V-1 (Fieseler Fi 103)

1942 marcó el inicio de una nueva era del armamento. Fue en la Nochebuena de ese año cuando despegó de las instalaciones de Peenemünde el primer misil tierra-tierra del mundo que entraría en acción. Considerado el abuelo de los misiles de crucero, era nada más que la primera Arma de la Venganza de Hitler.

Considerado en esa época como un avión no tripulado, su designación oficial era FZG, o Flakzielgerät 76 (proyectil-cohete antiaéreo 76). Sin embargo este era un nombre clave para despistar. Algunos lo conocieron también por la marca de su fabricante y un código: Fieseler Fi 103.

El mundo lo conoció por el melodramático código que Hitler usó para definirlo: V-1. La «V» era de Venganza, y el número «1» no presagiaba nada bueno para Inglaterra y otras naciones. Solamente habían pasado 6 meses desde que se había hecho el encargo de esta «bomba voladora». En ella habían trabajado las firmas KasselerFlugzeugfabrik, de Gerhard Fieseler, y también la Argus-Motorenwerke. Su costo de fabricación era bastante bajo: no más de 3.500 marcos alemanes de la época. Además, solamente hacían falta unas 280 horas de trabajo para construir una V-1.

Los comienzos

El desarrollo del arma fue autorizado en junio de 1942, y el Fi 103 comenzó a tomar forma bajo la dirección del ingeniero Robert Lusser, que le dio una forma similar a la de un avión.

Los primeros ensayos sin motores comenzaron en diciembre de 1942. Un prototipo fue lanzado desde un avión Focke-Wulf Fw 200 «Kondor», un avión de pasajeros reconvertido en bombardero y patrullero marítimo, entre otras cosas. Uno un considerable número de problemas y retrasos, pero se fueron solucionando mientras se dispararon unos 300 prototipos del Fi 103. El arma estuvo lista para ser usada en el verano de 1944.

El partido nazi, con Hitler a la cabeza, intervino para cambiarle el nombre al arma, pensando en convertirla en un símbolo de lo que le esperaba a Inglaterra. Como parte de su programa de propaganda, tan prodigiosa arma no podía tener un nombre simple. Fue así rebautizada como Vergeltungswaffe-1, «Arma de la venganza 1».

En este video de la época, puede verse lanzamiento de una V-1 y su característico sonido, como el de un motor de auto antiguo.

 

Configuración general

El motor radial que usaba la V-1 había sido idea de un científico francés, Victor de Karavodine, que lo había patentado en 1907. Tres años más tarde, un científico belga también presentó en la oficina de patentes un diseño de motor radial. Muchos años después, este sistema aparecía formando parte de la V-1.

En 1942, el general Milch autorizó la producción del llamado «pulsorreactor Schmidt», que era la nueva forma de propulsión que se consideraba perfecta para el diseño. Este nuevo tipo de motor era muy potente y era un tipo de motor a reacción, diferente a los cohetes utilizados en otros proyectos. Sin embargo, tenía el inconveniente de que necesitaba que el aparato portador tuviera una velocidad mínima para comenzar a funcionar.

El V-1 en cuestión medía 8,32 metros de largo (había una versión más corta, de 7,73 metros), tenía un diámetro de 80 centímetros y una altura de 1,4 metros, con una envergadura de 5,30 metros (o 5,72 metros para una versión de mayor alcance). Pesaba aproximadamente 2.180 kg en el momento del despegue, y cargaba una cabeza explosiva de 850 kg que caía a 240 km de distancia, volando a una velocidad promedio de 655 km/h durante dos horas. Su forma se asemejaba bastante, todavía, a la de un extraño avión. Pero era mucho más que eso: se lo menciona ahora como el abuelo de los misiles crucero.

Rampas de lanzamiento de V-1. Sin duda uno de sus puntos débiles, eran fácilmente identificables y bombardeables.

En las proa había una pequeña hélice, que controlaba el alcance: sencillamente daba vueltas hasta que el objetivo se había alcanzado. El mecanismo era el siguiente: conociendo la distancia, la velocidad y la altura de vuelo del aparato, se podía calcular el número de revoluciones que la hélice debía dar. Por lo tanto, se fijaban los puntos, tomando como referencia la Torre de Londres, si se pensaba atacar esa ciudad. La V-1 era un costoso reloj de cuerda: antes del despegue, había que fijar todos estos datos. La bomba despegaba, y cuando se terminaba el tiempo (estuviera o no sobre el objetivo), el contador desconectaba el mecanismo del motor, accionaba los mandos necesarios para cambiar de curso y comenzaba a caer sobre el blanco.

Luego de la hélice había una brújula magnética, y justo detrás estaban los 850 kilos de explosivos (hubo una versión que solamente llevaba 454 kilogramos). Detrás estaba el depósito de combustible. En la parte media había dos esferas de caucho, llenas de aire comprimido, que era inyectado dentro de la cámara de combustión.

En la parte trasera de la V-1 estaban los giroscopios, timores y demás controles. Sobre esta parte estaba montado el pulsorreactor Argus-Schmidt 109-014, fuera del fuselaje, sostenido por una estructura especial. Este motor funcionaba con una frecuencia de 47 hertz, lo cual producía el conocido sonido intermitente, y daba un empuje de 300 kg. La capacidad de combustible era de 568 litros de gasolina de 80 octanos.

El motor no era de lo mejor, sin embargo, ya que no tenía mucha potencia. Un grave defecto de la V-1 era la facilidad con que podía ser interceptada, tanto por cazas como por la artillería antiaérea. Los primeros modelos solamente alcanzaban los 590 km/h, y solamente hacia fines de 1944 se logró que llegaran a los 800 km/h. Incluso así era poco, ya que los aviones ingleses a reacción y los modelos más rápidos de pistón podían derribarla, si los pilotos tenían práctica. La altura de vuelo de la V-1 era de entre 760 y 3.000 metros, lo que a veces facilitaba su derribo.

Aunque la V-1 se probó desde bombarderos, estaban pensada para ser lanzada desde tierra. Era necesaria una rampa de 55 metros de largo, compuesta por dos rieles, y un tubo adosado a la nave, que corría entre ellos. El motor de encendido, que ponía el vuelo el aparato, era un émbolo accionado por energía química. Una vez lanzado, el pulsorreactor podía comenzar a funcionar.

 



Los ataques

Las primeras V-1 operativas fueron lanzadas sobre Londres en la noche del 12 al 13 de junio de 1944. Al día siguiente, aproximadamente a las 4 de la madrugada, el centinela de una estación de observación aérea del condado de Kent, en el sur de Inglaterra, reportó sucesos muy extraños. Dijo haber escuchado un «fuerte ruido», y luego de lo cual detectó un «minúsculo avión» del cual salían llamas anaranjadas. Sin embargo, era tarde para que las baterías antiaéreas pudieran hacer algo. El centinela describió el raro sonido del motor de pulsorreacción: dijo que era el aparato avanzaba «rateando como un Ford de los más viejos, subiendo una cuesta empinada». Sin duda, un reporte extraño pero preciso de un sonido nunca antes captado.

Minutos más tarde, ese aparato se estrellaba Swanscombe, una pequeña ciudad a 32 kilómetros del blanco asignado: la Torre de Londres. No sería la última V-1 que erraría por mucho. Sin embargo, en los siguientes 10 días unas 370 V-1 lanzadas sobre la capital inglesa tuvieron más puntería. Luego de eso, las medidas defensivas que se fueron aplicando se hicieron tan estrictas que casi ninguna podía pasar.
El plan original era utilizar las V-1, muy fáciles y baratas de fabricar, para bombardear Londres totalmente, a ritmo de unas 3.000 unidades por día. Una cifra impresionante que, por suerte para los aliados, no llegó a concretarse nunca. El día en el que cayeron más misiles fue el 2 de agosto de 1944, cuando fueron lanzados 361 V-1 desde 38 emplazamientos distintos.

La V-1 estaba a cargo de la artillería del Ejército, pero la insistencia de Göering hizo que la Luftwaffe contara con una versión del He-111 que podía lanzar esta nueva pesadilla. Estas V-1 tenían, además, la ventaja de que podían ser lanzadas desde lugares no conocidos por los Aliados.

Pero al problema de la baja producción, se sumaron dos problemas con el diseño. El primero era que el V-1 no era demasiado rápido, y por lo tanto podía ser interceptado con relativa facilidad, una vez que se practicaba un poco.

Escuadrones especiales de cazas, equipados con aviones a reacción, de los más veloces de la época, iban al encuentro de las «bombas voladoras» cuando el radar las detectaba sobre el Canal de la Mancha. Las baterías antiaéreas se concentraban en derribar las que pasaran esa primera barrera, cuando las V-1 estaban a su alcance. Y por si fuera poco, rodeando Londres se montó una densa red de globos cautivos, de los cuales colgaban redes metálicas finísimas. Estas defensas fueron tan efectivas, que de los 97 misiles lanzados contra Londres en un día promedio, solamente unos 4 lograban pasar.

Rápidamente los mismos londinenses aprendieron a defenderse a su manera. Se dieron cuenta de que, apenas comenzada la caída del misil, el motor del V-1 emitía extraños estruendos de gran potencia. Las personas corrían hacia los refugios, si es que no habían sido informados, apenas escuchaban este sonido. Muchas veces, bastaban esos pocos segundos para que se salvaran muchas personas.

Pero el ataque de los V-1 tenían otro defecto intrínseco. Al estar apuntados hacia Londres, le era muy difícil, casi imposible, a los encargados el evaluar los daños ocasionados. Volar sobre la capital enemiga en misiones de reconocimiento era un suicidio: justamente para eliminar esa necesidad se habían inventado las V-1, que ahorraban bombarderos.

Al principio, la inteligencia alemana podía ver las secciones necrológicas de la prensa londinense, y calculaban así las víctimas al extrapolar y entrelazar datos. Pero luego los periódicos suprimieron esa información, posiblemente alertados por el mismo gobierno inglés.

La única fuente de información eran, entonces, los mismos agentes del Abwehr (Servicio Secreto alemán) en la zona. Pero allí la suerte corrió nuevamente del lado aliado. Los encargados alemanes no tenían idea de que el Servicio Secreto inglés había localizado ya a todos y cada uno de los espías enemigos. A cada agente se le había dado a elegir dos alternativas: la muerte o actuar como agentes dobles.
La gran mayoría, sino todos, habían optado por la segunda opción, y actuaron tan bien que nadie sospechó. Cuando el Abwehr les pidió que les enviaran información sobre el lugar exacto en donde caían los V-1, los agentes dobles mentían o manipulaban la información. En principio, solamente daban los datos de impacto de todos aquellos proyectiles que caían más allá de Londres, hacia el norte. Además, informaban que el tiempo de vuelo de los misiles era muy largo, lo que los hacía caer en casi cualquier parte.

Los encargados alemanes, sin sospechar esta mentira a medias (en realidad las V-1 eran imprecisas), acortaban el tiempo de vuelo, reduciendo la cantidad de vueltas que daban las hélices antes de comenzar la caída. Así, se esperaba que los misiles alemanes cayeran antes de llegar a Londres, en donde no podían hacer daño: el Canal de la Mancha.

A los pocos días de comenzado este operativo, se corrigió este dato, dando como resultado que más del 80% de las V-1 cayeran al sur del Támesis o incluso antes. Fue así como un arma bastante buena fue eliminada de la guerra, borrándose su eficacia por culpa de la falta de información precisa.

El otro defecto importante de la V-1 era la facilidad con que era detectada en sus lugares de lanzamiento. Los encargados de su uso no fueron muy brillantes en este punto. Los misiles fueron utilizados desde emplazamientos gigantescos, a veces muy llamativos, sobre todo por la necesidad de usar las rampas de lanzamiento. La RAF, en ese momento dueña de gran parte del cielo continental, detectaba rápidamente los puntos de lanzamiento de la costa francesa y los destruía rápidamente.

 

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