Subfusil Owen

Corría el mes de julio de 1939 cuando un joven de 24 años, llamado Evelyn Owen, llevó su prototipo de un subfusil calibre .22 a las barracas de Victoria, en Sydney, Australia. Allí fue inspeccionado por oficiales de suministros; él explicó que se podía hacer con equipo poco especializado usando las partes de un fusil calibre .22. Pero los oficiales le dijeron a Owen que no podían aceptarlo en uso para el ejército a causa de que tenía un calibre bajo.

El joven, insistiendo, les explicó que el arma podía ser adaptada fácilmente para usar calibres más grandes y que solamente había elegido el .22 por conveniencia. A pesar de su insistencia, el arma fue rechazada: antes de la Segunda Guerra Mundial, el ejército australiano no se había dado cuenta de la importancia de los subfusiles para el uso de la infantería.

El ejército australiano siguió en su postura, poco interesado en el arma. Y cuando se dio cuenta de lo importante que eran los subfusiles, encargó rápidamente una partida de subfusiles Sten a las fábricas británicas. Las autoridades tardaron un tiempo, sin embargo, en darse cuenta de que, con la Segunda Guerra Mundial ya en marcha, el ejército británico tenía derecho a usar todo lo que produjeran sus fábricas. Durante ese tiempo Owen no hizo más que insistir, y al aparecer este vacío, pudo persuadir a las autoridades militares para que probaran su proyecto, en 1940. El Owen fue aceptado, aunque el tema del calibre siguió siendo un problema: se produjo el arma en cuatro calibres hasta que se adoptó el ahora universal de 9x19mm Parabellum.

Subfusil australiano Owen. Las manchas no son a causa del uso, sino de la costumbre de pintar miméticamente el armamento.

Nadie seguramente supo en esa época todos los acontecimientos que vería esa arma tan extraña. Lo primero que nos permite reconocer fácilmente al Owen es la posición vertical superior del cargador, apuntando hacia arriba, colocado encima del cajón tubular del arma. Esta característica, poco vista en los subfusiles (incluso ahora), es solamente peculiar en apariencia, y se adoptó por su funcionalidad. A pesar de que presenta un ligero inconveniente para el tirador, ya que se desplaza la mira y el alza a la derecha del arma (lo cual es una solución algo incómoda), no es tan grave en el campo de batalla: los subfusiles no son armas de precisión y se mantienen al dispararse a la altura de la cadera. Incluso el arma que sustituyó al Owen, el X-3, en el ejército australiano, conserva esta característica.

Otro gran punto del Owen es su gran robustez y convencionalidad, que lo hacían muy confiables en cualquier circunstancia y clima: fue un arma tosca y segura que alcanzó por ello mucha fama. También la facilidad de uso y mantenimiento ayudaron en mucho: otra característica exclusiva del Owen es la posibilidad de sustituir rápidamente el cañón. A pesar de que no era tan necesaria, ya que para que se produjera la autocombustión del cartucho era necesario disparar una enorme cantidad de proyectiles, esta característica se conservó durante toda la producción del Owen. Solamente tirando hacia arriba un seguro operado por un resorte, justo delante de donde se inserta el cargador, el cañón se podía sacar. Este dispositivo es necesario, ya que el método de ensamblaje y construcción, el arma solamente podría ser desmantelada removiendo el cañón y luego sacando la recámara y el resorte de retroceso hacia adelante. Otra parte inusual del subfusil Owen es que el mecanismo de eyección está dentro del cargador y no del arma: los casquillos vacíos caen delante del gatillo.

Un detalle notable era que, en servicio, el Owen (como las otras armas) se recubría a menudo con barnices miméticos adaptados al terreno en el que se operaba: en el caso del ejército australiano (el Owen no fue utilizado por otras fuerzas armadas) era la jungla de Nueva Guinea, donde los soldados encontraron en el Owen el arma ideal para el combate de proximidad. Aunque era pesado y aparatoso, el Owen era un arma de primera clase y muy popular entre los que lo usaban; este subfusil resultaba sensiblemente más pesado que la mayoría de los modelos similares, pero las empuñaduras de pistola, tanto anterior como posterior, agilizaban notablemente su manejo. Se mantenía operando incluso en las durísimas condiciones de la jungla (humedad, barro, calor, etc.). Las fallas eran muy excepcionales, a pesar de los defectos que pudiera tener. Esto se debía también a su diseño: el compartimiento de la cámara estaba separado dentro del cajón, para que la cámara estuviera aislada del mango retractable por una pared pequeña, a través de la cual pasa la aguja percutora. Esto asegura que la suciedad y el barro no atascaran la cámara; aunque muy efectivo, el dispositivo ocupaba mucho espacio.

Durante la producción en serie, se llevaron a cabo algunas modificaciones: se eliminaron las aletas de refrigeración en la boca del cañón, se cambió la culata, realizada en varias versiones hasta quedar en una simple armadura metálica, o bien construida totalmente en madera, o la mitad en madera y la otra mitad en metal.

El Owen fue producido desde mediados de 1941 hasta 1945, llegando a las 50.000 unidades, sirviendo muy bien en el ejército australiano. Pero en 1952 se comenzó a fabricar de nuevo, probablemente debido a la falta de un arma mejor que llenara su lugar, como sucedía bastante seguido en esa época. En esta ocasión se le aplicó una larga bayoneta en la boca del cañón; aunque algunas versiones de 1943 llevaban una bayoneta más corta aplicada sobre un dispositivo tubular, las unidades fabricadas de esta manera eran muy pocas.

Un soldado del 5º Regimiento Real Australiano, con un subfusil Owen, observa la destrucción de la aldea de Long Tan, en Vietnam.

De esta manera el subfusil Owen participó muchos años más tarde en otra gran contienda mundial: la guerra de Vietnam. Aunque no hayan acaparado la atención de todas las cámaras del mundo, numerosos elementos de varias fuerzas de Australia participaron en la contienda, dando muestra de gran valor y eficiencia. Allí el Owen demostró una vez más su capacidad a pesar de algunos defectos que se pudieron encontrar y aunque fuera un arma muy anticuada. Para algunos las balas redondeadas eran poco útiles contra las pesadas ropas que utilizaban los guerrilleros vietcong; sin embargo, era un arma extremadamente confiable y no hay duda de que en los cerrados combates que se sucedieron en la jungla contar con un arma ruda y de alta capacidad de disparo le salvó la vida a más de uno.

No hay duda de que la historia de esta arma, ideada por un joven como cualquier persona y construido con mucho ingenio en un sótano, es un ejemplo de cómo un proyecto que parece inalcanzable puede llegar a ser realidad de la manera más espectacular. A pesar de las críticas y quejas de las autoridades militares de su época, Owen pudo finalmente cumplir su sueño de servir a su patria; ¡y de qué manera! Nada más que dándole un gran arma en el momento de gran necesidad, tan buena que incluso pudo ser usada confiablemente casi tres décadas más tarde.

Calibre (mm)9 x 19
Largo (mm)813
Largo del cañón (mm)247
Cadencia de fuego (d/m)700
Velocidad de salida (m/s)420
Cargadorvertical de 33 disparos
Surcos7, a la derecha
Peso vacío y sin cargador (kg)4,21
Peso completo (kg)4,815

Fusil de asalto Stoner 63

El Stoner 63 fue un arma mítica en Vietnam, alcanzando una reputación tan alta como los hombres que la usaban. Aunque no fue aceptado para el servicio en el Ejército estadounidense, este peculiar concepto del diseñador del M16, Eugene Stoner, sí fue utilizado sobradamente por las unidades SEAL de la US. Navy. Esto se debía a que era un arma excelente para realizar todo tipo de operaciones.

Eugene Stoner tuvo la idea de un sistema modular que permitiera poder ser configurado en cualquier cosa. El Stoner podía convertirse, de acuerdo a las modificaciones, en un subfusil, una carabina, un fusil de asalto, una ametralladora alimentada por cinta (por la derecha o la izquierda), una ametralladora liviana alimentada por un cargador en la parte de arriba (similar a la Bren inglesa), o una ametralladora montada en un afuste especial con amortiguadores, en un vehículo.

Un comodín para todas las necesidades

El módulo del receptor era el corazón de este ingenio. Tenía dos puertas para la expulsión de los casquillos, manejadas por resortes. Se podía configurar, entonces, para que lo usara un tirador diestro o zurdo, sin mayores inconvenientes. Todos los detalles estaban ingeniosamente pensados. Los rieles en el receptor permitían montar sobre él miras especiales, cargadores o sistemas de recarga por cinta o cajas de cartuchos de gran tamaño. Dependiendo de la configuración del arma, el cilindro de gas podía estar arriba o abajo del cañón. Además, todos los Stoner tenían cañones especialmente diseñados para poder ser rápidamente cambiados, y venían en varios tamaños para diversos usos. Algunos de los componentes internos eran derivados del AR-15 y AR-10, parientes directos del M16 diseñado por Stoner.

También se podían usar todo tipo de cargadores, ya que el diseño admitía una enorme variedad. Además de los de plásticos de 20 y 30 cartuchos, podía usar tambores de 90 o cajas de 150 (una configuración muy usada), con munición en cinta, cuando actuaba como ametralladora. De esta manera los SEALs tenían siempre a mano lo más necesario para sus misiones.

La mayoría de los Stoners usados por los SEALs estaban configurados para actuar como ametralladoras ligeras alimentadas por cinta. Esta variedad era conocida como Stoner 63A Commando, cuando usaba un cañón corto. Usaba sin inconvenientes un tambor de 150 cartuchos adosado a la parte baja del cañón y alimentada por la izquierda, o cajas plásticas de 100 o 150 proyectiles adosadas a la izquierda del cañón. Sin embargo, los SEALs, como muchas unidades de comandos, siempre estaban experimentando con nuevos tipos de armas, y llevaron a cabo experiencias con distintos tipos de configuraciones de cargadores, buscando la combinación ideal de potencia de fuego, portabilidad y confiabilidad. Estaba disponible un bípode para la versión de ametralladora ligera, pero se dice que nunca se usó en combate.


El Stoner 63 en su configuración de fusil de asalto. Obsérvese que el cilindro de gas está sobre el cañón.
El Stoner 63 como ametralladora ligera, con bípode de apoyo y el cargador hacia arriba como la Bren inglesa. El cilindro de gas está debajo del cañón.
El Stoner 63 como una ametralladora mediana, montada sobre un trípode para proporcionar fuego sostenido y preciso. Obsérvese el gran cargador montado al costado derecho del arma.
Otra variante del Stoner 63, aparentemente como subfusil.
El Stoner 63 como una ametralladora pesada, con cañón pesado, para ser montada sobre vehículos especialmente adaptados.

Características

Al igual que el M16, el Stoner era accionado por gases, utilizando un cerrojo rotativo que lo hacía ligero. Mantenía también el sistema de influencia directa de los gases, los cuales actuaban directamente sobre el cierre, eliminando así varias piezas del diseño.

Esto podía traer problemas, ya que el diseño tenía el mismo tipo de fallo del M16: el sistema de gases necesitaba estar perfectamente limpio para funcionar bien.

Los Seals en Vietnam fueron los únicos usuarios de esta arma tan poco común. Obsérvese uno de ellos a la izquierda y abajo, con cargador de tambor; exactamente arriba y también en el otro extremo de la foto pueden verse dos ejemplares más, pero con cargador de caja. Estos sistemas permitían llevar cintas de munición de manera mucho más fácil, sin que demorara el avance al engancharse.

Sin embargo, el mayor entrenamiento de los SEALs solucionaba esto. Los integrantes de estos equipos especiales trataban a sus Stoner con un cuidado enorme. Así, la limpieza, lubricación e inspección de las partes de los Stoner 63 daban como resultado un arma de capacidades increíbles.

A pesar de todo, el Stoner era criticado porque tenía muchas piezas pequeñas, que debían estar en perfecto estado y ensamblaje para funcionar. Los últimos operadores del Stoner 63, en su variante de prueba para el US Army, tuvieron problemas de malfuncionamiento del arma, ya que no sabían mantenerla de la misma manera que lo hacían los SEALs.

Si el M-16 tenía y tiene una enorme cantidad de configuraciones posibles, esta solo creció con el desarrollo del arma. El Stoner 63, creado después, tenía desde el principio este objetivo, de manera que nació con una mayor cantidad de opciones.

Este fue, a la larga, el gran talón de Aquiles del arma. Existiendo tantas versiones y variantes, el sistema resultaba complejo. Muchas piezas tenían compatibilidad limitada, de manera que se debía saber bien qué se estaba buscando al arma el “rompecabezas”. Si a esto le sumamos que, al igual que el M-16, el arma requería mantenimiento constante, es natural que los mandos no eligieran el arma para la tropa, aunque sí pudo encontrar un gran uso en unidades especiales.

Uso en combate y pruebas

El Stoner 63/63A fue fabricado por Cadillac Gage Corporation (para la cual trabajaba Stoner en 1963) hasta el año 1971. Se calcula que se produjeron entre 3.350 y 4.000 unidades, un número bastante pequeño. Existieron unas 15 configuraciones diferentes, además de varios prototipos únicos o de pocas unidades, que no entraron en servicio.

El Stoner evolucionó en combate, al igual que el M16, ya que estuvo muy relacionado con la guerra de Vietnam. El diseño comenzó en 1963, y desde ese año hasta 1966 se fabricaron 2.400 unidades aproximadamente.

En ese año el Stoner fue enviado a unidades de los marines, quienes lo probaron por 6 meses con resultados muy positivos, alabando sobre todo su escaso peso y la capacidad de cargar mucha munición. Las recomendaciones para mejoras justificaron el rediseño para lograr el Stoner 63A, del cual se fabricaron unas 850 unidades entre 1966 y 1969.

Durante 1967 el USMC continuó probando el arma, dando una unidad diferentes configuraciones del arma, incluyendo carabinas, fusiles y ametralladoras ligeras.

Sin embargo, los SEALs fueron los únicos que lo utilizaron en combate. Esta unidad de élite llevó la versión denominada Commando no solo a Vietnam sino a Camboya y Laos en operaciones encubiertas. El Commando era una versión de ametralladora ligera, alimentada por un cargados de tambor de 100 cartuchos que se encajaba debajo del receptor. Aunque el Stoner permitía, en todos los casos, el cambio rápido del cañón, los SEALs quitaron esta característica para reducir en parte el peso del arma.

El Commando les permitía una mayor compatibilidad de munición, ya que usaban el mismo calibre que el M-16, y por otra parte podían cargar esta munición de manera mucho más eficiente que con la M-60, que solo aceptaba cintas que se enredaban en la vegetación. El llevar la munición en una cargador pesado era mucho más seguro.

También el US Army se interesó por el Stoner. Allí aparentemente hubo dos versiones diferentes de este arma, hechas especialmente para ser evaluadas por sus fuerzas especiales, los Boinas Verdes. Estas dos versiones eran llamadas XM-207 y fueron producidas en 1970. En este caso, sin embargo, la complejidad del sistema y la constante necesidad de hacerle mantenimiento rebajaron su papel, y el ejército siguió decantándose por el M-16, el cual ya había mejorado sustancialmente.

Finalmente, la producción de los Stoner 63 terminó a fines de 1971, siguiendo con el declive del involucramiento estadounidense en Vietnam.

Parte de la experiencia con el Stoner está presente en la ametralladora M-249, llamada SAW (Small Automatic Weapon) en el US. Army, y diseñada por Fabrique Nationale. Este arma reemplazó a las variantes de ametralladora hacia la década de los 80s, de manera que el Stoner tuvo algo más de uso, aunque fuera de la primera línea.

Especificaciones técnicas Stoner
Calibre5,56 mm OTAN
Pesode 4,39 a 5,31 kg (6,9 kg cargada como LMG)
Peso de 1 caja de 100 cartuchos1,5 kg
Largofusil, fusil automático, ametralladora ligera y mediana, 1022 mmcarabina con culata extendida, 932 mm; con culata retraída, 676 mmametralladora media fija (para vehículos; 772 mmversión Commando: 913 mm
Largo del cañónfusil, fusil automático, ametralladoras ligeras, medianas y fijas, 508 mmcarabina y Commando : 399 mm
Cadencia de fuegocíclica variable, entre 700 y 1.000 d/min según versión
Alcance:efectivo, 1.100 metros; máximo, 2.500 metros según versión
Velocidad inicial1.000 m/s

Granadas de mano

Al ser los chinos los descubridores de la pólvora, les tocó obviamente a ellos ser los inventores de los primeros artefactos destructivos. Además de utilizarla con propósitos recreativos, como fuegos artificiales, a veces las metían en tubos de cartón o posiblemente bambú, agregaban una mecha y luego de encenderla arrojaban estos explosivos de mano dentro de ciudades sitiadas o recintos cercados.

Sin embargo, este tipo de uso no se generalizó, y aparentemente estas primitivas granadas no fueron utilizadas durante mucho tiempo. Posiblemente debido a accidentes y episodios de mal uso, o a otras cuestiones, su historia se pierde.

Hacia el siglo XV hay datos que reflejan el uso de la pólvora dentro de vasijas de tierra cocida, la cual a veces se recubría con sogas o trapos. Esto impedía que el recipiente se rompiera o estallara al chocar con el blanco, dificultando la explosión de la pólvora (que de otra manera solo se quemaría).

No se puede hablar, sin embargo, de verdaderas granadas de mano sino hasta el siglo XVIII. Para esta época la pólvora era utilizada desde siglos atrás en toda Europa en las numerosas guerras entre estados. En cañones y las primeras armas de fuego, se la utilizaba como propelente, indispensables para el lanzamiento de los proyectiles.

En este momento se comenzaron a usar nuevos recipientes para la pólvora. Primeramente se hicieron de cristal fundido, pero luego se usó el hierro. Equipadas con mechas, estas bombas eran llevadas al campo de batalla por tropas especializadas. Conocidas como granadas por la similitud que tenían con el fruto de esta planta, los soldados que las lanzaban se agruparon en unidades de granaderos. Estos cuerpos ganaron mucha importancia en ciertos ejércitos europeos y luego americanos, nombres que todavía hoy se siguen utilizando.

Aunque son parte del imaginario de la guerra terrestre, las granadas de mano también participaron de la historia naval. Su uso era generalizado; los granaderos se subían a los palos del barco y aprovechaban la altura para lanzarlas hacia el buque enemigo, que buscaban destruir o abordar. En estos ambientes el potencial destructivo era enorme, ya que habían muchos materiales inflamables y explosivos.

Sin embargo, este tipo de granadas no eran muy prácticas. Eran pesadas, difíciles de manejar en combate y algo imprecisas. Lentamente su uso fue decayendo, pero luego resurgió. Con el tiempo, estas unidades dejaron de especializarse en su uso, y posteriormente las granadas más modernas, mucho más prácticas y eficaces. Hacia mediados del siglo XIX, particularmente en la Guerra de Crimea, la Guerra Franco-Prusiana y la Ruso-Japonesa, las granadas ya volvían a ser utilizadas. Para finales de la Primera Guerra Mundial, eran parte del equipo básico de todos los soldados.

Durante esas décadas, mejores diseños, mejores materiales explosivos y otras tácticas habían hecho posible y necesario su uso generalizado. Más potentes y seguras, todo esto les permitía que su tamaño fuera más reducido sin restarle por ello poder.

Pero, ¿qué es exactamente una granada de mano?

Descripción

Una granada de mano es un artefacto explosivo que, debido su pequeño tamaño, puede ser lanzado por un solo soldado hacia el enemigo, detonando a una distancia segura del lanzador.

A pesar de la creencia popular, las granadas no son extremadamente potentes. Su radio de acción (es decir, el área en la cual causan mucho daño, o incluso la muerte) suele estar en los 10 metros, como máximo (dependiendo de si tienen o no metralla), mientras que la onda expansiva más fuerte nunca pasa de los cinco metros. Esto es así por una cuestión lógica: no se puede lanzar una granada a más de 35 metros, de manera que tiene que haber una distancia mínima entre la granada y el lanzador, para que este no salga herido.

Debido a su peso y tamaño, los soldados no suelen llevar nunca más de tres o cuatro granadas. Teniendo en cuenta que un soldado actualmente carga una gran cantidad de equipo (fusil y munición, equipos y accesorios para el fusil, algo de comida y bebida en ciertos casos, otros equipos, etc.) cargar más granadas no es la prioridad. En casos especiales puede ser que el soldado disponga de más espacio y sepa que por su misión requerirá de más granadas, pero son, justamente, casos especiales.

El amplio uso que las granadas de mano vieron en ciertos países hace que todavía se las pueda encontrar abandonadas en excavaciones, basurales, etc. Después de las minas antipersonal estos artefactos son los más peligrosos de encontrar. Es importante que, aunque no se viva en un país recientemente involucrado en un guerra, se eduque a los niños y se los concientice a no tomar y manipular este tipo de artefactos. Las granadas son un ícono de la guerra y son fácilmente distinguibles; no es raro que un niño, al encontrarla, quiera jugar con ella. Estas granadas pueden o no ser recientes; muchas veces criminales o terroristas pueden abandonarlas para deshacerse de la evidencia. En todo caso son peligrosas: aunque tengan muchos años, igualmente pueden estallar. Es importante que se eduque a los niños para que avisen ante la presencia de este tipo de elementos, que solamente pueden ser manipulados por personal policial o militar competente.

El efecto destructivo de la granada se lo da el explosivo que carga dentro, generalmente unos pocos cientos de gramos. Cuando el explosivo era pólvora, era importante que el recipiente fuera fuerte y no se rompiera al impacto con el suelo; la pólvora de otra manera, al derramarse, se quemaría rápidamente pero no tanto como para generar una explosión. Sin embargo, actualmente se utilizan explosivos plásticos y de otros tipos que no requieren de tantos cuidados.

Las granadas tienen dos efectos, ambos buscados por el diseño. En primer lugar, el efecto mecánico, físico. La explosión crea una onda expansiva la cual, ayudada por esquirlas, puede herir o matar al enemigo, o como mínimo hacerlo desplazar unos metros. El segundo efecto, a veces más importante (y buscado por ciertos diseños) es el psicológico. La fuerte y sorpresiva detonación, el humo y el polvo generados hacen que el enemigo trate de refugiarse. Si se espera una granada, todos se esconderán o huirán; si no se la espera, existen unos segundos en los cuales los sobrevivientes estarán incapacitados, sordos y confundidos por la detonación, posiblemente tosiendo por el humo y con los ojos irritados. Todo lo cual los incapacita para el combate, permitiendo su captura mucho más fácilmente al limitar su capacidad defensiva y ofensiva.

Funcionamiento general

Las granadas de mano, como su nombre lo indican, se caracterizan por ser portátiles y fáciles de usar con una sola mano. Esto aumenta su alcance y por lo tanto su eficacia; la facilidad de uso ha sido siempre una de las prioridades en su diseño, más allá de la potencia de la masa explosiva. Sin embargo, como se verá, ha habido casos de granadas poco prácticas y difíciles, incluso peligrosas de usar.

Un soldado que sea buen lanzador de granadas puede enviar una a entre 30 y 35 metros de su posición, teniendo en cuenta que el área de daño máximo no supera generalmente los 20 metros. En realidad, el área de mayor daño de una granada es de unos 5 metros, en donde la esquirla y la onda expansiva pueden matar o herir seriamente a cualquier persona. En el resto de la distancia, el efecto es importante pero menor, solamente incapacitando por el ruido y dando lugar a heridas más o menos leves.

Todas las granadas comparten una serie de partes y mecanismos más o menos iguales, dependiendo de su tipo; los más comunes se muestran en el gráfico inferior. Las tres principales son:

  • Cuerpo: es la carcasa del artefacto, que contiene todos los mecanismos impidiendo la entrada o salida de componentes. Además, suele ser uno de los responsables de la producción de esquirlas. Puede estar constituido de diversos materiales (ver más abajo).
  • Espoleta: es la serie de mecanismos y seguros que impide el estallido de la granada hasta el momento deseado, y luego se asegura de que el artefacto estalle de la manera para la cual fue diseñado. Hay muchos tipos de espoletas, las cuales se explicarán más adelante.
  • Multiplicador y carga explosiva: para evitar accidentes y fallas, los materiales explosivos de las granadas son particularmente estables. Estos materiales no estallan por el calor, a veces ni siquiera si son puestos directamente en el fuego. Es por eso que se necesita que la granada tenga en su corazón una pequeña cantidad de material explosivo más sensible, capaz de ser encendido por los pequeños mecanismos de la espoleta.
Corte esquemático de una granada típica, la M62 estadounidense. Pueden verse señaladas las partes más importantes, cuyo funcionamiento se explicará más adelante.

Explosivos comunmente utilizados

Además de mejorarse con el tiempo el diseño y las espoletas, otro de los cambios que sufrieron las granadas fue justamente su razón de ser: el material explosivo que cargan.

La pólvora fue el primero de todos. Aunque es estable, no solamente es sensible al calor directo y al fuego sino también al rozamiento, lo cual obligaba a un uso cuidadoso. No es un explosivo muy potente; se necesitan grandes cantidades para una explosión importante, lo cual limitaba el efecto de las primeras granadas.

Algunos explosivos fueron abandonados principalmente por su inestabilidad (su tendencia a estallar con el calor o el rozamiento) o por ser muy sensibles a la humedad u otros factores ambientales, los cuales los inutilizaban. Actualmente muchas granadas se fabrican llenas de explosivos plásticos o similares, como el TNT. Para aumentar su capacidad explosiva sin hacerla más pesada y grande, a veces se combinan dos explosivos. Por ejemplo, la granada Calderón, utilizada por la Infantería de Marina española y de origen estadounidense, tiene un 60% de hexógeno, 39% de TNT y 1% de cera, totalizando 165 gramos que equivalen a 215 gramos de TNT puro.

La facilidad de moldear estos explosivos permite a la industria adaptarlas a cualquier forma que tenga la granada. Actualmente muchos artefactos de este tipo utilizan la ciclonita o hexógeno, el cual, mezclado con parafina o vaselina se convierte en uno de los primeros explosivos plásticos concebidos. Muy poderoso, fue uno de los más utilizados para sabotajes de partisanos y fuerzas de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Clasificaciones de las granadas de mano

Por lo general, cuando más sencillo y útil es un aparato cualquiera, más variantes y modelos van apareciendo con el tiempo. El caso de las granadas no es la excepción. Con más de un siglo de historia continuada en el campo de batalla, este arma de combate ha ido acumulando todo tipo de variantes: de forma, de efectos explosivos o no explosivos, de materiales utilizados, de sistemas de ignición, etc., etc. A continuación se detallarán las clasificaciones más importantes y pertinentes, aunque pueden surgir otras al profundizar todavía más la investigación.

Dos granadas polacas del mismo modelo básico: la de la izquierda, sin metralla, es ofensiva; la de la derecha, de piña, es defensiva.

La primera gran diferenciación entre granadas es entre las explosivas y las no explosivas. Como su nombre lo dice, las primeras están rellenas con algún tipo de explosivo. Su uso es netamente de combate y están destinadas a matar o herir al enemigo. Las segundas no contienen explosivos y según lo que contengan, pueden variar de uso.

Granadas explosivas

  • granadas ofensivas: aunque pueda llevar a confusión, son las menos potentes. Pensadas para cuando el soldado está avanzando rápidamente y sin mucha protección, su radio de acción es menor. Fabricadas con cuerpos de plásticos, aluminio u hojalata, la explosión casi no causa esquirlas, que son los principales agentes causantes de heridas. Por lo tanto, estas granadas basan su efecto principalmente en incapacitar al oponente: su único efecto es la onda expansiva. Esto evita que el soldado, en un apuro o por descuido, lancen cerca la granada y quede dentro de su zona de efecto.
  • granadas defensivas: son las más potentes; el explosivo está recubierto de un cuerpo de acero u otro metal prefragmentado, que al estallar se convierte en esquirlas mortales. Se supone que el soldado utilizará estas granadas cuando se esté defendiendo y, por lo tanto, está a cubierto en su trinchera u otro lugar. Esto lo deja fuera del área de efecto de la granada, que es mayor.

La diferencia entre estos dos tipos no la hace la cantidad de material explosivo, cuyo peso y tamaño suele ser idéntico, sino en el detalle ya mencionado: el material del cual está hecha la cubierta. Las granadas ofensivas no provocan esquirlas ya que el plástico o aluminio se desintegran totalmente; las defensivas vienen con un cuerpo de metal pesado prefragmentado, diseñado para convertirse en proyectiles de gran poder destructivo. Con esto se aumenta en gran medida el radio de acción del arma y su potencial daño.

Para simplificar la fabricación y uso, actualmente se fabrican granadas ofensivas, a las cuales se les agrega una sobrecubierta metálica (a veces un simple rollo de alambre de acero grueso o en todo caso un recipiente lleno de perdigones), convirtiéndolas así en defensivas.

Granadas no explosivas

  • granadas de humo o fumígenas (con agentes químicos que al combinarse crean humos de diferente tipo). Estas granadas pueden ser tanto para cubrir una retirada o movimiento (solamente humo negro o blanco) o servir para señalar un blanco (por ejemplo, lanzando una granada de humo rojo sobre una trinchera enemiga se la marca para un bombardeo aéreo).
  • granadas de gases (lacrimógenos, etc.). De uso en las fuerzas del orden, sirven para dispersar disturbios al provocar en los individuos diversos síntomas incapacitantes, como náuseas o irritación ocular.
  • granadas de choque o cegadoras (con denominaciones variadas). Generalmente utilizadas por equipos de fuerzas especiales antiterroristas (tanto sean policiales como militares), producen una fuerte detonación que ensordece, mientras el destello simultáneo puede dejar ciego durante unos instantes a los criminales.

En este artículo no analizaremos este tipo de granadas más allá de esta clasificación, y nos concentraremos a partir de ahora en las granadas explosivas, que son las más utilizadas durante el combate terrestre.

Clasificación según forma

Utilizadas durante la Primera Guerra Mundial, las granadas de palo se popularizaron del lado alemán, el cual creó diversos modelos que fueron usados en la siguiente contienda.
  • de palo: sinónimo de las fuerzas armadas alemanas de ambas guerras, fueron utilizadas casi exclusivamente por ellas y ningún otro país. El palo que hace de mango le agregaba un gran alcance al lanzamiento, pero dificultaba su transporte, ya que las hacía más pesadas y grandes (se solían llevar en el cinturón o en las botas, pero no cabían en bolsillos ni se llevaban enganchadas de a varias como las de piña). Actualmente estas granadas no se fabrican ni utilizan, ya que fueron dejadas de lado por las de piña, esféricas o de bote.
  • esféricas: las primeras granadas tenían una forma esférica o casi esférica; esto ayudaba a su manejo y a que volaran mucho. Además, tenían la ventaja de que ruedan más y mejor. Actualmente existen ciertos modelos de este tipo; uno de los más conocidos es la Calderón, de uso en la Infantería de Marina española y en EEUU.
  • de huevo: las granadas actuales más comunes tienen la forma de un huevo grande; se combina así la facilidad de manejo con un gran alcance y deja que la granada ruede. Generalmente son ofensivas y su superficie es totalmente lisa.
  • de piña: la forma más clásica y reconocible de las granadas de mano. Similares a las de huevo, tienen la superficie acanalada de manera similar a un ananá o piña, con partes planas que sobresalen unos milímetros. Se trata de trozos de metralla pre-fragmentada, la cual se disemina más fácilmente al no absorber tanta onda expansiva. Otra de las razones para diseñarlas así, y según algunos, la más importante, es el facilitar el agarre por los soldados en toda situación, dificultando que puedan escaparse de sus manos. Aunque estas granadas no siempre tienen la forma exacta de una piña, se les da este nombre a todas las granadas cuyo cuerpo está prefragmentado de esta manera.
  • de bote o de lata: con forma de lata de conserva, eran fáciles de fabricar en tiempos de escasez de industria bélica, al adaptarse maquinaria utilizada civilmente para otros propósitos. Generalmente no tenían casi metralla y su efecto destructivo era pequeño. En la actualidad, algunas granadas de humo tienen esta forma.

Clasificación según materiales de fabricación

Un ejemplo de una granada de bote hecha de plástico.
  • De hojalata: este material barato y liviano constituye el cuerpo de muchas granadas actuales. La hojalata generalmente se cubre con pinturas especiales para evitar la oxidación, y se utilizan planchas delgadas de material. Otra opción es el uso de aluminio, que aunque es más caro no requiere un tratamiento especial de la superficie ya que su resistencia a la oxidación es mucho mayor.
  • De fundición: las granadas no requieren materiales de buena calidad ni muy resistentes; además de la hojalata esto implica el uso de hierro fundido de calidad variable. Este material es muy eficaz a la hora de crear metralla, debido a que es pesado y resistente, fragmentándose en pedazos relativamente grandes que tienen un mayor alcance y penetración. El hierro puede estar o no prefragmentado.
  • De plástico: aunque pueda parecer una innovación reciente, lo cierto es que se fabrican granadas de plástico desde finales de la Segunda Guerra Mundial, ya que este material es mucho más viejo de lo que se cree. Sin embargo, han sido pocos los países que lo han utilizado, sobresaliendo España, la cual ha tenido granadas de este tipo en servicio durante más de 30 años. Uno de los materiales plásticos más utilizados suele ser la baquelita. Los beneficios de este tipo de granadas es una fabricación más barata; sin embargo como es evidente no produce metralla ya que el plástico se desintegra totalmente a la hora de la explosión. Para lograr esto se utilizado una cobertura en donde se enrolla una espiral de alambre de acero, el cual se fragmenta.

Como curiosidad podemos mencionar también que, en la Segunda Guerra Mundial, existieron granadas hechas completamente de explosivos. Varios modelos alemanes estaban fabricado a base de nipolit, un material explosivo de consistencia sólida fuerte, del color de la madera. El nipolit era una mezcla de nitrocelulosa, nitroglicerina y PETN, RDX y aluminio en polvo. Eran tan fuerte y sólido luego de ser moldeado que no necesitaba ser encapsulado, siendo incluso resistente al agua.

Tres ejemplos de granadas hechas de nipolit (no están ilustradas a la misma escala). La de arriba es una versión de palo; la de la derecha es de huevo y la de la izquierda es de bote. Todas parecen compartir la misma espoleta de la Eierhandgranate 39.

Los alemanes usaron este material descubierto casi por accidente en varios tipos de trampas explosivas y también granadas. Algunas tenían forma de granadas de bote, pero también existieron otras con forma de palo. Las ventajas en cuanto a la potencia eran evidentes, ya que no existía ningún peso muerto: todo el cuerpo era explosivo.

Otra curiosidad que quedó en la historia son las granadas hechas de cristal grueso, que era más barato y fácil de fabricar que el hierro (necesario para otros proyectiles y los cañones). Fueron bastante utilizadas en los combates navales del siglo XVIII y XIX, utilizadas por los marineros para cubrir su asalto a otros barcos cuando los abordaban. Pero incluso en la Segunda Guerra Mundial, algunas granadas continuaron siendo fabricadas de cristal, particularmente modelos franceses y ciertos modelos fumígenos alemanes.

Clasificación según funcionamiento

Las primeras granadas de mano tenían sistemas primitivos y engorrosos para asegurar su explosión. El primero y más conocido era el de mecha: ésta estaba protegida por una tapa, la cual se quitaba y permitía su encendido antes del lanzamiento. En esta tapa solía haber alguna clase de raspador, que permitía accionar la cabeza de fósforo de la mecha. Dependiendo del largo de la mecha el intervalo entre el encendido y la explosión era mayor o menor. Su principal problema era que el sistema, además de poco seguro y lento, no era a prueba de agua; con lluvia o barro la granada se hacía inútil al no poder prenderse la mecha o al apagarse esta antes del estallido.

Este problema se solucionaba en parte usando una mecha interna, resguardada dentro de una cápsula. Este tipo de granadas tenían un seguro de transporte, para evitar ser activadas antes de su uso. Quitado ese seguro, el soldado solamente debía golpear el cuello de la granada, donde un percutor transmitía el golpe hacia la cápsula, que encendía la mecha. Otros sistemas similares, en lugar de requerir un golpe, necesitaban que, una vez sacado el seguro, el soldado agitara violentamente la granada hacia abajo.

Todos estos sistemas eran un poco engorrosos y peligrosos, y resultaron rápidamente abandonados luego del siglo XIX, aunque en algunos países perduraron más que en otros. Por ejemplo, los japoneses y soviéticos utilizaron este tipo de sistemas durante la Segunda Guerra Mundial.

Dependiendo del tipo de espoleta utilizada en la granada, se las puede clasificar en tres tipos.

  • espoleta a percusión o de inercia: de mecanismo complejo, este sistema hace estallar la granada en el momento en que esta golpea el suelo o algún otro objeto sólido que esté en su camino, después de ser lanzada.

Aunque así como se lee parece eficaz, no lo es tanto, como se ha demostrado con el tiempo y su uso. Las granadas con espoleta de percusión fueron de las primeras en usarse, tanto en la Guerra Civil Estadounidense como en la Guerra Franco-Prusiana, ambas a mediados del siglo XIX. Sin embargo, no se las usaba tanto para lanzarlas, sino en forma de minas o trampas para incautos. Con cuerpos en forma de pera, hechos de hierro fundido, en ellas se colocaban pistones, los cuales al ser golpeados funcionaban como espoletas y activaban la carga explosiva. En Europa las espoletas de percusión fueron utilizadas también por el conde Orsini, famoso anarquista del siglo XIX. Son conocidos sus muchos atentados con este tipo de granadas, en uno de los cuales se rebeló una de sus grandes desventajas. Se cuenta que en una ocasión los anarquistas arrojaron una granada en un teatro, y una de ellas cayó en la falda de una mujer, pero la espoleta a percusión no estalló porque no golpeó con suficiente fuerza un objeto duro. Las espoletas a percusión fueron usadas también en muchas minas navales, y en ellas pueden observarse esa imagen tan conocida de la esfera con muchos bastones sobresaliendo; cada uno de ellos es una espoleta, de manera que en todos los ángulos se puede producir un golpe y un estallido.

La Lafitte italiana fue la única granada con espoleta de inercia utilizada en grandes cantidades durante el siglo XX.

Como lo ilustra el caso del atentado del conde Orsini, este es un sistema potencialmente lleno de fallos. La granada puede golpear muchas veces con objetos no lo suficientemente sólidos como para activar los mecanismos de explosión: ramas, grupos de hojas, charcos de agua o barro, maleza, etc. Aunque el sistema de percusión esté bien graduado, cualquier elemento blando puede impedir su acción, neutralizando la granada.

Otra de sus desventajas es que es más cara y lenta de producir que las granadas con espoleta de tiempo. Para evitar un estallido prematuro (por ejemplo, si la granada caía de las manos del lanzador) se usó un sistema de cinta o alambre, que se desenroscaba al volar la granada unos 10 metros; a menor distancia era imposible la explosión, protegiendo así al lanzador.

En todo caso, estas granadas resultaban peligrosas también, porque el sistema de inercia seguía estando activo incluso si la granada no estallaba. Suponiendo que un soldado lanzara una y ésta golpeara una rama o cayera en un matorral, podía volver a activarse si alguien caía encima, la pisaba o la pateaba. Para evitar esto se crearon seguros de recogida, los cuales, como su nombre indica, permitían tomar la granada y desactivarla. Generalmente consistían en un sistema que, al ser girado, trababa por dentro el percutor y evitando la explosión, a menos que se volviera a girar para un nuevo lanzamiento. De todas maneras, por precaución, los manuales de uso prohibían este tipo de acciones, lo cual nos dice que posiblemente el sistema no era muy seguro.

Todos estos problemas hicieron que estos dispositivos fueran usados por muy pocos países en combate, pudiendo mencionarse a Italia en la Segunda Guerra Mundial, y más tarde España. Actualmente no se producen granadas con este tipo de espoleta.

  • espoleta a tiempo o con retardo: fueron y son las más utilizadas mundialmente, y las primeras en usarse (teniendo en cuenta las granadas a mecha externa o interna, más primitivas, mencionadas previamente). Al quitarse todos los seguros, esta espoleta enciende una pequeñísima cantidad de pólvora encerrada en un pequeño tubo. Entre tres y seis segundos más tarde (dependiendo del modelo de granada), esta mecha hace estallar el artefacto.

Como se ha mencionado antes, los primeros sistemas de tiempo eran bastante primitivos; sin embargo los actuales no dejan de lado el concepto de la mecha de pólvora. En todo caso, lo que se mejoró fue la seguridad y la facilidad de uso.

El sistema ideado y utilizado por muchas granadas de diferentes países reunía estos dos factores. La granada posee una anilla de seguridad y una palanca, que rodea la silueta del artefacto. El soldado toma con la mano de lanzamiento la granada, y presionando la palanca mete un dedo en la anilla y tira de ella. La anilla tiene soldada una pequeña varilla de metal, que asegura los mecanismos de la espoleta.

Mientras el soldado mantenga la palanca apretada, este seguro impide la explosión; de esta manera, la anilla puede quitarse y volverse a poner (una gracia de soldado que seguramente asustaría a cualquier no entendido) si se mantiene apretada la palanca. Sin embargo, al lanzarse la granada, la palanca se libera también, encendiendo la espoleta de tiempo.

Dentro del artefacto, el sistema es generalmente similar en todas las granadas de este tipo. En la cabeza de la granada (que sobresale del cuerpo), hay dos pequeñas cápsulas de material inflamable o incendiario, y una pieza metálica en forma de U o de V. Cada una de sus puntas está diseñada para impactar y encender dichas cápsulas. La anilla impide esto al trabarlas; y por eso es el primer seguro que debe ser quitado. Liberados estos detonadores, ahora la palanca es la que impide su movimiento. Cuando la granada se lanza, la palanca se suelta; se libera entonces un muelle o resorte que impulsa violentamente la pieza en V contra las cápsulas incendiarias, las cuales con su fuego encienden la mecha de pólvora que llega hasta el multiplicador, el cual hace estallar el contenido explosivo.

Este sistema de palanca es el más evolucionado y perfeccionado de todos, y es el utilizado generalmente por todas las granadas actuales, con algún que otro detalle diferente. Existen dos tipos de palancas de seguridad: las separables o las fijas. Como sus nombres lo indican, las primeras se separan al ser lanzadas o incluso pueden ser separadas manualmente como parte del proceso de lanzamiento. Las fijas están unidas a los mecanismos de la espoleta y por lo tanto quedan así hasta el momento de la explosión.

Otro sistema de espoleta a tiempo es el de tirafrictor, utilizado por las granadas de palo y de huevo alemanas de la Segunda Guerra Mundial (ver más adelante). En este caso la mecha se enciende al tirar fuertemente de un cordón en cuyo extremo hay un alambre rugoso que, al entrar en contacto con una superficie de fósforo, da fuego a la mecha.

Este sistema nunca fue muy utilizado a nivel mundial, y fue abandonado luego de la derrota alemana (este país fue el que más lo usó). Esto se debía a una gran desventaja de seguridad. La mecha comenzaba a arder mientras el soldado tenía la granada en la mano, lo cual llevaba a varias posibilidades peligrosas. En el caso de un defecto de fabricación, deterioro de material o una distracción, el artefacto podía explotar matando a su usuario. Esto, por motivos mecánicos, no puede suceder con una granada con seguro de palanca como las ya descriptas.

Como se ve a veces en las películas y otras obras de ficción, las granadas con espoleta de tiempo pueden teóricamente ser devueltas al enemigo, si son ubicadas rápidamente por un soldado con mucha sangre fría. Sin embargo, aunque esta técnica es posible y hay relatos históricos que documentan situaciones en donde ha pasado, no es lo más común. Por lo general, instintivamente el soldado tiende a protegerse o a alejarse de ella.

Corte de una granada EXPAL, española, una de las pocas que usaba espoleta mixta, de retardo y de inercia.
  • espoleta mixta: este tipo de granadas tienen dos espoletas, una de tiempo y otra de inercia. Este hace más difícil y cara la producción, pero aumenta la versatilidad del artefacto, además de su seguridad. Solamente España tuvo en servicio una granada de este tipo, la EXPAL; en ella se podía anular a voluntad la espoleta de percusión, dejando activo solamente la de tiempo. Esta granada tenía un sistema de autodestrucción, en caso de que fallaran ambos sistemas. Sin embargo se produjeron muchos accidentes que llevaron a que se abandonara su uso y producción.

Granadas de fortuna

Durante el siglo XX, debido a la necesidad siempre grande (y no siempre satisfecha) de granadas y sistemas explosivos similares, se han fabricado las granadas de fortuna.

Estos artefactos no reglamentarios son creados artesanalmente en el momento del combate, y por lo tanto están fuera de muchas clasificaciones. Generalmente, se toma el explosivo de otras fuentes, se le agrega un sistema de detonación y poco más. Cada una de las unidades creadas suele ser diferente, ya que son improvisaciones hechas sobre la marcha.

Tal vez el caso más ilustrativo sean las granadas de raqueta o granadas de pala, utilizadas ampliamente por todos los bandos en la Primera Guerra Mundial. Cuando comenzó la guerra todos los contendientes creían poder terminarla en pocos meses; sin embargo se estancó en las trincheras y pronto descubrieron que en sus inventarios no existían prácticamente granadas ni bombas de mano. Mientras la industria bélica trataba de llenar el hueco, los soldados comenzaron a experimentar e improvisar.

Al principio lanzaban simplemente bolsas llenas de explosivos o cartuchos atados, pero su tamaño y forma irregular los hacía difíciles de lanzar, limitando su alcance. Y si se reducía el peso para facilitar el manejo, generalmente se perdía capacidad destructiva.

En ese momento surgió la idea de atar los explosivos sueltos y empaquetarlos en una bolsa de papel fuerte o tela. Este paquete era provisto de una mecha (regulada según el caso), y el conjunto era atado a una tabla de madera cortada en forma de pala pequeña o raqueta de tenis. De esta manera el improvisado artilugio ganaba en precisión y alcance, similar a lo que sucedía con las granadas de palo. Su uso, sin embargo, fue discontinuado al llegar al frente las granadas de mano modernas.

También se pueden considerar como granadas de fortuna a las que frecuentemente eran producidas por grupos de partisanos o de la resistencia, en improvisadas fábricas de armas. Estos modelos, aunque eran hechos en serie y con ciertos controles, no llegaban a ser reglamentarios ya que ningún gobierno los tenía incluidos en su inventario. Un caso conocido son las realizadas en talleres metalúrgicos civiles durante la Guerra Civil Española (1936-1939) o los que crearon los partisanos rusos durante la Segunda Guerra Mundial.

Granadas de mano más utilizadas en las Guerras Mundiales

Las granadas de palo son un ícono de las fuerzas armadas alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y como tales aparecen en grandes cantidades de fotografías y material documental.

Muchas armas han sido tan famosas que ingresaron en la historia y son íconos incluso para el público en general, poco familiarizado con temas militares. Con las granadas no siempre es así, ya que son armas poco conocidas. Sin embargo, muchas de ellas se han hecho famosas y han permanecido vivas en películas de la época.

Ambas Guerras Mundiales han visto un uso muy extendido de tipos cada vez más sofisticados de granadas de mano, algunas de las cuales son todavía ejemplos para otros diseños. Las desglosamos aquí por país.

Alemania

Tal vez inspirada en las granadas de raqueta, y pensando en el gran alcance que tenían, los alemanes crearon en la Primera Guerra Mundial una de las granadas más conocidas del mundo: la granada de palo. Se hicieron famosos por su uso generalizado, ya que fueron los únicos en utilizarla ampliamente.

Las granadas de palo comenzaron a entrar en servicio en 1915 y continuaron mejorándose durante todos los años de la contienda, hasta que en 1917 surgió un modelo definitivo. En todas se usaba un sistema de fricción, bastante poco común fuera de Alemania, pero que este país supo aprovechar. Este sistema implicaba tirar con fuerza de un cordón (sistema conocido como tirafrictor); en los primeros modelos este cordón sobresalía del mango poco antes del final. Sin embargo se descubrió como algo muy peligroso: muchas veces el soldado enganchaba el cable y activaba la granada accidentalmente, causando graves heridas o la muerte.

Corregido esto, los siguientes modelos de granadas de palo tenía el mango totalmente hueco, con el cordón recorriendolo y saliendo por la parte de abajo y protegido con una tapa a rosca. Una vez quitada la tapa, el soldado tomaba una pequeña bola de porcelana en la que terminaba el cordón, y tiraba de él con fuerza; esto movía una varilla de acero que por fricción encendía la mecha de cinco segundos.

Este modelo de granada, conocido como Stiel­handgranate 24 ó StiGr-24, fue la granada standard de Alemania durante el período de entreguerras y la Segunda Guerra Mundial. Dio nombre a las granadas de palo, o como la llamaban los británicos, pisapapas, debido a su silueta tan distintiva. Se las transportaba en cajas alargadas llenas de paja, con las espoletas separadas para mayor seguridad; tanto es así que en todas las cabezas explosivas estaba escrito “Antes de usar insertar detonador”.

Las granadas de palo, usadas casi exclusivamente por los alemanes, tenían varias ventajas, particularmente su mayor alcance. El efecto de rotación hacía más fácil que el soldado alcanzara distancias mayores, y además la forma alargada impedía, a veces, que la granada rodara de vuelta en terreno elevado o urbano. Un desarrollo particular ideado por los soldados era adosar seis granadas más (sin sus mangos) a una granada central; este paquete de explosivos servía como cargas de demolición improvisadas, contra tanques o estructuras, y era imposible de armar con otro tipo de granada.

Las desventajas de esta granada eran un mayor peso y tamaño, lo cual la había difícil de llevar en grandes cantidades. Era común que estas granadas, independientemente del modelo, se llevaran en las cañas de las botas o sujetas al cinturón; así se las puede ver en gran cantidad de fotografías.

La StiGr-24 fue el modelo más numeroso y clásico de la Segunda Guerra Mundial, y era también la preferida de todos ya que permitía lanzamientos más largos y más precisos. A partir de este modelo, se fueron haciendo cambios menores para lograr una granada más ligera y por lo tanto, más fácil de fabricar y menos cara. Una de estas mejoras fue la creación de una carcasa postiza con material prefragmentado, o Splitterring, adoptada en 1942. Hubo modelos de granadas de palo de humo, identificable por una banda blanca o (más adelante) por surcos en el mango para poder diferenciarla en la oscuridad. Como en el clima muy frío la StiGr-24 a veces no estallaba, se diseñó una variante, marcada con una K, para su uso en Rusia, que tenía una mezcla diferente de pólvora como iniciador.

En 1939 se comenzó a fabricar una nueva versión, más larga y con mayor carga explosiva, que no tuvo tanto uso. En 1943 se creó otra variante más, la StiGr-43, con el mango macizo en lugar de hueco, y con el iniciador en la parte superior de la cabeza. Esta diferencia aparentemente menor, no lo era: significaba que la cabeza explosiva podía ser desmontada del palo y ser usada de manera más convencional, y también como trampa explosiva.

Sin embargo, los problemas del tamaño y peso eran considerables para cierto tipo de tropa, como los paracaidístas y los tripulantes de los vehículos blindados. Por eso se diseñó una granada más similar a las utilizadas por otra países, la Eierhandgranate 39, de forma de huevo. Portátil y de pequeño tamaño, sufrió algunos cambios de espoleta durante la guerra. Como sucedió con la StiGr-24, al principio se la pensó solamente como ofensiva, pero luego se diseñaron y fabricaron envolturas postizas, algunas prefragmentadas, para hacerlas defensivas.

La Eihandgranate 39 (literalmente, granada de mano de huevo) entró en producción en 1939, cuando los problemas de tamaño y peso de las granadas de palo ya eran bien conocidos.

Esta granada y la StiGr-43 compartían el mismo tipo de espoleta removible, enroscable en la parte superior de la carga explosiva. Esta espoleta era del tipo tirafrictor; para activarla, se resenroscaba una tapa de la cual caía dicho cordón, el cual al ser tirado con fuerza activaba la granada. El color de la tapa indicaba el tiempo de retardo de la espoleta y también su tipo. Por lo general estas granadas tenían un retardo de 4 segundos. Sin embargo se las podía usar inteligentemente como trampas explosivas: poniendo un retardo de menos segundos, una granada abandonada y encontrada por el enemigo muchas veces se convertía en una sentencia de muerte. El soldado la activaba pensando en usarla, pero le estallaba en las manos a veces de manera instantánea. Estas espoletas ultrarrápidas también permitían usarlas en puertas u otros escenarios urbanos: con el cordón atado a ella, al entrar los soldados enemigos (generalmente pateando la puerta), la granada estallaba.

Un detalle curioso es que el retardo generalmente utilizado en la espoletas alemanas bajó de 5,5 segundos en la Gran Guerra a 4,5 segundos en la Segunda Guerra Mundial.

Gran Bretaña

Como sucedió con otras armas de infantería, este país participó con un solo modelo de granada en ambas Guerras Mundiales: la Mills, ejemplo para muchas otras armas similares debido a su simplicidad y otros aspectos de uso y fabricación. Con una característica forma de piña y cuerpo de fundición, prefragmentado, tenía un sistema de retardo muy seguro.

Corte de una granada Mills sin explosivo en su interior.

Diseñada originalmente por Williams Mills en 1915, en ese año fue aceptada para su uso en el Ejército Británico con el nombre Nº 5. Sin embargo, no quedó allí y fue constantemente modificada y mejorada. Buscando aumentar su alcance, el modelo Nº 23 se creó con una base especial que se ajustaba a la boca de un fusil; esto permitía lanzarla a 150 metros, aunque en este caso posiblemente su precisión no era muy buena.

Luego se diseñó la Nº 36, que era similar a la Nº23 pero con el dispositivo lanzafusil removible. Una subvariante de esta, la 36M, fue la versión definitiva de la Gran Guerra, a prueba de agua para poder ser usada en ambientes húmedos y cálidos. Para el final de la guerra, tanto la Nº 5 como la Nº 23 fueron declaradas obsoletas; el Nº 36 siguió ese camino en 1932, quedando en servicio la Nº 36M.

La Mills tiene un diseño clásico de piña, con el detonador en el centro y la espoleta a tiempo asegurada con una anilla. Era una granada defensiva, y por lo tanto muy potente. Tenía un retardo de 7 segundos; en la Gran Guerra esto no causó problemas, pero en 1940 la experiencia de guerra en Francia demostró a los ingleses que aquella forma de combate era diferente. A partir de entonces la Mills tuvo un retardo de 4 segundos.

Luego de la guerra la Mills continuó en producción en el Reino Unido hasta 1972, convirtiéndose en una de las granadas más fabricadas, con 70 millones de unidades en servicio durante todo el siglo. En ese año la 36M MkI fue reemplazada oficialmente por la granada L2, pero continuó siendo fabricada y usada en ciertas partes del mundo con influencia inglesa, como India y Pakistán, donde se la fabricó hasta la década de 1980.

Estados Unidos

En la Primera Guerra Mundial los estadounidenses no fueron muy preparados y estuvieron en combate poco tiempo antes de finalizar el conflicto. Sin embargo, varias décadas después tenían lista una granada muy eficiente, similar a la Mills británica y tan icónica como ella: el modelo MK2 (o MK-II). Defensiva, con forma de piña y detonador a tiempo, tenía la particularidad de que las espoletas se podían desmontar, llevándolas aparte y montándolas solamente cuando la acción era inminente. Esto aumentaba considerablemente su seguridad.

Existieron diferentes variantes de esta granada, teniendo en cuenta el tipo de explosivo. Como el TNT a veces destruía demasiado el cuerpo de la granada (vaporizando las esquirlas), se lo usaba como relleno en algunos modelos; en otros se usaba pólvora negra. Con un peso de 600 gramos cada una y una carga explosiva de 57 gramos de TNT, era una granada clásica de la época, relativamente pesada pero efectiva.

Uno de los problemas que tenía era que, en ambientes de mucha vegetación como las junglas del Pacífico, no era raro que los soldados, al llevarlas montadas sobre el chaleco, fueran víctimas de sus propias armas cuando una rama enganchaba la anilla de seguridad. En la película La Delgada Línea Roja puede verse un caso de este tipo, que aparentemente no era poco común, lo cual llevó más adelante a pensar en una forma más segura de uso (ver más abajo).

A pesar de esto la granada siguió en servicio durante toda la guerra. Las enormes cantidades producidas permitieron que la tropa continuara utilizándolas durante la guerra de Corea e incluso la de Vietnam. A pesar de que otros modelos más nuevos la habían reemplazado ya oficialmente en el inventario, seguía siendo útil y válida en combate. La US Navy fue la última rama de las FFAA estadounidenses en usarlas, y fue reemplazada por los modelos M67 y M61.

Unión Soviética

En la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética utilizó varios modelos, dos se destacaron como característicos.

Uno era la versión rusa de la granada de palo alemana, pero utilizando un cuerpo de fundición de hierro prefragmentado, no liso, de bote, como el modelo alemán.

El otro modelo era una granada de piña con un sistema de espoleta similar al de la Mills británica. Sin embargo, estaba construida a la manera estadounidense, con el detonador desmontable, en la parte superior del cuerpo, sobresaliendo bastante en este caso. Esta granada, para la cual se fabricaron y usaron diferentes espoletas, fue utilizada en la Guerra Civil Española por el bando republicano, y entró a servir en la URSS en la década de 1930.

Medía 12,4 cm de alto y 5,5 de diámetro, pesaba unos 600 gramos, de los cuales solamente 21 eran el explosivo, TNT. La espoleta generalmente estaba graduada a los 4 segundos.

China y Japón

Ambos países, aunque enfrentados, tomaron el concepto de la granada de palo alemana y la utilizaron. En el caso chino, posiblemente se debió a que los alemanes fueron asesores militares del gobierno nacionalista por un tiempo; en el caso japonés tal vez se debió a la influencia militar y el intercambio producido entre ambos países en ciertas materias.

Curiosamente, los chinos comunistas al tomar control del país continuaron fabricando este tipo de armamento (la granada Tipo 67), el cual luego fue entregados a los soldados comunistas de Vietnam del Norte y el Vietcong. De esta manera la granada de palo fue a luchar en Vietnam, nuevamente contra tropas estadounidenses.

Italia

Atrasada en investigación bélica y en organización productiva, no es raro saber que Italia participó de la Segunda Guerra Mundial con granadas costosas y poco efectivas. Los cuatro modelos principales eran granadas de percusión, poco seguras, y solamente ofensivas, con un cuerpo delgado de aluminio u hojalata.

La pequeña granada Oto.

La más potente fue la Lafitte; del tipo bote o de lata, tenía una gran cantidad de explosivos al comparársela con granadas contemporáneas. En ambientes cerrados como los del combate urbano, esta gran onda expansiva era devastadora. Sin embargo al ser solamente ofensiva su utilidad en ciertos casos era menor. Como era muy grande, era difícil de empuñar y usar. Para proteger al lanzador, su sistema de detonación tenía un seguro de distancia.

Así como utilizaron la granada más grande, también los italianos tenían la más pequeña, llama Oto. En este caso el problema era el opuesto: era fácil de usar y los soldados podían llevar muchas debido al escaso tamaño, pero su efectividad disminuía. Los italianos aparentemente nunca pensaron o no pudieron desarrollar una granada a mitad de camino entre estas dos.

En este sentido se puede mencionar a la granada Breda, de color naranja y conocida justamente como naranjita por los soldados. Fue la tercera más usada después de la Lafitte y la Oto; más potente que esta última, fue muy popular junto con la cuarta granada italiana, la SRCM.

Sin embargo, los modelos italianos se caracterizaban por ser caros y de complicada fabricación, sin tener una gran ventaja con los modelos del enemigo (y a veces ni siquiera siendo igual de buena). Estos modelos no prosperaron luego del armisticio.

La granada Lafitte fue una de las más usadas por los italianos en la Segunda Guerra Mundial. Aquí puede verse claramente el sistema de seguridad de distancia y la anilla para activarla antes del lanzamiento.

Desarrollo posterior

Como ya hemos dicho antes, tres principales factores son los que definen todos los diseños de granadas: efectividad, seguridad y facilidad de uso.

De ellos, con el tiempo todos han logrado un grado bastante alto, aunque en algunos casos la facilidad de uso estuvo bastante relegada.

Terminada la Segunda Guerra Mundial muchos tipos de granada no volvieron a producirse nunca más, o lo hicieron solamente en casos muy aislados. Tal es el caso de las granadas de palo y las granadas con espoleta de inercia, ya mencionados. Los diseños se encuadraron entonces en granadas con espoletas de tiempo simples y principalmente seguras.

Una granada estadounidense modelo M26A1. Copiada por muchos países, en otros se producen modelos muy similares o bajo licencia. Obsérvese el sistema de seguridad que mantiene sujeta la palanca de la espoleta; aunque la anilla sea removida por accidente, la granada no estallará hasta que este sistema sea removido también.

En este sentido vale comentar el caso de las granadas M67 estadounidense, en la cual se aplicaron algunas lecciones de seguridad aprendidas en la Segunda Guerra Mundial. Como ya hemos mencionado, no eran raros los casos en los que el soldado podía morir por una casualidad. Las tropas estadounidenses llevaban sus granadas enganchadas en el frente de la ropa o en los soportes de las mochilas. En ciertos casos, la anilla de seguridad (sobredimensionada para su uso en todo momento) se enganchaba en la vegetación. El soldado no tenía generalmente tiempo de quitarla; al soltarse automáticamente la palanca no había forma de detener la espoleta. Esto llevó a muchos accidentes con un arma que se consideraba a prueba de accidentes.

La solución, sencilla, puede verse en la fotografía. Se agregó una pieza de alambre que se enrosca firmemente en la base de la espoleta, la cual mantiene presionada la palanca. El soldado ahora debe tirar de la anilla y luego quitar dicho seguro de la palanca, impidiendo que el enganche accidental de la anilla ocasione su muerte o la de sus compañeros. Como puede verse en este caso, la facilidad de uso se reciente apenas un poco en aras de mayor seguridad.

Actualmente muchos países compran o fabrican granadas de otros países, con las debidas licencias comerciales. Sin embargo siguen existiendo muchos tipos de granadas para diferentes usos y basadas en diferentes experiencias, y se continúa experimentando con ciertos conceptos para mejorarlas o darles otros usos.

Modelos experimentales

Ha habido y continúan existiendo ciertos modelos de granadas de mano para otros usos. Uno de ellos es la granada con paracaídas, diseñada para contrarrestar vehículos blindados en su parte más débil: el techo. Estas granadas teóricamente son lanzadas hacia arriba y aterrizan suavemente, sin rebotes, en la parte alta de los vehículos. En la Segunda Guerra Mundial lo que el soldado trataba de hacer era introducirlas por alguna rendija o apertura; pero actualmente los vehículos blindados están todos cerrados para evitar estas maniobras. Este tipo de granada viene experimentándose desde hace un buen tiempo, y no ha demostrado buenos resultados.

Otra idea para atacar blindados la dan las granadas de carga hueca, que pretenden aprovechar el ya conocido efecto de este tipo de cabezas de combate. En este caso el problema es lograr que la granada golpee el blanco de frente, con la cabeza hueca debidamente orientada. Para ello se han intentado varias soluciones, una de ellas pudiendo ser el paracaídas, y otra las aletas estabilizadoras. Sin embargo, durante sus varios años de estudio (incluso aparentemente durante la Segunda Guerra Mundial) no se han logrado buenos resultados.

Un tipo de granada que aparentemente sí se ha desarrollado exitosamente son las granadas contra submarinistas, diseñadas para estallar bajo el agua. Como cargas de profundidad en miniatura, son del tamaño de una granada convencional, y tienen una espoleta de presión, graduable. Al lanzar o dejar caer el artefacto, este estalla al alcanzar la profundidad determinada. Este tipo de granadas son particularmente útiles al custodiar instalaciones portuarias en donde se preveen ataques anfibios o de comandos, por ejemplo.

Avión espía Aurora

Durante muchos años, antes y durante el retiro del SR-71 Blackbird, surgieron muchos rumores sobre nuevos aparatos espías supersecretos creados por EEUU, y la mayoría se centró sobre la figura del Aurora. Este avión experimental, del cual nunca se supo nada sobre seguro, es tal vez una de las leyendas más antiguas en este campo.

El Aurora salió de la oscuridad por primera vez en un pedido de presupuesto gubernamental de 1985. Este presupuesto, que pedía 455 millones de dólares para “producción de aeronaves negras” (término con el que se conoce a los aviones ultrasecretos) en 1987, incluía la palabra “Aurora” como un nombre código.

Sin embargo, no sería sino hasta marzo de 1990 cuando la revista Aviation Week & Space Technology reveló este supuesto “error” por parte de los que querían encubrir algo: el darle un nombre. La publicación decía que el supuesto “Proyecto Aurora” se refería a un grupo de aeronaves exóticas, no a un modelo específico. La revista agregaba que, según sus investigaciones, se gastaron en el proyecto unos 2.300 millones de dólares en 1987, de acuerdo a otro documento revisado por la misma publicación.

Esto hizo que durante años se tejieran las más elaboradas teorías. Sin embargo, en un libro de 1994 titulado Skunk Works, el jefe de esta división de la empresa Lockheed, encargada de crear “aeronaves negras” como el U-2 y el F-117, contradijo estas teorías. Ben Rich explicó en este libro que la palabra “Aurora” era un código de presupuesto para el programa del bombardero furtivo B-2, que estaba en desarrollo por esa época.

Pero a pesar de esta desmentida, la idea de que EEUU estaba creando un avión espía hipersónico, heredero de muchos programas ultrasecretos, no hizo más que afianzarse, a pesar de que las pruebas, generalmente, eran circunstanciales, como mucho.

Muchas hipótesis se tejieron al respecto. Durante la década de 1990, y luego durante los primeros años del siguiente siglo, incontables testigos dijeron haber visto extraños aparatos voladores en diversas locaciones, tanto de EEUU como de Inglaterra. Muchos se relacionaron al Aurora, sobre todo las que hablaban de aviones volando a velocidades supersónicas o hipersónicas, y a los que mencionaban aparatos de formas extrañas, como alas voladoras o triángulos negros.

Sin embargo, todos los organismos encargados negaron siempre la existencia del Aurora, y lo han seguido haciendo haciendo desde esa época.

Pruebas circunstanciales

Uno de los detalles esgrimidos por los que no creían en el Aurora era la existencia de los aviones espías SR-71. Se había invertido mucho dinero en ellos y tenían una foja de servicio excelente. Sin embargo, no eran un secreto: se conocían muchos datos sobre ellos, a pesar de que los mas relevantes seguían clasificados. ¿Para qué gastar más dinero en un nuevo sistema de espionaje aéreo si, con todos sus inconvenientes, el otro era casi perfecto?

Este argumento se cayó cuando, en 1990, la USAF retiró a sus aviones espías SR-71. Peor aún, hizo que el argumento en contra pasara a ser uno a favor. Los representantes de la USAF dijeron que habían tomado la decisión al pretender ahorrar de 200 a 300 millones de dólares anuales y que la función de los “Mirlos” había pasado a ser realizada por satélites.

El razonamiento era lógico: la URSS estaba en proceso de descomposición, no había grandes conflictos… Pero no todo era tan sencillo. Los SR-71 nunca habían intentado reemplazar a los satélites espías, sino por el contrario pretendían complementarlos y superarlos. Los satélites son caros de lanzar y mantener en órbita, tienen órbitas predecibles y deben tener instrumentos terriblemente sensibles para poder atravesar las perturbaciones atmosféricas.

Pero no todo terminó ahí. El SR-71 fue desactivado a fines de la década de 1980, pero pasó buena parte de la siguiente década siendo requerido por parte de la cúpula militar, ya que no existía nada similar que pudiera reemplazarlo. Recién en 1998, luego de muchas idas y venidas militares, políticas y hasta judiciales, se lo dio de baja definitivamente, y hubo un gran esfuerzo logístico por mantenerlo en activo. Durante esos años fue utilizado siempre que se pudo para cubrir las más diversas funciones de reconocimiento y espionaje.

De manera que algunos analistas consideran que el Aurora tal vez existió, pero que el secreto permanece porque no entró en servicio. Su razonamiento es bastante lógico: tanto el B-2 como el F-117, compañeros de secretos de la década de los 80’s, son muy conocidos y han participado activamente en las últimas guerras. ¿Para qué ocultaría tanto tiempo la USAF un proyecto de este tipo, si hubiera sido exitoso? Estos analistas sostienen que el proyecto no pasó de la fase experimental, debido a diversos inconvenientes. Sin embargo, el secreto permanecería para proteger los avances tecnológicos logrados en su momento.

Tal vez uno o más accidentes terminaron con las investigaciones, o éstas se hicieron demasiado caras, incluso para la USAF. Tal vez la Guerra Fría arrastró en su final, luego de un tiempo, las costosísimas investigaciones. Tal vez la USAF prefirió gastar su dinero de otra manera, alentando programas como el ATF, que llevaría al F-22 Raptor. O tal vez, como dicen muchos, ni siquiera existió. Tal vez nunca lo sabremos…

Lo que sí sabemos es que el futuro de los aviones espías y de reconocimiento no está en los aparatos tripulados. Durante décadas, diversas empresas han estado trabajando en sucesores tanto del U-2 como del SR-71, que poseen muchas ventajas, una de las cuales es que no arriesgan la muerte o captura de ningún piloto. Si bien muchos aficionados y creyentes del Aurora siguen sosteniendo sus suposiciones, con el tiempo los testimonios de avistamientos y las evidencias circunstanciales terminaron derritiéndose: pasó la década de 1980, la de 1990, la del 2000 y estamos por terminar la de 2010 sin que el Aurora haya salido a la luz.

Si es que alguna vez existió, es bastante evidente que ya no lo hará, y que el lugar que se le estaba guardando sea ocupado por uno o más modelos de drones avanzados, como los que ya sobrevuelan diversas partes del mundo.

Avión de ataque táctico furtivo A-12 Avenger II

Han existido en la historia de la tecnología militar muchos fallos y errores, principalmente cuando las autoridades pretenden crear tecnologías demasiado avanzadas para la época. Esto suele terminar en prototipos costosos que demuestran la imposibilidad de un concepto obviamente condenado al fracaso. A veces, ni siquiera se llega a crear un prototipo real, y todo termina en la mesa de diseño, lo cual es un final mucho más económico, aunque no menos escandaloso.

Sin embargo, hay un caso en particular que mezcla lo peor de ambas opciones: la historia del A-12, avión naval pensado para sustituir al conocido A-6 Intruder. En ella se mezcla la búsqueda de un concepto demasiado avanzado, manejos poco claros del presupuesto, y un resultado final que no dejó más que una maqueta a tamaño real.

La US Navy quería obtener en el A-12 una aeronave más furtiva que el F-117, con mayores capacidades de carga y ataque, para sustituir al A-6 Intruder hacia la mitad de la década de 1990. Sin embargo, no sólo no recibieron un avión, sino que perdieron enormes cantidades de dinero en uno de los mayores escándalos económico-militares del siglo XX.

Proyección artística de lo que habría sido el A-12 Avenger II.

El programa ATA

Todo comenzó en 1983, cuando la US Navy dio inicio al programa ATA (Advanced Tactical Aircraft, Aeronave Táctica Avanzada). Su objetivo era claro: lograr un reemplazo para el Intruder para el año 1994. El tiempo planeado era normal para este tipo de desarrollos. El gran desafío era, en todo caso, la necesidad de utilizar gran cantidad de tecnología furtiva, que para la época era muy novedosa y requería de gran cantidad de investigación.

Al año siguiente, el proyecto ya tenía dos grandes contendientes. Por un lado, McDonnell Douglas y General Dynamics. Por el otro, NorthropGrumman y Vought. Estos dos conglomerados aeronáuticos pasaron la prueba al presentar sus primeros bocetos, y se les otorgó contratos para más desarrollos en 1986.

Hasta este punto, podemos suponer un programa de armas que seguía los standares de muchos otros. Los pasos administrativos son recurrentes y la pérdida de varios años en las primeras fases, hasta que se aclaran los conceptos, no es nada extraño. De hecho, es bastante normal que muchos sistemas de armas se demoren y terminen desarrollándose varios años después de su objetivo.

Sin embargo, el siguiente paso tuvo un punto curioso. El 13 de enero de 1988, el equipo formado por McDonnell DouglasGeneral Dynamics ganaba el concurso, luego de que el equipo rival, sorpresivamente, no pudiera entregar una propuesta final.

Como resultado, el proyecto ganador fue denominado A-12 Avenger II, (el primer Avenger fue un gran torpedero-bombardero de la Segunda Guerra Mundial). Su primer vuelo se programó para diciembre de 1990, es decir, poco menos de tres años más tarde.

Promesas de diseño

El A-12 fue diseñado para volar más rápido y por más tiempo que el Intruder, llevando además mayor cantidad de armamento en una bahía interna para reducir el arrastre y aumentar la furtividad al radar. Al igual que sucedió con el proyecto del ATF que llevaría al F-22, se suponía que el A-12 sería más confiable que las naves empleadas entonces, es decir, teniendo problemas mecánicos menos frecuentemente y al mismo tiempo requiriendo la mitad de horas de mantenimiento y reparación.

En la época se lo comparó con el F-111 y el Tornado inglés, y hasta se llegó al extremo de decir que reemplazaría a ambos (algo que podía suceder con el primero, pero dificilmente con el segundo, que estaba todavía desarrollándose y era un vehículo moderno). Mientras tanto, el aparato, sin haber volado salvo en algunos dibujos de diseño, se ganó el apodo de Flying Dorito (Dorito volador), debido a la similitud del diseño (un triángulo isóceles) con un conocido snack.

Representación del A-12 volando sobre el mar.

Por otra parte, dentro de su extraña forma de ala voladora pura, sin cola, se encontraban una serie de sistemas que eran evoluciones o mejoras generales, sin caer en grandes innovaciones. Sus motores General Electric F412-D5F2, con una potencia de 58 kN, le permitían cargar dos misiles aire-aire AIM-120 AMRAAM, dos misiles aire-tierra AGM-88 HARM (para destrucción de radares enemigos), así como bombas guiadas y no guiadas, todo esto dentro de una gran bahía de carga interna. Se dijo también que el aparato podía cargar en ella armas nucleares. El total de la carga bélica proyectada era de 2.300 kilogramos.

El avión al que iba a reemplazar, de hecho, podía cargar estas armas y podía ser mejorado y adaptado (hasta cierto punto) para tener muchas de las características del A-12. Salvo por una, la más grande y la principal del proyecto: su furtividad. El A-12 estaba pensado para tener un eco radar muy bajo, haciendo que fuera detectable (teóricamente) a muy poca distancia del blanco, reduciendo así el tiempo en el que estaría bajo fuego enemigo.

De esta manera, se podía pensar que el proyecto no era tan ambicioso, ya que combinaba muchos sistemas ya existentes y no implicaba tener que crear soluciones nuevas de armamento u otro tipo. Muchos se emocionaron. La US Navy planeaba comprar unas 620 unidades del aparato de McDonnell Douglas y General Dynamics, a lo cual había que sumar los deseos del USMC para unos 238 aviones adicionales. Sin duda alguna, un contrato multimillonario equivalente en importancia al del F-22. Hasta la USAF consideró brevemente la compra de 400 unidades de una variante adaptada a sus requerimientos, incluso cuando el costo unitario estimado era de unos 100 millones de dólares.

Pero, cómo se llegó a una situación tal en la que un avión tan solicitado y prometedor no pasó de la fase de las maquetas?

Una historia enrevesada

Se suponía que para finales de 1990, el A-12 debía realizar su primer vuelo. Sin embargo, a comienzos de ese año comenzó a quedar claro que este diseño sería el aparato que más dolores de cabeza la traería a las FFAA estadounidenses, en gran medida debido al uso intensivo de materiales compuestos con capacidad furtiva. Las empresas involucradas tuvieron que asumir demoras y aumentos de los costos. Dos cuestiones eran las más conflictivas: el peso y el sistema de radar. El A-12 pesaba unas 30 toneladas, un 30% más de lo estimado en un primer momento. Esto lo ponía cerca del borde sobre el cual no podrían ser embarcados en portaaviones (las catapultas no podrían lanzarlo completamente cargado para el combate). Teniendo en cuenta que esta era su misión principal, siendo la US Navy la principal compradora, fallar con este requerimiento no era algo opcional. Por si fuera poco, el proyecto tuvo problemas con el Radar de Apertura Sintética Inversa, que resultó ser muy complejo.

Como siempre, las demoras traían más y más aumento en los costos. En algún momento se calculó que la compra del A-12 hubiera consumido el 70% del presupuesto aéreo de la US Navy durante tres años, una vez se hubiera llegado al punto de comenzar a comprar los aviones que salían de la línea de producción.

Durante 1990 tuvieron lugar todo tipo de situaciones, con el gobierno estadounidense supervisando todo el proceso. El informe principal sobre el programa, que finalizó en noviembre de 1990, dejó claro que se necesitaba más tiempo, de manera que el primer vuelo del Avenger II se reprogramó para principios de 1992. Si por un lado el proyecto tambaleaba y algunos políticos tenían sospechas de su viabilidad, la US Navy, que ya había puesto todas sus esperanzas en el mismo, ya tenía planeado que cada uno de sus 14 portaaviones fueran equipados con un ala de 20 Avenger II.

La extraña forma del Avenger II, que no podemos comparar con otro tipo de avión, puede confundir sobre su tamaño. Aquí lo vemos comparado, con las alas abiertas y plegadas, sobre la envergadura del F-14 y del A-6.

Sin embargo, el reporte gubernamental no había sido nada positivo. Los serios problemas de diseño allí reportados llevaron, apenas un mes después, a que el mismo Secretario de Defensa estadounidense, Dick Cheney, le pidiera a la US Navy una justificación del programa. Debían convencerlo de la importancia del A-12 Avenger II y de la viabilidad del programa. De otra manera sería cancelado debido a los altos costos y las grandes demoras.

Las respuestas de la US Navy no fueron satisfactorias para el funcionario, y de esta manera, el 7 de enero de 1991, Cheney cancelaba el proyecto bajo una figura bastante controvertida: violación de contrato por parte de las empresas aeronáuticas involucradas. Cheney justificó su decisión de esta manera: “Nadie pudo decirme cuánto iba a costar el programa, incluso sólo hasta la fase de desarrollo a gran escala, o cuando estaría disponible. Y la información que había sido presentada en un punto meses atrás [posiblemente en referencia al informe de noviembre] terminó siendo inválida o imprecisa”.

En otras ocasiones se habían cancelado contratos de la defensa, incluso a gran escala, pero nunca bajo esta figura y con tanto dinero en danza. Básicamente, el gobierno estadounidense sentía que los contratistas habían creado un proyecto imposible de cumplir y por lo tanto pedían la devolución del dinero invertido en el proceso de desarrollo, apenas unos 2 mil millones de dólares.

Obviamente, McDonnell Douglas y General Dynamics no aceptaron una cancelación de este tipo, y fueron a la Corte Federal. Insistían en que, con más dinero, podían seguir adelante con el desarrollo, ya avanzado, del sistema de armas, llevándolo a un buen final. Sin embargo, siguieron sin dar fechas o costos precisos, ya que no podían calcular fehacientemente ningún dato. También aceptaron, en otro momento, que el proyecto fuera cancelado, pero bajo una figura legal que no les exigiera la devolución del dinero. Reclamando, por otra parte, parte del mismo, que había sido invertido por ellos pero nunca pagado por el gobierno.

Desde ese momento tuvieron lugar una serie de negociaciones fallidas que recién terminaron en 2014. Los ribetes legales del asunto son particularmente complicados para los que no conozcan mucho sobre estas cuestiones, pero baste decir que por mucho tiempo, al menos una vez al año la corte que manejaba el asunto cambiaba de opinión ante las apelaciones de una y otra parte. El caso, además, escaló hasta la Suprema Corte de Justicia estadounidense, siendo devuelta a otros fueros más adelante: básicamente pasó por gran parte del sistema judicial de este país.

El A-12 Avenger II desde diferentes ángulos. Puede apreciarse la configuración de ala delta pura, sin cola ni ninguna superficie exterior que pudiera arruinar la furtividad del diseño. Se trataba de todo un desafío de ingeniería. En la parte baja pueden apreciarse las tomas de aire y las toberas, completamente integradas al diseño. En la ilustración central se ve cómo el avión se manejaría dentro de un portaaviones, plegando sus alas y aprovechando al máximo el espacio al encajar con otro.

Las consecuencias

A pesar de no haberse entregado un sólo aparato, se calcula que el A-12 es el programa de armas más grande y costoso cancelado por los EEUU. Como tal, trajo aparejado todo tipo de consecuencias, muchas de ellas negativas.

Tanto McDonnell Douglas como General Dynamics despidieron a gran cantidad de empleados encargados del proyecto. Económicamente, la pérdida del contrato fue particularmente catastrófica para la primera empresa, que ya atravesaba por malos momentos (principalmente la escasa venta de modelos de transporte civiles). Los expertos coinciden en que esta cancelación fue una de sus mayores pérdidas de la década, una de las que ayudó a que fuera finalmente comprada por Boeing en 1997 (posiblemente la fusión de empresas aeronáuticas más grandes de la época).

Otra de las consecuencias fue la demora en la construcción de un destructor de la US Navy, que estaba confiada a una de las subsidiarias de Boeing (empresa que había comprado a McDonnell Douglas). Mientras la empresa litigaba contra el Estado, utilizó esta nave como argumento de presión. Después de muchas idas y vueltas, como ya se mencionó, en 2011 la Corte Suprema de EEUU devolvió el caso al circuito de cortes federales. Recién tres años después, el enero, de 2014, se pudo cerrar el caso, cuando tanto Boeing como General Dynamics acordaron en pagarle a la US Navy 200 millones de dólares, cada una.

Por su parte, la US Navy abandonó la idea de comprar algo siquiera similar al A-12 y se decidió por un proyecto mucho más conservador y pragmático: agrandar el F/A-18 Hornet. Se consiguió así el F/A-18E/F Super Hornet, que reemplazó no sólo al A-7 y A-6, sino también al F-14 Tomcat. Curiosamente, el Super Hornet usa un motor General Electric que es una versión modificada del que fuera desarrollado para el Avenger II.

Del A-12 Avenger II no quedó nada más que una maqueta a tamaño real. La restauración de la misma, que había sido abandonada, comenzó en 1994 a cargo de la Fort Worth Aviation Heritage Association. El año anterior, esta asociación tuvo que acordar con General Dynamics y la US Navy la compra del material, que por otra parte era clasificado (status que tuvo que ser cambiado para poder continuar con el proyecto). En la restauración participaron muchos ex empleados de las dos empresas, que habían estado involucrados en el desarrollo del Avenger II y habían sido despedidos.

Esta maqueta es particularmente similar a lo que debería haber sido el aparato, ya que se la utilizaba para probar todos los conceptos que se aplicarían en él. Se hizo un gran esfuerzo por agregar muchos sistemas que no tenía y que debían tener para mejorar la comprensión del público acerca de sus capacidades, como por ejemplo las luces externas y bombas simuladas. Finalmente, esta maqueta fue revelada al público en la Base Aérea de Fort Worth, en junio de 1996. Sin embargo, aparentemente pasó muchos años en almacenamiento en un depósito de la empresa, hasta que fue transportada a un parque en el norte de Fort Worth, en 2013, el cual fue renombrado más tarde como Fort Worth Aviation Musem.

Existen versiones sobre la existencia de una segunda maqueta, pero es probable que sean falsos. También se rumorea que algunos A-12 estaban siendo preensamblados cuando el programa fue cancelado. De hecho, una gran pieza de la cabina, incluyendo la cúpula acristalada, apareció en un sitio de subastas dedicado a la venta de chatarra, excedentes militares y partes de vehículos militares en desuso. Set Kettleman, un comerciante de elementos militares que suele comprar en subastas online, lo adquirió dudando de su autenticidad, a un precio de 2.300 dólares. Sin embargo, logró que la pieza fuera verificada, comprobando que cada componente tenía números seriales y marcas de fabricante que coincidían con las de una división de McDonnell Douglas.

Lo curioso del caso es que la pieza, según se ha podido saber, estuvo 15 años en el Departamento de Aviación de la Universidad de Purdue. Nadie sabía qué era la única pieza conocida del A-12. De hecho no hay registro de por qué estaba allí, ya que la universidad no la había comprado, y simplemente apareció abandonada un día como cualquier otro. Finalmente la universidad decidió venderla porque ocupaba espacio y no era parte de sus prioridades, publicándola en el sitio ya mencionado. Kettleman, luego de comprar y verificar la pieza, la puso en venta en Ebay, a unos 620.000 dólares, encontrando comprador luego de un tiempo. La gran pregunta es cómo una pieza de material clasificado logró pasar por todas estas peripecias sin que nadie tuviera conocimiento. Una de tantas cosas que tal vez nunca se sepan, debido al alto nivel de secreto que rodeó todo el proyecto.

Las siguientes especificaciones son aproximadas y reflejan lo que se dio a conocer acerca del proyecto. Es necesario tener en cuenta que, al no haberse construido ningún aparato, algunas de estas especificaciones habrían cambiado.

TipoAvión de ataque medio bimotor, con capacidad aire-superficie y aire-aire todo tiempo, día y noche.
Tripulación2
Motordos General Electric F412-400 sin poscombustión, cada uno con 6,5 toneladas de empuje aproximado.
Armamentodos misiles AIM-120 AMRAAM aire-aire,dos misiles antiradiación HARMplaneado para cargar un gran espectro de munición aire-superficie, incluyendo bombas sin guía y armas inteligentes.
Aviónicaradar Westinghouse AN/APQ-183.sistema de visión holográfica para un HUD (Head Up Display).diversas pantallas multifunción.IRSTS (Infrared Search and Track System, sistema de búsqueda y rastreo infrarrojo).
Envergadura21,42 metros con alas extendidas
11,05 metros con alas plegadas
Longitud
3,43 metros
Altura
3,44 metros (con alas extendidas)
Superficie alar121,52 metros cuadrados
Peso vacío17690 kg
Peso cargado, aproximado36287 kg
Radio de combate920 millas
Velocidad930 km/h a nivel del mar

El programa AX

Esta iniciativa fue posiblemente una de las consecuencias más curiosas del fiasco del A-12. En parte gracias a la mala administración del programa anterior, una vez cancelado este en 1991, las autoridades pensaron en hacer las cosas de otra manera, inaugurando un sucesor nominalmente más austero.

En el programa AX participaba tanto la US Navy como la USAF. Su objetivo era reemplazar a todos los aviones de ataque a tierra que ambos servicios tenían en stock y que estaban llegando al final de su vida útil. Esto incluía al A-6 Intruder, por el lado de la US Navy, y al F-111 Aadvark, al F-15E Strike Eagle y al F-117. En el caso de los más antiguos, como el A-6 y el F-111, los beneficios del programa eran enormes, ya que se trataba de aviones con varias décadas encima, y el salto cualitativo sería enorme.

Al igual que en el caso del A-12, la idea era tener lo mejor de lo mejor: el aparato resultante sería capaz de llevar a cabo cualquier tipo de misión, cargando munición antirradar, con y sin guía, así como misiles aire-aire, y todo lo necesario para neutralizar cualquier tipo de amenaza presente y futura. Básicamente, lo que todos los programas de armas prometen, pero no siempre cumplen.

Durante 1992 las autoridades militares se pusieron de acuerdo principalmente sobre cómo equilibrar la nave en cuanto a sus requisitos básicos, ya que un caza y un bombardero tienen necesidades diferentes, a veces contradictorias, y es necesario encontrar un punto medio (que lo hará más caza o más bombardero). Durante ese tiempo, las industrias elegidas también comenzaron a manejar ideas sobre cómo podría ser el aparato en cuestión.

Finalizada esa etapa, se suponía que las autoridades militares debían elegir a un contratista principal para que construyera un demostrador. La US Navy, que manejaba el proyecto en general, rechazó la opción de dejar que dos empresas construyeran aparatos propios para compararlos (como se hizo en el caso del F-22 Raptor), porque era más caro: implicaba pagar por dos aviones, uno de los cuales sería descartado.

Nuevamente comenzó la danza de números astronómicos. A pesar de que la idea era lograr un aparato más económico que el A-12, se calculaba que todo el programa AX costaría algo así como 14.000 millones de dólares.

Sin embargo, posiblemente debido a un mayor escrutinio por parte del gobierno federal, en este caso la situación sería diferente. Para 1993 la US Navy y la USAF solicitaron 165.6 millones de dólares para continuar el desarrollo del concepto del AX. Durante el año anterior, a instancias de este pedido, se autorizaron 760,6 millones, pero se le requirió a la US Navy que hiciera construir dos prototipos para poder compararlos. Además se le solicitó que, para abaratar costos, se utilizara en todo lo posible tecnología furtiva actual, así como motores, radares y sensores ya existentes en el mercado. Esto implicaba no pensar ya en un avión revolucionario, sino en algo similar a lo actual. Finalmente, se pidió que la fase competitiva entre prototipos debía terminarse no antes de 1996.

Sin embargo, luego de mucho debate, hacia comienzos de 1993 la Oficina de Presupuesto del Congreso estimó que cancelar el programa le ahorraría al país unos 36.000 millones de dólares en los siguientes cinco años. Hacia finales de ese año se decidió finalmente cancelar el programa, ya que el FA/18E/F Super Hornet estaba encaminado y justamente se planteaba dar solución a la falta de aviones de ataque modernos de una manera más económica.