletas, el A-4 controlaba su vuelo cambiando de dirección el chorro de gases. Todo un prodigio en la época, y todavía ahora, cuando sólo recientemente esto se está incorporando a los aviones caza a reacción. Así se controlaba el empuje mientras el A-4 alcanzaba la velocidad necesaria como para que sus aletas pudieran asumir el control.

 



Las diferencias con la V-1

Lanzamiento de una V-2 estadounidense. A pesar de ser caras y difíciles de fabricar, al final de la guerra quedaron muchas sin utilizar, que fueron uno de los más valiosos trofeos de guerra científicos de los estadounidenses.

El A-4 no tenía ninguna relación con la Fi 103, pero quedó marcada por el nombre de V-2, como su sucesora. Y era indodablemente el arma que Hitler había estado buscando para este propósito de la venganza.

Costaba 56.000 marcos del Reich, más de diez veces el costo de la V-1, aunque cargaba la misma cabeza explosiva y por lo tanto hacía más o menos el mismo daño. Su diferencia no era entonces en el potencial de fuerza bruta, sino en todo lo demás. Era revolucionaria, y totalmente imposible de interceptar. Su trayectoria era la de un misil, no la de un avión. Su velocidad hipersónica era algo nunca visto. Su precisión, también. No es raro entonces que se haya tratado de seguir con su desarrollo y construcción a cualquier precio.

A pesar de todos los obstáculos que los aliados pusieron en el camino planeado, se construyeron aproximadamente 10.000 V-2, de las cuales se lanzaron casi 5.000, cayendo 4.320 en territorio aliado. Unas 1.120 fueron lanzadas contra Inglaterra, y se demostró que eran mucho más eficaces que las V-1: 1.050 fueron las que realmente impactaron su blanco.

Además hay que contar unas 600 unidades que fueron lanzadas desde un centro de entrenamiento cerca de Blizna, en Polonia. Como se ve, muchas V-2 nunca fueron lanzadas cuando se firmó el armisticio que puso fin a la guerra.

Las V-2 causaron en Inglaterra solamente 2.754 muertes y 6.523 heridos, mucho menos que su predecesora. En contrapartida se lanzaron contra muchas ciudades. Entre el 6 de septiembre de 1944 y el 27 de marzo del año siguiente, Antwrep, puerto importante para los Aliados que salían de Normandía, recibió 1.341, y otras 1.120 fueron para Inglaterra. Se lanzaron 98 contra Lieja, 65 contra Bruselas, 15 contra París y 11 contra los puentes del Remagen.

Precio y complejidad

El A-4 es sin duda alguna uno de los aparatos más complejo que se diseñaron y construyeron en la Alemania Nazi. Sin embargo, esto tuvo su precio para un país que ya no podía soportar una guerra en dos frentes contra dos grandes potencias industriales como EEUU y la URSS, que lo superaban en cantidad de equipo y personal.

El costo unitario de cada misil era de 56.000 marcos, lo cual ya era mucho; pero si se tiene en cuenta el proceso de desarrollo, que duró varios años, los costos se disparan aún más. Durante este período, se tuvieron que fabricar y lanzar unas 3.000 unidades para propósitos experimentales. El costo de cada V-2 operativa costó entonces unos 250.000 marcos del Reich, teniendo en cuenta también que muchos procesos químicos y de fabricación tuvieron que ser diseñados también para apoyar el proyecto.

Se calcula que, por cada V-2 lanzada, se podrían haber fabricado 6 cazas, aparatos mucho más necesarios para la defensa de Alemania en ese período. Sin embargo, este malabarismo teórico no tiene en cuenta que seguramente esos cazas no hubieran tenido combustible para despegar. Tal vez el fallo del V-2 no tuvo que ver con su precio o su complejidad, sino principalmente en su uso como arma de terror, papel en el que la V-1 era más eficaz. Gracias a su precisión, la V-2 podría haberse utilizado con mucha mayor eficacia contra blancos enemigos militares, en lugar de civiles. En este caso la imposibilidad de detección e intercepción hubiera puesto sobre los soldados aliados una presión psicológica mucho mayor.

La marca del genocidio

Luego del bombardeo aliado de la base experimental de cohetes de Peenemünde, Hitler sospechó de un acto de sabotaje. En realidad había sido una audaz operación de inteligencia, en donde no parece haber involucrado ningún responsable directo. Pero luego de esto, muchas cosas cambiaron.

Afortunadamente para Hitler, las pruebas de la V-2 en Peenemünde casi habían terminado para cuando ocurrió el bombardeo. Solamente hacían falta algunos ajustes menores e investigaciones complementarias. Pero desconfiando de muchos, decidió encargar su fabricación a manos más fieles. El control, entonces, dejó de estar en manos de la Luftwaffe y pasó a las SS de Himmler, en las cuales Hitler tenía una confianza ciega. Himmler hizo uso de todos sus recursos para continuar con la producción de las V-2 (y también de las V-1). Y todos sus recursos a mano eran, principalmente, los de los prisioneros de los campos de concentración.

Así se construyó el campo de trabajadores esclavos conocido como «Dora» o «Mittelwerke», cerca de Nordhausen am Harz. Si las condiciones de los campos de concentración comunes eran inhumanas, es difícil encontrarle calificativo a un día cualquiera dentro de este sitio.

La fábrica era subterránea, para evitar la detección y los bombardeos aliados. Se trataba de un laberinto de túneles y cuevas, de aspecto deprimente. Todo el trabajo, desde excavar la fábrica, corrió por cuenta de los prisioneros, que llegaban de a miles (y de a miles morían todos los meses). La producción de la V-2 comenzó así en septiembre de 1943, bajo tierra. La población del centro era de aproximadamente 50.000 personas.

Para abril de 1944 se construían unos 300 V-2 por mes, y se llegó a un pico de la producción en octubre de ese año, produciéndose 1.000 unidades. Para cuando comenzó la ofensiva de las V-2, en septiembre de 1944, había 1.800 unidades esperando para ser lanzadas por el ejército alemán.

Las condiciones, como se ha dicho antes, era indescriptibles. Parece ser que los guardias SS fueron de los más sádicos que se pudieron encontrar. Los prisioneros morían por la violencia, hambre, frío y desesperación, además de cansancio. Los supuestos saboteadores o vagos eran colgados de a decenas en la puerta de entrada, por la cual entraban y salían constantemente los prisioneros, como un lúgubre recordatorio. Aunque las cifras son frías, son necesarias para darle verdadera escala a este campo de la muerte. En los 19 meses que estuvo en funcionamiento, murieron 30.000 personas. Esto hace un promedio aproximado de casi 50 personas por día.

Sin embargo, parece ser que los últimos intentos de sabotaje de muchos trabajadores forzados lograron su objetivo. Se dice que cierta cantidad (se habla de hasta un tercio) de V-2 tenían pequeños defectos que las hacían estallar durante el lanzamiento, o enloquecer en el aire. Esto puede deberse al sabotaje, pero hay que tener en cuenta que se trataba de una tecnología muy nueva y complicada, de manera que los defectos inherentes a este tipo de construcciones también debían abundar.

También en 1943 se comenzaron a construir gigantescas fortificaciones en Francia, que debían servir como bases de lanzamientos de las V-1 y V-2. Para ello se utilizaron también trabajadores forzados. La magnitud de la obra era realmente terrible: la cúpula del bunker mayor pesaba 1.000 toneladas, y se calcula que el cemento utilizado pudo alcanzar como para alimentar las necesidades de una ciudad por dos años.

Los bombardeos aliados también intentaron destruir este importante blanco, pero fallaron debido a la fuerza de los diseños. Se probó con todo, y nada sirvió. Finalmente, tuvo que utilizarse una bomba de 10 toneladas, ideada por el genial profesor inglés, el doctor Barnes Wallis. El aparato se denominó bomba terremoto, y destruyó las instalaciones. Como consecuencia, los bombarderos tuvieron que vérselas con emplazamientos móviles, de pocas dimensiones. Las V-2 eran transportadas por vía férrea. Las rampas de lanzamiento, al ser verticales, eran más fáciles de disfrazar que las de las V-1, y se utilizaron desde bosques en más de una ocasión.

 

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